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Cultivador mediocre en naruto - Capítulo 3

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Capítulo 3: Fondos

Descargo de responsabilidad (Disclaimer)Los personajes y el universo de Naruto son propiedad exclusiva de Masashi Kishimoto. Esta historia es un trabajo de ficción sin fines de lucro, creada únicamente con fines de entretenimiento. Cualquier similitud con la historia original es intencional y se utiliza para construir una narrativa alternativa o expandir el mundo existente. No tengo ninguna afiliación con el autor o con las empresas que poseen los derechos de la franquicia.

— Personaje hablando —

/ Personaje pensando /

El sol comenzaba a ocultarse en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y violetas mientras yo avanzaba por los senderos más apartados de la aldea. Sabía que en esta dirección se encontraba la Piedra de los Héroes, el monumento que Kakashi nos había mostrado el día de la prueba que nos convirtió en equipo. Aquel recuerdo se sentía lejano, casi como si perteneciera a otra vida.

Cuando estuve lo suficientemente cerca, distinguí la característica cabellera plateada de Kakashi. Estaba allí, inmóvil, con la mirada clavada en la piedra, como si tratara de encontrar algo en su superficie que solo él podía ver. Su postura estaba rígida, sus hombros algo caídos, y su aura tenía un peso distinto, uno que solo aquellos que han perdido demasiado llegan a cargar.

No hice ruido al acercarme, pero él lo notó de inmediato. Desvió la mirada apenas un instante y me dirigió la sonrisa de ojos más falsa que había visto en todo el tiempo que fue mi “sensei”. Una máscara, nada más.

Me detuve a su lado y no dije nada. Sabía que, si quería hablar, lo haría cuando estuviera listo. Durante un largo rato, el silencio fue nuestra única conversación. Kakashi volvió su atención al monumento, perdido en pensamientos que no me correspondía interrumpir. Su pasado, sus compañeros caídos, su maestro, su equipo… Sasuke.

La noche comenzaba a caer cuando finalmente rompió el silencio con una voz cansada, arrastrada por un agotamiento que no tenía nada que ver con lo físico.

—Entonces, Naruto… ¿a qué debo tu visita? —. Preguntó sin mirarme.

Solté un leve suspiro. Su actitud era predecible. Todo lo que sabía de él me decía que evitaba enfrentar sus propios pensamientos distrayéndose con cualquier otra cosa. Ahora que Sasuke había desertado, probablemente se sentía igual que cuando perdió a Obito y Rin… o peor.

—Necesito información —. Respondí sin rodeos.

Kakashi dejó escapar una risa seca, sin alegría alguna.

—Vaya… qué sorpresa. Pensé que solo venías a disfrutar de mi encantadora compañía—. Su tono pretendía ser ligero, pero no había humor real en él.

—Quiero saber por qué, durante todo el tiempo que fuimos un equipo, dejaste de lado a Sakura y a mí—. Mis palabras quedaron flotando entre nosotros como.

Kakashi me miró con esa expresión de confusión cuidadosamente construida, como si realmente no entendiera de qué estaba hablando. Pero yo lo conocía. Esa era su máscara. Una forma de ganar tiempo, de evitar un enfrentamiento directo.

—Naruto, les di el mismo entrenamiento a todos hasta el examen Chunin —. Respondió, su voz calmada como siempre, como si sus palabras fueran un hecho incuestionable.

Lo miré sin enojo, pero con incredulidad.

—No soy estúpido, Kakashi. Sasuke demostró habilidades con el alambre ninja que jamás había mostrado antes. Durante la segunda fase del examen Chunin, usó el Jutsu de Fuego del Dragón, algo que nunca nos enseñaste. Su taijutsu mejoró de la noche a la mañana, al igual que su precisión con los shuriken. ¿Me estás diciendo que todo eso lo aprendió solo?—. Dije con calma, pero con una dureza que no intenté ocultar

Los ojos de Kakashi se entrecerraron apenas. Un gesto sutil, pero suficiente.

—Le diste entrenamiento privado después de que nos despedíamos cada día, ¿verdad? —. Continué, con la certeza de quien ya conoce la respuesta.

—Quiero saber por qué—. El Jounin suspiró. Sus hombros se hundieron un poco, como si llevaran un peso invisible que, hasta ahora, había logrado mantener oculto.

—Sasuke lo necesitaba. Era un riesgo de fuga. Se decidió que fortalecerlo era la mejor manera de evitar que desertara—. Me reí de su respuesta, pero no había humor en mi voz.

—Así que, a un riesgo de fuga lo empoderas, mientras que a tus alumnos leales los dejas estancados. Qué brillante lógica—. Kakashi cerró los ojos por un momento, y cuando los abrió, su expresión parecía aún más cansada.

—Órdenes del Sandaime. No te confundas, Naruto. Tú y Sakura me agradan, y créeme cuando digo que daría mi vida por ustedes. Pero nunca quise un equipo Genin. Me obligaron. Así que hice lo que se me ordenó para asegurarme de que Sasuke se fortaleciera—. Las palabras golpearon más fuerte de lo que esperaba. No tanto por la sorpresa, sino porque confirmaban algo que siempre había sentido, aunque nunca había querido aceptarlo.

—Entonces, solo fuimos una carga para ti —. Dije, mi voz sin emoción. Kakashi no respondió de inmediato. Su única reacción fue el más leve endurecimiento de su mandíbula, una señal de que mis palabras habían dado en el blanco.

—¿Y ahora qué? ¿Te arrepientes?. Después de ver cómo terminó todo… dime, ¿leíste el informe de lo que me hizo con tu jutsu personal?—. Pregunté, con una frialdad que no intenté suavizar

Lo vi tensarse. Apenas una fracción de segundo, pero suficiente. Di un paso adelante, reduciendo la distancia entre nosotros.

—Me atravesó el pecho con tu Chidori. Si no me hubiera movido en el último segundo, habría perforado mi corazón—. Kakashi no dijo nada. Solo me miró, pero por primera vez, su mirada no era serena ni calculadora.

—¿Sabes qué fue lo peor?. Que no fue solo una vez. Me atacó dos veces con tu técnica en el Valle del Fin. Si no hubiera sido por el kyubi, yo estaría muerto—. Respondí con dureza

El silencio entre nosotros era sofocante. Kakashi seguía mirándome, pero su mente estaba en otro lugar. Lo sabía. Lo veía en sus ojos, en la forma en que su respiración se volvió más pesada, en la manera en que sus dedos se tensaron inconscientemente.

—Dime, Kakashi…. ¿Cuántas veces has visto a alguien morir atravesado por el Chidori?—. Era cruel. Sabía que lo era. Pero no me importaba. No ahora.

Vi cómo su mirada perdió el foco por un segundo. Cómo sus pupilas se contrajeron, como si estuviera reviviendo un recuerdo que no quería traer de vuelta. Vi a su mente llevarlo atrás en el tiempo.

El rostro de Rin resonó en su cabeza. El peso de su cuerpo desplomándose contra su brazo. La sangre salpicando su máscara, empapando su ropa, caliente y pegajosa. El horror. La desesperación. La impotencia.

Luego, otra escena. Sasuke. El mismo movimiento. La misma técnica. La misma intención asesina. Pero esta vez, la víctima no fue una niña indefensa, sino el hijo de su sensei.

El hijo del hombre que le dejó el legado que nunca había estado a la altura de portar.

El hijo del hombre que lo había trataco como a un hijo, /Minato-sensei/. Fue su pensameinto.

Las manos de Kakashi se cerraron en puños. Vi el temblor en sus dedos, aunque lo disimuló bien. Vi el peso de años de culpa apilándose sobre él.

—Kakashi… —. Dije, con un tono más bajo, más firme. —Puede que nunca hayas querido alumnos. Puede que nos hayas visto solo como una carga. Pero terminaste siendo mi Jounin-sensei. Y a mí no me enseñaste nada más que “trabajo en equipo” y cómo trepar árboles con chakra. Mientras que a Sasuke, el chico con más riesgo de traicionar la aldea, le diste un jutsu de asesinato.

Kakashi cerró los ojos.

El peso de todo lo que había hecho, de todo lo que había fallado en hacer, finalmente lo alcanzó.

—Las disculpas no cambian el hecho de que casi morí dos veces a manos de Sasuke —. Continué, mi voz firme.

—Quiero el Chidori—. Sus ojos se abrieron. Me miró con algo que no había visto antes en él. No era ira. No era dolor. Era resignación.

Sabía que tenía razón. Sabía que no tenía una defensa. Sabía que, al final, todo lo que había hecho solo había llevado a que la historia se repitiera de la peor forma posible.

Y, más que nada, sabía que no podía negarme esto.

—Bien—. Hizo un sello con una sola mano, y uno de sus perros invocados apareció con una mochila atada al lomo. Rebuscó dentro, sacó un pergamino y me lo lanzó.

—No nos veremos hasta la audiencia. No me busques—. Y con un Shunshin, desapareció.

Me quedé ahí, sosteniendo el pergamino. Lo miré por un momento antes de abrirlo, esperando ver solo las instrucciones básicas del Chidori.

Pero encontré más. Dentro no solo estaban las bases del jutsu, sino anotaciones personales, ideas descartadas, reflexiones sobre cómo mejorarlo.

Eran sus notas de cuando estaba creando el Raikiri. Un regalo que nunca pensé que daría. O tal vez… una penitencia por todo lo que había hecho.

Me sentía sucio. Aprovecharme de un hombre en su momento más bajo, usar sus propios traumas y su culpa para presionarlo y obtener una ventaja… no estaba orgulloso de eso. Pero tenía que sobrevivir, ¿verdad? Y mientras no fuera algo totalmente imperdonable, haría lo que fuera necesario. No estaba listo para dejar esta vida, no todavía.

De todos modos, ahora necesitaba dinero. ¿Y qué mejor manera de conseguirlo que siendo un bastardo completo? Después de todo, Jiraiya me había robado mi dinero durante la búsqueda de Tsunade. Necesitaba dinero.

—¡Ga-Ma-chan, estás más delgado que un espagueti! —. Dije mientras sacaba el monedero, tocándolo con la punta de los dedos, como si de repente se fuera a convertir en una maldita mina de oro por arte de magia.

Lo que seguía era un plan de emergencia, una jugada arriesgada, pero eso no me detendría. En ese preciso momento, era el momento perfecto para convertirme en un completo escoria de la sociedad. Tomé rumbo al complejo del clan Hyuga, con las manos metidas en los bolsillos y caminando con ese aire de “soy más peligroso de lo que realmente soy”. Si alguien me veía, pensaría que me había escapado de una película de pandilleros en algún callejón.

Al llegar a los terrenos del clan, vi a dos miembros de la sucursal custodiando la puerta. Ambos me miraron con esos ojos entrecerrados, probablemente odiándome por la paliza épica que le había dado a Neji durante los exámenes Chūnin. Y no los culpaba, a Neji también le caía mal, aunque en mi defensa, él empezó todo el asunto. Y si te pones a pensar, fue más una “lección de vida” que una golpiza. ¡De nada!.

—Vengo a ver a la joven dama del clan, tengo un mensaje importante para ella —. Dije con mi voz más seria, como si fuera el mensajero importante.

Ambos guardias me miraron con esa mirada típica de “¿en serio estás aquí?” pero finalmente, después de unos segundos de pura tensión, uno me fulminó con la mirada y, al final, accedió a dejarme pasar. Claro, su trabajo era simplemente proteger la puerta y no juzgar a los mensajeros, ¿verdad?

Minutos después, una niña pequeña salió corriendo de la casa, y mi cara cambió completamente. Pensé que por fin vería a Hinata, pero no. Ante mí estaba una versión miniatura de ella. A primera vista, me quedé allí parado, incrédulo.

—¿Tú eres el patán que golpeó a Neji-niisan? —. Dijo la niña, activando el Byakugan como si fuera una especie de “botón de ataque” y se lanzó hacia mí.

/¿En serio? ¡¿Así que la pequeña señorita Hyuga quería pelear conmigo ahora?!/. Traté de esquivarla lo mejor que pude mientras los guardias me miraban desde atrás, indecisos, sin saber si detener a la pequeña o dejar que lo hiciera. Pero claro, sin guías de lo que sea que dijeran los libros de “No dañar a la pequeña princesa del clan”, esos guardias se encogieron de hombros como si fuera solo un pequeño incidente.

—¡Hanabi, tranquí…! —. Antes de que pudiera terminar, la niña me miró como si fuera un villano de película y de repente el aire se cargó de tensión. Se me acercaba con la furia de un rayo.

—¡Aleja tus sucias manos de Nee-san! ¡Papá me advirtió de tipos como tú que sólo quieren comerse a las niñas buenas! ¡No te permitiré que le hagas daño a mi hermana! —. Gritó, claramente con una mezcla de furia infantil y una ligera interpretación incorrecta de lo por que quería hablar con Hinata.

Esquivando el siguiente golpe, me di cuenta de que la niña era buena. Muy buena. Claro, no era tan sorprendente considerando que era una Hyuga, pero estaba entrenada con una precisión casi letal para su edad. Lo bueno es que, aunque era rápida y fuerte, yo tenía un par de trucos bajo la manga. Como un ninja con varios enfrentamientos a muerte en su haber, no era fácil de derribar.

Entonces, como quien no quiere la cosa, invoqué un clon y lo utilicé para envolverla con mi chaqueta naranja como si fuera un burrito infantil. Hanabi, envuelta y retorciéndose como un pez fuera del agua, comenzó a patalear con toda su fuerza, pero no podía hacer mucho. Aprovechando la pausa, utilicé un impulso de chakra enorme para salir disparado del lugar, llevándome a la pequeña Hyuga conmigo, mientras los guardias se quedaban estupefactos.

Los dos chunin, que debían estar cuidando la entrada, se miraron el uno al otro, procesando lo que acababa de pasar. Finalmente, uno de ellos preguntó, entre pánico y confusión.

—¿Acabamos de dejar que un genin se llevara a la joven señorita Hanabi? —. Ambos intercambiaron una mirada de terror.

El otro guardia, con cara de “esto va a ser el fin de mi vida”, salió corriendo, intentando alcanzarme. Pero ya había usado grandes cantidades de chakra para moverme rápido y estaba fuera del alcance del Byakugan, que, dicho sea de paso, no es tan impresionante cuando estás enfrentándote a un chunin sin mucha experiencia.

El segundo guardia, probablemente más preocupado por su cuello que por el destino de Hanabi, decidió hacer lo que cualquiera haría, correr a informar a Hiashi sobre el incidente. Su vida dependía de eso.

Mientras me escapaba con la hija menor del jefe del clan Hyuga, decidí crear dos clones para facilitar las cosas. Uno se encargó de ir a comprar zenzai y el otro pastel de plátano. En situaciones como esta, siempre es bueno tener un poco de refuerzo. Mientras tanto, yo seguía avanzando con mi “burrito humano” Hanabi, que no estaba muy contenta con la situación. Llegué al campo de entrenamiento más cercano, que afortunadamente estaba vacío, y me detuve a mirarla.

La miré fijamente a los ojos, con la calma que me daba saber que no tenía prisa.

—¿Dónde está tu hermana? —. Pregunté, como si estuviera pidiendo la ubicación de un sitio turístico.

Hanabi me fulminó con la mirada. Sus ojos parecían decir “te vas a arrepentir”, pero yo ya estaba acostumbrado.

—¡Jamás, nunca te diré dónde está! —. Dijo, con los dientes apretados mostrando la típica actitud obstinada de una niña pequeña.

—Bien, te dejo aquí y voy a buscarla yo mismo. O me dices dónde está y te llevo conmigo para que vigiles que no haga nada malo —. Respondí con tranquilidad, sabiendo que mi estrategia podría funcionar.

Hanabi pensó un momento, probablemente pesando las consecuencias de estar sola y posiblemente enfrentándose a un “desastre ninja” si me dejaba ir. Fue justo en ese instante cuando mi clon regresó con los postres.

—Toma, a cambio de tu cooperación —le dije, mostrándole el pastel de plátano. Si no recordaba mal, según la serie, ese era su favorito, bananas y leche, una combinación un tanto extraña, pero efectiva.

La voluntad de Hanabi se resquebrajó como si hubiera sido una hoja de papel ante una ráfaga de viento. Se dio por vencida.

—Está en el campo de entrenamiento 3, ahora libérame —. Dijo, entregando la información que necesitaba, pero claramente no estaba del todo feliz con la situación.

La solté y, mientras ella comía el pastel, la cargué en mi espalda y me dirigí rápidamente hacia el campo de entrenamiento 3.

Cuando llegué, encontré a Kurenai con sus dos genin. Kiba no estaba, aun estaba en el hospital despues de la fallida mision.

/Ventajas de mi regeneración/. Pensé divertido como pude salir tan rápido.

Kurenai levantó una ceja al verme llegar con Hanabi sobre mi espalda. Shino permaneció en silencio, como era su costumbre, mientras Hinata no podía evitar sonrojarse al ver a su hermana en esa situación. Hanabi, por su parte, se veía algo incómoda, aunque intentaba mantener su postura desafiante.

—¿Qué estás haciendo con Hanabi? —. Preguntó Kurenai, cruzando los brazos.

—Nada fuera de lo común, solo asegurándome de que no haga alguna locura —. Respondí, sin darle demasiada importancia al asunto.

