Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Cultivador mediocre en naruto - Capítulo 13

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Cultivador mediocre en naruto
  4. Capítulo 13 - Capítulo 13: Tratados
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 13: Tratados

Descargo de responsabilidad (Disclaimer)Los personajes y el universo de Naruto son propiedad exclusiva de Masashi Kishimoto. Esta historia es un trabajo de ficción sin fines de lucro, creada únicamente con fines de entretenimiento. Cualquier similitud con la historia original es intencional y se utiliza para construir una narrativa alternativa o expandir el mundo existente. No tengo ninguna afiliación con el autor o con las empresas que poseen los derechos de la franquicia.

— Personaje hablando —

/ Personaje pensando /

“Biju hablando mentalmente”

Me despedí de los hermanos del desierto con una leve inclinación de cabeza, dándoles tiempo para discutir entre ellos. Con suerte, Gaara reflexionaría sobre mi oferta y podríamos llegar a un acuerdo beneficioso para ambos. No esperaba que tomara una decisión de inmediato, pero al menos la semilla estaba plantada.

Dejándolos atrás, me dirigí a la zona comercial, donde los miembros de la caravana ya habían comenzado a instalar su puesto en el mercado abierto de Suna. Este era el lugar donde comerciantes extranjeros montaban puestos para vender sus mercancías, aprovechando el flujo constante de clientes.

Durante el resto de la tarde, vendimos ungüentos, cremas y medicinas, todas fabricadas por mí con fórmulas mejoradas gracias a mi conocimiento de alquimia. Los resultados fueron insuperables, heridas sanaban más rápido, dolores desaparecían en minutos, y la piel tratada con nuestras cremas recuperaba su vitalidad de manera casi milagrosa. En un solo día, agotamos toda nuestra mercancía.

—No pensé que venderíamos tanto en tan poco tiempo… —. Comentó Sasame, estirándose después de una larga jornada de trabajo.

—Tampoco lo subestimes —. Intervino Karin, con los brazos cruzados.

—Las medicinas de Naruto son absurdamente efectivas, era obvio que volarían de los estantes como pan caliente—.

Sonreí ante el cumplido indirecto.

—Aún así, teníamos planeado quedarnos aquí toda la semana. La caravana necesita descansar después del viaje, y además, podemos producir más lotes de medicinas en estos días.

Cuando cayó la noche, nos dirigimos a las afueras de Suna, donde los comerciantes armaban sus campamentos. Alquilar una posada para toda la caravana hubiera sido ridículamente costoso, así que la opción más práctica era acampar en las zonas designadas para comerciantes ambulantes.

Mi tienda personal, más grande y bien equipada, ya estaba instalada cuando llegué. Dentro, Sasame y Karin estaban ocupadas con sus tareas, Karin estudiaba algunos apuntes de medicina que había copiado de mi libro de cultivo, analizando nervios, músculos y estructuras internas con interés, mientras que Sasame me entregaba un informe detallado de las actividades del clan Fūma.

—Aquí tienes —. Dijo, colocando el pergamino frente a mí. Gastos, compras y estado general de la caravana.

Lo tomé y le di una lectura rápida. Se habían comprado suministros básicos, ingredientes de alta calidad para la elaboración de más píldoras y alimentos de primera categoría, ademas los miembros del clan estaban preparando los ingredientes según mis indicaciones. Así yo solo tendría que cocinar las medicinas, menos trabajo para mi y ellos se sentían útiles.

Asegurar la nutrición y felicidad adecuada de los nuestros era prioridad, especialmente cuando quería asegurar su lealtad. Mientras revisaba los números, Sasame se cruzó de brazos.

—Sabes, es curioso… a pesar de la posición estratégica de Suna como punto comercial del País del Viento, su economía es un desastre—.

Karin bufó, cruzándose de brazos con irritación.

—Eso es culpa del Daimyō. Con sus políticas absurdas, Suna apenas recibe ingresos de los impuestos comerciales. Ganan una miseria mientras los comerciantes se llenan los bolsillos—. Afirmo Karin después de haber conversado con algunos nativos civiles de Suna.

Asentí, pues eso era cierto.

—Konoha puede jactarse de ser la primera aldea shinobi todo lo que quiera, pero en realidad fue Suna quien sentó las bases siendo un antiguo asentamiento comercial. Los clanes del desierto se reunieron aquí mucho antes de que existiera el concepto de una aldea oculta, formando una protoaldea —.

Recordé aquel dato de las clases en la academia. Naruto nunca le prestó atención, pero el conocimiento estaba ahí, enterrado en su memoria, y ahora era mío para usarlo.

—Y aún peor… —. Agregué con una mueca de desdén.

—El primer país en esclavizar a un bijū no fue Konoha, sino Suna. Mantenían a Shukaku sellado en una tetera como si fuera una simple herramienta—.

Karin frunció el ceño.

—¿En serio? ¿Una tetera?—.

Sasame también parpadeó, sorprendida.

—No sabía eso… siempre pensé que los Jinchūriki empesaron a existir desde el principio de las grandes aldeas ocultas—.

—No, al principio no había jinchūriki —. Expliqué.

—Solo humanos intentando contener el poder de los bijū con los medios más primitivos que tenían. Y en el caso de Suna, usaron a Shukaku como un arma sellada, sin importarles la criatura en su interior—.

Hice una pausa y volví al tema central.

— Suna nunca tuvo la misma estructura que otras aldeas. Según la historia que nos enseñaron en la academia, esta aldea surgió primero como un puesto comercial del Daimyō, y solo después se convirtió en una aldea shinobi. En otras palabras, la prioridad de Suna nunca fue el poder militar, sino el comercio—.

Miré a Karin y Sasame. Ninguna de las dos había recibido ese tipo de educación, así que era lógico que les sorprendiera. Karin chasqueó la lengua, recargando el codo sobre la mesa.

—Eso explica muchas cosas… el Daimyō no ve a Suna como una verdadera aldea militar, sino como un puesto avanzado que protege sus rutas comerciales. Nunca han tenido el mismo respaldo financiero que Konoha o Kiri… ni la independencia de Kumo o Iwa —.

Suspiré, cruzando los brazos.

—Por eso la aldea siempre ha estado en crisis. No pueden sostenerse por sí mismos, y cuando intentan ganar independencia, el Daimyō simplemente les corta los fondos. En el fondo, los shinobi de Suna sobreviven porque hacen misiones fuera del país. Son más mercenarios que protectores—.

El silencio se apoderó de la tienda. Karin tamborileó los dedos sobre su libro, sumida en sus pensamientos.

Finalmente, murmure.

—Gaara heredó un desastre—.

Sasame asintió con seriedad.

—Si realmente quiere cambiar las cosas, tendrá que desafiar no solo el sistema ya establecido en su aldea, sino también al propio Daimyō—.

Hubo un momento de pausa antes de que Sasame me mirara fijamente, con una expresión que dejaba claro que sus palabras iban dirigidas a mí.

—Y tú también. Si de verdad quieres destruir este sistema, tarde o temprano te enfrentarás a los que realmente tienen el poder—.

Sonreí con cierta amargura.

—Lo sé. Y créeme, estoy más que listo para cuando llegue el momento—.

Karin dejó escapar un suspiro exasperado y cerró su libro con un golpe seco.

—No sé qué me preocupa más, el hecho de que planeas destruir el sistema shinobi… o lo tranquilo que lo dices—.

Me encogí de hombros.

—¿Qué esperabas? No voy a quedarme de brazos cruzados viendo cómo el mundo se dirige a su autoextinción—.

Sasame suspiró y se sentó a mi lado, revisando los informes de la caravana.

—En cualquier caso, lo primero es asegurar nuestra posición. No podemos cambiar nada si no tenemos una base sólida y como ahora eres el jefe tienes responsabilidades—.

—Por eso estamos aquí —. Dije, señalando el campamento a nuestro alrededor.

—No solo para vender, sino para expandir nuestra red de contactos—.

Karin se frotó la sien, como si ya pudiera sentir el dolor de cabeza que le provocaría todo esto en el futuro.

—Espero que tengas un plan concreto para eso—. Gruño la pelirroja.

—Por supuesto. Pero antes de hablar de planes, ¿qué tal si comemos algo? No pienso salvar el mundo con el estómago vacío—. Sonreí con confianza.

Las dos se miraron antes de soltar un suspiro resignado.

—A veces me pregunto cómo demonios terminamos en esto…—. Karin murmuró con un suspiro de frustración.

Le dediqué una sonrisa divertida.

—Porque te compré de Orochimaru —. Su gemido de resignación solo hizo que me riera más.

Pensé en que tendría que hablar con los ancianos y lideres de los Fuma, tenia que acordar cosas con ellos, pero me sentía mas cómodo hablando con Karin y Sísame. Por que en mi mente eran personajes con nombre, eran personas de las que tenia una idea de como pensarían y reaccionarían, suspire alejando mis pensamientos de este tema por el momento

Dirigí mi mirada hacia un rincón de la tienda, donde Fu dormía plácidamente en mi cama. No era una sorpresa; siempre terminaba ahí. La cama que me había proporcionado el Clan Fūma era, sin duda, la más cómoda de todas, y Fu lo sabía perfectamente.

No tenía corazón para decirle que durmiera en otro lado. Después de todo, yo no necesitaba dormir. En su lugar, meditaba y cultivaba. Ahora que mi relación con Kurama era estable y su chakra ya no interfería con mi flujo de energía, podía sentir claramente mi progreso.

Estaba cerca. Muy cerca de romper mi cuello de botella.

————————————————————————————————————————

Al día siguiente, Temari llegó al campamento con la intención de informarnos sobre el costo de la misión. Después de que firmamos los documentos, se llevó a las mujeres Fuma a comprar lo necesario para cruzar lo que quedaba de desierto hasta llegar al País de los Ríos. Desde ahí tomaríamos un barco hacia nuestro siguiente destino. Sin embargo, antes de marcharse, me pasó un mensaje de Gaara, quien quería reunirse conmigo.

Caminé tranquilamente hasta el centro de la aldea, donde se erguía el icónico edificio de todas las aldeas shinobi: la torre del Kage. Al llegar, un genin de guardia me condujo hasta la oficina de Gaara. Al entrar, encontré a Gaara, Kankurō, Baki y dos ancianos ocupados con papeles y documentos.

Gaara fue el primero en hablar, probablemente como parte de su entrenamiento para ser Kazekage.

—Naruto, nuestros shinobis han encontrado un bosque que apareció repentinamente al norte del desierto, en una zona árida donde antes solo había dunas. ¿Alguna idea, teniendo en cuenta que tu caravana vino de esa dirección?—.

Puse mi mejor cara de inocente, pero obvio que no funcionó con ninguno de ellos.

—Digamos que… accidentes pasan —. Respondí con tono casual, tratando de restarle importancia.

—De todas formas, deberían talar ese bosque, la madera es de muy alta calidad—.

Gaara suspiró, visiblemente cansado de mis intentos de desviar la atención.

—Bien, ¿hay algo más que quieras decirnos? —. Su tono denotaba cansancio, probablemente por mis ocurrencias. Aprovechando el momento, decidí cambiar de tema.

—¿Ya firmaste el tratado con Konoha? —. Pregunté, mirando a los actuales regentes de Suna.

Gaara negó con la cabeza mientras buscaba entre los papeles en su escritorio, que ya parecían un completo desastre, y no pregunto como sabia de ese tratado después de todo no era un secreto que me llevaba demasiado bien con Tsunade durante mi tiempo en Konoha.

—Está retrasado. Konoha está pidiendo reparaciones muy altas por la invasión. Hemos estado negociando, pero sin el apoyo del Daimyō, pronto tendremos que ceder si no queremos una guerra—.

Sonreí con una leve mueca maliciosa.

—No te declararán la guerra. Actualmente, Konoha está más débil de lo que muestran al exterior. Su Hokage acaba de volver después de diez años de inactividad. Aún se están recuperando de la invasión que ustedes mismos llevaron a cabo… —. Hice una pausa, dejando que esas palabras calaran en el ambiente.

Los ancianos fruncieron el ceño. Kankurō cruzó los brazos y me miró con cautela. Gaara, en cambio, mantuvo la expresión imperturbable, aunque sus ojos reflejaban que estaba procesando la información.

Aproveché el silencio para lanzar el verdadero anzuelo.

—Dime, Gaara, si te proporciono una barrera capaz de evitar espías y que, en caso de invasión, pueda resistir incluso una Bijūdama a quemarropa, ¿te negarías a firmar una alianza con Konoha?—.

El ambiente en la sala se tensó al instante. Gaara entrecerró los ojos, su expresión pasó de cansada a calculadora. Kankurō y Baki también fijaron su atención en mí, evaluando la propuesta.

Uno de los ancianos golpeó la mesa con su palma, visiblemente molesto.

—¿Esperas que confiemos en ti solo porque ofreces palabras bonitas, forastero? No tenemos garantía alguna de que puedas hacer lo que dices—. Su voz era áspera y desconfiada.

Mi sonrisa se ensanchó.

—Oh, no solo palabras. Endulzaré el trato. También les diré la identidad de un agente durmiente de cierta organización… una que tiene planes para Suna—. Mi tono era relajado, pero mi postura hablaba por sí sola.

Kankurō apretó los puños y miró a Gaara, esperando su respuesta. Baki frunció el ceño, pero no dijo nada. El silencio se prolongó hasta que finalmente, Gaara habló con su tono monótono pero firme.

—Aceptamos—. Con las palabras de Gaara las objeciones no tardaron en surgir.

—¡Esto es una locura!—. Exclamó uno de los ancianos.

—No podemos fiarnos de alguien externo a la aldea, menos aún de alguien con su historial—.

—¡Gaara! ¿Estás seguro?—. Preguntó Kankurō, visiblemente tenso.

Pero Gaara levantó la mano, deteniendo cualquier protesta.

—El tratado que Konoha nos quiere obligar a firmar es incluso peor que el anterior que ya teníamos con ellos. Nos dejaría en una posición aún más débil. En su lugar, les ofreceremos un tratado de no agresión y les daremos una sola opción: tomarlo o dejarlo—. Luego, volvió su mirada hacia mí.

—Pero solo si realmente puedes proporcionarnos esa barrera—.

Su tono no dejaba espacio para dudas. No se trataba de confianza, sino de pragmatismo. Sabía que Suna no podía permitirse rechazar una oportunidad como esta… pero tampoco estaba dispuesto a ser engañado.

Sonreí con satisfacción.

—Oh, créeme, Gaara… no hago promesas que no puedo cumplir—.

Las siguientes palabras salieron de mi boca de forma natural, casi como un reflejo.

—¡Yo jamás me rindo y jamás retrocederé en mi palabra! ¡Ese es mi Camino Ninja!—.

Gaara entrecerró los ojos, sorprendido por mi declaración. Un instante después, una pequeña sonrisa cruzó su rostro, al parecer recordando el examen Chūnin.

—Sigues siendo el mismo… y, al mismo tiempo, completamente diferente—. Comentó en voz baja, como si hablara para sí mismo.

—Eso pasa cuando dejas de ser un niño—. Respondí con una leve sonrisa.

Kankurō se cruzó de brazos y bufó.

—Muy bonito y todo, pero sigo sin entender cómo planeas hacer una barrera así de poderosa. Algo capaz de resistir una Bijūdama… eso suena como una locura—.

—Para ti quizás—. Le respondí sin titubear.

—Pero te garantizo que funcionará. Solo necesito doce pilares de hierro, cada uno de dos metros de altura y cincuenta centímetros de diámetro. Llévenlos al sitio donde quieran que levante la estructura central. Debe ser un edificio seguro, ya que de ahí se mantendrá activa la barrera—.

Los ancianos se miraron entre ellos con recelo. Uno de ellos carraspeó antes de hablar.

—¿Qué garantía tenemos de que no estás jugando con nosotros, Uzumaki?—

Le dediqué una mirada tranquila, pero con un filo peligroso en mis ojos.

—Si estuviera jugando, no les revelaría la identidad de un agente durmiente de aquella organización en su propia aldea—.

Todos en la sala se tensaron. Gaara mantuvo la compostura, pero Kankurō apretó los puños.

—¿De quién estás hablando?—. Preguntó Baki con el ceño fruncido.

—Yūra—. Respondí sin rodeos.

—Preferiría que no lo mataran de inmediato. Pueden usarlo para su propio beneficio, alimentándolo con información falsa. Pero la decisión final es suya—.

Hubo un pesado silencio en la habitación.

—Si esto es cierto… —. Murmuró uno de los ancianos.

—Hemos estado bajo la mirada de espías desde hace tiempo sin darnos cuenta…—.

—Lo que plantea otro problema—. Añadió Baki con expresión grave.

—Si esta barrera es tan poderosa como dices, ¿qué impide que Konoha o cualquier otra nación venga y nos la arrebate?—.

—Sencillo—. Le respondí con una sonrisa ladina.

—Nadie más que yo y a quien designe puede activarla y desactivarla. Si intentan manipularla, se autodestruirá—.

Los ancianos murmuraron entre ellos, pero finalmente asintieron con resignación, esperando ver si realmente era capaz de algo así.

—Llámenme cuando tengan el lugar y los pilares listos—. Dije mientras me dirigía a la salida.

—Recuerden que solo me quedaré en Suna seis días más—.

Y con eso, los dejé en la sala, debatiendo las implicaciones de mi oferta.

—————————————————————————————————————————–

Me encontraba en el campamento del Clan Fūma, completamente inmerso en mi cultivo. Desde que llegamos a Suna, había mantenido una técnica de Henge que me hacía parecer un niño de 13 años. Sin embargo, realmente era más joven. Cada noche, las chicas me ayudaban con una cultivación dual PG-13, ayudándome a mantener mi qi Yang controlado.

A medida que el tiempo pasaba, me daba cuenta de que mi rejuvenecimiento se detuvo la edad biológica de 8 o 9 años. Aun así, mi energía interna estaba en un caos absoluto. Para restaurar el equilibrio, necesitaba fortalecer mi alma, y la forma más rápida de hacerlo era purificar y consumir un alma poderosa.

Miré el cristal que tenía en mi mano, observando uno de los fragmentos del alma de Orochimaru. Un fragmento débil estaba dentro de él, el que usé como combustible para la matriz de dilatación temporal en prisión. Aunque estaba debilitado, seguía siendo útil. Luego estaba Tayuya… un tema que me perturbaba.

Caminé hacia la zona donde mantenía a Tayuya. Al entrar a la tienda, la vi recostada, mirando al techo. La mujer encargada de cuidarla se mantenía al margen, consciente de mi presencia pero sin intervenir. Tayuya no parecía notar mi entrada. Estaba completamente perdida en sus pensamientos, y me era claro que su estado mental era deplorable.

Después de casi morir en su enfrentamiento contra Temari y ser “rescatada” por las fuerzas de Orochimaru, había sufrido aún más. Era obvio por las cicatrices que la tortura que sufrió bajo el pretexto de “curarla” la había marcado de forma irreversible. Le amputaron las piernas dañadas y curaron sus manos de manera terrible. Los huesos se soldaron mal, y como resultado, padecía una pseudoartritis, con dolores crónicos que la dejaban prácticamente inútil.

Era el cruel destino de un ninja que había perdido el uso de sus extremidades. No pude evitar pensar que todo lo que había hecho para llegar hasta allí solo la había condenado aún más. Sin duda, su entrenamiento había sido arduo, pero ahora, al final de su vida, había terminado en una condición lamentable.

