Cultivación prohibida (+18) - Capítulo 302
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Capítulo 302: Lindas perritas
La visita de Hong ha ido bien. Su paciente está sana. Aunque no está muy contenta con la familia de esta.
–Son unos estirados. El hijo mayor, el hermano de Xin’er, quería que me quitara el velo. Casi me lo ha exigido. Y pensar que era tan mono de pequeño…– se queja Hong.
–¿No te dará problemas?– se preocupa Yu.
–Más le vale que no los dé. Nadie tiene una cultivación como la mía. Aunque no me gustaba cómo me miraba. Su madre y su hermana se han enfadado con él. Se ha puesto un tanto impertinente y testarudo. Al final, he puesto la condición de no volver a tratar con él ni con ningún otro hombre de la casa. Espero que eso evite problemas– suspira Hong.
–No lo entiendo. ¿No deberían respetar a una comadrona? ¿No estaba desesperada por una?– se extraña Shun.
–No ellos. Están acostumbrados a que seamos sirvientas o esclavas. O demasiado mayores para ser deseables. Aunque llevaba velo, se puede adivinar que soy joven. Bueno, que he rejuvenecido, je, je. Y debe de tener el cerebro entre las piernas. No es el primero que me encuentro así, pero ya no soy una esclava, una víctima fácil– declara desafiante.
A veces olvido que Hong también era una esclava. También ha debido de sufrir lo suyo. Incluso tuvo una hija, que fue adoptada por la familia del padre.
Hemos obtenido información de ella. Tiene una vida cómoda, y un prometido al que parecer amar. Hong ha preferido no contactar con ella. No quiere irrumpir en su vida. Le es suficiente con que sea feliz. Aunque un par de veces la ha estado mirando desde la distancia. Cuando la he visto y he llamado a Hong.
No es difícil de reconocer. Tiene un fuerte parecido a su madre. Y las chicas una vez la estuvieron esperando fuera de su mansión. Donde la grabaron sin que se diera cuenta.
–¿Quieres que te acompañe como guardaespaldas la próxima vez?– me ofrezco
–No hace falta. No se atreverá a intentar nada. Y, si lo hace, solo tengo que darle una paliza– sonríe ella amenazadoramente. Da la sensación de que lo está deseando.
–Como prefieras. Pero haremos planes A, B y C. Puede que un D. Por lo que pueda pasar– añade Yi.
Las demás ríen. Pero estoy seguro de que harán al menos el A y el B. Más bien, haremos. No me voy a escapar tan fácilmente.
—————
Llamo a mis dos mascotas, Rui y Mei.
–A cuatro patas– les ordeno.
Lo hacen. Les pongo a cada una las diademas con orejas de perra que compré. El pelo oculta el resto, y solo se les ven las orejas. También les pongo un collar de perra. Luego, lubrico sus culos. Las penetro con el nuevo juguete que he comprado junto a las orejas. Unas bolas atadas unas junto a las otras. Al final de las bolas, hay una cola.
Ellas se estremecen de placer al ser penetradas. Luego se miran la una a la otra. A mí. Confusas. ¿Excitadas?
–Como buenas perras, también lo tenéis que parecer. La cola se mueve con qi, a través de las bolas– explico.
Veo como lo intentan. Como la cola se tensa. O se mueve caóticamente.
–Practicad un rato. Y no se lo mostréis a nadie más que a mí.
––¡Sí, Amo!–– dicen las dos casi a la vez.
–Plaf. Plaf.
Ambas reciben un cachete en las nalgas. No muy fuerte. Rui es la primera que entiende el porqué.
–¡Guau!– ladra.
–¡Guau!– la copia Mei poco después.
–Buenas perras. Hasta luego– las devuelvo, después de acariciarlas entre las orejas. Tienen un tacto suave. Les quedan bien.
Me quedo un rato mirándolas. Como se esfuerzan en controlar las colas. Que las están penetrando analmente. Mei se estremece de vez en cuando. Rui también, pero menos.
Poco a poco, aprenden a controlarlas. A ser buenas perras. Rui es más rápida. Y algo le dice a Mei. ¿Le está enseñando?
Me pregunto que dirán las chicas si se enteran. Creo que esto no lo confesaré. Al menos, no por ahora. Además, ninguna querría sumarse. Creo.
Las chicas han comprado lencería muy erótica para todas. Lia Qin está bastante roja. Yu, Lang y Wan también un poco, pero están más acostumbradas. Las demás se exponen sugerentemente. Xu Jing es la más entusiasmada.
Ning, Bronceada y Rong no se han escapado. Me han preguntado por Mei y Rui, porque también querían vestirlas. Y me han mirado suspicaces cuando he dicho que estaban ocupadas. Quizás sospechan algo. Pero no preguntan.
Mis dos perras son las últimas hoy. Luego tengo una cita.
Me miran con la lengua fuera. Meneando la cola. Sin duda, se han esforzado en aprender a controlarla. Están excitadas. Por la situación y por la estimulación en su ano.
No se lo he dicho, aunque a estas alturas ya lo habrán notado. El qi que circula por las bolas no solo les permite mover la cola. También hace vibrar las bolas dentro de su cavidad anal. Estimulándolas
–Dar una vuelta. Quiero veros caminar– les ordeno.
Ellas obedecen. A cuatro patas. Mientras yo me siento sobre la cama. Me divido en dos. Contemplando el espectáculo. De sus culos meneándose seductoramente. De sus colas moviéndose y estimulándolas. Sus orejas de perras en celo las hace adorables. Sus modestos pechos se balancean eróticamente a cada paso. Su respiración entrecortada expone lo excitadas que están.
–Acercaros.
Los hacen. Cada una a uno. Cada uno de mis yos coge a una del collar. Les ponemos una correa. Y las dejamos con su cabeza entre nuestras piernas.
–Vamos perra, haz tu trabajo– le ordeno a Mei. Rui recibe la misma orden un poco más allá.
Su boca se cierra sobre mi miembro. Hambrienta. Envolviéndolo en su lengua. Lubricándolo con su saliva. Mientras sus labios apartan la piel que cubre la zona más sensible. Y empiezan a estimularla.
Mei ha aprendido mucho desde la primera vez. Su lengua recorre hábilmente los puntos más sensibles. Y sus labios ayudan. Apretando mi pene mientras entra y sale de su boca.
No tardo en llenar su boca del líquido blanco. Al lado, Rui traga con gula. Relamiéndose.
–Date la vuelta– le ordeno.
Obedece excitada. Anhelante. Incluso ansiosa. Me arrodillo tras ella. Que se ha puesto a cuatro patas como una buena perra. Resulta gracioso y excitante como mueve la cola de lado a lado.
Su entrepierna no solo está mojada, sino que gotea. Por sus muslos. Solo hay una forma de evitar que siga perdiendo. Y es taponar el agujero. De golpe.
–¡¡¡AAAAAAAAHHHHHH!! Por fi… ¡Guau!~ gime Mei de placer.
Agarro sus caderas firmemente con una mano. Para impulsarme dentro y fuera de ella. Haciendo que sus pechos vibren sin parar. Más exagerados que los de Rui, al ser más grandes. Quien está gimiendo al lado, entregada.
Con la otra mano, sujeto la correa. Haciéndole alzar la cabeza. Tirarla un poco hacia atrás.
Estrujo a veces sus nalgas. También juego con su cola. La saco un poco y la vuelvo a meter, estimulando su ano. Se estremece toda ella cuando añado qi a la cola. También circula en dirección contraria. Aunque me cuesta unos pocos intentos encontrar la cantidad exacta de qi. Para que toda ella vibre.
Mientras estoy en su interior, puedo percibir cómo las bolas estimulan su ano. Cómo el qi pasa a través de ellas.
Sus gemidos y ladridos de placer son también estimulantes. Aunque no tanto como la fricción contra las paredes de su vagina. Que parecen más apretadas que nunca. ¿Será por la cola? ¿O lo estoy imaginando? Puede que simplemente esté excitado.
Se corre tres veces antes de que la llene. La sujeto de las caderas mientras tiembla. Y la acabo de llenar embestida tras embestida.
La suelto. Se queda acostada de lado. Junto a Rui. Las dos llenas y satisfechas. Pero aún pueden más. Y yo quiero más. Me miro con mi otro yo y nos sonreímos.
––A ver, perrita, si quieres que llene tu culo, suplica bocarriba como una buena perra–– decimos los dos a la vez.
Rui es la primera en reaccionar. En ponerse bocarriba. Con las “patas” hacia arriba.
–Guau, guau~ suplica excitada.
Mei no tarda en imitarla. Así que la cojo de sus “patas” traseras. La acerco hacia mí. Le quito la cola poco a poco. Añadiendo qi. Haciéndola estremecer una vez más.
Su culo queda abierto. Se va cerrando poco a poco. Pero no le doy tiempo. Pronto, está lleno de nuevo. Pero no de la cola.
La estoy sujetando de las “patas” para que su agujero esté a la altura adecuada. Para ayudarme a penetrarla en una posición confortable. Para embestir en ella más intensamente que antes. Ahora con una vista de sus pechos directa. Viéndolos vibrar a cada embestida. Manchados por tentadoras gotas de sudor que caen desde sus pezones,
Al principio, tenía sus manos alzadas como si fuera una perra. Pero acaba dejándolas caer. Exhausta. Solo con fuerzas para gemir débilmente. Para estremecerse cada vez que se corre. Apretándome aún más. Se acaba quedando totalmente inerte después de que la llene.
Solo se mueve su pecho. Subiendo y bajando al compás de su respiración. Tiene la mirada perdida. Y una pervertida sonrisa de satisfacción. Sin duda, mi más reciente esclava está totalmente sometida a mí.
Rui está igual. Puede que su cultivación sea un poco más alta. Pero, sin duda, mi otro yo ha sido más intenso con ella.
Le pongo la cola. Taponando su culo y el semen que tiene dentro. Antes de devolverlas para que descansen. Mis pervertidas mascotas se lo han ganado.
—————
Da Ting me habla de un modo diferente de hacer té. Diría que lo ha aprendido hace poco. Lo que no tengo claro es si es por ella o por mí. Las chicas me contaron que buscaba temas para hablar conmigo. Y que la ayudara. Mañana se lo explicaré a Ma Lang. Le interesa el té.
Yo le cuento algunas anécdotas de la secta. Algunas obtenidas a través de Pen y los esclavos. Incluyo que alguien ha conseguido hacer negocio vendiendo talismanes defectuosos en el mercado.
Le ha hecho gracia. Pero Ye Bi creía que le sería provechoso el descubrimiento accidental. El de que crear barreras muy débiles es un método barato y útil para que no te molesten en el mercado. O para exponer a los agresores.
No sé realmente cómo le está yendo el negocio. Si mañana viene, seguro que le hacen contar todo detalladamente. Mis dos preciosas organizadoras tenían curiosidad. Incluso bromeaban de reclamar una parte. Aunque sé que ni siquiera lo insinuarán.
Como casi siempre, me acaba echando al darse cuenta de que hemos estado hablando más de lo que se suponía. Es realmente graciosa, además de adorable. No puedo sino reiterarme a mí mismo que, cuando crezca, romperá muchos corazones.
Sai está en la nueve. Sus hermanas en la 8. Meixiu y Jiao solo en la dos. Por desgracia, estas no pueden usar la misma técnica con Yin y Yang. Y no puedo ayudarlas demasiado sin levantar sospechas.
Después de hoy, Sai estará a medio camino de Alma. De dejar de ser una esclava. Sus hermanas tendrán que esperar un par de meses más.
Además, no solo serán estudiantes, sino discípulas directas de la maestre ilusoria. Su rango será mucho mayor que el mío. Que el de la inmensa mayoría de estudiantes. Aunque no lo creo, me da miedo de que se olviden de mí. De que me dejen de lado.
De todas formas, eso es algo de lo que pronto me olvido. Estoy demasiado ocupado con tres hermanas, y otras dos. Con sus cuerpos desnudos. Con sus besos. Con su pasión. Con sus juegos. Con llenarlas una y otra vez.
Por supuesto, solo lo hago para ayudarles en su cultivación. En ningún momento por el placer de follarlas. De abrazarlas. De tenerlas para mí.
¿A quién quiero engañar? Sin duda, las ayudo en su cultivación. Pero es algo que solo pasa por mi cabeza fugazmente de vez en cuando. Son demasiado hermosas. Demasiado eróticas. Demasiado irresistibles como para pensar en nada más que en poseerlas. Que en asegurarme de que, pase lo que pase, nunca se olviden de mí.
Sus gemidos y rostros de satisfacción me indican que, una vez más, he conseguido mi objetivo. Y he disfrutado el proceso. Mucho más de lo que pienso reconocer. A no ser que me torturen a cosquillas.
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