Cultivador mediocre en naruto - Capítulo 15
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Capítulo 15: Encuentro
Descargo de responsabilidad (Disclaimer)Los personajes y el universo de Naruto son propiedad exclusiva de Masashi Kishimoto. Esta historia es un trabajo de ficción sin fines de lucro, creada únicamente con fines de entretenimiento. Cualquier similitud con la historia original es intencional y se utiliza para construir una narrativa alternativa o expandir el mundo existente. No tengo ninguna afiliación con el autor o con las empresas que poseen los derechos de la franquicia.
— Personaje hablando —
/ Personaje pensando /
“Biju hablando mentalmente”
Nuestra caravana avanzaba con buen ritmo. Durante la semana que nos tomó salir del País del Viento, pasé la mayor parte del tiempo en mi vagón, cubierto por un toldo para evitar el sol implacable de Suna.
Cuando no estaba sirviendo como muñeco de felpa para que Temari me apachurrara, me enfocaba en entrenar el Rasengan. Un excelente ejercicio de control de chakra… lástima que el Naruto original se había vuelto dependiente del clon para formarlo. Un triste ejemplo de potencial desperdiciado.
Yo, por mi parte, me negaba a caer en la misma trampa. Practiqué hasta el agotamiento, y actualmente podía formar un Rasengan semiestable con una sola mano. Todavía necesitaba toda mi concentración, pero era un progreso significativo respecto a mi versión anterior, que apenas podía formarlo sin ayuda de un clón.
Mientras yo sudaba la gota gorda en lo técnico, mis clones de madera seguían entrenando los fundamentos elementales. Gracias a la repetición constante y mi enfoque estructurado, los avances fueron más que decentes:
Con el agua, ya podía crear formas simples como esferas o cubos en la palma de mi mano. Estables, fluidas y sin salpicar todo como antes.
Con la tierra, logré comprimir rocas al 75% de su tamaño original. Densas, sólidas, demostrando el avance en el uso del chakra doton.
Con el rayo, logré canalizar un chidori bastante decente, sin llegar aún a formar la hoja de rayo, pero al menos el consumo de chakra ya no era el derroche absurdo de antes.
El fuego… honestamente, lo tenía en segundo plano. Quemar cosas está bien, pero no me servía tanto como herramienta táctica o constructiva.
Si cualquier ninja promedio viera la velocidad de estos avances, seguro se pondría verde de envidia. Pero para mí, apenas era el inicio. Estaba lejos de sentirme satisfecho. Necesitaba ese nivel de refinamiento, porque tarde o temprano, lo iba a necesitar.
Kaguya y Zetsu Negro no eran enemigos que se vencieran con carisma o suerte como el yo original. Necesitaba ser un monstruo, un cultivador imparable… aunque me viera como un niño adorable que Temari no dejaba de apachurrar como si fuera su peluche personal.
Me encontraba sentado en el regazo de Temari mientras ella me alimentaba con golosinas como si fuera su maldito cachorro consentido y no un guerrero letal con un cuerpo temporalmente adorable. Mi hombría estaba sufriendo mucho. Pero lo soportaba. ¿Por qué? Porque Temari estaría con nosotros un buen tiempo, y era preferible tenerla de aliada que lidiar con una tsundere asesina con un abanico gigante. Prioridades.
—Toma otro dango, chiquitín —. Dijo, apretándome las mejillas mientras me daba uno con forma de panda.
—Estoy entrenando chakra, no me engordes, mujer… —. Murmuré con voz apagada, atrapando el dango con la boca como perro entrenado.
Dignidad: cero.
Fue en ese momento que uno de los vigías gritó que habíamos cruzado oficialmente la frontera hacia la Tierra de los Ríos, perfecto. Hora de poner en marcha el plan.
Con toda la solemnidad posible desde mi posición de peluche humano, me giré hacia Karin, que estaba leyendo un libro de medicina sentada a unos metros del vagón.
—Karin—. Mi voz era seria, o lo mas seria que podía con este cuerpo, aveces me arrepentía de dejar de usar el henge.
Ella levantó la vista, alzando una ceja.
—¿Qué pasa, pequeño dictador en miniatura?—.
Ignoré la burla. Profesionalismo ante todo.
—Necesito que actives tu habilidad sensor—.
Karin cerró el libro de golpe, sorprendida.
—¿Estás loco? ¡Me dijiste que no lo usara hasta recuperar mi nivel óptimo! ¿Te das cuenta del estrés físico que implica?—.
—Lo sé —. Asentí, con a regañadientes, mientras Temari me ofrecía un mochi.
—Pero acabamos de entrar a territorio enemigo. Necesito saber si hay presencias hostiles cerca. Si hay algo raro, alguien nos acecha o si estamos siendo rastreados—.
Karin bufó, cruzándose de brazos.
—¿Y por qué debería hacerlo ahora, justo cuando empiezo a sentirme mucho mejor? —. Bufó Karin, entrecerrando los ojos con un brillo juguetón.
/ Maldita sea estoy rodeado de mujeres tercas o tsunderes/. Esta chica le encantaba sacarme de quicio.
—Porque si no lo haces, voy a gritar “¡Karin me mira raro mientras babea!” frente a toda la caravana —. La miré con ojos brillosos y una sonrisa angelical que destilaba una amenaza pasivo-agresiva.
Su expresión se congeló. Ella apreto la mandíbula.
—Tú… pequeño bastardo manipulador…—.
—Es un halago viniendo de ti —. Respondí con burla. La verdad, era como tener una hermana menor que me mira raro… pero con tendencias aun mas psicóticas.
Temari parpadeó, claramente divertida con la escena.
—Aun me sorprende que tengan esta clase de dinámicas todos los días—.
—No es mi culpa, es ese Gremlin Dorado que quiere salirse con la suya —. Gruñó Karin mientras se levantaba, se sacudía el polvo y se sentaba en posición de loto.
—Pero está bien… te lo debo por esas medicinas para el cabello. Si me deja brillante como dijiste, te perdono —. Dijo mientras se acomodaba el flequillo con una mezcla de rencor y vanidad.
Sasame, que estaba tomando notas como mi eficiente secretaria shinobi, levantó la mirada con curiosidad.
—¿Qué estamos buscando exactamente?—.
— Cualquier cosa, hostil, sospechosa o fuera de lugar—. Me crucé de brazos mientras me acomodaba en el regazo de Temari con resignación.
—Mi objetivo está en la mina Katabami, pero no sería raro que tuviera exploradores vigilando los movimientos del Daimyo o cualquier cosa que pueda ponerlo en evidencia. No se mantiene oculto tanto tiempo sin ojos en el terreno—.
—Oh genial… ¿otro loco? —. Preguntó Fu, que se había unido casualmente comiendo chips.
—¿También grita “¡los sacrificaré a mi dios!” o algo así?—.
