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Cultivación prohibida (+18) - Capítulo 306

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Capítulo 306: Compromiso no deseado

–¿¡Cómo se atreven!? ¡Seguro que es cosa de nuestro tío! ¿¡No tenía suficiente con querer matarnos!? ¿¡Ahora que su hija ha muerto, quiere usarnos para sus planes, sean los que sean!?– Yi Está furiosa. No es para menos.

–El muy hijo de cultivadora maligna nos ha amenazado veladamente con papá y mamá…– añade Yu, entre dientes, con los puños apretados. También está furiosa.

–No tenéis que preocuparos. Total, esa basura de Jia Xia morirá tarde o temprano– quiere consolarlas Song.

Me parece ver por un momento el brillo en los ojos de ambas hermanas. De odio y determinación.

Jia Xia es el último que queda del grupo que las violó y casi las mata. Es el exprometido de su prima, la última culpable. A la que matamos durante la expedición.

Este subió a la etapa dos de Alma poco después de que volviéramos de la expedición. Por eso hemos tenido que posponer su venganza. Sería factible intentarlo desde que yo también subí a dos y ellas a uno. Pero también tendría su peligro. Aunque este giro de acontecimientos nos puede obligar a actuar.

Su familia las ha prometido con él. Lo que es peor, a las dos. Sospechamos que su tío está detrás de esto. El mismo que escribió la carta a su hija para que se deshiciera de las gemelas. Y del que sospechan que tiene algo que ver con la situación de sus padres. Aunque no tienen ninguna prueba de ello.

Ellas tardan en calmarse. En reprimir su furia. Aunque sigue allí. A punto de estallar. Siempre había estado allí. Pero esta orden de su familia la ha hecho aflorar.

Por ahora, han decidido ignorar la carta. No piensan responder. Si les dijeran lo que piensan, quizás la situación de sus padres empeoraría aún más. No hacer nada las ayudará a ganar tiempo. Pero tarde o temprano, su familia insistirá. O puede que incluso les hagan una visita.

El mayor problema es que hasta ahora no hemos tenido una oportunidad para acabar con él. De hecho, ahora mismo está en una misión, lejos de la secta. Hay que esperar a que vuelva. Y ver cómo reacciona. Quizás, también sea una sorpresa para él y cometa algún error. Le pediré a Pen que esté atenta a lo que vean los esclavos.

Por la noche, lo único que puedo hacer por ellas es abrazarlas. Besarlas. Dejarles claro de nuevo que son mías. Que, pase lo que pase, no las voy a dejar ir. O puede que hoy yo sea suyo. Han estado muy agresivas y posesivas.

—————

He subido a Mei a Alma. Está encantada. Como lo muestra su cola moviendo sin parar. La que está insertada en su ano. Mientras la follo a cuatro patas. Con su cabeza pegada a las sábanas. ¿O es quizás porque se ha vuelto a correr otra vez?

Tengo a mis dos perritas una al lado de la otra. Hacía un par de días que no las vestía con las orejas y las colas. Se han entusiasmado cuando se las he hecho poner. Cuando les he puesto sus collares.

Sin duda, son bastante pervertidas. Por supuesto, tengo bastante culpa de ello. Aunque no me arrepiento en absoluto. Por no hablar de lo eróticas que eran cuando les he lanzado una pelota a cada una y les he hecho ir a buscarla con la boca. Las dos a cuatro patas. Sus pechos rebotando. Sus nalgas vibrando. Sus cuerpos desnudos moviéndose sinuosamente.

Es una pena que mi cabaña sea pequeña. Tendría que llevarlas a pasear algún día fuera. Pero es peligroso ir al bosque. Todo por culpa de ese maldito Dai Fen y la recompensa por mi cabeza. Por desgracia, aún no ha llegado ningún aviso del grupo que lo quiere muerto.

Bueno, mejor no pensar en él. Cuando tengo dos preciosas mascotas a mi merced. Creo que les compraré otros accesorios. ¿De gatitas? Me lo pensaré

—————

–Se llama Hei Hu. Está en el reino del cuerpo, etapa tres. Es el jefe de una pandilla de media docena de miembros. No tiene muy buena fama, pero no es más que un matón de segunda entre los estudiantes internos. Probablemente, está a las órdenes de alguna de las facciones, pero eso es todo lo que sabemos– me explica Pen

Es el cliente posesivo de Rubí del que habló Ning. El que la quiere solo para él. Con su perfil, seguramente sin ningún compromiso por su parte. La abandonaría cuando le fuera conveniente. O, al menos, es lo que hacen otros como él.

