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Cultivador mediocre en naruto - Capítulo 25

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Capítulo 25: Incorporaciones

Descargo de responsabilidad (Disclaimer)Los personajes y el universo de Naruto son propiedad exclusiva de Masashi Kishimoto. Esta historia es un trabajo de ficción sin fines de lucro, creada únicamente con fines de entretenimiento. Cualquier similitud con la historia original es intencional y se utiliza para construir una narrativa alternativa o expandir el mundo existente. No tengo ninguna afiliación con el autor o con las empresas que poseen los derechos de la franquicia.

— Personaje hablando —

/ Personaje pensando /

“Biju hablando mentalmente”

— Biju hablando —

/Biju pensando/

“Dioses hablando”

Pov Kurama

Kurama estaba recostado cómodamente, dejando que la digestión hiciera su trabajo tras una comida tan abundante como satisfactoria.

/Finalmente un poco de paz…/. Pensó, aunque sabía que no duraría.

Las malditas hembras no dejaban de acosarlo con preguntas. Querían saber qué había pasado con el mocoso, y solo él, gracias a su conexión directa, conocía el estado actual del chico. Desde el estallido de ira, todo el mundo estaba alterado, exigiendo respuestas.

La contenedora de Chōmei y la pelinaranja se encargaban de mantener el orden como podían, pero ni siquiera ellas lograban calmar la tensión. Kurama gruñó por lo bajo, frustrado ante tanta insistencia. Finalmente, con un bufido resignado, se rindió.

— Muy bien, molestas hembras. El mocoso está peleando con el tuerto. El falso Uchiha que fue su sensei —.

— ¡Por fin noticias del idiota! ¡¿Espera qué?!—. Fueron algunas respuestas a la noticia.

Sakura palideció al instante. Karin frunció el ceño, confundida por el apodo, pero Temari se tensó de inmediato al comprender de quién hablaba. Kakashi… Ese nombre todavía causaba escalofríos en muchos círculos, no solo por su poder, sino por la reputación que cargaba.

A Temari no le preocupaba la fuerza de Naruto. Lo que realmente le inquietaba… era su corazón. Ese tonto rubio no era el mas estable mentalmente, pero si tenia un defecto era ese enorme corazones terco, ella no dudaba en que era capaz de matar después de lo poco que vio en este viaje, pero estaba segura que no seria capaz de eliminar a un antiguo ser querido.

Temari sujetó con fuerza su abanico de guerra, el rostro endurecido.

— Debemos ir. Lo necesitará, puede que sea fuerte, pero aún duda —.

Sakura bajó la mirada, visiblemente afectada. Ya había visto una vez cómo se enfrentaban Naruto y Sasuke en aquel hospital. No estaba segura de poder soportar ver otra pelea como aquella, con su antiguo sensei esta vez. El conflicto entre el deber y el apego emocional la consumía. Se retorció en su lugar, dudando, hasta que una presencia pequeña y peluda se posó frente a ellas.

Kurama, en su forma chibi, con los brazos cruzados y una ceja arqueada, habló con tono seco.

— Es inútil. El mocoso viajó al continente. Tardarían horas en alcanzarlo y para cuando lleguen… la pelea habrá terminado hace tiempo—.

Las palabras cayeron como un balde de agua helada. Nadie respondió de inmediato. Solo el silencio… y la tensión que colgaba del aire. Temari apretó los dientes, frustrada. Sin decir nada, se acercó y comenzó a acariciar furiosamente al pequeño Kurama chibi, como si eso pudiera ayudarla a calmarse. De paso, sacó algunas de las golosinas que sabía que el zorro gustaba. Kurama gruñó… pero para su vergüenza, aceptó el trato.

/Maldición… estoy hecho un blandengue/. Se dejó consentir mientras devoraba un onigiri dulce con relleno de batata.

Pero aunque su cuerpo se relajaba, su mente estaba en otra parte. Gran parte de su conciencia permanecía conectada con Naruto, enviando tanto chakra como el sello le permitía sin interferir con el control del muchacho. Desde allí, en las profundidades del sello, frunció el ceño mientras lo observaba.

Naruto se estaba conteniendo. Kurama lo notaba todo, no usaba el Mokuton, ni las Kiba para lanzar ataques de rayo devastadores, ni siquiera estaba reforzando su cuerpo con aquella extraña energía que se parecía tanto a la del Sabio de los Seis Caminos.

/¿Qué demonios estás haciendo, mocoso?/. El zorro gruñó suavemente, y dentro del sello, su expresión se tornó sombría. Lo observaba moverse, esquivar, medir cada golpe, cada reacción del tuerto.

/¿Por qué te estás reprimiendo, idiota? ¿Por nostalgia? ¿Por respeto?/

Recordaba vagamente entre sueños y lapsos de conciencia cuando el mocoso entrenó en ese espacio de tiempo dilatado. No había intervenido demasiado, solo observaba de vez en cuando, curioso. Pero incluso en ese entonces, Kurama entendió que Naruto ya no era un simple humano.

/Hmph. Su físico está peligrosamente cerca del de Hashirama… si no lo supera ya en algunos aspectos/.

Kurama entrecerró los ojos mientras otro flujo de chakra pasaba por el sello. La estructura muscular, la resistencia, la regeneración… Todo en él era una anomalía. No había duda, Naruto ya había entrado en un nivel que pocos podrían alcanzar, pero… entonces la realización lo golpeo y suspiro molesto.

/No estás peleando en serio… estás probando tu fuerza, ¿eh? Usando al tuerto como un medidor…/.

El zorro suspiró.

— Tch… patético. Hasta yo me doy cuenta que el tuerto no se va a morir tan fácil. Dale un susto, al menos… —. Murmuró para sí, con un tono a medio camino entre la burla y la preocupación.

