Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Cultivación prohibida (+18) - Capítulo 276

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Cultivación prohibida (+18)
  4. Capítulo 276 - 276 Fiesta de cumpleaños
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

276: Fiesta de cumple…años 276: Fiesta de cumple…años Las chicas se quedan sin habla cuando les explico la conversación con la diosa.

Algunas parpadean varias veces.

Otras están con la boca abierta.

Ninguna sabe qué decir, hasta que interviene Xu Jing.

–Joder.

Esto es muy fuerte… Más de una asiente.

La atmósfera es un tanto extraña.

Lo entiendo.

Después de unas horas, sigo sin acabar de asimilarlo.

Hay al menos un dios que quiere matarme.

Y digo “al menos” porque Nanaya ha hablado de enemigos en plural.

La Residencia es la bendición de una diosa, o algo así.

También suena extraño que una diosa me llamara “querido”, pero supongo que es como llama a sus bendecidos.

–¿Alguna ha oído hablar de Nanaya o Gibil?– pregunta Shi.

Como esclava, la información sobre dioses no le era útil.

Ni siquiera nos dejaban ir a los templos.

–Ni idea de Nanaya, pero Gibil es un dios conocido.

Tiene algunos templos importantes, aunque lejos, en otros reinos.

Algunos comerciantes vendían sus figuritas– explica Guo Hai.

Es una de las más sorprendidas por lo que ha oído.

Las hemos dejado estar a todas en la reunión.

Necesitamos información.

Las gemelas también han oído hablar de Gibil, aunque solo les suena el nombre.

Algo parecido Hong, Ma Lang y Bronceada.

–Debe de ser un dios patético y repugnante.

Dai Fen tiene una estatua suya– revela Tan Huo, con odio en su voz.

Bien, una razón más para matar a Dai Fen.

–Buscaremos información en la biblioteca– se ofrece Yu.

–Podemos ir al templo.

A ver si tienen estatuas de Nanaya o Gibil– propone Liang.

El templo está siempre abierto y es un lugar seguro.

A partir de mañana, ya no estará tan transitado.

Así que podemos ir a echar un vistazo.

A ver qué podemos averiguar.

Nos podemos permitir una donación para entrar.

La verdad es que la situación me sobrepasa.

Apenas soy un estudiante que ha dejado de ser esclavo.

¿Dioses?

Ni siquiera entiendo qué son.

Lo que está claro es que seremos lo más discretos posible.

Nadie en quien no confiemos plenamente puede saber lo de la Residencia.

Aunque eso es algo que ya estaba haciendo.

————— Las gemelas han estado toda la tarde buscando en la biblioteca.

No han encontrado nada sobre Nanaya y poco sobre Gibil.

Claro que no es raro.

Los textos de la secta son sobre todo de artes marciales, y de información sobre otras sectas o eventos.

Los dioses son para los templos.

Claro que han aprovechado para asegurar que estaban agotadas y que necesitaban un masaje.

Bueno, les tocaba a ellas.

Los dos cuerpos idénticos se acuestan bocabajo.

Mis manos, cubiertas de aceite, empiezan por sus pies y suben poco a poco.

Podría ponerles el aceite directamente encima, pero está frío.

Ya me quejé la primera vez que Ma Lang experimentó conmigo.

Recorro sus torneadas piernas varias veces.

Acariciando sus formas con suavidad.

Apretando de vez en cuando sus músculos.

Que noto como se relajan.

Sus nalgas son firmes.

Pero se pueden apretar.

Empujar hacia arriba y hacia abajo.

Abrir hacia los lados.

Sacarles algún suave gemido.

Subo por sus costados, con mis dedos pulgares acariciando y apretando su espalda.

Luego bajo por donde circulaban los pulgares, y los pulgares acarician el costado.

Subo y bajo varias veces.

A veces, tiento los perfiles de sus pechos.

A veces, llego hasta el centro de su espalda.

Con ambas manos.

Mientras casi me siento sobre sus nalgas.

Sus brazos también son recorridos.

El masaje en sus hombros es recibido con gemidos de suave placer.

Obligándolas a relajarlos.

Se rinden totalmente cuando alcanzo su cuello.

Las beso suavemente cuando se dan la vuelta.

Antes de empezar por el frente.

Partiendo del cuello.

Volviendo a hombros y brazos.

Recreándome en sus pechos mucho más de lo necesario.

Recorro sus areolas.

Aprieto sus pezones.

Voy un poco más allá del simple masaje.

Mis dos yos llegamos a sus entrepiernas.

Gemidos de decepción salen de sus bocas cuando pasamos a las piernas.

Aunque disfrutan del masaje relajante.

Gemidos de placer cuando volvemos y nos centramos en sus partes más sensibles.

Poco a poco.

Tentándolas.

Provocándolas.

