Cultivador mediocre en naruto - Capítulo 23
- Inicio
- Todas las novelas
- Cultivador mediocre en naruto
- Capítulo 23 - Capítulo 23: Negocios
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 23: Negocios
Descargo de responsabilidad (Disclaimer)Los personajes y el universo de Naruto son propiedad exclusiva de Masashi Kishimoto. Esta historia es un trabajo de ficción sin fines de lucro, creada únicamente con fines de entretenimiento. Cualquier similitud con la historia original es intencional y se utiliza para construir una narrativa alternativa o expandir el mundo existente. No tengo ninguna afiliación con el autor o con las empresas que poseen los derechos de la franquicia.
— Personaje hablando —
/ Personaje pensando /
“Biju hablando mentalmente”
[Dioses hablando]
Así fue como nos encontraron unos segundos después, una Karin abrazando con fuerza a un adolescente que parecía un modelo anatómico, por su musculatura perfecta y proporciones equilibradas. Tsunami, que se encontraba cerca cuando todo ocurrió, se sonrojó ligeramente al ver el nuevo “yo”. Con mis casi 155 cm, ya casi alcanzaba su estatura y considerando que apenas medía 158, no era difícil.
/ Qué raro debe ser para ella… ver a un niño crecer tanto en tan poco tiempo/.
Karin no me soltó del abrazo hasta que los demás comenzaron a llegar. Temari me miró de arriba abajo con una ceja arqueada. Su vista se detuvo un momento en los jirones de ropa que apenas cubrían mi pelvis, y luego me dedicó una sonrisa aprobatoria.
— Buen trabajo —. Dijo, levantando el pulgar en señal de reconocimiento.
Sasame se sonrojó ligeramente, pero no cambió de actitud. Estaba completamente metida en su papel de asistente, como si nada pudiera sacarla de su enfoque. Fu, en cambio, se tapó el rostro con ambas manos… aunque espiaba sin vergüenza entre los dedos.
Con un suspiro, activé un simple Henge para generar una ilusión decente de ropa. No era mucho, pero al menos ya no parecía un mendigo. Fue un reencuentro interesante… pero breve. Había mucho por hacer en Wave.
Con un pensamiento, quince clones de madera emergieron de mi cuerpo y se dispersaron. A diferencia de antes, el consumo de chakra fue mínimo. No hubo dolor, ni fatiga, ni ese zumbido incómodo.
Estiré el cuello y respiré hondo.
/ La diferencia es abismal. Antes, mi control de chakra era funcional, pero rudimentario comparado con los expertos. Ahora… ahora fluye como si el chakra hubiera estado esperando este momento. /
Mis puertas internas estaban completamente sanas. Y con mi chakra ahora denso y refinado, necesitaba mucho menos para realizar las mismas técnicas. Más poder, menos esfuerzo.
Por primera vez en mucho tiempo… me sentía verdaderamente completo. Y honestamente, tenía mucha hambre.
—Cinco años de cultivo… —. Murmuré para mí mismo mientras me sostenía el estómago.
—Pero ninguna maldita hamburguesa en todo ese tiempo—.
Solo había preparado píldoras alimenticias para un año, pensando que sería más que suficiente. Pero entre el tiempo distorsionado y la intensidad del cultivo, todo se extendió. El qi había sido el mejor nutriente posible, alimentando incluso mi alma, pero ya no bastaba. Ahora lo que deseaba con un fervor casi religioso era una hamburguesa grasienta. Y ramen, ramen hasta reventar.
Cargué a Chibi Kurama en brazos. Dormía profundamente, acurrucado cerca de la batería, como si hubiese agotado toda su energía vigilando mi cuerpo en ese limbo temporal. Mientras lo sostenía, ni siquiera abrió un ojo. Nos lo llevamos a la casa de Tsunami, y, sin decir nada, dejé una bolsa repleta de ryō por la comida que iba a consumir
Mi sueño secreto siempre había sido aprender a cocinar… pero mi habilidad culinaria estaba peligrosamente cerca del nivel de Homero Simpson quemando cereal. Así que, por el bien de todos, dejé que alguien con talento se encargara.
Cuando llegamos Tsunami preparo comida algo que anciaba después de píldoras y solo qi.
—¡Tsunami-san! ¿Eso es…? —. Mis ojos se iluminaron.
—Ramen, hamburguesas, arroz frito, pescado asado… —. dijo con una sonrisa maternal, colocando más platos sobre la mesa.
—Y aún queda más por salir. Estás en los huesos, Naruto-kun—.
—Estoy en los músculos, para ser exactos —. Dije con una sonrisa sarcástica, y el crujir de mi estómago pareció darme la razón.
Mientras devoraba como un hombre condenado al último banquete, Sasame trajo a varias personas del pueblo. Comenzaron a tomar medidas.
—155 centímetros… torso amplio, hombros anchos, brazos definidos… —. Susurró una de las costureras.
—¿Este chico es un adolescente o una escultura?—.
—Ambas —. Dijo Temari, sentada al fondo, sin disimular su orgullo.
—No lo crean, pero hace una semana era más bajito que todas nosotras—.
—¿Qué demonios pasó contigo? —. Preguntó Fu, con la cabeza ladeada mientras me observaba entre intrigada y confundida.
—Cultivé. Me perdí cinco años… —respondí entre bocado y bocado.
—Pero valió la pena—.
/Técnicamente, sobreviví con qi, introspección, y sufrimiento silencioso. Pero ya no tengo que hacerlo/.
Reímos un poco. Había extrañado esa sensación, la calidez de estar rodeado de voces conocidas, del ruido del mundo. Era reconfortante… aunque no olvidaba mi misión. Mientras todo eso ocurría, mis clones de madera ya se habían desplegado por toda la isla. Al llegar a los límites naturales del territorio, se sumergieron en el mar, exactamente a un kilómetro de la costa.
Desde el fondo marino comenzó el trabajo real. Con el jutsu de Muro de Tierra, una técnica que obtuve tras mi estadía en Suna junto a Gaara, levantaban muros sumergidos a intervalos regulares. Sobre cada muro, tallaban con cuidado matrices complejas, mucho más avanzadas que las que usé para proteger la aldea de Suna. Círculos concéntricos de runas, anclas espirituales, focos de carga. Grabados que canalizaban intención.
—Matiz y en en los bordes… flujo inverso para disipar energia natural, para posibles usuarios de senjutsu, y repulsores de sintonía negativa en las bases —. Murmuro uno de los clones que al ser madera no necesitaban respirar.
Una vez terminados, los muros eran sumergidos nuevamente quedando ocultos en el lecho marino como si nunca hubieran existido. El proceso se repitió exactamente 999 veces. No cubriría todo el País de las Olas. Solo la isla que habitábamos actualmente. Pero eso era suficiente por ahora.
El número nueve no fue una elección al azar. Era un símbolo de la eternidad. En el cultivo, todo tenía peso desde el tiempo, el número, la forma. La simbología no era una superstición, era un catalizador. Y en una barrera, cada detalle era más que tinta o qi, era una voluntad tallada en piedra.
Cada paso era necesario, cada símbolo, un ancla. Para que el qi funcionara de manera apropiada, la energía necesitaba estructura. Aunque era flexible por naturaleza, con la guía adecuada podía hacer prácticamente cualquier cosa. Ese era el verdadero secreto, intención y forma. Sin eso, el qi era solo un río sin cauce.
Los clones trabajarían por al menos una semana. Cada uno tenía suficiente chakra almacenado para sostenerse durante ese tiempo sin necesidad de regresar. Además, un clon designado se reportaría cada seis horas para transmitirme los avances. Era más eficiente así; la información no se acumulaba y mantenía mi mente clara.
Mientras tanto… yo terminaba el banquete más glorioso de mi vida. Tazuna y Tsunami parecían más que felices de verme acabar con todos sus suministros.
—Después de lo que nos diste… puedes vaciar la cocina entera sin problema, Naruto-kun —. Dijo Tazuna, soltando una carcajada.
—Nunca había visto a alguien comer así sin morir en el intento—.
—Cinco años sin comida de verdad… y además soy Uzumaki —. Dije entre bocado y bocado, chupándome los dedos.
—Es casi milagroso que no haya intentado devorar la mesa también—.
Tsunami se llevó las manos a la boca para reír, pero sus ojos brillaban con alivio. Para ellos, yo seguía siendo ese niño que un día vino a salvar su pueblo. Y ahora, tras tanto cambio… todavía era el mismo, solo más fuerte.
Fue entonces que Sasame se acercó a la mesa. Su rostro estaba serio.
—Naruto… hay algo que debes saber. Mientras estuviste cultivando… tuvimos visitas no deseadas—.
Fruncí el ceño, dejando a un lado los palillos.
—¿Quién?—.
—Kabuto Yakushi. Llegó a la isla hace dos días junto a una mujer que se hace llamar Guren. Dice ser su guardaespaldas y… quieren negociar contigo—.
—Kabuto… —. Murmuré, sintiendo una punzada de incomodidad en el pecho.
—Siempre moviéndose como una sombra detrás de su amo—.
—Antes de eso, estuvo rondando Nordrassil. No intentó acercarse directamente, pero los pescadores lo vieron observando el árbol, tomando notas. Fue… inquietante—.
—Hmph. Espiando como siempre—.
—Pero hay algo más. Desde que Nordrassil creció, el mar se volvió más limpio, y la pesca, abundante. Los pescadores se organizaron solos. Ahora consideran el árbol como algo sagrado. Y lo protegen. Incluso formaron una especie de milicia. El Clan Fūma ha estado apoyándolos—.
Me quedé en silencio unos segundos. Luego sonreí con lentitud ante la idiotez de la gente.
—¿Qué quieres que haga con Kabuto y Guren?—, Pregunto Sasame lista para cualquier orden.
Caminé hacia la salida de la casa mientras el sol comenzaba a caer sobre el horizonte. La brisa del mar era fresca, pero no me inmutaba. Cada célula de mi cuerpo seguía llena de qi, vibrando como si todavía estuviera en ese estado profundo de cultivo.
—Llévalos al claro junto al lago. Donde los niños no estén cerca. Si vinieron a negociar, que lo hagan bajo mis condiciones—.
/Y si vinieron con intenciones ocultas… entonces hoy sabrán lo que significa desafiar a alguien que desafía el Tao. Después de todo, solo los locos y los orgullosos nos atrevemos a desafiar al cielo/.
—Sí, Naruto —. Respondió Sasame sin dudar, haciendo una leve reverencia antes de desaparecer.
El sol comenzaba a ocultarse, proyectando su reflejo dorado sobre las aguas quietas del mar. Me situé al borde del claro, con la espalda recta y la mente en calma. Vestía ropa simple, un kimono blanco abierto, pantalones ceñidos y botas de cuero. Nada ostentoso, no necesitaba símbolos cuando el peso de mi aura hablaba por mí.
Nordrassil respiraba a lo lejos, su influencia ya purificando el qi de la isla. Podía oírlo, sentirlo. Ese leve susurro vibrante en el aire. Un murmullo antiguo que acariciaba mis sentidos como si la tierra misma respirara, sentí mis músculos y tome nota de lo diferente que era mi cuerpo ahora.
Mi cuerpo, reforzado por años de cultivo, alquimia interna y exposición directa al qi más puro que Nordrassil puede filtrar, había trascendido las limitaciones humanas. Mis órganos ya no eran simples tejidos blandos sujetos a fatiga o fallo. Cada célula había sido templada, comprimida y enriquecida con energía espiritual, haciéndolas más densas, resistentes y eficientes.
El flujo de sangre en mi cuerpo no sufre de obstrucciones, ni irregularidades. Las venas y arterias son conductos óptimos, flexibles pero impenetrables, imposibles de romper con presión interna o externa. Los problemas circulatorios coágulos, hemorragias, aneurismas son imposibilidades mecánicas. Incluso mis capilares menores han sido reforzados por la acumulación constante de qi, formando una red de distribución energética y biológica de redundancia casi perfecta.
Y si, por alguna razón, algo lograra penetrar esa defensa… mi regeneración haría que el daño fuera irrelevante.
No hablo de una regeneración como la de Tsunade o incluso la de Orochimaru, que consume chakra o vida a cambio de restauración. Lo mío es distinto. Cada célula que muere es reemplazada en segundos por otra cultivada con qi, completamente funcional, sin pérdida de eficiencia. Puedo regenerar órganos enteros con solo un de esfuerzo. Puedo mantenerme de pie con heridas que matarían a cualquier otro, porque mi cuerpo ya no considera ese tipo de daño como significativo.
El corazón que una vez Sasuke intento apuñalar ahora es más duro que el acero; los pulmones que intentaría perforar se regenerarían en segundos.
Ya no soy carne. Soy el resultado de lo que ocurre cuando un verdadero cultivador alcanza el límite previo al Núcleo Dorado. Pero no fue un milagro divino, fue la biología la que cimentó esta transformación.
Naruto Uzumaki, mestizo o no, sigue siendo Uzumaki. Esa herencia bendita de regeneración, resistencia y longevidad fue mi cimiento. Luego vino el qi, y como fuego templando metal, lo refinó todo. Cada célula fue pulida, reforzada, expandida. Y como si el destino no quisiera quedarse atrás, el alma de Asura reencarnada en mí aportó un chakra naturalmente más denso, robusto, casi monstruoso.
Kurama, filtrando su chakra a través de mis canales desde la infancia, sin saberlo purificó mi flujo interno. Mi chakra, se volvió más puro, más vasto, más poderoso. Ese exceso de energía fue empujando los límites de lo que el cuerpo humano puede soportar. Pero el mío no colapsó, evolucionó.
Con esa base construí esta estructura casi indestructible. Es biología templada por el Tao. Es lo que nace cuando un niño bendito por su linaje dedica años dentro de una matriz de dilatación temporal a forjar algo que pueda sostener el peso de la cima.
Puede que aún no domine las artes del combate. Que mis técnicas sean rudimentarias, que aún me falte eficiencia en el uso del chakra. Pero hoy, ahora, eso no importa. Porque tengo un cuerpo que no se rompe. Y mientras tenga ese cuerpo, la cima no está fuera de mi alcance.
Solté un lento suspiro mi mente volviendo a lo que apremiaba ahora, la visita aunque esperada venia mas pronto de lo esperado
/¿Por qué habían venido tan pronto?/.
Orochimaru debía tener suficiente del elixir para mitigar la mutilación de su alma. A menos…
/A menos que ese ambicioso tonto lo haya usado para experimentar, buscando replicarlos , algo imposible/.
El crujido del pasto me arrancó de mis pensamientos. Kabuto apareció primero, con su sonrisa afable y esa mirada falsa que tan bien conocía. Detrás de él, Guren. Exactamente como la recordaba de la serie, cabello purpura, ojos orgullosos, presencia afilada como un cristal a punto de romperse. Podía sentir su hostilidad incluso antes de que hablara. Ella no necesitaba palabras; su cuerpo hablaba por ella.
Kabuto ajustó sus gafas con una expresión de cortesía mecánica.
—Qué sorpresa… poco agradable verte nuevamente, Kabuto. Supongo que tu maestro fue demasiado ambicioso. ¿Se agotó su suministro del elixir, verdad?—.
Él soltó una risita, pero pude ver cómo me escaneaba con la mirada. Buscaba debilidades, comparaciones, discrepancias.
—Naruto-kun… siempre tan directo. Y nuevamente… te ves diferente. Esta vez te ves muy saludable. Me alegra que te haya hecho bien tu viaje hasta aquí—.
—Las cosas buenas crecen en silencio —. Repliqué con calma.
—Ve al grano. Tengo mucho que hacer como para desperdiciar mi tiempo en conversaciones inútiles. Dime, ¿qué podría tener Orochimaru que fuera digno de mi atención? Hacer ese elixir no fue precisamente sencillo—.
Mentira. Fabricarlo era fácil, una fórmula que aliviaba el dolor de un alma mutilada, no necesitaba nada especial. Pero no necesitaban saberlo.
Kabuto ladeó la cabeza, sonriendo con ese gesto que fingía humildad pero rezumaba cálculo.
—Mi señor Orochimaru desea restablecer canales de diálogo. Lo que compartiste… fue valioso. Él quiere comprenderlo mejo y está dispuesto a ofrecer… algo a cambio—.
Detrás de él, Guren apretó los puños. Podía ver cómo su expresión se tensaba con cada palabra. Era mas que obvio que no soportaba verme en una posición que donde exigía algo a su señor. Mi sola existencia era una afrenta. Una burla al orden que ella respetaba ciegamente.
—¿Negociar, dices?. No me interesa enseñarle a un ladrón cómo abrir la puerta del cielo. Y menos si pretende forzarla—. Respondí con desdén.
Guren dio un paso al frente.
—¡Mide tus palabras! ¡Orochimaru-sama es—.
—¡Silencio! —. Le espeté, liberando una mínima oleada de chakra comprimido con qi, como un golpe de aire denso contra el pecho.
Guren se detuvo en seco, y su cuerpo reaccionó con cruda honestidad. Su diafragma se contrajo involuntariamente, impidiéndole inhalar. La presión invisible del aire aturado de mi voluntad y energía activó sus receptores de estrés con tanta violencia que su sistema autónomo se descompensó.
Su rostro se puso lívido, la boca abierta intentando tomar aire que no llegaba. Los músculos de su cuello se tensaron, sus pupilas se dilataron. Un hilo de saliva cayó desde la comisura mientras sus piernas temblaban. No estaba siendo atacada por una técnica… solo por su propio cuerpo, que no sabía cómo lidiar con lo que sentía.
Le temblaban las manos. Los pulmones no se inflaban. Su corazón se disparó como si hubiera caído al agua helada. Todo su entrenamiento shinobi decía “¡Lucha!”, pero su instinto gritaba “¡Corre!”. Todos esos años moviendo mi energía me dieron un muy buen control de mi qi.
Kabuto fingió una risa incómoda, sin siquiera mirarla.
—Mis disculpas, Naruto-kun. Guren es leal… hasta el límite de la irracionalidad. Como decía… estamos dispuestos a escuchar tus condiciones—.
Me crucé de brazos. Mi voz se volvió indiferente. Era hora de empezar a consolidar mi lugar en la cadena alimenticia del mundo shinobi. Ya no bastaba con poder sobrevivir. Ahora era jodidamente difícil de matar. Con este cuerpo, con este control… lo que yo decía, importaba. Y lo que exigía, debía cumplirse.
—Le costará caro a tu maestro. La primera vez fue barata… esta vez quiero todos los venenos más potentes que tenga. Incluido el veneno de la sabia serpiente blanca de la Cueva Ryūchi —.
Kabuto parpadeó. Su expresión seguía ensayada, pero se notó una grieta.
—También quiero el Edo Tensei. Y el sello de control que usó contra el Sandaime para someter a los Kages. Quiero muestras y todo lo necesario para invocar a los Kage anteriores… junto con sus esposas—.
Guren seguía arrodillada, tosiendo, con el rostro encendido por la mezcla de vergüenza, ira y desesperación fisiológica. Ya no me miraba con furia, sino con miedo.
Kabuto se ajustó las gafas.
—Un precio… muy alto, Naruto-kun—.
Suspiré, dejando que la presión en el aire se disipara. Guren se desplomó de lado, respirando a bocanadas.
—Todo lo que pedí ya no le sirve a tu maestro. El Edo Tensei es inestable y dudo que siga investigándolo en el corto plazo. Los Kages están sellados así que darme unas cuantas muestras es inocuo. Y los venenos… bueno, eso quizá le duela perderlos y el del sabio serpiente sera complicado. Pero a cambio recibirá el triple del elixir, mas refinado y más puro que nunca—.
