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Cultivador mediocre en naruto - Capítulo 10

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Capítulo 10: Subestimado

Descargo de responsabilidad (Disclaimer)Los personajes y el universo de Naruto son propiedad exclusiva de Masashi Kishimoto. Esta historia es un trabajo de ficción sin fines de lucro, creada únicamente con fines de entretenimiento. Cualquier similitud con la historia original es intencional y se utiliza para construir una narrativa alternativa o expandir el mundo existente. No tengo ninguna afiliación con el autor o con las empresas que poseen los derechos de la franquicia.

— Personaje hablando —

/ Personaje pensando /

La tensión era insoportable. Por mi parte, la situación era clara, este combate no sería fácil. El dúo inmortal, en cambio, se mantenía completamente tranquilos, como si nada pudiera tocarlos. Esa seguridad, esa confianza en sí mismos, solo la poseen los más fuertes. Respiré profundamente, regulando mi respiración. Por la postura de Kakuzu, sabía que no iba a intervenir de inmediato. Estaba relajado y observando, lo que indicaba que dejaría a Hidan hacer lo que quisiera.

Hidan, el lunático, rompió el silencio con su risa desquiciada. En ese instante, todo comenzó.

Uno de mis clones de madera salió disparado hacia Hidan. Este, sin dudarlo ni un segundo, respondió con su propia carga, corriendo hacia el clon. La colisión fue estruendosa cuando se encontraron en el centro, pero ni un segundo después, mi clon restante de madera y yo nos lanzamos al combate. Los clones de sombra se movieron ágilmente, observando y vigilando a Kakuzu en caso de que intentara intervenir.

Era un 3 contra 1, pero Hidan no era un rival fácil. Dos clones de madera y yo nos lanzamos al ataque con el Kubikiribocho. La batalla no tardó en volverse caótica. Hidan era extremadamente hábil, con su agilidad y destreza, especialmente manejando su característica guadaña de tres hojas.

Cada vez que intentaba golpearlo, su guadaña se interponía con una velocidad asombrosa, bloqueando el Kubikiribocho de mis clones y esquivando mi espada cubierta de electricidad con una destreza sorprendente . Hidan no parecía importarle las heridas. A lo largo de la pelea, los cortes y rasguños en su cuerpo solo aumentaban, pero él parecía disfrutar aún más el combate, ignorando cualquier dolor que pudiera causar el contacto con la espada.

— ¡Esto es lo que quiero! —. Hidan gritaba entre carcajadas, parando los golpes de los clones mientras esquivaba los mios.

— ¡Más rápido! ¡Hazlo más rápido! ¡Eso es lo que me gusta!—. Gritaba para mi disgusto el masoquista.

Él no estaba interesado en terminar rápidamente la pelea, solo en seguir enfrentándome con su locura.

No dejaba de moverse, usando su guadaña para defenderse, bloqueando y luego contraatacando con una rapidez que desbordaba cualquier expectativa. No importaba cuánto lo golpeara, Hidan simplemente disfrutaba la lucha. Su cuerpo, al ser inmortal, parecía no verse afectado por la electricidad que recorría mi espada. Cada vez que mi yo real chocaba contra la guadaña de Hidan, sentía cómo la descarga recorría su cuerpo, pero él no mostraba signos de dolor. La electricidad era devastadora para cualquier otro, pero a él no le importaba. Su inmortalidad le permitía ignorar el daño.

— ¡Quédate quieto maldita cucaracha! —. Grité, mi paciencia comenzando a agotarse.

La lucha continuaba, mi Kubikiribocho bloqueado por su guadaña en cada intento, pero yo no dejaba de presionar. Cada movimiento tenía que agregar mas presión para evitar que tomara la delantera, y por eso no podía cometer errores. La clave era desgastarlo mentalmente, buscar un momento de debilidad. Mientras tanto, los clones de sombra mantenían su vigilancia, listos para intervenir si el otro intentaba meterse.

Hidan reía sin cesar, su actitud más parecida a la de un loco disfrutando del caos que a la de un guerrero en una batalla seria. Su fuerza y resistencia me sorprendían, pero sabía que su inmortalidad era una ventaja absoluta. Cada golpe que fallaba era un paso más hacia mi eventual derrota.

De repente, Hidan saltó hacia adelante con una agilidad sorprendente, tomando distancia. Su guadaña se movía como una extensión de su cuerpo, buscando abrir una brecha en mi defensa. Pero no podía dejarlo salir tan fácilmente. No iba a permitir que se recuperara.

— ¡Vamos! ¡Muéstrame todo lo que tienes! —. Gritó Hidan, nuevamente disfrutando del momento.

De un movimiento brusco, lancé un golpe feroz, usando el Kubikiribocho con toda mi fuerza, pero Hidan lo bloqueó con la guadaña. El sonido de la colisión resonó en el aire, y sentí la vibración en mi brazo. Hidan solo sonrió, ignorando cualquier posible daño, como si nada pudiera detenerlo.

Era bastante obvio que estaba jugando conmigo, entre su capacidad de recibir daño sin inmutarse, de echo el maldito masoquista lo disfrutaba y yo siendo un novato en comparación, era imposible igualarlo.