— ¿Qué dices, Kyubi? —. Preguntó Temari distraídamente, acariciándolo detrás de las orejas.

— Nada importante. El mocoso sigue jugando a ser amable —. Gruñó el zorro, pero cerró los ojos al sentir otra caricia y una golosina ser colocada junto a su pata delantera.

—Aunque si me das otra de estas, podría olvidarme por un rato de su idiotez…—.

Mientras las chicas conversaban en voz baja a su alrededor, Kurama dejó escapar un suspiro largo.

/Al menos no hay peligro real… solo ese orgullo ridículo de humano, queriendo medir su fuerza…/

——————————————————————————————————————————–

Pov Naruto

Kakashi se movía con eficiencia. Su hoja, envuelta en una fina capa de raiton. Era más débil que yo, más lento y sin embargo, ese maldito Sharingan y sus décadas de experiencia compensaban cada ventaja física que yo tenía. Leía mis movimientos torpes como si fueran palabras en una hoja abierta, desviaba mis cortes antes de que yo siquiera supiera que los haría, se escabullía por cualquier rendija que dejara en mi guardia. Cada paso errado, lo castigaba con una estocada limpia.

Sentía cómo su raiton cortaba mi piel… pero no alcanzaba a perforar el músculo. Me estaba corrigiendo. Como si esta maldita pelea fuera una clase.

Sonreí.

/Realmente no sabe enseñar… pero sabe cómo pelear. Me está corrigiendo en medio del combate. Tsk, realmente se gano el titulo de genio entre genios/.

El Sharingan parpadeaba. Kakashi era eficiente, no lo tenía activo todo el tiempo, abría y cerraba ese ojo, solo abriendo el parpado cuando lo consideraba estrictamente necesario. Ahorraba chakra con precisión milimetrica. Nada que ver con la imagen perezosa y torpe del manga. No, este Kakashi… era un monstruo de eficiencia. Ahora más que nunca entendía que, durante aquella pelea con Zabuza, fue por protegernos lo que lo limitó. Si en ese entonces hubiese peleado como lo hacía ahora Zabusa habría sido aplastado.

El sonido de pasos ligeros interrumpió mi análisis. El clon de electricidad se movía en silencio, sin corazón que delatara su posición, pero sus pies sí hacían ruido. Lo sentí rodearme, esperando una apertura. Un instante después, una patada se incrustó en mi abdomen, forzándome a retroceder un paso por puro reflejo. Kakashi aprovechó y tomó distancia.

— Maa… Naruto, no deberías distraerte. Tu oponente merece toda tu atención—. Dijo con ese tono despreocupado, sermoneándome como si aún fuera su alumno.

Sonreí con diversión. Si quería jugar así… jugaríamos a su modo.

Formé un sello y creé dos clones de sombra, que se dispararon como proyectiles. Un Rasengan en cada mano. Kakashi los esquivó sin problema, pero los clones tenían una misión secundaria al fallar el ataque, impactaron sus esferas contra el suelo, levantando una nube de polvo gruesa que se expandió por el campo de batalla.

Esta vez, el polvo enturbiaba el campo y el Sharingan perdía su ventaja. Sin una línea clara de visión, sus predicciones se veían forzadas a depender de puro instinto. Aun así… era Kakashi. Seguía siendo hábil y preciso.

Yo me movía en silencio, escuchando su respiración que apenas hacia ruido, enfocándome solo en el sonido. Latidos, respiración y pisadas. Cada mínimo detalle revelaba su posición. Lo presioné, lo empujé contra el terreno… hasta que un muro emergió con violencia frente a mí, bloqueándome la línea de ataque.

Una pared con cabezas de perro talladas. El Jutsu de Muro de Tierra característico de Kakashi. Escuché su desplazamiento. A la derecha, me moví de inmediato, listo para interceptarlo… pero entonces lo sentí. Una mano tocó mi espalda.

/¿Qué? Imposible… no escuche que clon eléctrico se acercara/.

— Asesinato Electromagnético. —. Susurró una voz tras de mí.

El shock fue instantáneo. La descarga eléctrica me recorrió. Me retorcí, la piel chispeando, ser duradero no te vuelve inmune al dolor. La electricidad es dolorosa, sin importar cuántas veces hayas sangrado antes. Grité pero entre el dolor, giré, y solté un codazo que disipó al clon… pero ya demasiado tarde.

El verdadero Kakashi ya estaba a mi lado, tenia chakra en sus pies, la técnica de caminata en el agua aplicada a tierra. El chakra amortiguaba enormemente el sonido de los pasos, era por eso que el clon fue capaz de emboscarme. Sentí el papel en mi pecho. Apenas hizo contacto, la conexión con Kurama se cortó. Su chakra, que hasta ese momento fluía desde el sello, se disolvió en el aire como si nunca hubiera existido.

/¡Un sello de supresión! Maldito… no esperaba algo así./

Sin el chakra de Kurama, mi cuerpo se sentía más pesado. No era debilidad real, era comparación, la diferencia entre tener un motor de guerra rugiendo en mi interior o depender solo de mis piernas. Aun así… todavía tenía qi. Invoqué el flujo y lo guié hacia los pulmones, lo anclé a mi garganta, dejando que la energía reforzara los tejidos internos. Mis cuerdas vocales se tensaron, el pecho vibraba. Todo se alineó.

— Técnica Terrenal: Rugido de León, Primera Etapa. —

Un estruendo grave, profundo como un terremoto, se liberó. 10 Hz, 150 decibelios. El sonido no se oía, se sentía. Era presión pura, invisible. La onda chocó contra Kakashi, lo sacudió con violencia. Sus pasos titubearon, su cabeza se ladeó como si su propio equilibrio colapsara. Sangre escapó por su nariz, sus párpados temblaron.

No era suficiente para matarlo. Pero bastaba para incapacitarlo. Aproveché la brecha, me impulsé hacia atrás, saltando para tomar distancia. Todavía sentía las secuelas del Asesinato Electromagnético. Mis músculos temblaban, mi visión zumbaba. Entonces lo vi… y fruncí el ceño.

Kakashi seguía en pie, el estaba aturdido pero aún más firme que la última vez que usé esta técnica. Miré con atención y noté en sus oídos había una masa oscura incrustada. ¿Arcilla? No… era más densa.

/¿Arcilla mezclada con chakra?/.

/El maldito genio… se selló los oídos desde antes. Durante la polvareda. Lo planeó desde que usé clones. Sabía que vendría el sonido. Lo previó desde el principio/.

Intente arrancar el sello en mi pecho pero no se despegaba. No se rompía, era un sello muy bien echo y por alguna razón no se desprendía. Kakashi mantenía la distancia, también recuperándose, aplicando una palma mística sobre sí mismo, deshaciendo el sangrado leve de los capilares rotos. Suspiró mientras se quitaba con cuidado la protección de sus oídos, pequeños tapones de barro endurecido que ahora estaban agrietados por dentro.

— Es inútil —. Dijo, mirándome con esa tranquilidad frustrante.

—Jiraiya-sama me entregó esos sellos hace tiempo… en caso de que te descontrolaras. Sellan el chakra del Kyūbi. No se va a romper pronto—.

Pero entonces se atragantó.

El sello en mi pecho comenzó a humear. Se fracturó por los bordes y se quemó como papel al fuego. Kakashi dio un paso atrás, alerta… justo cuando el manto de tres colas resurgió alrededor de mi cuerpo. Vapor rojizo, chakra denso como alquitrán. Mi respiración se estabilizó, el calor volvió

/Usar qi para quemar el sello resultó más sencillo de lo esperado/.

Las dos energías eran similares en naturaleza espiritual, pero incompatibles sin el control adecuado. Equilibré el flujo justo en el borde de lo destructivo… y dejé que se enfrentaran. El resultado fue simple, combustión. El papel no pudo resistir la contradicción.

Le sonreí a Kakashi pero no fue una sonrisa amable. Kakashi ya no podía salvarse solo. Konoha lo había arrastrado a un pozo demasiado profundo. A veces solo a veces, alguien tenía que arrancarte a la fuerza del barro. Por tu bien… y el hecho de que necesitara un maestro no tenía nada que ver en mi intento de salvarlo. En absoluto.

— Kakashi… se terminaron los juegos. Es momento de… una adopción sorpresa—.

Flexioné los brazos, alineando mis músculos, dejándolos saturarse de chakra y qi. Me preparaba para subir un nivel mas a la pelea. Era momento de quitarle ese grillete invisible que llevaba al cuello.

Él frunció el ceño. No entendió pero su instinto sí. Dio un paso atrás, sus ojos por fin mostraron miedo.

Kakashi no estaba bien. No solo físicamente, mentalmente, lo habían deformado. Condicionado y programado para obedecer incluso si eso lo destruía por dentro. Ni siquiera peleaba con rabia. Peleaba con resignación. Como si al perder, validara su lealtad. Como si Konoha fuese su única identidad.

/Eso era lo más triste. El prodigio convertido en perro fiel/.

Inhalé profundo. El chakra se expandió como fuego líquido en mis músculos, tensionándolos al punto maximo. Al mismo tiempo, el qi se deslizó por mis células, refinándolas, reparándolas, llevándolas más allá de su capacidad natural. El chakra me empujaba a romper el mundo; el qi me sostenía para no romperme a mí mismo. En ese equilibrio encontré algo que ningún humano debía tocar.

Entonces, me moví. El boom sónico partió el aire con violencia. El suelo explotó bajo mis pies y un cráter se abrió al instante. Los árboles se sacudieron como si un trueno hubiese caído entre ellos. El polvo se elevó en una nube caótica, cubriendo el campo como una cortina repentina. Kakashi apenas logró parpadear. Lo vi y supo que venía algo, pero no tuvo tiempo ni de respirar.

La espada golpeó su sien con el lado romo. Preciso y brutal, la máscara ANBU se deshizo como porcelana rota. Vi su rostro en cámara lenta, pálido, con las ojeras hundidas, el gesto endurecido por años de misiones imposibles. El sharingan se encendió como un faro, captando todo… pero fue inútil. Ese ojo podía seguirme, analizarme, anticiparme. Pero no podía salvarlo.

Kakashi era habilidad pura. Un prodigio que alguna vez fue temido. Pero su cuerpo ya no era el de antes. El tiempo, la culpa y la maquinaria de Konoha lo habían triturado. Su físico, por más reforzado que estuviera por chakra, ya no podía moverse a la velocidad que su sharingan sí podía percibir.

Cayó inconsciente sin resistencia. Como un animal herido que no entiende por qué ya no puede correr.

Invocando un clon este se movió hacia la ubicación donde yacían los otros ANBU para destruir al clon de Kakashi que fingía ser uno de ellos inconsciente. Allí, el clon encontró un pergamino. Lo abrí y leí, era un informe detallado. Cada movimiento mío estaba ahí. Mi fuerza, velocidad, patrones de combate, incluso anotaciones psicológicas sobre posibles traumas o puntos débiles emocionales. Era un informe de inteligencia militar.