Di un paso adelante.
—Invoca a tu serpiente, e informa a tu amo. No tengo tiempo para juegos diplomáticos que tarden semanas. Si viniste hasta aquí, que responda ahora—.
Kabuto dudó apenas un segundo. Su experiencia como espía, esa intuición cultivada a base de observar y sobrevivir, le gritaba que yo ya no era un objetivo que podía manipular, herir o diseccionar. Había cambiado, de forma irreversible.
Con eso dicho, me marché, dejando a Kabuto para que informara a Orochimaru. Mientras me alejaba, podía sentir la mirada de Guren clavada en mi espalda, una mezcla de odio y miedo, como si su cuerpo no supiera si debía atacar o huir.
————————————————————————————————————————–
Pov Orochimaru
En una sala profunda, iluminada solo por antorchas que parecían resistirse eternamente al paso del tiempo, la oscuridad era casi total. El diseño era intencional para mantener los sentidos del sujeto en tensión constante, obligarlo a adaptarse al peligro sin descanso.
En el centro del cuarto, un joven jadeaba, tambaleándose al borde del colapso. Su cuerpo estaba cubierto de agujas senbon. Las zonas alrededor de las heridas se veían enrojecidas, con vetas amoratadas extendiéndose como raíces venenosas bajo la piel. El veneno actuaba sin piedad.
Sasuke Uchiha no se rendía. Su respiración era errática, su visión borrosa, y sin embargo seguía de pie, forzando cada fibra de su cuerpo a no caer. Esta no era una prueba de fuerza, sino de resistencia, de voluntad, de cuánto dolor podía soportar antes de romperse… y luego, de cuánto tiempo tardaría en recomponerse para continuar.
Desde las sombras, siempre fuera de su campo visual, Orochimaru observaba. Como un cazador meticuloso. De vez en cuando, con precisión inhumana, arrojaba otra senbon, esta con una nueva toxina ligeramente modificada. Siempre cambiando, siempre escalando.
—Muy bien, Sasuke-kun… No mueras aún —. Susurró con su sonrisa de serpiente, mientras otra aguja se hundía en el hombro del joven.
Sasuke colapsó poco después. Su cuerpo temblaba violentamente, espuma se acumulaba en la comisura de sus labios, y su conciencia oscilaba entre el dolor y la oscuridad. Orochimaru no intervino. Solo observó, calculaba cada reacción. Sabía exactamente cuál era el límite del cuerpo en ese estado. Ni una dosis más ni una menos. Quería llevarlo al borde… de lo que podia soportar un ser humano.
Todo esto tenía un propósito, aumentar la resistencia de Sasuke a los venenos. Prepararlo para ser un recipiente adecuado. Porque Orochimaru deseaba ese cuerpo. No uno débil ni imperfecto, lo quería resistente, adaptable y fuerte. En tres años, cuando llegara el momento de la transferencia, necesitaba que ese recipiente estuviera listo para contener su alma… y soportarla.
Mientras observaba al joven Uchiha retorcerse por los efectos del veneno, Orochimaru no apartaba la vista. El cuerpo de Sasuke temblaba de forma espasmódica, su torso arqueándose en un esfuerzo desesperado por no sucumbir al cóctel debilitado que lo corroía desde dentro. La piel pálida adquiría tonalidades amoratadas, mientras su sistema inmune luchaba por adaptarse. Esta era la danza entre la vida y la muerte que Orochimaru tanto disfrutaba.
En ese momento, una serpiente emergió de las sombras, deslizándose con silenciosa urgencia. Enroscada a su cuerpo, llevaba un pequeño contenedor cilíndrico marcado con el símbolo de un escarabajo, uno de los mensajeros personales de Kabuto, reservado solo para asuntos urgentes.
Orochimaru tomó el pergamino con curiosidad, desatando el sello con un dedo afilado. Al leer el contenido, sus finos labios se curvaron con una sonrisa burlona.
—Oh… Naruto-kun, qué caprichoso te has vuelto —. Musitó, casi divertido.
Todo lo que el muchacho pedía, el Edo Tensei, el sello de control, las muestras de los kages y sus esposas, incluso los venenos más letales… para Orochimaru eran poco más que herramientas obsoletas, útiles quizás para la experimentación, pero no esenciales. Y sin embargo, sabía que no podía permitirse subestimar a Naruto.
Porque había una verdad que le incomodaba admitir, el elixir que Naruto le había entregado antes… casi se había agotado.Y aunque su umbral del dolor era altísimo, el tormento del alma que lo afligía a veces, producto de del sello que su Sensei uso era insoportable. Ningún jutsu, ninguna regeneración, ninguna muda de piel lo aliviaba por completo. Solo ese elixir surtía efecto.
Con un gesto pausado llamó a uno de sus Oto-nin. Un siervo sin nombre, sin voluntad, sin propósito más allá de servir. Este se inclinó en silencio, esperando instrucciones.
—Prepara el paquete. Incluye todo lo que Naruto-kun pidió. El Edo Tensei con sus instrucciones completas. El sello de contención usado contra el Primer y Segundo Hokage. Las muestras de los Kages anteriores y sus respectivas esposas. No importa si pierdo estas muestras. Tengo más donde vinieron.
El sirviente desapareció, veloz. Minutos después regresó con un pergamino sellado meticulosamente, cada componente en compartimentos reforzados, faltaba solo un detalle.
Orochimaru caminó hacia su colección personal, una cámara sellada por múltiples barreras, oculta incluso entre los rincones más secretos de su guarida. Aquí se almacenaban los venenos más letales que había sintetizado, robado o recolectado a lo largo de décadas. Frascos diminutos, etiquetados con sellos y advertencias.
Con delicadeza, extrajo una dosis de cada uno. Los guardó en pequeños recipientes, sellados individualmente. Pero su mirada se detuvo en una caja sellada por cinco capas de fuinjutsu. Dentro, lo más preciado de todos, una muestra del veneno del Hakuja Sennin, el Sabio Blanco de la Cueva Ryūchi.
Una reliquia viva de su fracaso. Orochimaru había intentado obtener el Modo Sabio, pero Hakuja Sennin lo consideró indigno. El veneno que casi lo mató y que obligó a su cuerpo a mutar más allá de lo humano… él lo conservaba como recordatorio. No tenía utilidad ahora, salvo como memoria de lo que perdió al convertirse en esto.
—Supongo que es hora de ver si tú puedes convertir fracaso en poder, Naruto-kun —. Susurró mientras sellaba una dosis exacta en un pequeño tubo con una sonrisa perversa.
Con todo listo, el contenedor fue sellado y entregado nuevamente a la serpiente mensajera que se desvaneció en una bocanada de humo, rumbo a las manos de Kabuto. El silencio regresó a la sala, apenas roto por el ruido húmedo de un cuerpo convulsionando sobre la piedra.
Allí, en el centro del cuarto apenas iluminado, Sasuke Uchiha yacía entre espasmos. Su cuerpo joven, envenenado hasta los huesos, se debatía contra una muerte que no terminaba de llegar. Los músculos se contraían de forma involuntaria, la espuma se acumulaba en las comisuras de sus labios, y aún así… aún así, resistía.
Orochimaru se acercó, sin apuro, y se agachó a su lado. De entre sus mangas extrajo una jeringa con un líquido violáceo que brillaba tenuemente bajo la luz de las antorchas. Con una precisión propia de un médico la inyectó. El antídoto surtió efecto de inmediato, disminuyendo los espasmos, calmando la reacción del sistema nervioso.
—Eso es, Sasuke-kun. Sobreviviste otra vez —. Susurró con deleite.
————————————————————————————————————————–
Pov Sasuke
No era la primera vez, ni sería la última. Cada día, Sasuke era envenenado deliberadamente con variantes debilitadas de toxinas letales. Su cuerpo debía adaptarse, desarrollar resistencia, sobrevivir. Un proceso atroz, agónico… pero necesario. Porque en su mente, el sufrimiento era una ofrenda. Una penitencia. Un camino hacia el único objetivo que aún le daba sentido.
/Todo esto es por matar a Itachi./
Su hermano no solo había asesinado a su familia. Había destruido algo más profundo, la inocencia. La seguridad, la confianza. Aquella noche, Sasuke no solo se quedó solo. Se convirtió en un cascarón vacío, hueco, lleno de una única emoción que le quedo, odio. Un odio que se solidificó con los años, que se volvió todo su ser. Ya no recordaba cómo se sentía vivir sin él.
Había sido llamado prodigio. Admirado. Pero esas voces se volvieron ecos lejanos cuando Naruto, ese “perdedor”, empezó a alcanzarlo. A ser reconocido, a brillar. Sasuke no lo soportó. No podía verlo crecer tan rápido, lo hacía sentir desnudo, expuesto y vulnerable.
/¿Y si no es suficiente? ¿Y si no puedo cumplir mí venganza?/.
Entonces comenzó a distorsionar la realidad. Lo hacía sin darse cuenta. Se convenció de que Konoha lo limitaba. Que lo encadenaba con promesas vacías. Que los lazos no eran fuerza, sino peso muerto. Ignoró que Kakashi lo entrenó. Que le confió su técnica más personal, el Chidori. Todo eso fue borrado por una sola imagen, la sonrisa de Naruto, avanzando sin mirar atrás.
— ¿Por qué él? ¿Por qué lo admiraban tanto? ¿Por qué me alcanzaba… si yo nací con el poder?—.
La respuesta que encontró fue sencilla, y a la vez venenosa, la aldea lo frenaba. Lo contenía, solo fuera de sus muros podría romper esos límites. Solo en la oscuridad se encontraba el poder real. El dolor como catalizador. La soledad como fortaleza.
Orochimaru no le ofrecía afecto. No lo llamaba “compañero”, ni “amigo”, ni “camarada”. Pero tampoco le pedía que fuera alguien distinto. Le ofrecía la libertad para caer, para romperse. Para reconstruirse como un arma. Para olvidar lo que era ser humano… y convertirse en algo más.
— Cuando sea fuerte… cuando lo sea de verdad… escaparé de este lugar. De él y entonces… mataré a Itachi. Vengaré a mi clan—.
Pero lo que Sasuke no podía admitir era lo más trágico de todo, que no odiaba a Naruto. Lo envidiaba, porque Naruto seguía siendo capaz de confiar. De crear lazos, de avanzar sin sacrificar su alma. Naruto representaba todo lo que Sasuke había perdido. Y eso… lo destrozaba.
Esa llama negra, alimentada por odio y miedo, era lo único que lo mantenía consciente cuando su cuerpo colapsaba y se recomponía. No era fuerza, era ese oscuro trauma. Y Orochimaru, observando desde las sombras, lo sabía.
Sasuke alzó la vista cuando escuchó pasos. El sannin se acercó con su habitual sonrisa serpentina y dejó un pergamino enrollado junto a su cabeza, sobre la piedra fría.
—Sasuke-kun, noticias del exterior. Mis espías encontraron noticias que creo que serán un buen incentivo para que te esfuerces… un poco más—. Su voz viscosa y burlona lo hizo estremecer, pero no respondió. Solo lo observó marcharse, deslizándose como un espectro satisfecho.
El aislamiento había matado cualquier noción del tiempo. No sabía qué pasaba más allá de esos muros. Si Orochimaru le ofrecía información, tenía que ser sobre Konoha, o peor… sobre Itachi. Las manos de Sasuke temblaban levemente al desenrollar el pergamino, aunque su rostro permanecía inexpresivo.
Las palabras eran cuchillas, cada línea una herida. Naruto, encarcelado por fallar al traerlo de vuelta. Luego, su fuga de la prisión. Un desastre político. Un viaje solitario para reunir camaradas, un enfrentamiento directo contra dos ninjas de rango S. Sasuke tragó saliva con dificultad. Orochimaru era uno de esos rangos. Y Naruto, el mismo “perdedor” que alguna vez no podía hacer un clon decente… escapó casi matando a uno y el otro decapitado.
El mundo giraba y él se quedaba atrás pero no fue eso lo que lo destruyó. Fue el último párrafo. Naruto había enfrentado a Itachi. Y su hermano había huido.
— No… —. Susurró, pero no era una palabra, sino un sollozo roto, incrédulo.
Sasuke dejó caer el pergamino. Sus pupilas dilatadas temblaban, como si su cerebro no pudiera procesar lo que acababa de leer. Lágrimas silenciosas comenzaron a deslizarse por su rostro impávido. Su cuerpo no se movía, solo su alma gritaba. Se suponía que él era el vengador. Se había marchado por eso. Para nunca más ver la espalda de Naruto. Para no quedar rezagado. Para no ser débil.
Y ahora…
Naruto ya no estaba cerca. No era un rival, se había convertido en un faro distante, inalcanzable. Y él… era solo un espectador, atrapado en el barro de su decisión. El complejo de inferioridad que había intentado ahogar, resurgía con violencia. El mismo que lo carcomía desde niño, desde que Itachi lo humilló sin esfuerzo, desde que lo dejó llorando en medio de la sangre de sus padres.
— ¿Qué sentido tiene todo esto si ni siquiera puedo alcanzarlo? —. Murmuro con voz temblorosa.
/¿Qué soy entonces? ¿Un fracaso de lo que debí ser?/. Sus oscuros pensamientos nublando su mente
El aire se volvió denso, su respiración se hizo errática. Las uñas se clavaron en sus palmas, haciéndose sangrar. En lugar de rendirse, eligió la única salida que conocía, más poder. Más sacrificio. más dolor. Debía volverse más fuerte, costara lo que costara.
Así descendió, sin freno ni redención, en una espiral de autodestrucción. La idea de superarse ya no nacía de la ambición, sino del miedo. Del terror de volver a sentirse impotente, débil y pequeño.
Y desde lejos, oculto entre las sombras húmedas del laboratorio, Orochimaru lo observaba en silencio. Con una sonrisa lenta, satisfecha. Sabía que el quiebre había comenzado. Y estaba encantado.
————————————————————————————————————————–
Pov Naruto
La luna estaba en lo alto y yo me encontraba sentado bajo la sombra de Nordrassil. O mejor dicho, de su extensión física. El árbol verdadero estaba dentro de mí, anclado a mi alma. Desde aquí podía sentir su energía constante, tranquila. Un susurro sutil me mantenía centrado.
Escuché pasos acercarse, era Kabuto. Observó el gran árbol por unos segundos antes de avanzar. La milicia que custodiaba la zona se tensó, pero bastó una sola orden mía para que bajaran la guardia.
— Veo que Orochimaru respondió pronto —. Comenté al notar el pergamino en su mano.
Kabuto sonrió. Guren, detrás de él, mantuvo el ceño fruncido pero no dijo nada. Parece que entendió que no era el lugar para intervenir. Esta vez, al menos, se quedó en silencio. Sabía que cualquier falta podía costarle.
— Orochimaru-sama ha enviado todo y dice estar interesado en los resultados. Ahora, ¿la otra parte del trato? —.
Un clon de madera ya había terminado de preparar el elixir. Le entregué tres litros del mismo brebaje que le proporcioné la vez pasada. Era lo único que podía estabilizar parcialmente el alma fragmentada de Orochimaru.
— Aquí está. Usa las mismas instrucciones. Confío en que las muestras y los venenos son genuinos. Si no lo son, actuaré —. Murmuré mientras revisaba el contenido con calma, restos biológicos, toxinas cuidadosamente etiquetadas, todo tal como se había pactado.
Kabuto asintió sin intentar discutir. Guren no agregó nada. Ambos se retiraron pronto, y un clon de madera los seguía desde el momento en que dejaron el pueblo, para asegurar que salieran del país sin hacer nada tonto, esto era una medida de precaución.
Mientras tanto, creé un par de cientos de clones de sombra. Era fácil a este punto y util para entrenamientos de largo plazo. Kurama alzó la cabeza apenas sintió la conexión. Masticaba con lentitud un helado, relajado, con la barriga expuesta la luz de la luna filtrado por las ramas de Nordrassil.
—Podría controlar uno de tus clones si quisiera, ¿sabes?—. Comento el chibi Kurama sin dejar de comer.
Lo mire divertido.
— Pero no lo harás. Estás cómodo—.
—Exacto. Mientras estos idiotas te sigan y me traigan comida, no tengo ninguna queja—.
Lo ignoré.
Mientras mis clones se encargaban del entrenamiento, yo repasaba los pergaminos sobre el Edo Tensei. No era algo que pudiera usar de inmediato, pero quería comprender su mecánica y límites. Separé los elementos por áreas, sellado del alma, recipiente físico, control mental del resucitado, sacrificio necesario. Organicé todo en un esquema con tinta sobre un pergamino.
La sección más crítica era el fūinjutsu que atrapaba el alma. Mi linaje Uzumaki probablemente me ayudaba a memorizar los sellos con más facilidad, aunque no entendía del todo sus fundamentos.
/Realmente necesito aprender fūinjutsu en profundidad/.
Usar muestras de mito para extraer conocimiento, o revivirla con el Edo Tensei y hacerla enseñar, era una posibilidad, que tenia sus propios riesgos.
Mientras tanto, los clones se dedicaban al control de chakra. Repartí tareas específicas para maximizar el aprendizaje.
— Un grupo manipulaba hojas sobre las manos sin que temblaran.
— Otro intentaba mantener piedras en equilibrio usando chakra.
— Se les exigía mantener formas estables, esferas, líneas, figuras geométricas, sin que el agua cayera ni fluctuara.
— Un grupo más pequeño practicaba suspender polvo en el aire usando chakra constante, midiendo la intensidad exacta para que no se desparramara ni colapsara.
— Unos más avanzados probaban separar elementos mezclados desde agua con tinta, usando el chakra para obligar a los componentes a dividirse sin tocarlos directamente
Cada quince minutos, grupos de clones de sombra se disolvían y la información se integraba en mi mente de forma mas controlada. Con esa frecuencia podía absorber todo sin sobrecargarme o perder claridad. Cada seis horas, el clon de madera asignado a la expansión de la matriz se presentaba. Bastaba con un contacto físico para transferirme los recuerdos completos del avance, el estado de las raices árbol, la estructura y si había complicaciones en la matriz.
Mientras tanto mis clones usaban las técnicas de Tobirama, estas me daban una idea clara del tipo de disciplina que necesitaba para alcanzar el siguiente nivel. Su estilo era perfeccionista. Precisión sobre fuerza bruta. Así que adapté el entrenamiento con esa filosofía.
Los clones no solo trabajaban en ejercicios comunes de control, como sostener objetos o moldear chakra en las extremidades. Esta vez se enfocaron en sensibilidad. Algunos se sentaban con ambas palmas contra el suelo, intentando percibir fluctuaciones del entorno, el paso de animales, la circulación de chakra en plantas, incluso el flujo de otros clones a distancia. No era un sensor nato como Karin, pero Tobirama había desarrollado métodos para compensarlo con puro control.
Asigné a otro grupo a sentir el flujo interno de chakra de pequeños animales sin alterarlo, intentando seguir los microcambios en su sistema de chakra sin invadirlo. Era un entrenamiento de control fino, casi quirúrgico.
Un subconjunto más avanzado tenía como tarea interrumpir su flujo interno de chakra por lapsos precisos, entre dos y cinco segundos, antes de restaurarlo sin fluctuaciones. El objetivo era simular una supresión total sin generar residuos ni picos. Esas técnicas serían útiles para misiones de infiltración, evasión de sensores, o para romper sellos que se activan al detectar circulación de chakra activa.