Se ha obsesionado con ella. Y ella se siente un tanto presionada. Pero no puede dejar su trabajo si quiere seguir consiguiendo dinero. De hecho, ya intentó una vez cambiar de apodo y un poco de aspecto. Y no funcionó. Ning no sabe más detalles.

Me gustaría ayudarla. Pero está más allá de mis capacidades. Su cultivación es demasiado alta. Y vive en la zona de los estudiantes internos. Lo único que puedo hacer es tenerlo vigilado.

–Gracias– la abrazo y la beso. Ella me lo devuelve con pasión.

–Ves con cuidado. No te metas en líos– me pide preocupada cuando nos separamos.

–Solo quería saber quién era. No tengo intención de involucrarme con él. En cambio, contigo…– amenazo con una sonrisa.

–¿Oh? ¿Qué vas a hacerme?~ me reta sensualmente.

La vuelvo a besar. La cojo de las nalgas. La alzo. La siento sobre la mesa. Sin soltar su boca, subo su túnica. Con una mano, le bajo las bragas. Que acaban en el suelo. Como mis pantalones.

Ella me abraza. Devolviéndome el beso. Estirando mi camisa hacia arriba para sacármela. A la vez que yo abro la parte de arriba de su túnica. Exponiendo su sujetador. Que pronto queda suelto. Liberando sus abundantes pechos.

¿Ya está mojada? Teniendo cuenta que yo estoy erecto, solo hay una respuesta a esta situación.

–¡¡¡AAAAAAaaahhhh!!~ gime cuando la penetro.

Me abraza sentada sobre la mesa. Con las piernas abiertas. Que cierra en mi cintura desnuda.

Prácticamente, no dejamos de besarnos. Mis manos moviéndose deshonestamente por su cuerpo semi desnudo. Que tiembla y se tensa varias veces en un fuerte orgasmo.

Dejo ir sus labios para que pueda respirar. Me mira con deseo. Mordiéndose el labio inferior. Sonríe con lujuria.

–No pares~ me pide con deseo.

Eso hago. Una de mis manos, en sus nalgas, se asegura de que no se escape. La otra marca los dedos en su mullido pecho. Aplastándolo. Moviéndolo en círculos. Apretando su pezón. Mientras el otro rebota libremente.

Sus labios son reclamados por los míos otra vez. Mis caderas no dejan de moverse para entrar y salir de ella. De una vagina estrecha que envuelve mi miembro con hambre. Llenándome de placer cada vez que la recorro.

No paro durante el siguiente orgasmo. Ni el siguiente. Acaba tumbada sobre la mesa. Casi exhausta. Incluso babeando. Su ropa desordenada, empapada con su sudor. Pegándose a su voluptuoso cuerpo. Que se mueve con mis embestidas. Así como su cabello rubio desparramado sobre la mesa. A cuyos bordes sus manos se agarran con fuerza.

Todo su cuerpo se tensa y tiembla cuando la lleno y la hago correrse. Arqueándose hacia arriba. Dejando las marcas de sus dedos en la mesa. Que ya tiene otras de ocasiones anteriores. Quizás, habría que comprar una más resistente.

También tiemblo yo de placer. Antes de dejarme caer sobre su cuerpo semi desnudo. Antes de volverla a besar. Y de que me abrace con dulzura. Jadeando los dos. Satisfechos.

Nos quedamos un rato así. Abrazados. Charlando. Riendo.

–Ha llegado. Va a abrir~ me avisa un rato después, traviesa. Me levanto enseguida.

–¿Hola? ¿Pen? ¿Estás aquí? Mmmmmmh– pregunta Fen Huan cuando entra y la amordazo.

–Llegas tarde. Mereces un castigo– le susurro en el oído.

Mis palabras cancelan su amago de resistencia. La llevo hasta la mesa en la que he follado a Pen. La empujo contra ella. Su cuerpo bocabajo sobre la madera. Sus piernas en el suelo.

–No necesitas esto~ asegura Pen, quitándole la parte de arriba de su ropa.

–Ni esto~me uno, quitándole las medias y las bragas.

Le dejo puesto la falda. Aunque la subo. Dejándola doblada a la altura de la cintura. A la vez que inmovilizo sus tobillos con los grilletes que hay en las patas de la mesa. Pen hace lo propio con las muñecas, dejándola totalmente inmovilizada.

–Suplícalo~ le exige Pen, cogiéndola del pelo.

–¡Amaaa! ¡Castígame, por favor! ¡Amo! ¡Fóllame, te lo suplico! ¡Castígame con tu polla en mis agujeros!– pide excitada. No ha dudado ni un momento.

