Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Cultivación prohibida (+18) - Capítulo 304

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Cultivación prohibida (+18)
  4. Capítulo 304 - Capítulo 304: Cita de fresas
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 304: Cita de fresas

Por la tarde, voy hasta la cabaña de Yan Xiulan. Llamo a la puerta. Aparece en unos segundos. Creo que estaba esperándome.

–Buenas tardes. Estás realmente preciosa– la halago, cogiéndola de ambas manos.

Lo está. Lleva un vestido rosa pastel de una pieza que le llega hasta las rodillas. Con tirantes y sin mangas. Sin escote. Probablemente, sus dos amigas la hayan ayudado a personalizarlo. Y esto es lo máximo que han conseguido que muestre. Debería agradecerles.

Si fuera por ellas, el vestido sería mucho más corto. Quizás estaría abierto por el ombligo. Sin duda, estaría mucho más abierto por arriba.

A Yan Xiulan le queda muy bien. Y hace juego con sus pendientes, collar y anillos. Como buena joyera que es, lleva varias joyas. Bastante discretas. Sin ostentación. Aunque todas ellas emanan qi. Como siempre, lleva la horquilla que ella hizo y yo le regalé. No desentona en absoluto.

–Gracias– responde tímidamente.

Ni siquiera ha intentado liberarse. Aunque se muestra muy nerviosa cuando me acerco más. No se resiste. Quizás hay algo de indecisión en ella. Pero también expectación. Así que la beso en los labios.

Hacía días que no estábamos los dos solos. Desde nuestro último beso. Que duró mucho menos que este.

Cuando me separo, se me queda mirando entre incrédula y extasiada. Su boca entreabierta. Como queriendo más. Sus manos apretando las mías. No sé si no queriéndome dejar ir. O quizás simplemente está tensa.

Estoy tentado de empujarla hacia dentro. Devorarla. Pero, sé que no lo quiere. Aunque quizás lo desee. Puede que, si insistiera, si forzara la situación, cedería. Quizás, podría hacerla mía. Pero no quiero aprovecharme de su confianza. O arriesgarme a perder su sonrisa.

Así que controlo mi deseo. Sonrío. Ella baja la cabeza. Demasiado avergonzada para seguir mirándome.

–¿Vamos?– llamo su atención.

Ella asiente, sin mirarme aún. Así que empiezo a caminar. Cogiéndola de la mano. Así que se ve obligada a caminar junto a mí. Quedándose un paso atrás por unos momentos. Incluso se olvida de cerrar su cabaña. Por suerte, se cierra automáticamente cuando se aleja lo suficiente.

–Dime, ¿qué tipos de dulces hay?– le pregunto.

–Ah… Bueno… Hay de todos los tamaños. Algunos son…– empieza a hablar.

Distraerla siempre funciona. Normalmente, era con joyería. Pero parece que los dulces con fresas también funcionan. No tarda en recuperar la compostura. Aunque un par de veces la veo llevarse los dedos a los labios y sonrojarse.

Solo una vez intenta separar su mano. Pero enseguida cambia de opinión. Y aprieta con más fuerzas. Incluso enderezando su espalda. Como queriendo convencerse a sí misma. ¿Puedo besarla otra vez? Es tan tentador… Pero no quiero que vuelva a quedarse en blanco.

No tardamos en salir de la secta y llegar al mercado. Es evidente que hay bastante más gente de lo habitual. ¿Es por los talismanes? Por lo que ha dicho Ye Bi, no me ha dado la impresión de que fuera tan exagerado.

Oh. Hay varias personas comiendo trozos de pastel. O pequeños dulces. Todos con fresas.

–Parece que no eres la única a la que le gustan las fresas– la provoco un poco.

–¿¡Cómo voy a ser la única!? ¡Vamos, no quiero que se acaben!– ella se apresura.

Sorprendentemente, es ahora ella la que estira de mí. Creo que se ha dado cuenta a medio camino. Se ha detenido un momento. Pero ha decidido continuar. Mordiéndose el labio.

Me lleva directamente al restaurante. Allí han colocado varios puestos fuera. Con escaparates con los productos. Todos parecen deliciosos.

La mayoría llevan fresas. Grandes, pequeñas, enteras, cortadas. Aunque hay algunos extras que no. E incluso hay bebidas de fresa. Y helados.

Yan Xiulan parece indecisa entre varios. Como una niña pequeña. Totalmente adorable. La dependienta la mira resignada. No creo que sea la primera. Ni la última. Yo decido intervenir. Al fin y al cabo, se puedo pagar con dinero corriente. Y tengo mucho.

–Este, este, este, este, este y este. Dos raciones de cada– pido.

Son las que estaba mirando mi joyera. Y un par más. También hago una señal atrás. A Bang Rui. A la que he invocado antes sin que mi acompañante se diera cuenta. Su misión es encargar una de cada para cada una de las chicas. Ella incluida. Incluso Rong. Me he sentido generoso.

–Ah… Pero…– quiere protestar Yan Xiulan.

Le pongo un dedo en los labios para que no lo haga. Se sonroja. La acerco a mí con la mano que no me ha soltado en ningún momento. Ella se queda muy quieta junto a mí. Hasta que la dependienta me entrega mi encargo. Guiñándome un ojo con complicidad. Yan Xiulan se sonroja todavía más.

Tras la compra, sin soltarme ni mirarme, me lleva a un descampado. Que hoy está lleno de sillas y mesas. Hubiera preferido comer en el restaurante, pero estaba lleno.

En el pasado, como esclavo, lo había visto así de lleno. Pero no me había preocupado el porqué. ¿¡Cómo iba a saber que era por culpa de una fruta pequeña y roja!?

Yan Xiulan saca unas sillas y una mesa de su anillo de carga. Estaba preparada. De hecho, yo también tengo. Aunque no porque supiera que iban a hacer falta.

~Me siento a su lado. Dejo los dulces sobre la mesa. Ella los mira indecisa. No estoy seguro de si es que no sabe cuál escoger, o si está esperando a que yo escoja primero.

–¿Cuál me recomiendas? Nunca he probado uno de estos– le pido consejo.

–¿No? Ah… Claro… Bueno… Todos están increíbles…– sigue mostrándose indecisa.

–Pues empezaré con este– cojo uno de ellos.

Es un trozo triangular de un pastel más grande. Tiene una fresa grande encima sobre una base de una crema blanca. Al cogerlo, puedo comprobar que es muy tierno. Y más cuando lo muerdo, dejando la otra mitad en mi mano.

Prácticamente, se deshace en mi boca. La mitad de la fresa que he mordido añade un frescor dulce a la masa tierna, ya dulce de por sí. Tiene un relleno de una mermelada roja. ¿Quizás también de fresa?

Mientras saboreo la mitad del pastel, me quedo mirando a mi joyera. Ha cogido el mismo que yo. Su mordisco ha sido más pequeño que el mío. Ha cerrado los ojos, saboreándolo. Sin duda, lo está disfrutando. Ella es incluso más dulce que lo que está comiendo. No puedo evitar quedándome mirándola.

–¿Pa… Pasa algo?– se muestra nerviosa cuando abre los ojos, al darse cuenta de que la estoy mirando.

–Tienes manchada la mejilla– la aviso.

–Ah…

Ella mueve la mano, intentando limpiarse con la servilleta. Que acaba de sacar de su anillo. Pero no consigue dar con la mancha. Se la ve nerviosa. Quizás avergonzada.

–Déjame, no te muevas– me acerco un poco a ella.

Muevo mi mano a su mejilla. Que está ganando tonos rojos a marchas forzadas. Ella está muy quieta. Como si temiera respirar. Le limpio la mermelada del relleno del pastel que se había quedado en su mejilla con el dedo. Que me llevo a la boca. Es dulce.

Ella aparta la mirada cuando acabo. ¿Por qué? ¿Por limpiarle la mermelada? ¿Porque se hubiera manchado?

Estoy tentado de darle un beso. Pero sé que le avergüenza demasiado en público. Así que acabo con el resto del pastel. Mientras ella vuelve a morder el suyo. Con cuidado de no mancharse de nuevo. Me tengo que contener para no reír.

No me mira por un rato. Bueno, de reojo un par de veces. Acabo sucumbiendo a la tentación. Y le doy un breve beso en la mejilla. Se vuelve a tensar por un momento.

–Gracias, estaba delicioso. ¿Cuál debería probar ahora?– pregunto en voz alta.

–No deberías hacer eso… Que van a pensar…– protesta tímidamente.

–No te preocupes. Es más que normal aquí. La mayoría son parejas, y algunos son realmente efusivos– le aseguro.

Hay incluso una pareja que se está besando y metiendo mano. Sin importarle lo que la gente piense. ¿Oh? ¿No es el hermano de Di Yue? Esa debe de ser una de las interesadas en el lubricante…

Me giro un poco. Mejor si no me reconoce. Más que nada, por Xiulan’er. Aunque están muy ocupados. Mi joyera mira alrededor. Me mira entre nerviosa e indecisa.

–Lo siento. Yo… No soy como Liu’er y Lang’er…– se disculpa. ¿Se siente culpable?

–¿Cuántas veces te lo tengo que decir? Ya tengo dos como ellas, no me hacen falta más. Y solo hay una como tú– la miro a los ojos.

Ella asiente. Avergonzada.

–Este de hojaldre con crema está bueno. Si no te das prisa, te quedarás sin– la amenazo, bromeando.

–¡Ah! ¡No seas malo!– me regaña.

Me río. Nos reímos. Y devoramos los siguientes dos dulces. Ella con cuidado. Se ve que yo no tanto.

–Estás manchado allí– señala ella.

–¿Aquí?– pongo la mano en mi mejilla.

–Un poco más abajo. No, no tanto. Hacia la izquierda. ¡No! ¡Mi izquierda!

–¿Por qué no lo limpias tú?– le propongo.

Oh. Hacía un rato que no se sonrojaba.

–Pero…– se muestra indecisa.

–Solo será un momento– le aseguro.

Reconozco que en parte quiero ver cómo reacciona. Es demasiado adorable. Y al final, se acerca. Su cuerpo casi pegándose al mío. Su rostro demasiado cerca del mío.