Incluso en este estado mental, con el alma fracturada y el juicio nublado, Kakashi seguía espiando para Konoha. Ya no sabía pensar por sí mismo. No estaba actuando como individuo. Era una herramienta reciclada. Otro shinobi leal a un sistema que lo destruyó. Lavado, quebrado y usado. Me pregunté cuántos como él quedaban.

— Realmente estás enfermo… —. Murmuré, mientras el qi quemaba el pergamino hasta hacerlo cenizas. No dejé que quedara nada.

Una simple atadura de mokuton bastó para inmovilizarlo por completo. Envolví sus brazos y piernas con madera viva que respondía a mi chakra y lo cargué sobre mi hombro como un saco de papas, sin sutileza ni cuidado. Kakashi estaba fuera de combate. Su respiración era estable pero débil.

Ya no podía escuchar el latido del ANBU que nos había estado espiando desde antes; ese, al menos, había escapado. Probablemente regresó a Konoha para reportar todo lo ocurrido. No me importaba.

Con Kakashi inconsciente sobre mi espalda, partí hacia Wave. El viaje me tomaría un par de horas a una velocidad que no mataría a Kakashi en mi hombro. Mientras avanzaba por entre los árboles, abrí mi libro de cultivo.

/Punto de acupuntura número veintitrés… si se presiona con precisión, induce inconsciencia sin daño neurológico/. Alcé una ceja.

— Util —. Dirigí una mirada curiosa a Kakashi. Me detuve bajo una sombra y lo usé de conejillo de indias, canalizando un pequeño flujo de qi en mi dedo. Presioné el punto detrás de su cuello. Sus músculos se relajaron al instante.

— Interesante… esto va a ser útil—. Cada vez que mostraba signos de despertar, presionaba el punto de nuevo. Flujo de qi, presión leve, y volvía a dormirse como un niño. Gracias a eso, el viaje de regreso fue extrañamente tranquilo. Pero eso no duró mucho.

Lo primero que me recibió al cruzar los límites de la isla fue una explosión de viento.

— ¡Idiota! —. El abanico de guerra de Temari me golpeó en el pecho con una fuerza sorprendente. El impacto resonó como si hubiera golpeado una campana de hierro.

Dolió. No lo suficiente como para tumbarme, pero sí para recordarme que había gente esperándome.

— ¡¿Te parece gracioso desaparecer así?! —. Rugió Temari, con los ojos encendidos.

— ¿Tienes idea del susto que nos diste? — . Gritó Karin, justo detrás.

— ¡Eres Igual de idiota que antes! —. Se quejó Sakura, señalando el rostro magullado de Kakashi.

— ¡¿Y qué rayos le hiciste a Kakashi-sensei?! ¿Lo atropellaste con una montaña?—.

— Tranquilas. Está bien. Solo… necesitaba una conversación fuerte—.

— ¡Le rompiste la cara! —. Exclamó Sakura, tocando el enorme moretón en la sien de Kakashi.

— No fue con filo. Técnicamente está bien ademas no había otra forma de noquearlo —. Murmuré, alzando el dedo con el que había presionado su punto de acupuntura.

Después de una ronda entera de regaños, empujones y amenazas, logré calmar a las tres. Les aseguré que Kakashi estaba bajo control y que no había sido herido más allá de lo necesario. Con suspiros de resignación, me acompañaron hasta la sección donde reteníamos a los prisioneros.

El primero en reaccionar al ver al nuevo huésped fue Neji. Me alzó una ceja, entre confundido y resignado.

— ¿En serio trajiste a Hatake Kakashi? —. Asentí, sin necesidad de explicar más.

— Supongo que la próxima será Tsunade misma… —. Murmuró para sí, antes de volver a cruzarse de brazos.

Tenten estaba hecha un montón en una esquina. No hablaba, no reaccionaba, los ojos fijos en algún punto invisible. Desde que perdió todas sus armas en esa partida de póker contra Hidan, no había vuelto a pronunciar más de tres frases seguidas. Su alma estaba rota en lo más profundo.

— Pobre Tenten… —. Pensé, aunque en realidad no sentía demasiada culpa.

Rock Lee, por el contrario, parecía completamente ajeno a todo.

— ¡La juventud es fuego, Kakashi-san eterno rival de Gai-sensei! ¡Verte aquí solo me impulsa a entrenar más! ¡Uno, dos, tres…! —. Gritaba mientras hacía flexiones con pesas en los tobillos. Por un segundo consideré dejarlo aquí para siempre.

Ignoré al equipo 9 por ahora. Sakura se acercó para tratar a Kakashi, examinando su rostro con manos rápidas. Aunque oficialmente era prisionera, su libertad dentro del campamento era amplia. No representaba una amenaza real, y en cierta forma, le encontraba utilidad como asistente médica.

— Fractura menor en el hueso frontal, hematoma en expansión, pero sin trauma craneal profundo. Estará bien si no lo golpeas de nuevo —. Dijo sin mirarme.

— Solo lo dormí, no lo mutilé —. Respondí, casi ofendido.

— Claro. Porque reventarle la cara con una espada es “dormirlo”, Idiota—. Murmuró, mientras aplicaba ungüento.

Con Kakashi estable, extendí la matriz de barrera alrededor de la celda. La estructura se alzó como una cúpula,. Se sellaba por arriba, por los lados, y bajo tierra. Imposible de excavar, de dispersar con jutsu, o de alterar sin conocer el uso de qi.

— Que duermas bien, espantapájaros —. Dije, ajustando el ultimo símbolo con un dedo lleno de qi.

Mientras me alejaba, noté cómo Temari aún me miraba de reojo, entre molesta y aliviada. Karin, por su parte, caminaba cerca murmurando cosas apenas audibles.

— Idiota inconsciente con complejo de mártir… no puede ni planear una retirada como una persona normal…—.

