Cultivador mediocre en naruto - Capítulo 11
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Capítulo 11: Sorpresas
Descargo de responsabilidad (Disclaimer)Los personajes y el universo de Naruto son propiedad exclusiva de Masashi Kishimoto. Esta historia es un trabajo de ficción sin fines de lucro, creada únicamente con fines de entretenimiento. Cualquier similitud con la historia original es intencional y se utiliza para construir una narrativa alternativa o expandir el mundo existente. No tengo ninguna afiliación con el autor o con las empresas que poseen los derechos de la franquicia.
— Personaje hablando —
/ Personaje pensando /
El despertar fue una tortura en sí misma.
No fue el dolor lo que me despertó, sino la sensación de asfixia. Como si mis pulmones se hubieran olvidado de cómo funcionar, me encontré jadeando débilmente, cada bocanada de aire entrando como brasas ardiendo en mi pecho. Quise tragar saliva, pero mi garganta protestó con una punzada tan intensa que sentí que me desgarraba por dentro. Mi cuerpo entero se revelaba por la agonía.
Un solo intento de moverme provocó que mis costillas fracturadas crujieran ominosamente, enviando oleadas de agonía por mi torso. Mi espalda y piernas latían con un dolor sordo, los músculos desgarrados tras la tensión inhumana que les impuse al usar mi velocidad extrema. Cada fibra de mi cuerpo protestaba contra la más mínima acción.
Pero el verdadero infierno estaba en mi garganta y mis pulmones. Cada inhalación me hacía sentir como si estuviera respirando vidrio molido. La técnica suicida que usé había quemado por completo mi tracto respiratorio. La garganta estaba en carne viva, mis pulmones no estaban mejor. El simple hecho de estar consciente era una maldita tortura.
Forcé mis párpados a abrirse del todo y miré a mi alrededor. Estaba en una tienda de campaña. Solo podía suponer que era la mía. Reconocí el espacio, más amplio que el de los demás, pero eso era irrelevante. Intenté levantarme, pero fue un doloroso error.
El dolor explotó en mi cuerpo, obligándome a morderme la lengua para no soltar un gemido. Sentí que mis costillas se hundían en mi pecho, cada músculo protestando como si estuviera al borde del colapso total. Pero aun así, logré forzarme a salir de la cama y dirigirme a la salida de la tienda, tambaleándome.
Apenas crucé el umbral, un guardia del Clan Fūma me vio y de inmediato se tensó.
—¡Naruto-sama ha despertado! —. Exclamó, girándose hacia su compañero.
—¡Informa de inmediato!—
Ignoré las palabras del guardia de que volviera a la cama y seguí avanzando, necesitando saber dónde estábamos. El aire frío de la noche me golpeó de inmediato, colándose entre mis heridas y agravando mi fatiga.
Estábamos en una zona árida. La arena crujía bajo mis pies, y el paisaje se extendía seco y desolado hasta donde alcanzaba la vista. Era un desierto, pero no uno de dunas doradas como el de Suna, sino algo más hostil. Me recordó de inmediato al desierto de Atacama o a las tierras áridas de Arizona de mi mundo natal.
Pero lo más importante… estábamos fuera del País de la Lluvia.
Un alivio amargo se asentó en mi pecho. No nos habían perseguido, por ahora. Sin embargo, mi momento de contemplación se vio interrumpido cuando una figura apareció. Era un anciano del Clan Fūma, acompañado por Karin, Sasame y el equipo ninja de Taki.
Las chicas no me dieron oportunidad de reaccionar antes de que, casi como una fuerza imparable, me arrastraran de vuelta a la tienda.
—¡¿Qué demonios crees que estás haciendo?! —. Explotó Karin, su ceño fruncido mientras me empujaba de vuelta a la cama.
—Apenas puedes mantenerte en pie —. Espetó Sasame, cruzándose de brazos mientras me observaba con desaprobación.
—Eres un idiota si crees que puedes andar por ahí en este estado—.
—Un idiota testarudo —, Corrigió Karin, chasqueando la lengua.
Intenté responder, pero todo lo que salió de mi garganta fue un sonido ronco y áspero.El dolor fue inmediato.
Cada intento de emitir sonido fue como si me estuvieran desgarrando la tráquea con cuchillas al rojo vivo. Mi rostro se contrajo en una mueca involuntaria, y Karin soltó un suspiro exasperado antes de presionar su dedo contra mi frente.
—No hables. En tu estado, no puedes darte ese lujo —. Susurro ella ante mi aspecto.
Me quedé en silencio, incapaz de hacer otra cosa. Karin se sentó a mi lado y sacó un pequeño frasco con medicina, mirándome con seriedad.
—Estuviste inconsciente un par de días después de llegar hasta nosotros —. Explicó, su tono más moderado ahora que se había asegurado de que no hiciera ninguna locura.
—Nos vimos obligados a tomar una ruta más directa, pasando cerca de Amegakure. Usamos la carretera principal y cruzamos el pequeño país en un solo día—. Me observó detenidamente antes de continuar.
—Ahora estamos en una zona árida, en el país del viento. Nos detuvimos para que pudieras recuperarte, pero no podemos quedarnos mucho tiempo—. Un silencio incómodo llenó la tienda.
Yo solo asentí levemente en respuesta. No tenía fuerzas para otra cosa. Cada respiración seguía siendo un castigo, cada movimiento me recordaba lo cerca que estuve de morir. Y no solo por la batalla… sino por mi propia estupidez.
Karin se quedó en silencio un momento, sus ojos escarlata evaluándome. Finalmente, su expresión se suavizó un poco, y con un suspiro, me tendió el frasco de medicina.
—Esto debería ayudarte con el dolor… pero necesitas descansar—.
No tuve fuerzas para discutir. Simplemente tomé la medicina, sintiendo cómo la amarga mezcla descendía por mi garganta abrasada.
Tomé la sangre de una de mis vendas y, con movimientos lentos pero precisos, realicé los sellos de mano de invocación.
Karin me miró con el ceño fruncido, sus ojos rojos reflejando una mezcla de enojo y preocupación. Sabía que no tenía intención de descansar, y su mirada amarga dejó claro lo que pensaba al respecto. Sin embargo, no dijo nada. Solo suspiró con frustración mientras yo les dirigía una mirada de disculpa tanto a ella como a Sasame.
Con un estallido de humo, Gamakichi apareció frente a mí.
—¡Rayos, Naruto! Papá dijo que estabas mal, pero no pensé que fuera tan grave. Deberías descansar más, viejo—. Exclamó, sus ojos de sapo agrandándose al ver mi estado
Apenas tenía fuerzas para hablar, así que en lugar de responder, simplemente le dediqué una sonrisa cansada. Sasame, comprendiendo mis intenciones, me entregó un lápiz y un papel. Con trazos rápidos, escribí un mensaje y se lo pasé a Gamakichi, asegurándome de que nadie en la tienda pudiera leerlo. El sapo lo leyó, asintió con gravedad y, sin más, desapareció en una bocanada de humo.
Sabía que cumpliría con su encargo, poner cierta cabeza en una caja y asegurarse de que solo yo tuviera acceso a ella. Ahora era el momento de dar respuestas.
Las miradas de todos estaban sobre mí. Los ninjas de Taki, en particular, no ocultaban su molestia. Lo entendía perfectamente, su misión se suponía que era de rango C, pero había escalado peligrosamente cuando me quedé atrás para enfrentar a los enemigos desconocidos.
Fū se movía inquieta, aunque sin acercarse. Podía suponer que el chunin a cargo le había ordenado mantener la distancia mientras se resolvía la situación. Respiré hondo, y un dolor punzante me atravesó el pecho.
Mis reservas de chakra estaban por los suelos. Mantener el Chidori un jutsu que apenas estaba aprendiendo, ademas no tenia la afinidad adecuada por los rayos, todo se sumo para un drenaje bastante extenso de mi chakra, sumado a la batalla con la Kubikiribōchō donde reforce mi cuerpo con mas chakra para intentar mantener el ritmo, había sido un desgaste. Pero lo que realmente me drenó fue la creación de dos clones de madera simultáneamente.
/Necesito mejorar mi afinidad y entrenamiento rápidamente. Ese jutsu no debería consumir tanto chakra, pero actualmente toma demasiado/. Sacudí la cabeza, dejando esos pensamientos para después.
En lugar de forzar mi voz dañada, formé el sello y creé un clon de sombra. A diferencia de mí, este sí podía hablar con normalidad y encargarse de la explicación. El clon se giró hacia los ninjas de Taki, con una expresión seria.
—Primero que nada, esos dos no vinieron específicamente por nosotros. Solo tuvimos la mala suerte de toparnos con ellos, y por eso decidí quedarme atrás para hacer tiempo—.
El chunin frunció el ceño.
—Su misión era de rango C. Y yo no quería que dejaran la caravana abandonada. Por eso no pedí su ayuda. Como no se enfrentaron directamente a esos ninjas, la misión debe continuar, ¿verdad?—.
El chunin me miró con los labios apretados, pero finalmente asintió. Sabía que no debía indagar más. Con un gesto, ordenó a su equipo que abandonara la tienda y retomara la vigilancia. Fū, antes de irse, nos dirigió una última mirada preocupada.
El clon, sin perder el tiempo, se volvió hacia el anciano del Clan Fūma.
—Preparen un lugar apartado y cubierto. Necesito un sitio donde pueda crear medicina sin que los ninjas de Taki lo noten —. Ordenó con voz firme
El anciano asintió sin hacer preguntas y partió para cumplir la orden. Con eso, el clon se disipó en un leve estallido de humo. Solté un suspiro silencioso y me recosté. No tardé en sentir la mirada ardiente de Karin sobre mí. Si no estuviera tan herido, juraría que ya me habría golpeado.
—Eres un idiota —. Gruñó, con los puños apretados.
Sasame, mientras tanto, se acercó para cambiar las vendas de mi cuello, revisando de paso los moretones en mi torso. La uzumaki me observó con intensidad, sus ojos brillando con furia… y con algo más, dolor.
Lágrimas se formaron en sus ojos mientras hablaba con voz temblorosa.
—Cumpliste tu promesa de no morir… Pero tienes que volverte más fuerte. No quiero perder más familia—. Murmuró, mordiéndose el labio
Mi corazón se apretó. A pesar del dolor, forcé una sonrisa brillante y le levanté un pulgar.
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Karin y Sasame me ayudaron a caminar hasta el sitio preparado. Cada paso era un recordatorio del estado lamentable en el que me encontraba, las costillas rotas protestaban con punzadas de dolor, los músculos desgarrados de mis piernas temblaban con cada movimiento y mi garganta seguía ardiendo como si estuviera cubierta de brasas.
El área estaba cuidadosamente cubierta por telas gruesas, asegurando privacidad. Ninjas del Clan Fūma patrullaban alrededor, manteniendo alejadas miradas curiosas, en especial las del equipo de Taki. No eran tontos; después de tanto tiempo viajando con nuestra caravana, habían notado que algunos de los Fūma eran shinobi. Pero su misión era escoltar, no espiar, así que no se meterían en lo que no les concernía… aunque estaba seguro de que informarían todo cuando regresaran a Takigakure.
En el centro del sitio esperaba la vasija de acero con los grabados listos. Creé un clon de sombra y este comenzó a trazar la matriz, siguiendo las instrucciones de mi libro de cultivo. Esta vez, sin embargo, el proceso sería diferente. Antes de cualquier otra cosa, planeaba interrogar a mi prisionero.
La matriz serviría como un campo de aislamiento, impidiendo que cualquier sonido escapara. Pero su función principal era otra, interrogatorio.
Era una matriz diseñada para extraer confesiones de cultivadores débiles, especialmente discípulos acusados de crímenes en las sectas. Un cultivador fuerte podría resistirse usando su poderoso qi… pero en este mundo, donde no existía el qi, ¿quién podría soportarlo? Quizás algunos usuarios de Senjutsu, pero había tan pocos que podrías contarlos con una mano.
Cuando la matriz estuvo lista, llamé a Gamakichi. Con un estallido de humo, el pequeño sapo apareció, cargando una caja sellada con fuinjutsu. Su expresión estaba claramente molesta.
—Esa maldita cabeza no se callaba —. Gruñó, frunciendo el ceño mientras le entregaba la caja a Karin.
—Papá ordenó ponerle sellos de silencio. Buena suerte sacándole algo—.
Karin miró la caja con desconfianza, mientras Gamakichi bufaba con frustración.
—Ni siquiera siente dolor. Le lancé piedras, se enojó, pero parecía que no le dolía en absoluto—. . Gruño y se marcho con una bocanada de humo.
Señalé el centro de la matriz y Karin abrió la caja con precaución. Dentro, la cabeza de Hidan permanecía inmóvil, como si estuviera dormida. Sin hacer contacto directo, Karin inclinó la caja, dejando caer la cabeza en el centro del patrón grabado en el suelo.
—¡Malditos desgraciad!—. El impacto la despertó de golpe.
Antes de que pudiera soltar siquiera una amenaza completa, activé la matriz. El efecto fue inmediato. El aire vibro y un silencio absoluto se extendió en la tienda. Hidan seguía gesticulando furioso, su boca moviéndose con insultos y amenazas, pero ni un solo sonido escapaba de sus labios.
Me acomodé cerca del sello, sintiéndome como si todo mi cuerpo estuviera al borde de colapsar. Respirar seguía siendo doloroso; cada inhalación traía una punzada ardiente en mi garganta destrozada. Pero ignoré la incomodidad y enfoqué mi atención en alimentar la matriz con mi qi.
Lentamente, la función real de la matriz cobró vida. Esta no era solo una barrera de silencio, sino una herramienta de interrogación. No forzaría la información de Hidan con dolor físico, sabía que eso no funcionaría con él, sino que haría que responder honestamente se sintiera completamente natural. No se daría cuenta de que estaba revelando secretos. Para él, simplemente sería como tener una conversación casual.
Mientras la energía fluía y la matriz se activaba por completo, reflexioné sobre mi situación.
Interrogar a Hidan era urgente. No tenía idea de cuánto tiempo podría seguir vivo sin sacrificar a alguien. Recordaba un fragmento del relleno en el anime donde Kabuto lo revivía con Edo Tensei. Si tomaba en cuenta que el Clan Fūma existía en este mundo, a pesar de haber sido originalmente parte del relleno de la serie, entonces debía considerar la posibilidad de que otros elementos del relleno también fueran reales.
Eso significaba que Hidan eventualmente moriría si no realizaba un sacrificio. No podía permitirme perder la oportunidad de extraer toda la información que poseía antes de que eso ocurriera.
Cuando la matriz estuvo completamente funcional, desactivé el silencio y le permití hablar.
—¡¡MALDITOS INFIELES!! ¡¡JASHIN-SAMA ME DARÁ SU PODER Y LOS DESTROZARÉ UNO POR UNO!! ¡¡LOS DESPEDAZARÉ Y USARÉ SUS ÓRGANOS PARA UN RITUAL QUE DURARÁ DÍAS!!—.
La cabeza de Hidan escupió insultos y amenazas sin parar, sus ojos enloquecidos destilando odio puro. Karin frunció el ceño con disgusto. Sasame se estremeció levemente, pero se mantuvo firme. Yo simplemente esperé.
Mientras la matriz se sincronizaba, observé a Hidan con atención. Era fácil descartarlo como un simple lunático fanático de su dios, alguien que solo había tenido suerte al obtener su inmortalidad. Pero hacer eso sería un error. Un error fatal.
Hidan no era un luchador torpe ni un asesino descuidado. Había peleado de igual a igual contra Kakashi, un ninja de nivel Kage. No un monstruo legendario como Hashirama o Tobirama, pero sí uno de los shinobi más peligrosos de su generación. Y aun así, Hidan lo había enfrentado sin miedo.
¿Cuántos podían decir lo mismo? La razón por la que Hidan había sido derrotado en el canon no tenía nada que ver con debilidad. Se había enfrentado a la persona equivocada en el peor momento posible.
Shikamaru no era más fuerte que él, pero si era más inteligente. Para cuando se enfrentaron, Hidan ya había revelado todos los secretos de su técnica, dándole al Nara la oportunidad de elaborar un plan perfecto para neutralizarlo.
¿Arrogante? Sí.
¿Imprudente? También.
¿Débil? Para nada.
Yo mismo había ganado por un margen mínimo, y si Hidan hubiera sido un poco menos confiado, mi cuerpo estaría ahora en un foso, partido en pedazos como la ofrenda de un ritual macabro.
Mientras divagaba en mis pensamientos nota como la energía de la matriz cambió sutilmente. Ya estaba lista. Con un leve movimiento de cabeza, le hice una señal a Karin. Ella tomó el mapa y se lo mostro a Hidan en el suelo, su expresión llena de sospecha y tensión. Sasame, de pie a mi lado, observaba todo con cautela, lista para intervenir si era necesario.
Invocando un clon de sombra para que hable por mi comencé el interrogatorio.
— Hidan, dime dónde están las zonas de reunión de Akatsuki—. Mi tono fue firme, sin espacio para evasivas. Sabía que la matriz ya estaba empezando a hacer su trabajo, pero el proceso aún estaba en marcha.
Hidan, con su cabeza decapitada y su sonrisa burlona, parecía no darse cuenta de que estaba siendo manipulado. Su mirada aún mantenía esa chispa de desdén, su voz impregnada con la arrogancia habitual, como si nada estuviera sucediendo.
— ¿En serio? ¿Tan inútil eres que no puedes deducirlo por ti mismo? —. Se rió, aunque su risa sonaba un poco vacía, como si se estuviera esforzando más de lo normal para mantener su tono desafiante.
—Patético—. Gruño la cabeza.
Karin, con una mezcla de impaciencia y fastidio, chasqueó la lengua y, sin miramientos, le metió un pincel en la boca. Hidan, aún luchando por mantener esa fachada, agarró el pincel con los dientes, sin entender realmente lo que sucedía.
A pesar de estar decapitado, Hidan seguía hablando con esa arrogancia característica, pero la matriz estaba comenzando a afectar su mente. No se daba cuenta de que, poco a poco, sus palabras comenzaban a salir sin filtro, como si simplemente estuviera obedeciendo una orden, sin voluntad propia.
De repente, como si fuera algo completamente natural, comenzó a marcar puntos en el mapa, sin cuestionarlo, como si ni siquiera notara que estaba entregando información vital. Primero, un punto en la frontera de El país de los Rios.
— Aquí —. Dijo, sin cambiar su tono, aún creyendo que estaba controlando la conversación.
Luego, con la misma indiferencia, marcó otro punto, más profundo en los bosques del País de la Cascada.
— Aquí también—. Su actitud seguía siendo la misma, pero algo había cambiado en su voz, ya no había esa burla, solo una respuesta automática.
Hidan, todavía sin comprender lo que sucedía, continuó. Cada vez que marcaba un nuevo punto. Finalmente, llegó al País de la Lluvia, y sin la menor vacilación, marcó el punto donde estaba la base más importante de Akatsuki: Amegakure.
— Este es el más importante—. Dijo con una cierta seguridad, como si estuviera disfrutando al poder mostrar su superioridad.
Mi mirada se centró en el punto marcado en el mapa. Amegakure. El centro de operaciones de Akatsuki, lo que ya sabía. Pero los otros puntos… esos lugares ocultos, esas bases en territorios que no había anticipado. Cada uno de esos puntos era una ventaja.
— Hidan, ¿cómo obtuviste tu inmortalidad? —. Pregunté, la voz casi neutral, pero con un interés palpable. Estaba decidido a desentrañar toda la verdad detrás de este maldito poder.
Hidan sonrió, esa sonrisa maníaca que ya me resultaba tan familiar.
— ¡Oh, fue un día glorioso! —. Exclamó, con devoción. Su mirada se iluminó mientras recordaba esos momentos.
—Después de unirme al jashinismo, sacrifiqué tantas vidas, tantas almas, todas para el gran Jashin. Inocentes, infieles, todos cayeron ante su voluntad. Los ríos de sangre eran gloriosos, y cuando llegué al santuario, donde los otros sacerdotes cayeron por ser indignos, yo fui el elegido. Me marcó y su hermosa voz me ordenó sacrificar, buscar el sacrificio perfecto—.
No pude evitar fruncir el ceño ante su discurso. Su fanatismo era palpable, pero algo en sus palabras me dejó con un extraño sentimiento de inquietud. No era su devoción a Jashin lo que me inquietaba, sino algo más profundo, algo que se estaba insinuando detrás de su adoración ciega.
— Incluso puedes ver la marca que me dio en la nuca—. Hidan continuó, orgulloso de su marca, como si fuera un trofeo.
—Míralo y maravíllate, cómo Jashin-sama me eligió. Pero no le digas a nadie, es un secreto—.
Mi clon, atento tomó la cabeza de Hidan con cuidado y observó la nuca, un gesto que, por alguna razón, me llenó de una extraña preocupación. Cuando la vio, su expresión cambió de inmediato. Sus manos comenzaron a temblar, como si hubiera visto algo que lo aterraba. La cabeza cayó de golpe y, en un parpadeo, el clon desapareció, dejando atrás una sensación palpable de horror.
—¿Qué acaba de ver?—. Pensé, mi corazón acelerándose. El sudor frío comenzó a recorrerme, no podía ser real.
Volví mi mirada a la cabeza de Hidan, observando la nuca expuesta. Y allí estaba, la marca. No era una marca cualquiera. Era un rombo o diamante marcado en su piel. Algo que, en lo más profundo, sabía que no era de este mundo. Algo que pertenecía a una fuerza ajena, a un poder que no debía estar allí.
La conexión que comenzó a formarse en mi mente fue aterradora. Jashin no era solo un dios, era algo que estaba usando a Hidan, parasitando su cuerpo. La idea me golpeó con fuerza, como una sacudida.
—No es un dios, ni una deidad. Jashin es parte de ellos… Algo que no pertenece a este mundo—.
Mi mente empezó a enlazar piezas. El karma. La posible verdadera razón detrás de la inmortalidad de Hidan. Esa marca en su nuca no era un simple símbolo de adoración, era el increíble peso del karma, un parásito que transformaba a una persona en un recipiente para un ser mucho más poderoso, un Otsutsuki.
—Jashin estaba buscando un recipiente. Y lo que hizo con Hidan fue infectarlo con su karma, convirtiéndolo en un recipiente imperfecto para él—.
Pensé en Naruto, recordando vagamente lo que había pasado en Boruto. Como en el canon Naruto nunca tuvo contacto con Hiddan fue el único akatsuki que no conoció a Naruto, si el karma hubiera infiltrado su cuerpo, él habría sido el recipiente perfecto. ¡Él habría sido elegido!
El simple hecho de pensar en ello me heló la sangre. No era el poder de los Otsutsuki lo que me aterraba. No, lo que verdaderamente me asqueaba era la naturaleza del karma, infecta, destruye lo humano, y toma control de todo lo que toca, hasta que no queda nada de la persona que una vez fue.
/Malditos Otsutsuki…/. Pensé, mientras la repulsión se acumulaba en mi pecho.
Mientras Karin y Sasame observaban en silencio, sus ojos se centraron en la nuca de la cabeza decapitada de Hidan. La marca del karma, que antes era claramente visible y vibrante, ahora se veía descolorida, como si estuviera perdiendo su forma y fuerza.
—La marca… se está volviendo descolorida—. Dijo Karin, con un tono confundido. Frunció el ceño, tratando de comprender qué estaba ocurriendo.
Eso me heló. Mi corazón dio un vuelco al recordar lo que había sucedido con los clones de sombra. Ellos eran fragmentos de chakra, y al disiparse, regresaban a mí. Si el clon había estado en contacto con Hidan, y la marca del karma había comenzado a desvanecerse, significaba que algo estaba ocurriendo. Algo grave.
Debía actuar rápido.
Miré mis manos temblorosas, y fue entonces cuando observé mi antebrazo derecho, el diamante comenzaba a formarse, sabia lo que tenia que hacer no podía dudar, sabe dios que pasaría, no sabia suficiente de Boruto para saber que pasaria.
Rápidamente, saqué el pergamino de mi ropa y convoqué la Kubikiribocho. Cada movimiento era lento, tortuoso, debido al agotamiento y al dolor de mis heridas. Mis pulmones, mi garganta, mis músculos desgarrados… todo eso me hacía más lento de lo que debería.
Pero aún así, tomé la espada con determinación y me dirigí a cortarme el brazo en la articulación del codo. Si lograba cortar ese punto, podía detener todo lo que estaba a punto de ocurrir. La marca del karma estaba creciendo, y no podía dejar que se asentara.
Sin embargo, antes de que pudiera hacer el corte, Karin y Sasame se abalanzaron sobre mí. No me dejaron actuar.
—¡No, Naruto! —. Gritó Karin, mientras Sasame intentaba sujetarme con fuerza.
—¡No lo hagas!—. Fue la suplica mientras los presentes me detenían.
Mi mente estaba en caos, luchando entre la necesidad de frenar lo que estaba sucediendo y el dolor que me atenazaba el cuerpo. Sentí que mi brazo ya no era mío, que esa marca del karma seguía su avance.
El dolor en mi cuerpo era insoportable, cada fibra de mis músculos desgarrados gritaba por atención, y mi garganta, casi destrozada, luchaba por tomar aire. Pero algo en mi interior empezó a cambiar, algo mucho más grande que el dolor.
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La semilla espiritual, esa esencia parasitaria que había permanecido latente en Uzumaki Naruto, comenzó a enfurecerse. El karma, que marcaba el antebrazo con un diamante oscuro, era una invasión. Y la semilla sabía que debía luchar.
Fue entonces cuando el mokuton se desbordó del cuerpo del muchacho. Gritos de agonía resonaron en el campo mientras del brazo marcado surgían árboles y raíces, extendiéndose a una velocidad frenética. Los árboles crecían, derrumbando el terreno a su paso. La fuerza del mokuton estaba fuera de control, impulsada por el extraño poder que estaba tomando forma dentro del cuerpo.
Karin y Sasame miraban horrorizadas, sin entender qué estaba sucediendo. Ellas no sabían lo que era la marca ni lo que estaba pasando dentro del cuerpo de su benefactor, pero el miedo y la preocupación era evidente en sus ojos .
En el cuerpo, dos entidades parasitarias se enfrentaban en una batalla silenciosa, pero feroz. La semilla espiritual y el karma no podían coexistir, y el cuerpo se convirtió en el campo de batalla. La semilla espiritual, que se había estado alimentada del qi de Uzumaki Naruto durante tanto tiempo, ahora sentía al karma como una amenaza directa. Un rival a eliminar. Como si fuera una especie de parásito territorial, se movilizó para proteger su dominio.
El karma, como un virus, trataba de expandirse y tomar el control, pero la semilla no iba a permitirlo. Al contrario, la semilla espiritual comenzó a crecer rápidamente, alimentándose de la vitalidad del cuerpo, como si quisiera desterrar a este invasor de inmediato. Las raíces se extendían, aferrándose a mis tejidos, atravesando mi piel y emergiendo violentamente desde el punto exacto donde el karma marcaba mi antebrazo.
Era como si la semilla estuviera buscando expulsar al karma a través de su propio crecimiento. Los arboles que brotaban del brazo no eran suaves ni tranquilos. No nacían de una paz, sino del exceso de vitalidad que resulto de la lucha por el control. Raíces gruesas y fuertes comenzaron a formar una arboleda frenética, invadiendo el suelo a su alrededor.
Cada árbol que brotaba era una manifestación de la resistencia interna, una batalla por el cuerpo que ambos parásitos buscaban. Las raíces se estiraban y desgarraban la tierra, expandiéndose rápidamente como si quisieran cubrir todo a su paso, mientras el karma intentaba adherirse a este ser que encontró apto.
La tierra alrededor comenzó a temblar, por el crecimiento violento de los árboles. El desierto que los rodeaba comenzó a transformarse en algo completamente diferente. El suelo, antes árido y muerto, comenzó a volverse fértil, invadido por raíces que crecían con velocidad y fuerza, creando un bosque en el centro de un paisaje muerto. El karma trataba de expandirse, pero la semilla, alimentada por la vitalidad de la batalla interna, no le permitió prosperar.
Cada tronco que crecía del brazo, cada rama que surgía, era una victoria contra el karma. A medida que la vegetación se expandía, la influencia del karma se desvanecía, como si fuera devorado por la vida misma. El entorno se veía transformado en un paisaje selvático, una arboleda que crecía a gran velocidad, absorbiendo y dominando todo a su paso.
