Cultivador mediocre en naruto - Capítulo 19
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Capítulo 19: Maduración
Descargo de responsabilidad (Disclaimer)Los personajes y el universo de Naruto son propiedad exclusiva de Masashi Kishimoto. Esta historia es un trabajo de ficción sin fines de lucro, creada únicamente con fines de entretenimiento. Cualquier similitud con la historia original es intencional y se utiliza para construir una narrativa alternativa o expandir el mundo existente. No tengo ninguna afiliación con el autor o con las empresas que poseen los derechos de la franquicia.
— Personaje hablando —
/ Personaje pensando /
“Biju hablando mentalmente”
[Dioses hablando]
Faltaba una hora para tocar tierra en las costas de la Tierra de las Olas. Una hora de espera, de mareo leve, y de ruidos molestos del oleaje constante. Así que, naturalmente, terminé frente a la celda de madera donde Raiga y el equipo 9 estaban confinados, jugando una animada y caótica partida de póker. A mi lado, como siempre, la cabeza parlante de Hidan descansaba sobre un cojín. No tenía cuerpo, ni brazos, ni manera lógica de jugar… pero estaba disfrutando más que nadie.
La escena era absurda. Karin lanzaba miradas asesinas a Tenten, quien sudaba frío en ropa interior después de una racha desastrosa. Había perdido sus armas, sus suministros, su dignidad… y casi la camisa. Bueno, literalmente la camisa. La idiota había tenido la brillante idea de exigirme que apostara una de mis espadas ta sea Kubikiribōchō, las Raiga o incluso la Raijin no Ken. Pero obviamente me negué. Le dije que primero ganara algo que valiera la pena. Spoiler alert: no lo hizo.
—¡Esto es trampa! ¡Tiene que estar haciendo trampa! —. Gritó Tenten, apuntando a Hidan con un dedo tembloroso. Él sostenía las cartas con un palo metido entre los dientes mientras se reía como el psicópata inmortal que era.
—¡No es mi culpa que seas pésima, princesa del metal! ¡Jashin me guía con una suerte divina y tú sólo tienes tu testarudez y tus calzones! —. Rugió Hidan, mientras Sasame de manera increíblemente paciente le ayudaba a voltear las cartas y organizar su montaña de ganancias.
—No puedo creer que esté ayudando a una cabeza maldita a jugar al póker… esto tiene que violar al menos tres reglas del sentido común—. Se quejó Sasame indignada
—¡Shh! Concéntrate, esclava del destino. ¡Apuesta esos sellos explosivos que te vi guardar! —. Replicó Hidan con una carcajada.
Sasame empujo un pequeño montón de kunais hacia su lado junto a las Kiba, que perdí contra Hidan en una partida anterior.
Sí… había perdido las Kiba contra Hidan. El maldito cabezón apostó un dineral y perdí esa mano, con eso el se quedó con ellas. Claro, técnicamente Hidan era mío, así que las espadas seguían siendo mías… pero eso no evitaba que celebrara cada victoria con gritos de guerra y letanías de Jashin.
Raiga, a unos metros, miraba todo con expresión muerta. Supongo que ver tus espadas pasar a “manos” de una cabeza parlante no era una experiencia fácil de digerir. Sakura, en el fondo, suspiraba mientras anotaba estadísticas médicas de los prisioneros en un pergamino, fingiendo que no oía nada. A su lado, Temari observaba desde una silla plegable con media sonrisa y una taza de té caliente, disfrutando el espectáculo como si fuese un show montado sólo para ella.
—Deberías anotarlo en tu bitácora ninja, Sakura: “Paciente uno, Tenten. Diagnóstico: ludopatía armada crónica” —. Se burlo Temari de la avergonzada Tenten.
—¡Sigo escuchándolos, ¿eh?! —. Gritó Tenten, roja hasta las orejas.
Karin, desde la cubierta, tronó en furia.
—¡Y si alguien más apuesta su ropa interior, juro que apago este barco y damos vuelta! ¡Malditos idiotas!—.
La cabeza de Hidan soltó un silbido entre dientes.
—Uh… mocoso, sabes escogerlas. Te gustan las mujeres fuertes y dominantes. Con amenazas de mutilación real… excelente gusto—. Me murmuro en una voz bastante audible la maldita cabeza.
—¡Te voy a usar como bola de boliche, pedazo de carne parlante! —. Rugió Karin, sacando un kunai y avanzando un paso.
Yo sólo seguí barajando, tranquilo.
Faltaban cincuenta minutos para desembarcar y, sinceramente, empezaba a considerar seriamente dejar a Hidan como embajador de relaciones públicas. Si con sólo su boca había logrado desmantelar la moral del escuadrón enemigo y poner a medio barco al borde de un colapso nervioso… imaginaba lo que podría lograr si le dábamos un puesto diplomático, o nos declaraban la guerra o se sometían.
Continuamos el juego mientras lentamente nos acercábamos a las costas, pero lo que realmente me preocupaba eran los informes de Karin. Ella estaba a cargo de dirigir la navegación junto al dueño del barco que habíamos alquilado, y algo no cuadraba. No había pescadores y siendo Wave un país costero cuya economía gira casi por completo en torno a la pesca, aquello era más que inusual.
Entre más nos acercábamos al puerto, más evidente se volvía que estaba vacío, silencioso, abandonado. Ordené al instante que todos se prepararan para una posible contingencia. El Clan Fūma se encargaría de mantener los barcos listos y proteger a los civiles. Ranmaru y Neji utilizaron sus ojos para darme un informe detallado de la situación. La mayoría de la población se había reunido en el centro del pueblo. El puerto había sido completamente evacuado. No se trataba de un error o casualidad. Algo pasaba.
Salí con Temari para hacer una inspección directa. Aunque algo reticente, la dejé acompañarme. Tenía dieciséis años; aún era joven para mis estándares, pero en términos de capacidad, era la más fuerte del grupo en este momento. Tenía mis dudas respecto a Neji, pero Temari había demostrado una consistencia brutal en combate y control emocional. Sin embargo, como contratista de sus servicios, le di instrucciones claras.
—No pelearás en caso de conflicto. Serás un apoyo, no interfieras —. Ordené con la mayor seriedad que puede tener un niño de ocho años vestido con ropa demasiado grande para su estatura.
Pero eso, como era de esperarse, no le gustó nada.
—Puede que engañes a los demás, pero la pelirroja y yo sabemos que aún no te recuperas del todo. El daño de tu última pelea fue demasiado. No puedo quedarme atrás si el cliente está en peligro—.
Suspiré, ella era terca demasiado terca. Pero también leal, y eso era valioso, confiaba en que su intervención no sería necesaria. Sin embargo, si algo he aprendido en este mundo… es que la paz es sólo la calma que precede al desastre.
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Pov Konoha
El silencio en la sala del consejo era ensordecedor. Solo los clanes principales, los asesores del Hokage y el capitán ANBU estaban presentes. Sobre la mesa reposaban los últimos informes llegados desde el País de los Ríos. Informes que no solo describían una escaramuza… sino una batalla lo suficientemente poderosa como para reconfigurar por completo el terreno.
Tsunade cerró los ojos y se masajeó las sienes con lentitud, conteniendo la mezcla de ansiedad y orgullo que le quemaba en el pecho. El niño al que había querido proteger. Su niño.
/Mi Naruto/. Pensó con remordimiento.
El que debía estar a salvo, lejos de las sombras en las que ella había crecido. Había despertado un poder que no podían ignorar… y que ahora todos deseaban controlar, contener o temer.
Y aun así… a pesar de todo, una parte de ella se sentía reconfortada. Él era un Senju. Era el legado, no solo por el Mokuton que había manifestado, sino por la voluntad inquebrantable que lo hacía seguir caminando aunque sangrara por dentro. En él veía a Nawaki, en sus decisiones, a Dan. Ese niño llevaba los restos rotos de su corazón y los hacía latir otra vez. Por eso no podía evitarlo… esa obsesión poco saludable que la consumía y que disfrazaba de deber como Hokage. Él era su conexión con lo que había perdido.
—Los equipos enviados a verificar el contenido de la carta del Daimyō de los Ríos han regresado —. Informó uno de los ANBU con voz firme.
—Se confirma que en la antigua Mina Katabami tuvo lugar una batalla. El terreno fue modificado por completo. En el sitio se encuentra un bosque entero… con árboles maduros cuya edad, según pruebas, no supera la semana—.
El murmullo de incredulidad fue inmediato. Aburame frunció el ceño. Inuzuka cruzó los brazos con tensión. Nara chasqueó la lengua, incómodo. Todos los altos mandos conocían a Tenzo y su versión débil del Mokuton, producto de los experimentos de Orochimaru.
Pero esto no era Tenzo, esto era otra cosa, era completamente otro nivel. El informe lo dejaba claro, el usuario que intervino poseía un poder descomunal, salvaje, sin el refinamiento del entrenamiento ANBU que tenia Tenzo, pero con una reserva de chakra tan vasta que moldear hectáreas de bosque era un juego de niños.
Y ese usuario… era un niño, su niño. Uno que caminaba lejos de la aldea.
Tsunade no dijo nada pero en sus ojos, detrás del temple endurecido de la Hokage, brillaba una emoción cruda de miedo… y un amor tan feroz que dolía. Ese niño era todo lo que le quedaba del clan Senju. Y ese niño era un presagio de guerra.
Respiró hondo y recuperó su expresión de comandante. Su voz se tornó cortante y autoritaria. Tsunade volvió a ser la Hokage.
—Todos aquí poseen el nivel de autorización necesario para conocer los antecedentes de Naruto Uzumaki —. Comenzó, mirando a cada representante con firmeza.
—Como saben, los orígenes de Minato Namikaze fueron objeto de una investigación exhaustiva cuando fue ascendido a jōnin, y aún más cuando fue nombrado Hokage. En ese entonces, no se halló conexión con ningún clan mucho menos con el clan Senju… pero la reciente manifestación del poder de mi abuelo en su hijo, cambia las cosas—.
Se irguió, la luz de las lámparas proyectando sombras sobre su rostro endurecido.
—La teoría más probable —. Continuó
— Es que Minato sea descendiente de uno de los hermanos de mi abuelo Hashirama, aquellos que murieron durante la era de los clanes en guerra, antes de la fundación de las aldeas. Alguno de ellos pudo haber tenido un hijo sin que el clan lo supiera. Un linaje perdido, inadvertido… hasta ahora—.
La incomodidad en la sala era palpable. El patriarca Hyūga bajó ligeramente la mirada, pensativo. El líder Aburame se mantuvo en silencio, como una estatua. El Akimichi presente apretó los dientes. Incluso Shikaku Nara, cuya mente era tan rápida se quedó callado, evaluando el escenario.
Porque eso que decía la Hokage no era solo una teoría,era una declaración. Naruto Uzumaki, hijo del Cuarto Hokage. Último varón conocido del clan Uzumaki. Contenedor del Kyūbi. Y ahora, confirmado usuario del Mokuton, legítimo heredero del linaje Senju.
Príncipe de Konoha.
Demasiado poder, demasiada sangre noble, demasiado potencial… y lo peor, demasiado resentimiento hacia la aldea que debía protegerlo. La sala permaneció en silencio mientras esa realidad se asentaba como un veneno lento.
Shikaku fue el primero en ponerlo en palabras.
—No hay duda de que muchas naciones se moverán… algunos para capturarlo, otros para reproducirlo—.
—Como semental —. Gruñó la Inuzuka con desdén.
—Cría militar, hijos con Mokuton, Uzumaki, nuevas armas vivientes—.
—Y también para usarlo como símbolo político —. Añadió Homura, con gravedad.
—Un niño así podría legitimar un movimiento separatista o unificar a varios clanes rebeldes. Una figura como esa puede coronarse en cualquier parte. Y si está enojado con nosotros…—.
Homura no terminó la frase, pero todos entendieron. Podría volverse contra nosotros. Tsunade no respondió. Solo apretó los puños porque lo que nadie en la sala sabía ni podía imaginar, era que ella no tenía miedo de eso. Si Naruto decidía algún día tomar Konoha por la fuerza… Tsunade Senju lo seguiría. Aunque le rompiera el corazón, aunque destruyera todo lo que había jurado proteger.
Porque él era su familia y todo lo que le quedaba.
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Pov Danzo
Danzō Shimura observaba en silencio la reunión, sus dedos huesudos apoyados con calma sobre el bastón que fingia necesitar. Escuchaba sin oír, cada palabra de los miembros de este circo, cada mención de linajes y legitimidad, le sonaba como el zumbido inútil de insectos. Ya había leído todos los informes. Ya había enviado a sus propios hombres. Raíz se había infiltrado tanto en El País del viento como en el País de los Ríos.
También había seguido los rastros en los pasos del muchacho. Incluso Orochimaru, viejo aliado e instrumento útil, había proporcionado detalles. Pero todo lo que veía frente a él eran ilusos tontos politiqueros y ciegos.
/Inútiles/. Pensó con desden.
/Tienen delante una bomba con forma humana… y creen que pueden encadenarla con leyes, tratados o afecto./
El Naruto de los reportes antiguos era un niño hiperactivo, emocional, apegado a la Voluntad de Fuego, desesperado por amor. El nuevo… era un estratega, había encontrado un clan moribundo, los Fūma y los estaba utilizando. Había reclutado a una kunoichi pelirroja, tal vez una Uzumaki. Había negociado con Suna, sin respaldo, y había logrado un trato. Estaba construyendo poder, influencia, lealtades.
Y lo estaba haciendo fuera del alcance de Konoha.
/No vendrá por voluntad propia… y es demasiado tarde para imponerle un sello/. Danzō apretó con fuerza el mango de su bastón, sintiendo cómo la frustración se enraizaba en su pecho.
Todo por culpa de Minato. El sello de los Ocho Trigramas era demasiado inestable, un diseño demasiado complejo, demasiado… personalizado. Si intentaba imponer otro, aunque fuera con toda su experiencia en fūinjutsu, corría el riesgo de romper el delicado equilibrio entre el niño y la bestia. Nunca podría usar chakra, como lo demostró Orochimaru en los examen chunin al poner otro sello en el niño.
/Maldito Minato. Blandengue y estúpido idealista/. Había malgastado un arma potencial. Y ahora esa arma caminaba libre y con voluntad propia.
Los últimos informes eran aún más preocupantes. No venían de las redes tradicionales, ni siquiera de los ANBU. Los había obtenido personalmente a través de un intercambio con Orochimaru. El Sannin, siempre retorcido, había exigido algo muy específico a cambio, pergaminos privados, diarios, fotos, cartas… reliquias personales de Minato y Kushina.
Cosas que el niño podría valorar. El mensaje era claro, Orochimaru no solo tenía interés en Naruto. Estaba negociando con el niño.
Y lo que Danzō recibió a cambio era información valiosa. Naruto había sobrevivido a un enfrentamiento directo con Kakuzu el Acaparador, un veterano que incluso había combatido contra el Primer Hokage. También derrotó a Hidan, el inmortal y lo decapitó. Después, repelió nada menos que a Itachi Uchiha y a Hoshigaki Kisame.
Dos criminales de élite, dos monstruos. Los enfrentó… y los obligó a retirarse. Todo eso, con apenas trece años de edad. No había margen para la duda, el chico no era una promesa. Era una fuerza consolidada.
Danzō no lo odiaba, no lo amaba. Lo veía con la frialdad de quien mide el valor de un arma. Si Naruto podía ser usado por Konoha, lo apoyaría. Si debía ser destruido para evitar una calamidad, también lo haría.
/No podemos capturarlo sin arriesgar un fuerte contragolpe, no podemos moldearlo. Solo nos queda decidir, coronarlo o destruirlo./
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Pov Naruto
—Así que déjame entender esto, Tazuna… —. Crucé los brazos y miré con expresión aburrida a los tres sujetos tirados en el suelo sobre una plataforma de madera, cubiertos de vendas, y con moretones visibles.
—¿Estos imbéciles llegaron heridos, invocaron insectos y forzaron a los civiles a cuidarlos como si esto fuera un hotel? —.
Tazuna frunció el ceño, visiblemente irritado.
—Según ellos, venían de recuperar una reliquia de Kiri que les “pertenece”, y exigieron atención. Las abejas… esas malditas cosas aparecieron incluso cuando intentamos defendernos. Nos tenían atrapados —.
Asentí sin mucha emoción. Uno de los tres gimió cuando lo pateé con el pie descalzo, ya que ahora acostumbraba a no llevar calzado. Según lo que gritaron cuando los golpeé, eran del clan Kamizuru, usuarios de insectos de Iwa, herederos de una técnica que en sus días fue temida, ahora convertida en un eco miserable del pasado.
/Y aún así se atrevieron a imponer su autoridad sobre los que serán mis esclav… quiero decir ciudadanos… qué insolencia./
—¡Tenemos derecho! ¡Somos herederos del Primer Tsuchikage! —. Protestó uno de los hombres, aunque su voz se quebró por el dolor.
—Claro, claro… y yo soy el hijo olvidado del Cuarto Hokage, repudiado por la misma aldea que él salvó —. Bufé con una sonrisa torcida.
—Por Kami, ni siquiera podían mantener una formación. Y eran tres contra uno… —.
Más allá, Temari se encontraba hincada entre un grupo de mujeres del pueblo, atando vendajes y aplicando un ungüento a los heridos civiles. Ni siquiera parecía molesta por la situación; más bien aburrida, como si fuera la tercera vez esta semana que veía algo así. Alcé la pierna y le di otro pisotón al mismo tipo que gemía.
—Tontos con delirios de grandeza… —. Murmuró Temari sin despegar la vista de su paciente.
—¡Basta! —. Gritó la única mujer del trío, con el rostro sucio, la ropa hecha jirones y la dignidad apenas sostenida.
—¡Nos llamas tontos, pero no sabes nada de nosotros! —.
Le dediqué una mirada más larga. Estaba atada, pero no rendida. Tenía ese fuego en los ojos, ese que a veces es feo… y a veces se puede aprovechar.
—Tú debes ser Suzumebachi, ¿no? Una voz ruidosa para una chica capturada—. Me agaché frente a ella, con expresión neutral.
—Dijiste que tienen un libro del Primer Tsuchikage. ¿Qué hacía algo así en Kiri? —.
—Se perdió en una guerra… —. Murmuró, mordiendo su labio.
—Años atrás. Terminó en un campo de batalla olvidado. Lo recuperamos. Íbamos a restaurar el honor del clan con él… aunque no salimos ilesos —.
—¿Tu clan? Pero Onoki es el nieto del Primer Tsuchikage. ¿No debería él estar interesado en eso? —. Comente curioso ante esta situación
Sus ojos parpadearon con furia contenida.
—Mi caln Kamizuru es de una rama ilegítima, de una aventura fuera del matrimonio. Heredamos las técnicas del bisabuelo, pero no el apellido. Onoki-sama nos considera una mancha en el legado de su abuelo, y ha intentado erradicarnos en silencio durante décadas —.
Me quedé en silencio unos segundos. El viento silbaba afuera y las abejas muertas zumbaban aún en el suelo.
—Parias, entonces. No simples debiluchos—. Me incorporé, mirando a los tres con una ceja alzada.
—Un clan rechazado, su nación los odia , con técnicas útiles y orgullo herido. Interesante combinación —.
Me giré hacia Temari.
—¿Qué opinas? —.
Ella levantó la mirada, sin apuro, con una venda entre los dedos.
—Creo que si vas a adoptar basura, por lo menos asegúrate de que no huela tanto —. Sus labios se curvaron en una sonrisa vaga.
—Pero tú mandas. Mientras no me pidas ser su niñera, no me importa —.
Volví a mirar a Suzumebachi. En su rostro ya no había altanería, sino cautela. Sabía que podía matarlos, o peor.
—Serán mis prisioneros… por ahora. Ya veremos si pueden convertirse en algo más —.
Los tres guardaron silencio.
Kurama, desde el rincón del sello, resopló con burla.
“Reclutando basura ahora, mocoso… ¿O estás juntando piezas para algo más grande?”
/Ambas. El caln fuma es un ejemplo, dale propósito y comodidad a un clan moribundo y se vuelven leales/. Comente divertido.
/Por cierto, ¿cuándo piensas usar el cuerpo que te hice? Ya está listo y la conexión preparada. Solo tienes que concentrarte… y será tuyo/. Comenté con tono divertido, burlándome un poco de su negativa a usar el cuerpo adorable.
” Silencio, mocoso molesto”. Bufó, antes de ignorarme por completo.
Volví a mirar a los tres ninjas, les dediqué una sonrisa y me di media la plataforma de madera sobre la que estaban se aliso imperceptiblemente, borrando así la matriz de la verdad.
—Bienvenidos a mi redil, Kamizuru —. Susurre.
Mientras me alejaba del trío derrotado, de mi espalda, la madera comenzó a brotar con un crujido suave. Subió por el aire, se separó en una figura humanoide y, en unos segundos, tomó mi apariencia exacta. Un clon de madera, se giró hacia los Kamizuru sin decir nada. Su presencia bastaba para dejar claro que no podían moverse ni intentar nada sin sufrir las consecuencias.
Con un sello rápido, creé un clon de sombra y lo envié al muelle. Su tarea era desembarcar a la gente, organizar los cargamentos y comenzar la distribución. Yo, en cambio, me dirigí a Tazuna haciendo una mueca ante el uso de chakra en mi tengetsu herido.
—Vamos. Hay que hablar —.
El viejo asintió en silencio y caminó a mi lado. La mayoría de los civiles ya se había reunido en la plaza tras su liberación. Di instrucciones para repartir suministros médicos y dejé el resto en manos del Clan Fūma. Sasame ya estaba coordinando a su gente sin esperar orden directa.
Cuando todo estuvo relativamente bajo control, Tazuna me llevó a un restaurante cercano. Según dijo, el dueño lo ofreció para que pudiéramos hablar tranquilos. El gesto no parecía ser cortesía, era respeto o tal vez miedo. Al entrar, el aroma del té llenaba el ambiente. Tsunami nos esperaba, imperturbable como siempre.
—Hey, viejo Tazuna y Señorita Tsunami —. Me senté frente a él viejo.
—Un gusto volver a verte después de tanto tiempo —.
Ambos me observaron en silencio. Sabían que era yo, pero verme con ocho años en lugar de doce debía de ser desconcertante.
—Un jutsu salió mal. Cosas de ninja, no se preocupen por mi apariencia. Es temporal —. Les ofrecí una sonrisa tranquila.
Tsunami me sirvió té , su sonrisa maternal aun estaba presente incluso después de otro intento de controlar su país.
—Naruto-kun… gracias por venir. Salvaste este país otra vez. Las otras islas no pudieron ayudarnos. Ni siquiera alcanzamos a enviar un mensaje —.
Asentí, bebiendo en silencio.
—Lo imaginé—.
Observé a Tazuna. Estaba callado claramente, y parpadee al darme cuenta de que el viejo era solo era una figura simbólica. Quien realmente tomaba las decisiones era Tsunami. Ella lo dejaba ser el símbolo en paz, lo respetaba… pero lideraba. Como una reina sin corona.
—¿Y cómo está Inari? —. Pregunté con genuino interés esta vez me dirigí al verdadero líder.
—Patrullando, desde que te fuiste cambió. Quiere proteger a los suyos como tú lo hiciste —. Respondió Tsunami, con una sonrisa orgullosa.
Fruncí el ceño al instante. Mi taza quedó suspendida a medio camino.
—Me alegra que haya encontrado un propósito… pero sigue siendo un niño —. El tono fue más duro de lo que pretendía, pero no me retracté.
—¿Patrullando y los adultos? ¿Después del desastre que acaban de pasar? ¿Dónde estaban esos adultos cuando los necesitaban?—.
Tsunami bajó un poco la mirada, pero no dijo nada. Tazuna solo apretó los labios.
—Él quiso hacerlo… —. musitó ella.
—Y ustedes lo dejaron —. Bebí el té de un trago para no seguir hablando.
—Admirable o no, no deja de ser una locura—.
Hubo un silencio. Uno incómodo.
—¿Y tú, Naruto? —. Preguntó Tsunami de pronto, como para desviar el tema.
—¿Qué dirección estás tomando ahora?—.
Sonreí, más cansado que otra cosa.
—Ya sabes… salvando princesas, derrotando monstruos, enfrentándome a ninjas clase S… ese tipo de cosas del día a día —. Lo dije con tono relajado, casi como si fuera una broma.
Tsunami soltó una risa ligera. Tazuna negó con la cabeza, como si creyera que estaba exagerando.
/Nada de eso es mentira/. Pensé divertido y cansado en partes iguales.
Mientras hablábamos, mis pies descalzos ya estaban en contacto con el suelo de madera. Transmití chakra sutilmente, sin alterar el ritmo de la conversación, a ojos de los demás no pasó nada, pero el piso cambió. La estructura de la madera se reajustó.
El patrón que había memorizado tantas veces se dibujó sin esfuerzo bajo el suelo, la Matriz de la Verdad. Sencilla, silenciosa, pero absoluta. Si querían mentir, no podrían. Ni siquiera sin darse cuenta.
Puede que me agradaran. Puede que incluso confiara un poco en ellos. Pero había cosas que necesitaba saber con total certeza. Y no estaba de humor para ser ingenuo. Ahora, con la matriz en su lugar, podía ser más directo. Mis preguntas no levantarían sospechas, y sus respuestas fluirían como si siempre hubieran querido compartirlas.
—Tazuna, recuerdo haber leído que Wave no tiene Daimyo. ¿Qué pasó? ¿Cómo puede ser considerado un país sin un gobierno real? —. Le pregunte a Tazuna, por su edad debería estar mas informado de estos temas historicos.
Tazuna frunció el ceño, rascándose la barba como si las palabras activaran engranajes oxidados.
—Siempre ha sido así desde que perdimos al último. Después de todo… se supone que Wave no debe tener ni daimyo ni aldea shinobi —.
Esa última parte llamó mi atención. Nunca mencioné una aldea shinobi.
—¿Por qué “no debe”? Eso suena… extraño —.
El viejo se removió en su asiento, claramente incómodo. La confusión se coló por su rostro.
—Porque… así debe ser desde que terminó la Segunda Gran Guerra Ninja. Es… sentido común. Todos lo saben —.
/¿Sentido común? Esto no cuadra. En la academia también les enseñaron eso si no recuerdo mal y nadie lo cuestionaba. Ni yo lo hice hasta ahora/.Estaba confuso por lo raro que era.
/¿Cómo puede ser que algo tan anómalo se acepte sin explicación?/
Tazuna se llevó una mano a la sien. Cerró los ojos con fuerza, como si algo punzara dentro.
—Espera… ahora que lo mencionas… Recuerdo algo. Borroso, como un sueño viejo. La capital… cayó durante una invasión. Creo que nos evacuaron a las islas. Todo fue rápido, el clan del Daimyo… ellos se quedaron a luchar y nadie volvió —.
Fruncí el ceño. Naruto nunca prestó demasiada atención en las clases de historia, pero con lo poco que pude rescatar de su memoria, estaba seguro de algo, Wave nunca fue mencionada durante la Segunda Guerra Shinobi. No hubo invasión registrada, ni siquiera participación activa. Simplemente… no estaba. Era como si no existiera hasta que, de repente, lo hizo.
—Tazuna… ¿cuándo se fundó Wave? —. Pregunté con un mal presentimiento revolviéndose en mi estómago.
El viejo constructor tomó un sorbo de té, y su expresión se volvió pensativa, como si escarbara en memorias enterradas demasiado tiempo.
—Se fundó poco después de que terminó la Segunda Guerra de las aldeas shinobi. Los pueblos en las islas pequeñas recibieron a los civiles desplazados. Esta isla fue creciendo hasta convertirse en el asentamiento principal. Por eso el puente se construyo desde aquí —.
Me levanté de golpe, la mente acelerada, las piezas encajando. Sentí un escalofrío, era como si estuviera recordando algo que no viví… pero que siempre estuvo allí. Algo que debía haber estado… pero fue borrado.
—¡Sakura! ¡Sasame! ¡Quien sea! Tráiganme un mapa. ¡Ahora! —.
No tardaron y desplegaron un mapa del País del Fuego sobre la mesa. Lo recorrí con los ojos, buscando un punto específico que sabía que debía estar. Kushina había dicho que Uzushiogakure estaba en la costa este del País del Fuego. Pero en el mapa solo había dos islas grandes una con Nadeshiko. La otra era como si una isla grande se hubiera fragmentado… Wave.
Wave estaba exactamente donde solo puedo suponer que debería estar Uzu. Coincidía con la cercanía, la ubicación geográfica, todo. Y sin embargo, no había rastro de la Aldea del Remolino. Solo este “nuevo” país que Tazuna recordaba haber visto nacer. Un país sin Daimyo, sin shinobi, sin historia. ¿Cómo podía eso ser posible?
—Tazuna… ¿el nombre Uzushiogakure se te hace conocido? —.
El anciano se llevó las manos a la cabeza de inmediato, como si un clavo ardiente le perforara el cráneo. Se quejó, temblando, mientras Sakura corrió a atenderlo, aplicando la Palma Mística. El hombre no sabía lo que ocurría, pero su chakra aliviaba el dolor. Aun así, el daño ya estaba hecho.
Y eso solo confirmaba mi sospecha.
Algo o alguien había enterrado los recuerdos. Había reescrito la historia misma. Y entre más me acercaba a la verdad… más la realidad parecía romperse para dejarla salir. Me sacudí, forzando el flujo de qi desde mi dantian marchito hasta el dantian superior. Una capa delgada y pulsante de energía rodeó mi cerebro, disipando el chakra que lo nublaba. En ese instante, lo recordé todo.
Durante el Voto Vinculante, cuando sacrificaba mi cultivo para liberar mi futuro potencial, rompí la omnipotencia. El efecto que mantenía ocultas la caida de Uzu y la muerte de Hashirama, que suprimía sus huellas en la historia del mundo, se resquebrajó. Pero aunque la estructura se rompió… el velo no desapareció por completo. Aparentemente, requería ser forzado a retroceder. Incluso yo, su causante, había olvidado partes.
El qi disipó el chakra estancado en mi mente, permitiendo que la bruma se disolviera como neblina bajo el sol. Y con ello, la comprensión se desplegó. Uzu fue borrada de la historia… por acción directa de los Ōtsutsuki. No bastó con su destrucción física, reescribieron la memoria colectiva del mundo. Como si nunca hubiera existido. Como si recordar fuera peligroso.
Hicieron que la gente ignorara la causa real de su caída, que olvidaran su ubicación, su legado. Incluso el nombre Uzumaki fue despojado de contexto, convirtiéndose en un eco sin origen. Nadie preguntó por qué, después de su destrucción, no hubo cacería sistemática. Nadie se cuestionó por qué, más allá de Konoha, no hay Uzumaki en servicio activo en ninguna otra aldea.
¿Qué pasó realmente ese día? ¿Dónde están las ruinas de Uzu? ¿Qué quedó, más allá de los recuerdos sellados? Necesito respuestas. Y la única forma de obtenerlas… es romper el chakra ambiental que cubre Wave. Esta tierra aún está atrapada en la ilusión. Un barniz espeso cubre su verdad, y solo al purificarla con qi, esa verdad podrá emerger.
Solo entonces, los que vivieron durante la Segunda Guerra Shinobi recordarán. Solo entonces sabrán lo que había antes. Antes de que la historia fuera mutilada. Antes… de que Uzu desapareciera.
Era la única explicación, el manto de chakra que cubre el planeta sostenía la omnipotencia. Lo sentí cuando rompí la técnica y aunque estuviera rota, el manto de chakra aun existe y sus efectos tardaran talvez generación en disiparse a menos que yo intervenga aquí.
Dejando a Tazuna a cargo de Sakura, me dirigí sin pausa hacia Tsunami.
—Tsunami, me estoy haciendo cargo de Wave. Lamento ser tan directo… pero te juro la prosperidad de tu gente —.
No hubo espacio para réplica. Me levanté y caminé con paso firme hacia el centro del pueblo, decidido a comenzar el proceso de disipar el chakra ambiental que cubría esta tierra. Una ilusión densa, tejida sobre décadas de olvido.
Tsunami me siguió, con el corazón latiendo en confusión.
—Naruto-kun… ¿de qué hablas? Sé que has salvado a nuestra gente ya dos veces, pero… —.
La ignoré. Antes planeaba ganarme su lealtad con actos. Ahora sabía que Wave no era solo un lugar… era una cicatriz sobre la memoria del mundo, una lápida oculta. Y debía arrancarla del olvido.
Cuando llegué al centro del pueblo, me senté en posición de loto. Crucé las piernas, apoyé las manos sobre las rodillas y cerré los ojos. A diferencia de otras ocasiones, no buscaba cultivar mi núcleo ni hablar con Kurama. Me sumergí con intención en mi mar interior. Allí donde la mente, el alma y el qi se entrelazaban. Un reino abstracto y profundo, más allá de la carne.
La gente comenzó a reunirse, murmurando. Tsunami se quedó a corta distancia, mirándome como si esperara una explicación. Pero mi conciencia ya se había desprendido del cuerpo. Floté. y me deslicé hacia ese lugar íntimo donde habita mi esencia. Mi mar interior no era agua como la del mundo físico. Era un plano de quietud. Un horizonte infinito de aguas oscuras, lisas como un espejo nocturno.
Caminé, cada paso sobre la superficie generaba ondulaciones suaves que se propagaban lentamente en círculos. Sobre el cielo, o lo que lo reemplazaba, danzaban pequeñas luces flotantes, como luciérnagas doradas. Cada una llevaba consigo un recuerdo, una emoción, una imagen perdida del alma. No sabía si eran mías… o de los que me habían habitado antes.
El aire no se sentía como aire, y el cielo no era cielo. Todo era una manifestación abstracta, simbólica. Un mundo que no sigue las reglas físicas. A medida que me internaba, reconocí los caminos recorridos durante mi reencarnación. Allí donde encontré mi libro de cultivo. Donde tomé las riendas de la vida de Naruto.
Y más adelante, como un eco estático que nunca se había desvanecido, vi las puertas torii. Enormes, desgastadas. Algunas agrietadas, otras apenas sostenidas por los hilos de un sellado. Debajo de ellas, una figura encadenada. Era Naruto. No yo… sino la representación mental del alma original que habitó este cuerpo. Un reflejo, un vestigio. Aprisionado en una posicion similar a como Hashirama aprisiono a Madara con puertas torii durante la guerra.
—Se han degradado desde la última vez que estuve aquí… —. Murmuré, tocando la superficie tallada de una de las columnas.
No entendía aún de fuinjutsu, pero los sellos grabados vibraban con una lógica extraña. Una geometría imposible, como si el mismo universo los resistiera.
Ahora, con la sensibilidad de mi qi, podía percibir más. No solo presencia… sino voluntad. Energía viva, el Naruto encadenado era apenas una chispa y detrás de esa chispa… latía algo más profundo. Algo vasto y antiguo. Una voluntad que palpitaba como una infección dormida, queriendo expandirse y poseer.
Toqué uno de los pilares. El contacto fue suficiente para sentirlo, una energía repulsiva. No malvada… pero deformada. Un amor ciego, una compasión tan desmedida que se tornaba peligrosa. Indulgencia sin juicio, misericordia hacia lo injustificable. Me retiré con asco. Esa era la esencia de Asura.
Y estas puertas… eran su prisión y también eran el sepulcro de la antigua alma de Naruto.
Lo poco que quedaba de él, atrapado y encadenado, servía como última defensa. Un muro frágil pero necesario para contener esa falsa virtud que intentaba contaminarme, el amor desmedido de Asura. Junté mis manos y le ofrecí una oración breve y sincera. Un gesto de gratitud al niño que murió, por permitir que su voluntad funcionara como sello de esa infección espiritual.
Pero me alejé. Eso no era lo que buscaba. Mi destino me llamaba en otro rincón de mi mar interior. Descendí por un sendero de luz hasta una nueva zona, más profunda, más íntima. Allí el qi no se arremolinaba violentamente, era como agua serena contenida en un pozo amplio, casi infinito. La superficie cristalina ondulaba con mi llegada, reflejando la danza de pequeñas luces flotantes, como luciérnagas.
Y en el centro del lago… lo encontré. Un árbol, gigantesco y vivo. Mi sonrisa fue inevitable.
Allí estaba, el parásito que creé. La semilla que introduje en mi alma de forma deliberada, alimentada con el karma de Jashin. Permití que devorara la vitalidad maldita del dios muerto. Lo dejé crecer en mi mar de qi puro.
Era un parásito, sí. Se nutría de mi cultivo pero a cambio… fortalecía mi cuerpo, templaba mis meridianos, endurecía mis huesos. En el futuro, cuando estuviera listo, lo dominaría y lo transformaría en lo que debía ser, mi espíritu demoníaco. Una extensión de mí y una forma de volverme incluso mas fuerte. Y lo más curioso… era su forma.
Como nació de mí, absorbió no sólo mi energía, sino mis recuerdos, mis ideas, mis obsesiones. Tomó forma a partir del nombre que le di, como si entendiera a nivel simbólico lo que significaba. La simbología es poder. Aquí más que en ningún otro plano.
Frente a mí, el Árbol de la Vida. Una réplica perfecta del edificio de los elfos nocturnos que conocí en otra vida. Las raíces eran gruesas y fuertes, extendiéndose como anclas hacia las profundidades del lago, hundidas en mi qi como tentáculos que se alimentaban de su esencia. El tronco, firme y vasto, mostraba en su centro un rostro anciano una barba larga, ceño sereno, madera curtida por el tiempo. No había sabiduría aún en sus ojos solo quietud. Estaba en letargo.
Sobre su copa, el follaje se alzaba denso y majestuoso, y desde los flancos nacían dos enormes ramas laterales, como brazos extendidos. Cada uno con tres dedos nudosos, abiertos hacia el cielo de este mundo interno.
—Nordrassil —. Susurré.
La Corona de los Cielos. El nombre que le di, casi como un juego… nunca imaginé que lo tomaría tan literal. Ahora se parecía tanto al árbol de mi memoria, que era difícil no sentir nostalgia. Era una visión majestuosa y también inquietante. Un fragmento de mi alma convertido en un ser que no era enteramente mío. Aún no pero lo sería.
Me acerqué al árbol caminando lentamente sobre la superficie del lago, entre mas me acercaba al centro donde yacía el árbol, vi el agua, que ya no era más que un espejo agrietado de lo que alguna vez fue mi qi puro. Con cada paso, el agua ondulaba y se retraía como si temiera tocarme. El daño era evidente, mi voto vinculante había drenado casi todo, dejando apenas un vestigio del núcleo dorado que estaba cultivando. Y aún así… esa cosa seguía ahí. Firme, silenciosa y alimentándose.
Ya era momento de cobrar renta. Me detuve frente a él, a escasos pasos de sus raíces, y sin más ceremonia, le propiné una patada seca al tronco.
—¡Bastardo perezoso! —. Gruñí con rabia.
—Estuve en dos peleas a muerte, y no moviste un puto dedo para ayudar. ¡Ni uno! Sé que aún no tienes conciencia… pero sé que puedes sentir el peligro cuando mi alma se tambalea. No me vengas con excusas—.
La madera no respondió, pero algo en su interior pareció tensarse. Tal vez no entendía palabras, pero estaba seguro que sentía mis emociones de animosidad.
—Ahora vas a pagar por cada gota de qi que me has robado—.
Junté mis palmas y respiré hondo, forzando el flujo de chakra a través de mis tenketsu aún agrietados por el esfuerzo de mi transformación anterior. El dolor era punzante, cada circuito ardía como si caminara sobre brasas. Pero no me detuve.
—Mokuton: Rosario del Dominios —. Murmuré entre dientes mi propia técnica una mezcla de Mokuton y matrices.
Raíces brotaron desde mis muñecas. Se alargaron y treparon por los brazos del árbol, hasta llegar a sus manos inmóviles de tres dedos. Se enroscaron, fusionándose con la corteza viva, y allí comenzaron a tomar forma, esferas de madera, compactadas y firmes, que se organizaban en patrones perfectos, uno tras otro, hasta formar grandes rosarios budistas en cada mano del coloso vegetal.
Y en cada esfera, grabé una matriz. La primera que había usado en mi camino como cultivador. Una simple, básica… pero efectiva,convertía el chakra ambiental en pequeñas cantidades de qi. Lo hermoso era que ahora, con los rosarios nacidos de mi Mokuton y fusionados con el cuerpo del árbol, tenía un vínculo. Una atadura, una tenue pero real forma de control.
El árbol ya no solo se alimentaría de mí. Ahora también me alimentaría a mí. Un equilibrio impuesto por la fuerza. Nordrassil no se movió. Pero sentí un leve temblor. Una vibración sutil recorriendo sus raíces. No era como tal una protesta, era mas bien un reconocimiento. Y tal vez… el primer indicio de obediencia.
Al abrir los ojos, el murmullo del pueblo me envolvió como una marea. Nadie entendía qué acababa de pasar, pero todos lo habían sentido, algo había cambiado. Respiré hondo, ignorando las miradas.
—Atrás. Todos —. Dije con voz ronca.
Temari y Fū captaron la señal al instante. Sin necesidad de explicaciones, comenzaron a apartar a los curiosos. No hubo gritos ni resistencia, solo pasos que se retiraban, algo tensos, algo asustados.
Junté las manos. El chakra fluyó con dificultad a través de mis tenketsu dañados. Apreté los dientes.
—Mokuton Hijutsu: Jukai Kōtan —. Murmuré.
No la versión que usé contra Itachi, no una técnica para sembrar caos o llenar hectáreas con árboles sin control. Esta vez opté por la versión superior.
Los árboles no brotaron como maleza salvaje. Emergieron con lentitud deliberada, gruesos y antiguos, como si solo ahora recordaran que podían despertar. Se unieron, se plegaron, se moldearon como arcilla viva, construyendo una sola estructura.
Un árbol único, imponente. Raíces como garras aferradas a la tierra, ramas extendidas como brazos que alcanzaban el cielo. Una copia perfecta del que habitaba en lo más profundo de mi mar interior.
Nordrassil.
Jadée. Mis piernas temblaban. Apenas podía mantenerme de pie. La técnica exigía más de lo que podía dar y seguía exigiendo mas.
—Mocoso, realmente eres patético—. Dijo una voz seca, audible, no mental.
Me giré lentamente y allí estaba. Un pequeño zorro de pelaje rojo, no mayor que un cachorro. Caminaba sin apuro entre los pies de los aldeanos, que se apartaban sin entender por qué, tal vez lo sentían.
Había tomado posesión de la marioneta. Una figura construida para él desde el principio, con canales listos y un vínculo directo que no necesitaba sellos ni palabras. Se detuvo frente al árbol, bostezó con desgano y me miró.
—Dos peleas a muerte, destruyes tu núcleo, invocas un árbol demoníaco… y ni siquiera puedes mantenerte de pie. Me estoy preguntando si vales la pena—.
Se sentó, cruzando las patas, su cola agitándose con lentitud.
—Por suerte, alguien tiene que vigilar esto. Y yo no tengo nada mejor que hacer—.
Saltó con facilidad sobre mi cabeza. El contacto fue instantáneo. Usó el vínculo que compartía con la marioneta y lo extendió hacia mí, no necesitó permiso.
El chakra de Kurama exudó desde la marioneta, envolviéndome. La presión sobre mi cuerpo se alivió. El peso de canalizar el chakra para el jutsu pasó a él, y mi aliento se estabilizó.
Nordrassil se alzó. Treinta metros de madera viva y poder condensado. Los rosarios, como grilletes, colgaban de sus ramas como advertencias. El pueblo observaba en silencio y mis ojos rodaron hacia atrás, procedí a desmayarme.
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Pov País de las Olas
El silencio inicial no duró mucho, pero lo que vino después no fue alboroto… fue un murmullo, arrastrando voces llenas de incredulidad. El gigantesco árbol dominaba el centro del pueblo, alzándose como una divinidad vegetal surgida de un cuento. Nadie se movía, nadie sabía cómo reaccionar. Solo miraban.
Un niño pequeño, no más de cinco años se adelantó, arrastrando un juguete de madera detrás de él. Su madre intentó detenerlo con una mano temblorosa, pero no pudo articular palabra. El niño caminó hasta donde empezaban las raíces y levantó la vista con asombro puro.
—¿Mamá… es de verdad?—.
La mujer asintió sin mirar, tragando saliva, no era una respuesta lógica. Solo un intento de no quebrarse frente a su hijo. El árbol no solo estaba allí, sentían que estaba allí, su presencia pesaba. Como una montaña viva. Como algo que podía pensar, no se movía, pero todos sabían que no era inerte.
Un anciano, el más viejo del pueblo, se persignó sin darse cuenta y murmuró.
—Ese no es un árbol cualquiera. Tiene ojos… aunque no los abra. Nos está observando—.
Unas pocas personas se alejaron. No corriendo, pero con pasos más apresurados de lo que admitirían. Otros se arrodillaron, no por devoción, sino porque sus piernas no aguantaban el temblor.
—¿Ese niño lo creó? —. Preguntó alguien, incrédulo.
—Dijeron que es el del puente. Naruto Uzumaki —. Respondió una voz joven.
—El que salvó al país hace un año—.
—Ese no era un niño. Era un monstruo con cara de niño… —. Susurró una mujer, abrazando a sus hijas con fuerza.
Las palabras colgaban en el aire. Algunas tenían miedo, otras respeto. Pero todas coincidían en una cosa, ese chico no era como ellos. Lo que fuera que había dentro de él… no era humano. O al menos, no del todo.
Una pareja de herreros discutió en voz baja. El más joven decía que debía estudiarse el árbol, que podría contener chakra en sus fibras. El mayor negó con la cabeza.
—Tú no entiendes. No sabemos por que lo creo, seria arriesgado dañarlo sin saber que hace—.
Y nadie se atrevía a ponerlo a prueba.
Una anciana dejó flores al pie del tronco. No por fe, sino por instinto, su abuela le había enseñado que así se trataban a los dioses antiguos, con respeto.
A lo lejos, en la colina, la silueta de Naruto desaparecía entre los brazos de Tsunami y el paso lento de Tazuna. Un niño desmayado, frágil y agotado. Pero nadie volvió a verlo igual.
Ese día, el País de las Olas dejó de hablar de Naruto el niño del puente. Y comenzó a recordar a Naruto, el que hizo crecer un Dios de madera.
Mientras la gente aún miraba con respeto temeroso, Nordrassil seguía creciendo. No en altura, ni en ramas, sino en algo más profundo, más invisible. Las raíces comenzaron a moverse. Lentamente, como si buscaran algo. Como si recordaran un mapa olvidado en la sangre del mundo. No rompían la tierra, no la violentaban. Simplemente la atravesaban, como si ya les perteneciera.
Sin levantar polvo, sin quebrar piedra, escarbaron con la suavidad de una intención divina. Se hundieron, se estiraron y a cada árbol que tocaban, se conectaban. No como parásitos, sino como parte de un todo mayor. Como si despertaran una red dormida. Los troncos viejos crujieron. Las hojas temblaron aunque no soplara viento. Los bosques olvidados respiraron como si volvieran a recordar que estaban vivos.
Nordrassil se extendió por el subsuelo como un sistema nervioso vegetal. Con cuidado, con paciencia. En un solo día, alcanzó un kilómetro a la redonda. Una distancia modesta. Una raíz que ya no podía cortarse. Un ecosistema nacido con voluntad, no para dominar… sino para sanar.
Y entonces, sucedió. El gran árbol exhaló.
No hubo sonido, ni luz, ni cambio visible. Pero todos lo sintieron, los ancianos, los niños, incluso los animales. Algo se fue, algo que siempre había estado allí, y que nadie había notado hasta que desapareció. El chakra ambiental, esa presión invisible que saturaba cada rincón del mundo, comenzó a diluirse.
Nordrassil no lo destruía. Lo absorbía y lo refinaba, lo volvía otra cosa.
El chakra entraba en sus raíces como un veneno sutil… y lo que salía era distinto. Qi. Puro, suave y armonioso. Una energía que no respondía al control, ni a la violencia. Una fuerza que no podía ser moldeada por sellos ni jutsus. Solo aceptada, solo vivida.
Los árboles que se habían unido a la red actuaban como filtros. Pulmones verdes, respiraban chakra y exhalaban vida. No cambiaban el mundo con un estruendo, sino con una constancia tranquila y sutil. Como el crecimiento de una raíz, como el flujo de una corriente bajo tierra.
Era imperceptible a los ojos de los aldeanos. Pero real e imparable. En el transcurso de un año, esa isla una entre tantas del País de las Olas se transformaría. El chakra dejaría de existir en su suelo, en sus ríos, en su aire. Y en su lugar, habría algo más antiguo. Más puro, una respiración distinta. Y sería permanente.
Un santuario natural, intocado por el legado de Kaguya. Un lugar donde el Shinju no tendría poder. Donde el chakra, esa maldición disfrazada de don, no podría echar raíces. Era un punto de resistencia que no se alzaba con armas o ejércitos. Era el primer suspiro de un mundo que no quería pelear. Solo quería sanar.
Los sabios lo llamarían una anomalía. Los dioses, una herejía y los poderosos, una amenaza. Pero para los que vivían allí, era otra cosa.
Un susurro.
Una promesa.
Un mundo sin cadenas… que empezaba a respirar.
Toda vida nació para sentir, para absorber y nutrirse del qi, la esencia primordial. Pero fue Hagoromo quien, en su deseo de unidad, forzó la evolución de la humanidad. Impuso en el ser humano lo que algunos clanes de invocación habían adquirido de forma natural, una habilidad para manipular el chakra en un mundo ya saturado por la presencia del Shinju. Hagoromo desconocía ese hecho.
Utilizando un poder que trascendía las leyes naturales, Hagoromo alteró el curso de la vida misma. Con el Jutsu Creación de Todas las Cosas (Banbutsu Sōzō), moldeó a los humanos según su visión de unidad. Lo que pretendía ser una bendición terminó por convertirse en una maldición. Creó la red de chakra un sistema forzado que conectaba a cada humano con la energía que sus ancestros mismos habían desatado. Una adaptación mal ejecutada. En su afán por vincular a la humanidad con algo más grande que ella, la condenó a depender de una fuente que jamás pidió.
Un hombre sin qi puede vivir. Pero un hombre sin chakra, muere. Así, la humanidad quedó atrapada en su propia necesidad, esclavizada a una energía artificial emanada de los árboles sembrados por los devoradores de mundos. Un sistema impuesto, un ciclo perpetuo que solo favorecía la supremacía de aquellos que dominaban el chakra. Sin saberlo, Hagoromo tejió cadenas invisibles que sujetaron a generaciones enteras a un poder que no comprendían… y que con el tiempo los conduciría a su decadencia.
Pero todo comenzaba a cambiar. Nordrassil, el árbol nacido de la esencia del alma de una anomalía, había comenzado a liberar esta isla del yugo del chakra. Respiraba distinto, no absorbía para devorar, sino para purificar. Era un fragmento de la naturaleza olvidada que, poco a poco, liberaba la tierra pieza por pieza de las cadenas que Hagoromo había forjado.
Y con ello, el mundo empezaba a despertar.
No con un rugido… sino con un susurro.
Un susurro que prometía un futuro sin los grilletes invisibles del chakra.
Un futuro donde la humanidad pudiera volver a vivir, a existir, sin la carga de esa energía artificial que los había esclavizado durante siglos.
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Omake:
El País de Uzu estaba sumido en el caos. Había sido asediado desde varios frentes, y las aldeas circundantes a la capital apenas resistieron lo suficiente para evacuar a unos pocos antes de ser arrasadas. Los Uzumaki, orgullosos y tercos, se habían atrincherado tras las murallas de la ciudad principal, pero ya era la tercera semana de asedio y la situación se deterioraba cada día.
No había noticias del País del Fuego; ni el daimyō ni Konoha habían respondido a los llamados de auxilio. Mientras tanto, los ejércitos del País del Agua y el País del Rayo se turnaban para golpear las defensas, respaldados por sus aldeas shinobi como si fueran lobos hambrientos oliendo carne.
En la sala de guerra, el daimyō Arakate observaba el mapa bélico con una mano temblorosa apoyada sobre la mesa. Frente a él, el anciano Ashina tenía el ceño fruncido, la mandíbula apretada y los ojos cargados de una furia asesina. Ninguno encontraba una ruta de escape, ninguna estrategia eficaz, ninguna esperanza.
—No queda opción—. Murmuró Arakate, aunque su voz sonó más como un lamento que como una decisión.
—Incluso nuestras reservas de sellos están bajando demasiado rápido—.
Ashina apretó el puño y golpeó la mesa con tal fuerza que los marcadores del mapa temblaron.
—Maldigo a Konoha—. Escupió con rabia —
—Y maldigo a Mito también—. Sus ojos llamearon con dolor y resentimiento.
—¿De qué sirvió que mi hermana se casara con Hashirama? ¿De qué sirvió entregar parte de nuestra sangre y conocimiento si, en el momento crítico, no fue capaz de alzar la voz por nosotros?—. La tensión en la sala se volvió casi palpable.
—“Debo proteger al clan Senju”, dijo… ¡como si los Senju fueran más importantes que nuestro propio pueblo!—.
—Ashina…— intentó decir Arakate, pero el anciano lo cortó con un gesto brusco.
—¡Traición! Eso es lo que fue. Una traición envuelta en excusas bonitas—. Continuó, sin importarle si su voz se rompía entre la ira y el dolor.
—Mito eligió su nuevo clan y dejó que el nuestro se hundiera. Y ni el País del Fuego, nuestro aliado desde generaciones, ha movido un dedo por nosotros. El daimyō ignora nuestras súplicas, Konoha no contesta… tres semanas de silencio—.
El silencio que siguió fue aún más insoportable que el rugido del campo de batalla. Ambos sabían que estaban solos. Ambos entendían que, una vez cedieran las murallas, el linaje Uzumaki sería reducido a cenizas. Afuera, las técnicas enemigas hacían temblar las defensas; adentro, dos hombres luchaban contra la verdad que los estaba asfixiando. Nada quedaba del orgullo diplomático de antaño; solo quedaba resistir o morir.
—Entonces… supongo que debemos recurrir a tu nieto…—. Arakate tragó saliva mientras observaba las runas defensivas debilitándose como brasas apagadas.
—Si hay una carta que aún podemos jugar, es él—. Ashina no respondió; solo cerró los ojos y asintió con un gesto lento, casi doloroso. Los dos sabían lo que estaban a punto de desatar.
Caminaron por los pasillos hasta la sala sellada, un espacio profundo revestido con talismanes, cadenas reforzadas y capas de sellos que brillaban como cicatrices rojas. Allí dentro encerraban al monstruo del clan Uzumaki, el nieto de Ashina. Cuando las puertas se deslizaron, el olor a sexo, sudor y alcohol los golpeó como una ola. Incluso en medio de la guerra, debían mantener a esa criatura “contenta”, pues la alternativa era demasiado peligrosa.
En el interior, una bestia de cabello rojo se revolcaba entre el libertinaje. Mujeres pelirrojas, alcohol apilado, risas roncas y un desorden que parecía más una guarida de oni que una sala sagrada del clan. El coloso alzó la cabeza, apartando con facilidad a dos mujeres que dormitaban sobre su pecho. Los mechones rojos, gruesos como cuerdas, delataban su sangre Uzumaki… pero los cuernos que emergían de su frente hablaban de algo mucho más oscuro.
El monstruo se incorporó, revelando sus dos metros treinta de altura, músculos tensos como acero y una presencia que hacía parecer pequeño incluso al Raikage. Caminó hacia ellos con pasos pesados, el vapor del calor corporal saliendo de su piel como si estuviera hirviendo. Una sonrisa torcida, casi demoníaca, se formó en su rostro.
—Wororororo… ¿a qué han venido, abuelo? ¿Y tú también, daimyō?—. Su voz resonó como un tambor, profunda y burlona.
—¿Acaso necesitan que derrame sangre? ¿Hay algún oponente interesante, o solo buscan mi fuerza para aplastar insectos?—.
Arakate tragó saliva. Ashina mantuvo el rostro firme, pero su mirada revelaba que liberar a esa cosa era la última línea que jamás quiso cruzar.
Así, los Uzumaki rompieron sus propios sellos y liberaron al ser que el mundo conocería como el Oni de Uzu. Y aunque afuera la guerra rugía con desesperación, ninguno de ellos imaginaba lo que aquel monstruo, mitad Uzumaki y mitad algo más, era capaz de desatar.
El oni caminó hacia la salida riendo, con pasos que hacían temblar el piso y blandiendo su kanabo.
—Wororororo…—.
La guerra estaba a punto de cambiar y en medio del caos, un reencarnador disfrutaba cada segundo de su nueva vida.
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Notas: ¡Gracias por leer! No olvides comentar si te gustó.
Wave, según las imágenes que he encontrado, parece un montón de islas, pero si las observas bien, es en realidad una gran isla fragmentada. Eso tendrá relevancia más adelante. Existen varios poblados repartidos entre esas islas, y el de Tazuna es el principal, además de ser desde donde se construyó el Gran Puente Naruto.
Kurama es un blandengue. Si le muestras cariño y respeto, se vuelve un tsundere de primera. Supongo que, por su habilidad para sentir emociones negativas, le resulta fácil confiar o desconfiar de los demás.
Nordrassil aún no es consciente ni sapiente; es más como una criatura basica. Los rosarios, que son solo una conexión con matrices, sirven como un medio para que ayude. Con el tiempo, podrá liberar a todo Wave del exceso de chakra. No lo borrará, pero permitirá que el qi surja y vuelva a tener presencia en el mundo.
Por último, estoy modificando la línea temporal del canon. Originalmente, pasaban tres meses desde la deserción de Sasuke hasta el inicio del viaje de entrenamiento. En mi versión, serán seis meses. Durante ese lapso, voy a incorporar todas las partes de relleno que me resulten útiles.
Hasta ahora, han transcurrido tres meses en el mundo real
— Un mes en prisión.
— Un mes y medio desde su escape hasta llegar a Suna con el Clan Fūma.
— Y un mes más desde Suna hasta Wave.
Sin embargo, para Naruto han pasado un año y casi diez meses, debido al tiempo que pasó en la prisión dentro de su cámara del tiempo con descuento.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com