Hinata, aunque algo avergonzada, miraba a Hanabi con una expresión mezcla de preocupación y celos. Era evidente que los lazos entre hermanas no siempre eran fáciles de manejar, y en este caso, Hanabi parecía estar disfrutando más de la situación de lo que Hinata habría esperado.

—¿Estás bien, Hanabi? —. Preguntó Hinata, con una voz suave, tratando de aliviar la tensión.

Hanabi, con una leve sonrisa, respondió: —Sí, Nee-san, estoy perfectamente—. Sus palabras, más dulces de lo que deberían ser al ver a su hermana reaccionar así, evidenciaban que, aunque la quería, como cualquier hermano menor, ella era un dolor de cabeza que aprovechaba cada oportunidad para molestar al mayor.

Ignorando la pequeña pelea entre hermanas, no pude evitar admirar a Kurenai. Era una mujer impresionante, con esos cabellos negros tan salvajes y esos rizos perfectos, además de sus ojos rojos que brillaban con una intensidad hipnótica. Aun así, logré dejar de lado su belleza por un momento y me centré en lo que necesitaba pedirle.

—Kurenai-san, eres una experta en genjutsu, ¿verdad? ¿Podrías ayudarme con algunos entrenamientos de control de chakra? —. Dije, asegurándome de mantener la mirada en su rostro y no desviarme hacia esas piernas largas y tonificadas que parecían ir directo a la perfección.

Kurenai me miró divertida, probablemente consciente de mi ligero rubor. /Maldita sea el chakra y cómo mantiene a las mujeres hermosas/. Pensaba para mis adentros, mientras mi adolescente y traidora mente me apuñalaba una vez mas.

—¿No deberías pedírselo a Kakashi, jovencito? —. Preguntó ella con una sonrisa juguetona.

No pude evitar mirarla con una expresión de incredulidad, como diciendo ¿en serio?.

—Entiendo… supongo que Kakashi está siendo su yo perezoso —. Rrespondio, con un suspiro.

—Está bien, tengo unos pergaminos sobre el control de chakra. Puedo regalártelos. Mientras tanto, supongo que tendrás una charla con Hinata —. Sonriendo de manera cálida me ofrecio esa ayuda.

Asentí agradecido, sintiéndome afortunado de que Kurenai estuviera dispuesta a ayudarme, incluso si la situación estaba un poco… incómoda.

Cuando Kurenai se alejó, miré a Shino con una expresión de fuera de aquí, y él, como si hubiera entendido perfectamente, se alejó sin decir palabra, dejando que nos quedáramos en privacidad. En cuanto a Hanabi, cuando traté de bajarla de mi espalda, se aferró con más fuerza.

—Me quedaré aquí para asegurarme de que no te comas a mi hermana —dijo la inocente niña, dejando a Hinata completamente roja como un tomate. La declaración, claro, tenía un doble sentido que no pasó desapercibido para nadie excepto la propia Hanabi.

Suspiré, resignado a lidiar con ese pequeño petardo molesto. Miré a Hinata, quien todavía estaba roja como un pimiento, y le ofrecí el tazón de zenzai.

Hinata, visiblemente nerviosa, evitó mi mirada mientras aceptaba el tazón, sonrojada hasta las orejas. Era imposible no notar que se sentía algo incómoda, pero aún así, la sonrisa tímida que logró mostrar me hizo pensar que las cosas no estaban tan mal.

—Gracias… —. Murmuró, mientras trataba de controlar su respiración.

—————————————————————————————————————-

POV Hinata:

Hinata sentía que su corazón latía a toda velocidad, pero no era solo por la emoción de tener a Naruto cerca. No, esa sensación extraña en su pecho era algo mucho más profundo, un deseo casi irracional, como si todo en el mundo girara alrededor de él. Mientras miraba el tazón de su comida favorita, el zenzai, su mente se desbordaba en una tormenta de pensamientos, todos centrados en él.

/¿Naruto-kun sabe cuál es mi comida favorita? Oh Kami… ¡está tan atento conmigo! ¿Lo ha hecho solo para mí? ¿Sabrá que me enloquece que me toque el cabello? ¡¿Y mi aliento?!/.

Hinata estaba tan nerviosa que no podía ni procesar lo que sucedía. Estaba tan nerviosa que parecía que todo el aire le faltaba. Pero lo que sí tenía claro era que debía hacerle saber a Hanabi que Naruto-kun era suyo. ¡Solo suyo! Nadie más debía acercarse. Y si su hermana no lo entendía de forma amistosa, bueno… tal vez un pequeño “ajuste” de la situación sería necesario.

Con esos pensamientos girando en su cabeza, cuando Naruto habló, Hinata ya no sabía qué pensar. ¡Todo a su alrededor desapareció!

—Hinata, quisiera pedirte un favor enorme…—. Ella, como un resorte, levantó la vista, completamente cautivada por su voz. ¡Naruto-kun estaba hablando con ella! ¡A ella! ¡A nadie más!

/¡Sí, sí! Lo que sea, Naruto-kun, cualquier cosa que necesites. Haría lo que fuera por ti, incluso… incluso darle un buen susto a Hanabi si se atreve a pensar que puede acercarse a ti. Sí, podría hacer eso…/.

¿Qué necesitaría? Su mente trabajaba rápidamente. ¿Un jutsu de su clan? ¿Los secretos del Byakugan? ¡No, claro que no! No había nada que no fuera suficiente para él, nada que estuviera fuera de su alcance. ¡Ni siquiera Kiba!

/¿Castrar a Kiba? Oh, claro…/. Bueno, tal vez no, pero lo que fuera necesario, estaba dispuesta a todo por ti, Naruto-kun. Pero no, centró su atención en lo que Naruto decía. Esto era lo que más importaba ahora.

—¿Podrías prestarme algo de dinero, por favor?—. Dijo timidamente naruto

¿Dinero? ¡¿Dinero?! El mundo entero parecía haber hecho una pausa. ¿Dinero? Un millón de cosas pasaron por su mente en ese segundo.