— Te escuché —. Le dije.

— ¡Bien! Porque lo digo en voz alta. ¿Qué clase de loco se mete en territorio enemigo solo por un arranque emocional?—.

Sakura, aún molesta, seguía ordenando sus herramientas médicas. Aunque fingía indiferencia, su forma de desinfectar el vendaje de Kakashi era más enérgica de lo necesario. No dije nada. Todos tenían derecho a su frustración. Lo importante es que que conseguí a alguien que podría convencer de enseñarme.

Por ahora, tenía que partir de inmediato. La gran barrera que rodearía la isla debía completarse esa misma noche. Revisé el progreso general, los clones trabajaban a un ritmo acelerado, grabando la matriz en lecho marino. La red estaría lista para la medianoche, protegiendo al País de las Olas con una cúpula invisible pero infranqueable.

Mientras tanto, me centré en preparar una verdadera batería de chakra. Usando los shinobis del clan Fūma, creamos una instalación subterránea reforzada, donde se colocarían múltiples baterías de qi que alimentarían la gran barrera de forma constante. El edificio en sí fue cubierto por una barrera secundaria pensada para soportar incluso ataques bijū durante al menos cinco minutos.

Designé al Clan Fūma como responsables de la seguridad del recinto. Solo tres personas tendrían acceso a su interior, Karin, Sasame y uno de los ancianos del clan, un hombre calvo de voz rasposa pero mente lúcida. Cualquier otro que intentara entrar quedaría paralizado activando una alarma.

Pero había un detalle más. Un pequeño, peludo y rencoroso detalle.

— Vamos, Kurama —. Dije mientras caminábamos hacia el edificio.

—Tiene todas las comodidades que quieras. Es espacioso, con buena ventilación, vistas al mar… y una cocina que sería la envidia de los Daimyo. Solo tienes que vivir allí y, una vez al día, infundir chakra en las baterías. A cambio, la abuela Sanshō será tu chef personal, carnes, dulces, todo lo que quieras. Apenas será un esfuerzo y mantendrás a salvo a toda la isla—.

Kurama me fulminó con una mirada cargada de fuego y desprecio.

— No soy una herramienta, mocoso —. Gruñó, su voz vibrando..

—No seré parte de esta estupidez—.

Sus palabras serían más intimidantes si no estuviera devorando un enorme plato de cerdo frito con salsa dulce, masticando con tanto placer que sus orejas temblaban levemente.

Suspiré, resignado. Era mejor seguirle el juego que discutir.

— Bien, ¿qué quieres a cambio de ser el guardián de Wave?—.

El zorro sonrió con malicia. Era una sonrisa sin dientes, pero aun así lograba ponerme incómodo. Le encantaba tener la ventaja.

— Primero que nada —. Dijo mientras alzaba una zarpa manchada de grasa

—Continuarás dándome este tipo de alimentos. Sin excepción. Segundo, necesito que recuperes un par de artefactos para confirmar algo—.

Fruncí el ceño. Ya imaginaba que no sería tan simple. Asentí con lentitud para que continuara.

— Son cinco herramientas físicas, conocidas como Rikudō Sennin no Hōgu. Consigue el abanico, la cuerda, la calabaza, la vasija y la espada. Luego buscarás las dos armas conceptuales que el viejo ocultó, el Espejo de Yata y la Espada Totsuka—.

Parpadeé con confusión. Conocía las cinco primeras, las legendarias herramientas del Sabio, pero no sabía que el espejo y la espada también estuvieran relacionadas con él. Aunque… ahora que lo pensaba, tenía sentido. Ambos objetos eran absurdamente poderosos y sin explicación racional.

Me detuve un momento, repasando su ubicación. Algunas estaban en Kumo, otras perdidas con los hermanos Oro y Plata. Sabía que Kabuto había recuperado varias durante la Cuarta Guerra… Tal vez podria encontrarlas, me estremecí ante el pensamiento de Kabuto.

— Está bien. Pero el Espejo de Yata está en posesión de Itachi. Aún no estoy seguro de si también tiene la Totsuka. Haré mi mejor esfuerzo por encontrarlas… ¿Puedo preguntar por qué las buscas?—.

Kurama no respondió de inmediato. Solo siguió comiendo. Luego, con la voz cargada de intención, murmuró.

— Es para comprobar una teoría mía sobre el viejo… y sobre ti. Todavía creo que eres la reencarnación del viejo. Quiero ver cómo reaccionan las armas ante ti—.

No dije nada. Ya le había repetido antes que no era esa reencarnación, pero Kurama era tan terco. Aun no le revele que este cuerpo era descendiente de Hagoromo, de echo siendo el transmigrante de Asura mi conexión con Hagoromo era mayor que cualquier Uzumaki, Senju o Uchiha.

Con el trato sellado, Kurama se acomodó en el edificio, como un gato tomando posesión de un templo. Extendió una cola, tocó la batería más cercana, y el flujo de chakra comenzó a circular de inmediato, brillante, cálido y poderoso. Por ahora, el País de las Olas tenía a su guardián.

Mientras revisaba los últimos ajustes de la barrera, un pescador joven se me acercó, caminando con pasos cortos, mirando al suelo. Sus manos temblaban, y no por el viento. Se detuvo a unos metros y tragó saliva antes de hablar.

—Señor… Naruto-sama… el consejo de colonos… quiere hablar con usted. Exigen su presencia—.

Levanté la vista de la matriz.

/¿Consejo? ¿Desde cuándo los pescadores se creen senadores?/.

—¿Exigen? —. Repetí con calma.

—S-sí… algunos son comerciantes de las islas mayores de Wave… dicen que tienen derechos por herencia y contribución… y que usted no puede construir sin el consentimiento del pueblo—.

El muchacho no entendía del todo lo que decía. Solo repetía lo que los otros, más viejos, le habían ordenado decir. Su nerviosismo delataba que sabía con quién hablaba, no con un niño, sino con un shinobi que no debía nada a nadie. Me dirigí al lugar. Lo primero que oí fue una pelea.

—¡Ese distrito costero debe ser para la familia Ichiro! ¡Somos los que trajimos las redes y los barcos!

— ¡Tú y tu clan solo saben saquear! ¡La plaza debe estar en el centro, no en tu almacén!—.

El caos ya se había desatado. Ancianos, comerciantes y pescadores alzaban la voz como cuervos en un cadáver. Sobre una mesa improvisada, Tazuna intentaba mostrar sus planos, señalando en qué lugares se construirían escuelas, pozos, calles y puentes. Pero sus palabras se hundían en medio de la codicia.

—La zona norte tendrá mejor drenaje. ¡Yo la reservo para mi familia!—.

—¡Y nosotros exigimos representación! ¡Un consejo rotativo de líderes!—.

—¡El niño no puede decidir solo! ¡Esto es tierra de todos los hijos de Wave!—.

Discutían sobre tierras que aún no existían, sobre casas que aún no estaban construidas. Nadie ofrecía trabajo. Solo querían decidir, poseer, exigir.

Cuando crucé la puerta, uno de ellos me señaló.

—¡Ahí está! ¡El muchacho! ¡Nos debe explicaciones!—

—¡La ciudad se construirá en la tierra de nuestro país! ¡Es nuestra también!—.

/”Su país”, dicen…/. Pense cansado.

Di un paso al frente, sin decir una palabra. Los más sensibles retrocedieron un poco, pero el más ruidoso, un viejo comerciante de rostro rojo, dio un paso adelante.

—¡Exigimos un consejo ciudadano! ¡No se puede permitir que un solo niño imponga su voluntad! ¡Nosotros somos el alma de este archipiélago! ¡Pagamos impuestos, trabajamos el mar!—.

Otro alzó la voz con cinismo.

—Con todo respeto, Naruto-sama, no puede simplemente plantar casas y declararse dueño. Nosotros venimos de generaciones de pescadores. Esa costa nos pertenece—.

—Por derecho natural —. Añadió otro con una sonrisa.

—Y por el bien del pueblo, pedimos que se respeten nuestras decisiones—.

Pedían “derechos”. Pedían “voz”. Hablaban de democracia. Querían que yo pusiera la madera, el chakra, la defensa… y ellos pusieran la boca. Suspiré y extendí la mano. Un pergamino se les puso delante, tejido con Mokuton, la corteza viva de mi voluntad. Sobre él, una matriz de contrato palpitaba.

—Escuchen, ambiciosos —. Dije con calma, no grité. No fue necesario, mi voz resonó limpia, recortando el aire.

—Yo construiré esta ciudad. Si quieren vivir aquí, si quieren una casa de dos pisos, un terreno propio, seguridad garantizada por mí y por mis hombres, entonces firmarán este contrato—.

Lo desenrollé sobre la mesa.

—Quien lo firme acepta no traicionar al país, no vender secretos de estado, no asesinar salvo en defensa propia y obedecer las leyes del gobierno que yo instale. A cambio, tendrán propiedad legal, seguridad, oportunidades—.

—¿Y si no queremos firmar? —. Soltó uno con sorna.

—Entonces no se mudan —. Respondí.

—Además, reclamo estas tierras. No hay daimyo. No hay señor feudal. No hay leyes aquí más allá de las que yo imponga. Ustedes no tienen autoridad sobre lo que aún no existe—.

Las protestas comenzaron de inmediato.

—¡Esto es tiranía!—.

—¡No firmaremos un contrato que ata nuestras almas!—.

—¡Un niño no puede decidir el destino de toda una ciudad!—.

Solo exhalé. Una bocanada de qi y chakra se expandió como una ola invisible. El aire se volvió pesado. La luz vaciló, el mundo pareció detenerse. La madera crujió como si estuviera viva. El suelo tembló.

Era presencia, mi presencia se extendió por la sala demostrando la diferencia entre los civiles y un monstruo como yo. Algunos cayeron de rodillas, otros retrocedieron tambaleando. Nadie más habló. Solo los latidos de sus corazones, acelerados, llenaron el silencio. Entonces lo comprendieron. La intención asesina que había envuelto la isla horas atrás no había sido de ningún invasor. Había sido mía.

Y yo… era un niño. Un niño al que no querías enfurecer. incluso los mas ambiciosos se callaron entendiendo la cadena alimenticia, el instinto animal les ordeno callarse y someterse ante el monstruo frente a ellos, normalmente seria pelear o huir en este caso solo existía sumisión ante la absurda diferencia entre civiles y un jinchuriki y cultivador como yo

—Seamos claros. Firmar este contrato les garantizará una vivienda cómoda. Las propiedades en la zona comercial se venderán a precios justos, evitando monopolios al menos durante los próximos cinco años, para estabilizar la economía. Sus almas estarán atadas al contrato como medida de protección contra las aldeas shinobi. Ellos matarán por infiltrarse. Así, no tendrán que temer a los invasores—.

Miré a todos los presentes. Ancianos con ropas finas, comerciantes con olor a mar y grasa, pescadores endurecidos por el salitre pero embriagados por la ilusión de poder.

—La gran riqueza del mar actual es obra mía —. Dije con voz firme, sin permitir interrupciones.

—Si alguien no está de acuerdo, puede irse de esta isla. Vayan a cualquier otra de Wave, no me importa. Pero recuerden mis palabras, pronto reclamaré todo el País de las Olas. Todas y cada una de las islas—.

Hubo un silencio tenso. Unos tragaron saliva. Otros entrecerraron los ojos, midiendo mis palabras, buscando si hablaba en serio. Pero no era una amenaza vacía. Era una promesa.

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Pov Tazuna

Mis ojos brillaron, desde que el muchacho volvió a nuestras costas, supe que no era el mismo niño que ayudo al país. Este muchacho era otra cosa. Lo vi capturar a un famoso jounin como Kakashi y cargarlo como si fuera un peso muerto. Su presencia no era el de un niño, sino el de un líder. He oído rumores, derrotó solo a un monstruo de arena cuando invadieron su aldea… protegió a un daimyo en el país de Primavera y la reinstaló como gobernante… Este chico, pensé, no era solo fuerte, era imparable.

Y sabía cómo piensan los shinobi. Iba a crear una de esas cosas, una fuerza leal solo a él. Un ejército de protectores imbuidos de su visión, su voluntad. El no era tonto. Si quería asegurar un futuro para mi pueblo, tenía que atarlo. Si mi hija fuera más joven… quizás habría sugerido a Tsunami como puente. Pero ya era tarde para eso. Aun así, había un método más eficaz.

Esperé el momento. Lo vi rodeado de silencio, de miradas contenidas entre miedo y ambición. Y entonces, hable, claro y fuerte. Para que todos escucharan. Para que él no pudiera negarlo sin consecuencias.

—Es verdad… nuestro país enfrenta una posible era de prosperidad —. Comencé, pausado, midiendo mis palabras.

—Por alguna razón, el País de las Olas no ha tenido un daimyo desde la Segunda Guerra Shinobi. Creo que por fin hemos encontrado a quien podría serlo—.

Vi cómo se tensaban los hombros del muchacho. Pero no se movió.

—Como líder de esta isla y representante de su gente original, propongo instaurar una nueva familia gobernante. Naruto Uzumaki, primero de su nombre… como nuevo daimyo de Nami no Kuni—.

El silencio se quebró como cristal. Murmullos. Sorpresa. Y luego… codicia.

—Un daimyo joven podría necesitar asesores — Susurró un comerciante al oído de otro.

—Y si somos nosotros, podríamos guiarlo—.

—Podríamos establecer contratos exclusivos con el gobierno —. Añadió otro.

—Licencias pesqueras, control de rutas—.

—Como un consejo de nobles —. dijo un tercero, relamiéndose los labios

—Podríamos formar leyes. Modelar al niño… o al menos rodearlo con nuestro propio clan de “sabios”—. Susurraron algunos pensando que no los escuchaba.

Los poderosos se unieron. No por patriotismo, el poder unió a los cerdos del dinero. Uno a uno comenzaron a asentir, como si hubieran sido inspirados por una visión divina. Un acto de “unidad nacional”, lo llamarían después. Pero yo sabía la verdad, estaban envolviendo al muchacho con la seda de la política. Si no podían doblegarlo por fuerza, lo harían por estructura. Lo harían legalmente suyo pero yo estaba mas que seguro que el muchacho seria imposible de doblegar.

/A esos tontos les espera un duro despertar/. Pensé divertido.

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Pov Naruto

—¿Qué están diciendo? —. Pregunté, con una ceja alzada. Pero mi voz se perdió entre los aplausos.

Alguien gritó

—¡Viva el nuevo daimyo!—

Y otro

—¡Por fin, prosperidad para Nami!—

—¡El héroe del puente ahora es nuestro gobernante!—.

Intenté hablar. Levanté la mano, pero ya estaban arrodillándose. No por algún sentido de respeto o lealtad… sino para sellar su farsa con teatralidad. Estaba… confundido, esto era demasiado repentino, no entendía que demonios había pasado.

/¿Cómo llegamos a esto?/

Vi a Tazuna sentarse, satisfecho. Como si su misión hubiera terminado. Como si hubiera salvado al país… otra vez. Me quedé quieto. Porque por primera vez… no sabía si acababa de ganar o de caer en una trampa. Así fue como oficialmente me convertí en daimyo del País de Wave.

Los comerciantes estaban felices, dispuestos a firmar contratos que ni siquiera leían. Ya se nombraban miembros del “Consejo del Daimyo”, dándose palmaditas como si fueran grandes genios políticos. Uno incluso gritó que iba a fundar una “Casa Noble de los Atunes”. Se marcharon para coordinar no sé qué cosas mientras yo me quedé ahí… con Tazuna.

Lo miré con el ceño fruncido. Confusión primero. Luego ira.

—Me arrojaste a los lobos, viejo borracho. ¿¡Qué demonios se supone que debo hacer como daimyo!?—.

Tazuna, sin vergüenza alguna, se sirvió otro trago. Se encogió de hombros.

—Es mejor tener un gobierno centralizado. Un daimyo puede imponer leyes. Tú ya estás liderando todas las reformas y construyendo la ciudad. Estoy seguro de que podrás arreglártelas—.

Dijo eso, sin inmutarse ni avergonzarse de empujar a un niño al puesto.

—Además, aún tengo planos que terminar—. Y se fue así. Caminando como si no acabara de hundirme en la burocracia eterna.

Me quedé parado, mirándolo desaparecer con la misma energía de un tío que acaba de darte una herencia llena de deudas.

—Viejo bastardo… Solo por eso voy a seducir a tu hija—. Murmuré con frustración y broma.

Tazuna se detuvo. Pensó, se volteo ligeramente y me miro a los ojos.

—Si Tsunami te acepta, bien por mí. Serías una buena figura paterna para Inari—.

Me quedé con la boca abierta.

/¡¿El maldito borracho aceptó que un adolescente con cara de delincuente intente seducir a su hija!?/

—A la mierda con este mundo —. Dije, mientras me dejaba caer en el asiento.

Suspiré

—Al menos podré imponer contratos de lealtad absoluta. ¿Quieren ser políticos y nobles? Perfecto—. Apoyé los codos en la mesa, con media sonrisa.

—Los políticos y nobles no son humanos. Así que no me sentiré mal por quitarles el libre albedrío—.

Una risa malvada, típica de un villano de dibujos animados se escucho en la casa ese día.

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Pov Amegakure

Los cirujanos se movían como sombras entre vapores antisépticos y sellos médicos activos, cada uno centrado en una tarea específica. El cuerpo de Itachi estaba abierto, sostenido por sistemas de soporte artificial y sellos de estabilización chakra-mecánica. No había latido, no había alma, solo un corazón reconstruido, parcheado con tejido clonado y rodeado por un complejo entramado de sellos.

—Las paredes ventriculares están dilatadas… y la válvula mitral está completamente colapsada —. Murmuró uno de los médicos, limpiando el sudor de su frente.

—No entiendo cómo pudo seguir vivo con este grado de insuficiencia—.

—No lo hizo —. Respondió otro, mientras manipulaba un pulmón ennegrecido.

—Este hombre estaba muerto en todo excepto en voluntad. La acumulación de líquido en los pulmones, el derrame pleural, las pequeñas hemorragias internas… sufre de hipertensión pulmonar severa. Esto no es resistencia, es un milagro—.

Konan no dijo nada. Solo observaba desde el otro lado del cristal, sus alas de papel extendidas ligeramente, su rostro tan inmutable como la lluvia sobre Ame. Sabía que Itachi había estado moribundo desde antes de su llegada a Akatsuki, pero ver su cuerpo así, tan roto, tan limitado, explicaba por qué Pain no había confiado en él como herramienta directa.

—En su esófago hay rastros de sangre vieja, tiene antecedentes de hemoptisis —. Añadió una kunoichi médica mientras analizaba un informe.

—Colapsos pulmonares previos, fibrosis, y los riñones… ambos funcionando a menos del veinte por ciento. Su sistema inmunológico está completamente comprometido—.

—Si Pain-sama no hubiese extraído su alma primero, la cirugía lo habría matado —. Concluyó otro, con el tono desprovisto de emoción de alguien acostumbrado a tratar cuerpos, no personas pues era el encargado de preparar los cuerpos para el dios de Ame.

Konan entrecerró los ojos, meditando. No buscaban devolverle la salud a Itachi, sino convertirlo en algo útil. Su cuerpo, reforzado con sellos y sistemas redundantes de autodestrucción. Alatsuki solo necesita que pueda activar su sharingan y obedecer.

Konan había supervisado cada procedimiento, sus ojos impasibles recorriendo el cuerpo sin alma que yacía sobre la mesa. El nuevo receptáculo estaría plagado de sellos de control, uno en el corazón, otro en la base del cráneo, y una cadena de maldiciones a lo largo de la columna vertebral. No habría libre albedrío, ni escape, ni traición. Incluso su lengua había sido marcada, para asegurarse de que jamás pronunciara secretos.

Y cuando el cuerpo estuviera listo para obedecer, Nagato usaría el Rey del infierno para curar todo el daño en ese cuerpo, no lo sanaría de su enfermedad pero si del daño sufrido durante los años.

Sasori y Kakuzu ya habían partido al norte, en dirección a las antiguas guaridas de Orochimaru. Su misión era simple, encontrar al traidor y capturar al hermano de Itachi. Sasuke era el anzuelo ideal, el collar emocional que ataría a su nuevo perro de guerra.

En Akatsuki no había mártires ni redenciones, solo piezas en un tablero donde incluso los muertos podían ser reprogramados. Konan lo sabía mejor que nadie.

/La muerte no es excusa, ni un santuario. Es solo otra fase que podemos dominar/. Así, incluso los que eligieron morir… aprenderán a obedecer.

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Notas: ¡Gracias por leer! No olvides comentar si te gustó.

Naruto va a afrontar de forma poco saludable lo que ocurrió con Kabuto. Reprimir todos sus dilemas morales no es sano y podría estallarle en la cara, pero aun así decide enfrentarlo de esa manera. Es una reacción bastante humana.

Kurama es muy perspicaz con todos los que rodean a Naruto, y hay una razón simple para ello: está casi convencido de que Naruto es la reencarnación de Hagoromo. Por eso le sigue la corriente y permite que las chicas lo molesten y lo traten así. De no ser por esa creencia, acercarse a Kurama sería bastante peligroso.

Bueno, Kakashi fue adoptado… veremos si acepta unirse a esta familia disfuncional. Además, conviene aclarar algo: Kakashi es fuerte, sin duda, pero su condición emocional no es la mejor. Enfrentarse a Naruto lo pone bajo muchísima presión, así que se contuvo. Pero que no se malinterprete. Si Naruto lo diera todo lo aplastaria sin duda.

Para simplificar la comparación, Kakashi es como un rifle de francotirador, letal y eficiente. Naruto, en cambio, es un misil balístico… aún no una bomba nuclear, pero está peligrosamente cerca de serlo.

También pudimos ver cómo Naruto está siendo atado a la Tierra de las Olas con el título de daimyo. Por desgracia para los codiciosos, todavía guarda muchos trucos bajo la manga para asegurar la lealtad de los suyos.

Por último, un breve vistazo a la situación de Itachi: el pobre fue una herramienta, y ahora terminará incluso peor. Solo queda esperar que Sasuke no sea capturado, o de lo contrario Itachi quedará encadenado, sin opciones.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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