Pasé toda la noche así. Recolectando resultados, revisando técnicas, memorizando los esquemas del Edo Tensei. Estudiaba los patrones de fūinjutsu involucrados en la invocación del alma, el enlace de control, y la creación del cuerpo receptor.
A pesar de lo avanzado del sello de control, todavía había muchas dudas. El alma invocada no era una copia, era la verdadera, traída desde la Tierra Pura. Eso significaba que la voluntad y recuerdos estaban intactos, aunque reprimidos por el sello.
/¿Hasta qué punto pueden resistirse? ¿Qué pasa si el alma es experta en fuinjutsu? ¿Y si encuentra una forma de romper el control?/
Pensé en Mito. En revivirla como posible maestra. Tenía una muestra viable para el Edo Tensei y podía forzar el vínculo. Pero…
/No puedo asumir que estará de mi lado solo por la conexión sanguínea. No sé si mantuvo su lealtad a Konoha incluso después de morir. Peor aún, fue una experta en sellado. La mujer que encerró a Kurama sola. Es posible que pueda analizar el sello de control y desactivarlo con el tiempo/.
Todas esas preocupaciones sobre las almas, el control, y los riesgos del Edo Tensei eran asuntos que tendría que abordar más adelante, cuando localizara el templo Uzumaki y las máscaras que permitían liberar almas atrapadas por el Shinigami. Hasta entonces, mi única prioridad era comprender cada aspecto de la técnica, revisar el fūinjutsu implicado, y confirmar que la información que Orochimaru me proporcionó no estuviera alterada o incompleta.
Cuando amaneció, cada grupo de cien clones había acumulado alrededor de cuarenta días de entrenamiento intensivo. Entre todos, había desarrollado una base funcional en múltiples técnicas de control de chakra. Desde formas básicas de sensibilidad hasta una versión rudimentaria de sensor que Tobirama utilizaba, imperfecta pero prometedora. Era solo el inicio, pero al menos tenía una dirección clara.
Una noche de entrenamiento con tantos clones equivalía a meses y meses de entrenamiento, realmente este jutsu esta roto una vez no haya la amenaza de Kurama.
Mi plan era quedarme en el País de las Olas hasta que la barrera estuviera completa. Mientras tanto, aprovecharía cada momento libre para entrenar y mejorar el control de chakra. Había desperdiciado demasiado hasta ahora por falta de técnica. Quería asegurarme de que cada gota de chakra usada tuviera un propósito.
Me estiré y dejé que los clones se disiparan poco a poco. Gracias a los cinco años previos que pasé cultivando y meditando sin interrupciones, podía asimilar las memorias sin colapsar por el exceso de información. Sin embargo, noté que había agotado mis píldoras alimenticias y me vi obligado a considerar la logística a largo plazo. Este lugar debía sostenerse por sí solo. No podía permitir que todo dependiera de mí.
Salí a caminar por el asentamiento. La gente comenzaba a tratar a Nordrassil como un templo viviente. Había familias de las islas cercanas que llegaban a instalarse en campamentos provisionales. Vi banderas improvisadas, estructuras de madera, niños corriendo con cubos de agua. Estaban migrando por cuenta propia, sin orden, pero con esperanza.
Pasé por el taller de Tazuna. Estaba reunido con otros constructores locales, revisando planos de una futura ciudad. El diseño era decente pero enfrentaban un obstáculo técnico el alcantarillado. Su antiguo pueblo nunca tuvo uno, pero querían preparar la infraestructura base antes de que comenzara la construcción definitiva.
—¿Por qué no usar sellos de almacenamiento en los baños?. Una vez que se llenan, los queman. Así evitan un sistema de desagüe contaminante y no infestan el mar con aguas negras—.
Tazuna frunció el ceño ante la propuesta.
—El problema es el papel de sellado. Es caro. Se fabrica con árboles ricos en chakra. El proceso de fabricar papel lo conocemos, pero no tenemos materia prima—.
Respondí de inmediato, encogiéndome de hombros.
—Plantaré abetos con chakra. Les dejaré un bosque entero. Usen esos árboles para fabricar papel. Vendan el excedente y, que los Fūma menos fuertes instalen una imprenta. Carguen el papel con chakra. Así no solo resuelven el problema de alcantarillado, crean una industria—.
Tazuna tragó saliva al ver cómo convocaba un pequeño bosque de abetos imbuido en chakra. Para él, fue una escena irreal. Konoha había mantenido su hegemonía económica durante décadas gracias a la producción de papel sensible al chakra proveniente del Bosque de Hashirama. Acababa de replicar la base de su monopolio con una sola técnica.
Sabía lo que acababa de hacer. No solo les di una solución técnica, les entregué una fuente de ingreso, una forma de independencia y un recurso que podía atraer comerciantes y artesanos. Si sabían administrarlo, empezarían a ser independientes.
Pero había un problema mayor que el alcantarillado o el abastecimiento. Si dejaba este lugar sin un gobierno básico, se matarían entre ellos por el control de los recursos. Los árboles ricos en chakra eran demasiado valiosos y la avaricia humana era predecible. Necesitaban estructura, normas, autoridad. Lo que necesitaban, en resumen, era un líder funcional.
Y al demonio si yo iba a quedarme aquí firmando decretos y resolviendo disputas entre pescadores. Necesitaba un tonto… quiero decir, alguien confiable que pudiera administrar sin meter la cabeza en un cubo. Un líder al que pudiera dejar a cargo mientras yo seguía con mis planes.
—Si tan solo Gaara hubiera aceptado unirse, ya habría resuelto esto —. Murmuré, exhalando con resignación.
Gaara era ideal, fuerte y con experiencia como líder, y sin ambiciones personales más allá de proteger a los suyos. Pero su sentido de lealtad hacia Suna seguía pesando más que su potencial como aliado. No pude convencerlo y ahora lo lamentaba.
Karin y Sasame estaban descartadas. No por falta de ambición o intención, sino por simple carencia de educación formal. No sabían cómo manejar un asentamiento, un presupuesto, ni una jerarquía de mando.
Temari era capaz… pero ese era el problema. Demasiado capaz. Su lealtad estaba en Suna, y cuando llegara el momento, Suna siempre tendría prioridad para ella. No iba a correr el riesgo de que convirtiera este sitio en una extensión del País del Viento.
El clan Fuma estaba en ruinas. Cuando los absorbí, ya eran una sombra de lo que fueron. No tenían líderes capaces ni ancianos que sirvieran para algo que no fuera rezar a los muertos.
Tazuna, aunque respetable, era un constructor. Y aunque él y Tsunami habían liderado el pueblo durante años, su estilo era de supervivencia. No de crecimiento. Eran líderes de necesidad, no de visión.
Necesitaba a alguien competente. La lealtad no me preocupaba. Si encontraba al candidato adecuado, bastaría con aplicar un Contrato de Alma como el que usé en Suna. Esa matriz garantizaba las clausulas y eliminaba el riesgo de traición. Lo que no podía fabricar era inteligencia práctica, experiencia o sentido común.
—¿Y ahora de dónde saco a alguien así? —. Refunfuñé.
Había otro asunto pendiente, liberar al equipo 9. Los había mantenido encerrados mientras resolvía asuntos más urgentes, pero era momento de hacer uso de ellos. Neji en particular me interesaba. Si lograba convencerlo podría convencerlo de que me trajera la rama secundaria del clan Hyuga, liberarlos del sello era juego de niños.
—Serían una excelente adición a este lugar, ademas necesito saber que tiene sobre la luna —. Murmuré mientras analizaba mis opciones.
—Solo tengo que hacerle ver que aquí tiene más libertad que allá… y que puedo darle algo que su clan nunca le ofrecerá respeto y libertad—.
————————————————————————————————————————–
Omake: El niño que vivió
Me incorporé de golpe y miré a mi alrededor, parpadeando para aclarar la vista. Los pasillos de piedra fría me confirmaron lo que mis recuerdos recién fusionados ya gritaban, no estaba en casa.
/Dorothy, ya no estamos en Kansas/. Fue mi primer pensamiento.
Mi mirada se fijó en la criatura frente a mí, pequeña, arrugada y fea… como un gato sin pelo, pero más triste todavía.
Suspiré con alivio al notar que los recuerdos de esta vida y de la pasada se habían integrado perfectamente. Así que sabía exactamente quién era aquella criatura temblorosa, un elfo doméstico.
Y el hombre tirado unos metros más allá, con la dignidad rota y las piernas abiertas de forma lamentable, era Lucius Malfoy. Uno que, en esta versión del mundo, sí había logrado matar a Harry Potter con un Avada Kedavra.
Me puse de pie con mi cuerpo infantil y me acerqué al aristócrata rubio con una calma que él no merecía. Sin dudarlo, pateé las joyas de su familia con toda la fuerza que me permitía mi tamaño. Lucius soltó un gemido rabioso incluso desde su inconsciencia. Luego le arrebaté la varita, la partí en dos, y procedí a saquearle los bolsillos por todos sus galeones con un profesionalismo que hubiese hecho llorar al Ministro de Magia.
—Dobby, vamos. Tenemos cosas que hacer —. Dije con total naturalidad mientras dejaba al hombre inconsciente y ahora sin poder tener otro hijo, en el pasillo.
El elfo tembloroso, como un chihuahua en pleno invierno me siguió dando pequeños saltitos de emoción contenida.
—¡Harry Potter, señor! —. Chillaba emocionado.
—¡Harry Potter sobrevivió a otra maldición asesina! ¡Harry Potter es grande y poderoso! ¡Dobby lo sabía, señor, lo sabía!—.
Ahora tocaba lo importante, averiguar en qué maldita versión del mundo había caído. ¿Dumbledore senil pero bienintencionado? ¿Manipulador profesional amante de los planes de quinientos pasos? ¿El anciano del “bien común” o su variante más oscura, digno amante de Grindelwald? Con mi suerte, sería la peor de todas.
Dios… el mundo de Harry Potter sería genial si no fueras Harry Potter o británico, para el caso. Dos maldiciones distintas pero igual de letales.
Sacudí la cabeza para aclarar prioridades. Tenía mucho que hacer y poco tiempo antes de que mi estúpido padrino, el perro sarnoso más famoso del país se fugara de Azkaban. A Sirius lo manejaría más adelante; primero necesitaba establecer mis bases.Y eso empezaba por reclutar un seguidor fiel, alguien competente, disciplinado y con más cerebro que todo Hogwarts combinado.
—Bien, Dobby, objetivo uno, la rata de biblioteca —. Murmuré mientras caminaba.
— Necesito a Hermione, versión niña prodigio pre-Hogwarts, antes de que el sistema educativo mágico la arruine aun mas—.
El elfo abrió los ojos como platos, impresionado por razones equivocadas.
—¡Harry Potter señor va a buscar… seguidores! ¡Dobby está honrado de presenciar la grandeza!—.
—Cállate, Dobby —dije con resignación mientras seguíamos avanzando, el eco de mis pasos infantiles resonando en los pasillos.
—Es sábado y ya tengo que planear un golpe de Estado, deshacerme del mago más poderoso de Gran Bretaña, reclutar seguidores y, con algo de suerte, matar a dos señores oscuros antes de que termine mis años de educación —. Continué murmurando para mis adentros.
Suspiré con un sufrimiento que ningún niño de mi edad debería ser capaz de expresar. Pero claro, yo no era un niño normal, era Harry Potter versión “reciclado dimensional”. Y a diferencia de la versión original, yo sí tenía la intención de dejar de ser un peón en el tablero de los ancianos incompetentes que dirigían este país lleno de magia y cero sentido común.
————————————————————————————————————————–
Notas: ¡Gracias por leer! No olvides comentar si te gustó.
Una aclaración simple: Naruto ha estado entrenando un total de seis años y medio. Pasó un año en prisión creando su dantian y circuitos espirituales para poder usar qi, formando la semilla que eventualmente se convertiría en Nordrassil y comenzando su cultivo. Luego vino toda la travesía hasta llegar al País de las Olas, donde aprovechó la dilatación temporal para recluirse y cultivar durante cinco años completos.
En total, Naruto ha cultivado por aproximadamente seis años y medio, por lo que no es extraño que haya alcanzado un nivel en el que solo un Kage o un jutsu verdaderamente esotérico puedan dañarlo de verdad.
Su debilidad, sin embargo, está en que ha descuidado tanto sus artes marciales como su control del chakra. Aunque el Mokuton le resulta útil, con su nivel de control actual representa un derroche considerable de energía.
Está comenzando a corregir ese problema ahora que Kurama ha aceptado no interferir con sus clones, pero sigue enfrentando un obstáculo importante: no tiene un maestro de artes marciales, no es un genio que pueda aprender solo con libros, y teme desarrollar malos hábitos por falta de guía. Ese descuido le pasará factura cuando enfrente oponentes que, en teoría, debería poder derrotar fácilmente.
Por último, aunque este capítulo fue algo lento, era necesario sentar las bases del Edo Tensei y del entrenamiento intensivo con clones.
Ahora solo queda esperar que encuentre a algún tonto dispuesto a hacerse cargo del papeleo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com