/Naruto-kun necesitaba dinero… ¿para qué? No importaba/. Lo que sea, lo que sea que pidiera…

Rápidamente, sin pensar, sacó su monedero, con la mano temblando como si fuera a volar. Su rostro se sonrojó hasta los bordes de las orejas, pero no le importaba. Por Naruto-kun, lo que sea…

—Aquí está… —. Dijo, casi sin aliento. —Espero que sea suficiente… es mi dinero de la semana para mis pequeños gastos… Si necesitas más, iré a casa a pedir mi mesada…—.

Naruto miró la cantidad. Casi 74 mil yen, que para él eran como 500 dólares, un monto significativo. Pero lo que realmente lo dejó sorprendido fue lo que Hinata había hecho, como si no dudara ni un segundo.

Entonces, como si no fuera suficiente, Hanabi, la pequeña “sabionda”, intervino. Con una mirada de esas que solo una hermana menor puede dar, la observó con una mezcla de cansancio y un leve sarcasmo.

—Si querías dinero, te daré lo que papá me dio para armas este mes—. Hanabi sacó un pequeño y gordo monedero, de esos que las chicas usan para guardar lo que más valoran, y le entregó 500 dólares más. —Ahora dejarás en paz a mi hermana—.

Hinata, con la cara ardiendo como un tomate, se quedó paralizada unos segundos. No entendía si debía agradecer a Hanabi o si debía simplemente desaparecer del planeta. Pero en su mente, la única cosa que importaba era clara. /¡Naruto-kun es mío!/.

—Naruto-kun… —. Dijo, con una expresión tan seria que casi era un desafío. Aunque un poco confundida por las palabras de Hanabi, no dudó ni un instante. —Espérame aquí. Volveré con más dinero. Este es solo el comienzo…—.

Y así, Hinata salió disparada, dejando tras de sí una nube de polvo, como si fuera una heroína de alguna película de acción. /Voy a la casa, voy a tomar mis ahorros… Y si es necesario, pediré más dinero a papá. No importa, lo que sea por ti, Naruto-kun…/.

Al llegar a la casa, se coló como un ninja, sin hacer ruido, y se dirigió directamente a su habitación. Allí comenzó a revisar sus ahorros, guardados con tanto esmero durante los últimos siete meses. Cada billete era un sacrificio, pero ahora tenía un objetivo muy claro: Naruto-kun.

Con la determinación de un samurái, se dirigió al despacho de su padre. Hiashi, ajeno a lo que estaba por suceder, la vio entrar. Aunque normalmente tendría una mirada severa, algo en los ojos de su hija lo hizo detenerse. No la reconocía tan decidida, tan centrada en algo…

—Otou-sama… —. Dijo Hinata con una sonrisa nerviosa pero decidida. —¿Podrías prestarme algo de dinero?—.

Hiashi la miró, sorprendido. Su hija, siempre tan callada, tan sumisa… ahora parecía decidida a conseguir algo. Y al ver la determinación en su mirada, sintió algo que hacía tiempo no experimentaba: culpa. Nunca fue el mejor padre, pero quería que Hinata fuera feliz. A veces sentía que no le había dado lo que necesitaba… así que, sin pensarlo mucho, le entregó un cheque por 5000 dólares.

—Esto… es para ti—. Dijo, sintiéndose incómodo, como si estuviera haciendo algo que nunca antes había hecho. —Lo sé, no soy el mejor padre, pero lo haré por ti. Usa lo que necesites—.

Hinata, con el cheque en la mano abrazo a su padre dejándolo estupefacto, luego salió disparada de nuevo. El dinero era mucho, mucho más de lo que imaginaba, pero no le importaba. Su objetivo estaba claro.

/Todo lo que haga, lo haré para que Naruto-kun sea mío/. Y nadie, absolutamente nadie, se interpondrá en mi camino.

Cuando regresó al campo, Hanabi la miró, incrédula. /¿Cómo es posible que su hermana fuera tan rapida, nunca la vio tener esa velocidad mientras entrenanban/.

—Naruto-kun… ¡aquí tienes! —. Dijo Hinata, sosteniendo el cheque junto a 2000 mil dolares de sus ahorros con una sonrisa tan radiante que parecía que acababa de ganar la lotería.

Hinata sonreía con la calidez que siempre la caracterizaba, radiante al ver que Naruto-kun aceptaba el cheque y los 2000 dólares de sus ahorros. Había ahorrado esa cantidad durante siete meses desde que estaba en la academia, pero para ella, esa cifra no era nada extraordinario.

Había crecido entre lujo y riqueza, como la heredera del clan Hyuga, un clan no solo poderoso en habilidades shinobi, sino también una de las familias más influyentes y ricas de Konoha. Para ella, 2000 dólares era apenas un gasto que podía cubrir fácilmente en un par de semanas.

Hinata no veía esa suma como un gran sacrificio, ya que estaba acostumbrada a ver mucho más a su alrededor. A pesar de su personalidad amable y su actitud humilde, no podía olvidar que su familia tenía acceso a recursos ilimitados. Los Hyuga, conocidos no solo por sus habilidades médicas, sino también por su riqueza y prestigio, le proporcionaban una vida de comodidad. Era algo tan normal para ella que no se sentía particularmente afectada por el dinero que ofrecía.

Sin embargo, al ver la mirada de su hermana Hanabi, Hinata sintió una pequeña inquietud. Hanabi, con su expresión seria y su mirada algo crítica, parecía más sorprendida por el acto que por el dinero en sí. Hinata, sin embargo, no se preocupó mucho. Estaba demasiado centrada en la idea de ayudar a su Naruto-kun para prestar demasiada atención a lo que pensaba su hermana.

—Neesama… —. Pensó Hanabi, observando curiosa, ¿Qué clase de chico era Naruto para hacer que su hermana mayor se comportara de esa manera?

/¿Este chico le ha hecho algo a mi Nee-san o es solo que le cayó bien?, Voy a tener que vigilarlo… parece interesante…/. Pensó Hanabi con una pizca de intriga.

Hinata, al ver la mirada de Hanabi, se sintió un poco culpable. ¡Casi se había olvidado de que su hermana estaba ahí! Así que, rápidamente, hizo una reverencia exagerada, con la intención de hacerla ver menos rara. Luego, salió corriendo como si acabara de soltar una bomba de emociones y necesitara escapar antes de que su hermana le dijera algo. ¡Esto iba a ser un desastre!

Pov Naruto,

Miré el cheque y los 2000 dólares que Hinata me había dado. Y honestamente, no sabía si reírme o ponerme a llorar. ¡¿2000 dólares?! Eso sonaba a la cifra que los Hyuga gastan en un almuerzo de domingo. Para Hinata, estos 2000 dólares no eran ni un respiro. Ella era la heredera de una familia tan rica que si miraba un billete de 100, probablemente pensaba “¿quién me ha tirado este papel?”

Los Hyuga no solo son genios médicos con esos ojos, también son los top en todo lo relacionado con propiedades en Konoha. De hecho, podría apostar a que entre su familia se intercambian acciones de empresas mientras juegan al shogi.

Para mí, sin embargo, 8000 dólares era como un sueño… un sueño lejano que se desvanecía cada vez que miraba el saldo de mi cuenta bancaria. No es que me quejara, pero para ser sincero, la cantidad que Hinata me daba era más de lo que había ahorrado en toda mi vida como Naruto. Miré el cheque como si estuviera sosteniendo un billete dorado que me había caído del cielo.

Me dirigí al banco con la intención de cobrar ese cheque. Pero en serio, me sentía tan fuera de lugar en ese banco, con mi pobre cuenta de Shinobi y mi saldo que nunca subía de “0”, que ni siquiera podía disimular mi cara de asombro.

Entré al banco, tratando de no hacer ruido, como si no quisiera que todos supieran que yo, Naruto Uzumaki, el chico más pobre de la aldea, estaba cobrando 5000 dólares de una heredera millonaria. ¡Esto era demasiado para mi orgullo de ninja!

Al final, cuando llegué a la ventanilla, miré al cajero como si estuviera por recibir un premio. Pero claro, nadie en el banco tenía idea de la magnitud de lo que estaba sucediendo: Naruto Uzumaki, el ninja pobre, cobrando un cheque de 5000 dólares que de seguro Hinata le daba sin pensarlo.

Para mí, este pequeño paso hacia la riqueza era un gran avance. Bueno, tal vez solo un paso muy pequeño. Pero ¿qué más podía pedir? Todos comienzan en algún lado. Y, de hecho, me ganaría el título de escoria por aprovecharme del enamoramiento de Hinata… Pero, eh, ¿quién soy yo para decir que no?

Sin embargo, me detuve en seco justo después de cobrar el cheque, en medio de la calle. Miré el cheque como si de repente fuera consciente de lo que acababa de hacer.

/¿Acabo de convertirme en el… toyboy de Hinata?/. Me detuve en seco justo después de cobrar el cheque, en medio de la calle. Miré el dinero como si de repente fuera consciente de lo que acababa de hacer.

Mi mente comenzó a divagar a toda velocidad. /¡No, no puede ser! ¿Es ella mi sugarmommy ahora? ¡¿Me está financiando mi estilo de vida?! ¡¿Me está comprando como si fuera un cachorro de tienda de mascotas?!/

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Dejando de lado el hecho de que acababa de sacarle dinero a una niña, me dirigí a la zona comercial de la aldea. Mi objetivo era simple: hacer una compra que podría parecer algo trivial, pero que en realidad tenía una finalidad mucho mayor. Compré 100 kg de manzanas y uvas en diversos puestos y tiendas. El precio fue de 200 dólares por cada tipo de fruta, y aunque podría parecer mucho para un simple genin como yo, el costo era aceptable dadas mis intenciones.

Con la fruta ya en mi poder, sellada en mi palma, me dirigí hacia la zona administrativa. Esta parte de la aldea, cerca de la Torre Hokage, era conocida por ser el punto de recepción de las misiones más simples, aquellas de rango D y C, las cuales eran asignadas principalmente a genin y chunin recién ascendidos. Allí, tras un proceso burocrático que parecía más una rutina para los empleados que un trabajo, me presenté y recibí la aprobación sin mayor problema. Nadie me reconoció, y eso fue lo de menos. Lo importante era que mi solicitud fue aprobada: necesitaba a un shinobi de doton para crear unos recipientes específicos, algo sencillo. El costo fue muy bajo, casi como si estuviera comprando la tierra misma en la que se iban a crear.

En menos de media hora, un chunin, que parecía estar buscando dinero rápido, aceptó la misión sin hacer preguntas. Nos dirigimos a uno de los campos de entrenamiento más alejados de la aldea, casi olvidado por todos. El chunin utilizó un jutsu sencillo de doton para crear una fosa en el suelo y, dentro de ella, formó tres grandes vasijas de roca de 1000 litros cada una. Un poco cansado por el uso de chakra, terminó rápidamente su parte de la misión. Con el pergamino firmado, se fue a cobrar su recompensa, dejándome continuar con mi trabajo.

Ahora, estaba listo para continuar. Colocando una capa densa de chakra en la punta de mi dedo, lo cual me permitió grabar un patrón preciso sobre las vasijas de roca. Este proceso era relativamente sencillo, y lo utilicé únicamente para preparar las vasijas para el siguiente paso: la mejora y transformación mediante qi.

Con el patrón grabado en las vasijas, la verdadera tarea comenzaba. Apliqué el chakra en una serie de pasos precisos, pero esta vez no era solo cuestión de modificar la estructura de la roca. Lo que estaba haciendo era algo mucho más complejo: la transformación del chakra en qi. A través de la matriz que había grabado, estaba separando la parte física del chakra de la parte espiritual. El chakra, como todos sabíamos, era una combinación de energía física y espiritual, pero el qi, en su forma más pura, era energía espiritual refinada, más enfocada, más poderosa.

Usando la matriz como guía, comencé a concentrarme y a controlar el flujo del chakra. A medida que el chakra pasaba por el patrón, la parte física se liberaba y se comprimia, mientras que la parte espiritual se concentraba, formando un nuevo tipo de energía que al mesclarse nuevamente en diferente proporcion y manera daba como resultado Qi. Este proceso era facilitado por la matriz yo solo tenia que ingresar mi chakra, pero con el tiempo, la energía empezó a transformarse.

/lastima que este método solo sirva en cosas simples, entre mas complejo sea tendría que usar mi propio Qi, y solo obtendré qi cuando comience a cultivar/

El Qi comenzó a imbuir las vasijas de roca. Lo que antes era simple piedra ahora se sentía diferente, más resistente, más duradera. Había logrado mejorar la estructura de la roca, pero no solo eso, también la había dotado de nuevas propiedades gracias al Qi. Este proceso era como una especie de transmutación, un refuerzo interno que mejoraba la capacidad de las vasijas para resistir el paso del tiempo, el desgaste y las condiciones extremas usadas en la alquimia.

—Servirán pro ahora—. Dije con cierto orgullo ante mis primeras creaciones mas complejas.

Con las vasijas ya colocadas en el foso que había creado con la ayuda del chunin, comencé a formar una matriz alrededor de ellas. La disposición de las vasijas no era casual, sino parte de un diseño específico que influiría en el flujo de mi chakra a medida que lo inyectara. Cada vasija estaba colocada en un punto clave dentro de la matriz, formando una figura geométrica precisa en el suelo, según las directrices de mi guía de alquimia. Era una configuración que permitiría el refuerzo físico de los materiales.

Cuando me aseguré de que las vasijas estuvieran posicionadas correctamente, comencé a canalizar mi chakra hacia la matriz. Este proceso no era simple; el chakra debía ser purificado y refinado a través de la matriz, transformándose en Qi. Como si se tratara de un delicado proceso de transmutación, la energía espiritual se formaba en una esencia más pura, menos tangible pero infinitamente más poderosa; mientras la física se comprimía volviéndose solida y empeorándolo todo.

A medida que esta energía se infiltraba en las vasijas, comencé a sentir cómo los materiales se fortalecían, volviéndose más duraderos y con propiedades que iban más allá de lo físico. Las vasijas ya no eran solo simples recipientes de piedra; eran ahora conductores de Qi, imbuyéndolas con una energía que las hacía más resistentes, pero también las preparaba para el siguiente paso.

Con las vasijas ahora mejoradas y cargadas de qi, me dispuse a iniciar la fermentación. Llené las vasijas con agua de un río cercano y, con mucho cuidado, comencé a añadir las frutas que había comprado. Era el momento de transformar estos ingredientes simples en algo mucho más refinado, acelerando el proceso de fermentación gracias al qi.

Utilicé el flujo de qi para acelerar la fermentación, un proceso que normalmente tomaría semanas o incluso meses. Sin embargo, la energía espiritual que había imbuido en las vasijas no solo aceleraba el proceso, sino que lo hacía de manera que los sabores y propiedades de la fruta se extrajeran y fusionaran de manera más pura y concentrada. En lugar de esperar años como sería habitual con métodos tradicionales, el qi permitió que el vino y la sidra se formaran en solo unas dos horas.

El resultado fue un vino de una calidad excepcional. Aunque un cultivador de alto nivel probablemente detectaría imperfecciones en el proceso debido a la falta de purificación extrema, para los mundanos de este mundo, el vino era una experiencia casi mística. La influencia del qi sobre la fermentación no solo mejoraba el sabor, sino que también otorgaba propiedades curativas y energéticas a la bebida. Quien lo consumiera podría sentir cómo su cuerpo se revitalizaba, cómo su chakra se restauraba con una vitalidad que parecía fluir desde el interior.

Si un cultivador de nivel medio probara esto, probablemente lo rechazaría por la falta de refinamiento. Pero para los mundanos, este vino era mucho más que una simple bebida: era un elixir, casi como una ambrosía, un regalo del mundo espiritual. Pensé, imaginando lo que podría lograr con esta habilidad refinada.

La posibilidad de vender este vino como un producto exclusivo se abría ante mí. Sería un negocio rentable, sí, pero también una forma de acceder a un mercado completamente nuevo. Ningún otro shinobi o comerciante podría replicar lo que había logrado con la combinación de chakra y qi. Este vino, más allá de un simple producto, se convertiría en un artículo de lujo para los más poderosos, y quien lo poseyera podría disfrutar de sus propiedades curativas y fortalecedoras.

El uso del qi en lugar de un simple proceso físico de fermentación había transformado algo tan mundano como un vino en una experiencia completamente nueva. Ahora, todo lo que necesitaba era planificar cómo aprovechar esta habilidad para ganar poder y riqueza.

Con las dos tinajas llenas de vino y sidra guardadas, coloqué la tercera en el último pergamino de almacenamiento que me quedaba. Respiré profundamente y me alejé del foso. Sabía que lo que iba a hacer a continuación no era algo ligero, así que me concentré en acumular chakra. El proceso de invocar a Gamabunta no era sencillo, y necesitaba una gran cantidad de energía para lograrlo.

Comencé a reunir mi chakra, sintiendo cómo se acumulaba dentro de mí, fluyendo con lentitud. No era doloroso, pero sí cansado. La energía se iba extendiendo y expandiendo, y con cada segundo que pasaba, sentía cómo mi cuerpo empezaba a fatigarse. No era un dolor, pero la fatiga era inevitable. Cada vez que presionaba más chakra hacia la invocación, mi respiración se volvía más pesada y mi cuerpo comenzaba a pedir descanso. Sin embargo, sabía que debía continuar.

