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Cultivador mediocre en naruto - Capítulo 22

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Capítulo 22: Curación

Descargo de responsabilidad (Disclaimer)Los personajes y el universo de Naruto son propiedad exclusiva de Masashi Kishimoto. Esta historia es un trabajo de ficción sin fines de lucro, creada únicamente con fines de entretenimiento. Cualquier similitud con la historia original es intencional y se utiliza para construir una narrativa alternativa o expandir el mundo existente. No tengo ninguna afiliación con el autor o con las empresas que poseen los derechos de la franquicia.

— Personaje hablando —

/ Personaje pensando /

“Biju hablando mentalmente”

[Dioses hablando]

Un par de semanas después de mi llegada a Wave y los problemas nunca terminan. Apenas había logrado contener el avance de las raíces de Nordrassil y estabilizar el flujo de qi en el océano, y ya debía centrarme en reparar mi cuerpo. Estaba al borde del colapso y aún así, no podía permitirme descansar. Tenía un horario ajustado. Si mis cálculos eran correctos, pronto ocurriría la trama del País de los Pájaros, y no podía dejarlo desatendido cierto tesoro que siempre pasa desapercibido.

Sin embargo, aquí estaba… escuchando la interminable asamblea de representantes de los pueblos pesqueros de Wave. Aunque Tazuna y Tsunami actuaban como líderes naturales tras la caída de Gato, las demás aldeas querían conservar su voz y voto. Se discutía todo, acceso a los muelles, distribución del pescado, rutas de comercio internas, y especialmente… el repentino frenesí marino que había alterado el equilibrio económico local.

Los ancianos del Clan Fūma también estaban presentes, debatiendo su asentamiento definitivo en estas tierras. Algunos querían establecer una sede permanente, otros aspiraban a una posición administrativa entre las nuevas aldeas costeras. Era un debate interno, pero con claras implicaciones sobre el poder político regional. Mientras tanto, las demás aldeas solo querían una cosa: acceso a la costa oeste, donde ocurría el fenómeno más extraño.

— El atún de aleta azul no debería estar aquí en estas épocas y en estas cantidades—. Dijo un viejo pescador, mostrando un pergamino con rutas migratorias tradicionales.

— Esta especie vive en mar abierto, ¡no en costas! Pero ahora nadan a pocos metros de la orilla, como si algo los llamara—.

Tenía razón. El qi residual del árbol había creado una especie de nodo energético en el lecho marino cercano. Estaba atrayendo fauna oceánica como un imán. No solo peces, también moluscos, algas ricas en minerales, y probablemente depredadores mayores. A corto plazo era una bendición económica. A largo plazo… podía derivar en competencia territorial, sobreexplotación y conflictos entre pueblos.

— Queremos nuestro derecho sobre esa pesca —. Reclamó otro portavoz.

—Si el mar está bendito por la presencia del dios árbol, entonces pertenece a toda la región… no solo a este pueblo—.

Me llevé una mano a las sienes.

/Genial. Más política… ahora aplicada al pescado./

Debía regular esto cuanto antes. El crecimiento desmedido de fauna no solo amenazaba el ecosistema. Amenazaba la paz. Porque si algo aprendí del País del Fuego es que, cuando hay riqueza súbita, la guerra nunca está muy lejos.

Observé a los presentes desde mi trono improvisado, los firmes muslos de Temari. Ella no protestó, acostumbrada ya a mis excentricidades… y ella disfrutaba tratarme así. Me aclaré la garganta con un suave carraspeo. El Clan Fūma guardó silencio al instante, yo era su líder, su protector y su apuesta más segura.

Tazuna y Tsunami también se callaron; sabían bien quién era. Pero los representantes de las aldeas pesqueras restantes fruncieron el ceño, confundidos e irritados por la presencia de un niño en una reunión de adultos. Murmuraron entre dientes, y pronto surgieron las primeras quejas e insultos velados.

— Esto es una reunión no una guardería ¿Dónde está el adulto a cargo? —. Masculló un hombre canoso, de rostro curtido por el salitre y el sol del mar.

— ¿Este mocoso es el que manda aquí? ¿Nos hacen cruzar medio archipiélago para escuchar a un niño jugando a ser señor feudal? —. Protestó una mujer de mediana edad, envuelta en lino y mirada dura.

— ¿Qué sigue, que un bebé nos firme los tratados? —. Soltó otro, provocando risas nerviosas en su mesa.

— Tazuna, Tsunami… ¿esto es en serio? ¿Confían el futuro de toda esta región a un niño de primaria? —. Intervino uno de los más diplomáticos, aunque su ceño fruncido no dejaba espacio para la duda.

— Con todo respeto, esto parece una burla. Necesitamos soluciones reales, no cuentos de hadas con árboles mágicos y niños salvadores —. Añadió otro, con tono seco, cruzando los brazos con desdén.

— He visto muchos líderes en mi vida… pero ninguno con pantalones cortos —. Murmuró alguien al fondo, sin molestarse siquiera en disimular su tono sarcástico.

Me bastó un instante para medir el ánimo de la sala. Entonces hablé sin levantar levanté la voz pues no fue necesario.

— Para que entiendan bien —. Dije, dejando caer cada palabra como piedra en agua quieta para provocar ondulaciones.

—Ese árbol es mío. Así que tienen dos opciones, se callan y escuchan… o me llevo sus “bendiciones” lejos de aquí—.

El silencio cayó como un mazo al darse cuenta que sus intentos de fanfarronería eran inútiles, este niño no era un genin que pudieran mangonear. Aunque su trato con shinobi era limitado, no eran tontos. Sabían que los ninjas mas fuertes podían hacer cosas impensables… y yo no era un ninja cualquiera.

— Según los informes, sus pueblos son pequeños. Quieren beneficiarse de la floreciente vida marina, ¿verdad? Perfecto. Entonces trasládense aquí. No solo hay exceso de peces —. Añadí, con calma.

— También moluscos, crustáceos pero necesito que pesquen, recojan y controlen todo lo que llegue. Si no lo hacen, este paraíso se convertirá en un infierno ecológico en menos de un año—.

Otra ronda de murmuraciones recorrió la sala, pero ya no eran quejas. Era interés, incluso codicia. La promesa de pesca abundante y recursos naturales siempre abre oídos que antes estaban cerrados.

— Además, no se van con las manos vacías. Estoy planeando expandir el pueblo de Wave. Todo aquel que se mude tendrá casa, trabajo y estará bajo mi protección. Y antes de que alguien mencione mi edad —. Añadí con una ligera sonrisa

—Que quede claro, planeo arreglar este aspecto infantil. No dejen que una cara joven nuble su juicio—.

Las reacciones fueron tan variadas como previsibles, miradas cruzadas cargadas de duda, ceños fruncidos por la incredulidad, y, en algunos ojos, una chispa apenas perceptible de esperanza. Honestamente, no me importaba demasiado.

No estaba allí para suplicar ni para convencerlos de algo que beneficiaría más a ellos que a mí. Lo único que me interesaba era resolver el problema de la sobrepoblación marina que se avecinaba. Si quería mantener el equilibrio ecológico de esta isla, necesitaba manos. O mejor dicho, necesitaba bocas que comieran.

Con eso dicho, giré la mirada hacia Tsunami. La mujer, de porte firme y cansado, era la líder de facto del pueblo, aunque nunca se hubiese declarado como tal.

— Voy a comenzar el proceso para reparar mi cuerpo —. Anuncié.

—Con efecto inmediato, acabo de tomar el control de esta isla. Si tienen quejas… pueden decírmelas después de haber informado a sus respectivos habitantes—.

No hubo interrupciones. Nadie se atrevía.

— Aquellos que quieran unirse a este pueblo, háblenlo primero con los suyos. No estoy obligado a aceptarlos, pero si lo hacen bien, tendrán una oportunidad—.

Me giré señalando con un leve gesto de la barbilla mientras salia al patio.

— Tazuna. Como maestro constructor, necesito que te reúnas con los tuyos y me presentes un plano completo para una ciudad que soporte el doble de la población proyectada. Planeo edificarla en cuanto recupere mi cuerpo. Asegúrate de que no sea solo funcional, sino digna. Quiero parques, barrios bien delimitados, distritos comerciales, puertos organizados… todo. Esta isla será un ejemplo, no un asentamiento improvisado—.

Hice una pausa, dejando que mis palabras tomaran forma en su mente.

— Y ten en cuenta que todas las casas serán de madera al principio. Pero gradualmente se sustituirán por estructuras más modernas. Ese será el ritmo de la civilización que planeo construir—.

Como última demostración de lo que podía ofrecerles, tracé unos sellos. El dolor punzante que cruzó mi Tenketsu dañado fue como una aguja atravesando el cráneo. Apreté los dientes, pero no detuve el movimiento.

— Elemento Madera: Técnica de la Casa de Cuatro Pilares —. Murmuré para mi mismo.

El suelo tembló suavemente y, en pocos segundos, una casa tradicional de dos pisos emergió de la tierra. Sus líneas eran sencillas pero elegantes, hechas de madera resistente. Era el diseño predeterminado que Hashirama había legado, eficiente, resistente y fácil de replicar.

Me permití observarla un segundo. No era lo más impresionante que podía crear… todavía. Pero según las notas que había conseguido y reconstruido, con la práctica adecuada podría moldear cualquier estructura que imaginara desde templos con cúpulas ornamentadas, puentes colgantes, mansiones de varios pisos o incluso viviendas modernas con sistemas de drenaje integrados.

El silencio que siguió a la aparición de la casa no fue exactamente reverente… pero sí cargado de algo que antes no había estado allí, respeto. Las miradas ya no eran las mismas. Donde antes había burla o desprecio, ahora había cálculo e incluso oportunismo.

Los representantes de las aldeas pesqueras comenzaron a murmurar entre ellos.

— ¿Lo hizo… con chakra? —. Susurró uno, con el tono de quien presencia un truco imposible.

— No es solo chakra, idiota. Eso fue Mokuton. Creí que esa técnica se había perdido con el Primer Hokage —. Comentó otro, con los ojos clavados en la casa.

— Nunca vi a ninguno de esos niños genin invocar una casa —. Añadió una mujer, cruzando los brazos con una mezcla de temor y admiración.

— El muy mocoso habla como un adulto y construye como un dios. Si dice que puede levantar una ciudad, deberíamos tomarlo en serio —. Soltó uno de los más escépticos de antes, tragando su orgullo con dificultad.

Poco a poco, las figuras que antes se mantenían a la defensiva comenzaron a acercarse a Tsunami, ya no para protestar, sino para preguntar. Hablar y Negociar. La líder de facto los recibía con calma, conteniendo una sonrisa satisfecha, por fin entendían a quién tenían delante.

Mientras tanto, el Clan Fūma, alineado como sombra protectora a mis espaldas, no dijo nada. No lo necesitaban, sus rostros lo decían todo. Orgullo férreo y lealtad incuestionable. Habían sido los primeros en arrodillarse, en depositar su futuro en mis manos cuando aún estaba rodeado de enemigos y dudas. Ahora, con cada nueva hazaña, sabían que su elección había sido la correcta.

Uno de ellos, un guerrero de cabellos oscuros y coleta baja, susurró para que solo sus compañeros lo oyeran:

— Nosotros lo seguimos cuando aún tenía tierra bajo las uñas. Miren lo que hace ahora…—.

— Los demás llegan tarde, como siempre. Solo los fuertes reconocen la fuerza en su origen —. Murmuró otro, con una media sonrisa orgullosa.

— El viento sopla a favor del que sabe esperarlo. Nosotros elegimos bien —. Afirmó una kunoichi de mirada afilada, cruzando los brazos con serenidad.

Puse los ojos en blanco e ignore a los tontos.

Tazuna, por su parte, no perdió el tiempo. Lo vi correr hacia su grupo de constructores. Lo seguían sin protestas, hablando ya de medidas, cimientos y barrios enteros. Había dudas en su mirada todavía, pero también había una determinación distinta. Una llama reavivada.

Sabía lo que pensaba. Yo no solo le ofrecía trabajo le ofrecía la oportunidad de redibujar el mundo que conocía. Incluso si solo pudiera cumplir una parte de lo prometido… sería más de lo que jamás habían tenido.

Avancé, ingresando en la casa recién creada. La madera todavía conservaba el calor de la vida recién moldeada por el chakra, como si respirara. Cerré la puerta tras de mí, aunque los murmullos continuaban filtrándose desde afuera. Escuché cómo los representantes comenzaban a hablar con más urgencia, acercándose a Tsunami no con quejas, sino con propuestas.

Me permití una sonrisa breve, ladeada.

/ Idiotas Fūma… Tuve que molerlos a golpes, uno por uno, obligarlos a arrodillarse a fuerza de voluntad y violencia… y ahora mírenlos. Los leales seguidores el escudo que se enorgullece de haberme seguido desde “el principio”/.

Solté una leve risa por lo bajo, sin amargura, solo ironía. Pero lo cierto es que ahora eran útiles. Leales y más importante aún, sabían que su supervivencia dependía de mi avance.

/Y ahora… toca la parte difícil/.

Me giré hacia el centro de la habitación. Sabía lo que venía, restaurar el cuerpo. Reforzar lo que quedaba de mi sistema circulatorio de chakra, reparar el daño interno causado por el uso excesivo del qi y chakra por mi voto vinculante, y preparar un núcleo que pudiera sostener todo lo que planeaba.

Porque si quería levantar una ciudad… Pimero tenía que levantarme a mí mismo.

——————————————————————————————————————————-

En la casa de madera que había construido, coloqué una matriz. Era compleja, y aunque comenzaba a entender cómo funcionaba, aún estaba lejos de comprender su verdadero alcance. Una vez más, agradecí tener mi libro de cultivo; era realmente un dedo de oro por que me permitía convertir todo lo que toco en oro.

Esa misma matriz, que la última vez me había tomado casi dos días sin descanso completar, esta vez la terminé en unas pocas horas. Mi dominio había mejorado.

Frente a ella, reflexioné sobre lo que podía pedir. La espada de Tobirama era el catalizador que me permitía invocar su conocimiento, pero no era seguro que accediera a brindarme técnicas avanzadas como sellos o ninjutsu. Así que opté por algo básico, urgente y neutral, control de chakra. Cualquier cosa desde instintos, experiencia, hasta métodos de entrenamiento sería útil. Y era lo suficientemente genérico como para que la representación del shinobi no se negara.

Activé la matriz. Mi dantian marchito se estremeció por la carga, pero las otras matrices auxiliares, que transformaban pequeñas cantidades de chakra ambiental en qi, me sostuvieron. De pronto, una chispa se encendió en el centro del grabado. La llama creció, danzando con intensidad hasta tomar una forma vagamente humana.

Tobirama apareció ante mí. Su figura espectral, como una sombra del pasado, me observó con ojos fantasmales, analíticos y escrutadores.

—¿Qué deseas saber? —. Preguntó la aparición, una amalgama de sus conocimientos.

—Control de chakra. Carezco de control —. Respondí, directo.

La llama vibró. Tobirama no dijo nada. Solo me observó, juzgando. Entonces, sin advertencia, su figura se disolvió en llamas que se fundieron con mi cuerpo.

Sentí su experiencia como una oleada abrumadora. Su dominio sobre el Suiton me envolvió. la memoria de incontables horas de entrenamiento para mover chakra con precisión, la disciplina para separar cada gota de energía y usarla con intención. Ahora, mi cuerpo no lo dominaba, pero mi mente sí lo comprendía. Podía entrenar correctamente. Por fin tenía una base para pulir tanto mi control como mi afinidad elemental.

Había recibido más de lo que esperaba.

—Con determinación feroz, pasión y trabajo duro, puedes lograr cualquier cosa. El talento innato por sí solo no es suficiente —. Sus palabras quedaron grabadas en mi mente, incluso cuando la llama desapareció.

Tobirama se desvaneció… pero su esencia seguía en mí. El camino sería largo, pero por primera vez, tenía dirección.

Guardando la espada, coloqué las Kiba en su lugar. Nuevamente activé la matriz, y esta vez la amalgama de Ameyuri Ringo se formó. Su sonrisa dentada, característica y llamativa, se destacó. Con sus dientes de tiburón, la aparición habló.

—¿Qué deseas saber? —. Preguntó, su voz resonando como un eco lejano de la antigua usuaria de las Kiba.

—Tus instintos con las Kiba, pues deseo ser un buen usuario —. Respondí. Sabusa me había enseñado las bases del instinto de un espadachín, pero ahora quería algo que se sumara a lo que ya sabía.

No dudó ni un instante. Su sonrisa se amplió aún más y se transformó en llamas que bañaron mi cuerpo. Con ellas llegaron instintos profundos, cómo mover las Kiba, cómo canalizar el rayo y la vaga idea de cómo usarlas con mayor eficacia. Aunque no tenía un estilo de combate definido, los nuevos instintos, sumados al conocimiento previo sobre el manejo de la espada, me dejaron en una posición mucho mejor de lo que estaba antes.

—Un espadachín nunca es presa. Que tu cuerpo no sea una excusa para blandir una espada con debilidad. Como sucesor, debes cazar a tus presas —. Dijo, con una sonrisa feroz antes de desvanecerse en llamas.

Me quedé quieto un momento, asimilando las palabras. Luego, me senté a descansar. Con este nuevo conocimiento, me coloqué en posición de loto y comencé a meditar, buscando interiorizar esos nuevos instintos antes de dar más instrucciones a los que me esperaban fuera.

—————————————————————————————————————————–

Cuando salí del cuarto, el sol se estaba poniendo en el horizonte, tiñendo el cielo de naranjas y púrpuras. Temari estaba de pie en la entrada, con los brazos cruzados, mientras Fū se apoyaba contra una pared, observando las nubes con una calma fingida. Ambas me miraron al salir. Fū fue la primera en hablar.

—¿Te sientes bien? —. Preguntó, aunque sabía la respuesta.

Asentí con una sonrisa cansada y creé dos clones de madera cargados con una enorme parte de mi chakra. Los clones desaparecieron entre las sombras y cuando di un paso adelante… el mundo se tambaleó. Fū reaccionó en un instante, sujetándome por el brazo antes de que cayera.

—¡Naruto! —. Exclamó Temari, acercándose de inmediato.

—Estoy bien… —. Mentí, aunque mi voz sonaba más débil de lo que pretendía. El cuerpo ya no obedecía como antes. Demasiadas heridas invisibles. Demasiadas cicatrices selladas a la fuerza.

Temari frunció el ceño, enojada y preocupada a partes iguales.

—Te estás matando lentamente, ¿lo sabes? No eres un dios. Este cuerpo es humano, y lo estás forzando más allá de su límite—.

Yo solo cerré los ojos unos segundos y me dejé cargar por Fū. Su cuerpo era cálido, su paso firme. Podía sentir su respiración controlada. Me sostuvo con cuidado, como si fuera algo valioso.

—No tengo tiempo para descansar—. Mi voz fue apenas un susurro. Abrí los ojos con lentitud.

—Alguien debe ser responsable—.

Temari no respondió, pero su expresión endurecida decía más que mil palabras.

Al llegar al terreno, el trabajo de los clones no me sorprendió. Un enorme almacén echo de madera se alzaba como una estructura imponente, y uno de los miembros del Clan Fūma ya había reforzado el interior con piedra usando doton, tal como lo pidio uno de los clones. Las paredes eran gruesas, fuertes, pensadas para resistir. Los clones tallaban la matriz más compleja que ya había usado, símbolo por símbolo, línea por línea. Era casi hermosa en su simetría.

En el mismo edificio en un cuarto más pequeño, se albergaban varias macetas con plantas medicinales que había recolectado durante todo el viaje. Allí también grababan una versión reducida de la misma matriz. Mientras todo eso sucedía, me incorporé con ayuda de Karin y Temari. Nos reunimos cerca del centro del terreno, donde comenzamos a ensamblar una estructura aún más importante, la batería.

—¿Seguro que esto funcionará? —. Preguntó insegura Karin, mientras conectaba los componentes tallados con chakra.

—Tú… luces al borde del colapso—. Murmuro tan bajo que casi no la escuche.

—Lo hará—. Puse mis manos sobre la estructura.

—Cada batería es una vasija. Y cada vasija… puede llenarse con energía. Chakra, qi, incluso emociones. Solo debemos canalizarlo bien—.

—Nos estás pidiendo crear una bomba, Naruto —. Añadió Temari, escéptica.

—¿Qué planeas hacer con esto?—.

—No es una bomba —. Respondí con calma, aunque mis piernas temblaban.

—Es una bateria. Una que puede hacer florecer algo nuevo… si sobrevive al proceso—.

Las chicas me miraron con expresiones complejas, miedo y frustración. Yo también lo sentía. Sabía que me estaba desmoronando, pero no podía detenerme. No aún.

Los ancianos del Clan Fūma llegaron poco después. Incluso Tsunami se acercó, con una toalla húmeda en las manos.

—Por favor… solo siéntate, Naruto. Solo un poco—. Su voz temblaba, maternal.

—No puedes ayudar si mueres antes de terminar lo que empezaste—.

La miré. Luego miré el sol que se ocultaba. Las sombras crecían.

—No puedo darme ese lujo. mi cuerpo esta colapsando, necesito dejar esto listo antes de desmayarme, para cuando despierte pueda preparar todo—.

Fū se acercó de nuevo, me tomó de los hombros y me miró directo a los ojos.

—Entonces deja que te ayudemos. somos tus compañeros—.

Por un momento… me permití respirar.

—Bien —. Acepté.

Solo di indicaciones. Esta vez no moví ni un dedo más de lo necesario. Fū, Temari, Karin y los ancianos del Clan Fūma trabajaron como una máquina precisa. Movieron los componentes, reforzaron las paredes, instalaron cada sello según lo planeado. Cuando todo estuvo listo, Fū regresó con lo que necesitaba, el chibi Kurama, caminando con zancadas pequeñas.

Le expliqué el plan, con palabras claras… y algo de súplica. Kurama me escuchó en silencio. No porque estuviera convencido, sino porque estaba aburrido y no tenía nada mejor que hacer.

—Estás loco —. Fue su primera respuesta.

—Completamente loco—.

No negué ese echo.

—Quizá. Pero si funciona, podré alimentar todo el sistema sin agotar a nadie—.

Kurama resopló.

—Estás metiendo mi chakra en un recipiente hecho de madera, piedra y esperanza. Lo sabes, ¿verdad?—.

Asentí.

—Y aun así quieres que te ayude—. Replico Kurama.

Volví a asentir.

—Sí—.

Un largo silencio.

—Maldita sea. Está bien —. Gruñó, cruzándose de brazos en su forma diminuta.

—Pero me vas a deber una… y no será barata—.

Creé un clon de sombra y mi nariz sangro, el clon este canalizó el chakra de Kurama. Inmediatamente, el manto rojizo apareció, y en cuestión de segundos, el clon rugió mientras el poder de tres colas lo rodeaba. Kurama tomó posesión completa del clon y forzó una cuarta cola. El resultado fue una criatura de chakra rojo incandescente, pura energía bruta.

El chibi Kurama me observó desde su posición, con sus manitas cruzadas.

—Bien, ¿cuál es tu brillante plan suicida ahora?—.

Suspiré, cansado incluso de tener que justificarme.

—Una Bijūdama. En la batería—.

Kurama alzó una ceja, incrédulo.

—¿Vas a lanzarle una Bijūdama a un montón de madera con sellos? —. Su voz era plana, sin rastro de emoción.

—Estúpidos humanos suicidas…—.

No respondí. Ya había hecho que todos se alejaran del perímetro. Si fallaba, no arrastraría a nadie conmigo.

El clon rugió, y comenzó a reunir el chakra en sus fauces. Vi con atención cómo el chakra positivo, el yang, se mezclaba con el negativo, el yin. Ochenta por ciento a veinte. Era una proporción delicada. Se formó la esfera de muerte, la misma que podía arrasar un campo entero. Kurama, dentro del clon, la sostuvo con precisión monstruosa.

El clon caminó hacia la batería.

Cuando cruzó el umbral, la estructura lo reconoció. Matrices activadas. Símbolos encendidos. La batería vibró… y entonces, con un rugido sordo, absorbió la Bijūdama. Ni explosión, ni onda expansiva. Todo desapareció la esfera, el clon, la amenaza.

Solo quedó un silencio denso. Luego, un zumbido suave.

—Éxito… —. Gruñí, apenas en voz baja.

Con las manos temblorosas, activé la matriz. Una luz azulada recorrió los sellos. El chakra fue absorbido, triturado, reconvertido. Las matrices conversoras hicieron su trabajo. Lo impensable ocurrió nuevamente, qi nació de la energía del bijū. Un torrente puro fluyó por los canales hacia el pequeño almacén.

Dentro, el tiempo se dobló activando la matriz de dilatación temporal. Seis meses, comprimidos en un día eran las medidas que me daba la matriz, la energia de la mini Bijūdama era superior al fragmento del alma de Orochimaru así que el resultado fue mejor.

Me dejé caer de rodillas, exhausto. Desde el suelo, vi cómo el aire dentro del invernadero se tornaba brillante. Las plantas comenzaron a crecer en espirales descontroladas, pero sanas. Sus hojas se abrían como si recibieran el sol de mil amaneceres. Nutriéndose del chakra residual, y del qi, de la energía vital del sistema de conversión que saturaba el ambiente del almacen.

Kurama, en su forma pequeña, se acercó y se detuvo frente a la batería. Me miró desde arriba.

—¿Algo más, oh genio de los sellos?—.

Con la última chispa de consciencia, murmuré.

—Solo… párate cerca de la batería… canaliza chakra lentamente durante hora, cada 12 horas mas o menos… Si me ayudas con eso, te compensaré…—.

Y me desmayé.

—————————————————————————————————————————–

Konoha

Tsunade sostenía el informe de con los nudillos blancos por la fuerza. Su mirada fija, sin pestañear, recorría las líneas una y otra vez como si al releerlas pudiera alterar su contenido. Naruto había capturado a su aprendiz y al equipo nueve. No estaban heridos, no estaban maltratados. Pero estaban bajo su custodia. La ultima vez que se les vio fue en la Tierra del Té, a punto de tomar un barco según el espía de Konoha en ese país.

Los labios de Tsunade formaron una línea delgada. El nombre de Neji Hyūga aparecía subrayado tres veces. Él era parte de la rama secundaria… y su captura había desatado un pánico silencioso en el Clan Hyūga. De no ser por Hiashi, que actuó con rapidez para ocultar los hechos, el sello del pájaro enjaulado de Neji habría sido activado a distancia. Un castigo por caer en manos enemigas.

Una ejecución remota.

/Hiashi evitó una tragedia… pero no por Neji. Lo hizo por no despertar la ira de Naruto/. Pensó Tsunade con amargura.

Se llevó la mano al rostro. El dolor de cabeza que arrastraba desde el amanecer no paraba debido a todos los problemas acumulados. Konoha… estaba colapsando.

El Daimyō había impuesto multas millonarias a los comerciantes y duplicado los impuestos comerciales. El fraude bancario descubierto no solo manchó el nombre del Sandaime, sino que arrastró en el barro a todo el Clan Sarutobi. El informe del Consejero Feudal fue implacable, favoritismo hacia su propio clan, uso indebido de fondos del banco nacional y encubrimiento sistemático de irregularidades durante el mandato de Sarutobi-sensei. Como castigo, gran parte de la fortuna Sarutobi fue confiscada.

El otrora Sandaime visto como el amable abuelo ya no inspiraba respeto. Inspiraba sospecha. Y otros clanes no escaparon indemnes.

Algunos recibieron sanciones menores, fueron multados y sus tierras confiscadas, especialmente aquellos que, años atrás, se repartieron en silencio las tierras que Mito Uzumaki había legado a su sucesora como contenedor, Kushina. Tierras que deberían haber pasado a su heredero. Pero tras la destrucción causada por el Kyūbi y la muerte de Kushina, nadie reclamó dichas tierras… y los clanes tomaron lo que creyeron abandonado.

Se construyó un distrito comercial lujoso. Restringido a los clanes nobles, cada uno tomó su tajada sin decir palabra, lucrándose a costa de un Uzumaki huérfano. Ahora, el daimyo había ordenado devolver esas tierras al registro público. Aunque los clanes seguirían siendo técnicamente propietarios, pagarían un arriendo mensual al Banco del Fuego. Esa cuenta… estaba a nombre de Naruto Uzumaki.

—Si decide regresar, podrá elegir mantener los contratos o expulsarlos a todos —. Murmuró Tsunade mientras revisaba el último informe, con el ceño fruncido y el sake sin tocar a su lado.

/Esto no es un gesto de justicia, es una estrategia por parte del daimyo. Un gesto simbólico, un intento por congraciarse con él… y traerlo de vuelta/.

La idea de un regreso forzado estaba fuera de toda consideración. No con el poder que ahora mostraba. Un jinchūriki con sangre Senju y Uzumaki, capaz de usar Mokuton, no era algo que se pudiera controlar fácilmente.

/Abuelo… si hubieras visto lo que este niño ha soportado usarías de abono para tu mokuton a todos los culpables. Y ahora, quieren que el vuelva y recibirlo con sonrisas vacías y contratos reparadores. Están desesperados y con razón./

El daimyo no buscaba redención, sino utilidad. Naruto era un jugador ya, una pieza vital. Lo querían sentado en la mesa de negociación.

/Voluntariamente o no, Naruto regresará. Pero no como niño, no como arma. Regresará con una cuenta llena del dinero de quienes lo despreciaron, y tierras que le arrebataron y ahora son forzados a devolver/.