Cuando limpia la mancha con su dedo, no sabe qué hacer con él. Antes de que pueda decidirse, envuelvo su dedo con mis labios. Al fin y al cabo, esa crema era mía.

Ella quiere decir algo. Con esos preciosos labios suyos. Soy incapaz de resistirme más. Mi mano en su espalda. La atraigo suavemente hacia mí.

Hace amago de protestar. Pero mis labios acallan los suyos. Aunque sea por un solo un momento. Tampoco quiero asustarla.

Ella se me queda mirando por unos instantes. Antes de bajar la mirada y apartarse a toda prisa. Avergonzada.

–No… No deberíamos hacer esto en público… Ni siquiera somos novios…– casi me suplica.

Me he sobrepasado un poco. Me voy a disculpar cuando se me ocurre una idea. ¿Por qué no?

–Entonces, ¿por qué no nos hacemos novios? ¿Quieres ser mi novia?– le pregunto.

Un instante después de decirlo, me arrepiento. Las chicas me acusarían de no ser nada romántico. O de ser demasiado brusco.

–¿No… Novios…?– ella tartamudea, casi en pánico.

Me siento un tanto incómodo. No debería hablar sin pensar. Además de que, en mi situación… No sé qué debe de estar pensando ahora.

–Ah… Lo siento, no debería haberlo dicho… Entiendo que sería muy raro… Cuando yo tengo ya varias… amantes…– me disculpo, arrepentido. ¿Cómo va a aceptar?

–No… Eso ya lo sé… Y… ¿Lo decías en serio?– me pregunta, muy nerviosa.

–Sí– aseguro. Aunque puede que sea un tanto extraño, es la verdad.

–Yo… Bueno… Me gustaría…– confiesa, muy roja.

No puedo resistir el impulso de abrazarla y besarla una vez más. Cuando me doy cuenta, me aparto. La miro pidiendo perdón.

–Mejor… no es público…– me pide, avergonzada.

–Lo siento, me he emocionado un poco– me disculpo otra vez.

Ella asiente, aún más avergonzada. Pero la sonrisa que se escapa de sus labios es realmente hermosa. Me tengo que contener para no volverla a besar.

—————

Estamos caminando cogidos de la mano por el bosque junto al mercado. La zona está protegida también, pero es más discreta, íntima. Ella parece nerviosa. Quizás expectante. Yo estoy buscando un sitio tranquilo.

–Aaaah, aaah, aahh…– oímos gemidos ahogados.

–Parece que no estamos solos– susurro.

Ella asiente. De nuevo avergonzada. Mirando el suelo.

–Al menos, podrían haber usado una técnica para aislar el sonido. No son tan difíciles– me quejo.

–¿Tú las sabes…? Ah… Claro…– ella susurra.

No sé muy bien en qué está pensando. Pero, teniendo en cuenta quienes son sus amigas, no debe de estar muy lejos de la verdad.

No son los únicos gemidos que oímos por el camino. Hasta encontrar un lugar más silencioso. Me aseguro de que no haya nadie con Detectar qi. Me giro hacia ella. Quien me mira. Puedo ver como traga saliva.

Le pongo mi mano en la cintura. La atraigo hacia mí sin ninguna resistencia. Sus manos me abrazan torpemente en la mía. Mis labios se acercan a los suyos. Hasta sellarlos por completo. Añadiendo un poco de qi

Nos separamos al cabo de medio minuto. Me mira con la boca entreabierta. Expectante. Queriendo más. Sin atreverse a pedirlo. No la hago esperar.

Esta vez, añado más qi. Poco a poco, muevo mi lengua hacia el interior de su boca. Ella se tensa al darse cuenta. Pero no solo no me detiene, sino que intenta usar la suya. Muy torpe y tímidamente. Estoy convencido de que ciertas dos pervertidas le han hablado de esto. Al fin y al cabo, reconoció no haber besado a nadie antes de a mí.

Mis manos se mueven acariciando la espalda hacia abajo. Hacia sus nalgas. Pero noto como vuelve a tensarse. Nerviosa. ¿Asustada? Así que me detengo. Y me limito a disfrutar de sus labios. Y de su cuerpo apretado contra el mío.

No sé cuanto rato estamos besándonos. Nunca me parece bastante. Pero cuando nos vamos, ella está muy sonriente. Aunque le cuesta mirarme. Y no suelta mi mano.

El beso de despedida frente a su cabaña es breve. Tiene miedo de que la vean. Aunque, antes de irme, le doy todos los pasteles que han sobrado. Al fin y al cabo, tengo muchos más.

–Pero…

–Esas dos vendrán a interrogarte. Quizás, con esto, puedas sobornarlas– me río. Ella suspira.

–Las quieres mucho, ¿verdad?– me pregunta, quizás algo abatida, ¿celosa?

–Sí, pero no son las únicas.

Vuelvo a besarla. Ratificando mis palabras. Tras lo cual ella casi se escapa al interior de su cabaña. De nuevo avergonzada. De nuevo adorable. Tengo que esforzarme para no reírme. Ha sido una tarde realmente deliciosa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo