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Cultivador mediocre en naruto - Capítulo 2

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Capítulo 2: Aprendiendo

Descargo de responsabilidad (Disclaimer)Los personajes y el universo de Naruto son propiedad exclusiva de Masashi Kishimoto. Esta historia es un trabajo de ficción sin fines de lucro, creada únicamente con fines de entretenimiento. Cualquier similitud con la historia original es intencional y se utiliza para construir una narrativa alternativa o expandir el mundo existente. No tengo ninguna afiliación con el autor o con las empresas que poseen los derechos de la franquicia.

— Personaje hablando —

/ Personaje pensando /

Las personas a mi alrededor sonreían y me animaban. Sus voces eran cálidas, llenas de alegría y emoción. Era una escena nostálgica, casi perfecta: mi familia y amigos estaban reunidos, celebrando logros y festividades como tantas veces antes. Había risas, brindis, abrazos y palabras de aliento que parecían envolverme en una calidez reconfortante. Sin embargo, a pesar de la felicidad aparente, algo no estaba bien.

Mientras sonreía junto a ellos, una sensación extraña comenzó a invadirme. Era sutil al principio, apenas un murmullo en el fondo de mi mente, pero con cada segundo que pasaba, la inquietud crecía. Sus rostros… sus expresiones… algo en ellos me incomodaba. Sus amplias sonrisas se veían forzadas, artificiales, casi irreales. Fue entonces cuando me di cuenta de lo que estaba mal: ninguno de ellos tenía rasgos definidos.

Era como si sus rostros hubieran sido borrados, como si sus facciones hubieran desaparecido, dejando solo una superficie lisa, sin ojos, sin boca, sin identidad. Intenté concentrarme, intenté recordar sus rostros, pero cuanto más me esforzaba, más borrosos se volvían. Mi madre… la mujer fuerte y decidida que había sabido controlar a las bestias que éramos mis hermanos y yo con su sola presencia… No podía recordar la severidad de su mirada, ni el tono firme de su voz cuando nos reprendía, ni siquiera la calidez de sus abrazos cuando nos consolaba.

Mi padre… el hombre distante, serio y reservado, pero que jamás nos falló… su imagen se desdibujaba en mi mente, su semblante fuerte y protector convertido en una sombra imprecisa. Los recuerdos estaban allí, pero los sentimientos que los acompañaban parecían embotados, diluidos como tinta en el agua. Sabía que debía amarlos, sabía que habían sido parte fundamental de mi vida, pero… ya no sentía esa conexión. Los apreciaba, los recordaba con cariño, pero el lazo emocional que nos unía se sentía… vacío. Como si ya no perteneciera a ese lugar.

Poco a poco, la escena se desvaneció en la oscuridad, y mis sentidos comenzaron a despertarse. Abrí los ojos con lentitud, parpadeando varias veces mientras mi mente procesaba la transición entre el sueño y la realidad. Me incorporé con esfuerzo, sintiendo mi cuerpo mucho menos adolorido que antes. Respiré hondo, intentando calmar la sensación de pérdida que se aferraba a mi pecho.

Llevé una mano a mi rostro, limpiando las lágrimas que habían escapado sin darme cuenta. Fue entonces cuando lo entendí. Ya no tenía lazos que me ataran a mi mundo original. Lo que fuera que me había traído hasta aquí, lo que fuera que me había insertado en este nuevo mundo, se había asegurado de que no tuviera ese problema. No había cabos sueltos, no había un pasado al que regresar.

Solté un suspiro largo y pesado, dejando caer mi mano sobre mi pecho, justo sobre mi corazón. No… no era que el amor hacia mis seres queridos hubiera sido eliminado. Seguía allí, pero ya no estaba dirigido a ellos. Había sido trasladado, redirigido, esperando un nuevo propósito, un nuevo hogar. Mi corazón aún deseaba amar, aún anhelaba un vínculo genuino. Solo necesitaba encontrar a esas personas que llenarían ese vacío.

/Una razón más para hacerme fuerte, una razón más para seguir adelante. Proteger este mundo… este mundo que, sin duda alguna, tendrá a quienes amaré/. Suspiré de nuevo, esta vez con una resignación más serena.

No importaba cuánto intentara aferrarme al pasado, mi realidad ahora era esta. Cada día, cada momento que pasaba, me acercaba más a aceptar lo inevitable, yo era Naruto Uzumaki en este loco mundo, y no había marcha atrás.

Pasaron un par de horas y, después de una comida decente, me recosté en la cama del hospital, dejando que el tiempo pasara mientras mis pensamientos divagaban.

/Beneficios de ser favorecido por la Hokage, supongo/ . Pensé con ironía sobre la comida.

No estaba seguro de qué hacer. La situación en la que me encontraba era diferente a lo que recordaba, y sin un plan claro, lo mejor que podía hacer era esperar. Entonces, un fuerte estruendo sacudió el edificio. El suelo tembló y las ventanas vibraron con violencia.

Al instante, me incorporé y miré por la ventana. Afuera, un enorme sapo había aterrizado en la calle, causando revuelo entre los transeúntes. Sentado sobre su cabeza, con su característica postura despreocupada, estaba Jiraiya, mi padrino y, al menos en teoría, mi futuro maestro.

Lo observé en silencio mientras los médicos y enfermeros salían a su encuentro, regañándolo sin piedad por hacer semejante escándalo frente a un hospital. Aunque él se rascaba la nuca con una sonrisa avergonzada, su expresión me dijo que realmente no le importaba. Lo conocía lo suficiente para saber que era más una pose que un verdadero arrepentimiento.

Fue curioso notar que todas las enfermeras eran mujeres, vestidas con el típico uniforme cliché de tacones altos y minifalda, incluso aquellas que eran kunoichis. En cambio, el personal masculino y femenino importante llevaba ropa voluminosa y que cubría su cuerpo de pies a cabeza.

—Este mundo está mal en más de un sentido—. Pensé con una mezcla de ironía y resignación.

Esperé pacientemente a que Jiraiya terminara de recibir su reprimenda. Cuando el personal médico finalmente se retiró, él entró por la ventana con la misma facilidad con la que habría cruzado una puerta. Nada más verme, alzó una ceja.

Me escaneó de arriba abajo con una mirada aguda, como si estuviera comparando algo en su mente. No tardé en darme cuenta de que había detectado algo fuera de lugar. Sus ojos no solo me analizaban, sino que parecían buscar algo… o notar la ausencia de algo.

—Debem tener un informe con mi estado emocional en algún lado… y si Jiraiya lo leyó, seguramente esperaba encontrarme roto, furioso o sumido en una crisis. No tranquilo. No así—.

—He venido a informarte personalmente de un cambio de planes —. Dijo finalmente, con un tono más serio del que esperaba.

—Se suponía que a estas alturas ya serías oficialmente mi aprendiz, pero debido a la turbulencia política causada por la misión, eso se retrasará. Me temo que todo el escuadrón estará bajo arresto domiciliario en espera de una audiencia disciplinaria—. Su tono era casual, pero su lenguaje corporal no coincidía. Su mirada se desviaba apenas cuando hablaba, como si midiera mi reacción más que concentrarse en sus palabras.

Fruncí el ceño. Esto no había pasado en el manga. La misión de recuperación de Sasuke nunca había tenido repercusiones políticas tan grandes. Mi silencio se prolongó unos segundos, lo suficiente para que Jiraiya lo notara. Su expresión cambió levemente.

—Además, tengo información sobre el jutsu de inmortalidad de Orochimaru y sobre Akatsuki—. continuó, aún observándome con atención.

—Según mis fuentes, ellos o sus aliados podrían intentar cazarte en los próximos tres años. También se ha decidido que dejarás de perseguir a Sasuke. Ahora es un problema de los ANBU—. Me miro fijamente mientras hablaba

—Está bien. Sasuke tomó su decisión —. Respondí sin emoción.

Mi respuesta fue automática. No hubo rabia, ni frustración, ni el impulso de insistir. Solo aceptación.

Jiraiya se quedó inmóvil por un instante. Sus ojos se entrecerraron apenas, su postura cambió sutilmente. Para cualquiera más, el cambio sería imperceptible. Para un maestro espía como él, yo acababa de encender una alarma.

—Pensé que tenías una fuerte conexión con el Uchiha. ¿Qué ha cambiado? —. Preguntó, su tono más afilado.

Me estaba analizando seriamente. No respondí de inmediato. En su lugar, miré por la ventana, observando el cielo despejado.

—Cuando la persona que querías ver como un hermano te mata dos veces en la misma pelea… dejas de creer en la redención—. El silencio que siguió fue pesado.

Jiraiya mantuvo la expresión neutra, pero su mandíbula se tenso apenas. Su mirada evaluó mi respuesta, buscando incongruencias. Seguramente ya había leído en los informes el daño que sufrí y cómo el Kyūbi tuvo que intervenir.

—Entiendo… supongo que es justo.—. Dijo después de unos segundos.

Aun así, no se movió de inmediato. Me observó un poco más, como si intentara encontrar alguna fisura en mi máscara. Finalmente, suspiró y se pasó una mano por el cabello.

—Se te dará de alta en unas horas. Serás libre de moverte por la aldea, pero tienes prohibido salir de las murallas hasta la audiencia, que se llevará a cabo en una semana a lo mucho. Los miembros pertinentes todavía están en reuniones, así que hasta entonces, todo queda en pausa —. Continuó, con un tono más neutral.

Pareció dudar por un instante, como si estuviera a punto de decir algo más. Pero al final, simplemente me lanzó una última mirada antes de girarse y marcharse por la ventana.

Lo seguí con la mirada hasta que desapareció.Y entonces, volví a quedarme solo con mis pensamientos. El canon se fue de sabático cariño, ademas… Jiraiya sospecha de mi.

Nada era como debía ser. El entrenamiento con él ya no era una certeza, y si seguía analizándome de esa forma, podría empezar a hacer preguntas incómodas.

Tendría que moverme con cuidado. No podía permitir que mi destino quedara en manos de la aldea, los clanes o el consejo civil. Si quería sobrevivir en este mundo caótico, tenía que tomar las riendas de mi propio camino.

Mis pensamientos estaban hechos un desastre. Todo parecía ir de mal en peor. Se suponía que tendría tres meses entre ahora y el inicio del viaje de entrenamiento, un tiempo valioso que podría haber usado para prepararme adecuadamente, pero en lugar de eso, me encontré con una audiencia disciplinaria.

El canon estaba completamente trastocado, y la sensación de caos era palpable. Todo lo que pensaba que sabía sobre el curso de los eventos había dado un giro inesperado.

Entre las pocas cosas que parecían haberse realizado en esos tres meses, una de las más destacadas fue la aparición de las piedras Gelel. Lo curioso era que, según lo que recordaba, esas piedras pertenecían a una película, lo cual hacía que su existencia real fuera cuestionable. Aun así, no podía descartarlas tan fácilmente.

Estaba en un mundo alternativo, en un universo con reglas distintas, y si algo había aprendido en este lugar, era que las sorpresas eran lo único constante. Las piedras Gelel eran una fuente de poder desconocido, y el potencial que representaban me obligaba a considerarlas. Mi “dedo de oro” estaba relacionado con la cultivación, y era evidente que en todos esos universos alternativos las piedras espirituales jugaban un papel crucial.

Si las Gelel resultaban ser un sustituto adecuado para esas piedras, entonces tenía que hacer todo lo posible por encontrarlas antes de que lo hicieran otros. Necesitaba llegar al maldito Uron de los ojos rojos antes de que cualquier otra persona lo hiciera.

De repente, me detuve, como si me hubieran lanzado un balde de agua fría. Si la película era de alguna forma “canónica” en este mundo, eso implicaba que existía otro continente allá afuera, uno sin usuarios de chakra. Eso significaba que habría mucho que descubrir sobre este lugar, pero no podía permitir que esa idea me distrajera ahora. Necesitaba centrarme en lo que estaba frente a mí.

/No es una prioridad ahora mismo. Lo pondré en mi lista de cosas por investigar más tarde/. Pensé, tratando de calmarme.

Mientras caminaba, hice una lista mental de las cosas que debía averiguar. Había varios puntos que no podía dejar pasar, y uno de los más urgentes era la misión que el Naruto del canon había tenido durante estos tres meses: salvar a dos princesas. Una provenía del País de los Pájaros, y la otra del País de los Vegetales.

Sabía que tener daimyos como aliados, aunque provinieran de países pequeños, podría ser muy beneficioso a largo plazo. Aliados de peso podían cambiar el rumbo de cualquier guerra o conflicto. No era una tarea fácil, pero al menos tenía claro que debía encontrar una manera de solucionar ese maldito problema, por molesto que fuera.

Esos pensamientos seguían rondando mi mente cuando, de repente, me dieron de alta. Todo había sucedido tan rápido que ni siquiera me había dado cuenta de cuánto tiempo había pasado. Afortunadamente, alguien dejó un conjunto de ropa en buen estado para mí. No tendría que salir del hospital en harapos, lo cual habría sido un golpe a mi orgullo. Aunque la situación no era la más ideal, al menos me sentía agradecido por esa pequeña bendición.

Salí a las calles de la aldea, y, como era de esperarse, la incomodidad me invadió de inmediato. La gente me observaba, algunos con indiferencia, otros con desdén. Sentí ese peso en los hombros, esa sensación de ser juzgado sin razón.