Tsunade cerró el informe, sin molestarse en disimular su frustración. Afuera, los ANBU esperaban órdenes. Pero ella solo suspiró y se sirvió por fin un poco de sake. El líquido se agitó suavemente en la copa, como si también dudara de su propósito. La miró con detenimiento… y no bebió. No lo merecía, no después de todo lo que había permitido.

Ella también era responsable. Había sido débil, había cedido cuando Jiraiya insistió en alejar a Naruto enviándolo a la prisión de Kusa. Una jugada política para mantenerlo lejos del consejo mientras lidiaban con el escándalo por la huida del Uchiha. Pensaron que lo estaban protegiendo, pero en realidad lo aislaron. Lo traicionaron. Y él… escapó.

/Si no lo hubiéramos enviado allí… si tan solo hubiera confiado en él… tal vez seguiría con nosotros. Tal vez… todavía sería un niño/.

Ahora era un ninja renegado. Uno con un poder que rivalizaba con los grandes de su linaje. Lo más irónico era que todo había comenzado por la fuga de Sasuke. El mocoso Uchiha era ahora irrelevante. El daimyo seguía queriendo su regreso para restaurar el clan, claro… pero ya no era su prioridad. Naruto lo era.

A diferencia del caso Uchiha, cuya extinción fue sancionada por los poderes facticos y luego legalmente su riqueza fue saqueada, el caso Uzumaki era un bochorno nacional. Un heredero legítimo de gran riqueza despojado de su herencia, su apellido borrado de documentos, su linaje vendido por migajas a los clanes. Y ahora, con las multas y las devoluciones forzadas, todos fingían arrepentimiento.

Todo por los nobles que temen que les pase lo mismo, están haciendo un ejemplo para que los shinobis no tengan ideas tontas, sobre robar riquezas del país del fuego.

—Están rezando a los dioses equivocados —. Susurró con amargura, mientras la copa temblaba levemente en su mano.

La frustración se le marcaba en el rostro mientras la oficina permanecía en silencio. No giró la cabeza al sentir la corriente de aire. Sabía que Jiraiya había entrado por la ventana como siempre.

—Dime, Jiraiya… ¿crees que podemos convencerlo de volver? —. Su voz fue cansada, casi resignada.

El autoproclamado sabio de los sapos, maestro de espías y eterno pervertido, observó por las amplias ventanas. Parecía buscar una respuesta en el horizonte, evitando el peso de la pregunta.

—Lo dudo. El mocoso siempre fue orgulloso. Incluso con lo poco que lo conocí, sus convicciones eran absolutas y el ya no cree en Konoha —.

El silencio que siguió fue incómodo. Denso e ineludible. Hasta que Shizune entró con pasos decididos y fríos ojos dirigidos a Jiraiya. Entregó los documentos sin una palabra y se marchó al instante.

—Aún te odia, Jiraiya. Shizune y Naruto eran como hermanos. Nunca la vi tan apegada a alguien —. Comentó Tsunade mientras abría los informes de las autopsias del Sonido Cuatro.

Los ojos de Tsunade se detuvieron en uno en particular, el Kaguya. El muchacho estaba desahuciado desde antes del combate. Necrosis interna avanzada. Vivía por pura terquedad. También encontró los reportes sobre Anko. Había solicitado una misión de largo plazo en el País del Té. Fue aprobada sin objeciones, pero no sin la esperada vigilancia.

El sello maldito era siempre una amenaza. O eso decían las viejas notas de su maestro.

/Tendré que revisar todo lo que dejó… quién sabe qué más ocultó ese anciano…/.

—Jiraiya, ¿qué dicen los sapos? ¿Aceptaron nuestra propuesta para invocarlo inversamente? Ofrecimos una gran cantidad de chakra metal… y otros recursos —.

El sabio suspiró con incomodidad.

—Gamabunta está cabreado. Su hijo quiere hacer un contrato personal con Naruto, y él también quiere que se lleve a cabo. Al parecer pelearon juntos. No me dio detalles, pero ve el potencial. Prefiere mantener buenas relaciones con él —.

Jiraiya bajó la mirada. Por una vez, sin bromas ni evasivas.

—Aunque técnicamente soy un usuario de senjutsu… no me he ganado el título de sabio a sus ojos. Para ellos ser sabio es más que saber usar senjutsu. Es un camino, un peso, una responsabilidad. Yo apenas puedo usarlo en combate con ayuda de Ma y Pa. No tengo la autoridad para exigir que traigan a Naruto —.

Tsunade cerró los ojos. La copa seguía intacta, pero su pulso era inestable.

/Nos quedamos sin opciones reales. Solo podemos esperar que quiera escucharnos. Y si no…/.

—————————————————————————————————————————–

Pov Naruto

Me desperté aún cansado. Tenía más energía pero mi cuerpo seguía sintiéndose pesado, como si la memoria del colapso se hubiera quedado impresa en cada músculo. Al menos ya no sentía que me rompería al moverme. Después de vomitar un pegote sanguinolento, salí del cuarto y bajé por las escaleras con pasos tranquilos. Como sospechaba, estaba en la casa de Tsunami.

En la mesa, vi a Inari. El mocoso estaba más alto, pero seguía con esa mirada firme. El reencuentro fue cálido, lleno de sonrisas. Me disculpé por no haberlo visto antes; apenas llegué, él había salido a patrullar. Me enteré que estuve inconsciente por una semana entera. Tragué saliva, una semana era demasiado.

Hice una mueca al bajar a los almacenes. Quería revisar la matriz y confirmar si todo seguía en orden. Al llegar, vi a Kurama durmiendo cerca de la batería de chakra, usando un cojín como trono improvisado. Karin estaba allí también, anotando algo sobre el crecimiento de las plantas visibles tras el cristal reforzado. En cuanto me vio, sonrió… y luego frunció el ceño.

—Idiota, acabas de despertar y ya vienes aquí. Necesitas descansar más —.

Su cabello se erizó como colas rojas, y caminó hacia mí con furia en los pasos. Le revolví el cabello con una palmadita suave.

/Sigue siendo igual de predecible…/. Con una sonrisa a la molesta chica. me acerqué a la matriz de chakra, notando que algunas secciones externas estaban comenzando a fundirse lentamente.

—Mmm… pensé que duraría más, pero es comprensible teniendo en cuenta cuánto alimenta y cuánta presión soporta —.

—¡Te estoy hablando! —. Me golpeó la cabeza, pero retrocedió un segundo después, sacudiéndose los dedos con dolor.

—Te lo dije, soy muy denso. Es mala idea golpearme —.

Kurama roncó suavemente, como si la escena no le importara en lo más mínimo.

—Maldito zorro… —. Murmuró Karin entre dientes, mientras me fulminaba con la mirada y acariciaba su mano adolorida.

Ignorando su expresión de furia, me acerqué a la matriz y canalicé un poco de qi para apagarla con cuidado. Las luces internas parpadearon antes de apagarse por completo, y el campo de qi contenido se disipó con un leve zumbido. Abrí la cámara y revisé el interior. Las plantas medicinales comunes que habíamos sembrado habían crecido notablemente.

—Dos años y medio en cinco días… nada mal —. Susurré, más para mí que para ella.

—¿Qué dijiste? —. Preguntó Karin, aún algo molesta.

—Que todo dentro está degradado, pero las plantas crecieron sanas. Absorbieron qi casi puro, sin apenas chakra. Son perfectas para la alquimia—.

Al tomar algunas entre mis dedos, pude sentirlo. No era solo vitalidad, había un brillo tenue, una energía que reconocía. qi recorria las plantas, un éxito. Ahora tenia acceso a medicina auténtica que podía usar como base para crear verdaderas píldoras.

/Claro que preferiría plantas más viejas, con décadas de absorción continua… pero esto servirá por ahora./

—¿Tienen… qi? —. Preguntó Karin, acercándose con interés genuino por primera vez, conocía muy poco del qi del que solía hablar.

—Sí. Es… estable—. Sellé varias muestras en el sello de la palma de mi mano.

—Ya no tendré que depender de plantas mundanas—. Los que me rodeaban apenas comenzaban a entender que yo usaba qi, para todos el chakra era todo, otro tipo de energía era poco conocido.

Con el trabajo hecho, me giré hacia Kurama y me agaché junto a su cojín.

—Oye, viejo despierta—. Le di un pequeño toque en la nariz con un dedo y saqué una barra de chocolate.

Kurama entreabrió un ojo y gruñó levemente.

—¿Qué quieres ahora?—.

—Recompensa por vigilar todo esto mientras dormía. Anda, pruébalo —. Rompí un trozo y lo acerqué a su hocico.

El bijū torció su hocico, claramente ofendido por el gesto tan “humillante”. Pero cuando finalmente aceptó el bocado con recelo, su expresión cambió por completo. Sus ojos se abrieron sus pupilas se dilataron, brillando como si hubiera probado el néctar divino.

—¡¿Qué… qué es esto?! —

—Chocolate—.

Kurama cayó hacia atrás con un gemido, sus patas se movían ligeramente en el aire. El efecto fue inmediato.

—Exageraste el sentido del gusto cuando hiciste su marioneta, ¿verdad? —. Preguntó Karin, entre divertida y sorprendida.

—Claro. ¿De qué otra forma convences a una criatura milenaria a que continué apoyando mis locuras? —. Crucé los brazos mientras lo veía mover la cola como un cachorro.

—Zorro glotón… —. Karin rodó los ojos mientras yo le ofrecía una tableta también a ella.

Mientras yo continuaba con los preparativos para la alquimia, Sasame se encargaba de vigilar a los prisioneros junto a Sakura… y la cabeza parlante de Hidan. El tipo no dejaba de maldecir a todos los dioses posibles. Sakura había aprendido a ignorarlo, pero Sasame lo golpeaba con un bastón cada vez que blasfemaba.

—¡Malditos herejes! ¡¡Jashin os maldecirá a todos!!—. Grito la cabeza aburrida del trabajo de vigilancia.

—Sí, sí, y cuando lo haga estarás aún sin cuerpo. Ahora cállate—. Sasame respondió, sin mirarlo siquiera, mientras revisaba los sellos del contenedor.

Por su parte, Temari estaba ocupada redactando un informe dirigido a Suna. Según lo acordado, se quedaría conmigo a largo plazo, como enlace directo. Un acuerdo para evitar que clanes poderosos intentaran usarla como pieza política en matrimonios concertados. Lo habían disfrazado como una extensión de su misión original, pero ambos sabíamos que era un favor mio hacia Gaara, mantenerla lejos de Suna era solo un favor a un amigo.

Yo, por mi parte, acompañado de Karin, llegamos a un herrero local. No era un gran maestro, pero con el metal adecuado incluso un artesano podía lograr maravillas. La clave era Kubikiribōchō.

—Esto no es hierro ordinario —. Le dije, dejando la enorme hoja sobre el yunque.

—Es chakrametal—.

El hombre palideció al tocar el metal y escuchar sus propiedades.

—Esto… esto se regenera—.

—Sí. Con chakra y sangre —. Respondió Karin, mostrando el gran trozo roto que tomamos.

—Pero usaremos sangre animal para esto. Mi chakra hará el resto—. Dijo orgullosa la pelirroja

Partimos la hoja por la mitad y colocamos la parte que aun tenia el mango en un barril con sangre de res. Como era de esperar, la espada comenzó a beber la sangre vertida y, al poco, se regeneró lentamente. Durante el proceso, extrajimos fragmentos antes de su regeneración completa. Así obtuve suficiente chakra metal para que el herrero forjara algo especial.

Siguiendo las instrucciones del plano que copie del libro de cultivación, el herrero forjó una gran vasija con forma de urna ornamentada. No era solo estética pues los tallados servían como una matriz para canalizar el qi.

—Resiste temperaturas extremas si se alimenta con chakra. Es perfecto —. Dije al ver el horno terminado.

Trasladamos la vasija a la casa de Mokuton que había creado hace una semana atrás. Con un jutsu básico cubrí el suelo de piedra y comencé a grabar con precisión la matriz principal, el centro del proceso alquímico. En el corazón de la matriz, colocamos el horno con los ingredientes listos.

Kurama, tras recibir una barra de chocolate entero, gruñó satisfecho.

—Solo porque tiene caramelo crujiente. Y avellanas—.

—Lo sé, por eso lo guardaba. Ahora… llena el horno—.

Con un bostezo, Kurama exhaló una continuamente chakra biju que impregnó la estructura del horno, fortaleciéndolo para que no se fundiera por la intensidad del proceso.

Durante varias horas, controlé cuidadosamente la cocción. La matriz absorbía lentamente el qi ambiental que comenzaba a emerger gracias a Nordrassil. Era poco, pero suficiente. Esa era la belleza de las técnicas de cultivo, estas eran la eficiencia personificada. No se necesitaba mucho qi si el diseño era perfecto.

Las plantas que habíamos cultivado dentro de la cámara se fundieron gradualmente en una masa brillante. Con manos firmes y concentración absoluta, extraía la escoria y estabilizaba la temperatura. Finalmente, cuatro pequeñas píldoras de reconstrucción se formaron, brillando con una luz débil, pero estable.

—Primera tanda, éxito —. Murmuré.

Volví a repetir el proceso, esta vez para una tanda más ambiciosa, dos píldoras de fundación. Estas eran más complejas, y la matriz requirió ajustes constantes. Karin observaba en silencio, tomando notas y alimentando la estructura con chakra a intervalos cuidadosamente medidos para evitar que el horno se fundiera y fue un éxito nuevamente.

Finalmente, creé una última píldora. la más delicada. Una panacea de bajo rango, pero aún así una panacea. Para un cultivador de alto nivel sería mediocre, incluso inútil. Pero para mí, en este estado… podría reparar mi cuerpo hasta casi su estado óptimo, eliminando las secuelas del uso excesivo del Voto Vinculante.

—Esto… me permitirá seguir adelante. Pero necesito entrar en reclusión—.

Miré a Karin, quien comprendió al instante pues era la única que sabia un poco mas que el resto.

—¿Cuánto tiempo?—.

—No lo sé. Pero tengo una matriz perfecta para eso—.

El almacén ahora estaba completamente cubierto por una versión ampliada de la matriz de dilatación temporal. En su interior había sellos de conservación, múltiples capas de aislamiento térmico y un único propósito, mi recuperación.

En su interior se almacenaron suficientes píldoras alimenticias para un año entero una exageración en apariencia, pero no cuando el tiempo dentro avanzaría cientos de veces más rapido que en el exterior.

—¿Estás seguro de esto? —. Preguntó Sasame, apoyada en el umbral de la puerta.

Asentí, revisando una última vez los sellos de control de flujo de qi.

—Necesito este tiempo… no puedo seguir arrastrando este cuerpo quebrado—.