La tensión era palpable, el aire se cortaba en cada respiración, y yo no podía evitar sentir la enorme diferencia que había entre nosotros. Estaba frente a dos ninjas de rango S, por mi parte, era un novato, sin experiencia en combates de este nivel, y tenía en mis manos el Kubikiribocho, una espada enorme que apenas empezaba a aprender su dominio. A pesar de mi intento de mantener la calma, la brecha entre nuestra destreza era demasiado evidente.

Con un rugido, lancé un corte con Kubikiribocho con toda mi fuerza hacia él. La espada cortó el aire con un resplandor eléctrico, pero, como era de esperar, Hidan bloqueó el golpe con su guadaña, la electricidad lo recorrió pero ni siquiera se inmuto de echo sonreía con placer. El sonido de la colisión reverberó por el campo de batalla, y sentí la vibración de la espada recorriendo mis brazos.

Él sonrió, ignorando cualquier posible daño, como si nada pudiera detenerlo. Esa era su habilidad, su inmortalidad. No iba a ganar por fuerza, pero mi objetivo era otro, crear una oportunidad, usar mi ventaja numérica, y llevarlo hacia donde quería. Sabía que esa sería mi oportunidad para cambiar el curso de la batalla.

Intentaba ser paciente, buscando una apertura, una oportunidad para acercarme a Kakuzu y poner en práctica mi plan. Finalmente, después de varios intercambios y maniobras, logré mover el combate hacia el lugar adecuado, quedando a unos 30 metros de Kakuzu. En ese momento, mi mente activó el plan que había estado ideando desesperadamente en mi cabeza durante todo este tiempo. Era el momento de usar mi carta secreta.

Durante mi año y medio encarcelado, cultivando en silencio, había aprendido muchas cosas, pero me había centrado en una técnica que, en teoría, podría vencer a cualquier cultivador que no hubiese alcanzado el núcleo dorado.

Kakuzu, estando a mi espalda, no se daría cuenta de lo que estaba por suceder hasta que ya fuera demasiado tarde. Los clones de madera que habían estado luchando contra Hidan lograron distraerlo por un momento, dándome la oportunidad perfecta para actuar.

Tomé una profunda respiración, sintiendo cómo el qi fluía dentro de mí, llenando mis pulmones. Prepare mi energía y parte de ella fue destinada a sobrecargar mis cuerdas vocales. Sabía lo que estaba por hacer y la importancia de cada segundo. El aire en mis pulmones se volvió denso, cargado de qi, y el momento estaba por llegar.

Con un rugido, solté todo mi poder.

— Técnica Terrenal: Rugido de León, Primera Etapa —. La explosión de sonido resonó en el aire a mi alrededor, pero no solo era el rugido lo que iba a hacer efecto. El verdadero poder estaba en el choque de infrasonido que liberé a través de mis cuerdas vocales.

El infrasonido de 10 Hz y 150 decibelios golpeó con una fuerza devastadora. En ese instante, todo el campo de batalla cambió. Las ondas de presión recorrieron el terreno, sintiendo su peso sobre la piel como una oleada invisible, pero mucho más profunda. La desorientación se apoderó de todos en el área. Sentí cómo el aire vibraba, y los tímpanos de Hidan y Kakuzu se rompieron, mis clones se tambalearon ante la onda expansiva.

Hidan, que había estado disfrutando del combate, se detuvo abruptamente, sus ojos se entrecerraron con una mezcla de dolor y confusión. Kakuzu, que estaba a mi espalda, fue el primero en sentir la presión del infrasonido. Aunque no era tan inmune como Hidan a los daños físicos, el ataque lo tomó por sorpresa, y pude ver cómo su cuerpo se tensaba al instante, mientras sus sentidos se veían completamente anulados.

Para alguien como Kakuzu, cuya estructura física había sido modificada por el Jiongu, el daño no afectó sus órganos internos pues carecía de ellos, pero la onda expansiva de infrasonido causó estragos en sus sentidos y en su capacidad para reaccionar. Los cálculos fríos y rápidos, junto a las reacciones rápidas que eran su característica se desvanecieron por completo debido a la confusión y el caos que se desató en su interior.

Incluso su agudo sentido de la percepción, alimentado por su experiencia y habilidades de ninja rango S, fue nublado por el estrépito del sonido que resonó en su cabeza.

Mientras la sangre brotaba de mi garganta por el daño que mi propia técnica me causó, supe que no podía permitirme rendirme ahora. Aproveché ese momento de desorientación para actuar con rapidez. El qi y el chakra fluyeron a través de mis piernas, infundiéndolas con fuerza para un impulso explosivo hacia Kakuzu.

Mi cuerpo se movió con tal velocidad que el entorno pareció ralentizarse. En menos de un segundo, ya estaba a solo 15 metros de él, sintiendo el peso del combate en mis pulmones, sangrantes, pero me mantuve firme.

Kakuzu, un veterano con una astucia fuera de lo común, reaccionó rápidamente. El sello de serpiente apareció al juntar sus manos, y en un abrir y cerrar de ojos, usó su técnica Liberación Tierra: Lanza de Tierra. La piel de Kakuzu se oscureció y se endureció,adquiriendo la dureza y una defensa tan dura como el diamante.

Penso que eso sería suficiente para detener mi ataque, pero el efecto del infrasonido no era algo que pudiera detenerse endureciendo su piel y su interior. Aunque sus órganos internos habían sido eliminados por el Jiongu, los cinco corazones que aún poseía seguían siendo vulnerables a este ataque.

— Técnica Terrenal: Rugido de León, Segunda Etapa —. Mi voz rasgó el aire mientras una nueva bocanada de aire entraba en mis pulmones. Mi garganta sangraba, pero la determinación me impulsó. El qi recorrió mi cuerpo, y una vez más liberé el rugido. Esta vez, el infrasonido se volvió más potente. Con 5 Hz y 170 dB, el sonido atravesó el espacio, impactando a Kakuzu con una violencia abrumadora. Su defensa, tan dura como el diamante, no fue suficiente para bloquear el poder de la onda.

El daño fue aterrador. Aunque su resistencia era notable, los cinco corazones que había ganado a través del Jiongu no pudieron escapar del daño que causó mi ataque. El infrasonido provocó una arritmia fatal que hizo que los corazones latieran desordenadamente. Como si fuera un efecto dominó, las máscaras que representaban sus corazones se resquebrajaron, dejando al descubierto que dos esos corazones habían sufrido mucho daño.

Y como si eso no fuera suficiente, su cerebro se sacudió violentamente, desestabilizándolo aún más. Los vasos sanguíneos de sus ojos explotaron, y la máscara que cubría su boca y nariz se empapó de su propia sangre debido a la fuerza devastadora del infrasonido.

Aunque no estaba tan cerca, Hidan también sufrió las consecuencias. A pesar de estar a una distancia relativamente mayor, la onda expansiva alcanzó incluso a un inmortal como él. Sus órganos internos sufrieron una tensión extrema, y aunque su inmortalidad le permitió resistir lo que habría sido letal para cualquier otro, la fuerza del ataque fue suficiente para que tambaleara.

Sus órganos probablemente sufrieron una fuerte conmoción, pero su capacidad de regeneración lo mantuvo con vida, aunque evidentemente afectado. Incluso su inmortalidad no lo hizo inmune al potencial del infrasonido potenciado por el qi.

El caos que desató mi ataque era palpable en el aire. La desorientación y el daño en los enemigos fueron obvios. Aunque Kakuzu seguía de pie, la confusión había roto su capacidad para mantener la composura. Su defensa, que parecía invencible antes, ahora estaba completamente fracturada, con la sangre aún saliendo de sus ojos y su rostro mostrando claros signos de desorientación. Por otro lado, Hidan, aunque no tan gravemente afectado debido a su inmortalidad, estaba claramente irritado y desorientado, con su risa frenética ahora teñida de frustración.

Mi carrera no se detuvo. Las primeras dos fases de mi técnica habían cumplido su propósito de desorientar al enemigo, pero ahora, con el dolor lacerante en mi garganta y los pulmones sangrantes, no podía permitirme vacilar. La desventaja era clara, me había arriesgado al límite, pero este era el momento clave.

A pesar de la agonía, concentré mi qi y chakra en mis piernas, reforzándolas con la energía necesaria para dar un impulso final hacia Kakuzu. El mundo parecía ralentizarse mientras mi cuerpo avanzaba a una velocidad vertiginosa, y en menos de un segundo ya estaba frente a él, un dolor punzante en mi pecho me recordaba que la técnica me estaba costando más de lo que imaginaba. Sin embargo, me planté en el suelo con firmeza y tomé aire, sabiendo que este sería mi último esfuerzo.

— Técnica Terrenal: Rugido de León, Tercera Etapa —. Desgarrando mi garganta una vez más, liberé un rugido final, un sonido apoteósico de 1 Hz y 240 dB.

Sobrepasando lo que habría matado a una persona en mi mundo siendo el limite 180 dB. La vibración fue tan intensa que cada molécula del aire pareció vibrar, colisionando violentamente contra todo a su paso, pero lo concentre en una dirección para concentrarse en Kakuzu y hacer el mayor daño posible.

La onda de infrasonido potenciada por qi hizo el trabajo, con un impacto que fue literalmente devastador. Tres de los corazones de Kakuzu explotaron en pedazos. El daño no fue solo por la vibración del sonido, sino por la manera en que el qi amplificó las ondas de choque dentro de su cuerpo. Aunque sus órganos internos fueron reemplazados por el Jiongu, los corazones robados de Kakuzu no pudieron resistir el daño, y estallaron, dejando tras de sí una onda de destrucción interna.

Sus huesos se astillaron debido a la resonancia extrema, y los músculos se desgarraron en el proceso. Su cerebro, golpeado por la vibración, sufrió una hemorragia masiva que lo dejó al borde de la inconsciencia. A pesar de todo, Kakuzu seguía vivo gracias al Jiongu, pero su resistencia física fue quebrada por completo si no fuera por su jutsu de endurecimiento, habría explotado en pedazos.

Yo por mi parte al verlo ser lanzado lejos como una muñeca de trapo y emanando sangre de todos lados, pensé que estaba muerto, asumiendo que nadie ademas de Madara y Hashirama deberían resistir ese nivel de daño.

Hidan, aunque a una distancia mayor, no estuvo exento de los efectos. La onda expansiva de infrasonido afectó sus órganos internos, y aunque su inmortalidad le permitió resistir lo que habría sido fatal para cualquier otro no era tan resistente como kakuzu con su jutsu, el cerebro de Hidan fue gravemente afectado. A pesar de estar de pie, se tambaleó y cayó de rodillas, aturdido, con su risa frenética empañada por el dolor.

Parte de su cerebro se vio comprometido por la violencia de la vibración, y tardaría un tiempo en recuperarse. La regeneración inmortal de Hidan no lo eximió de sentir los efectos de la onda, solo alargando el tiempo necesario para que volviera a su estado habitual.

El caos que generó mi técnica fue indescriptible. El campo de batalla se aplano, el suelo se resquebrajo ademas mis clones de sombra se disiparon instantáneamente debido a la presión de la onda, mientras que los clones de madera fueron casi destruidos por la tremenda fuerza de la vibración a pesar de la distancia, pero se regeneraron lentamente en cuanto la intensidad del ataque disminuyó.

Mientras tanto yo estaba en pésimo estado, la agonía en mi cuerpo era insoportable. Mis pulmones sangraban por el esfuerzo de sostener la técnica. El daño a mi garganta y cuerdas vocales era desgarro y quemaduras. La sangre manaba profusamente de mi boca, y cada respiración se sentía como si fuera a romperme por dentro. Sabía que estaba cerca de sucumbir a lo que básicamente rosaba con ser un ataque suicida.

A pesar de todo, mi mente seguía alerta. Rápidamente saqué una jeringa de mis sellos de almacenamiento. Con mano temblorosa, inserté la aguja en mi pecho y comencé a drenar la sangre de mis pulmones para no ahogarme en ella. Sabía que si no lo hacía, el daño interno sería irreversible y moriría en minutos.

Mientras drenaba la sangre, sentí el efecto inmediato, la presión en mi pecho comenzó a aliviarse, y la sangre que llenaba mis pulmones empezó a drenarse poco a poco, pero el proceso era lento. Cada respiro me dolía, y la sangre seguía saliendo de mi garganta, pero al menos podía respirar un poco más.

Al mismo tiempo, saqué píldoras de mis sellos, forzando dos en mi boca. Una píldora de reposición de sangre y la otra de un impulso de regeneración. Comenzaron a hacer efecto lentamente, reparando el daño en mi cuerpo junto con mi regeneración natural, aunque el dolor seguía allí. Sabía que la recuperación sería larga, que probablemente sufriría varios días de recuperación, pero estaba decidido a sobrevivir.

Mi cuerpo, desgarrado por el esfuerzo y los efectos secundarios de mi propia técnica, me hacía sentir al borde del colapso, pero mi determinación no me permitía rendirme.

Me arrastré hacia Hidan, con el Kubikiribocho en mis manos, mi espada imponente lista para cumplir su propósito. Sabía que debía decapitarlo rápidamente antes de que tuviera la oportunidad de regenerarse, y me aseguraría de que su cabeza no regresara a su cuerpo. Aunque mi cuerpo ya no respondía como antes, seguía avanzando con la mirada fija en el objetivo.

Fue entonces cuando escuché el inconfundible sonido de carne desgarrándose. Me giré lentamente, y al mirar por encima de mi hombro, vi con horror cómo una de las máscaras de Kakuzu salía de su cuerpo, resquebrajada pero con un corazón aún funcional. La figura que portaba la máscara estaba formada por cables y estructuras propias del Jiongu. Kakuzu, a pesar de los daños, reía lentamente mientras esa criatura lo levantaba, su cuerpo parecía destrozado.

— Maldito niño loco… —. La voz de Kakuzu resonó con ira y odio.

— Destrozaste tres de mis corazones y dañaste dos, casi me matas. Si no hubieras estado tan dañado por tu propia técnica, me habrías matado—.

No respondí. No podía perder tiempo en palabras. Mi prioridad era sobrevivir ahora que me di cuenta que el avaro sobrevivió. Con los últimos vestigios de energía que quedaban en mí, concentré todo mi chakra y realicé los sellos para invocar a mi aliado más poderoso.

Colocando la mano en el suelo desesperadamente imbuí todo el chakra que pude en un intento de sobrevivir.

Una gigantesca nube de humo apareció a mi alrededor, y de ella emergió Gamabunta. Él sapo gigante miró a su alrededor, evaluando rápidamente la situación, y al notar mi estado, comprendió lo que estaba en juego. Aunque mi garganta sangraba y mi cuerpo estaba al borde del colapso, aún logré gritar.

— ¡Enemigos!—.

Gamabunta, un veterano en la batalla, entendió inmediatamente. Desenvainó su enorme tantō, y lo blandió con fuerza hacia Kakuzu y la criatura que lo sostenía. Kakuzu, aún debilitado, no pudo mover su cuerpo, pero la criatura, guiada por el Jiongu, lo apartó rápidamente, protegiéndolo.

Mi vista se volvió cada vez más borrosa. Una enorme cantidad de chakra había abandonado mi cuerpo poniendo aun mas estrés en mi ya maltrecho cuerpo, y mis fuerzas se desvanecían. Literalmente, me estaba muriendo al usar tanto chakra en mi estado. No podía continuar luchando. Mi respiración se volvía cada vez más difícil, y mi cuerpo ya no respondía.

Por otro lado, Hidan, aunque aún aturdido, comenzaba a moverse. Mis clones de madera, que se habían regenerado lo suficiente, se impulsaron con el poco chakra que les quedaba. En una explosión de fuerza, sus piernas explotaron en astillas, pero se movieron a gran velocidad, con sus copias de la Kubikiribocho decapitando en conjunto al aún confundido Hidan. Antes de desaparecer, uno de los clones de madera se arrastro y me lanzó la cabeza de Hidan, tome la cabeza y la sostuve mientras me desvanecía a la inconciencia.

Gamabunta, al darse cuenta de mi estado crítico, saltó hacia atrás con velocidad, priorizando mi supervivencia por encima de la batalla. El sapo gigante comenzó a alejarse rápidamente, y Kakuzu, con tres corazones destruidos y dos gravemente dañados, no se atrevió a continuar. Sabía que su cuerpo ya no podía soportar más.

— Tengo que informar al líder… —. Murmuró Kakuzu, mientras se alejaba, su voz tensa.

— Solo el jinchuriki del Kyubi y Jiraiya de los Sannin saben convocar sapos. Ese niño era el jinchuriki, y es más peligroso de lo que pensábamos—. Su inteligencia había escuchado los rumores de la pelea entre el una cola y el nueve colas en Konoha

La criatura de Kakuzu lo levantó y lo llevó lejos, alejándose a toda velocidad para que su dueño recibía tratamiento. El campo de batalla quedó en un silencio absoluto, con el eco de la lucha.

—————————————————————————————————————————–

Pov Gamabunta:

La lluvia caía en cortinas gruesas, golpeando la piel rojiza con un sonido sordo y constante. El cielo estaba cubierto de nubes negras, y el agua empapaba todo a nuestro alrededor mientras me movía con rapidez a través del paisaje

El mocoso estaba mal, muy mal. Su cuerpo se sentía demasiado liviano sobre mi cabeza, su respiración era irregular, y el olor a sangre era fuerte, mezclándose con el agua que corría por su piel. Si no recibía tratamiento pronto, no iba a sobrevivir.

Pero no era lo único que llevaba.

— ¡Oye, maldito sapo! ¡¿Dónde demonios me llevas?!—. La cabeza que habían decapitado esas copias del mocoso los acompañaba y ahora estaba sobre mi cabeza, y lo peor era que seguía gritando.

No tenía idea de cómo carajos seguía hablando, pero ahí estaba, en mi cabeza, gritándome con furia.

— ¡Devuélveme a mi cuerpo, cabrón! ¡Jashin-sama me va a recompensar cuando termine contigo!—.

THUMP. Lo estampé contra mi piel con fuerza, haciendo que soltara un gruñido ahogado.

— Cierra el hocico—. Dije mientras sentía que el mocoso se movió. Fue apenas un espasmo, pero lo sentí. Seguía vivo.

— Aguanta, mocoso… — . Gruñí, acelerando el paso.

La tormenta rugía a nuestro alrededor, pero ya no me importaba. Lo único que importaba era encontrar un lugar seguro antes de que fuera demasiado tarde.

No podía creerlo. Ese maldito mocoso.

—Primero desaparece durante dos meses, sin que nadie sepa nada de él. El primer mes no se pudo contactar con el, de alguna forma su chakra fue sellado, y cuando finalmente regresa, solo invoca a un sapo menor. Sin explicaciones y lo peor de todo, el viejo pervertido se niega a decir nada. Pero cuando por fin me invoca… está medio muerto—.

Una vez lejos del combate, sin enemigos a la vista, realicé sellos con mis dedos y convoqué a un sapo médico. Era una hembra, de tamaño humano, que de inmediato se puso a trabajar, revisando al mocoso con rapidez.

— Está muy malherido tiene daño severo en los pulmones por algún tipo de aplastamiento, desgarros en la garganta y las cuerdas vocales quemadas. Sin mencionar la cantidad de moretones y fracturas leves en sus costillas—. Informó con gravedad, sus manos recorriendo el cuerpo ensangrentado de Naruto.

— Su garganta está destrozada, los pulmones se llenan de sangre, los músculos desgarrados, es bastante obvio que fue su propia técnica, el daño salio de el… Si no tuviera un chakra tan fuerte, ya estaría muerto debido a usar una técnica tan peligrosa sea lo que sea que haya usado—. Gruño indignada la enfermera.

Maldije en voz baja, la enfermera decía que Naruto se hizo eso con su propia técnica . Sea lo que sea que haya hecho, esa técnica debe estar prohibida. Mientras el sapo enfermera usaba ninjutsu medico el cuello del mocoso y estabilizaba su respiración, lo miré bien por primera vez.

Naruto… había cambiado.

Era más alto, sus rasgos más afilados, más parecidos a los de Minato, se veía un poco demacrado ademas, el cabello pintado de rojo le recordaba a la madre del mocoso, era una copia de sus padres. También su cuerpo mostraba signos de un entrenamiento extremo, mucho más allá de lo que tenia hace dos meses que lo invoco.

/¿Qué demonios había estado haciendo?/. Pensé enojado , mi ira dirigida a Jiraiya, ese tonto manteniendo secretos.

— Está despertando—. La enfermera terminó su trabajo de estabilizarlo y se giró hacia mí.

Se acerco un poco más mientras Naruto abría los ojos con dificultad. Sus labios se movieron apenas, un susurro apenas audible sobre el sonido de la lluvia.

— No me lleven a Konoha… No dejen que me entreguen a los shinobi de la aldea… Caravana, hacia Suna…. llegar debo —. Y antes de que pudiera preguntarle más, volvió a perder la conciencia.

Fruncí el ceño.

/¿Qué carajos significaba eso?, el niño era un shinobi de la hoja, ¿Por qué no querría ir allí?/.

No tenía tiempo para pensar en ello ahora. Lo primero era sacarlo de aquí. Con otro sello, invoqué a un sapo transportista, llevaba un carro para cargar cosas, era útil para mover cosas de forma rápida y segura. Naruto fue cargado con cuidado, junto con la espada que llevaba consigo y la cabeza semi aplastada del bocazas, la enfermera acompañándolo para evitar que muera en el trayecto.

— ¿Destino? —. Preguntó el sapo, preparándose para partir.

— Una caravana en dirección a Suna—. Ordene.

El sapo asintió y salió disparado a gran velocidad, alejándose bajo la intensa lluvia. Yo me quedé mirando cómo desaparecía en la distancia, con un millón de preguntas en la cabeza… y sin ninguna maldita respuesta.

Suspiré, sacudiendo la cabeza.

— Más te vale invocarme cuando puedas hablar, mocoso… —.Y con eso, liberé la invocación y volví a casa.

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Pov Karin:

La caravana avanzaba a toda velocidad bajo la incesante lluvia, cada golpe de agua contra los toldos de los carros sonaba como un redoble de tambores de guerra. El camino de tierra se había convertido en un lodazal traicionero, donde cada paso de los caballos y cada giro de las ruedas amenazaba con hundirse en el fango.

Habían estado moviéndose sin descanso durante casi una hora. Cada minuto transcurrido era un martillazo de ansiedad en su pecho.

Los shinobi del Clan Fūma, que ahora servían bajo Naruto, rodeaban la caravana que llevaba las pertenencias y familias del clan, en formación defensiva. Algunos escoltaban los flancos, otros vigilaban desde los techos de los carros, con los sentidos alerta y el kunai en mano. Sabían que los enemigos de antes podrían estar siguiéndolos.

Sabían que su señor se quedo atrás para protegerlos de quienes quiera que fueran esos dos. , Fū, Sasame y Ella viajaban en el carro central, el más seguro. Pero ella no sentía ninguna seguridad. Su mirada se dirigía constantemente hacia atrás, esperando, rogando, exigiendo ver a Naruto.

— ¿Y si algo salió mal? —. susurró Fū con inquietud, casi sin darse cuenta.

— No pienses en eso—. la cortó Karin, con la voz más afilada de lo que pretendía.

Fū la miró de reojo, con el ceño fruncido, pero no insistió.

/No puedo perderlo. Apenas encontré a un miembro de mi familia… ¡Tienes prohibido morir, idiota! /. Pensó mientras gruñía.

Cada gota de agua que caía sobre su piel fría se sentía como un recordatorio de que el tiempo pasaba. Que Naruto no estaba allí. Que tal vez nunca regresaría. Y entonces, en medio de la cortina de lluvia, lo sintió.

— ¡Algo se acerca! —. Gritó, poniéndose de pie de golpe.

Los ninjas del Clan Fūma reaccionaron de inmediato, adoptando posiciones defensivas. Algunos alzaron sellos de mano, otros desenfundaron armas. Los nervios estaban a flor de piel. Pero lo que emergió de la tormenta no fue un enemigo. Era un enorme sapo, corriendo a toda velocidad.

Tiraba de una carreta, y sobre esta, otro sapo, más pequeño, con un gorro de enfermera. La imagen era tan extraña que Karin casi titubeó, pero entonces sus sentidos se posarón en el interior del carro. Y sintió que el mundo se detenía.

— ¡Detengan la caravana! —. Ordenó con un grito ahogado.

Los carros se frenaron bruscamente. Apenas el sapo transportista llegó hasta ellos, la figura con el gorro de enfermera saltó al suelo y habló apresuradamente.

— ¿Es esta la caravana de Uzumaki-san? —. Preguntó con urgencia.

— Sí, sí, lo es—. Respondió Karin, pero su voz apenas salió como un susurro.

Se subió apresurada a la carreta, su corazón martillando con tanta fuerza que le dolía. Y entonces lo vio.

Naruto yacía allí, inmóvil, su piel anormalmente pálida. Tenía vendajes apretados cubriendo su torso y cuello, pero incluso así se podían ver los moretones oscuros marcando su piel. Su cuello estaba hinchado, con hematomas que delataban heridas atroces. Su respiración era débil.

Karin sintió el miedo subir por su garganta como un nudo de espinas.

— ¡No te atrevas a morir, idiota! —. Susurró con desesperación, su voz temblando.

No dudó pues no había tiempo para dudar. Se mordió el labio con fuerza y llevó su brazo a la boca de Naruto, presionándolo contra sus labios.

— Muerde. — . Ordenó.

No hubo respuesta. Naruto apenas parecía consciente. Karin sintió el pánico morderla, pero apretó su brazo contra su mandíbula con más fuerza.

— ¡Muerde, maldita sea!—. Grito con desesperación.

Esta vez, los dientes de Naruto se hundieron en su piel. El dolor fue intenso, pero la sensación del chakra drenándose de su cuerpo fue peor. Naruto reaccionó de inmediato. Su respiración mejoró levemente, sus músculos dejaron de temblar, y el color regresó poco a poco a su rostro. Pero no era suficiente.

El drenaje era intenso, más de lo habitual. Había perdido demasiada sangre, demasiado chakra. Si lo dejaba seguir así, ella misma perdería el conocimiento. Con un jadeo, apartó su brazo de su boca. Naruto se quedó inmóvil, aún inconsciente.

— ¿Está… está mejor? —. Preguntó Sasame con voz temblorosa rodeada de varios Fuma ancianos, preocupados.

—Lo suficiente para seguir con vida. Pero todavía está mal— . Karin apretó los dientes.

A su alrededor, los shinobi del Clan Fūma miraban con rostros sombríos. Sabían quién era Naruto. No solo su líder, sino el hombre al que ahora juraban lealtad. Uno de ellos, un ninja de cabello oscuro atado en una coleta baja, frunció el ceño con preocupación.

— Tenemos que detenernos y tratarlo. No podemos permitir que siga en este estado—.

Pero antes de que alguien pudiera moverse, un sonido grave interrumpió la discusión. Un gruñido bajo y gutural.

— No… —.

Todos giraron a ver a Naruto. Sus labios apenas se movían, su voz era un susurro rasgado, pero las palabras salieron con una firmeza que no admitía discusión.

— Salgan del País de la Lluvia… ahora—. Fue una orden, no una petición.

El silencio fue absoluto durante unos instantes. No había dudas en su orden. A pesar de su estado crítico, Naruto aún tenía el instinto de un líder. Los shinobi del Clan Fūma asintieron sin vacilar.

— ¡Muévanse! —. Gritó uno de los ancianos del clan.

Los caballos relincharon mientras la caravana volvía a ponerse en marcha. Esta vez, con más velocidad, con más determinación. La prioridad era salir del País de la Lluvia. Karin se quedó junto a Naruto en el carro con toldo, mientras el doctor del Clan Fūma se apresuraba a estabilizarlo con vendajes y medicamentos. Cada minuto contaba.

La lluvia seguía golpeando los techos, pero a medida que avanzaban, la tormenta quedó atrás. Horas después, cuando la humedad y el fango dieron paso a dunas doradas y un calor seco, supieron que lo habían logrado.

Habían cruzado la frontera. Frente a ellos, el inmenso desierto del País del Viento los esperaba. Sunagakure estaba cerca.

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Omake:

Desperté en una cama de tamaño cuestionable, en un departamento que claramente no había sido tocado por el concepto de “limpieza” en años. Mis ojos, aún medio cerrados por la confusión, vagaron por el espacio, tratando de entender qué demonios estaba pasando. Y entonces, las memorias llegaron. Pero… ¿cómo podía ser? ¿Transmigración? ¡

/¿En serio?! No… esto no podía ser real/. Pense desesperado ¡pero aquí estaba yo, dentro del cuerpo de un niño de seis años! ¡Naruto Uzumaki!

No era el Naruto que conocía, no. Este Naruto tenía aún menos suerte. El sellado del Kyubi había sido un desastre. El chakra del Biju había quemado todo en su red de chakra, dejando al niño incapaz de usar el chakra. ¡Era aún más inútil que Rock Lee sin los entrenamientos de Guy! Un completo desastre. Nadie lo quería, ni siquiera el viejo Hiruzen, que ni se molestaba en acercarse a él.

Los únicos que le daban algo de atención eran los chunin, y eso solo porque tenían órdenes de entregarles sus gastos mensuales. ¡Ni siquiera le dejaban entrar a las tiendas de la aldea! ¡Era un paria!

A punto de perder la cordura, algo resplandeció en mi mente. ¡El sistema! ¡Un brillo cegador, y un mensaje apareció de repente!

—Bienvenido al sistema Army of Waifus. Te permite, una vez al mes, lanzar una tirada gacha para ganar una waifu leal solo a ti, proveniente de todo el multiverso. Puedes guardar a tus waifus y no invocarlas. Si acumulas tres waifus no invocadas, recibirás un boleto de oro que te garantiza una waifu de rango alto—.

— ¿Qué…? —. Murmuré incrédulo, mirando el mensaje flotante. Y luego, la risa. Una risa descontrolada. ¡Yo, un niño sin chakra, pero con el poder de las waifus! ¡Esto sí que era un cambio de vida!

Pasaron los años, y sin usar ni un poco de chakra, me convertí en el gobernante supremo del mundo shinobi. A los nueve años estaba sentado en el regazo de Boa Hancock la emperatriz Kuja, usando su… prominente pecho como almohada mientras Tohru la dragón maid me servía té. Rem la oni de cabello azul estaba a un lado, discretamente limpiando la mesa y lanzando miradas celosas a Hancock, mientras yo, como el niño más poderoso del planeta, disfrutaba de mi reinado. El resto del mundo solo estaba cumpliendo su deber, porque, bueno, YO era el jefe aquí.

Mis waifus eran mi ejército, mi fuerza, mi fuente de poder. Cada una con su propia especialidad, observe a mis generales, aquellas que dirigían al resto de las waifus bajo mi mando.

Esdeath, la regente de mis legiones, gran general de mis ejércitos. Siempre leal, su mirada fría tan encantadora como desquiciada. A veces, se le escapaba un suspiro y me decía. —No te preocupes, mi señor, la sangre de tus enemigos se congelará antes de que puedan dar un solo paso—.

Merlin, mi estratega maestra de la investigación y avances, siempre estaba un paso adelante. —No te preocupes, Naruto-sama—. Decía con una sonrisa traviesa.

—He asegurado que esos locos como Orochimaru y Amado sirvan como los peones que son. Si intentan algo, los haré desaparecer en un abrir y cerrar de ojos—.

Retsu Unohana, mi médico personal, mejor que Tsunade en todos los aspectos. Su calma era incomparable, y su habilidad para curar, sin igual. —Si alguna vez resultas herido, Naruto-kun, te curaré en un abrir y cerrar de ojos. No hay nada que te cause daño, con la ayuda de tu fiel médico—.

Anissa, la imparable viltrumita encargada de la defensa exterior planetaria. La mujer que no paraba de insistir que en cuanto yo llegara a mi edad fértil, debía darle un heredero para asegurar la “superioridad genética” de los Viltrumitas. —No te preocupes, mi Emperador. En cuanto llegues a la madurez, te aseguraré de que este imperio tenga un heredero poderoso. Y después… bueno, un par de viajes por el universo para conquistar nuevos planetas, ¿qué te parece?—.

Tiamat, una de mis fuerzas más poderosas. Aunque no hablaba mucho, su presencia era tan imponente que el suelo temblaba a su paso. Una Diosa literal sus palabras siempre maternales. —Lo que desees, mi señor. El mundo se arrodillará ante tus deseos—.

Y luego, la joya de la corona, Vados, el ángel de la destrucción. Sentada en la mesa, disfrutando de un delicioso postre mientras me observaba con una sonrisa amable. —Cuando crezcas, Naruto, serás el futuro dios de la destrucción de este universo. Conmigo como tu maestra, no hay nada que temer—.

Todas mis waifus, mis aliadas, mis guerreras y mis consejeras. La paz del mundo shinobi estaba asegurada… por mí.

—La edad del shinobi terminó, la era de las waifus comienza—. Proclamé con orgullo, mientras observaba el mundo desde mi trono, rodeado de poderosas mujeres dispuestas a destruir todo lo que se interpusiera en mi camino.

Ya no necesitaba ninjas. ¿Quién necesita ninjas cuando tienes waifus?

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Notas: ¡Gracias por leer! Comenta si te gustó.

Este capitulo tardo en salir por que no encontré motivación para editar, no hay comentarios :,V.

Este capítulo es corto, pero me gustó mucho escribirlo. Tras investigar un poco en internet, descubrí que 150 decibelios son equivalentes a que algo explote en tu cara. Ahora, imagina ser impulsado por algo tan poderoso como el qi, y llegar a 240 decibelios sería como recibir una bomba atómica en la cara XD y teniendo en cuenta que se tanqueo un ataque de Nibi a quemarropa, Kakuzu es duro.

En Naruto, los ninjas son difíciles de matar, son suaves por dentro pero resisten mucho daño letal, pueden ser dañados con armas blancas pero necesitan muchísimo daño para matarlos. Un ataque como el usado por Naruto siendo la segunda etapa te licuaría por dentro. El infrasonido se utilizó para mantener a los enemigos aturdidos y disminuir su capacidad de reacción.

Naruto estuvo a punto de suicidarse con ese ataque. Sin embargo, gracias a que Kakuzu no peleó y lo subestimaron, pudo lanzar un ataque de esa magnitud directamente a su cara. Si no fuera por la técnica de endurecimiento, el golpe habría sido suficiente para matar a Kakuzu.

En serio, si Hidan y Kakuzu hubieran ido en serio, Naruto habría muerto. Habría tenido que hacer un milagro y recurrir al Kyubi para escapar. Pero en estos niveles, fue pura suerte y armadura de trama que saliera vivo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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