Me acerqué a ella, mirando su cuello, donde el sello maldito de Orochimaru aún permanecía intacto. Estaba decidido a extraer el fragmento del alma cuando llegáramos a las minas y así poder curar mi afección de desequilibrio. Pero luego, un pensamiento me asaltó.

¿Qué haría con Tayuya? ¿La desecharía como un simple peón? ¿La curaría solo para abandonarla después? Lo sabía bien, si la dejaba vivir, lo más probable era que acabara regresando a Orochimaru, pero… ¿y si le ofrecía una alternativa?

Me quedé allí en silencio, observando a Tayuya. La mujer que alguna vez fue fuerte, decidida y terca que mostro la serie, ahora estaba rota, vulnerable. Pero quizás eso no tenía por qué ser su final. Había una opción. Una opción que era similar a lo que había hecho con Anko, aunque de forma accidental.

Podría llenar el vacío dejado por Orochimaru con un fragmento de mi alma, dándole un propósito diferente, dándole lealtad, pero esta vez hacia mí. Si lo hacía correctamente, Tayuya podría seguir sirviendo como un valioso recurso, y aún más importante, podría tener una oportunidad para un futuro distinto.

Me estremecí ante el pensamiento tan retorcido que tuve, no me gustaba. La sola idea de la esclavitud, como cualquier persona de un mundo casi civilizado como era mi anterior hogar, me repugnaba la sola idea. Pero que mas podía hacer, era eso o muerte para ella. No quería curarla, solo para que volviera con Orochimaru y ser un posible enemigo.

Me acerqué a ella con un suspiro, sin saber que hacer con ella.

—Tayuya…—. Murmuré en voz baja, aunque no estaba seguro de si me escuchaba. Su mirada vacía no parecía notar mi presencia. Mi voz se volvió más firme mientras hablaba para mí mismo.

—Supongo que tendré que procrastinar sobre este tema—.

Aun con esos pensamientos, no pude evitar preguntarme si realmente estaba tomando las decisiones correctas. Pero al final, me convencí de que no importaba lo que yo hiciera, lo que importaba era por el momento sobrevivir.

Me quedé allí unos minutos más, observando a Tayuya en silencio. La oscuridad del campamento rodeaba la tienda, y todo estaba en calma. La brisa del desierto acariciaba el aire de manera sutil, pero nada de eso parecía importar en ese momento. Tayuya seguía allí, en su propio mundo, atrapada en una prisión mental tan sólida como la física en la que se encontraba.

Por un momento, consideré quedarme allí, sentarme junto a ella y tal vez ofrecerle algo de consuelo. Pero no, tenía que seguir adelante. Había cosas más importantes que atender, decisiones que tomar que no podían esperar.

Me giré y dejé la tienda atrás, dando una última mirada a Tayuya. Podía regresar más tarde, pero por ahora, mis prioridades eran otras. Tiempo de acción.

A lo largo de los días siguientes, me concentré en algo que llevaba tiempo planeando, un nuevo uso para mi Mokuton, algo que me otorgaría una ventaja estratégica si las cosas tomaban un giro peligroso. Se trataba de crear algo que cimentaría todo lo que planeaba, durante estos días, me sumergí en el proceso, utilizando mucho de mi qi para nutrir cada fase del proyecto.

Tras varios intentos, finalmente conseguí lo que quería, dos láminas de papel del tamaño de una hoja A4, hechas de Mokuton. El proceso fue complicado y arduo, pero el resultado fue lo suficientemente interesante como para asegurarme de que mi energía y la del papel quedaran perfectamente fusionadas. El papel, al haber sido formado con qi y Mokuton, era increíblemente sensible al flujo de energía, tanto chakra como qi. Este hecho lo hacía especial y versátil.

Ahora venía la parte crucial, la creación de un contrato. Grabar la matriz en la parte posterior del papel no fue algo sencillo, pero la concentración y el algo de experiencia con las matrices facilito cada símbolo, cada trazo, permitiendo que quedara grabado con una precisión que solo alguien con años de practica podría lograr. Este contrato no solo eran meras palabras, sino que estaba diseñado para que al firmarlo con sangre, se formara un sello de alma.

El contrato en sí mismo era sencillo, pero ineludible. Aquellos que lo firmaran quedarían atados a sus términos con una fuerza inquebrantable. La cláusula principal era clara, el incumplimiento de las condiciones provocaría un desbalance en su energía interna, ya fuera chakra o Qi, y este desequilibrio sería tan severo que terminaría con la vida de quien osara romper el acuerdo. La condición era extrema, pero efectiva.

/Los cultivadores estaban obsesionados con el manejo de las almas, estos contratos son bastantes comunes en muchos mundos de cultivo/. Mis pensamientos vagaban mientas trabajaba

Lo que me tranquilizaba era que, al ser un contrato tan básico, no había riesgo de que me afectara a mí de forma directa cuando me volviera mas fuerte. Mientras más fuerte fuera el contrato, más poderosos los efectos, pero este contrato ya no podría afectarme cuando me volviera mas fuerte en el cultivo. Era, de alguna manera, una red de seguridad personal.

Pero este contrato no era solo una garantía de control sobre aquellos que lo firmaran. Era un seguro de vida, una herramienta que podría usar y abusar si las cosas en Suna se volvían tensas. Si los altos mandos de la aldea aceptaban mis términos, esto les ataría de una manera que podría ser muy difícil de romper, asegurándome que, no podrían actuar sin consecuencias.

Guardé las láminas de papel con cautela, preparándome para el próximo paso. Debería presentarlas en el momento adecuado, con la estrategia correcta. Los movimientos de poder eran siempre delicados, y aunque mi posición era fuerte, cualquier error podría ser fatal.

Mientras pensaba en ello, una sensación extraña me recorrió el cuerpo. Sabía que en cualquier momento, alguien podría intentar manipular la situación a su favor, pero ahora era mi turno de tomar el control. El futuro de Suna y su relación con Konoha.

Necesitaba hacer todo en mi poder para entorpecer a Konoha y evitar que puedan concentrarse en cazarme en el futuro cercano.

————————————————————————————————————————

El cuarto día en Suna, un ANBU se acercó a nuestro puesto comercial en el mercado abierto. Su mensaje fue simple y directo: los altos mandos de la aldea estaban listos para evaluar si realmente podía crear la barrera.

Me escoltaron hasta el edificio del Kazekage, descendiendo a un profundo sótano donde ya estaban preparados los materiales. En la sala, esperaban los mismos líderes de antes: Gaara, Kankurō, Baki y los ancianos Chiyo y Ebizō. Saludé a los presentes con un leve asentimiento antes de acercarme a inspeccionar los pilares de hierro. Todos estaban en perfectas condiciones, justo como los había solicitado.

