Cultivación prohibida (+18) - Capítulo 292
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
292: 292.
Asimilación corpórea 292: 292.
Asimilación corpórea Por la noche, me paso a recoger a Hong.
La había dejado en la tienda.
Para que se reuniera con la embarazada a la que se refirió Guo Xua.
–Me ha reconocido.
Hemos llorado mucho.
Le he prometido atenderla– reconoce Hong, sonriendo.
Sin duda, está emocionada.
Aunque no era su hija, la había amamantado.
Y mantenido en contacto durante años.
Volverse a reencontrar y que la reconozca debe de ser muy especial.
De hecho, aún se nota el rojo de sus ojos.
Por lo que ha dicho, han estado un buen rato reunidas.
Mucho más de lo que debiera ser un chequeo preliminar.
Pero supongo que tenían mucho de que hablar.
Aunque tampoco es que haya tenido que esperarla.
Yo estaba en nuestra casa de la ciudad.
Adelantando “trabajo” con las chicas.
Algunas han ido de compras por la ciudad.
No sé qué han comprado.
Ma Lang ha ido a enviar una carta a su familia.
Se comunica con ellos a través del sistema común de mensajería.
No puede hacerlo a través de la secta.
Se supone que desapareció en la expedición.
Viene de una familia sencilla.
Parece que bien avenida.
Y no quería que pensaran que estaba muerta.
Les hubiera hecho mucho daño.
Me da un poco de envidia tener una familia que te quiera.
Bueno, la verdad es que yo ahora la tengo.
Incluida Ma Lang.
Yo me he quedado con las que no tenían que salir.
Y he recibido a las otras cuando han vuelto.
Teníamos tiempo.
Así que nos lo hemos tomado con calma.
Con lujuriosa calma.
Me han dejado no entrenar.
Aunque he tenido que dar algún que otro masaje.
–¿Y no le ha sorprendido tu aspecto?– le pregunto a Hong.
Ha cambiado bastante desde que la compré.
Ha pasado de no tener cultivación a estar en el reino de Alma.
Su rostro ha rejuvenecido.
Por no hablar todo lo que arreglamos.
–¡Ja, ja, ja!
¡Mucho!
Le ha sorprendido que, a mi edad, una esclava haya empezado a cultivar.
Aunque si supiera toda la verdad, se moriría de envidia~ me explica, mientras se acerca sensualmente.
–¿Qué verdad?– pregunto como intrigado.
Mientras la cojo de la cintura y la traigo hacia mí.
La respuesta es un beso.
Es desnudarme.
Con la ayuda de mis dos mamás.
Y los cuatro acabamos teniendo un par de horas de besos, caricias, abrazos y sexo.
Con permiso de mis hijos.
Que se han despertado un par de veces llorando a pedir comida.
Por suerte, había tres dispuestas a amamantarlos.
Y a los bebés no parece importarles que me apropie de un poco de su comida de vez en cuando.
Bueno, difícilmente se darán cuenta.
————— Al día siguiente, después de copiar unas páginas, voy al edificio donde se realiza la asimilación corpórea.
Ayer reservé para mi primera sesión.
La verdad es que no pensaba que me atenderían tan rápido.
Ahora, estoy dudando si entrar.
Claro que no me queda otro remedio.
Primero, porque he pagado esta sesión.
Y no era barata.
Segundo, porque soy incapaz de decirle a las chicas que no me he atrevido a entrar.
Respiro hondo.
¿Realmente va a doler tanto?
Aunque si Fen Huan opinaba que era maravilloso, no puede ser menos que una tortura.
Suspiro.
Que sea lo que el dao quiera.
Entro y me encuentro con un hombre de mediana edad, quizás sobre los cuarenta, sentado en un sillón en el que está hundido.
Frente a una mesa.
Parece absorto en la lectura de lo que tiene entre manos.
Que baja para mirarme con unos penetrantes ojos oscuros.
No percibo cultivación en él, pero me temo que no es porque no tenga.
Más bien, porque es mucho más alta que la mía.
Puedo sentir aparecer una opresión en todo mi ser.
Que se desvanece al cabo de un instante.
Así que probablemente es mucho más viejo de lo que parece.
Quizás cientos de años.
Es el mismo con el que reservé hora ayer.
–Eh…– quiero hablar, algo intimidado.
Pero me interrumpe.
–Tercera puerta a la derecha– me indica con desgana.
Tras ello, vuelve a esconder los ojos tras el cuaderno.
Me ignora por completo.
Tardo unos segundos en reaccionar.
En caminar hacia el pasillo.
En llegar a la tercera puerta.
–Toc, toc.
–Adelante, pasa– responde una voz femenina.
Abro la puerta y me encuentro en una habitación con una camilla en el centro.
Una mujer que aparenta treinta y tantos me mira fijamente.
Tampoco soy capaz de apreciar su cultivación.
Lleva unos pantalones y camiseta ajustados.
Su figura queda bastante delineada.
Más alta que yo.
Muy musculosa.
Pechos medianos.
Cabello rubio.
Nariz achatada.
Penetrantes ojos anaranjado claro.
Es sensual de una forma diferente a cualquiera de las chicas.
Pero sensual de todas formas.
–Ticket– me exige, extendiendo el brazo.
Su voz es autoritaria.
Al igual que lo es su mirada y su postura.
Mejor dejo de pensar en que sea o deje de ser sensual.
Me apresuro a entregarle el ticket.
–Primera sesión, ¿correcto?– quiere confirmar.
¿Soy yo, o hay un poco de lástima en su voz?
¿Cómo si sintiera compasión hacia mí?
Nah.
Sin duda, me lo estoy imaginando.
–Así es– respondo, sin ni siquiera tartamudear.
Es un logro, sintiendo la presión que siento de ella.
Sintiendo la aprensión de lo que va a venir.
–Bien.
Quítate la ropa, pero déjate puesta la ropa interior.
Túmbate bocabajo.
Aguanta el dolor lo mejor que puedas– me da instrucciones.
De nuevo, autoritaria.
Trago saliva al escuchar la última frase.
No es como si no hubiera sentido dolor en numerosas ocasiones.
Pero, por alguna razón, me siento especialmente cohibido.
Quizás sea por lo que dijo Fen Huan.
O quizás por la presencia alguien sin duda poderosa.
¡Y pensar que he venido voluntariamente!
Lo que está claro es que no puedo echarme atrás.
No puede ser tan malo.
Soportar dolor no es algo nuevo.
Así que me quito la ropa.
Quedándome en calzoncillos.
Ante su atenta mirada.
No parece sentirse lo más mínimamente turbada por mi cuerpo casi desnudo.
Al menos, no me lo parece.
El brillo en sus ojos me lo he imaginado de nuevo.
Estoy hoy un tanto nervioso.
Me tumbo sobre la camilla bocabajo.
Esperando el dolor.
En silencio.
Escucho sus pasos acercarse.
Ella envuelve mi brazo derecho con ambas manos.
Lo cubre con algún tipo de crema.
–Ahora voy a estirar tus tendones.
No intentes resistirte.
Nada de qi.
Ni tampoco después para aliviar el dolor.
Si no, estaríamos desperdiciando el trabajo.
Si no puedes resistir, dímelo y puedo darte algo para dormirte.
Pero es más eficiente si te mantienes despierto.
Intenta concentrarte en cómo se estiran tus músculos y tendones– me avisa.
Noto como sus manos completan su agarre.
Firmes.
Como su qi penetra mi antebrazo.
Poco después, estira, aprieta y llega el dolor.
Intenso.
Primero en el antebrazo.
Va avanzando.
Mientras aprieto los dientes.
Acaba llegando incluso a los dedos.
Cada uno de ellos.
Puedo notar como mis tendones y músculos parecer querer desgarrarse.
Pero se mantienen firmes.
No es el peor dolor que he sentido nunca.
El problema es que es continuo.
Un músculo tras otro.
Un tendón tras otro.
Tengo la sensación de que cada fibra de mi brazo se va a romper en mil pedazos.
Si no lo hacen antes mis dientes, que aprieto con más fuerza cada vez.
La tentación de resistirse es realmente fuerte.
De usar mi qi para responder a la agresión.
De revolverme y librarme de su férreo agarre.
Pero logro controlarme.
Incluso soy capaz de no gritar de dolor.
Aunque no puedo evitar sudar.
Incluso se humedecen mis ojos.
Todo mi cuerpo está tenso del dolor.
Respiro aliviado cuando me suelta.
Han sido unos segundos, pero me ha parecido una eternidad.
–Bien hecho.
Ni siquiera has gritado.
Sigue así y acabaremos rápido.
Tienes unos músculos especialmente fuertes– me elogia, pasando un dedo por mi bíceps.
Aunque sus elogios me importan más bien poco.
Ni siquiera su actitud un tanto provocativa.
Aunque no tan intenso, el brazo sigue doliéndome.
Y se está acercando al otro.
Mi alivio dura más bien poco.
Sus manos pronto están embadurnando mi brazo izquierdo.
Y no mucho después llega el intenso dolor.
Las siguientes son mis piernas, hasta la punta de los dedos del pie.
Luego mi cuello.
Los hombros.
Mi espalda.
Donde hay músculos que ni siquiera sabía que existían.
Ni tampoco que podía doblarme tanto hacia atrás.
Ni siquiera me importa que se siente sobre mí.
Que sus nalgas se aprieten contra mis piernas.
Que su dedo recorra mi espalda como ha recorrido mis piernas.
Cuando me hace darme la vuelta, me siento confundido.
Desorientado.
Con todo el cuerpo entumecido.
No, todo no.
Pronto descubro que hay zonas que aún no habían sufrido su tortura.
Me hace doblarme hacia delante.
Hacia los lados.
En posiciones que estaba seguro de que eran imposibles.
¿Realmente el cuerpo humano puede doblarse así?
Puedo ver como las ropas sudadas se adhieren más a su cuerpo.
Pero no estoy en condiciones de apreciar sus curvas.
Más bien, estoy deseando no curvarme yo demasiado.
–Felicidades.
La primera sesión ha acabado.
No siempre tengo pacientes como tú, todo ha ido perfecto.
Recuerda no usar qi en tu cuerpo, ni que nadie lo use por ti.
Al menos, durante 6 horas.
¿Entendido?
No querrás que todo el sufrimiento haya sido para nada, ¿verdad?– insiste, con su dedo en mi barbilla.
Mirándome muy de cerca.
–Sí, sí, entendido– aseguro, en una voz más débil de lo que pretendía.
–Perfecto.
Te dejo descansar.
Cuando puedas moverte, vístete y vuelve a casa.
O puedes quedarte a dormir aquí, como prefieras.
Si tienes a alguien que pueda darte un masaje, sienta bien.
No es que sirva de nada para el tratamiento, pero es agradable.
Asegúrate de que no use qi.
Asegúrate bien– vuelve a insistir.
–Sí, sí– asiento de forma casi inaudible.
–Bueno, espero verte para la segunda sesión.
Espera al menos un mes, pero no más de dos.
Duele un poco menos que la primera, aunque más de la mitad no vuelven.
¡Ja, ja!
¡Son unos flojos!
Es Importante hacer las cuatro sesiones y completar el tratamiento.
Quedarse a medias es una pena.
¡Hasta la próxima!
¡Descansa bien!– se despide.
¿Tres sesiones de tortura más?
Por el qi… Fen Huan seguro que las disfrutó… Me gustaría observar cómo ha afectado el tratamiento mi cuerpo.
Pero para ello tendría que circular qi.
Y ha sido explícita respecto a no usarlo.
Realmente, no quiero desperdiciar el dolor, ni arriesgarme a tener que repetirlo.
Así que me quedo tumbado.
Agotado y dolorido.
Aunque no me he movido, siento como si hubiera estado entrenando y golpeado durante horas sin parar.
————— ¿Me he dormido?
Eso parece.
No sé qué hora es.
Mmmm.
Deben de haber pasado un par de horas.
Liang está dando de comer a las salamandras.
Está preciosa.
Y muy sexy inclinada.
Con su culo expuesto.
Espera… Estoy aún en la camilla.
No quiero tener una erección aquí… Intento moverme.
Au.
Duele.
Como si tuviera agujetas por todo el cuerpo.
Y además me hubieran apaleado.
Pero puedo moverme.
Llamaría a alguna de las chicas para que me ayudara.
Pero no quiero hacerlo aquí.
En un lugar desconocido.
Donde no sé si me están vigilando.
Además de que hay al menos un par que podrían hacerlo sin que yo me diera cuenta.
Logro vestirme con dificultad.
Intentando no quejarme en voz alta.
Pero sin poder evitar muecas de dolor.
Por el qi… Me duele incluso ponerme el calzado.
Camino despacio.
Apoyándome en las paredes.
Hasta llegar a la salida.
Dudo un momento.
Invoco mi bastón.
Para apoyarme en él.
–Oh, vaya, has salido antes de lo esperado.
Eres un chico fuerte.
Ven a verme cuando quieras hacer la siguiente sesión.
Mismo precio– me saluda el mismo hombre que estaba antes en la entrada.
Y vuelve de nuevo a su lectura.
¿Había sorna en su voz?
No estoy seguro.
No importa, tengo más que suficiente con mantenerme en pie.
Salgo renqueando.
Puedo notar miradas curiosas hacia mí de los estudiantes con los que me cruzo.
Mientras avanzo poco a poco.
–¿Kong?
¿Estás bien?– oigo al cabo de un rato una voz preocupada.
Es Ken.
Intento sonreírle.
–No, me duele todo.
Pero no es nada grave.
Es un tratamiento para reforzar el cuerpo.
Ay…– me quejo.
–Déjame ayudarte– se ofrece, algo aliviada.
–¿No llegarás tarde?– me preocupo por ella.
Puedo solo.
Aunque la ayuda no me iría mal.
–Tengo tiempo.
¿Y cómo voy a perder la oportunidad de acompañarte?
Cuando se lo cuente a las demás, nos vamos a reír un montón– se burla de mí.
–Malvada…– me quejo.
Aunque no por ello rechazo su ayuda.
Su compañía.
Su sonrisa.
El roce de su cuerpo.
Por desgracia, no puede quedarse un rato más.
–¿Quieres que te envíe a dos enfermeras?– se ofrece, casi riendo.
Me acaba de dejar en la cama.
Y me he dolido un tanto escandaloso.
–¿Quieres matarme?– me quejo.
Esas dos son capaces de aprovechar y violarme.
Además, ya tengo ayuda.
Se ríe, me besa suavemente y se va.
Tras guiñarme un ojo.
Es un encanto.
Aunque haya sido un poco bocazas alguna vez.
Por no hablar de que es preciosa.
Me sigue doliendo todo.
Ah, sí, un masaje.
Llamo a Ma Lang.
Que parpadea y me mira confusa.
–¿Kong?
¿Tan duro ha sido?– me pregunta, su tono un tanto preocupado.
–Peor.
¿Me harías un masaje?
Suave y sin qi– le pido.
–¡Claro!
Su sonrisa al responder me hace sentirme mejor.
Sus suaves manos sobre mi cuerpo resultan reconfortantes de por sí.
Cuando empieza a moverlas, siento como mis músculos se relajan.
Rindiéndose a ella.
Al suave y dulce placer de su masaje.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com