Desde su lugar en la carreta, la cabeza cercenada de Hidan gritó indignado mientras leía un libro, claramente ofendido por la insinuación. Lo ignoramos con la eficiencia de quien ha aprendido a convivir con un trozo de carne inmortal parlante.
—No —. Resoplé.
—Él sólo llora cuando entierra a alguien vivo. Es raro, le encantan los funerales. Literalmente solloza de tristeza mientras lo hace. No sé si es masoquista o sólo le encanta la teatralidad, lo mas seguro es que sea solo locura—.
—…Ok, eso es peor —. Dijo Fu con un escalofrío.
—Pero si podemos evitar que nos vean—. Respondi divertido ante la reaccion de Fu
Karin se concentró. Su rostro se volvió serio, los ojos cerrados, el chakra extendiéndose.
—Hay algo… A unos tres kilómetros. Dos fuentes de chakra, diría que una es mas grande que los jōnin de Suna. La otra es pequeña… pero parpadea, es muy difusa. Algún tipo de ocultación, pero no está activa del todo. Aun así puedo sentirla por que es muy inestable. Diría que el usuario esta débil, incluso enferma —.
—¿Qué hacemos? —. Preguntó Sasame con curiosidad.
—Nos preparamos. Karin, cuando estemos a un kilómetro de ellos, detenemos la caravana. Temari, tú y Fu protegen la caravana. Asegúrense de que todos los civiles estén a salvo—.
—Entendido —. Respondió Temari con un tono extrañamente maternal.
Yo la fulmine con la mirada pero ella ignoro completamente mi ira e indignación.
—Sasame —. Dije girándome hacia ella.
—Informa al Clan Fūma. Los quiero listos, que los combatientes protejan a los civiles. Nada de héroes temerarios. Todos se quedan juntos. Si alguien se dispersa, lo amarro a un tronco y lo obligare a comer lo que cocina Karin—.
Karin solo me saco la lengua y continuo su trabajo. Con eso disipé mis clones de madera. Tenía que estar preparado. Porque hoy…
Hoy iba a tomar mi primera vida.
Todos se pusieron en marcha con rapidez. Temari, sin embargo, no pudo evitar soltar una risita justo antes de alejarse.
—Aww… el bebé jefe está dando órdenes. Qué lindo—. La ignoré. Pero por dentro, lloré un poco.
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A un kilómetro de la mina, la caravana se detuvo, y todos comenzaron a armar el campamento rápidamente. Se situaron en una zona estratégica, preparada para defenderse en caso de que los subordinados de Raiga intentaran atacar si descubrieran nuestra presencia.
Temari, como siempre, asumió el control de la situación, organizando a todos con eficiencia. Mientras tanto, Fu parecía estar disfrutando de todo esto, su entusiasmo evidente, ya que para ella era una nueva experiencia, y como todo lo nuevo, le resultaba divertido.
Me acerqué a Temari y le entregué uno de los comunicadores auriculares que había comprado en Suna.
—Mantente alerta. Cualquier cosa fuera de lo común, necesito saberlo de inmediato —. Le dije, serio.
Ella asintió sin perder su enfoque en las personas a su alrededor.
—No te preocupes, Naruto-kun, nos encargamos de todo aquí. Ve a hacer lo que tengas que hacer, y recuerda… ¡no te hagas el héroe! —. Me respondió con una sonrisa tranquilizadora.
Le entregué otro auricular a Karin, asegurándome de que pudiera estar en contacto conmigo en caso de emergencia.
—Si detectas cualquier movimiento raro, me avisas. Raiga debe estar cerca, y quiero saber si intenta algo raro —. Le ordené y ella se puso firme asintiendo, y yo maldije a este mundo y sus niños soldado.
Karin, ahora algo más seria, asintió y se quedó vigilante, usando su habilidad sensorial para detectar cualquier anomalía. Mientras tanto, me concentré en el siguiente paso, crear los clones de madera. Gracias a mi afinidad con la naturaleza, que ahora era mucho más fuerte, no me costó mucho esfuerzo hacer que diez clones de madera aparecieran.
No representaron un gasto considerable de chakra, y rápidamente los envié a dispersarse alrededor de la mina, manteniéndose a al menos un kilómetro de distancia. El rango sensorial de Ranmaru, si recordaba bien, era limitado, por lo que confiaba en que mis clones no serían detectados tan fácilmente.
Una vez que los clones se dispersaron y se aseguraron de cubrir la zona, comencé mi caminata hacia la mina. Traté de mantener un perfil bajo; no quería que nadie sospechara de un niño pequeño caminando solo por ahí. Al fin y al cabo, la apariencia de un niño podría ser una excelente distracción.
Conforme me acercaba a la mina, Karin me contactó a través del auricular, su voz tensa.
—Naruto… las fuerzas de Raiga se están reuniendo dentro de la mina. Está claro que te estaban esperando. Parece que tienen un sensor, te detectaron—.
Mi expresión se endureció al escuchar su reporte. No esperaba que fuera tan pronto, pero lo había previsto. Era cuestión de tiempo antes de que me detectaran.
—Perfecto… —. Musité en voz baja, con una sonrisa algo irónica.
—Creo que llegó el momento—.
La presión en mi pecho aumentó un poco, pero no podía dejarme llevar por la incertidumbre. Ya estaba demasiado cerca. Lo único que me quedaba era actuar, aceleré el paso. Sabía que no podía retrasarme más. Lo que fuera que me esperara dentro de esa mina, tenía que ser resuelto ahora.
Al llegar frente a la entrada de la mina, observé detenidamente. Según Karin, los trabajadores, o mejor dicho, los esclavos, estaban reunidos allí, bajo el control de Raiga. A lo lejos, pude distinguir la figura central, a pesar de su poncho grueso. La tensión era palpable en el aire, y el bulto en su espalda temblaba ligeramente. Miré a mi alrededor, observando a todos los presentes, buscando cualquier detalle que pudiera darme ventaja.
Pero, fue Raiga quien rompió el silencio.
—¿Qué hace un monstruo como tú aquí? Algo con tanto chakra solo puede ser un jinchuriki —. Gruñó Raiga, apuntándome con una de las Kiba.
Mi mirada se fijó en él, manteniéndome en calma. Me di cuenta rápidamente de que probablemente había asustado a Ranmaru, quien estaba observando la situación con sus ojos especiales. Era capaz de hacer muchas cosas con esos ojos, y al parecer, no solo me había notado a mí, sino también mi nivel de chakra.
Eso le permitió deducir a Raiga que solo un jinchuriki podría poseer tanto chakra. Aquí, en esta versión de los hechos, las circunstancias eran diferentes. Naruto, en la versión original, no había sido detectado como contenedor, pero yo… yo había llamado la atención.
—Vengo a ofrecerle trabajo al pequeño en tu espalda —. Dije calmado.
— Le ofrezco sanarlo y darle una vida mejor—.
Raiga me interrumpió con una risa sardónica, como si mis palabras fueran una broma.
—No sé cómo sepas de Ranmaru, pero no te llevarás lo que es mío —. Replicó, preparándose para lo que parecía ser una pelea inevitable.
Sin embargo, mi paciencia había llegado a su límite. No necesitaba hablar más, no necesitaba demostrar nada. Era hora de mostrar quién estaba al mando. Liberé mi Qi y mi chakra, haciendo que la energía que emanaba de mí se sintiera como una presión abrumadora. Repliqué el truco que había usado con Gaara, pero con un poder aún mayor, ahogando a todos los presentes con la densidad de mi energía.
Para un cultivador, esto no era gran cosa, pero para los que no estaban acostumbrados a un nivel tan alto de poder, era aplastante. Mi chakra era enorme, y la presión que ejercía sobre los presentes provocó que los subordinados de Raiga temblaran, como si se les hubiera caído un peso enorme sobre los hombros.
—Silencio —. Dije en voz baja, pero mi tono era tan autoritario que todos callaron al instante.
Miré a Raiga con desden.
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POV Raiga
Raiga permaneció inmóvil, su mirada fija en el niño frente a él, pero su mente estaba atrapada en los recuerdos de un pasado que nunca había logrado superar. La presión del chakra que emanaba del niño lo oprimía, pero lo que realmente lo paralizaba era la sensación, la misma sensación que había experimentado hacía más de una década.
Era como si la misma esencia de ese momento lo estuviera acechando de nuevo. Un poder descomunal, abrumador y aterrador, que lo paralizaba con solo sentirlo. El aire se llenó de una tensión palpable, y por un segundo, Raiga ya no veía al niño frente a él. Lo que veía era algo mucho más oscuro, más monstruoso.
En su mente, revivió aquel día, la batalla o mas bien derrota aplastante en la que casi perdió la vida. El vapor rojo que había llenado el aire cuando ese monstruo abrió la Puerta de la Muerte. La sensación de estar frente a un demonio, un monstruo imparable, cuya sola presencia era suficiente para desmoronar la voluntad de un ser humano.
Ese monstruo, con su poder desmesurado, había arrasado con todo a su paso, y aquel día ocurrió algo inconcebible, alguien mató a tres de los Siete Espadachines y dejó secuelas permanentes en los demás, lisiándolos de por vida, una hazaña que ni siquiera un Kage podría lograr cuando los siete estaban presentes.
Raiga recordó con una claridad aterradora los músculos de aquel monstruo, su cuerpo lleno de furia descontrolada, sus golpes letales que perforaban el aire y el suelo, dejando a su paso una estela de destrucción. Los gritos de sus compañeros, la sangre que brotaba como una marea imparable, y el rostro de ese shinobi, casi demoníaco en su ira, persiguieron sus pensamientos como una pesadilla viva.
El miedo se apoderó de él nuevamente. No importaba que el niño frente a él no fuera un adulto ni que no tuviera el vapor rojo de la bestia. Lo que sentía en ese momento era lo mismo, la sensación de estar frente a algo incomprensible, algo que no podía ser detenido, algo que traía consigo una violencia imparable. Su mente lo arrastró de vuelta a ese momento en el que su vida estuvo al borde de la muerte, y la realidad se distorsionó.
Con un gesto desesperado, Raiga agarró el capullo donde estaba Ranmaru y lo lanzó a los pies del niño, sin pensarlo y sin miramientos. Era el único sacrificio que podía hacer para salvar su vida, el único escape de la tormenta que lo amenazaba.
Entonces, sin decir una palabra más, Raiga dio media vuelta y comenzó a correr. El terror lo empujaba a huir, a abandonar todo lo que había sido suyo, todo lo que había tenido que luchar por mantener, solo para escapar de la sombra del monstruo que había vuelto a surgir.
En su huida, no miró atrás. No le importaba lo que sucediera con Ranmaru ni con sus subordinados. El miedo había borrado todo lo demás, y lo único que le quedaba era la necesidad de salvarse a sí mismo de esa amenaza inhumana que lo acechaba, como un demonio del pasado que había regresado para reclamar su alma.
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POV Naruto
Miré desconcertado cómo Raiga corría, huyendo sin una pizca de dignidad. Honestamente, no me esperaba que fuera tan fácil, pero no sería desagradecido. Aunque había esperado una batalla, esto resultó ser mucho más sencillo de lo que había planeado. Raiga, un líder al que temían sus propios subordinados, acababa de perder toda su autoridad al dejarlo todo atrás por el puro terror. Me sentí un poco… decepcionado, por así decirlo.
Tomé el capullo de Ranmaru y comencé a hablar con Karin a través del auricular. Le di instrucciones claras, necesitábamos que la caravana se acercara a la mina. Nos quedaríamos allí un par de semanas para asegurar que todo estuviera bajo control.
Mientras tanto, no podía permitirme perder tiempo. Mis clones de madera ya se habían encargado de capturar a los subordinados de Raiga que se dispersaban. Usando el Mokuton, los inmovilicé con facilidad, no dando oportunidad a que se escaparan.
—Karin, ¿cuánto falta para que lleguen? —. Pregunté mientras observaba cómo mis clones hacían su trabajo.
Ya tenía dos clones que llevaban a un Raiga gritando y retorciéndose, atado en madera, como si fuera un simple animal capturado. El tipo no opuso resistencia, más allá de sus desesperados intentos de liberarse.
No me sorprendió en absoluto. El estado de pánico en el que estaba sumido hacía que su captura fuera un juego de niños. Si Raiga hubiera estado tranquilo o en control de la situación, quizás habría sido más complicado. Pero en su desesperación, era fácil manejarlo. El temor lo había dejado vulnerable, algo que no iba a desaprovechar.
Mis clones también se encargaron de desarmarlo, quitándole las Kiba para evitar cualquier intento de lucha. Era curioso, la imagen de un hombre que había sido tan temido, ahora despojado de su fuerza, completamente a merced de un niño.
—Bien, esto será un buen lugar para comenzar—. Pensé mientras observaba a los prisioneros, todos inmovilizados, con sus ojos llenos de miedo y la incertidumbre de lo que les depararía el futuro. De todas formas, ahora que Raiga estaba en mis manos, tenía más tiempo para planificar lo siguiente.
Saqué a Ranmaru con cuidado del capullo protector en el que Raiga lo había ocultado. En cuanto sus ojos se posaron en mí, me fulminó con la mirada. A pesar de su frágil cuerpo, intentó arrastrarse en dirección a Raiga, con movimientos torpes y desesperados. No tardé en notar lo evidente, sus piernas no respondían bien, y sus brazos, delgados y temblorosos, apenas le permitían impulsarse.
Sin decir una palabra, lo levanté con suavidad, el niño era muy ligero, demasiado; lo llevé unos metros más allá, lejos de los prisioneros y del espadachín ahora atado. Lo senté con cuidado, procurando que estuviera cómodo, o al menos seguro.
Pero antes de que pudiera iniciar la conversación…
—Muy bien, niño, hablemos de… —.
—¡Tienes mi misma edad, no me hables como si fueras un viejo! ¡Y suelta a Raiga! —. Me interrumpió de inmediato, frunciendo el ceño mientras volvía a intentar, sin éxito, arrastrarse en su dirección.
Solté un suspiro largo y exasperado, pasándome una mano por el rostro. Sabía que no era precisamente un experto en tratar con niños, y este pequeño parecía ser una especie de Haku 2.0, dependiente, leal hasta lo absurdo, y completamente ciego a la realidad de su situación. No sería fácil hacerlo entrar en razón. Y en el peor de los casos, tendría que llevármelo a la fuerza.
Aunque me odiara por ello, no podía permitir que alguien con un kekkei genkai tan útil quedara expuesto a las garras de las aldeas ocultas. Lo usarían, le robarían su vida.
—Pequeña mierda —. Le gruñí, sin molestia real, solo frustración.
—Soy mayor que tú, aunque por un accidente me vea así. Ahora escucha bien, Raiga es peligroso y sé que tú lo sabes. Te está usando, Ranmaru. Lo que sientes como afecto no es más que una obsesión retorcida. Él no está bien, no lo ha estado desde hace mucho tiempo—.
El niño me sacó la lengua en un gesto infantil, pero luego bajó la mirada, con el ceño fruncido, en silencio. A pesar de su edad, los niños como él, que poseían chakra especial o provenían de clanes únicos maduraban más rápido. Lo mostraban en la serie; eran niños, sí, pero maduraban a un ritmo aterrador. Ranmaru sabía que mis palabras no eran falsas, solo que no quería aceptarlas.
Ranmaru hablo Habló en voz baja, casi como si le doliera decirlo.
—Sé que no es bueno… —. Murmuró.
—Pero… lo ayudaré como pueda. Es la única persona que alguna vez se preocupó por mí—.
Tragué saliva. No era algo fácil de contradecir. En un mundo tan podrido como este, incluso una chispa de afecto se aferraba al alma como un ancla. Y si bien el afecto de Raiga estaba teñido de desequilibrio, para Ranmaru era lo único real que conocía.
Suspiré, esta vez con pesar.
—Mira, Ranmaru. No estoy aquí para arrebatarte todo. Pero Raiga… él está enfermo. Muy enfermo. Su cuerpo está destrozado. Su mente, aún peor. ¿No lo notaste? No le queda mucho. Y tú lo sabes. Con esos ojos tuyos, puedes ver lo que otros no pueden. Las heridas viejas. Las cicatrices que no han sanado. El tiempo lo está alcanzando y pronto alguien más lo matará. Conmigo, al menos, tendrá una oportunidad de morir en paz. O vivir, si coopera—.
Ranmaru apretó los dientes con fuerza. Se mordió el labio, bajando aún más la cabeza. Sabía que tenía razón. Con sus ojos, había visto las antiguas lesiones internas de Raiga, daños musculares mal curados, órganos debilitados, signos de un cuerpo que había estado forzado más allá de sus límites hace más de una década. Heridas que databan de aquella masacre que dejó cicatrices físicas y mentales imborrables. Incluso su mente, tan aguda, estaba rota en varios lugares.
Ranmaru sabía que Raiga no estaba bien. Sabía que sus actos eran crueles, excesivos, incluso para los estándares de un ninja renegado. Pero aún así… era su única luz. Cuando el mundo lo había visto como un fenómeno extraño, un monstruo por su kekkei genkai, Raiga fue quien lo aceptó.
Era una lealtad rota. Tóxica. Pero era lo único que el niño tenía. Y romper ese lazo… sería la parte más difícil de todo esto.
Yo, por mi parte, deduje el estado físico de Raiga por su desempeño en la serie. Un espadachín de la Niebla que sobrevivió a la guerra anterior no debería ser tan débil; debió de haber quedado muy mal para caer como lo hizo en la serie.
Miere al pequeño de ojos naranja.
—¿Qué tal una oferta? —. Dije mientras me sentaba frente a Ranmaru, aún observando su expresión cerrada.
—Raiga vivirá… pero bajo mis condiciones. Se le colocará un sello esclavo y cumplirá una sentencia de por vida en prisión—. Era mi mejor oferta para alguien tan retorcido como Raiga.
—No solo eso, también se le asignará la tarea de enseñar sus técnicas a un pequeño grupo mientras cumple su sentencia, así aportara algo a este mundo. Después de todo, fue uno de los Siete Espadachines de la Niebla. Tiene conocimientos valiosos—.
Ranmaru frunció el ceño, claramente desconfiado. Pero no me detuve.
—Extenderé su vida, si tú te unes a mi grupo de forma voluntaria. No me gusta Raiga. Francamente, preferiría ejecutarlo por las atrocidades que ha cometido. Pero no puedo negar su utilidad—.
El silencio se extendió un momento. El chico bajó la mirada, pensativo. Era joven, pero no ingenuo. Vivir con Raiga lo había obligado a madurar en un mundo cruel, y esta derrota sin resistencia había sido una lección dolorosa. Habían perdido con demasiada facilidad. Y él… él sabía que no tenía el poder de cambiar nada.
Finalmente levantó la mirada, sus ojos brillando con determinación contenida.
—¿Y yo qué? ¿Qué debo hacer? —. Preguntó con tono firme, claramente inseguro pero decidido a mantener su dignidad.
—Hasta que lleguemos al lugar donde planeo asentarnos, tu tarea será vigilar los alrededores y ayudarme a ocultar mi chakra con tu habilidad—. Me crucé de brazos, observándolo con seriedad.
—Debido a mi “inquilino involuntario”, tiendo a llamar mucho la atención de los sensores. Tu habilidad nos ayudará a movernos más discretamente—.
—¿Y después? —. Insistió.
—Después… estudiar. No tomarás ninguna decisión importante hasta que cumplas dieciséis. No me interesa crear una aldea shinobi, ni entrenar niños soldados. No me interesa arrastrar a los niños a la guerra como hacen otros—.
No podía evitar pensar en los que ya estaban conmigo. Karin, Fu, Sasame… ya habían sido criadas en esa cultura. Habían nacido y crecido rodeadas de violencia, traición y pérdida. Alejarlas completamente de ese pensamiento era casi imposible, pero al menos podía mantenerlas lejos del frente. Darles otro propósito.
Karin ya comenzaba a desarrollarse en el estudio de la medicina, algo en lo que la estaba empujando cada vez más. Sasame funcionaba como mi asistente, alguien que organizaba y ayudaba en la logística, ganándose su lugar sin mancharse las manos más de lo necesario. Y Fu… ella necesitaba ver el mundo. Viajar. Aprender a convivir y sanar antes de que alguien intentara usarla solo por su jinchūriki interior.
Los niños del clan Fūma eran en su mayoría demasiado jóvenes, así que no habían sido entrenados en las artes shinobi. A quienes sí habían recibido entrenamiento los utilicé igual que a los adultos, ayudándome a preparar los ingredientes que necesitaba.
Era molesto ver cómo los entrenaban, pero aún no podía exigir que dejaran de enseñarles a los niños cómo matar; tendría que esperar a que nos asentáramos para hacer ese tipo de cambios. Al menos quería mantenerlos alejados del frente y de cualquier acción relacionada con la sangrienta vida shinobi.
Aún eran demasiado jóvenes. Pero eso no significaba que fueran irrecuperables. Ranmaru me miró largo rato, y por un momento pareció querer gritarme, negar todo lo que le decía. Pero no lo hizo. Solo bajó la cabeza y susurró.
—…Está bien. Pero si lo lastiman de más, me iré —. Dijo Ranmaru con la mayor convicción que podía reunir un niño de su edad.
Asentí en silencio, esbozando una leve sonrisa. Esa respuesta era suficiente… por ahora. y era mejor tener de mi lado voluntariamente a este niño y sus poderoso ojos.
Con un par de sellos, activé la Técnica de la Prisión de Cuatro Pilares. El suelo tembló levemente cuando gruesos pilares de madera emergieron del suelo, entrelazándose hasta formar varias jaulas. Una para cada uno de los subordinados de Raiga… y una especial, aislada del resto, para el mismo Raiga.
La técnica era perfecta para mantener prisioneros. La dureza natural de la madera, reforzada con chakra, la volvía casi indestructible para un ninja común. Y sin las espadas Kiba, Raiga no tenía ninguna posibilidad real de romperla.
Mis clones se encargaron de introducir a los cautivos en sus respectivas celdas, y luego se fundieron con la estructura misma de las jaulas, entrando en modo de reposo. Estaban programados para activarse al menor indicio de fuga o agresión. No iba a dejar nada al azar. No con personas que me cortarían el cuello sin dudar si tuvieran la oportunidad.
Mientras trabajaba, la caravana finalmente llegó. Se aproximaban con cautela, liderados por Temari y Fu. Sin perder tiempo, ayudaron a evacuar a los trabajadores esclavizados que aún permanecían dentro de la mina. Algunos estaban desnutridos, otros enfermos, pero la mayoría caminaban con alivio en el rostro.
Uno de los mineros, al entender la situación, se ofreció voluntariamente a viajar a la capital para informar al Daimyo de lo sucedido. Quería asegurarse de que la verdad saliera a la luz, cómo habían sido explotados… y cómo fueron liberados.
Por mi parte, logré escabullirme un momento de Temari, que tras organizar el campamento se dedicó a mimar sin medida a Ranmaru, sobándole el cabello y ofreciéndole dulces. El niño, aunque visiblemente incómodo, no protestaba… al menos no mucho. Me alegré de dejar esa situación atrás.
Me dirigí al edificio que el grupo de Raiga había usado como su cuartel. Era la estructura más sólida del lugar, lo suficientemente amplia y apartada como para servirme de base de operaciones. Una vez dentro, creé una decena de clones de sombra.
Gracias a las palabras de Kurama, ahora sabía que no intentaría tomar mi cuerpo, al menos por ahora. Eso me daba libertad total para usar mis clones sin temor a fatigas excesivas o vulnerabilidad inesperada.
—Vamos, manos a la obra —. Murmuré.
Cada clon tomó una sección del edificio y se dedicó a tallar cuidadosamente símbolos, líneas canalizadoras y nodos de energía sobre tablones de madera. Sus manos se movían con precisión, siguiendo al pie de la letra mis instrucciones. Lo que normalmente habría tomado días de arduo trabajo, fue completado en unas pocas horas gracias a la ventaja de la multiplicación mediante clones.
Había tres matrices principales que buscaba establecer.
La primera era una matriz que había estando desenado poner en practica, pero que no había tenido la oportunidad sin una “base” semi-estable, la Matriz médica, diseñada para diagnosticar al individuo con solo colocarlo en su centro. Proporcionaría información detallada sobre los signos vitales, daños físicos visibles e internos, además de detectar irregularidades en el flujo de energia. Ideal para mantener vigilado el estado de Ranmaru… o cualquier otro sujeto inestable.
La segunda matriz era una de esclavitud, compleja y delicada. Al activarse, colocaría un sello especial que funcionaría como un collar espiritual. Este influiría directamente en el comportamiento del portador, suprimiendo impulsos violentos y forzando el cumplimiento de directrices simples, como no dañar a otros ni abandonar un área designada. Solo yo tendría la llave para liberar a alguien del sello… una medida extrema, pero necesaria para elementos como Raiga.
No me gustaba la palabra “esclavitud”, pero esta matriz se usaba sobre todo en prisiones para mantener bajo control a los reclusos más agresivos. Según los libros, no era tan eficiente cuando se aplicaba a esclavos, pero aun así ese había sido su uso original, y por eso terminó conservando ese nombre.
Y por último, la matriz de animación, el ultimo paso para cumplir mi promesa. Esta matriz estaba diseñada para vincular qi o en este caso chakra, y conciencia con tejido muerto, otorgándole una forma limitada de “vida”, siempre y cuando existiera una conciencia conectada como ancla. Mi intención era utilizarla para vincular una parte de la conciencia de Kurama con la marioneta de carne. No sería una libertad total, pero sí una ventana… un pequeño respiro para la bestia sellada.
El edificio estaba ahora plagado de símbolos brillando con débil luz de las matrices, cada uno tallado con exactitud milimétrica. Las matrices estaban listas, esperando ser activadas.
Afuera, el sol ya comenzaba a ocultarse tras el horizonte, tiñendo de rojo y púrpura el cielo sobre la mina. Yo, por mi parte, tenía una leve migraña debido a la disipación simultánea de los clones de sombra. Aún no me acostumbraba a ese torrente repentino de recuerdos y sensaciones. A diferencia de los clones de madera, que regresaban lentamente a través del flujo natural del chakra, los de sombra colapsaban de golpe, devolviendo toda la información como una avalancha.
A pesar de eso, eran increíblemente útiles. Podía crear muchos más en comparación con los de madera, lo que los hacía ideales para tareas extensas como las matrices o para cubrir varias labores al mismo tiempo.
Más tarde, ya entrada la noche, los miembros restantes de la autoproclamada “Familia Kurosuki” fueron traídos uno a uno. Poco me importaban sus nombres o historias. Eran cómplices de Raiga, y todos fueron sometidos por los del clan Fūma, obligados a pasar por la matriz de esclavitud. Una vez que el sello fue colocado, delimité las jaulas de Mokuton como el área que no podían abandonar sin que el sello los castigara. Un límite físico y espiritual.
El último fue Raiga. Amordazado, forcejeando como una bestia enjaulada, escupiendo gritos mudos de odio. Cuando el sello fue colocado sobre su pecho, su resistencia disminuyó de inmediato. La naturaleza del sello era simple pero eficaz, lo forzaba a obedecer y contenía cualquier impulso agresivo. Los Fūma se encargaron de escoltarlos a sus respectivas jaulas de madera, mientras yo me limitaba a observar en silencio. Si alguna de esas ratas intentaba escapar, mis clones en estado de reposo se encargarían del resto.
Cuando todo quedó en orden, solo quedábamos las chicas, Ranmaru y yo.
Ranmaru fue colocado con delicadeza en el centro de la matriz médica, sus ojos aún brillaban con cierta desconfianza, pero estaba demasiado cansado para resistirse. Indiqué a Karin que se sentara en la posición de receptor dentro del diagrama. Quería involucrarla más en la medicina, empujarla suavemente hacia ese camino. Sabía que tenía talento.
Coloqué mi mano sobre el nodo central y dejé fluir mi qi en la matriz. Esta se iluminó con una suave luz blanca, activándose mientras el patrón tallado en la madera comenzaba a brillar y la luz a giraba como un reloj, escaneando el cuerpo de Ranmaru. Karin cerró los ojos por un instante, sintiendo cómo la información le llegaba directamente a través del sello sensorial. Pronto frunció el ceño.
—Sufre de desnutrición crónica —. Empezó a enumerar con tono sombrío.
— Aunque su cuerpo ha empezado a sanar lentamente, todavía está por debajo del peso ideal. Sus extremidades tienen una circulación muy limitada, y gran parte de la sangre está siendo dirigida a su cabeza, específicamente a sus ojos… eso fuerza el sistema circulatorio y debilita el corazón—.
Yo asentí lentamente, cruzándome de brazos mientras escuchaba. Sentía la misma retroalimentación de información pero mas detallada, mas amplia y la matriz me guía a una conclusión.
—Su kekkei genkai lo está matando —. Murmuré, y el ambiente se volvió tenso al instante. Todas las miradas se volvieron hacia mí, excepto la de Temari, que ya comenzaba a sospecharlo.
—¿Primera generación? —. Preguntó la kunoichi de Suna, arqueando una ceja. Yo fruncí el seño sin entender pero asentí.
Observando las expresiones de confusión en los rostros de las todos, fue ella quien dio un paso al frente y continuó con una claridad que solo alguien conocedor en estos temas podría tener.
—Es una mutación —. Dijo con tono firme.
—Su kekkei genkai no es heredado, no forma parte de una línea establecida. Es de primera generación. Cuando eso ocurre, el cuerpo del portador no está preparado para sostener el poder. No existe algo como adaptación inmediata—.
Se detuvo por un segundo, como buscando las palabras correctas para el resto del grupo.
—Cuando un nuevo linaje aparece, es observado con atención. Los descendientes de los primeros portadores son vigilados, estudiados, y solo después de varias generaciones el cuerpo logra ajustarse. No basta con nacer con un kekkei genkai… el cuerpo tiene que evolucionar junto con él—.
Miró al pequeño Ranmaru, todavía sentado en el centro de la matriz, con la mirada baja. Su tono se suavizó ligeramente.
—Pero él nunca tuvo esa oportunidad. Su cuerpo está forzado a sostener algo que lo está desgastando desde dentro… y así, morirá joven—.
El silencio se hizo más profundo. Nadie se atrevió a decir nada más. Hasta el más leve crujido de madera sonaba fuerte en la quietud que siguió. Una verdad amarga se había asentado entre ellas.
Pero yo chasqué la lengua, claramente ofendido por ese aire fúnebre que había llenado la habitación.
—Olvidas que estoy aquí, mujer—. Repliqué con tono agrio.
—Puedo curar cualquier cosa con suficiente tiempo. Arreglar el cuerpo del mocoso no es gran problema. Lo mantendré con vida hasta que su cuerpo se adapte… forzaré la evolución si hace falta. No puedo dejar que una herramienta tan útil… —. Hice una pausa breve y fingí corregirme,.
—Quiero decir, un niño inocente, muera bajo mi mirada—.
Ranmaru me miró entre asustado y ofendido, pero no dije más. Con calma saqué varias de las medicinas que había preparado para vender en los pueblos que pasábamos, concentrados de hierbas y preparados alquímicos menores. No eran una cura definitiva, pero ayudarían con su debilidad y reforzarían su sistema mientras su cuerpo se ajustaba.
Le tendí los frascos a Karin.
—Encárgate de que los tome cuando sea necesario. Vigila los efectos secundarios, esto solo es una solución temporal. Asegúrate de que las tome según las instrucciones. Hay que dosificarlas y observar su reacción.—. Le informe despreocupado.
Karin asintió, examinando los frascos con interés. Era buena para esto, tenía talento natural, y me alegraba ver que cada vez mostraba más iniciativa en el campo médico.
—Pero al menos estabilizará lo suficiente su condición para que pueda empezar a fortalecerse. Cuando nos asentemos, haré algo más avanzado —, Continué, más para mí que para ellos.
—Lo primero será establecer un jardín de qi. Plantas alimentadas por energía espiritual pura… entonces podré hacer alquimia de verdad, no este remiendo improvisado con ingredientes mediocres de este mundo de chakra—.
Miré de reojo a Temari, como si esperara una réplica, pero ella solo cruzó los brazos y guardó silencio. Quizás porque sabía que hablaba en serio… o tal vez porque también quería ver si realmente podía lograrlo.
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Durante la siguiente semana, me aseguré de construir una empalizada robusta alrededor del pequeño asentamiento minero, una barrera que no solo servía de protección contra posibles amenazas, sino también para mantener el orden en lo que ya era una base improvisada. Mientras tanto, curé a los mineros, les proporcionamos alimentos y, a pesar de las dificultades, todos comenzaron a adaptarse a las nuevas circunstancias.
Ranmaru, por su parte, seguía siendo alimentado con medicinas y, con el paso de los días, su constitución mejoró un poco. No era mucho, pero era un progreso visible. El chico pasaba largas horas conversando con Raiga. El sello de esclavitud parecía mantenerlo tranquilo, aunque no del todo. Esa relación entre ambos era extraña, pero al menos Raiga parecía estar calmado.
Ranmaru, por su parte, había adoptado una actitud algo… peculiar. Caminaba por el campamento llevando la cabeza de Hidan con él. A la gente le asustaba al principio, pero con el tiempo, se acostumbraron a la escena del niño cargando una cabeza parlante. Y para sorpresa de todos, Raiga y Hidan parecían llevarse bastante bien, conversando como si fueran viejos amigos.
Por mi parte, después de haber averiguado la ubicación de una posada que vendía un curry específico para mi propósito, partí con Fu. Ella se quedó con un Karashi atado y amordazado fuera mientras yo entraba primero.
—Abula Shanzo, he venido a negociar—. Mi tono fue divertido, pero me congelé al ver a los cuatro niños que estaban sentados comiendo curry, con los protectores de Konoha brillando a la luz tenue de la posada. El silencio que siguió fue incómodo.
Gracias al Tao Celestial, no me reconocieron. No tenía la misma apariencia de cuando era niño, y estaba en mejor forma física que antes. Estaba lo suficientemente distinto como para que no me reconocieran de inmediato. Miré a los jóvenes, y mi corazón dio un salto. Neji, Tenten, Rock Lee… y, sorprendentemente, Sakura.
No esperaba que ocurrieran los eventos del canon. Pero para mi mala suerte se mantuvieron y debido a mi ausencia, Sakura había tomado el papel principal en lugar de Naruto. El silencio en la habitación era denso, y mi mente estaba procesando rápidamente las posibilidades.
Retrocedí lentamente, solo para que Neji se pusiera de pie, tenso, activando el Byakugan. Un suspiro de frustración escapó de mis labios. Me maldije a mí mismo en silencio, ya podía decir que se venían problemas.
Mi postura se volvió defensiva, los pies firmemente posicionados, listos para reaccionar si la situación escalaba. Muchos habían subestimado a estos genin y habían pagado caro. Algunos de esos que lo hicieron eran chunin, jounin, y hasta anbu, los cuales perdieron contra estos mismos niños. Yo no iba a cometer el mismo error. No los subestimaría, no importaba lo que me dijeran las circunstancias.
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Pov Neji
Mirando al niño que acababa de entrar, Neji sintió una incomodidad creciente, un presentimiento que no pudo ignorar. Como ninja experimentado, sabía que debía seguir su instinto. Además, cualquier excusa para evitar la abominación que llamaban curry sería bienvenida. Activando su Byakugan, sus ojos se centraron en el niño, no mayor de 8 años, que estaba frente a él.
El estómago de Neji se hundió al percatarse de la cantidad absurda de chakra que irradiaba el pequeño, una sensación que le recordó a alguien, alguien con quien deseo ser cercano, alguien con quien había tenido un encuentro cercano… Uzumaki Naruto. Pero había algo más en el cuerpo del niño, una especie de red secundaria de lo que supuso era chakra, pero no era exactamente chakra… era algo más, algo que no podía identificar.
Era extraño y desconcertante. Sin embargo, dejó de lado esa incomodidad y se centró en lo que reconoció con certeza, el nivel de chakra, el cabello rubio, los ojos azules. Solo podía ser Uzumaki Naruto. Aunque el niño no tenía la misma apariencia de cuando lo vio por última vez, no era un simple henge. El chico estaba genuinamente… diferente.
Neji no dudó, y su entrenamiento y su deber hablaron por él. No podía arriesgarse.
— ¡Todos, posiciones ahora! — . Ordenó con firmeza. Aunque los demás, confundidos por su actitud hacia un niño, no se quejaron, pronto se colocaron en una formación defensiva, preparándose para cualquier cosa que pudiera ocurrir.
Neji los observó por un segundo, asegurándose de que estuvieran en su lugar, antes de volver a mirar al niño, sintiendo un leve pesar en su corazón. No le gustaba lo que estaba a punto de hacer, pero su deber era claro. Konoha había dado las órdenes.
— Uzumaki Naruto, por órdenes del Quinto Hokage, debes ser entregado a Konoha—. La voz de Neji sonó tensa, y aunque su tono reflejaba firmeza, en su interior, una parte de él deseaba que todo fuera diferente.
A pesar de las dudas que podían invadirlo, las ordenes para la captura de Naruto eran clara, traerlo vivo. Neji se preparó, sin bajar la guardia. Podía sentir la tensión en el aire. Sabía que esta era una situación que cambiaría muchas cosas.
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Pov Naruto
Las expresiones en sus rostros lo decían todo, pero ninguna me impactó tanto como la de Sakura. Su mirada estaba cargada de ira… no de odio, pero sí de rabia, tristeza y decepción. Pude imaginar fácilmente lo que pasó, Sasuke había desertado, y yo desaparecí poco después. Probablemente no les dijeron que me encarcelaron… aunque siendo Sakura aprendiz de Tsunade, tal vez sí lo sabía. Aunque, al final del día, ¿de qué servía esa información frente al abandono?
Hice una mueca leve. No era algo que fuera mi culpa pero maldita sea Naruto y su obsesión por ser Jesus ninja.
—Vengo en son de paz —. Levanté las manos despacio, tratando de proyectar calma y sinceridad.
—Tomemos asiento y discutamos lo que sucede, ¿sí?—.
Neji, sin embargo, no estaba para juegos. Se colocó en posición con determinación, como si un niño de mi tamaño pudiera causarle daño. Lo miré con una ceja levantada y un suspiro de hastío.
—Intenta algo estúpido, y dejo caer al jefe Gamabunta sobre ti —. Dije, con voz plana.
—Vamos a ver si tu puño suave funciona contra un sapo de 17 metros y mil toneladas—.
Vi el tic en su ojo. Sí, me creía capaz de hacer algo así. Porque sabían que estaba un poco loco y lo haría.
Lo conocía bien, Neji era analítico, pero no temerario. No estaba dispuesto a arriesgar la vida de sus compañeros por un enfrentamiento que no entendía del todo. Nos sentamos, finalmente, en la mesa. La tensión era espesa, como si cada palabra pudiera detonar algo.
Mi mirada se dirigió entonces a Sakura. No tenía sentido evadir lo importante.
—Siento haberme ido así. Pero ya debes saber que me encerraron —. Le dije sin rodeos.
—Así que no pude despedirme. No quería irme, Sakura. Pero que me metieran en una prisión “por mi seguridad”… eso no es algo que pueda tolerar—.
Ella apretó los labios, con fuerza, y bajó la mirada. Sus manos se cerraron en puños pequeños mientras se mordía el labio, conteniéndose. Aun así, asintió.
Sabía. Como aprendiz de Tsunade, lo sabía. Tal vez no todos los detalles, pero lo suficiente como para entender que no me fui por elección… que, a diferencia de Sasuke, no deserté. Me obligaron, me arrancaron de todo. Y por cómo me miraba… entendía eso. Tal vez aún estaba herida, pero no me veía como un traidor.
Miré al grupo reunido. A pesar del silencio, la pregunta era clara en sus ojos: ¿por qué demonios te ves como un niño de ocho años? Así que decidí saciar su curiosidad solo lo justo.
—Un jutsu salió mal. Me veré así temporalmente. No, no voy a responder qué jutsu fue—. Corté antes de que alguien siquiera lo preguntara.
—Sigamos adelante. Si intentan capturarme, los voy a arrollar con el jefe Gamabunta y un millar de clones de sombra. Por muy fuertes que sean, voy a escapar. Así que cumplan su misión, vuelvan a Konoha e informen—.
Neji, como líder del equipo, se quedó en silencio evaluando. Su rostro era una máscara impenetrable, pero al final asintió. Supuse que entendía que pelear aquí solo complicaría las cosas para todos. Solté un suspiro aliviado.
Hasta que él abrió la boca.
—¡No puedo permitir esto! —. Gritó Rock Lee, poniéndose de pie y señalándome dramáticamente.
—¡Neji-kun puede dejarte ir, pero por las llamas de mi juventud, no puedo permitir que quedes impune después de desertar! ¡Salgamos afuera y tengamos una batalla para demostrar quién tiene razón con nuestros puños!—.
…Iba a matar a este tonto. Me llevé una mano a la cara, frustrado por la imbecilidad absoluta de su lógica.
—Sakura, prepárate para curarlo —. Le dije con calma.
—Le voy a romper un par de huesos—.
Y con eso, salimos.
La escena era absurda. Un niño de ocho años enfrentándose a un adolescente con cejas de oruga y pasión por la juventud… y aún así, todos estaban atentos. Incluso la abuela Shanzo salió a mirar, divertida. Fu no podía dejar de reírse bajito, y por suerte, Karashi tenía una bolsa de lona en la cabeza para evitar ser reconocido.
Me paré frente a Lee, que ya estaba en su pose marcial, firme y decidido.
—¿Necesitas una cuenta regresiva? —. Pregunté en tono seco, mientras canalizaba chakra y qi a través de mis músculos, preparándome para terminar esto rápido.
Lee no se quitó las pesas. No abrió ninguna puerta. Estaba subestimándome. Terrible error.
—No, podemos comenzar adelan… —.
No alcanzó a terminar la frase. Su cuerpo salió volando como proyectil hasta estrellarse brutalmente contra un árbol. El impacto resonó por todo el claro, seguido por el crujido seco de ramas partiéndose bajo su peso. El silencio fue inmediato.
Yo me encontraba exactamente donde él estuvo, con la pierna aún extendida en el aire. Una patada ascendente, precisa y brutal, que lo había dejado fuera de combate en un solo movimiento. No pensaba darle la oportunidad de escalar la pelea. No con su absurda lógica de resolver todo con “el ardor de la juventud”.
Neji, con el Byakugan activo, se estremeció ligeramente. Su rostro no mostró sorpresa… pero sus ojos sí. El brillo que vi ahí era de genuino asombro. Había perdido el movimiento. Neji Hyūga, el genio del Byakugan, no había sido capaz de seguirme. Y eso, considerando que en los exámenes Chūnin sí podía seguir a Lee incluso a altas velocidades, era significativo.
Sakura y Tenten corrieron de inmediato hacia Lee. Él estaba inconsciente, tal como había planeado. Me aseguré de golpearlo justo en la barbilla, una sacudida certera al cráneo que interrumpiría su sistema nervioso apenas el tiempo suficiente para dejarlo fuera de combate. Sin heridas graves, pero completamente inútil por el momento.
Me giré hacia los demás, sin prisa. Me sacudí el polvo de la túnica como si nada hubiera pasado.
—¿Alguien más quiere resolver sus dilemas morales a puñetazos? —. Pregunté con tono seco.
Nadie respondió. Solo silencio. Miradas evitadas. Incluso Neji había bajado ligeramente la mirada.
—Perfecto. —. Di un paso hacia ellos.
—Ahora sí, hablemos como adultos—.
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Omake: Sushi
Reencarnar en el mundo de Naruto suena peligroso… pero cuando el ROB que te manda te ofrece un solo poder, si tienes dos neuronas funcionales y sentido común, puedes convertir tu vida en modo fácil.
Mi poder elegido fue simple: Polimorfia. ¿Su efecto? Convertir a cualquier enemigo en un pez… por 5 segundos. Tiempo de reutilización: 1 minuto. ¿Parece débil? Error. Es un cheat code con esteroides si lo sabes usar.
Examen Chūnin.
Orochimaru aparece con toda su aura creepy de serpiente amante de los jovencitos, listo para robar cuerpos y arruinar infancias.
¿Y yo?
Polimorfia.
Tomo el pez… entra cuchillo, salen las tripas.
Listo. Orochimaru fileteado para un buen vino de serpiente. ¡Siguiente!
Invasión de Suna.
Baki aparece con su cara de “yo maté a Hayate Gekkō y no me arrepiento”.
Polimorfia.
Tomo el pez… entra cuchillo, salen las tripas.
Una tilapia más para la colección. ¡Adiós, Baki-senpai!
Secuestran a Gaara.
Me uno al escuadrón de rescate.
¿Deidara, el artista explosivo?
Polimorfia.
Tomo el pez… entra cuchillo, salen las tripas.
Y así se extinguió el arte moderno. Fin del drama.
¿Pain? ¿Kisame? ¿Obito? ¿Madara resucitado?
Uno por uno, todos:
Polimorfia.
Tomo el pez… entra cuchillo, salen las tripas.
Me faltó abrir un restaurante ninja gourmet: “El Dojutsu y el Filete”.
Batalla final Kaguya.
Naruto y Sasuke pelean por sus vidas, gritando sobre el poder de la amistad.
Yo camino entre los portales dimensionales con calma, cuchillo en mano.
Kaguya gira, majestuosa, divina, lista para reescribir la realidad.
Pero cometió un error… se acercó.
Polimorfia.
Tomo el pez… entran cuchillo, salen las tripas.
Listo. Reina alienígena convertida en ceviche cósmico.
Me volví leyenda.
A los 25 me casé con una Hanabi de 23 (gracias por crecer bien, universo alternativo).
Vivimos felices… hasta que llegaron los Ōtsutsuki. Pero no me preocupé.
Polimorfia.
Tomo el pez… entran cuchillo, salen las tripas.
Y otra ronda de sashimi intergaláctico.
Moraleja:
Nunca subestimes el poder de convertir a alguien en pez.
Y siempre lleva un cuchillo.
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Notas: ¡Gracias por leer! Comenta si te gustó.
Entre más vuelvo a ver Naruto, más me doy cuenta de que todos subestiman a todos. Nadie pelea en serio para matar desde el principio. Los fuertes juegan con sus enemigos por ese sentimiento de superioridad y… bueno, hay que aprovechar eso.
Raiga en el anime era torpe… no se movía bien en la pelea, no hizo nada más que usar las Kiba para lanzar rayos y jutsus de niebla. Así que aproveché para decir que apenas sobrevivió a la pelea con Dai, y sus heridas nunca sanaron bien. Por eso era tan débil en la serie de Naruto niño.
¿A qué Akatsuki les gustaría ver que venga a cazar a Naruto?
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