Entonces, saqué los contratos.

Objeto del Acuerdo

Yo, Uzumaki Naruto, me comprometo a diseñar, fabricar y transferir el control de una barrera defensiva a la Aldea Oculta de la Arena. Dicha barrera tendrá la capacidad de:

Resistir el impacto directo de una Bijūdama.

Detectar y alertar sobre la presencia de cualquier intruso en el territorio de Suna.

Condiciones y Restricciones

A cambio de la instalación y activación de la barrera, la aldea de Suna deberá cumplir con las siguientes condiciones:

No formación de alianzas militares con Konoha: Suna no podrá firmar tratados militares o de cooperación bélica con la Aldea Oculta de la Hoja durante la vigencia del contrato.

No extradición de criminales: Suna no entregará individuos pertenecientes a la facción de Uzumaki Naruto a Konoha sin su consentimiento expreso.

Acuerdo de no agresión: Suna y Uzumaki Naruto, junto con su facción, se comprometen a mantener un estado de neutralidad y no iniciar hostilidades entre sí.

Duración y Transferencia de Obligaciones

Este acuerdo tendrá una duración de 25 años a partir de su firma.

Las restricciones y términos del contrato se transferirán automáticamente a cada nuevo Kazekage o figura de mayor autoridad en Suna.

En caso de ausencia de un Kazekage, el responsable del control de la barrera será aquel a quien se le haya asignado previamente.

Cláusulas de Conflicto

En caso de conflicto armado, Suna no podrá declarar la guerra ni participar en hostilidades contra Uzumaki Naruto y su facción, a menos que este ataque deliberadamente y sin provocación previa a Suna. Esta cláusula también se aplica a Uzumaki Naruto y su facción, garantizando así la neutralidad mutua.

Si cualquier parte incumple los términos del contrato, el chakra de la parte infractor será sellado de inmediato. Solo la parte afectada tendrá la capacidad de levantar dicho sello.

Si Suna declara la guerra o participa en un conflicto en contra de Uzumaki Naruto y su facción sin una provocacion real, la barrera será destruida de inmediato sin posibilidad de reparación.

—————————————————————————————————————————–

Me aparté ligeramente, permitiéndoles leer el contrato en silencio. Los ancianos intercambiaban miradas serias mientras Baki fruncía el ceño, claramente sopesando las implicaciones del acuerdo.

—Esto… es una garantía, simple pero concisa—. Comentó Chiyo, su mirada fija en el pergamino.

Gaara tomó el contrato, leyéndolo con detenimiento antes de mirarme directamente.

—Si realmente puedes crear esta barrera con las capacidades que describes, entonces este trato nos da más de lo que podríamos haber esperado—.

—¿Y qué pasará si alguien intenta forzar la barrera? —. Preguntó Kankurō, cruzándose de brazos.

—No es indestructible —. Admití con sinceridad.

—Pero es lo suficientemente resistente como para que cualquier intento de penetrarla o destruirla sea detectado de inmediato. Además, su núcleo solo podrá ser manipulado por aquellos a quienes yo transfiera el control—.

Baki suspiró, mirando a los ancianos en busca de alguna objeción.

—No tenemos mucho que perder —. Dijo finalmente Ebizō.

—Si Suna sigue sin apoyo, Konoha nos aplastará con presiones políticas y económicas. Esto nos da una posición de fuerza en caso de el estallido de conflictos—.

Gaara asintió lentamente antes de dirigirse a mí con decisión.

—Aceptamos los términos—.

—Entonces, tenemos un trato, solo que tienes que firmar con sangre, dramatismo y tradiciones de Uzumaki—. Sonreí levemente y extendí la mano.

Gaara tomó un kunai, se hizo un pequeño corte en la palma y firmó con su sangre. Uno a uno, los demás siguieron su ejemplo, estampando su compromiso en el contrato con su propia sangre.

El pacto estaba sellado. Cada lado se llevó una copia, pero lo que no sabían era que este contrato no era común. Como shinobis, tarde o temprano intentarían romperlo si les convenía, pero el mío era especial. Aunque destruyeran el papel, mientras yo conservara mi copia intacta, las sanciones se aplicarían sin excepción.

Con el acuerdo cerrado, me dispuse a trabajar. Los pilares fueron colocados en formación circular, dejando el centro vacío, tomando mis herramientas de cobre grabe sobre ellos las matrices de conversión mas simples, que convertiría el chakra que se les aplicara a qi. Me giré hacia Gaara y le di una instrucción.

—Rellena el centro con arena de tu calabaza. Ha estado en constante contacto con tu chakra, lo que hará más fácil vincularte al control de la barrera—.

Gaara no dudó y extendió su mano. Su arena fluyó como una corriente dorada, asentándose en el centro del círculo con suavidad.

Me agaché y comencé a dibujar un patrón en la arena, trazando un complejo círculo repleto de runas y símbolos desconocidos para los presentes. Incluso los ancianos de Suna, con toda su experiencia, no lograron reconocer su naturaleza. No era una fórmula de sellado tradicional, pero esperaron en silencio, observando cada movimiento con atención.

Me acaricié la barbilla, evaluando mi obra. Durante mi entrenamiento, había memorizado estos patrones de mi libro de cultivo, y ahora quedaba claro que tenía una facilidad natural para replicarlos.

Satisfecho con el resultado, tomé un puñado de la arena del centro y la infundí con una gran cantidad de qi, acumulado durante mi viaje por el País del Viento. Luego, la dejé caer lentamente de mi palma.

El cambio fue inmediato.

La arena en el círculo reaccionó, como si cobrara vida. Primero, vibro levemente. Luego, comenzó a levantarse y moldearse por sí sola. Calles, edificios, murallas… Una réplica en miniatura de Suna emergió con una precisión milimétrica, como si un artesano invisible estuviera esculpiéndola ante sus ojos.

Los presentes contuvieron el aliento. La réplica siguió creciendo hasta alcanzar su forma final, una perfecta maqueta de la aldea, detallada hasta el más mínimo rincón.

—Gaara, coloca tu chakra en uno de los pilares. Cualquiera servirá. Usa tanto chakra de Shukaku como puedas —. Ordené.

Gaara obedeció, apoyando su mano en uno de los pilares. Un vórtice de chakra fluyó desde su cuerpo, alimentando la estructura. Una cúpula traslúcida de energía comenzó a formarse sobre la réplica de arena y, al mismo tiempo, los sensores de Suna sintieron la formación de la barrera real alrededor de la aldea.

Pero no fue suficiente. Gaara se esforzó más, drenando casi todo su chakra. Finalmente, recurrió a Shukaku, forzando el chakra del bijū a salir y fusionarse con los pilares. Con una última oleada de energía, la barrera quedó completamente establecida.

—Listo —. Anuncié.

—Mientras Gaara recargue la barrera una vez al mes o después de un ataque de gran magnitud, se mantendrá activa. También pueden hacerlo entre diez o quince jōnin si es necesario—.

Los ancianos no parecían del todo conformes con ese detalle, pero entendieron que una estructura de esa magnitud requería un costo energético considerable.

—Si la barrera sufre daños por su incompetencia, pueden contratarme para repararla —. Agregué con una sonrisa.

—Necesitarán vigilantes. Si un intruso ingresa, un destello marcará el punto de entrada, así que asegúrense de monitorear este lugar—.

Dicho esto, me di media vuelta y me marché, dejando atrás a los líderes de Suna, que se quedaron intentando desentrañar los misteriosos símbolos sin atreverse a alterar la estructura. Mientras subía las escaleras del sótano, escuché la voz de Gaara, cansado.

—Inicien pruebas y aseguren este sitio. Solo el personal autorizado podrá entrar—. Sonreí levemente.

La matriz estaba completa. Nadie podría ingresar sin ser detectado, y cualquier intento de alterar los símbolos dañaría la estructura. Había atado a Suna a un contrato y les había dado un poder que solo yo podía reparar.

Era un buen día.

————————————————————————————————————————–

En Konoha

La tensión en la aldea era palpable. La desaparición del Jinchūriki de Konoha se había convertido en un problema crítico. Aunque la aldea rara vez había utilizado a sus Jinchūrikis como armas en las guerras, su mera presencia servía como un poderoso elemento disuasorio contra otras naciones.

Sin él, el equilibrio se había alterado.

Los primeros signos de esta fragilidad comenzaron a manifestarse. Equipos exploradores de Kumo habían sido avistados en las tierras del País del Agua Caliente, cerca de la frontera norte de Konoha. Al mismo tiempo, Iwa había intensificado su actividad en la Tierra de la Hierba, enviando operativos cerca de la frontera noroeste.

Los shinobis de la aldea estaban en alerta máxima.

Incluso el Daimyō del País del Fuego había expresado su inquietud ante la creciente inestabilidad. Una guerra entre aldeas shinobi nunca se limitaba solo a los combatientes; inevitablemente arrastraba consigo la devastación, saqueos y la destrucción de aldeas civiles.

Ante esta situación, el Daimyō no tardó en ejercer presión sobre Tsunade, la Quinta Hokage, exigiendo una reunión para discutir el creciente peligro. Si las amenazas continuaban, estaba dispuesto a tomar medidas drásticas, iniciaría un reclutamiento masivo en sus tierras para formar milicias que protegieran los asentamientos del País del Fuego de posibles incursiones shinobi.

El tiempo apremiaba, si Konoha no tomaba una decisión pronto, el País del Fuego podría verse arrastrado a un conflicto de escala impredecible.

En el despacho de la Hokage, Tsunade se preparaba para la inminente reunión con el Daimyō. Aún mantenía en secreto la desaparición o mejor dicho, el escape de Naruto. No era algo que pudiera ocultar para siempre, pero cuanto más tiempo ganara, mejor.

A pesar de que la identidad de Naruto como hijo del Cuarto Hokage era un secreto, el Daimyō estaba al tanto de su condición como Jinchūriki. Después de todo, un arma de semejante calibre debía ser supervisada. Sin embargo, a diferencia de otras aldeas, Konoha había logrado mantener un historial relativamente estable con su Jinchūriki.

Mito Uzumaki nunca tuvo problemas. Kushina Uzumaki solo perdió el control en un par de ocasiones y fue contenida rápidamente. Naruto… jamás había tenido un arrebato documentado donde perdiera el control del Kyūbi, y sin embargo, ahora estaba fuera de su alcance.

Tsunade masajeó sus sienes. Llevaba días sin dormir bien. Konoha aún mantenía una fachada de fortaleza, pero la verdad era que la aldea estaba peligrosamente vulnerable.

La idea de los concejales de presionar para que Naruto fuera incluido en el libro de Bingo había sido una de las decisiones más estúpidas jamás tomadas. Si bien la idea era capturar a Naruto vivo y entregar una recompensa por ser devuelto a la aldea, el plan se volvió en su contra. No pasó mucho tiempo antes de que las otras aldeas conectaran los puntos.

Naruto Uzumaki, el único Genin sin clan que había derrotado a enemigos de nivel chunin y Jonin, con un historial de misiones asombroso para un genin. Naruto Uzumaki, con una capacidad de regeneración anormal y reservas de chakra enormes. Naruto Uzumaki, el huérfano “sin linaje”, pero con una resistencia sobrehumana.

Era demasiado obvio su identidad como contenedor de Biju. Ahora, con la aldea debilitada tras la invasión de Orochimaru y la muerte del Tercer Hokage, las naciones vecinas olían la sangre de Konoha como buitres.

Y justo en ese momento, una figura familiar entró por la ventana con la naturalidad de quien lo ha hecho mil veces.

—No tienes buen aspecto, Hime—. Jiraiya aterrizó suavemente, sin molestarse en disimular su preocupación.

—No tengo motivos para verme bien—. Tsunade exhaló pesadamente y se dejó caer en su silla.

—¿Sigues ocultando lo de Naruto?—. Pregunto Jiraiya preocupado

—Por ahora. El Daimyō ya está nervioso. Si se entera de que hemos “perdido” a nuestro Jinchūriki, podríamos tener una crisis política aun peor—.

Jiraiya cruzó los brazos, con el rostro más serio de lo habitual.

—Las cosas en las otras aldeas no pintan bien. Kumo ha estado tanteando el terreno en la frontera norte. Iwa ha enviado operativos cerca de la Tierra de la Hierba. No me sorprendería que pronto tengamos problemas en la frontera con Kiri—.

—Lo sé—. Tsunade apoyó los codos en el escritorio y entrelazó las manos. Sus nudillos estaban blancos de la presión.

—Y si el Daimyō decide iniciar una leva para reforzar las fuerzas militares del País del Fuego, tendremos a medio continente convencido de que nos estamos preparando para la guerra—.

—Dime que al menos tienes un plan—. Jiraiya suspiró y se dejó caer en el sofá del despacho.

Tsunade cerró los ojos un momento, tomando aire antes de responder.

—No—.

Mientras los antiguos alumnos del Tercer Hokage debatían la situación, un Chūnin entró apresuradamente en la oficina, inclinándose respetuosamente antes de hablar.

—Hokage-sama, hemos recibido un mensaje del Daimyō. Su comitiva llegará en unos días—.

Tsunade asintió con gesto serio y tomó el pergamino que el mensajero le extendió. Sus ojos recorrieron rápidamente el contenido del informe, pero su expresión se endureció al llegar a cierto punto.

—Maldita sea… —. Murmuró entre dientes, apretando el pergamino con más fuerza de la necesaria.

Jiraiya, que observaba desde su posición en el sofá, arqueó una ceja.

—¿Más malas noticias?—.

Tsunade dejó el pergamino sobre la mesa y se masajeó el puente de la nariz.

—El Daimyō no solo viene a discutir la situación militar, también traerá a sus propios especialistas para hacer una auditoría completa de la aldea. Quiere asegurarse de que los fondos que nos proporciona están siendo bien utilizados—.

Jiraiya soltó un silbido bajo.

—No lo culpo. Con la aldea tan debilitada, es normal que quiera comprobar que su “inversión” sigue siendo rentable—.

Tsunade no respondió de inmediato. Su mente ya estaba anticipando los problemas que esto traería.

Ella conocía los secretos que se escondían en los registros financieros de Konoha. Durante el mandato del Tercer Hokage, gran parte de los fondos de la aldea fueron desviados para financiar proyectos clandestinos, especialmente los de Danzō y su organización, Raíz. Dinero que debería haber sido utilizado para la infraestructura, formación de shinobis y fortalecimiento de la aldea, terminó financiando operaciones en las sombras, muchas de las cuales nunca dieron frutos reales.

Además, recordaba bien cómo los recursos de Konoha también se usaron para respaldar las investigaciones de Orochimaru… al menos al principio, antes de que su oscura obsesión con la inmortalidad saliera a la luz.

Pero lo peor de todo era el desfalco sistemático que ocurrió tras la masacre del clan Uchiha. Las tierras, propiedades y riquezas de los Uchiha fueron confiscadas y repartidas entre los clanes influyentes y los consejeros civiles, dejando al último Uchiha “leal” con absolutamente nada sin que el lo supiera.

Y si eso no bastara, estaba el tema del patrimonio de Minato Namikaze y Kushina Uzumaki. Minato, como Cuarto Hokage, había dejado una fortuna considerable en cuentas bancarias, inversiones y propiedades. Kushina, última sobreviviente de su linaje, también poseía riquezas heredadas de su clan.

Pero tras su muerte, todo fue confiscado por la aldea. Se suponía que esos bienes pertenecían a Naruto por derecho, pero en lugar de eso, fueron absorbidos por el sistema, usados para financiar operaciones o distribuidos entre los sectores administrativos.

—Si el Daimyō empieza a hurgar demasiado… —. Jiraiya dejó la frase en el aire, pero Tsunade entendió el mensaje.

Si salían a la luz todas estas irregularidades, no solo habría consecuencias políticas graves, sino que los altos mandos de Konoha quedarían en la cuerda floja. Tsunade se reclinó en su silla y soltó un suspiro pesado.

—Tenemos que preparar un informe… y encontrar la manera de asegurarnos de que el Daimyō vea exactamente lo que queremos que vea—.

Jiraiya cruzó los brazos y cerró los ojos por un momento, antes de soltar una carcajada sin humor.

—Y pensar que los problemas de Konoha no vienen solo de amenazas externas… sino de su propia gente—.

Tsunade apoyó los codos en la mesa y entrelazó los dedos bajo su barbilla, una sonrisa amarga dibujándose en su rostro.

—Así ha sido siempre. Pero aún hay una última carta que puedo jugar—.

Jiraiya levantó una ceja con curiosidad.

—¿Suna?—.

Tsunade asintió.

—Después del desastre de la invasión fallida, Suna quedó en una posición aún peor de la que ya tenía. Se dejaron llevar por la desesperación al aliarse con Orochimaru, y en lugar de fortalecerse, terminaron más débiles que nunca. Sabían que estaban a merced de nuestra buena voluntad, así que me aseguré de reforzar nuestra “alianza” en nuestros términos—.

Jiraiya se cruzó de brazos, interesado pero aún escéptico.

—Déjame adivinar… ¿reparaciones económicas?—.

—Altas reparaciones económicas —. Corrigió Tsunade.

—Y además, Suna nos entregara a su “princesa”, Sabaku no Temari, como rehén político—.

Jiraiya soltó un bufido.

—¿Y qué piensas hacer con ella?—.

Tsunade se inclinó hacia atrás en su silla, su mirada calculadora.

—El plan era simple. Poco a poco, emparejarla con alguno de los hijos de los líderes de los clanes influyentes de Konoha. Si lograba vincularla con un clan poderoso, reforzaría la relación entre ambas aldeas y, al mismo tiempo, mantendría a Suna en una posición subordinada a nosotros—.

Jiraiya asintió con lentitud, comprendiendo el razonamiento detrás del movimiento.

—Básicamente, querías convertir a Suna en un estado vasallo, exigiendo tributos con la excusa de protegerlos de otras aldeas hasta que se recuperaran… aunque en realidad, Konoha absorbería recursos sin prisa y sin pausa—.

—Exactamente. No solo aseguraríamos un flujo constante de fondos y recursos, sino que, a largo plazo, si Temari tenía descendencia con un miembro influyente de Konoha, podríamos atar aún más a Suna a nuestra aldea. Después de todo, su linaje lleva la sangre del Kazekage—.

Jiraiya chasqueó la lengua.

—Suena como un buen plan en papel… pero Suna aún tiene shinobis capaces. Si llegan a darse cuenta de que los estás usando, podrían rebelarse—.

Tsunade sonrió con astucia.

—Ahí es donde entra el tratado de alianza—.

Jiraiya entrecerró los ojos.

—¿Qué hiciste?—.

—El acuerdo que firmarían no seria una simple alianza —. Explicó Tsunade, sacando un pergamino enrollado de su escritorio y deslizándolo hacia Jiraiya.

—En caso de guerra, Suna está obligada a enviar tropas de apoyo a Konoha de inmediato, sin importar las circunstancias. Pero lo realmente importante es la cláusula de asistencia—.

Jiraiya desenrolló el pergamino y lo revisó en silencio.

—”En caso de que Suna requiera el apoyo militar de Konoha en tiempos de conflicto, la cantidad de shinobis enviados será determinada según la disponibilidad de recursos y la seguridad interna de la aldea. —. Jiraiya leyó en voz alta y luego miró a Tsunade con incredulidad.

—¿En serio?—. La incredulidad era palpable en Jiraiya

—En otras palabras —. Continuó Tsunade con una sonrisa satisfecha.

—Si Suna entra en guerra, Konoha puede enviar lo mínimo indispensable de apoyo, alegando que nuestras fuerzas están ocupadas en la defensa de nuestro propio territorio. Pero si Konoha entra en guerra, Suna está obligada a movilizar todas las tropas que sean necesarias—.

Jiraiya soltó una carcajada seca.

—Demonios, Tsunade… planeas hacerles firmar su propia sentencia de muerte—.

—Solo estoy asegurándome de que Konoha no vuelva a quedar en una posición vulnerable —. Replicó ella con indiferencia.

—Con este tratado, si una gran guerra se desata, Suna se convertirá en nuestra carne de cañón—.

Jiraiya se frotó el puente de la nariz con exasperación.

—Si descubren esto, no se quedarán de brazos cruzados—.

—Gaara es joven, y su prioridad es consolidar su liderazgo en Suna. No podrá hacer nada al respecto sin arriesgar la estabilidad de su aldea —. Tsunade se encogió de hombros.

—Para cuando entienda realmente el alcance de este tratado… será demasiado tarde—.

Por un momento, el silencio reinó en la oficina. Hasta que Tsunade soltó un suspiro, sus dedos tamborileando sobre la mesa.

—Si logro convencer al Daimyō de que Suna está completamente bajo nuestro control, eso podría calmarlo… al menos temporalmente—.

Pero el destino ya había cambiado. En otra línea temporal, sin la intervención de cierto individuo, el plan de Tsunade habría funcionado a la perfección.

Sabaku no Temari habría sido lentamente integrada a la élite de Konoha. Se habría casado con Shikamaru Nara, sellando el vínculo entre ambas aldeas y asegurando la lealtad de Suna por generaciones. El tratado de alianza habría servido como una cadena invisible, obligando a Suna a luchar y morir por Konoha mientras la aldea oculta entre las hojas apenas sufría bajas.

Pero esta no es aquella historia. En esta realidad, Naruto Uzumaki ha trastocado el tablero. Suna ya no es un peón silencioso esperando órdenes, el tratado, que en el pasado habría sido una trampa perfecta, ahora es una bomba de tiempo. Y cuando Tsunade finalmente lo entienda… será demasiado tarde.

————————————————————————————————————————–

Omake: El Emperador de la Humanidad

Desde el ataque devastador de Kumo y Kiri a la nación Uzumaki, el mundo había caído en silencio. La isla de Uzu, antaño una nación poderosa, había cerrado sus puertas al mundo exterior. Por dos décadas, no se escuchó ni una sola palabra, ni un solo susurro. Los intentos de Konoha por contactar a los Uzumaki solo recibían respuestas frías y desoladoras: “Traidores”.

En el corazón de esta oscuridad, Kushina Uzumaki, la última contenedora del Kyūbi, había desaparecido sin dejar rastro. Con su desaparición, la última esperanza de Konoha se desvaneció, y el poder de la aldea cayó en picado, incapaz de mantener a raya las amenazas del mundo shinobi.

Pero todo esto cambió. Dos décadas después, los mares se agitaron, y la oscuridad del océano comenzó a formar siluetas gigantescas en el horizonte. Barcos bestias de guerra, de tamaños colosales, surcaron las aguas. A bordo, viajaban criaturas de leyenda: gigantescos guerreros genéticos, cubiertos por armaduras impenetrables de 2 a 3 metros de altura, que sembraron el terror por todo el continente.

Los murmullos de la población comenzaban a esparcirse: “Los Guerreros Trueno”. Seres más monstruosos que humanos, cuya mera presencia hacía temblar a los shinobis. No hubo defensa, no hubo resistencia, ya que la superioridad tecnológica y física de los Uzumaki era abrumadora. Uzu había regresado.

El Emperador de Uzu, el líder de este resurgir, fue descrito como una figura imponente. Un hombre de imparable poder, vestido con una armadura dorada que brillaba como el sol, cuya presencia era conocida por todos. Custodiado por los Custodes, los guerreros dorados, se decía que un solo Custode había sido capaz de destruir a Kumo cuando la aldea intentó resistir. La historia de esa batalla, donde el Custode destruyó toda la infraestructura de Kumo con un solo golpe, se convirtió en leyenda.

Los Uzumaki no solo arrasaron con sus enemigos, sino que conquistaron todo a su paso. Kiri cayó primero, y luego los demás países elementales se vieron forzados a ceder. Su poder no era solo físico, sino también mental, un control absoluto sobre su gente, utilizando poderosas matrices de chakra que tejían una red de control sobre cualquier resistencia. El Emperador de Uzu, un ser cuya voluntad estaba por encima de todo, había decidido que era hora de reclamar lo que por derecho le pertenecía: el dominio absoluto de la humanidad.

A su lado, los Custodes marchaban sin cesar, guerreros perfectos, el símbolo de la voluntad del emperador, cada uno más fuerte y resistente que cualquier shinobi en existencia. Nadie podría detenerlos. Nadie podría desafiar al Emperador de Uzu.

En una ocasión, se susurró entre los últimos sobrevivientes de Kumo: “Él es un monumento a la humanidad, un hombre como ningún otro”. Con su regreso, los Uzumaki estaban decididos a reescribir la historia del mundo shinobi, y el resto del continente se vería obligado a arrodillarse ante su poder. El regreso de Uzu no solo marcaría el fin de las viejas aldeas, sino el principio de un nuevo orden.

————————————————————————————————————————–

Notas: ¡Gracias por leer! Comenta si te gustó.

Naruto apunta a los desesperados.

El Clan Fūma, ansioso por recuperar su antigua gloria, ve en él una oportunidad única. Orochimaru, consumido por el tormento de su alma destrozada, busca desesperadamente un remedio para su agonía. Karin anhela una conexión genuina, algo que le ha sido negado toda su vida. Fū, cansada de estar confinada, sueña con explorar el mundo más allá de su prisión.

Suna, tambaleándose al borde del colapso económico y militar, necesita aliados desesperadamente.

Para nuestro héroe necesita fuerza y alainza ¿Y qué mejor forma de asegurar su supervivencia que aprovecharse de los que no tienen otra opción?

Sí, nuestro “héroe” no es tan heroico, pero mientras consolida su poder, aquellos que lo siguen verán sus vidas transformadas para mejor.

Estoy cambiando un poco cómo escribo las conversaciones. Comenta si te gusta este estilo o el anterior.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo