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Cultivador mediocre en naruto - Capítulo 1

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Capítulo 1: Inicios

© WebNovel

Descargo de responsabilidad (Disclaimer)Los personajes y el universo de Naruto son propiedad exclusiva de Masashi Kishimoto. Esta historia es un trabajo de ficción sin fines de lucro, creada únicamente con fines de entretenimiento. Cualquier similitud con la historia original es intencional y se utiliza para construir una narrativa alternativa o expandir el mundo existente. No tengo ninguna afiliación con el autor o con las empresas que poseen los derechos de la franquicia.

— Personaje hablando —

/ Personaje pensando /

Lentamente, sentí el dolor. Un ardor abrasador en mi pecho. Si no fuera porque se concentraba en el lado derecho, habría pensado que estaba sufriendo un infarto. Pero no, este dolor era punzante y muy similar a una quemadura. Mi carne palpitaba con cada latido y, como si fuera poco, el agua fría empapaba mi cuerpo, sumándose a la sensación ta dolorosa.

Cansados y pesados, mis ojos se abrieron con dificultad. Todo lo que me rodeaba era borroso, mis ojos no distinguían casi nada, la poca visión que tenia era interrumpida por la neblina que flotaba en el aire.

Podía sentir como la lluvia caía sin tregua, cubriéndolo todo con una capa de humedad helada. Intenté moverme, pero mis extremidades parecían de plomo, el agotamiento recorría cada parte de mi ser. Cada músculo se sentía desgarrado, cada centímetro de mi piel ardía como si hubiera sido quemada, a pesar de la lluvia que la enfriaba.

—Hace frío… —. Susurré con voz ronca y carrasposa, apenas un murmullo perdido entre el sonido de la fuerte lluvia.

Quise moverme, aunque fuera un poco, pero cuando traté de girar la cabeza, una punzada de dolor recorrió mi cuello, haciendo que todo mi cuerpo se estremeciera involuntariamente. Un gemido ahogado escapó de mis labios mientras apenas podía retorcerme por el entumecimiento que atormentaba mi cuerpo, provocando que la jaqueca más intensa que jamás había sentido me golpeara sin piedad.

Mi respiración se volvió errática, jadeaba en busca de aire, ahora completamente despierto por el dolor, aunque aún incapaz de moverme. Mis ojos se desplazaban frenéticamente de un lado a otro, buscando algún punto de referencia en la espesa niebla.

La fría piedra bajo mi espalda me hizo temblar, pero lo que más me inquietaba era la sensación de ardor en mis venas. Como si algo estuviera ardiendo en mi interior, como si el fuego hubiera recorrido mis entrañas y se negara a extinguirse.

En medio de la confusión, imágenes y recuerdos comenzaron a invadir mi mente. Escenas de una vida solitaria, miradas de desprecio, insultos lanzados sin piedad. Un anciano entregándome dinero con indiferencia, personas que me observaban con una mezcla de miedo y odio, un profesor que apenas ocultaba su lástima tras su desdén. Pero también, entre los fragmentos de ese pasado, había una imagen distinta, la de un hombre verdaderamente amable, dándome de comer cuando más lo necesitaba.

/¿Qué son estos recuerdos ajenos? ¿Por qué todo me resulta tan extraño? ¿Qué está pasando?/

El dolor y la confusión me envolvían por completo, tanto que no noté los pasos acercándose hasta que fue demasiado tarde.

Un hombre de cabello blanco se inclinó sobre mí. Quise reaccionar, hacer algo, decir algo… pero mi cuerpo no respondía. Escuché su voz, aunque no logré distinguir las palabras. Mis párpados se hicieron pesados de nuevo, la conciencia se me escapaba como arena entre los dedos.

Cuando sentí que me recogía del suelo, ya no pude luchar más. Me rendí a la inconsciencia.

——————————————————————————————————————————–

Oscuridad. Eso era todo lo que me rodeaba. Un vacío infinito se extendía en todas direcciones, sin forma, sin fin. Miré mis manos… pero no eran manos. Eran llamas, llamas azules tranquilas que danzaban suavemente, tomando la vaga apariencia de dedos y palma.

Inmediatamente bajé la vista hacia mi torso y piernas. No había carne, ni piel, ni hueso. Solo más fuego azul, ardiendo en completo silencio.

Empecé a caminar. No sabía si realmente podía llamarlo caminar, pero avancé a través de la nada, buscando algo… lo que fuera. No había referencia alguna, ningún punto de orientación, ni cielo ni suelo, solo la sensación de movimiento en un espacio sin dimensiones. No sé cuánto tiempo estuve vagando, pero eventualmente, algo apareció.

Una estructura.

Desde la distancia, la reconocí de inmediato. Era un conjunto de puertas torii rojas, apiladas una sobre otra hasta que estuvieron muy cerca del suelo, formando una estructura extraña al intercalarse una bajo otra. La imagen era imponente, casi opresiva. A medida que me acercaba, noté que en cada viga y cada poste había pegados papeles rectangulares con símbolos grabados en tinta negra, colocados para cubrir toda la estructura.

/Juraría que se parecen a los sellos que se usan en los animes…/ . Pensé mientras me acercaba con cautela.

Fue entonces cuando lo vi.

Una figura humana, pequeña, un niño. Cabello rubio, ropa desgarrada y ojos vacíos, completamente carentes de vida. Estaba de rodillas bajo el peso de las torii, atrapado entre esas puertas como si fueran una prisión. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Algo en su mirada me perturbaba profundamente.

Me detuve a una distancia prudente, sin atreverme a acercarme demasiado. Esas seis marcas en su rostro… las reconocí de inmediato.

—No puede ser… . ¿Ese es Naruto Uzumaki?—. Murmuré, sintiendo la incredulidad golpearme

Mi mente se negó a aceptarlo, pero ahí estaba. El protagonista de un anime que había visto incontables veces. Un personaje ficticio… pero ahora frente a mí, real.

—Una mejor pregunta seria, ¿qué es este lugar? ¿Dónde estoy? —. Pregunté en voz alta, esperando una respuesta que nunca llegó. Solo silencio.

Rodeé la estructura, buscando más detalles. Algo me decía que esto no era un sueño. El dolor que había sentido antes era demasiado real. Además, mi mente estaba clara, lúcida. En un sueño, los pensamientos suelen ser difusos, borrosos… pero aquí, cada detalle era vívido, cada sensación era demasiado fiel a la realidad.

Cuando no encontré nada más, volví la vista hacia Naruto. Me acerqué con cautela, sin saber qué podría pasar, y entonces sucedió.

La tinta de los sellos comenzó a moverse. Sangro desde los papeles como si tuviera vida propia, fluyendo como un río negro hacia el suelo, acumulándose justo frente a mí. Instintivamente, di un paso atrás, el miedo apretándome el pecho.

Frente a mí, la tinta se elevó y comenzó a tomar forma. Un altar oscuro emergió del charco de tinta, y sobre él, un libro antiguo, grueso y de apariencia gastada, pero sorprendentemente bien conservado.

—Mierda… . . Todas las malditas historias de terror cósmico empiezan con algo así —. Susurré, sintiendo la tensión en el aire.

Miré a mi alrededor. No había nada más en kilómetros, solo yo, Naruto y el altar con el libro.

Tragué saliva.

—Supongo que lo que sea que esté pasando comenzará cuando lo tome… —. Murmuré, extendiendo la mano hacia el libro, sin saber si estaba a punto de desatar algo que no podría controlar.

Cuando toqué el libro, este se abrió de inmediato. Las páginas pasaron rápidamente, como si un viento invisible las moviera, hasta que se detuvieron en una escrita en mi idioma. Por un momento, estuve tentado a mandar todo al diablo y alejarme de ahí, pero comprendí que no tenía otra opción. Con cautela, me acerqué y leí el título con incredulidad:

“La Ciencia Secreta del Cultivo: Convirtiéndose en Dioses Literarios”.

El peso de esas palabras me golpeó de lleno. Mi estómago se revolvió mientras una sensación de vértigo me invadía. La comprensión me cayó encima como una avalancha.

—Me hicieron isekai —. Murmuré con un temblor en la voz.

Mi mente aceleró, procesando la situación a una velocidad vertiginosa. Recordaba con claridad cada detalle de mi vida pasada: los eventos, las emociones, incluso las relaciones que formé. Sin embargo, algo estaba ausente. No podía recordar los rostros de mis seres queridos ni sus nombres.

Sabía que tuve padres, hermanos, amigos, pero sus imágenes se desvanecían en un vacío borroso. Era como si alguien hubiera eliminado los lazos emocionales que me ataban a ellos. Recordaba el amor que sentía, pero no tenía a quién asignárselo.

Respiré hondo, tratando de calmarme. No tardé en darme cuenta de que lo que fuera que me había traído aquí se había asegurado de eliminar mis apegos emocionales. Un movimiento brillante, lo admitía. Evitaba que cayera en una crisis existencial inmediata.

Sin embargo, ese mismo vacío me dejaba una sensación de inquietud, una necesidad insaciable de sentir algo. Sabía que ese vacío emocional se convertiría en un problema tarde o temprano, pero por ahora, debía centrarme en lo inmediato.

No había un ROB (Random Omnipotent Being) dándome explicaciones ni instrucciones. Eso era preocupante, porque significaba que todo podía salir mal en cualquier momento. Reprimí la crisis existencial que amenazaba con devorarme y me enfoqué en lo esencial, sobrevivir.

—Mi dedo dorado —. Murmuré, volviendo la vista al libro.

Si había algo que me habían dado como ventaja en este mundo, estaba dentro de ese tomo. Era la trampa, la herramienta con la que habían planeado mi inserción en este universo. Pero antes de que pudiera analizarlo más, mi mirada se desvió hacia la figura de un niño.

Estaba inconsciente, sellado bajo símbolos que, aunque desconocidos para mí, eran obvios en es su propósito, debían ser de contención, restricción, o algo similar.

Ahora bien ¿Por qué Naruto Uzumaki estaría aquí sellado? ¿Qué había sucedido con él? Supuse que debía tomar su lugar, pero la escena frente a mí me decía que algo había salido mal. Sus heridas eran graves. ¿Significaba eso que Naruto no había sobrevivido? Mi pecho se apretó con la posibilidad. Examinar los sellos solo me dejó con más preguntas que respuestas, no entendía nada de fūinjutsu para descifrarlos.

—Maldita sea, tengo que aprender fūinjutsu —. Gruñí mientras me acercaba a él, extendiendo una mano hacia su cabello.

Fue entonces cuando lo sentí. Una mirada, un peso intangible que se posó sobre mí. Me aparté de inmediato, con el pulso acelerado. Algo, lo que fuera, aún estaba dentro de ese cuerpo. Y no era Naruto, podría ser Kurama, podría ser incluso Asura. Pero lo que fuera, supe instintivamente que era antiguo, muy antiguo. No sabía cómo lo sabía, simplemente lo sentía. Tal vez ser solo un alma errante por un tiempo había agudizado mi percepción de estas cosas.

Suspiré y volví a centrar mi atención en el libro. Esta vez, con mayor determinación, lo tomé. Tan pronto como mis dedos lo tocaron, supe cómo invocarlo. Como respuesta, la tinta de sus páginas se filtró en mi piel, dejando un símbolo llameante en la palma de mi mano. Un instante después, el mismo símbolo apareció en la palma de Naruto.

Una incomodidad recorrió mi ser, pero tenía que hacerlo. Era como si instrucciones se me dieran inconscientemente, así que las seguí por ahora.

Presioné mi palma contra la de Naruto y sentí cómo mi cuerpo perdía forma, disolviéndose y filtrándose en el suyo. En ese proceso lo vi todo, no solo recuerdos. Era como si viviera su vida. Una mezcla extraña entre el canon y los clichés del fanfiction. Fragmentos de su infancia, su soledad, las pruebas que había enfrentado… y también cosas que no correspondían a la historia original.

/Esto no es Naruto canónico. Estoy en un maldito AU./

El caos en su memoria era prueba suficiente. Había elementos de las películas, del relleno, y peor aún, detalles del fanon, como una infancia aún más miserable de lo necesario. Para mi suerte, esta versión de Naruto no sufrió lo peor de los clichés, pero aún así, era distinto.

Mientras asimilaba mi nueva existencia, una energía ajena me envolvió. No era mía. No pertenecía a Naruto. Era cálida, sofocante, y se aferraba a mi alma con una intensidad casi asfixiante. Pero lo peor no era su presencia, sino lo que intentaba hacer.

No solo se filtraba en mi ser, sino que también me inundaba con una avalancha de emociones ajenas. Amor incondicional, comprensión infinita, una piedad absurdamente indulgente. Un afecto que no pedí, que no quería, que intentaba moldearme, susurrándome que debía aceptar la compasión, la entrega, la creencia de que todos merecían ser salvados. Que debía abrir mi corazón, perdonar, amar sin condiciones.

Pero no era real. No era mío.

Yo quería amar, sí. Pero no de esta manera. No como un reflejo de algo que no era yo, no como una sombra manipulada por la voluntad de otro. Me habían arrebatado los rostros y nombres de aquellos que amé en mi vida anterior, me habían despojado de los lazos que me anclaban a lo que fui. Y ahora esta energía intentaba llenar ese vacío con una ilusión de amor, una trampa disfrazada de nobleza.

—Maldito Asura… —. Murmuré con desagrado, sintiendo la insistente influencia del hijo de Hagoromo.

Ahora lo entendía. Su chakra no solo era un poder heredado, sino una prisión. Una extensión de su voluntad, intentando arraigarse en mí como lo hizo con Naruto en el canon. Quería convertirme en su ideal, en el portador de su legado, en la pieza que perpetuaría su eterno conflicto con Indra. Su ciclo interminable.

Pero no esta vez.

—No conmigo—. Gruñí con ira.

No iba a ser una marioneta en esta historia. No iba a permitir que una voluntad muerta me arrastrara a una guerra que no era mía. No iba a seguir el camino de Asura, ni el de Indra. No iba a ser otro engranaje en el destino prediseñado que dictaba que uno debía buscar la paz a través del sacrificio y el otro a través de la conquista.

La calidez insistente intentó envolverme, suavizar mi resistencia, hacerme creer que su camino era el correcto. Que si me entregaba, si cedía, encontraría la plenitud que me habían arrebatado. Pero la rechacé con una determinación férrea. Su chakra quedó atrapado en mí, incapaz de disolverse ni de buscar otro huésped. Me había marcado como su sucesor, pero sin poder influenciarme.

Y eso me dio una idea.

/En el mundo del cultivo, los expertos pueden sellar espíritus y voluntades para su propio uso…/

Una sonrisa fría se dibujó en mis labios.

Si Asura quería encadenarme a su destino… entonces yo lo encadenaría a él.

——————————————————————————————————————————–

Cansancio. Fue lo primero que sentí al despertar.

Abrir los ojos resultó un esfuerzo titánico, como si mis párpados pesaran toneladas. Mi cuerpo entero protestaba con punzadas de dolor, una sensación opresiva que se extendía desde la cabeza hasta el torso. Me tomó un momento darme cuenta de dónde estaba. La luz tenue, el pitido lejano de algún monitor y, sobre todo, el penetrante olor a antiséptico confirmaron mi ubicación: un hospital.

El aire estéril se pegaba a mi piel, atrapado entre los vendajes que cubrían gran parte de mi cuerpo. Intenté mover la cabeza, pero un ardor intenso recorrió mi cuello, obligándome a gruñir de dolor.

—Mi cuello me está matando… —. Murmuré con frustración.

/Que te hagan un martinete desde varios metros de altura no es precisamente bueno para la columna…/

Un escalofrío me recorrió la espalda cuando el recuerdo golpeó mi mente con toda su crudeza.

Sasuke Uchiha me mató.

Literalmente.

Lo vi en sus ojos cuando me sostenía boca abajo en el aire, cuando sujeta mi cabeza y la estrella contra la roca con toda su fuerza. No hubo vacilación ni dudas. Solo intención asesina pura y fría. Mi cráneo, mi cuello, mi columna… todo se rompió en ese instante. No debí haber despertado en esta cama. No debí haber despertado en absoluto.

Kurama.

Fue su miedo, su instinto de preservación lo que me salvó. Si hubiera tenido su chakra completo, tal vez habría esperado, habría dejado que el cuerpo de Naruto muriera para después regenerarse… pero con la otra mitad sellada en Minato, el riesgo era demasiado grande. No podía dejar que el recipiente muriera. Así que forzó su chakra en mí, reparando el daño antes de que la muerte se hiciera definitiva.

Cerré los ojos, apretando los dientes.

Maldito bastardo.

Maldito traidor.

Después de todo lo que convivimos… después de todo lo que compartimos…

La ira me golpeó de golpe, un torrente visceral de odio y resentimiento puro. No era solo el intento de asesinato. Era la traición, la deslealtad, la certeza de que para él, yo no era más que un obstáculo que debía eliminar.

Respiré hondo, forzándome a calmarme.

No valía la pena perderme en la furia. Era cierto que el cuerpo de Naruto tenía instintos emocionales marcados, pero yo no iba a ser un esclavo de ellos. No iba a dejar que la rabia dictara mis acciones.

/Realmente Asura jodió la mente del Naruto del canon. Perdonar a Sasuke después de todo esto está más allá de lo que haría una persona normal/.

Abrí los ojos y llevé una mano al costado derecho de mi pecho. Aún sentía el dolor punzante de la herida. La maldita técnica asesina de Kakashi. ¿En qué demonios estaba pensando cuando decidió enseñarle un jutsu de asesinato a un niño emocionalmente inestable?

—Gracias, Kyubi… —. Susurré con total sinceridad.

Sin él, habría muerto. Una y otra vez, me salvó de morir a manos del mal llamado “amigo”.

Me enderecé en la cama con esfuerzo y miré mis manos. Callosas, duras. Las manos de alguien que entrenó sin descanso.

El Naruto del canon nunca fue perezoso. Desde la academia, entrenó con todas sus fuerzas. Se esforzó como ningún otro. Pero cuando no tienes a nadie que te guíe, cuando no hay un mentor que te corrija, el esfuerzo solo te lleva hasta cierto punto. Lo peor es que ni siquiera fue su culpa.

Al principio, intentó aprender. Intentó hacer las cosas bien. Pero después de incontables maestros indiferentes, después de un sistema que lo ignoró y lo trató como un caso perdido, se rindió. No en su deseo de ser fuerte, sino en su método.

Así nació la imagen del alborotador, del payaso que buscaba atención a toda costa. Una respuesta desesperada a un mundo que lo hacía invisible. Y cuando llegó la hora de que alguien lo entrenara de verdad, cuando tuvo maestros que se llamaban a sí mismos sus “senseis”, lo ignoraron.

No por falta de talento o por falta de esfuerzo. El niño con más potencial de su generación fue dejado de lado. Todo porque Sasuke Uchiha representaba un riesgo de fuga. Era, irónico, considerando que yo era el Jinchūriki del Kyūbi, el arma viviente de la aldea.

Triste, si lo piensas, pero ahora… ahora yo estaba aquí. Yo era Uzumaki Naruto. ¿Qué debía hacer? ¿Cómo avanzaba desde este punto? Escapar era imposible. Con mi fuerza actual, no duraría ni un día fuera de las murallas. Ni siquiera sabía a dónde ir. El mundo era enorme y hostil para alguien como yo. No tenía aliados, no tenía un plan. Solo una opción.

Jiraiya.

Fruncí el ceño. Ahora que tenía las memorias de Naruto, todo lo que él sintió, todo lo que vivió… era parte de mí. Su dolor, su soledad, su necesidad de ser reconocido. Yo fui aquel a quien Jiraiya debía cuidar. El hijo de su alumno, el niño al que prometió proteger. Aceptó el título de padrino con todas sus implicaciones, pero nunca hizo lo que debía.

/Si no podías criarme, al menos debiste asegurarte de que estuviera bien/. No podía evitar el desagrado que me provocaba pensar en él.

La infancia de esta versión de Naruto era una mezcla entre el canon y el fanon. Algunas cosas coincidían, otras parecían sacadas de los clichés de los fanfics. Un ejemplo era como recordaba el día en que me expulsaron del orfanato.

Un lugar donde se suponía que debía ser cuidado. No mimado, pero al menos tratado con dignidad. En su lugar, fui despreciado, aislado, insultado. Me daban menos comida, sus miradas eran frías, su trato hostil. No me golpeaban, pero no porque les importara mi bienestar, sino por miedo a represalias. Preferían demostrar su desprecio de formas más sutiles, asegurándose de que lo sintiera cada día.

Y los ANBU lo sabían.

Venían cada cierto tiempo, inspeccionaban el orfanato, revisaban mi sello. No por preocupación, sino por obligación. Su único interés era que nadie me hubiera lastimado físicamente. Mientras respirara y el sello estuviera intacto, no tenían razones para intervenir.

Ahora me doy cuenta que fue entonces cuando entendí lo que significaba ser un Jinchūriki. incluso cuando no sabia que era un sacrificio humano. Para ellos no era un niño. tampoco una persona. Era una carga, un recordatorio de una tragedia, un contenedor de algo que la aldea temía y despreciaba.

La noche en que se cansaron de mí fue cuando la matrona se jubiló. Como su último acto mezquino, me arrojó a la calle en pleno invierno. Yo tenía cinco años.

Recuerdo cada detalle, su mirada, llena de desprecio, el frío mordiendo mi piel mientras la nieve cubría mis pies descalzos. Y sus palabras…

—Ya no importa. Ve y muere, bestia. Por las vidas que tomaste… déjanos en paz.— Luego, cerró la puerta en mi cara.

Esta era solo una de las muchas situaciones que diferían del canon y tomaban elementos del fanon, lo que hacía imposible ignorar la influencia de los fanfics en este mundo. Había tantas diferencias, tantas pequeñas y grandes desviaciones, que pensar en todas las posibilidades resultaba aterrador. ¿Qué podía esperar realmente? ¿Qué elementos eran fieles al canon y cuáles habían sido alterados o incluso añadidos por el fanon?

¿Existía la temida “Vena del Dragón”? Si ese poder llegaba a ser real, tenía que asegurarme de sellarlo y evitar que se manifestara a toda costa. Y los viajes en el tiempo… eso era un absoluto y definitivo “no” para mí. No quería ni imaginar lo que significaría lidiar con paradojas, versiones alternas de los personajes o futuros caóticos donde todo salía aún peor.

Además, estaba el problema de las personalidades. ¿Las personas aquí actuarían como en el canon o como sus contrapartes de los fanfics? Por suerte, mis recuerdos con Sasuke correspondían a los del manga. Dándome la impresión de un niño frío, solitario, pero aún un niño normal con problemas de apego, no esa versión exageradamente arrogante y con complejo de superioridad extrema que muchos fanfics adoraban retratar. Y lo mejor de todo… Sakura también era la del manga.

Sí, tenía su obsesión con Sasuke, pero no llegaba a ser la insoportable del anime. Aún no entendía cómo lograron volverla peor en la adaptación animada, pero al menos aquí no era la fanática irracional y psicótica que muchos fanfics la hacían ser.

En cuanto a los demás… algunos parecían ser idénticos a sus contrapartes canónicas. Al menos, aquellos con los que había interactuado hasta ahora.

Hiruzen, sin embargo, era un enigma. La mayor parte del tiempo se mostraba como el amable y sabio anciano que siempre aparecía en la historia, pero en ciertos momentos su actitud cambiaba. Había instantes en los que me trataba con una frialdad distante, sin el más mínimo interés en mi bienestar.

Aun así, si algo nunca faltaba en cada visita suya, era su discurso sobre la Voluntad de Fuego, la compasión y la importancia de proteger la aldea. Siempre repetía esas palabras, como si intentara inculcarlas en mí a la fuerza.

¿Y los famosos novatos? Apenas los conocía. Esa supuesta amistad inseparable entre Kiba, Chōji y Shikamaru era una invención de Shippūden, un retcon tardío que no existía en la realidad de mi infancia. En el presente, no éramos más que conocidos. Habíamos coincidido un par de veces en fugas de clases, compartido algunas risas en esos momentos de rebeldía infantil y nos saludábamos de vez en cuando en el aula, pero nada más.

No éramos amigos.

Mientras meditaba sobre los sucesos que ahora componían mi vida y mi pasado, el sonido de la puerta abriéndose rompió el silencio de la habitación. No necesitaba girar la cabeza para saber quién era. El peculiar cabello en forma de piña lo delataba de inmediato: Shikamaru Nara.

No dijo nada en un principio. Simplemente entró con su andar despreocupado y se apoyó contra el marco de la puerta, observándome con esos ojos perezosos que siempre parecían evaluarlo todo sin esfuerzo. Yo tampoco hablé. Seguí mirando mis manos, permitiendo que mis pensamientos vagaran mientras esperaba ver cómo se desarrollaban las cosas.

Sabía que, aunque tenía los recuerdos de Naruto, no podía actuar exactamente como él. No era él. Mi vida anterior predominaba sobre la suya. Mi forma de pensar, mis reacciones, mis instintos… todo era distinto. Había heredado su historia, sus emociones, su dolor, pero mi identidad seguía siendo la mía. No tenía el mismo anhelo desesperado de reconocimiento ni la ingenua fe en las personas que caracterizaba al Naruto original. No podía ser el niño que sonreía sin importar qué, ni el que soñaba con ser Hokage sin cuestionar lo que eso realmente significaba.

—¿Todavía despierto? —. Murmuró Shikamaru finalmente, rompiendo la quietud con su tono arrastrado, mientras avanzaba con paso pausado y se dejaba caer pesadamente sobre la cama junto a mí.

No respondí de inmediato. Solo levanté la mirada lo suficiente para indicarle que lo había escuchado y esperé. Sabía que tenía algo que decirme.

Durante los siguientes veinte minutos, se dedicó a explicarme la situación. Me informó del estado de los demás, asegurándome que, afortunadamente, no hubo bajas de nuestro lado. Sin embargo, la misión había sido un completo fracaso. Sasuke se había ido. Había elegido abandonar la aldea, romper sus lazos y seguir su propio camino. Y con su deserción, la estabilidad política de Konoha se estaba tambaleando.

—Se perdió al último Uchiha leal —. Suspiró Shikamaru, su voz sonaba más seria de lo habitual, sin rastro de su actitud despreocupada.

—Los clanes están molestos. Algunos lo ven como un fracaso de la administración del Hokage, otros como una traición inevitable. Pero hay algo más… Mi viejo dice que tenían planes para Sasuke una vez que alcanzara el rango de Chūnin. Al parecer, estaban preparando la reimplementación de una ley de los últimos días de la era de los Clanes Combatientes. Algo llamado el “Acta de Restauración de Clanes”…—.

Sentí un escalofrío recorrerme. Un nudo se formó en mi estómago al procesar lo que esas palabras significaban. Y antes de que pudiera detenerme, mi cabeza golpeó la cabecera de la cama con fuerza. Un sonido seco resonó en la habitación, seguido por un gemido frustrado que escapó de mis labios.

Shikamaru se quedó en silencio, observándome con el ceño ligeramente fruncido. Pero yo no estaba prestándole atención. Mi mente iba a toda velocidad, un torbellino de pensamientos desordenados que intentaban asimilar lo que acababa de escuchar.

/¿Por qué me sorprendo? Estoy en un maldito isekai, seguramente solo para entretener a algún ROB aburrido. ¡Por supuesto que me lanzarían justo en un punto de la historia donde están por revivir una ley estúpida! Porque este mundo tiene una obsesión enfermiza con los linajes y las líneas de sangre únicas. ¡Por supuesto que sí!/

Cerré los ojos y respiré hondo, tratando de calmarme. Pero era difícil. Demasiado difícil. Fue en ese momento que la puerta se abrió de nuevo, y por ella entraron Tsunade y Sakura.

El sonido de sus pasos llenó la habitación con un ritmo pausado, pero cargado de una tensión subyacente. Fue Sakura quien llamó primero mi atención. Se veía agotada. No solo físicamente, sino emocionalmente. Tenía ojeras marcadas, los hombros levemente encorvados y los labios presionados en una fina línea. Era evidente que no había dormido bien, tal vez no había dormido en absoluto.

No era raro. Sasuke se había ido. Nuestro equipo estaba destrozado. Y ella, más que nadie, debía de estar sintiendo el peso de esa pérdida. Pero entonces, mientras la miraba, un pensamiento extraño e inoportuno se coló en mi mente.

Sakura era… linda. No solo linda. Hermosa, incluso. Nunca lo había considerado antes, o al menos, la parte de mí que pertenecía a esta vida no lo había hecho con la seriedad suficiente. Pero ahora, con la mente de un extraño atrapada en el cuerpo de Naruto, era imposible no notarlo.

Tenía rasgos delicados y bien proporcionados, una piel suave sin imperfecciones y unos ojos verdes que, a pesar de estar ensombrecidos por la tristeza, seguían siendo cautivadores. Su cabello rosado, que de niño me había parecido simplemente llamativo, ahora tenía un brillo casi hipnótico.

Sacudí la cabeza con fuerza, como si el movimiento pudiera despejarme de aquel pensamiento. Era Naruto quien encontraba a Sakura hermosa. Era su mente la que influía en la mía, filtrando percepciones y emociones que no eran originalmente mías. Tenía que mantenerme firme. No podía permitirme ser arrastrado por los sentimientos que pertenecían a este cuerpo.

Entonces, desvié la mirada hacia Tsunade. No había justicia para la belleza madura. Era, sin lugar a dudas, la mujer más hermosa que había visto en ambas vidas. Su presencia dominaba la habitación con una naturalidad que pocos podían igualar.

Cada movimiento suyo destilaba una confianza absoluta. Su piel tersa, sus facciones perfectamente equilibradas, sus ojos afilados y llenos de una fuerza incuestionable… Y sin embargo, yo sabía la verdad. Todo era una técnica de altísimo nivel.

Una fachada que ocultaba los estragos del tiempo y el precio que había pagado por su poder. El Sello de las Cien Curaciones había forzado su regeneración una y otra vez, haciendo que su cuerpo envejeciera prematuramente. Lo que el mundo veía era solo un vestigio de la juventud que el tiempo le había arrebatado.

Tsunade me sonrió con calidez, pero sus ojos la traicionaron. Había tristeza en ellos. Una tristeza profunda, escondida tras su fachada de fortaleza. Naruto, en el fondo, siempre había sido un experto en ver la verdadera naturaleza de las personas.

No era solo un niño ingenuo y optimista. Veía más de lo que dejaba entrever, pero elegía ignorarlo. Se mentía a sí mismo porque enfrentar la verdad era demasiado doloroso. Yo no cometería ese error. Algo estaba mal. Tsunade sentía culpa. Y eso solo significaba una cosa, había algo que no me estaba diciendo.

Sakura, aparentemente ajena a mi escrutinio, caminó hasta las ventanas y las abrió de golpe. El aire fresco de la mañana entró en la habitación, disipando un poco la sensación de opresión.

—Eres tan idiota como siempre—. Bromeó con una sonrisa forzada. —Con esas vendas pareces una momia—.

Había incomodidad en su tono. Era un intento torpe de aligerar el ambiente, de recuperar una normalidad que ya no existía. Pero no podía ocultar la verdad. La culpa la estaba devorando.

Me había pedido que trajera a Sasuke de vuelta. Me lo había suplicado entre lágrimas. Y ahora, viendo cómo habíamos terminado todos, debía estar preguntándose si su deseo egoísta había condenado a sus amigos.

No permitiría que se hundiera en esa obsesión. —Sakura, necesito que traigas a Ino —. La interrumpí con firmeza. —Ve y búscala. Hay algo importante que debes ver—.

Ella parpadeó, sorprendida. Me observó como si intentara descifrar mis intenciones. Miró de reojo a Tsunade, esperando alguna señal, pero la mujer solo sonrió levemente y se giró hacia la puerta.

Tsunade no dijo nada más. No intentó detenerme ni hacer preguntas. Solo se aseguró de que estuviera bien y se marchó. Sabía que no podía hacer más que dejarnos a los jóvenes lamer nuestras heridas a solas.

Sakura vaciló, pero finalmente asintió. Quizás no entendía mis razones, pero necesitaba hacer algo, cualquier cosa que la alejara de su propia culpa. Si mi memoria no me fallaba, Ino estaba en el hospital visitando a Chōji.

Shikamaru, que había permanecido en silencio hasta ahora, me observó con una intensidad diferente. No dijo nada, pero su mirada hablaba por él.

Era analítico por naturaleza. No se le escapaban los cambios sutiles en el comportamiento de los demás, y yo definitivamente estaba actuando diferente a lo que él conocía de Naruto Uzumaki.

Sus ojos se entrecerraron ligeramente mientras me escaneaba, como si estuviera armando un rompecabezas mental. Podía sentir cómo su mente procesaba la información, contrastando lo que sabía de mí con lo que acababa de presenciar.

Pero Shikamaru era perezoso. Sabía que algo no encajaba, que algo en mi comportamiento era… extraño. Pero investigar requería esfuerzo. Y si bien la curiosidad lo carcomía, también sabía que si algo era verdaderamente problemático, tarde o temprano saldría a la luz por sí solo.

Decidió no indagar más. Se encogió de hombros con aparente indiferencia y se levantó con las manos en los bolsillos.

—Problemático… —.Murmuró en su tono habitual, antes de girarse y salir de la habitación sin mirar atrás.

No le interesaba lo que iba a hacer. Pero eso no significaba que no lo recordaría.

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Los minutos parecían alargarse infinitamente mientras me quedaba solo en la habitación, aguardando el regreso de Sakura. Aunque intentaba mantener la calma, no podía evitar que mi mente se llenara de pensamientos oscuros y caóticos.

Este cuerpo adolescente, aún en proceso de maduración, estaba afectando mis capacidades mentales de formas que no creía posible. Mi cerebro, lejos de estar completamente desarrollado, parecía tambalear a la hora de organizar mis pensamientos y razonamientos.

Era como si una espesa niebla se infiltrara en mi mente, oscureciendo mi concentración. Cada vez que intentaba enfocarme en algo, la niebla se expandía, sumergiéndome en pensamientos dispersos y erráticos.

Cualquier tema se mezclaba de forma confusa, y mi atención era tan volátil como la de un pez dorado, saltando de un pensamiento a otro sin un rumbo claro. Sin embargo, algo dentro de mí seguía ayudándome a mantener el foco, aunque fuera brevemente, mi memoria más “vieja”, esa que se mantenía intacta pese a los cambios.

/Tengo que encontrar una forma de concentrarme mejor. Naruto debería tener TDAH, por lo que he observado en él, y ahora parece afectarme también. Tal vez sea una consecuencia genética, algo heredado de mi madre Kushina y de los Uzumaki, conocidos por su gran vitalidad. También influye el entorno en el que crecí/.

No supe exactamente cuánto tiempo pasó, aunque sospechaba que no habían sido más de veinte minutos, cuando finalmente escuché la puerta abrirse. Sakura regresaba, pero esta vez no venía sola. Arrastraba con ella a una rubia con coleta que, de inmediato, reconocí. Ino, con su porte tan característico, entró en la habitación.

Aunque compartíamos la misma edad, la diferencia en su apariencia era evidente. Sus rasgos eran más finos, más pulidos, había sido criada bajo el estricto cuidado de una familia ninja que valoraba no solo la fuerza, sino también la estética y la genética.

Los Yamanaka, su clan, como otros habían priorizado la formación de guerreros poderosos, y, de alguna manera, eso se reflejaba en su físico y presencia. No pude evitar pensar que, como efecto secundario, Ino y los demas herederos siempre parecían ser una especie de ideal de belleza ninja.

—Hola, Naruto. Sakura me dijo que me necesitabas —. Dijo Ino, con una expresión que reflejaba incomodidad al ver mi estado herido. Su altanería habitual se había suavizado, probablemente por la reciente visita a Chouji, su amigo de la infancia, quien también había quedado gravemente herido en la fallida misión para rescatar a Sasuke. La preocupación en sus ojos era evidente, aunque trataba de mantener la compostura, como si no quisiera mostrar debilidad.

La miré fijamente, tomando un respiro profundo antes de hablar. Necesitaba hacerle una pregunta importante, algo que había estado rondando mi cabeza desde que me encontré solo. Mis pensamientos, aunque algo dispersos, comenzaban a enfocar hacia un solo punto. Ino era la única persona que podía ayudarme ahora. Sin rodeos, le hablé con claridad.

—Ino, tu clan tiene una habilidad unica, ¿verdad? Son conocidos como caminantes mentales—. La miré con seriedad. El concepto de mostrar mis recuerdos me parecía, en ese momento, la única solución viable. No tenía otra opción.

Ino parpadeó, sorprendida por la pregunta, pero rápidamente asintió. Su expresión, aunque sorprendida al principio, pasó a una de concentración, como si estuviera evaluando cuidadosamente mi solicitud.

—Sí, me enseñaron esa técnica, pero para hacerlo, necesito que me lo permitas. No voy a entrar en tu mente sin tu consentimiento—. Su tono cambió, y fue evidente que se daba cuenta de lo delicado que era lo que le pedía.

Me sorprendió un poco la reacción de Ino, porque recordaba que, en varias ocasiones, había usado sus habilidades de forma más despreocupada en la serie. Sin embargo, ahora comprendía que, si un miembro del clan Yamanaka invadiera la mente de alguien sin su permiso, las consecuencias serían severas.

No solo para el individuo, sino para todo su clan. Si no fueran sumamente cuidadosos, los Yamanaka podrían ser rechazados por los demás clanes ninja. Por eso, a Ino le habían enseñado desde pequeña a no utilizar sus habilidades sin el consentimiento expreso de la otra persona, algo que era esencial para mantener la armonía en la aldea.

/En un mundo lógico, eso tiene todo el sentido del mundo. . Y aunque este mundo parece estar lleno de clichés, hay una cierta lógica que no había comprendido completamente hasta ahora. Tal vez, solo tal vez, este mundo es más realista de lo que parece a simple vista/. Pensé mientras la observaba

—Entonces, ¿puedes mostrar mis recuerdos a otras personas si te lo pido? Necesito que alguien vea lo que sucedió, que comprenda lo que pasó en la misión. Tú eres la única persona que puede hacerlo ahora—. Mi voz sonaba firme, aunque sabía que esta solicitud era más importante de lo que parecía. No solo se trataba de aclarar mis pensamientos, sino de dar a los demás una visión clara de lo que había experimentado.

Ino me miró en silencio por un momento, como si estuviera sopesando mis palabras. Después, asintió lentamente, su expresión decidida.

—Sí, puedo hacerlo. Pero, ¿por qué querrías mostrar tus recuerdos? ¿Qué es lo que necesitas que vean? —. Preguntó, su curiosidad genuina reflejada en sus ojos. Sabía que estaba dispuesta a ayudarme, pero también quería entender la razón detrás de mi solicitud.

Era comprensible que tuvieran dudas, después de todo, la información sobre una misión era algo que no se compartía a la ligera. Las misiones eran secretas, y algo tan delicado como lo que habíamos vivido no debía revelarse a aquellos que no estuvieron presentes.

Sin embargo, nunca se me dio una orden directa para mantener todo en silencio. Incluso Tsunade, que había estado presente en hace unos momentos, no me dio ninguna indicación específica sobre cómo debía manejar la información. Por lo tanto hiba a revelar todo, intentar enderezar a este par de jovenes.

—Ustedes dos deben entender lo que realmente pasó —. Comencé, mi tono grave mientras trataba de hacerles entender la magnitud de la situación. Sabía que esto no iba a ser fácil, pero tenía que ser claro.

—Sé que aún guardan una especie de enamoramiento por Sasuke, pero el chico que todos creímos conocer, el Sasuke que pensábamos que era nuestro compañero, ya no está. Ese Sasuke cambió. Y lo que es capaz de hacer, lo que está dispuesto a hacer por su búsqueda de poder… es algo que no se puede ignorar—.

Me estremecí al recordar las heridas que me causó. La sensación de su fuerza desmesurada, el dolor insoportable de cuando me rompió el cuello, de cómo su Chidori atravesó mi pecho con una frialdad aterradora. No había sido una simple pelea; había sido una pelea a muerte a sus ojos, sin piedad, una prueba de que ya no era el mismo Sasuke. Ese recuerdo me caló hasta los huesos.

—Sasuke es peligroso. Y lo peor de todo es que temo que sigan buscando a alguien que ya no tiene nada de nuestro antiguo camarada. Si se dejan llevar por la idea de que pueden traerlo de vuelta, si siguen creyendo que es el mismo chico que conocíamos, están cometiendo un error fatal—. Respire tranquilizandome para continuar con mi discurso.

—El Sasuke que atacó a sus propios camaradas, el Sasuke que lucho contra mi, no tiene reparos en hacerle lo mismo a cualquiera que se cruce en su camino. A cualquiera que lo busque —. Dije con firmeza, tratando de que lo entendieran.

—Es por eso que quiero que vean mis recuerdos, quiero que los vean ambas. Solo así podrán comprender realmente lo que enfrentamos, lo que tuvimos que vivir, y entender que Sasuke debe ser tratado con mucho más cuidado de lo que piensan. Él ya no es un aliado, es una amenaza. Un peligro para todos—.

Miré directamente a Sakura. Sabía que mis palabras la incomodaban, y no me sorprendía. Ella estaba enamorada de Sasuke, y ese sentimiento no desaparecía de la noche a la mañana. Pero también veía el conflicto en su rostro, la lucha interna que debía estar viviendo, esa mezcla de amor y dolor, la misma que me había consumido a mí en su momento.

Las acciones de Sasuke, su deserción reciente, y lo que el equipo habia experimentado durante la misión para traerlo de vuelta, había puesto en duda lo que ella sentía por él. Podía verlo claramente en su mirada. Su culpa, su indecisión, todo estaba escrito en su rostro cada vez que se mencionaba su nombre.

No podía permitir que ellas, especialmente Sakura, se pusieran en peligro por un enamoramiento ciego hacia alguien que, además de tener graves problemas psicológicos, estaba marcado por la influencia de su hermano, un verdadero psicópata. No era solo una cuestión de traición o venganza, sino de supervivencia. No podía dejar que las emociones nublaran su juicio.

—Sakura, tú mejor que nadie sabes lo cercanos que éramos. El y yo, durante mucho tiempo fuimos rivales, camaradas, incluso amigos. Lo compartimos todo, las batallas, las victorias, los fracasos. Y la forma en que me atacó, la manera en que intento matarme, dejó en claro que ya no nos considera parte de su vida, ya no somos nada para él—. Dije mirando directamente a los ojos muy abiertos de Sakura.

—Lo que hizo, lo que me hizo, es una prueba de que el equipo siete ya no existe. Y eso, Sakura, es lo que debes entender. Sasuke ya no es el chico que conocíamos, ya no es nuestro amigo. Es una amenaza, y no podemos seguir tratándolo como si fuera el mismo. No confíes solo en mis palabras, confía en lo que verás. Mira mis recuerdos, mira lo que yo vi durante el conflicto que tuvimos, porque es la única manera de que puedas comprender completamente lo que estamos enfrentando—.

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Nutral POV:

Ino dudó profundamente en cumplir la petición de Naruto. Su mente estaba llena de incertidumbre y miedo. No solo temía lo que podía llegar a ver, sino también la idea de que su enamoramiento, Sasuke, se hubiera convertido en algo tan oscuro.

¿Cómo podría un amigo, alguien tan cercano, haber llegado a tal punto? Aunque Naruto no parecía tan herido como se había imaginado, su aspecto era preocupante, estaba mal, sí, pero no tanto como los otros participantes de la misión. Sin embargo, la imagen de Sasuke en su mente seguía siendo la de un joven noble, no un monstruo. No podía creer que alguien a quien había admirado tanto pudiera haber caído tan bajo.

/Sasuke no debió ser tan malo… /. Pensó para sí misma, tratando de encontrar algún tipo de lógica que justificara su comportamiento.

La verdad la aterraba, pero también quería comprender lo que realmente había sucedido. Mordiéndose el labio con ansiedad, Ino finalmente asintió, decidida a observar lo que Naruto había de mostrarles.

Formó lentamente una serie de sellos de mano. Sus movimientos eran lentos y seguros, aunque en su interior sentía un nudo de nerviosismo. Activó el jutsu, colocando su mano en la frente de Sakura y luego en la de Naruto.

—Naruto, concéntrate en los recuerdos que quieres mostrarnos —Le dijo Ino con una voz firme, pero cargada de un temor latente.

— Pero debes saber que si esos recuerdos no son verdaderos, se mostrarán nublados, y nosotros lo sabremos. No podrás engañarnos—. Advirtió severamente a los involucrados.

Naruto asintió en silencio, sintiendo el peso de lo que estaba a punto de revelar. Ino cerró los ojos, y poco a poco, todos se sumergieron en la visión de la batalla.

Durante los primeros minutos, la escena fue un caos de imágenes borrosas. Sin embargo, pronto la niebla comenzó a disiparse, y lo que apareció ante ellos fue tan desgarrador que el aire mismo pareció volverse pesado. La intensidad de la lucha, la brutalidad de los golpes, y el dolor de cada uno de los participantes eran tan vívidos que era imposible no sentirlos en el cuerpo.

Ino, aún con los ojos cerrados, sintió cómo su estómago se revolvía. Se mordió el labio con fuerza, incapaz de soportar la crudeza de la violencia que se desataba ante ella. Como joven shinobi, estaba acostumbrada a ver batallas, pero nunca algo tan… desgarrador. La brutalidad de esa pelea la estaba dejando sin palabras.

Sakura, por otro lado, no pudo contener las lágrimas. Se llevó las manos a la boca, incapaz de evitar el sollozo que comenzó a salir de su pecho. Al ver a Sasuke, el hombre al que había amado, transformarse en algo tan monstruoso, su corazón se rompió. La imagen de Sasuke atacando a Naruto una y otra vez, con la furia de una bestia, quedó grabada en su mente.

El martinete, la técnica que casi le había arrancado la vida a Naruto, parecía cobrar vida ante sus ojos. No podía creer que su enamorado, le hiciera eso a un compañero de la aldea, aun mas a Naruto a quien ella pensaba que Sasuke veía como amigo.

Ver a Naruto tan cerca de la muerte, con su cuello roto, su columna fracturada y su cráneo devastado, era un golpe tan fuerte que Sakura sintió que sus piernas flaqueaban. Era una visión que no podía procesar, un escenario tan devastador que parecía irreal. Luego, la imagen de Naruto siendo atravesado de lado a lado por el chidori fue la gota que colmó el vaso. ¿Cómo podía seguir vivo después de todo eso? Si no fuera por el poder misterioso que Naruto había demostrado en misiones pasadas, estaría muerto.

Lo peor fue ver a Sasuke transformarse en esa abominación: su piel se tornó grisácea, la marca maldita se extendió por su rostro y, desde su espalda, emergieron enormes manos palmeadas que actuaban como alas. El chico al que tanto amó se había convertido en un monstruo, algo que ella jamás quiso presenciar. Poco a poco, en la mente de la joven Sakura, su enamoramiento por Sasuke comenzaba a resquebrajarse.

Ino, al igual que Sakura, estaba completamente desconcertada. Su mente estaba llena de preguntas sin respuestas. ambas chicas miraron el final Finalmente, no pudo evitar preguntar, con voz temblorosa.

—¿Cómo sobreviviste? ¿Qué fue ese chakra rojo? ¿Por qué te convertiste en una bestia? ¿Y Sasuke… por qué se transformó en ese monstruo?—. La voz temblorosa de Ino era cruda por la incredulidad.

Naruto, con una sonrisa cansada pero que mantenía una calma inquietante, suspiró profundamente antes de responder.

—Eso… es un secreto, Ino —. Dijo con una ligera sonrisa, como si estuviera disculpándose por no poder compartirlo.

—Lo siento, pero no puedo revelar todo sin permiso. En cuanto a Sasuke. Orochimaru le dio ese poder, y Sasuke lo abrazó. Lo aceptó como si no le quedara otra opción. Ya no es el mismo Sasuke que conocimos—.

El aire se volvió denso, y el peso de sus palabras se sintió en cada rincón de la habitación. Naruto, aunque aún herido, se levantó lentamente, con movimientos temblorosos. Sus heridas seguían allí, pero parecían manejables. Caminó hacia Sakura, quien aún lloraba desconsolada, y la abrazó. Ella se aferró a él, como si temiera que desapareciera en cualquier momento al igual que Sasuke.

Sus lágrimas caían sin cesar, y la culpa la consumía. En su mente, pensaba que era responsable de todo aquello. La petición que le había hecho a Naruto, el intentar salvar a Sasuke, había sido la causa de todo esto. Había sido ella quien había permitido que todo llegara tan lejos, y ahora, estaba viendo cómo las personas a las que más quería sufría las consecuencias.

—Tranquila, Sakura —Dijo Naruto, con voz suave, mientras la sostenía con fuerza.

—Todo está bien ahora. Yo pude sanar, pero debes entender algo, Sasuke es peligroso. Lo siento… siento haberte hecho ver todo esto, pero era necesario. Necesitaban comprender que no podemos traerlo de vuelta. No podemos salvarlo—. Naruto se apartó ligeramente, mirándola con una seriedad profunda. Su voz dura y su decisión era clara

. Él ya no podía seguir intentando salvar a Sasuke. Ya no podía ser el único que arriesgara su vida por alguien que había decidido caminar por la oscuridad. Sasuke había tomado su camino, y él no podía hacer nada para cambiarlo. No sería el héroe que lo rescatara, no iba a seguir siendo el que sacrificara todo por un amigo que ya no lo era.

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Naruto POV:

En mi mente, sabía que debía distanciar emocionalmente a las personas que apreciaba de Sasuke, especialmente a aquellas que heredé del Naruto original. Ese aprecio ahora me pertenecía. Tal vez, de alguna manera, podría llenar el vacío que dejó en mí la pérdida de mis recuerdos pasados. Usar a estas personas, transferir el amor que olvidé a nuevas conexiones, podría ser una forma de no sentirme tan perdido.

Permanecimos así por un largo rato. Ino se mantenía en silencio, visiblemente incómoda, sus pensamientos probablemente girando en torno a lo que acababa de presenciar. Por otro lado, Sakura aún se aferraba a mí con desesperación, temblando de forma casi imperceptible. Su respiración era errática, entrecortada, su pecho subía y bajaba con un ritmo irregular.

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Sakura POV:

Estaba en shock. No porque no supiera que la vida shinobi era cruel, sino porque nunca había imaginado que la brutalidad alcanzara a la persona que más idealizaba.

/Sasuke-kun… no. Sasuke-san./

Ese pensamiento cruzaba su mente una y otra vez, como una verdad que su corazón se negaba a aceptar, pero que sus ojos acababan de confirmar.

Las imágenes se repetían sin descanso en su cabeza. Cada golpe, cada instante en que Sasuke no solo atacó a Naruto, sino que lo hizo con la intención de matarlo. La violencia con la que había descargado su odio, la forma en que lo estrelló contra el suelo con un impacto tan brutal que su cuello, su columna, su cráneo debieron haberse destrozado. La herida que atravesó su pecho de lado a lado…

Naruto no debió sobrevivir.

Esa era la realidad.

Y, sin embargo, allí estaba él, de pie, con vida, abrazándola como si nada de eso hubiera pasado.

Un nudo se formó en su garganta. Las lágrimas, pesadas y calientes, rodaron por sus mejillas sin control. Todo lo que creía sobre Sasuke, sobre su destino, sobre la posibilidad de traerlo de vuelta… se tambaleaba. La culpa la asfixiaba.

Si Naruto casi muere, fue por su culpa.

Ella lo había empujado a esa pelea. Ella había sido la que, entre súplicas y ruegos, le pidió que trajera a Sasuke de regreso. Y ahora, con la verdad expuesta ante sus ojos, entendía lo que realmente había pedido.

Sasuke no quería volver.

Sasuke no era solo un amigo extraviado.

Sasuke… se había convertido en un monstruo.

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Naruto POV:

Con los puños cerrados y el cuerpo aún tembloroso, Sakura se separó lentamente de mí. Su rostro estaba enrojecido por las lágrimas, pero su mirada, aunque confusa, mostraba un brillo de determinación mezclado con angustia.

—Gracias… por mostrarme esto. Necesito tiempo y… perdón por haberte pedido que lo trajeras de vuelta a … Sasuke-san. Gracias—. Susurró, su voz quebrada

Su tono temblaba, pero sus palabras cargaban una resolución que no tenía antes.

Hizo una leve reverencia antes de tomar a Ino de la muñeca y salir corriendo, como si necesitara huir de la realidad que acababa de enfrentar. Ino apenas logró despedirse con la mirada antes de ser arrastrada a quién sabe dónde.

Solté un largo suspiro y me dejé caer sobre la cama del hospital, sintiendo el peso del cansancio apoderarse de mí.

/Al menos lo intenté. Ahora todo depende de Sakura. Aún es joven y su mente está en un punto vulnerable. Tal vez, al haberle mostrado la verdad, pueda cambiar su percepción y superar esa malsana obsesión por Sasuke. Ahora la decisión es suya/. Respiré hondo.

Aún me estaba acostumbrando a ser Naruto. De forma alarmantemente rápida, aceptaba esta nueva identidad. Ya no podía negar que era Naruto, pero mi pasado seguía ahí, como una sombra persistente, recordándome que, aunque me adaptara, nunca sería exactamente igual a él.

Lentamente, el sueño fue arrastrándome.

Esperaba que, cuando despertara, todo siguiera el canon. No quería sorpresas indeseadas.

Pero tentar al destino… siempre era una mala idea.

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OMAKE: TODO SEGÚN EL PLAN

Sakura se aferraba a Naruto con todas sus fuerzas, temblando, su mundo hecho pedazos tras ver cómo su adorado Sasuke-kun se convertía en un monstruo sin alma. La frágil estructura de su idealismo se tambaleaba, y en medio de esa tormenta emocional, Naruto era su único ancla, la única certeza en ese cruel mundo shinobi.

Mientras Sakura lloraba silenciosamente contra el pecho de Naruto, Ino apartó la mirada con incomodidad. Era una escena demasiado íntima y emotiva como para seguir mirando.

—Ugh… demasiado drama para mí…/. Pensó, intentando encontrar algo interesante en la pared más cercana.

Sin embargo, lo que Ino no vio… fue la expresión de Naruto.

Nadie podía ver su rostro, pero si lo hicieran, habrían notado el sutil cambio. Su mirada se afiló, sus ojos adquirieron un matiz rojizo, y en sus labios se dibujó una sonrisa confiada.

(Inserte imagen de Kira abrazando a Misa, con su icónica pose de “Todo según el plan”)

/Todo según el plan./

Sakura se aferraba más fuerte, y Naruto solo asentía para sí mismo, con una satisfacción digna de un villano de novela.

La puerta del hospital se abrió de golpe.

—¡NARUTO! ¿QUÉ LE ESTÁS HACIENDO A SAKURA-CHAN?— Kakashi acababa de llegar, su único ojo visible mostrando un brillo peligroso.

Naruto, aún con su sonrisa de chico calculador, miró al sensei con calma.

—Tranquilo, Kakashi-sensei… No es lo que parece—.Sakura, con los ojos hinchados y la voz quebrada, alzó la cabeza y miró a su maestro.

—¡Naruto… Naruto me mostró la verdad sobre Sasuke-kun!—. Kakashi la miró en silencio por un momento, luego fijó su vista en Naruto.

Naruto solo sonrió con superioridad. /Todo sigue según el plan/.

Kakashi suspiró y sacó su Icha Icha para fingir que no vio nada.

—Lo que sea… pero por favor, cierren la puerta cuando terminen—. Y con eso, se retiró.

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Natas: Reescritura de mi serie Cultivador mediocre en Naruto, que escribo por mero capricho. Esta vez me he esforzado un poco más, dime si te gustó o si preferías el formato anterior.

Comentarios: Ahora veamos, Sakura es molesta, sí, pero el anime realmente la perjudicó. En el manga es mucho menos molesta con sus comentarios hacia Naruto, aunque sigue siendo igual de inútil.

Nuestro protagonista tiene la memoria de Naruto, como si hubiera vivido esa experiencia, por lo cual aún conserva ciertos apegos emocionales. Sin embargo, como es otra persona, no está anclado, pero quiere evitar que Sakura se convierta en… bueno, Sakura. ¿Funcionará? Solo el autor lo sabe. Iré a un ritmo más lento; Naruto no obtendrá su cuerpo perfecto en dos semanas, tomará más tiempo. Profundizaré en la alquimia y estableceré el sistema de poder que quiero. Esta vez me concentraré más en aspectos que pasé por alto antes. Espero que esta historia sea mejor que la anterior.

Comenta si te gustó o dime qué no te gustó. ¡Gracias!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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