Kurama bostezó, con una expresión molesta y adorable a la vez en su forma reducida en un cojín junto a la batería que alimentaria con su chakra que a su vez convertiría en qi y alimentaria la matriz de dilatación temporal.

Habíamos hecho un trato. Durante una semana Kurama tendría a su disposición a la abuela Shanzo, Karashi y Ranmaru como cocineros personales. A cambio, él alimentaría constantemente la matriz con chakra, manteniéndola estable.

—Quiero arroz dulce con leche de cabra. Y té con frambuesa—. Fue lo último que dijo antes de dejarse llevar en brazos por Ranmaru, el zorro estaba probando todas las combinaciones para encontrar las que mas le gustaban.

Una vez dentro del almacén, sellaron la puerta y yo active la matriz. No había ventanas. Solo oscuridad. Un ambiente más parecido a una cueva silenciosa que a un recinto humano. Me senté en el centro del sello circular. El aire era denso, casi inerte.

Abrí la palma y coloqué frente a mí la panacea de bajo rango. Su brillo era suave, apenas perceptible, pero en ese lugar sin luz parecía una estrella atrapada en una esfera. La acompañé con una píldora alimenticia para sostener el proceso, y la tragué sin dudar.

El mundo se volvió lento.

Me sumergí en meditación. Las primeras horas fueron incómodas, como si todo mi cuerpo rechinara desde dentro. Pero luego, como una marea lenta y cálida, la energía de la panacea comenzó a circular. No era violencia o una explosión que se expandía, era la sención única de la restauración.

/Empieza…/

La curación comenzó desde lo más profundo. Las fibras musculares reparadas. Las fisuras milimétricas en huesos que había ignorado por años, sanadas. Mis nervios se regeneraban lentamente. La médula espinal, tan castigada por las corrientes de chakra forzadas en mi infancia de ignorancia mientras practicaba chakra, todo se reparaba fragmento a fragmento.

El daño que causé al crear mis circuitos espirituales, un proceso antinatural, nacido del conocimiento de otro mundo comenzó a cerrarse. Cada meridiano torturado, cada cruce espiritual mal formado, se suavizó. La cicatriz interna que había dejado el Voto Vinculante, al obligar a mi cuerpo a alcanzar un crecimiento prematuro, empezó a borrarse.

/Este cuerpo… por fin, está alcanzando lo que debió ser/.

Incluso daños más sutiles emergieron. Como un eco lejano, recordé el momento en que estuve expuesto al Karma de Hashin. Una sobrecarga de vitalidad, como una estrella quemando su combustible. Había destruido mis propios telómeros.

Ahora… se restauraban. Las células regresaban a su estado ideal. La regeneración que antes me consumía, dejaba de ser una espada de doble filo. No solo recuperaba salud, sino tiempo. Esperanza de vida.

/Me estaba muriendo lentamente desde el primer día que escape de esa prisión. Siempre lo supe, pero no lo había aceptado/.

Pasaron años entrando y saliendo de una profunda meditación fue un parpadeo para mi percepción, mientras consumía píldoras alimenticias y el chakra del ambiente cerrado para sostener tanto mi cuerpo como mi recuperación. Durante aquel largo periodo absorbí la energía de la panacea, purgando y reparando cada daño, enfermedad y error que había corroído este cuerpo desde una infancia descuidada y por el veneno del chakra bijū.

El cuerpo se estabilizó pero aún quedaba un desbalance en la energía espiritual. Mi alma seguía alterada, intoxicada por el exceso de vitalidad. Cuando Nordrassil me salvó del Karma de Hashin, convirtió su poder corrupto en energía vital pura… pero esa abundancia era una carga. No estaba hecha para un cuerpo humano, y mucho menos para un alma que ya tenía grietas.

Portar la mitad yang de Kurama tampoco ayudaba. Era como contener un sol que nunca se apagaba, una fuente de energía demasiado brillante para un alma aún incompleta. La vitalidad me rebosaba, me ahogaba desde dentro. Podía respirar, podía moverme… pero cada fibra de mi ser temblaba bajo el peso de lo que contenía. Era como un río desbordado sin cauce que lo guiara.

Físicamente, sin embargo, estaba completo. Por primera vez en años, no sentía dolor. Mi cuerpo no crujía con cada movimiento, mis pulmones no ardían al respirar, y mi mente… no estaba nublada. La panacea había hecho su trabajo lentamente, había sanado años de daño acumulado. Las cicatrices invisibles de una niñez de hambre, abuso y entrenamiento brutal desaparecieron, una a una.

Incluso mis telómeros, quemados por la regeneración acelerada, se repararon. Aquella vitalidad desmedida que me consumía lentamente fue absorbida por mi cuerpo sano. Los nervios, el sistema circulatorio espiritual, el daño celular… todo se regeneró. Estaba de nuevo en punto cero, pero ahora era un punto cero real. Una base limpia, digna de un cultivador.

Sabía lo que debía hacer para terminar de estabilizarme. El fragmento del alma de Orochimaru en el sello de Tayuya era la clave. Si lo refinaba, podría crear una píldora yin que equilibrara mi interior. El fuego del sol que era la vitalidad necesitaba su contraparte, una luna fría que le diera forma y contención. Y, cuando recuperara la otra mitad de Kurama, ese equilibrio se volvería natural.

Inspiré profundamente. Sentí cómo el aire entraba sin causar dolor. Mis pulmones funcionaban como debían. No más parches, no más esfuerzo oculto detrás de cada movimiento. Era como despertar de una pesadilla prolongada, solo para descubrir que aún había camino por recorrer. Pero ahora, al menos, caminaba con los pies firmes sobre tierra sólida.

El hambre era intensa. Una sola píldora alimenticia podía sostener a un adulto por diez días, pero tras consumir la panacea, necesitaba mucho más. Era difícil contarlas mientras mi cuerpo devoraba cada nutriente como si estuviera muriendo de inanición. No era una necesidad física… era espiritual. Estaba reponiendo el combustible que mi alma quemó para sobrevivir.

Frente a mí, el horno alquímico reposaba apagado y silencioso. Dentro descansaban las verdaderas llaves de mi futuro, cuatro píldoras de reconstrucción y dos de fundación. Ya no era un experimento improvisado por la desesperación. Era un cultivador con dirección. El cuerpo estaba listo, el entorno también. Solo quedaba dar el siguiente paso.

/Estoy listo para convertirme en lo que debo ser/.

Tomé la primera píldora de reconstrucción. Al consumirla, mis tenketsu aun sensibles por su reciente curación se abrieron como flores secas que beben agua después de una sequía. Los espirales de chakra, sanas pero marchitas por el desuso, se hincharon lentamente, fortaleciéndose más allá de su estado original. Todo mi sistema circulatorio de chakra creció y se fortaleció. El chakra fluyó como un río embravecido, sin bloqueos ni turbulencias.

Tal vez perdí la mitad de todo mi chakra cuando tomé ese juramento, pero aún conservaba más que casi cualquier persona viva. No supe cuánto tiempo había pasado en meditación; solo sabía que ahora era más. Más denso, más vivo.

La segunda píldora actuó sobre mi Dantian, marchito por el voto vinculante. Lo restauró, pero también hizo algo más. Donde antes solo había un espacio vacío, se formó una nueva cavidad, y en su centro… una puerta. Comprendí que la píldora no solo sanaba reconstruía lentamente mis puertas internas, aquellas que sacrifiqué para formar los tres Dantian. Poco a poco, como brotes en primavera, surgían otras nuevas en su lugar.

Frágiles al principio, pero funcionales. El control de chakra mejoró drásticamente. Nunca me di cuenta de lo mucho que me afectaba la ausencia de esas puertas. Incluso con más talento en control de chakra que el Naruto original, la circulación fallida arruinaba mi control. Usaba diez galones donde otros usaban una taza. Ahora… ese desperdicio se detuvo. Todo fluyó con precisión.

La tercera píldora alimentó esas puertas internas, permitiéndoles alcanzar su tamaño real. Se expandieron, se fortalecieron. Al fin, mi sistema energético estaba completo. No era una copia del original, ni un remiendo improvisado. Era una red nueva, íntegra, construida con dolor y paciencia. Ya no solo era sano era funcional.

La última píldora trabajó a un nivel más profundo. Reconstruyó mi linaje. No tenía una gran cantidad de sangre Uzumaki, pero la poca que quedaba fue restaurada y refinada al máximo. Sentí cómo mi chakra se volvía aún más denso, más pesado, más vivo. Se acercaba a un estado que apenas podía imaginar, algo cercano a la solidez.

Y en lo más profundo de mis entrañas, sentí que me acercaba a un umbral. Un secreto, algo reservado solo para aquellos cuyo chakra alcanzaba esa densidad. No sabía qué era. Solo que estaba allí, esperándome.

Por último, llegaron las píldoras de fundación. Su propósito era claro, romper el cuello de botella y afianzar todo lo logrado. Mi qi, que ya fluía de forma estable y refinada gracias a todo el esfuerzo hasta ahora, comenzó a condensarse en lo profundo de mi mar espiritual. Lentamente, bajo la presión de mi dantian reconstruido, comenzó a formarse un núcleo.

Al principio, apenas una mota de luz, del tamaño de la cabeza de un alfiler. Pero no importaba su tamaño, sino su naturaleza, era pura, brillante, firme. Alimenté esa chispa con cada respiración, cada pensamiento, cada trazo de meditación, y la esfera creció. No había distracciones. No había dolor, solo había cultivo. Día tras día, como una gota de agua que horada la roca, mi núcleo dorado fue tomando forma, haciéndose sólido, constante, real.

Y cuando la matriz colapsó sin un sonido, sin un destello, simplemente dejó de ser, sentí el tirón de la realidad reclamarme. La puerta del almacén se abrió con un crujido tenue. Era oscuro, polvoso, cerrado como una tumba… pero la luz que entró fue cálida. La figura que entró fue familiar. Karin se detuvo en seco al verme, la bandeja de píldoras alimenticias temblando levemente entre sus manos.

— ¿N-Naruto…? —. Susurró, y el nombre se quebró en su boca como si dudara de poder pronunciarlo.

Me puse lentamente de pie. El zumbido del qi aún resonaba en mis venas, como un eco contenido que se negaba a apagarse. Mis músculos, antes estrechos y tensos como cuerdas al borde de romperse, eran ahora compactos, elásticos, definidos, como esculpido. Había crecido más de treinta centímetros, pasando de un cuerpo infantil de apenas 125 cm a una estatura cercana a los 155. Mis brazos eran fuertes, mis hombros se habían ensanchado, y el equilibrio de mi centro de gravedad se sentía… natural.

La ropa, incapaz de seguir el crecimiento forzado, colgaba hecha jirones. Solo algunos retazos alrededor de mi pelvis evitaban que estuviera completamente desnudo.

Karin se me acercó con pasos vacilantes, entre confundida y cautelosa. Me miró al rostro, buscando algo familiar.

—Tus ojos… —.Murmuró, como si lo que veía no pudiera encajar con sus recuerdos.

—Son iguales… pero distintos. Están… despiertos. Más vivos—.

Me detuve frente a ella. No dije nada. Solo la observé en silencio.

—¿Cuántos…? —. Preguntó, y su voz se quebró.

—Almenas cinco—. Respondí con suavidad

Karin dejó escapar una exhalación larga, como si no hubiera respirado desde que entró. Me miró otra vez, con más detenimiento. Lágrimas de tristeza recorrieron su rostro. Podía ver lo dolorida que estaba. Para ellos había pasado dos semanas. Para mí, cinco años, aunque apenas noté el paso del tiempo gracias a la meditación profunda. Pero para ella… debió parecer que estuve un encierro solitario, oscuro e inhumano.

Su mano se alzó con timidez, rozando mi mejilla.

—Estás… hermoso —. Susurró con una mezcla de alivio y asombro, casi maternal, casi reverente.

—Pero también… distinto. Ya no eres ese niño flaco y testarudo que conocí—.

Le sonreí con ternura y le di suaves palmaditas en la cabeza a mi pelirroja favorita.

—Ahora, por fin, puedo ser yo—.

Karin apartó la mirada. Una sonrisa temblorosa apareció en sus labios, mientras su chakra fluctuaba con una mezcla densa de emociones. Podía sentir cómo su chakra acariciaba el mio, me escaneaba seguramente con el Ojo de Kagura. Se estaba asegurando de que todo en mí estuviera bien. Estaba feliz, estaba aliviada. Pero también dolida porque entendía el precio.

—Eres un adolescente ahora… Casi un adulto. Y yo no estuve aquí para verte crecer—. Dijo con cierta incredulidad.

—No había nada que ver. Solo meditación. Solo reconstrucción, solo cultivo. Pero te agradezco por haber mantenido todo en marcha—.

Ella asintió, secándose una lágrima con el dorso de la mano. Luego sonrió con más fuerza, como si se obligara a hacerlo por mí.

—No importa cuánto crezcas… seguirás siendo Naruto. Y seguiré preocupándome por ti, idiota—.

Asentí con suavidad. En silencio, me abrazó. Fue un gesto silencioso que dijo más que cualquier promesa. Un lazo sencillo, firme, como solo puede darse entre aquellos que han compartido dolor. Entre los últimos lazos verdaderos que le quedaban a ella… y a mí.

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Notas: ¡Gracias por leer! No olvides comentar si te gustó.

Por fin, Naruto está recuperado. Su cuerpo se encuentra sano y libre de daños. Las panaceas fueron verdaderas curas absolutas. Para alguien con un nivel de cultivación bajo como el suyo, resultaron excelentes para sanar. Si no fuera porque necesitaba ingredientes ricos en qi, los cuales no existían en este mundo, al menos que él sepa, habría creado una cura mucho antes. Pero ahora tiene acceso a ellos.

Vamos a ver, Naruto ya era resistente. En la pelea contra Itachi recibió un golpe directo del puño del Susano, un impacto que debería haberle roto los huesos, pero logró levantarse con apenas daño. Ahora imagina que está en condiciones óptimas de salud y se fortaleció aun mas durante su reclusión. Su resistencia es comparable a la de Madara cuando enfrentó a los bijū. Así de desquiciado es el estado actual de su cuerpo, solo su cuerpo.

Ten en cuenta que, con este entrenamiento, ha cultivado durante seis años en total algo nada despreciable, esto incluye el año y medio que pasó en prisión cultivando.

Naruto ya entra en la categoría de monstruo dentro del mundo ninja. En términos de poder bruto, está al nivel de los Kage. Pero todavía carece de control. Ahora puede entrenar ese aspecto gracias al regalo de Tobirama. Sin embargo, también le falta un estilo de combate. Tiene instrucciones en el libro, pero sin un maestro que le enseñe, aprender a pelear sigue siendo difícil.

El próximo capítulo dejará todo resuelto en el País de las Olas. Naruto saldrá solo al mundo. Tiene mucho que hacer en distintos lugares.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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