Al final, el karma ya no tenía fuerza. Había sido sometido, por la fuerza de la semilla espiritual. El terreno que antes era estéril ahora estaba cubierto por un bosque vibrante y lleno de vida, un testamento de la lucha interna que se había librado.
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Mi respiración se estabilizó, aunque aún marcada por el agotamiento. El dolor persistía, pero el paisaje que me rodeaba era completamente diferente. El desierto se había transformado en una tierra viva, un ecosistema formado por la lucha entre la semilla espiritual y el karma. Un símbolo de la batalla que había librado, La semilla espiritual, ahora un árbol joven dentro de mí, había ganado.
La arboleda se extendía por cientos de metros en una sola dirección, siguiendo la trayectoria que había señalado con mi brazo durante el proceso. Observé el bosque que se había formado con una mezcla de asombro y agotamiento. Era como presenciar los efectos descontrolados de las células de Hashirama en la serie, cuando la vitalidad era tan abrumadora que los árboles brotaban sin control.
Lo había visto antes en Danzo y en todos aquellos sujetos de prueba de Orochimaru que no podían soportar el poder del Primer Hokage. Pero esta vez, no era el resultado de células implantadas, sino de mi propia energía desbordada y la brutal lucha que acababa de librarse dentro de mí.
Sentía claramente el calor ardiendo en mis pulmones, una sensación extraña. No era solo agotamiento. Mientras mi cuerpo se debilitaba por el esfuerzo, algo más estaba ocurriendo. Un hormigueo cálido recorría mi garganta y mi pecho, como si un fuego interno que ardía en mi pecho como un horno.
Entonces me di cuenta.
Mi regeneración estaba funcionando a un nivel que jamás había experimentado. Me senté en posición de loto para sentir mi energía y ver que demonios estaba pasando, mientras ignoraba el alboroto que causo a mi alrededor los sucesos recientes.
Entonces sentí los estragos que pasaban con mi energía interna. La brutal batalla entre la semilla espiritual y el karma había liberado una oleada de energía dentro de mí, energía que de algún modo estaba acelerando la recuperación de mis heridas.
Era imposible. Algo así solo lo había visto en Hashirama, o en Tsunade cuando usaba el Renacimiento de la Creación.. Sentía mis músculos aún desgarrados, mis huesos magullados,la herida en mi garganta y mis pulmones comenzaba a cerrarse.
—¡Oye, idiota! ¿Qué diablos acabas de hacer? —. Exclamó Karin, con los ojos muy abiertos mientras miraba la arboleda que había surgido de la nada.
Sasame, a su lado, parecía completamente desconcertada, mirando alternativamente el bosque y mi brazo con el símbolo del karma.
Miré mi antebrazo, donde el símbolo del karma se había convertido en una silueta vacía, su color negro original desvaneciéndose poco a poco. No sabía exactamente qué había sucedido. No estaba seguro si la semilla espiritual había destruido el karma, si lo había absorbido o si simplemente lo había suprimido de alguna forma. Lo único claro era que había cambiado.
Respiré profundamente y sentí cómo el aire entraba en mis pulmones con una facilidad renovada. Tosí, pero ya no hubo sangre. La regeneración no era perfecta, aún sentía el desgaste en mi cuerpo, pero la sensación de pesadez en el pecho había desaparecido.
Karin se acercó con el ceño fruncido y sacó una de mis píldoras para acelerar la recuperación, pero antes de que pudiera dármela, me agarró del brazo y lo inspeccionó de cerca.
—Tu herida en el brazo… se está cerrando más rápido de lo normal—. Era verdad, el lugar donde surgieron los arboles había desgarrado mi piel y ahora se cerraba a simple vista, lento pero constante.
—Sí, lo noté —. Respondí, flexionando los dedos y sintiendo el cosquilleo de la piel regenerándose.
—¡¿Qué demonios pasó aquí?! —. Gritó Hidan desde su lugar en la matriz, su voz llena de frustración e incredulidad.
—¡¿Desde cuándo los malditos mocosos como tú pueden hacer crecer jodidos bosques en medio del desierto?!—.
—Cállate, Hidan —, Solté con molestia, sin mirarlo.
Tenía demasiadas preguntas en la cabeza.
¿Qué le había pasado exactamente a mi cuerpo? ¿Esta regeneración era permanente o solo temporal? ¿El karma realmente había desaparecido o simplemente estaba dormido, esperando el momento para intentar tomar el control de nuevo?
El bosque a mi alrededor, la sensación renovada en mi cuerpo, la silueta vacía en mi antebrazo… nada de esto tenía respuestas claras.
Suspiré, dejando de lado las preguntas que bullían en mi mente. Ahora no era el momento de obsesionarme con lo que había cambiado en mí. Hidan seguía siendo una pieza clave en todo esto. Necesitaba estudiarlo, analizar su conexión con el karma y descubrir en qué se diferenciaba del que aún persistía, aunque debilitado, en mi propio cuerpo.
Pero para eso, la maldita cabeza tenía que seguir con vida.
Desvié la mirada hacia la arboleda recién nacida, sintiendo la conexión que ahora compartía con ella. Nordrassil ya no era solo una semilla latente dentro de mí, sino un árbol juvenil, un espíritu en crecimiento. Y con ello, mi vínculo con la naturaleza había evolucionado a un nivel completamente nuevo.
Recordé mis primeros intentos torpes con el Mokuton, cuando apenas podía hacer reaccionar una bellota. Luego, cuando introduje la semilla espiritual en mi cultivo, mi dominio aumentó lo suficiente para crear clones de madera. Pero ahora… ahora Nordrassil había crecido, y con su crecimiento, mi conexión con la vida vegetal se había expandido enormemente.
No podía desperdiciar esta nueva habilidad.
Tomé la cabeza de Hidan con ambas manos y me concentré. De mis palmas comenzaron a brotar finas raíces, delgadas como hilos, que se entrelazaron con precisión milimétrica alrededor de su cráneo. No era un simple envoltorio; cada raíz se marcó con inscripciones naturales, matrices de nutrición diseñadas para absorber el chakra ambiental y convertirlo en elementos esenciales, humedad, sales minerales, energía. Para un humano normal, esto no sería suficiente, pero para una simple cabeza decapitada, era más que adecuado.
/Esta matriz se usa para alimentar plantas espirituales y así controlar su crecimiento, supongo que servirá para Hidan por ahora/.
La expresión de Hidan pasó de la furia al desconcierto cuando sintió las raíces aferrándose a él.
—¿Qué mierda estás haciendo, bastardo? —. Gruñó, pero su tono no tenía la misma intensidad.
El chakra fluyó a través de la matriz y, casi de inmediato, noté un cambio sutil. La piel de Hidan, que hasta ahora había estado algo reseca y pálida, recuperó un leve tono más saludable. No podía regenerarse sin su cuerpo, pero el hambre y la sed que lo atormentaban parecían disminuir.
Un gruñido bajo escapó de sus labios mientras su mirada, que antes ardía de rabia, comenzaba a suavizarse.
—Tsk… maldito… esto… se siente raro… —.
Su voz se fue apagando poco a poco, y antes de que pudiera protestar más, sus párpados cayeron pesados. Hidan se había quedado dormido.
Aproveché su estado inerte para colgar su cabeza en la parte trasera de mi cinturón, asegurándola con las mismas raíces que lo mantenían estable. Desde ahí, si despertaba, no tendría otra opción más que colgar.
—Menuda imagen… —. Murmuró Karin con una mezcla de incredulidad y disgusto.
Sasame solo tragó saliva, visiblemente incómoda. No las culparía. Después de todo, ¿qué tan jodido debía estar yo como para llevar una cabeza decapitada como si fuera un trofeo?
Pero en este mundo, el conocimiento era poder. Y Hidan era ahora una fuente de respuestas, y no iba a separarme de él. Su existencia misma representaba un peligro latente, no solo por su inmortalidad, sino por el karma que portaba. No podía darme el lujo de perderlo.
Con eso resuelto, no tenía más preguntas inmediatas, pero un problema mucho más urgente se hacía evidente, podía sentir mi qi errático, mi equilibrio interno estaba colapsando.
La cantidad de vitalidad en mi cuerpo era desmesurada. La combinación de la mitad del Kyūbi en su faceta Yang, mi herencia Uzumaki y el fortalecimiento de Nordrassil había disparado mi energía Yang a niveles extremos. Sin embargo, mi Yin no estaba al mismo nivel, y ese desbalance estaba causando estragos en mí.
Lo sentía con cada respiración. Mi vitalidad ardía como una llama incontrolada, consumiéndose a un ritmo alarmante. Sin un equilibrio adecuado, no importaba qué tan fuerte me hubiera vuelto, mi esperanza de vida se reduciría drásticamente.
Necesitaba reforzar mi lado espiritual cuanto antes.
En un mundo donde el qi existiera, la solución habría sido sencilla, píldoras refinadas con hierbas ricas en energía Yin o un elixir alquímico que regulara mi flujo interno. Pero aquí… aquí no tenía acceso a esos recursos. No podía confiar en métodos convencionales.
Tendría que recurrir a algo más, pensé exhaustivamente concentrándome en mi tiempo en prisión. En ese lugar leí mucho durante mi entrenamiento, cunado no me hacia pedazos para formar mis circuitos espirituales, leía el manual. Y gracias a eso, pensé en la solución mas sencilla y alcanzable en mis condiciones de viaje actuales. Algo poco… ortodoxo.
Apreté los dientes, sintiendo el latido errático de la energía en mi interior, la vitalidad desbordante amenazando con devorarme desde dentro. No podía permitirme dudar. Si no actuaba rápido, mi propio cuerpo se consumiría antes de que tuviera la oportunidad de aprovechar este nuevo poder.
Para mi vergüenza, había un método simple para estabilizar mi condición. Los hombres estábamos naturalmente alineados con la energía Yang, mientras que las mujeres se orientaban hacia el Yin. La solución más inmediata no sería sanar por completo, pero al menos podría frenar la quema acelerada de mi vitalidad, un método de cultivo dual.
Pero había un problema evidente, no había cultivadoras en este mundo. No tenía con quién hacer fluir el qi en armonía para alcanzar el equilibrio. Eso significaba que tendría que recurrir a métodos menos… honorables.
Me costaba admitirlo, pero la opción más viable sería absorber el chakra de una mujer, usando el simbolismo de su naturaleza Yin para convertir esa energía en el contrapeso que necesitaba. Pero sería un proceso torpe, ineficiente. Para que funcionara correctamente, tendría que estar en contacto directo con ella durante toda la noche, bajo la luz de la luna, asegurando un flujo constante de energía Yin que contrarrestara mi desbalance.
No era estrictamente necesario un contacto sexual, pero eso no hacía que la idea me resultara menos desagradable.
¿Realmente estaba dispuesto a caer tan bajo? ¿A usar a otro ser humano como si fuera una batería viviente?
El simple pensamiento me revolvía el estómago. No sabía qué efectos podría tener en la otra persona, ni si habría consecuencias irreversibles. Además, estaba el peso moral de la decisión. Como cualquier hombre, apreciaba la belleza femenina, el toque de una mujer… pero esto no era un placer, era supervivencia.
Suspiré, sintiendo la ardiente llamarada de mi vitalidad descontrolada consumir mi interior. No tenía muchas opciones.
En ese momento turbulento mientras mi mente giraba rápidamente buscando opciones y soluciones, el equipo de Taki se acercó con cautela.
El chunin al mando, a pesar de su mejor esfuerzo por mantener la compostura, estaba visiblemente aterrorizado y no lo culpaba. Las leyendas sobre el Mokuton aún persistían, susurradas con reverencia y miedo a lo largo de generaciones. Era el poder de Hashirama Senju, el Kami no Shinobi, el hombre que doblegó al mundo ninja. Y ahora, ellos lo habían visto brotar de mí.
El chunin tragó saliva, su lengua pasó nerviosa por sus labios antes de hablar.
—Volvemos a Taki. La misión se cancela. El pago te será devuelto… —. Hizo una pausa, luchando por encontrar las palabras adecuadas.
— Todo esto… excede demasiado una misión de rango C— .
Su decisión no me sorprendió. Cualquier ninja con sentido común haría lo mismo después de presenciar algo así. Pero mi mente ya estaba en otro asunto. Cuando mi mirada se posó en Fū, la jinchūriki de Taki, una idea comenzó a tomar forma en mi mente.
Fū era una kunoichi de chakra abundante. Con el Nanabi sellado en su interior, su capacidad energética superaba a la de cualquier shinobi ordinario. Si lo que necesitaba era un flujo constante de chakra de una mujer para equilibrar mi vitalidad descontrolada, entonces ella era la opción perfecta. No tendría que depender de varias mujeres del Clan Fūma, pasando con al menos una docena de mujeres cada noche para evitar mi desgaste. Con Fū, todo se resolvería de una sola vez.
Ahora la pregunta era… ¿Cómo le robaba el Nanabi a Taki?
Mi mirada se encontró con la suya. Fū me observaba con curiosidad, sin el miedo que mostraban sus compañeros, pero con la cautela de alguien que sabía que algo extraordinario había ocurrido.
No dudé. Había memorizado y practicado las señales de mano, no el jutsu en sí, pero con mi nueva afinidad con la naturaleza, fue relativamente fácil.
—Mokuton: Mokusatsu Shibari no Jutsu —. Murmuré.
De inmediato, pilares de madera delgados surgieron del suelo como si hubieran estado esperando mi orden. Enredaron al chunin y a dos de sus genin antes de que pudieran reaccionar. La madera crujió y se cerró con firmeza, inmovilizándolos sin causarles daño severo, pero dejándolos completamente atrapados.
Fū, en cambio, saltó hacia atrás, poniéndose en guardia. No tenía miedo, pero su cuerpo estaba tenso y listo para la batalla. Mi hostilidad no había pasado desapercibida, y ella no era de las que se quedaban de brazos cruzados.
Pero yo no quería pelear con ella. Le sostuve la mirada, directo a sus ojos color ámbar.
—Fū, ¿quieres venir de aventura con nosotros? —. Pregunté sin rodeos.
—Seguro que Shibuki te habló de mí. Soy Naruto Uzumaki. Le enviaremos un mensaje con tus compañeros para decirle que estarás bajo mi protección—.
Ella parpadeó, sorprendida. Mis palabras la hicieron recordar algo. Lo vi en su expresión. El incidente del Agua del Héroe. Shibuki hablándole sobre mí. Sobre el niño que vino de Konoha y se metió en ese desastre. Sus ojos se abrieron un poco más, como si atara cabos, y luego… sonrió.
—Eres diferente a como te describió Shibuki —. Dijo con entusiasmo.
—Pero sí, vamos de aventura—. Ni siquiera lo pensó demasiado.
Fū no era alguien que se quedaba quieta. Sabía que Shibuki se enojaría, pero eso… Eso sería un problema para la Fū del futuro.
Con esa decisión tomada, liberé a los otros ninjas de Taki. No tenía sentido retenerlos. El chunin, aunque reacio, sabía que no era rival para los Fūma ni para mí. Antes de marcharse, me dedicó una última mirada, luego miró a Fū con un atisbo de resignación y se fue junto a los genin. Tenía una misión ahora, llevarle el mensaje a Shibuki sobre que me llevaba a Fū conmigo.
Sabía que esto me traería problemas más adelante, pero era un asunto para mi yo del futuro. Por ahora, había algo más urgente. La sensación de mi vitalidad desmoronándose se hacía cada vez más insoportable.
Después de asegurarnos de que todos los miembros del clan Fūma estuvieran bien, volvimos a acomodar el campamento tras el desastre del bosque. Sin embargo, algo era diferente ahora. Las tres se negaron a separarse de mí.
No importaba lo que dijera o hiciera, Karin, Sasame y ahora Fū, decidieron quedarse cerca después de explicarles que necesitaría la ayuda de Fu para menguar efectos secundarias de lo que sucedió antes.
/La intuición de una mujer da miedo…/. Pense mientras las 3 me miraban.
El peso de sus miradas, especialmente las de Karin y Sasame, era sofocante. Me sentía como un animal bajo la observación de depredadores, no tenía tiempo para esto.
Tomé uno de los sellos de silencio que trajo Gamakichi y se lo puse en la boca a un dormido Hidan, evitando así cualquier molestia futura. Luego, lo aseguré con más raíces, dejándolo en la mesa, mirando hacia la pared como un castigo simbólico.
El campamento estaba en silencio. Las llamas de la fogata parpadeaban débilmente, proyectando sombras danzantes sobre el suelo. Aún podía sentir la mirada persistente de Karin y Sasame sobre mi espalda. No importaba lo que dijera o hiciera, ellas simplemente se negaban a separarse de mí.
No tenía sentido discutir. Mi vitalidad se consumía demasiado rápido y cada minuto perdido reducía mi esperanza de vida.
Me senté con las piernas cruzadas en el suelo y, con un suspiro pesado, me quité la parte superior de la ropa, dejando mi torso al descubierto. Mi piel ardía, y aunque a simple vista no se veía, sentía el desgaste en lo más profundo de mis entrañas.
—Si quieren ayudar, síganme el ritmo. No hablen, solo concéntrense en sentir el flujo del chakra déjenme guiar el trabajo—.
No podían cultivar. Carecían de las estructuras biológicas y espirituales, no conocían los métodos para procesar qi ni fortalecer su alma. Pero eso no importaba, porque no las necesitaba como cultivadoras… sino como baterías por mal que sonara en mi mente. Fū, Karin y Sasame se sentaron alrededor mío, formando un círculo con nuestras espaldas tocándose. El contacto era crucial.
El chakra de Fū era una reserva descomunal. El nanabi la dotaba de una cantidad de energía absurda, lo que hacía que su chakra se sintiera como un basto lago, aunque aun palidecía ante mi océano.
Lentamente, extendí mi qi, hilándolo como una red invisible. La cultivación dual era un proceso simbiótico… pero esto no era cultivación dual en el sentido tradicional. Yo no estaba guiándolas a cultivar. Yo estaba drenando su chakra, refinándolo dentro de mí y convirtiéndolo en qi.
El chakra de Fū fue el primero en responder. Una corriente salvaje y vibrante me inundó, su naturaleza estaba teñida con el eco de la bestia de siete colas. Era potente, volátil, pero maleable. Lo guié con lentitud, filtrándolo en mi dantian y refinándolo, eliminando las impurezas hasta convertirlo en una energía yin más estable.
Era ineficiente. Muchísimo más ineficiente que si estuviera absorbiendo qi puro de un entorno rico en energía espiritual. Pero… era mejor que nada. Cuando establecí un flujo estable con Fū, extendí mi control sobre Karin y Sasame. Sus chakras eran diferentes.
El de Karin era cálido, denso, cargado de vitalidad. No tenía la brutalidad del chakra de Fū, pero su naturaleza única le daba una afinidad especial con la vida y la recuperación. Cuando su chakra se mezcló con el mío, sentí un leve hormigueo recorriendo mi piel, como si las células de mi cuerpo respondieran instintivamente a su toque.
El chakra de Sasame, en comparación, era más débil, era dócil, flexible y maleable, lo que lo hacía más fácil de absorber sin forzar demasiado mi cuerpo. Con los tres conectados a mí, comencé el verdadero proceso.
Tomé el chakra de Fū y lo hice fluir a través de Karin y Sasame. Ambas actuaban como filtros, suavizando la energía y estabilizándola antes de devolverla a mí. Cada ciclo hacía que la energía se volviera un poco más yin, contrarrestando el exceso de yang en mi sistema.
Sentía cómo mi dantian trabajaba a marchas forzadas, transformando el chakra impuro en qi usable. Era un trabajo lento y torpe, pero la sensación de alivio era inmediata. El calor abrasador dentro de mi cuerpo comenzó a disiparse, y por primera vez en horas, dejé de sentir que me estaba quemando por dentro.
Cada respiración marcaba un nuevo ciclo. Cada pulso de chakra que recorría el circuito improvisado entre nosotros cuatro traía equilibrio, aunque fuera temporal.
No sabía cuánto tiempo pasó, mis sentidos estaban demasiado centrados en el flujo de energía, en la transformación lenta pero constante de chakra a qi. Cuando finalmente abrí los ojos, dos horas habían pasado. Mi cuerpo todavía estaba cansado, pero ya no sentía el peso del agotamiento extremo.
Era solo una solución temporal. Tendría que hacerlo cada noche. Al menos por dos horas. Hasta encontrar una solución definitiva. Mi único camino era asentarnos en un lugar estable, donde pudiera cultivar plantas ricas en qi y crear un elixir que solucionara este problema de raíz. Por ahora… esto tendría que ser suficiente.
Mis ojos recorrieron a las tres chicas que me habían ayudado. A pesar de su resistencia natural, estaban agotadas.
Fū, con su inmensa reserva de chakra gracias al Nanabi, era la que más había resistido. Sin embargo, su respiración irregular delataba la tensión de haber canalizado tanta energía. Karin, por su parte, aguantó mejor gracias a su linaje Uzumaki, pero su rostro pálido revelaba el desgaste que este proceso le había causado. Sasame, sin la resistencia de las otras dos, parecía completamente drenada.
Sabía que esto sería duro para ellas. Ninguna era cultivadora. Sus cuerpos no estaban preparados para recibir qi directamente, y mucho menos para canalizarlo debido a su carencia de un circuito de energía. Aun así, lo soportaron.
Si continuábamos con este método, ellas también podrían fortalecerse. Pero primero, necesitaban descansar. Realicé un sello con una mano. Dos clones de madera surgieron de mi cuerpo con facilidad, como si hubiera estado haciéndolo toda mi vida. La diferencia era notable en cuanto a chakra.
Antes, la creación de clones de madera requería una cantidad sustancial de chakra. Ahora, con Nordrassil como un árbol juvenil, el consumo se había reducido a una décima parte. Una prueba clara de mi afinidad aumentada.
Los clones recogieron a las chicas y las llevaron a mi cama. Apenas opusieron resistencia. Estaban demasiado exhaustas para quejarse. Sus cuerpos temblaban levemente, pero ya parecían más sincronizadas con la energía que habíamos compartido.
Mientras ellas descansaban, yo me senté en el suelo, en posición de loto. Mi cultivación debía continuar. Cerré los ojos y dirigí mi qi a través de mis meridianos, fortaleciendo cada célula de mi cuerpo. Con cada respiración, absorbía el chakra ambiental y lo refinaba en qi. Con cada ciclo, mi cuerpo se hacía más resistente. Pero entonces, tropecé con el mismo obstáculo de siempre.
Un cuello de botella. No podía avanzar. no podía condensar más qi, ni siquiera después de todo este tiempo atrapado en el nivel de condensación. Algo me estaba bloqueando. Mi ceño se frunció, ya tenía una sospecha de lo que era. Si quería romper este límite, tenía que resolver mi conflicto con el Kyūbi. Era la única energía dentro de mí que no estaba en armonía.
Respiré profundamente y enfoqué mi consciencia hacia mi interior.
—Kyubi… —. Susurré, listo para resolver esto de alguna manera.
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Omake: El Abrazo de la Dama de la Luna
Naruto nunca se había considerado la persona más brillante, pero incluso él se dio cuenta de que algo andaba mal cuando abrió los ojos y vio el techo de la casa de Tazuna. Esto no tenía sentido.
Hace solo unos momentos, estaba en el puente, peleando con el ninja de la máscara. Podía jurar que había muerto. Recordaba con claridad el dolor frío atravesando su pecho. Y también recordaba otra cosa…
Cuando sus fuerzas lo abandonaban, cuando su consciencia se desvanecía, sintió unos brazos rodeándolo con ternura. Una mujer de piel pálida como la luna, con un largo cabello blanco y cuernos, lo sostuvo con delicadeza.
—Mi amado hijo…— . Escuchó su voz antes de que todo se volviera negro.
Pero ahora estaba aquí, vivo. Saltó de la cama y salió corriendo de la casa. No tenía tiempo para preguntas. Si esto era un sueño o una segunda oportunidad, no importaba. Tenía que ayudar a su equipo. Cuando llegó a la calle, se encontró con los mismos matones de Gato intentando llevarse a Tsunami. Otra vez.
Naruto no dudó. Se movió por puro instinto. Un puñetazo, una patada, los tipos cayeron como la primera vez. Era como si ya supiera exactamente cómo iban a moverse. Sin perder tiempo, corrió hacia el puente. Esta vez, en lugar de lanzarse a los espejos del ninja de la mascara, cambió su estrategia. Si podía hacer algo diferente, tal vez evitaría lo que pasó antes.
Fue directo a ayudar a Kakashi.
Un error.
Un terrible error.
Antes de que pudiera reaccionar, sintió un filo atravesar su torso. Miró hacia abajo. La hoja de Zabuza lo había partido en dos. El mundo se volvió borroso. El dolor desapareció en segundos, reemplazado por una calidez extraña. Y entonces, otra vez, los brazos de la mujer lo envolvieron.
El mismo susurro.
—Mi amado hijo…—.
Negro.
Silencio.
Y de repente…
El techo de la casa de Tazuna.
Naruto se quedó paralizado. Su respiración agitada, sus manos temblaban. Esto no era un sueño. Se llevó la mano al pecho, donde la espada de Zabuza lo había atravesado. No había herida. Lentamente, dejó escapar una risa nerviosa.
—Esto… esto no es normal—. Miró sus manos. Miró la habitación. Todo era exactamente igual.
Cerró los ojos por un momento, y en la oscuridad de su mente, vio su rostro. La mujer de cabello blanco, con ojos llenos de un amor inhumano. Y entonces, lo comprendió. Cada vez que moría… ella lo traía de vuelta.
El ciclo comenzó. Naruto corrió por las calles de la aldea, detuvo a los matones de Gato, llegó al puente y murió otra vez. Si no era atravesado por los senbon del ninja enmascarado, Zabuza lo partía en dos con su enorme espada.
Despertaba siempre en el mismo lugar. Intentaba de nuevo.
Esquivaba, fallaba. Moría.
Era congelado. Moría.
Era apuñalado. Moría.
Intentaba advertir a Kakashi. Moría.
Intentaba huir. Moría.
Cada muerte era real.
Sentía el filo de la espada cortando su carne, el ardor de la sangre llenando sus pulmones, el frío helado de los senbon perforando sus órganos. Al principio, creyó que era solo una prueba de resistencia.
/Solo debo seguir intentándolo/. Eran su pensamiento
Pero con cada muerte, su espíritu se fragmentaba un poco más. Por primera vez en su vida, Naruto sentía miedo a seguir adelante. En su trigésima muerte, dejó de correr sin pensar. Comenzó a memorizar. Cada movimiento del ninja enmascarado, cada tajo de Zabuza, el momento exacto en que Kakashi entraba en acción.
Poco a poco, dejó de reaccionar y empezó a anticipar. Cada golpe tenía un patrón. Cada ataque tenía una apertura. Alrededor de la centésima muerte, ya no dudaba. Se movía como el agua, fluyendo entre los ataques como si siempre hubiera sabido cómo reaccionar.
Y entonces, lo logró.
Los venció solo.
Zabuza cayó primero, su propio peso usado en su contra. Haku intentó salvarlo, pero ya era demasiado tarde. Por primera vez, Naruto rompió el ciclo, respirando con dificultad, miró el campo de batalla cubierto de sangre. No era la primera vez que veía esa escena, pero sí la primera vez que sobrevivía a ella.
Apoyó una mano temblorosa en su pecho. No importaba cómo ni por qué había recibido este poder… solo sabía una cosa.
—Lo llamaré… Regreso por Muerte—.
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Notas: ¡Gracias por leer! Comenta si te gustó.
Me inspiré en una teoría que se volvió bastante popular después de que se revelaron detalles sobre los Ōtsutsuki. En mi historia, Jashin es uno de ellos. La inmortalidad de Hidan es, en cierto modo, una bendición, pues, en su búsqueda por un recipiente adecuado, eligió a Hidan. Cada vez que prueba la sangre, Jashin evalúa si es un buen recipiente. Si no lo es, puede recurrir al jutsu del “Sacrificio”. Esta es una teoría que he adaptado para mi historia, ¡espero que les guste!
Por otro lado, tenemos a Fu en nuestro equipo. Solo queda esperar que Shibuki no corra a Konoha a quejarse de que Naruto les ha “robado” su jinchūriki. Además, Naruto acaba de recibir su primer “power-up”, mejorando su vitalidad, que ahora se asemeja ligeramente a la de Hashirama, y también ha mejorado su control sobre el Mokuton. ¡Será interesante ver qué más tendrá que hacer! Y, por supuesto, esperemos ver a Konoha en el próximo capítulo.
Naruto aun no es consiente de lo terriblemente mal que esta su cuerpo debido a ser sometido a tanto estrés.
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