A sus palabras sigue alrededor de una hora de placer y dolor para ella. Placer para mí. Y placer para Pen, a la que lleno por segunda vez. Esta vez en la cama. Mientras mi masoquista espera su turno en el culo. Con su vagina goteando de un líquido blanco.

—————

–¡Ah! ¡Se me olvidaba! ¡Lang’er y Liu’er han dicho que vendrían! Iban a traer algunos vestidos para probar… ¡Aaaaah!– de repente recuerda Fen Huan. Y recibe un fuerte cachete en las nalgas.

–¡Podrías haberlo dicho antes!– la regaña Pen.

–Bueno, supongo que tendré que entretenerlas mientas os bañáis– les guiño un ojo.

Las dos me miran. Me acusan de pervertido. Ríen. Fen Huan recibe su castigo por faltar el respeto a su amo. Pen recibe un beso largo, profundo y húmedo.

Luego, nos acabamos bañando los tres. Aún tenemos tiempo. Es cierto que con qi nos podemos limpiar. Pero un baño relajante y con sexo nunca está de más.

Pen las recibe cuando llegan.

–Lo siento, no he podido evitarlo– se disculpa.

El rostro y el tono de voz denotan su culpabilidad. Aunque no se siente culpable lo más mínimo. Sé que se está riendo por dentro.

–¿Qué quieres decir con…? ¡Aaah! ¡Kong!– exclama Bei Liu cuando la cojo por detrás.

–¡Aaaah! ¡Suéltame! ¡No! ¡No me sueltes!~ se contradice Bi Lang, pasando de la sorpresa a la sensualidad en un instante.

–Seguro que habéis hecho algo malo. Merecéis una lección– las acuso.

–Muchas cosas malas…~ reconoce Bi Lang, provocativa.

–Castígame~ se ofrece Bei Liu con lujuria.

Así que me veo obligada a castigarlas. Liberándolas primero de la prisión de sus ropas. Sobando sus cuerpos desnudos. Excitándolas a la vez que yo también me siento estimulado por sus caricias y besos.

Acabamos en la cama. Sin orden y con pasión. Y pronto son penetradas. Una tras otra. Totalmente sumisas. Dejando que haga lo que quiera con ellas. Lo que acaba conmigo golpeando sus húmedas vaginas con mi miembro erecto sin parar. Disfrutando de sus cuerpos desnudos. Mientras sus dos amigas me ayudan a someterlas al placer. Y reciben un poco más a cambio.

Había venido a preguntar a Pen por Hei Hu. No sé muy bien cómo ha acabado en una orgía con estas cuatro pervertidas. Aunque no me arrepiento de nada. Ni cuando me hacen quedar para un pequeño espectáculo de moda.

Han traído varios vestidos para Pen y Fen Huan. Retocados por ellas. Algunos elegantes, que pueden vestir por la calle. Algunos totalmente provocativos. Según han dicho, estos son solo para mis ojos.

La verdad es que las modelos estaban preciosas. Fen Huan algo avergonzada. Y solo necesitaban cambiar algunos detalles. Para que se adaptaran perfectamente a sus cuerpos. O facilitar el movimiento. Algo en lo que Fen Huan ha insistido varias veces.

–Tenemos algunos para ti, pero aún no están acabados. Tendrás que posar para nosotras– me exige Bei Liu.

Las cuatro me miran inquisitivas. No dándome opción a negarme.

–Lo que vosotras digáis– me encojo de hombros.

––¡Bien!–– las dos amigas saltan y palmean sus manos.

Se vuelve hacia Fen Huan y Pen, con quien repiten el gesto. Y luego caen en mis brazos.

–Estamos cansadas. Es tu culpa. Mímanos~ pide Bi Lang, melosa.

–¡Yo también quiero!– se une Pen.

Fen Huan también se acerca, sin decir nada.

Así que me quedo un buen rato acomodado en la cama con ellas. Besándolas. Acariciándolas. Con suavidad. Con mimo.

Bei Liu y Bi Lang se duermen sobre mis piernas. Fen Huan se acomoda en mi pecho y cierra los ojos. Pen me mira y sonríe. Me besa. Y se acomoda al otro lado.

Me las quedo mirando un rato. Sin poder evitar sonreír. Y acabo cerrando los ojos. Me puedo permitir un mañana de paz y relajación rodeado de bellezas desnudas. El sexo salvaje ya lo hemos practicado antes.

Poco a poco, me pierdo en la calidez de sus cuerpos. En el suave sonido de su calmada respiración. En el rítmico palpitar de sus corazones, que siento a través de su suave contacto. En su delicioso y familiar aroma. Que se va haciendo difuso…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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