Me recordó como hace unos momentos traté de visitar a Chōji en su habitación del hospital, me encontré con su madre, quien me miró con esa mirada que se había vuelto tan familiar, la que me daban aquellos que me odiaban. Lo que ocurrió después fue lo que más me disgustó. Me negó la visita a su hijo, algo que solo acrecentó el malestar en mi interior.

En ese instante, me vino a la mente una escena del manga que había leído hace tiempo: un Akimichi había dicho que debían matarme por robar el pergamino, incluso cuando el Hokage había ordenado que me encontraran, pero no que me mataran. Lo peor era que, a pesar de la lógica, estaban dispuestos a llevar a cabo esa sentencia de muerte. Todo eso me hizo recordar lo extraño que resultaba vivir en un mundo donde las decisiones más irracionales parecían ser las más aceptadas.

Suspiré, decidiendo dar un paseo mientras organizaba mis pensamientos. Caminé por toda Konoha, un lugar que, a pesar de ser familiar por conocerlo de otra vida, seguía sintiéndose ajeno. Este era un isekai en el que me había visto atrapado, y aunque la aldea era la misma que había visto innumerables veces en el manga y el anime, estar aquí en persona le daba un aire distinto, más opresivo.

Recorrí cada rincón de la aldea, observando los lugares que formaban parte de la infancia de Naruto. Sin embargo, cuanto más caminaba, más claro se hacía que Naruto casi no tenía recuerdos felices en Konoha.

El gran distrito comercial, con su gigantesca avenida en la zona más desarrollada de la aldea, era un lugar donde el joven Naruto aprendió a mantenerse alejado. Los comerciantes lo despreciaban, convencidos de que su presencia ahuyentaría a los clientes. En los baños públicos nunca se le permitió entrar, pues para la aldea entera él era una peste indeseada. En los parques, los padres apartaban a sus hijos cada vez que lo veían, susurrándoles advertencias para que se alejaran del “monstruo”.

Los orfanatos tampoco fueron mejores. Konoha tenía tres, pero Naruto solo pasó por dos. En el primero lo mantuvieron desnutrido hasta que finalmente lo trasladaron a otro, donde al menos lo toleraron… hasta que cumplió los cinco años.

Sin darme cuenta, mis pasos me llevaron hasta un parque. Un lugar aparentemente insignificante, pero con un peso especial en la historia de Naruto. Fue aquí donde conoció a Hinata, donde aquel pequeño acto de amabilidad dejó una marca en su corazón y plantó la semilla de su amor por él. Ahora, yo era Naruto, lo que hacía que la idea me resultara extrañamente surrealista.

Continué caminando hasta que llegué a mi hogar. Se encontraba en una zona intermedia entre el barrio rojo y el distrito comercial, una ubicación curiosa. Lo más sorprendente era la casa en sí. No era el cuchitril que uno esperaría para alguien como Naruto, sino un apartamento de buen tamaño. Tenía una zona común amplia, que también servía como dormitorio, un cuarto de entrenamientom, que en realidad debía haber sido la habitación, pero Naruto lo había convertido en su gimnasio improvisado, un baño y una pequeña bañera en otro cuarto.

Me sorprendía que al menos le hubieran dado un lugar decente donde vivir. Era mejor de lo que esperaba, pero aún así, la irresponsabilidad de la aldea seguía siendo evidente. ¿Dejar a un niño de cinco años viviendo solo? Claro, se suponía que había un chūnin que le enseñó a cocinar y a lavar su ropa durante dos meses… pero después de eso, lo abandonaron a su suerte.

Tal vez en este mundo, donde los niños maduran de forma anormalmente rápida, tenía sentido. Pero como alguien que venía de otro lugar, con otra perspectiva, no podía evitar sentir disgusto ante semejante negligencia.

Dejando mi moralidad de lado por el momento, entré al apartamento. No era un desastre total, pero sí necesitaba una limpieza urgente. Sin perder el tiempo, creé cuatro clones y los puse a trabajar.

Era curioso. Sabían que yo recibiría toda la experiencia del trabajo una vez se deshicieran, junto con la fatiga mental, así que no se quejaban ni buscaban excusas. Simplemente hacían lo que tenían que hacer.

Abrí el refrigerador y lamenté haberlo hecho. Un hedor horrible salió de inmediato. Había comida en mal estado, productos caducados, moho en los rincones… y claramente nadie había limpiado la nevera en mucho tiempo. Creé otros dos clones específicamente para encargarse de ese desastre.

—Dios… esto se siente como volver a independizarme —. Murmuré, sacudiendo la cabeza con resignación.

Fui a la sala de entrenamiento que Naruto había improvisado, un espacio caótico pero funcional, reflejo de su personalidad en muchos aspectos. Apenas puse un pie dentro, noté que el lugar estaba desordenado, pero no hasta el punto de ser inhabitable. Había libros y pergaminos de la academia esparcidos por todas partes, algunos apilados en esquinas y otros abandonados sobre mesas improvisadas con cajas de madera.

Naruto los había ido recopilando a lo largo de los años, posiblemente con la esperanza de mejorar en sus estudios, aunque era evidente que la mayoría seguían en perfecto estado. Eso solo significaba una cosa: nunca los había utilizado realmente. Probablemente, porque no entendía bien su contenido o simplemente porque nunca tuvo a nadie que le enseñara cómo estudiarlos correctamente.

Deslicé mis dedos por la cubierta polvorienta de un pergamino y solté un suspiro. La educación de Naruto había sido un desastre. No por falta de potencial, sino porque el entorno en el que creció nunca le brindó las herramientas adecuadas para aprender.

Armas de mala calidad estaban esparcidas por el suelo, algunas melladas por el uso constante, otras en tan mal estado que apenas servían como herramientas de práctica. Shurikens y kunais con bordes desgastados, dianas de entrenamiento con marcas de cortes irregulares, y hasta algunas vendas sucias y arrugadas en un rincón, probablemente utilizadas para cubrir heridas que él mismo se hacía al entrenar sin supervisión.

Pero lo que más llamó mi atención fueron cuatro pergaminos de almacenamiento de tamaño moderado, enrollados con cuidado y guardados en un estante bajo. Eran lo suficientemente grandes como para que todo en esta sala pudiera almacenarse en apenas dos de ellos.

/Ahorrados y comprados para transportar cosas en sus bromas… y dos de ellos fueron regalos del Sandaime/. Pense en el viejo.

Recordé con claridad cómo Sarutobi solía darle dinero a Naruto en sus cumpleaños la mayoría de las veces, como si con eso compensara su soledad. Sin embargo, cuando Naruto ingresó a la academia, el anciano le hizo un regalo diferente: un pergamino de almacenamiento con libros de estudio y armas de entrenamiento. Era un intento de brindarle herramientas para mejorar, aunque sin ningún tipo de guía o instrucción, ese regalo terminó siendo poco más que un adorno.

El otro pergamino de almacenamiento se lo dio en una Navidad, con la intención de que le sirviera para transportar sus cosas cuando se graduara. Un regalo práctico, sí, pero que seguía sin cambiar el hecho de que, fuera de esos pequeños gestos, el anciano simplemente lo dejaba a su suerte el resto del tiempo.

Suspiré mientras dejaba el pergamino en su lugar. Sarutobi era una figura contradictoria. Le daba alguna chuchería a Naruto para mantenerlo contento, para apaciguar un poco su difícil infancia… y luego lo ignoraba el resto del tiempo, como si un par de migajas fueran suficientes para aliviar el peso de su soledad.

Moviendo algunos objetos en el cuarto, finalmente di con el escondite donde Naruto guardaba parte del dinero que había ahorrado con los años. No era solo el que recibía ocasionalmente de Sarutobi, sino también lo que había acumulado con pequeños trabajos y, más tarde, con sus misiones. La cantidad era sorprendentemente alta, un testimonio silencioso de su esfuerzo y perseverancia.

Me senté en el suelo con el reglamento de Konoha en mis manos, hojeándolo mientras mis clones seguían limpiando. No tenía intención de aprenderme cada artículo al pie de la letra, pero conocer las normas básicas de la aldea era una necesidad. En este mundo, la ignorancia no era una opción.

Sin embargo, no era tan ingenuo como para bajar la guardia. Antes de comenzar la limpieza, había dado una directriz absoluta a todos mis clones: debían moverse en parejas. Si en algún momento detectaban que uno de ellos mostraba cualquier anomalía relacionada con el chakra del Kyūbi, su compañero debía destruirlo de inmediato sin dudarlo.

Mucha gente parece olvidar en los fanfics que el entrenamiento con múltiples clones es extremadamente peligroso para Naruto. El Kyūbi no dudaría en intentar tomar el control de uno si tenía la oportunidad. En el canon, solo Kakashi con su Sharingan y Yamato con su Mokuton podían supervisar este tipo de entrenamiento sin riesgos.

Yo no tenía ninguna de esas ventajas. Por lo tanto, debía ser extremadamente cuidadoso al mantener clones activos durante largos periodos de tiempo. Un solo error, un solo descuido, y todo podría irse al diablo en un instante.

Durante quince minutos, mis clones limpiaron el apartamento antes de disiparse como estaba previsto. Sentí la fatiga acumulada por todo ese trabajo, pero este cuerpo, a pesar de sus defectos, era superior a cualquier cuerpo humano de mi mundo original, así que lo soportaba sin problemas.

Sin perder tiempo, creé otra tanda de seis clones, estableciendo nuevamente el mismo límite de quince minutos antes de que se disiparan. Esta estrategia no solo evitaba la acumulación excesiva de fatiga, sino que también minimizaba cualquier riesgo relacionado con el chakra del Kyūbi.

Cuando cayó la noche, ya había leído una parte considerable del reglamento de Konoha, sus leyes y las directrices de conducta para los shinobi. Me sorprendió la cantidad de normas que el Naruto original jamás llegó a conocer, detalles ocultos entre tecnicismos legales y disposiciones diseñadas para afianzar el dominio de los clanes influyentes sobre la aldea. Había lagunas, reglas ambiguas y, sobre todo, un claro mensaje de que el Hokage no era más que una pieza dentro de un engranaje mucho mayor.

Con la mente sobrecargada de información y el estómago vacío, decidí salir a comer algo. Dejé atrás un apartamento impecable y caminé por las calles de una aldea que me odiaba o, en el mejor de los casos, fingía que no existía.

Incluso después de haberme enfrentado al Shukaku durante los exámenes Chūnin, Konoha no parecía dispuesta a reconocerme. Para ellos, no importaba lo que hiciera; mi existencia seguía siendo una afrenta.

Ignorando las miradas furtivas y los susurros, llegué al puesto de ramen de Ichiraku. Antes de entrar, utilicé un Henge para ocultar mi identidad. No quería espantar a los clientes ni afectar el negocio de Teuchi y Ayame.

/Son buenas personas… Puede que Teuchi haya sospechado quiénes eran mis padres, pero aun así siempre me trató con amabilidad/. Pense con cariño en estas amables personas que aceptaron al paria de la aldea.

Comí sin prisas, disfrutando de la calidez del ramen y del ambiente tranquilo. No había necesidad de llamar la atención. Una vez saciado, dejé el pago sobre el mostrador y me marché sin despedirme, caminando sin rumbo hasta que mis pasos me llevaron al Monumento Hokage.

Desde el pie de la estructura, observé las imponentes cabezas de piedra talladas en la montaña. A pesar de su valor simbólico, no había vigilancia alguna.

—Para ser un monumento importante para el pueblo, lo tienen completamente desprotegido —. Murmuré con una mezcla de ironía y desdén.

Subí hasta la cabeza del Cuarto Hokage y me senté con la vista fija en la aldea. Desde aquí, Konoha parecía pacífica, bañada por la luz de la luna y los faroles, como si la hostilidad que ardía en sus calles no existiera. Pero yo sabía la verdad.

Necesitaba averiguar en qué AU de Naruto me encontraba. Algunos eran extremadamente peligrosos.

Si este era uno de esos universos donde Minato y Kushina estaban vivos, la situación se tornaba verdaderamente aterradora. Minato por sí solo ya era un monstruo con su velocidad y técnicas. Pero Minato con la mitad yin del Kyūbi en su interior… eso era un problema mayúsculo.

Peor aún si esto resultaba ser uno de esos escenarios donde sobrevivieron y se ocultaron para criar a sus otros hijos, que también eran Jinchūrikis. Me estremecí solo de imaginar la tensión y la absurda dinámica familiar que tendría que enfrentar.

Otro escenario igualmente jodido era la maldita CRA (Clan Restoration Act).

Lo que Shikamaru me había contado sugería que algo así podría estar en proceso dentro de la política interna de Konoha. No iba a permitir que me utilizaran como simple semental para repoblar un linaje extinto. Con el nivel de odio que la aldea me tenía, ni siquiera se molestarían en obligarme a matrimonios políticos; me tratarían como un mero recurso genético, algo que podían explotar a voluntad.

No.

Antes de permitir que me convirtieran en una herramienta de cría, preferiría liberar al Kyūbi sobre sus traseros. Rompería el sello y le escupiría en la cara al Minato que intentara evitarlo.

Pero, de todas las posibilidades, la más probable era el destierro.

Era ilógico. Si algo tenía sentido dentro de la estructura militar de Konoha, era que yo, como Jinchūriki, debía permanecer dentro de la aldea. Pero en estos AUs alternativos, la lógica era un concepto volátil. Podían desterrarme por política, por conspiraciones de los clanes o simplemente porque alguien con suficiente influencia decidiera que era más conveniente deshacerse de mí.

Independientemente del motivo, el resultado era el mismo.

No importaba en qué versión de la historia estuviera. No importaba si me desterraban, si intentaban encarcelarme o si buscaban utilizarme.

Tenía que irme de la aldea.

Con una resolución clara sobre el resultado que debía alcanzar, ahora tenía que planear el camino.

Observé la palma de mi mano y, lentamente, el símbolo de almacenamiento comenzó a formarse. Mi dedo de oro, un espacio de almacenamiento único que no dependía de pergaminos ni sellos de invocación convencionales. Era un espacio personal, un reino donde podía guardar cualquier tipo de material siempre que pudiera ser considerado un ingrediente alquímico. No importaba el tamaño, la cantidad o la rareza, si la alquimia podía aprovecharlo, podía almacenarlo sin restricciones.

Pero lo verdaderamente valioso no era lo que podía guardar en él, sino lo que ya estaba dentro.

Miré a mi alrededor con cautela. No había elegido este lugar al azar. Aquí, sobre la cabeza del Cuarto Hokage en el Monumento, no había edificios altos que pudieran ocultar a espías ni sombras en las que alguien pudiera esconderse fácilmente. Era un sitio abierto, perfecto para notar cualquier vigilancia.

Una vez que estuve seguro de que nadie me observaba, invoqué el libro.

La primera vez que lo vi, su presencia había sido imponente, su portada grabada con símbolos arcanos que parecían palpitar con una voluntad propia. Ahora, en mis manos, su apariencia era más simple, pero su valor no había cambiado en lo absoluto. Este libro contenía el camino hacia la inmortalidad.

Sin embargo, este concepto no debía confundirse con la visión occidental de la inmortalidad. Para los occidentales, ser inmortal significa simplemente no morir. Un vampiro, un espíritu, un ser divino con vida eterna… todos son considerados inmortales porque no pueden ser destruidos por causas naturales.

Pero en la cultivación, la inmortalidad es mucho más que eso.

No se trata solo de vivir eternamente, sino de trascender. De romper los límites impuestos por el mundo mortal y alcanzar un estado en el que el cuerpo, el alma y la mente evolucionan más allá de cualquier restricción. Un verdadero inmortal no solo deja de envejecer; moldea la realidad con su mera presencia, dobla las leyes del mundo a su voluntad y se convierte en una existencia que trasciende la comprensión humana.

Y este libro sería mi guía para alcanzar ese punto.

Sin embargo, la cultivación por sí sola no era suficiente. Había otro pilar igual de importante: la alquimia.

Para avanzar en el sendero de la cultivación, el cuerpo debía ser refinado, fortalecido, preparado para soportar las transformaciones que traía el poder. No bastaba con absorber la energía del mundo y esperar que todo se acomodara por sí solo. Sin preparación, la acumulación de energía podía provocar que el cuerpo colapsara, el alma se corrompiera o incluso que el cultivador explotara desde adentro.

La alquimia era la clave para evitar ese destino.

A través de la refinación de ingredientes, era posible crear píldoras y elixires capaces de acelerar la cultivación, reforzar el cuerpo, purificar el alma y expandir la capacidad de absorber energía sin sufrir daños. Era un arte milenario que separaba a los cultivadores ordinarios de aquellos con verdadero potencial.

El libro contenía matrices alquímicas básicas, y al abrirlo descubrí algo que me dejó sin palabras, habían sido adaptadas para usar chakra en lugar de Qi. Esto lo cambiaba todo.

/Lo mejor de todo es que no necesito Qi para hacerla funcionar/. Fueron mis pensamientos ante la buena noticia.

Siendo un habitante de este mundo, donde el Qi como concepto no existía de la misma manera que en los mitos de la cultivación, habría tenido que buscar un método para sustituirlo. Pero con esta adaptación, podía comenzar mi entrenamiento sin tener que preocuparme por la incompatibilidad de los sistemas.

Y eso significaba una sola cosa: podría empezar de inmediato.

Podría fortalecer mi cuerpo y revertir los estragos de una década de malnutrición. Desde mi infancia, la aldea me había dado menos comida de la que requería mi linaje Uzumaki. El simple hecho de ser un Uzumaki significaba que mi metabolismo era superior al de un humano promedio. Necesitaba más nutrientes, más energía, más alimento… pero nunca lo había recibido.

Luego, en mi juventud, la falta de una guía adulta me condenó a sobrevivir con lo que pudiera conseguir. No había nadie que me enseñara cómo cuidar mi cuerpo, cómo fortalecerlo, cómo alimentarlo adecuadamente para desarrollar todo su potencial.

Pero ahora tenía el conocimiento para forjar un cuerpo acorde a mi linaje.

Si lograba hacerlo bien, comenzaría con una base mucho más alta que la mayoría de los cultivadores.

Con chakra, mi cuerpo ya era naturalmente superior al de un humano común. Mi herencia Uzumaki me otorgaba una vitalidad sobrehumana, con una regeneración ligera que aceleraba mi recuperación. Además, la filtración constante del chakra del Kyūbi a lo largo de los años había expandido y fortalecido mi sistema de chakra, permitiéndome contener enormes cantidades de energía sin colapsar.

Incluso mi Tenketsu era más resistente de lo normal.

Los puntos de chakra de la mayoría de los ninjas tenían un límite, una cantidad máxima de energía que podían canalizar antes de dañarse. Pero los míos eran más fuertes, más resistentes. Habían soportado la presión de mi chakra denso y abundante desde la infancia, lo que significaba que tenía una capacidad de crecimiento mayor a la de cualquier ninja promedio.

Ahora tenía el conocimiento y los medios para evolucionar, Solo faltaba una cosa. Dar el primer paso.

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Lo primero que debía hacer era preparar un recipiente adecuado. No cualquier recipiente servía para crear píldoras. Generalmente, en las antiguas prácticas alquímicas, se utilizaban metales cuyas vetas se encontraban en lugares con altas concentraciones de Qi en la naturaleza. Sin embargo, este mundo no poseía esos minerales específicos, lo que significaba que tendría que recurrir a otra opción. Decidí utilizar una matriz que pudiera imbuir al metal con propiedades similares, a pesar de las diferencias en los materiales.

La opción más simple era usar cobre, un metal con significados medicinales y espirituales en muchas culturas, especialmente en las tradiciones chinas y japonesas. Incluso en Japón, se utilizó cobre para la creación de la famosa estatua de Buda, si mi memoria no me fallaba.

Esta matriz era sencilla, aunque poderosa. Imbuiría al cobre con las propiedades necesarias para utilizarlo como un recipiente alquímico. La única limitación era que la durabilidad del cobre disminuiría rápidamente.

La matriz alteraría su estructura, lo que permitiría que se utilizara para algunos procesos, pero eventualmente se degradaría, obligándome a hacer el proceso nuevamente con otra olla de cobre para reemplazarla.

Con esta idea en mente, repasé los materiales que necesitaba para la creación de las píldoras y, con esa lista, me dirigí hacia una zona comercial pequeña. A esa hora de la noche, la mayoría de los comerciantes estaban cerrando, pero todavía quedaba algo de actividad en la parte más civilizada de la aldea, un área en la que los ninjas eran menos frecuentes.

Utilicé un Henge para ocultar mi presencia y pasar desapercibido, haciendo que nadie me reconociera. Compré harina de mijo en lugar de trigo debido a sus propiedades medicinales, jengibre, canela para darles sabor y hacerlas más agradables, y algas deshidratadas que aportarían más nutrientes. También adquirí un par de ollas de cobre pequeñas, de unos cuatro litros. Con esto completé mis compras y me dirigí a casa para comenzar con el experimento.

Una vez en casa, utilicé uno de los muchos pergaminos vacíos que tenía a mano para dibujar la matriz alquímica. Mis manos se movían casi solas, como si hubiera realizado este proceso miles de veces. No era un proceso desconocido para mí. Con precisión, dibujé la matriz de la manera correcta, asegurándome de que cada línea estuviera en su lugar, canalizando mi energía mientras lo hacía.

—Interesante, una buena noticia al menos —. Susurré para mí mismo, sorprendido de que esta nueva habilidad fluyera tan naturalmente.

Coloqué la olla sobre la matriz, canalicé chakra de manera suave y controlada, permitiendo que la estructura hiciera el trabajo. La matriz comenzó a infundir el cobre con mi energía espiritual, separando la parte física de la espiritual y fusionándolas de una manera distinta para formar Qi. Esta combinación fue la que permitió que el metal adquiriera las propiedades necesarias para funcionar como un horno alquímico. El proceso fue largo y agotador, me llevó hasta la madrugada, pero finalmente lo logré.

Usé aproximadamente la misma cantidad de chakra que emplearía para un Rasengan, y como resultado, creé un horno alquímico de baja calidad, pero lo suficientemente funcional para lo que necesitaba. Aunque no era perfecto, era un comienzo.

Selle todo en el cuarto de entrenamiento improvisado, usando dos de los pergaminos de sellado para eso. Luego me dediqué a crear una matriz más compleja, una que estuviera específicamente diseñada para alquimia, el dibujo me tomo mas o menos media hora pues era simple y basica.

Corté los ingredientes como me indicaba el libro, con precisión, y los coloqué cuidadosamente en el “horno” de cobre que había creado.

Una vez que todo estuvo listo, me senté frente a la matriz, colocando las manos en los puntos adecuados y canalicé chakra hacia ella. La matriz comenzó a almacenar el chakra, como si fuera el combustible de una máquina, y con un pequeño impulso, comenzó a funcionar. A diferencia de la primera matriz, esta no requería mi intervención constante. Era más eficiente, y solo necesitaba supervisión ocasional.

No fue hasta el amanecer que las píldoras estuvieron listas. Al final, con un kilo de cada ingrediente, la matriz produjo diez píldoras. Pero estas no eran píldoras comunes. En cierto modo, eran similares a los efectos alimenticios de las semillas del Ermitaño de Dragon Ball. Una sola de estas píldoras podría satisfacer las necesidades nutricionales de un infante Saiyajin durante diez días.

En mi caso, estas píldoras también serían efectivas, aunque no tanto como en las originales, gracias a que no era un Saiyajin con un estomago sin fondo, también me servirían para 10 días a pesar de ser inferiores a las semillas del ermitaño. Aún así, me proporcionarían una ración de emergencia suficiente para 100 días.

Estas píldoras eran extremadamente útiles en cualquier situación. Podían darme los nutrientes necesarios debido habían sido enriquecidas con Qi, lo que les confería propiedades adicionales para nutrir el cuerpo. Al comer una, sentí una saciedad única, como si todo mi cuerpo estuviera siendo nutrido por completo, sin ninguna deficiencia. La sensación era impresionante, como si cada célula de mi ser reciviera los nutrientes de haber comido lo necesario e incluso mas, sin el efecto de sobre alimentarme.

— Simples y baratas de hacer, pero increíblemente útiles. Todos los nutrientes en solo unos cuantos kilos de alimentos. Realmente, la alquimia es algo mágico—. Dije para mí, sonriendo ante la solución tan práctica que había creado.

Mis problemas de alimentos habían sido resueltos y el experimento fue un éxito, ahora tenía la oportunidad de seguir avanzando en mi camino hacia la cultivación y la inmortalidad. El siguiente paso estaba claro, perfeccionar este proceso y continuar evolucionando.

Estaba agotado. Acababa de salir del hospital después de las graves heridas que había sufrido, y no había dormido nada. Mi cuerpo aún se sentía pesado, pero la urgencia de continuar con mi trabajo me empujó a seguir adelante.

Decidí crear dos clones, asegurándome de que tuvieran suficiente chakra para crear sus propios clones. Les di una tarea específica, uno debía forjar otro horno alquímico con la segunda olla de cobre, mientras que el otro estaría a cargo de vigilar cualquier anomalía, especialmente si el chakra del Kyubi comenzaba a filtrarse.

— Mejor hacerlo ahora, antes de que esté en un apuro—. Pensé, mientras me recostaba en el tatami y cerraba los ojos, dejando que el sueño me envolviera.

Mientras dormía, el clon se encargó de crear el horno básico, el cual era necesario para los siguientes experimentos. El otro se mantuvo alerta, vigilando cualquier cambio en el flujo del chakra, listo para disiparse si percibía algún problema relacionado con la energía del nueve colas.

A los 15 minutos, el clon creó dos nuevos clones para repartir el trabajo y evitar la acumulación de fatiga, y luego los clones originales se disiparon. Yo, sumido en el sueño, no me di cuenta de que los recuerdos de esos momentos me llegarían como una especie de sueño vívido.

Fue hasta la tarde cuando finalmente desperté. Los clones habían terminado su trabajo y ya no estaban, como era de esperarse. Revisé rápidamente el horno que habían creado. Estaba bien hecho, y pude guardarlo en mi sello de la palma, ya que lo necesitaba para los futuros procesos de alquimia. Con todo almacenado, incluidos los pergaminos y la matriz que había preparado decidí ocultar la matriz bajo las cosas del gimnasio que había sacado nuevamente del pergamino, de modo que nadie pudiera encontrarla accidentalmente.

Ahora que tenía todo listo, me sentí más tranquilo, pero aún quedaba una tarea importante. Quería reunir más ingredientes, especialmente en los bosques cercanos a la aldea. Tal vez podría colarme en el Bosque de la Muerte, ya que parecía que no estaba siendo vigilado en ese momento. Si podía conseguir más materiales y algunos ingredientes raros de la naturaleza, podría perfeccionar aún más el proceso de alquimia.

Decidí crear un clon para realizar las compras de los mismos ingredientes de la última vez. Planeaba fabricar más píldoras; eran fáciles de hacer, baratas, pero increíblemente útiles. También necesitaba una olla de cobre más grande para los nuevos experimentos.

Caminé con paso tranquilo hacia el hospital de la aldea. A pesar de mi estado, la gente aún me observaba con desconfianza, incluso odio. Los shinobi me ignoraban de manera activa, como si intentar borrar mi existencia de su vista fuera la solución más eficaz.

No era indiferencia, sino una actitud deliberada de desdén, un recordatorio constante de mi posición dentro de la aldea. Cuando llegué al hospital, el clon se disipó, y los recuerdos de haber adquirido 100 kilogramos de ingredientes me fueron transmitidos. Asentí, confirmando que los clones compartían el sello de almacenaje conmigo.

Decidí intentar visitar a Chouji. Para mi suerte, Shikamaru estaba allí, haciendo que el akimichi de guardia no pudiera negarme la visita. Esto me permitió entrar al cuarto de Chouji, quien aún se encontraba en coma.

— Shikamaru, ¿hay alguna novedad sobre las reuniones? —. Pregunté, mientras nos alejábamos del cuarto, fuera del alcance de las enfermeras y demás personas.

Shikamaru me lanzó una mirada cansada, reconociendo la intensidad de mi pregunta. Sabía que no me iría sin una respuesta. Suspiró y, tras un momento, comenzó a hablar.

— Es problemático. Mi viejo está estresado. Parece que los civiles están presionando mucho por la tierra de los Uchiha. Quieren adueñarse de ella ahora que no hay un heredero afiliado a la aldea, pero los clanes también están peleando por ese territorio—. Me explicó, claramente exhausto.

— Espera, el Consejo Civil siempre ha estado ahí, pero ¿cómo es posible que puedan presionar a los clanes de esa manera? —. La confusión me invadió. El Consejo Civil había sido establecido desde el principio de la aldea para manejar los asuntos no shinobi, pero nunca habían tenido influencia en el área militar.

Shikamaru frunció el ceño, jugando con sus pulgares mientras pensaba en cómo explicarlo.

— Supongo que es algo poco conocido, pero después del incidente con el Kyubi, la aldea no tenía fondos suficientes. El daimyo ofreció algo de apoyo, pero fue más simbólico que otra cosa. El dinero no alcanzaba, así que el Tercero ofreció concesiones a comerciantes y familias adineradas del Consejo Civil a cambio de financiación—. Fue la respuesta de Shikamaru.

Lo miré incrédulo. — ¿Tanto fueron las concesiones? ¿Qué pensaba el viejo Sandaime? —. No podía creer que la situación hubiera escalado hasta ese punto.

— Realmente no es tan directo, pero sí. Las concesiones fueron en áreas como infraestructura y abastecimiento. Pero fue durante estos diez años que se afianzaron. Financiaron a familias shinobi y a ninjas sin clan, ganando poder poco a poco. Mi viejo dice que esos bastardos se abrieron camino a la fuerza, hasta conseguir favores políticos para aprobar leyes que les otorgaban control sobre casi todos los suministros alimenticios de la aldea. Eso les dio un verdadero poder de voto—.

Mis pensamientos fueron rápidos y agudos. Recordé una frase de Napoleón: “Un ejército marcha sobre su estómago”. Si el Consejo Civil controlaba los suministros alimenticios, especialmente las importaciones y los aranceles, tendrían un impacto directo sobre los grandes clanes.

Esto no solo afectaría el flujo de recursos vitales, sino que también les permitiría estrangular la capacidad de los shinobi de mantener sus fuerzas en pie. Los tipos del Consejo Civil eran inteligentes. Habían entendido el poder de la economía de manera tajante, convirtiendo algo tan aparentemente simple como los suministros en un punto de inflexión en el control político.

Pero eso no era todo. La conversación continuo y poco a poco entendí como el concejo civil era capas de presionar a los clanes shinobi con su influencia ganada durante estos años con un Sandaime cansado y viejo.

Control de la Infraestructura: El Tercero había cedido tierras y recursos para la construcción de nuevas infraestructuras, como caminos, almacenes y mercados, que eran esenciales para el comercio dentro y fuera de la aldea. Este control sobre la infraestructura vital les permitió a los civiles posicionarse como actores indispensables en la gestión de la aldea. Incluso los grandes clanes no podían hacer nada sin depender de los servicios que el Consejo Civil había comenzado a controlar.

Concesiones a Comerciantes: Al garantizar concesiones económicas y permisos para comerciantes, los civiles ganaron aliados importantes fuera de la aldea, especialmente aquellos involucrados en el comercio de recursos esenciales. Al asegurarse de que los comerciantes dependieran de sus permisos para operar, pudieron influir en la economía de la aldea de forma indirecta. Este tipo de control económico les permitió acumular riquezas, que luego invirtieron en apoderarse de otras áreas de poder político.

Establecimiento de Redes de Favores: Durante años, el Consejo Civil empezó a financiar a familias shinobi más pequeñas, e incluso a ninjas sin clan. Estas inversiones generaron una red de lealtades, ya que muchos de estos ninjas y familias estaban profundamente agradecidos por el apoyo recibido. Esto resultó en una creciente red de favores políticos que les permitió ganar apoyo dentro de la aldea, asegurando que las leyes que favorecían sus intereses fueran aprobadas.

Apoyo a la Educación y la Salud: Mientras que los grandes clanes se centraban en la formación militar, el Consejo Civil se dedicó a financiar escuelas y hospitales. Al controlar las instituciones educativas y médicas, pudieron influir en la formación de la próxima generación de ciudadanos y shinobi. Aquellos que se beneficiaban de estos servicios desarrollaban una lealtad hacia el Consejo Civil, lo que les otorgó un poder de influencia aún mayor.

Manipulación de la Política Internacional: A medida que la aldea comenzaba a estrechar lazos con otras naciones, el Consejo Civil también se infiltró en las relaciones diplomáticas. Al asegurarse de que los acuerdos de comercio y alianza favorecieran a sus intereses, establecieron una red de conexiones que les otorgaba poder más allá de las fronteras de la aldea. Esto les permitió asegurar el flujo constante de recursos hacia Konoha, lo que fortaleció aún más su control económico.

Pensé en lo que Shikamaru había dicho sobre el creciente poder de los civiles. Estos tipos no solo controlaban la comida y los suministros. Habían entendido algo que era obvio, el poder real en cualquier sociedad no solo está en la fuerza militar, sino en la capacidad de controlar lo que la gente necesita para vivir.

— Son listos, muy listos… —. Murmuré, reflexionando sobre el enorme poder que habían ganado a lo largo de los años.

Shikamaru, como siempre, no parecía sorprendido, pero eso no le restaba un ápice de la seriedad con la que veía la situación.

El perezoso Nara se despidió con un gesto cansado, como si hubiera agotado toda su energía social por el día. Ahora necesitaba recargarse a su manera, observando las nubes, como si el mundo alrededor de él pudiera esperar.

Por mi parte, salí decidido a buscar a Kakashi. Necesitaba apurarme, la situación estaba poniéndose fea. Con ese poder, las cosas podían complicarse rápidamente para mí. Era un cliché: siempre terminaba siendo el objetivo de algún odio, sin importar la razón que pudieran tener. Y si algo necesitaba, era información, algo que solo el tuerto, con su perspectiva única, podía proporcionarme.

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Omake:

Allí, en su trono dorado, se encontraba Naruto. El joven de 18 años había alcanzado un poder inimaginable, trascendiendo la mortalidad y entrando al reino de los inmortales. Observó su vasto reino y a los súbditos que lo servían con lealtad y admiración.

Todo comenzó con la traición de los sapos, quienes lo engañaron y lo entregaron a Jiraiya. Con gran dificultad, Naruto logró escapar, pero cuando Jiraiya rompió su vínculo con los sapos, el destino de Naruto cambió. Realizó una invocación sin contrato, y en lugar de ser llevado al mundo de los sapos, fue enviado al reino que más afinidad tenía con él: el reino de los conejos.

Los conejos, al principio, no eran lo que uno esperaría de una civilización avanzada. Aunque poseían una inteligencia natural, no eran ni remotamente tan sabios como otras especies como los sapos, las serpientes o los monos. De hecho, hasta hace pocas generaciones, los conejos eran simples animales, sin conciencia ni comprensión de su entorno. Su “despertar”, como lo llamaban, había ocurrido hacía apenas unas pocas generaciones, mucho después de otras especies que habían cultivado su sabiduría a lo largo de milenios.

Los conejos vivían bajo el constante acecho de las serpientes y la opresión de los sapos, quienes les cobraban tributos a cambio de protegerlos. Eran un pueblo en desesperación, pero con grandes potenciales ocultos. Fue en este momento, cuando Naruto llegó a sus tierras, que su vida cambió para siempre.

Al encontrar un grupo de conejos que lo encontraron herido y sin fuerzas, los conejos lo acogieron. Curaron sus heridas y, como muestra de gratitud, Naruto toma la decisión que cambiaría el mundo. Naruto, viendo el potencial de estos seres, decidió retribuirles el favor de una manera mucho más grande.

Con su vasto conocimiento, Naruto les enseñó todo lo que sabía, compartiendo con ellos los secretos de la cultivación y el conocimiento ancestral que había adquirido con su dedo de oro. Usando su libro de cultivación, elevó a los conejos más allá de su estado primitivo, ayudándoles a convertirse en una civilización avanzada, en una cultura de cultivadores taoístas.

Para acelerar el progreso, Naruto construyó una cámara del tiempo utilizando grandes pilares de chakrametal, una tecnología avanzada que podía modificar el flujo del tiempo dentro de un área delimitada. Esta cámara cubría todo el territorio de los conejos, haciendo que dentro de ella el tiempo transcurriera de manera diferente. Mientras que en el mundo exterior solo pasaban 5 años, en el reino de los conejos transcurrieron 50 años, permitiéndoles desarrollar sus habilidades, crear nuevas tecnologías y entrenar sin las limitaciones del tiempo.

Durante este tiempo, Naruto entrenó también. Aprovechó el crecimiento acelerado de la civilización de los conejos para perfeccionar sus habilidades, dominando completamente la cultivación y alcanzando el rango de inmortal. Pasaron los años, pero fuera de la cámara, el mundo exterior no había cambiado mucho. En el interior, los conejos se convirtieron en guerreros poderosos, maestros en artes taoístas, listos para conquistar.

Al final, la cámara del tiempo se abrió, y el mundo exterior fue testigo de los frutos del esfuerzo de Naruto. Mientras el tiempo había pasado lentamente en las tierras fuera de la cámara, en el reino de los conejos había pasado medio siglo. En ese tiempo, los conejos se convirtieron en una civilización avanzada, capaz de enfrentarse a cualquier otra raza o nación.

Con su ejército preparado y su poder más allá de los límites de la comprensión mortal, Naruto miró a su alrededor con una sonrisa satisfecha. Había cumplido su promesa de elevar a los conejos a una civilización gloriosa.

—Ahora que ellos son fuertes, —dijo con una voz decidida—, las naciones elementales serán nuestras.

Bajo su liderazgo, los conejos no solo se habían convertido en una sociedad floreciente, sino en una fuerza conquistadora que avanzaría sin piedad. Y con Naruto al mando, el futuro del mundo entero parecía estar a su alcance.

Naruto observaba la expansión de su imperio. Los conejos, bajo su liderazgo, se habían convertido en una civilización imparable. Cada rincón de su dominio brillaba con la promesa de un futuro lleno de poder y progreso. A su lado, la General Judy Hopps, la nueva líder del clan conejo, estaba de pie, erguida y decidida. A sus pies, los antiguos enemigos de su pueblo, el clan serpiente, se encontraban derrotados y sometidos.

—El mundo entero debe aprender nuestras costumbres pacíficas… por la fuerza —informó Judy con una mirada de determinación, mientras observaba cómo las tropas de conejos tomaban control del antiguo clan serpiente, esclavizándolos como pago por sus crímenes del pasado.

Fin de Omake.

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Nota: Espero que les guste. Además, no sé qué me fumé para el omake. XD

Decidí darle más trasfondo al Consejo Civil, intentando darle algo de sentido al poder que muestran en otros fics. Ser capaces de estar al nivel de los clanes es por algo.

Naruto empezará como alquimista, pero de forma más lenta. La vez pasada avanzó demasiado rápido; ahora irá poco a poco y con más lógica.

Gracias por leer. Si te gustó, comenta, dame consejos o ideas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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