Finalmente, se incorporan las dos casi a la vez.

Nos miran.

No hacen falta palabras.

Sabemos lo que quieren.

Durante la siguiente hora, la cabaña se llena de sus gemidos de placer.

Primero bocarriba.

Luego de lado.

Luego bocabajo.

Luego del otro lado.

Les dejo cabalgarme, pero se niegan.

No les quedan fuerzas.

Así que acaban exhaustas y satisfechas tumbadas sobre la cama.

Sus cuerpos brillando.

Sus ojos cerrados.

Son preciosas.

Y muy sensuales.

Las abrazo íntimamente.

Reclamándolas para mí.

————— Al día siguiente, voy a ver a Sai y sus hermanas.

Bueno, más bien, a Da Ting.

Junto a Jiao.

Que ha venido a buscarme.

Y con Pen.

Que también está invitada.

Le traemos todo lo que ha pedido.

Para preparar la fiesta de cumpleaños para ellas.

Por mucho que no sea la fecha real.

Y por mucho que la causa sea “la primera vez que tuvieron sexo conmigo las cinco”.

Es decir, el “cumpleaños” de las tres y dos hermanas.

No se puede decir que sea una sorpresa.

Pero sí lo es exactamente lo que me ha pedido Da Ting.

Miro la caja de música sobre una mesa y la miro a ella.

Preguntando con la mirada.

–Si no la pongo, la acabarán trayendo ellas.

O tendré que escuchar sus quejas si se me ocurre esconderla– se encoge de hombros.

¿A quién quiere engañar?

Por mucho que se muestre reticente o tímida, no le desagrada en absoluto bailar.

Pero no seré yo quien desvele su autoengaño.

De hecho, cuando más tarde acaba bailando conmigo, aunque ruborizada, está más suelta que la última vez.

Se le nota que han practicado.

Los aplausos la ruborizan todavía más, pero también la hacen sonreír.

Cuando crezca, esa sonrisa será devastadora.

Aunque quizás, cuando más se divierten es a costa mía.

Las hermanas cuentan la anécdota de cuando volví de la expedición cubierto de estiércol, como si ellas mismas lo hubieran presenciado.

Sé que no estaban allí.

Algún traidor se lo ha contado.

O traidora.

Por no hablar de que me han cubierto de harina para “explicarlo mejor”.

He estado blanco durante un buen rato.

Lo tenían preparado.

Se han reído a gusto.

–Tú empezaste– me saca la lengua Dandan.

–Rencorosas– las acuso.

Todo porque le conté a Da Ting una historia sobre ellas la última vez… Se ríen.

Y me acabo riendo yo también.

No puedo negar que tiene su gracia.

Lo que no saben es que, en realidad, fue teatro.

Para desviar la atención.

Una excusa para justificar cómo había sobrevivido.

Al menos no lo sabía entonces.

Ahora, probablemente se lo imaginan.

Ya no sirve de excusa.

Saben que no estaba en la etapa uno de Génesis en aquel entonces.

Pero no me hacen preguntas al respecto.

Quizás, algún día se lo cuente todo.

Da Ting, Jiao, Meixiu y Pen son las únicas que pueden reírse de todos.

No es justo.

Así que nos vengamos de Pen contando una anécdota de tiempo atrás.

Cuando se cayó en un agujero cubierto de agua.

Creyendo que solo era un charquito.

–¡Eso ha sido rastrero!

¡Me las pagaréis!– amenaza, aunque parece más bien divertida –¡Vosotras tres no os libráis!

¡Contadnos algo de vosotras!

Se niegan.

Pero somos todos contra ellas.

Al final, Jiao cuenta cuando Meixiu y Da Ting quisieron explorar un baúl que tenía la maestre, y quedaron encerradas dentro durante horas.

Avergonzadas, acaban explicando como la primera vez que Jiao tuvo que limpiar la ducha, se le puso en marcha y quedó completamente empapada.

Todos acabamos riéndonos de todos.

Ha sido divertido.

Aunque podría haber sido todo lo contrario.

Tenemos muchas más anécdotas nefastas o crueles que de las divertidas.

Demasiadas.

Preferimos no pensar en ellas.

Mejor disfrutar de lo que tenemos.

Como de lo conmovidas que estaban las cinco cuando Da Ting les ha dado su regalo de cumpleaños.

Los pendientes los ha hecho Yan Xiulan.

Seis pares de ellos.

Da Ting también tiene unos.

Todos iguales.

Les permiten sentirse a cierta distancia las unas a las otras.

Encontrarse.

Da Ting me los encargó cuando dije que sabía de alguien que podía hacerlos.

Yan Xiulan estaba encantada del encargo.

Aunque se sorprendió cuando le pedí tantos.

Seis para ellas.

Y otros de diferente estilo para mis chicas.

De hecho, estos últimos no son pendientes.

Aunque aún no están hechos.

No eran tan urgentes.

Y no lo saben aún.

Pen y yo les hemos regalado la ropa interior que no se atrevieron a comprarse el otro día.

Entre risas.

Ahora saben por qué insistió en que se la probaran.

Da Ting estaba un poco roja.

————— Al final, convencen a Pen para quedarse.

Y tengo sexo con las seis.

Sai, Dandan, An, Jiao, Meixiu y Pen.

Jiao y Meixiu deberían subir ya a las dos.

Y les he convencido para que lo intenten.

Tras hacerles medio abrirlos mientras las follaba.

Se han quejado, pero no es nuevo.

Las tres hermanas subieron hace poco.

Así que no será hasta después de mi próxima visita que vuelvan a subir.

A Pen aún le queda, pero también hemos probamos a que los abra.

Para disimular.

Mientras reclamo su vagina.

Ha sido otra noche de sexo desenfrenado.

Aunque un poco diferente a lo que Pen está acostumbrada.

Sexo más rápido.

Pero también más veces.

–Ha sido interesante.

Quizás podríamos probarlo alguna vez con las otras tres– sugiere a la mañana siguiente, después de despedirnos de las cinco desnudas bellas durmientes.

–Pervertida– la acuso.

–Ya sabes que es culpa tuya– responde con una beso y una enorme sonrisa.

Así que, después de un placentero “trabajo bien hecho”, la acompaño a su cabaña.

–¡Por fin vuelves!– exclama Fen Huan.

Estaba preocupada.

Aunque ya le dijimos que igual Pen se quedaba.

–¿Me estás criticando?

¡Cómo te atreves!

¡De rodillas!

¡Fuera esa ropa!

¡No te la mereces!– le ordena Pen, guiñándome el ojo.

Fen Huan obedece.

Sabe que no está enfadada.

Además de estar esperando con ansias su castigo.

Pen le ata las manos por detrás mientras la obliga a hacerme una felación.

Bueno, obligar es exagerar.

Luego le ata los pies.

Cambia de idea y la desata.

Ata las muñecas a los tobillos.

Asiente satisfecha.

Y la empieza a azotar con su látigo Yo la cojo del pelo mientras fuerzo su garganta con mi pene.

Mientras disfruto de su roce.

O el de su lengua, cuando salgo un poco.

Cuando lleno su garganta de semen, su espalda está roja por los latigazos.

La empujo sobre la cama.

De lado.

Pen engancha la cuerda de su pierna izquierda al gancho que llega del techo.

Obligándola a abrir la pierna.

A forzar su flexibilidad.

Su vagina queda expuesta por unos momentos.

Antes de que la tape y rellene con mi miembro.

–¡¡¡AAAAAAAaaaaahhhh!!!– gime ella.

Es solo el principio.

Durante media hora, estoy penetrándola por ambos agujeros.

Mientras Pen la azota una y otra vez.

Mientras ella gime de dolor y placer.

Disfrutando de la compensación por haberla dejado sola ayer.

Cuando Pen la suelta, cae de golpe sobre la cama.

Todavía atada.

Agotada.

–Gracias… Amos…– es todo lo que logra balbucear.

–Ya sé que ayer lo hicimos bastante, pero…– me mira Pen con ojos suplicantes.

¿Cómo puedo decirle que no?

Pronto, son sus gemidos los que se oyen en habitación.

Disfruto de ella a solas, sin prisa.

Huan’er se ha dormido.

————— Tan Huo tiene su segundo ojo completo.

Parpadea varias veces.

Cierra el otro.

Me la quedo mirando, ansioso.

Aún dentro de ella.

Hasta que finalmente sonríe.

Se le escapa una lágrima.

Ha sido un éxito.

Sus brazos han llegado hasta el codo.

Ahora, hay que completarlo.

Espero que siga siendo tan natural como hasta ahora.

Es una articulación complicada.

Lo he visto en las otras chicas.

–Sé dulce, mi señor– me pide, con una sonrisa cubierta en lágrimas de felicidad.

Imposible negarme.

La abrazo y beso mientras hacemos el amor.

Despacio.

Íntimo.

Echo un poco de menos que me abrace.

Pero lo conseguiremos.

Cueste lo que cueste, completaremos la regeneración de sus brazos.

Y de sus piernas.

Aunque no por ello tengo piedad de ella.

Ser suave no significa que no la pueda llevar al límite del placer.

Solo que es más lento.

Menos brusco.

Más íntimo.

También he completado otra fase de la cultivación Yin Yang.

Se ha finalizado el ciclo de mis intestinos.

Con el próximo objetivo tendré que ir con extremo cuidado.

Poco a poco.

Asegurándome de que no pase nada.

Mi sistema reproductor es demasiado importante.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo