Cultivación prohibida (+18) - Capítulo 289
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289: 289.
Trato 289: 289.
Trato Ayer fueron Liang y Ma Lang en la ducha.
Fueron deliciosas y cariñosas.
Se sumaron a la conspiración de las otras dos.
Cuyas víctimas de hoy han sido dos preciosas gemelas rubias.
Se estaban duchando juntas, en la misma ducha.
Ayudándose a enjabonarse.
Y han acabado juntas.
Una contra la otra.
Pidiendo piedad mientras el agua caía sobre ellas.
Y recorría sus pechos, aplastado unos a otros.
Aunque sin duda, completar las manos de Tan Huo ha sido lo más emotivo.
Está acostada sobre mí.
Acariciando mi cabello, que se escurre entre sus dedos.
O mi piel con la yema de sus dedos.
Sonriendo.
Encantada de poder sentir de nuevo.
Y aprovechándose de ello.
–La piel de mi señor es suave… Y los músculos de mi señor… tan firmes…– murmura, esta vez usando toda la mano.
Acaricia el contorno de mis pectorales.
Los estruja sensualmente.
Por arriba.
Por abajo.
Mis brazos.
Mi espalda.
Ja, ja.
Incluso me hace cosquillas.
No puedo sino dejarle hacer.
Sin poder evitar sonreír ante su entusiasmo.
En acariciar su mejilla al caérsele lágrimas de felicidad.
Me besa.
Recorre mis labios con sus dedos.
Sonríe.
Recorre el contorno de mis orejas.
–Me cuesta de creer… Poder tener tacto, poder sentir…– solloza en mis brazos.
–Y pronto podrás caminar también, correr.
Te lo aseguro– le prometo.
Ella sonríe, radiante.
Me vuelve a besar.
Me mira.
Su sonrisa se transforma en algo más travieso.
Sus manos dejan mi piel y mi pelo.
Bajan a mi entrepierna y cogen mi miembro.
–Siempre he querido darle su merecido~ amenaza sensualmente.
Sus manos frotan mi pene.
Inexpertas pero entusiastas.
Y su boca ayuda poco después, cuando consigue que esté erecto.
Acabo corriéndome en su boca un buen rato después.
Ella alza la cabeza y me mira.
Acariciando la punta de mi pene con la yema de sus dedos.
Provocativa.
Como nunca la había visto.
–La esencia de mi señor es deliciosa– se congratula con lujuria.
–¿Oh?
¿Quieres más?– esta vez amenazo yo.
–Mi señor…– me mira con deseo.
Me acerco a ella.
Sus labios son pronto sellados.
Y luego el resto de su cuerpo.
Tenemos sexo una vez más.
Lento e íntimo.
En el que sus manos no dejan en ningún momento de moverse apasionadas.
E incluso practica añadir qi.
————— Por la tarde me toca ir de nuevo a mi trabajo en la biblioteca.
Mientras voy, veo como las chicas felicitan a una cansada Tan Huo.
Las abraza a todas.
Ahora que puede hacerlo de nuevo.
A más de una se le caen las lágrimas.
Le han cogido mucho cariño.
No pasan más de un par de minutos de mi llegada que suena una alarma.
¿Zhou Yong?
Ni siquiera me había dado tiempo de mirar si estaba.
¿Qué ha hecho esta vez?
No me queda más remedio que traerla a mi oficina.
Aunque no quiera, tendré que impartir el castigo pertinente.
Probablemente, un mes de suspensión.
Suspiro.
–Hola– me saluda ella, con una mueca entre traviesa y confiada.
O eso me parece.
No sé la ve preocupado por haber sido traída.
Muy diferente a la última vez.
–Hola… Sabes, esto es una falta grave, peor de lo normal.
Has robado un manual– la acuso.
Es lo que indica la formación.
–¡No te preocupes!
Es un fallo habitual del sistema cuando se mete un manual dentro de otro.
Puede que sea raro, pero no es una infracción– señala el manual que la formación ha traído con ella.
La miro un tanto sorprendido.
Realmente hay un manual más pequeño dentro.
Y el aviso de la formación desaparece en cuanto lo saco.
Es un alivio.
Aunque también me hace fruncir el ceño.
¿Qué pretende?
Dejo el té que me ha preparado Ma Lang sobre la mesa.
La miro acusadoramente.
–¿Por qué lo has hecho?
Espero que no sea solo para fastidiar.
–¡No, no!
Yo… quería hablar contigo… hacer un trato…– se muestra algo temerosa.
–¿Qué clase de trato?– me muestro un tanto escéptico.
Supongo que quiere quedarse aquí como el otro día.
Y poder ojear los manuales a placer.
Aunque no sé qué quiere ofrecerme a cambio.
–¿Me dejarías quedar a cambio de sexo?– dice ella muy seria.
Me alegro de haber dejado ya la taza de té sobre la mesa.
Si no, igual hubiera escupido el té sobre ella.
¿Cómo puede decir algo así tan despreocupadamente?
Al fin y al cabo, no es una esclava.
Y puedo sentir la acumulación de yin en ella.
Lo que significa que sería su primera vez.
–¿Estás segura de lo que estás diciendo?– me quiero asegurar, incrédulo.
–¡Claro!
Hay muchas técnicas que usan sexo, ya sea para cultivar o para atacar.
Si no tengo experiencia en sexo, ¿cómo voy a entenderlas?– explica como si fuera algo totalmente normal y evidente.
–¿Y quieres que sea yo?
¿Sabes siquiera quién soy?– sigo sin acabar de creerme lo que me está pidiendo.
No es que no quiera.
Todo lo contrario.
Y más cuando sus abundantes pechos tensan la parte superior de su túnica.
Tentadores.
Invitándome.
–¡Claro!
Estos días que no pude entrar, estuve investigando.
Eres Kong, un exesclavo.
Más importante, tienes varias amantes.
Y se dice que están satisfechas.
¿Quién mejor?
¿O no soy suficientemente atractiva?– se muestra un tanto preocupada.
Me levanto y me acerco a ella.
–¿Estás segura?– le pregunto por última vez.
Es una cabeza más baja que yo.
Alza ligeramente su cabeza para mirarme.
Traga saliva.
Parece un poco intimidada.
Pero responde sin vacilar.
–Sí… ¡Iiiihhh!
Esper… ¡Mmmmm!
No puedo decir que la conversación me haya dejado indiferente.
Todo lo contrario.
Su propuesta de sexo me ha estado excitando.
Ahora, ya no hay vuelta atrás.
Me agacho ligeramente para besarla.
La cojo de las nalgas.
La alzo y la siento en la mesa.
Mi lengua penetra su boca.
Ansiosa por tomarla.
Más incluso de lo que esperaba estarlo.
Ella reacciona diría que con curiosidad.
Intentando mover su lengua.
Poniendo tímidamente las manos en mi espalda.
Algo insegura en sus acciones.
Diría que incluso asustada.
Mis manos llegan a su cinturón.
Quitándoselo.
Tirándolo al suelo.
Abro la túnica con ambas manos.
Mostrando una camiseta fina y sus bragas negras.
Bastante sensuales.
Si sus pechos se insinuaban en su túnica, se dibujan perfectamente sobre su camiseta.
Así como el contorno de su sujetador.
Mientras sus piernas quedan expuestas, seductoras.
Acaricio sus pechos desde fuera.
Añadiendo qi.
Incluso agarrándolos.
A lo que ella se estremece.
Sintiendo el placer.
Sin resistirse.
Mordiéndose un dedo.
No se puede decir que sea esbelta.
Hay donde cogerla, pero tampoco está gorda.
Al menos, bastante menos que Wan.
A pesar de que esta ha reducido un poco de peso.
No por comer menos, sino porque me lo pidió.
Pero solo un poco.
Me gusta que sea como es.
Y es demasiado apasionada para no ceder a mis deseos.
Se sonrojó mucho en aquel entonces.
Estoy a punto de quitarle del todo la túnica cuando me lo pienso.
La cojo en brazos.
Esta vez no grita.
Aunque me mira entre extrañada y expectante.
La dejo suavemente en la cama que acabo de traer.
Me siento y a ella sobre mí.
La vuelvo a besar.
Reacciona ahora un poco más apasionadamente.
Sin dejar de besarla, estiro su túnica hacia atrás.
Forzando por un momento a sus manos a soltarse para quitársela.
Seguidamente, la aprieto de nuevo contra mí.
Sintiendo sus dos generosos bultos aplastándose.
Cogiéndola de las nalgas para su sorpresa.
Añadiendo qi.
Se vuelve a estremecer.
Casi me muerde la lengua.
Cojo su camiseta y se la subo.
Descubriendo su sujetador.
Sigo subiendo.
Forzándola de nuevo a apartar las manos.
A alzar sus brazos.
Que se quedan un instante atrapados cuando la camiseta sale sobre su cabeza.
Y yo la beso de nuevo.
Cuando la libero, me abraza.
La sigo besando.
Mientras mis manos abren el cierre de su sujetador liberando sus pechos de su prisión.
Lanzándolo a un lado poco después.
Ella parece un tanto inquieta.
¿Quizás voy demasiado rápido?
Nos seguimos besando un rato más.
Hasta que creo que se ha acostumbrado a estar casi desnuda.
Con sus pechos apretados contra mí.
Aunque apenas siento sus pezones.
Que están escondidos.
Me inclino hacia delante.
Haciendo que ella acabe acostada sobre la cama.
Sin dejar de besarla.
Mi cuerpo ahora ligeramente separado.
Moviendo una de mis manos sobre su pecho de nuevo.
Masajeándolo.
Acariciándolo.
Estimulándolo.
Me separo y me la quedo mirando.
Ella me aguanta la mirada.
Respirando pesadamente.
Aparentemente, sin ser capaz de reaccionar.
Extasiada.
Esperando a mi siguiente movimiento.
Sus pechos son de tamaño similar a los de Song.
Aunque parecen más grandes al ser más bajita.
Y son más abiertos.
Apuntando hacia afuera.
También como Song, es pecosa.
Aunque mucho menos.
Le quito las gafas.
No entiendo por qué las lleva.
A diferencia de los mortales, debería poder curar cualquier imperfección en sus ojos circulando qi.
Son de un bonito marrón claro, Mis labios baja a su cuello.
Ella alza la cabeza para facilitarlo.
Dejándome hacer.
Totalmente entregada.
¿Quizás estudiando lo que está pasando?
–¡Aaaaah!
¡¡Aaaaaah!!
¡AAaaaahhh!– la oigo gemir ahora que he soltado sus labios.
Sus manos están sobre la cama.
A los lados.
Agarrando las sábanas.
Mientras yo bajo hasta sus pechos.
Liberando con la lengua sus pezones de su escondite.
Añadiéndoles qi.
Estimulándolos hasta que están totalmente erectos.
Sigo bajando.
Es sensible en su ombligo.
Se estremece varias veces.
Y tiembla un poco cuando llego a su entrepierna.
No sé si asustada o expectante.
Puede que ambas.
Ha ofrecido su cuerpo y está cumpliendo.
Sin mostrar resistencia.
Ni siquiera cuando le quito las bragas.
Despacio.
Dejándolas sobre la cama.
O cuando le abro las piernas y ataco su lugar más secreto con labios y lengua.
–¡¡AAAaaahhhh!!
¡¡¡AAAAAAAAAAAHHHH!!!– ella gime al ser estimulado su clítoris.
Mis manos acarician sus piernas.
Mi boca se muevo entre su clítoris y su vagina.
Hasta saborear sus fluidos.
Llenos de yin.
Cuando la dejo por fin correrse.
Encorvándose.
Llevaba un rato al borde del orgasmo –¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHH!!!!
Me incorporo.
Mirándola.
Tiene los ojos un tanto humedecidos.
Sus nudillos ligeramente blancos de agarrar con fuerza las sábanas.
Su boca entreabierta.
Respirando profundamente.
Mirando.
Como preguntándose qué viene ahora.
Me mira con deseo, curiosidad, quizás lujuria, mientras me saco la ropa.
Mientras espero que se recupere.
Traga saliva cuando libero mi erecto pene.
Cuando lo pongo sobre su vagina.
Acariciándola con él.
Mojándolo con sus fluidos.
Mientras mis manos se mueven sobre sus muslos.
Con un suave qi.
–Aaah… Es más grande que… en las ilustraciones– murmura, mirándolo fijamente.
Entre miedo y expectación.
Se tensa un poco cuando me muevo para ponerlo frente a su entrada.
Lo introduzco poco a poco.
Mirándola.
Acariciándola.
Comprobando que no ha cambiado de idea.
Que incluso parece anhelante.
O quizás lo imagino.
–¡Uuurgh!– gruñe cuando rompo la membrana que protegía su vagina.
Está en la etapa cinco de Alma.
Así que ha acumulado bastante yin en su himen.
Lo que ha hecho que romperlo fuera doloroso para ella.
A pesar de estar bien lubricada.
–Usa qi hasta que se vaya el dolor– le explico.
Ella asiente.
Noto como circula.
Mientras yo aprecio la suavidad de sus muslos.
–Ya estoy bien– asegura al cabo de poco.
Hay algo de timidez en su voz.
Diría que expectación.
Me mira.
Agarrando de nuevo las sábanas.
Mordiéndose el labio inferior.
Quizás esperando más dolor La penetro poco a poco.
Añadiendo qi.
Por el qi.
Su vagina virgen es muy estrecha.
De alguna forma, es excitante reclamarla para mí.
Las chicas dirían que soy un pervertido.
No estoy seguro de poder negarlo.
Mis manos encuentran el camino hacia sus pechos.
Reclamo los dos.
Estrujándolos.
Agarrándome a ellos mientras acelero poco a poco.
Disfrutando de su textura.
Y del interior de su vagina.
A veces, los suelto para verlos rebotar eróticamente.
Mientras ella me mira y gime sin parar.
Mientras su cavidad es entrenada para acogerme.
Su espalda se va arqueando.
Al mismo tiempo que su cuerpo se estremece.
Hasta que toda ella vibra en un fuerte orgasmo.
Tiembla intensamente.
Mientras yo la penetro al ritmo de sus espasmos.
Llenándola.
Disfrutando con ella.
Oyéndola gemir.
–¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHH!!!!
¡¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAaaaaaaHHHHH!!!!
¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAaaaaaaahhh!!!
Quizás podría hacerle sentir más placer.
Pero dos orgasmos es suficiente.
Sobre todo, para alguien que no conozco bien.
Y que es su primera vez.
Aunque el sexo ha sido delicioso y excitante.
Lo único malo es que apenas he podido absorber qi.
Es demasiado alto.
Cuesta que la densidad baje y sea manejable.
Me la quedo mirando mientras jadea.
Mientras se recupera.
Me acerco para besarla.
Suavemente.
Me separo.
–¿Qué tal la experiencia?– le pregunto, sabiendo que lo ha disfrutado.
–Aaah.
Aaaah.
Ha sido increíble.
Aaaah.
Y podía sentir como el yang me llenaba.
Aaahhh.
Aunque aún no sé cómo lo puedo mezclar con yin.
Tendré que seguir investigando.
Aaaah.
No creo que sea suficiente con hoy.
–¿Seguir investigando?– la miro levantando una ceja.
–¿No querrás hacerlo más?
¿La próxima semana?– casi suplica.
¿Como negarme?
–Claro.
Será un placer– me acerco y la vuelvo a besar.
–¡Bien!
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