Cuando consideré que tenía suficiente, mordí mi pulgar y realicé los sellos de mano de la invocación. El chakra fluía desde mis manos hacia el suelo, donde concentré toda esa energía. La nube de humo apareció rápidamente, y el gigante sapo, Gamabunta, surgió con su típica presencia imponente.

A pesar de que la invocación me había agotado un poco, no era nada que no pudiera soportar. Al final, el proceso de invocar a Gamabunta no me dejó exhausto, pero sí cansado. Tomé una profunda respiración, tratando de recuperar algo de energía mientras saltaba de la cabeza del sapo y me colocaba frente a él. Él me observaba, sin parecer afectado por la invocación en absoluto.

Antes de que pudiera hablar, Gamabunta soltó una bocanada de humo y dijo con su tono característico.

— ¿Qué quieres, niño? Me has invocado, pero no parece que sea para una pelea—. La voz de Gamabunta retumbo.

En ese momento, un ANBU apareció, y por la forma en que se acercaba, supe de inmediato que era Yugao, la reconocí por el color de su cabello. Sus pasos se hicieron más firmes al ver la gigantesca invocación.

/Entre todos los malditos Anbu de la aldea tenia que ser Yugao/. Maldiciendo mi suerte y este mundo de clichés.

— Genin Uzumaki, ¿por qué invocaste algo tan grande tan cerca de la aldea? —. Su voz era firme y autoritaria.

— Niña, pierdete. Al invocarme, esto se convierte en un asunto del clan. Según las leyes de tu aldea, esto es entre el niño y yo. Mientras no cause daño ni ataque a la aldea, no les incumbe—. Fue Gamabunta quien habló con su voz resonante.

Yugao se quedó en silencio por un momento, y luego se acercó con cautela. Me miró, pero me dio la oportunidad de explicarme.

— Llamé al jefe Gamabunta para beber con él. Quiero ser parte del clan, pero aún no he tenido la oportunidad de participar en la copa ceremonial. Aprovecho esta ocasión para hacerlo—. Me excuse ante la espadachín.

Yugao observó en silencio, y finalmente asintió, aunque con una mirada de precaución.

— Me quedaré cerca para vigilar, pero no intervendré, a menos que sea necesario. Ten en cuenta que debiste haber informado de esto antes—. Dijo la anbu en tono de reproche hacia mi.

Con eso, se alejó, pero sabía que estaría cerca para asegurarse de que todo estuviera bajo control. Mientras tanto, yo estaba ligeramente cansado por la cantidad de chakra que había utilizado, pero al menos todo había salido como esperaba. Miré a Gamabunta, aún recuperándome un poco, pero agradecido por su presencia.

— Jefe, como ya te mencioné, quiero intercambiar una copa, pero no pude conseguir el arroz adecuado para el sake, así que te ofrezco este vino y sidra en su lugar — . Dije mientras señalaba las grandes tinajas llenas de alcohol.

Gamabunta levantó una ceja, sorprendido, pero lo que más me llamó la atención fue su reacción al acercarse a las tinajas. Tomó el vino con una mano gigante y, antes de siquiera beberlo, lo olió profundamente. Su rostro, normalmente indescifrable, mostró un leve temblor de asombro. Era raro que algo pudiera impresionarlo, pero la calidad de este licor era algo más allá de todo lo que un mundano pudiera lograr.

— ¿Niño, esto lo hiciste tú? —. Su voz sonaba sorprendida, como si tratara de comprender cómo un joven genin podía crear algo que incluso él, con toda su experiencia, encontraba inesperado. Tomó un sorbo y sus ojos se agrandaron, su rostro pasaba de la incredulidad al asombro total. El licor no solo tenía un aroma excepcional, sino que al probarlo se podía sentir una profundidad y una suavidad que superaba todo lo que había probado, incluso en las mejores bodegas de Myoboku.

Yo sonreí interiormente. Sabía que este vino y sidra, imbuidos con Qi y perfeccionados por la matriz alquímica, no solo eran un producto físico. Era algo que iba más allá de lo mundano. Algo que solo yo, en este mundo, podía hacer. Mientras Gamabunta seguía degustando el vino, sentí la satisfacción de ver cómo mi plan iba bien

Tomé una taza de sidra y brindé.

— Te agradezco mucho por permitirme unirme al clan, jefe. Gracias por toda la ayuda que me has brindado. Sin ti, no estaría aquí—. Mis palabras eran sinceras, realmente agradecido por la ayuda que le brindo al pequeño naruto.

Gamabunta bebió más, sin prisa, disfrutando de cada sorbo. Luego, carraspeó, encantado con la calidad sobrenatural del licor. Parecía perderse en el sabor, pero la fascinación en sus ojos no se desvaneció. Su mente claramente estaba procesando lo que acababa de experimentar. Miró hacia las tinajas y luego me dirigió una mirada más penetrante.

— Niño, ¿has realmente hecho este vino? Esto… esto es algo que incluso los toji de los sapos… los maestros destiladores… no han logrado hacer. Este licor está más allá de lo que los maestros artesanos del sake o cualquier licor que he probado podrían alcanzar—. Gamabunta dejó el vino a un lado, pero tomó más sidra. Sus ojos brillaban con una mezcla de aprecio y asombro mientras saboreaba el siguiente sorbo.

— Tienes algo realmente especial, niño. Si consiguiera arroz de calidad, ¿podrías hacer sake? —. Una sonrisa se formó en mi rostro, sabiendo que este era el momento perfecto para mostrar lo que podía hacer.

— Con gusto fabricaría un sake de calidad si me consigues los ingredientes. Y podría hacerlo en unas horas, poseo una habilidad… digamos, fuinjutsu para hacerlo en una sola noche. —

Gamabunta me miró como si fuera incapaz de creer lo que escuchaba. Sin embargo, tenia que intentar que hiciera un sake para el. El talento que parecía tener era innegable. Después de todo, era el mejor alcohol que el gran sapo probo en su vida.

— Si no fuera porque eres el invocador, diría que no eres Naruto Uzumaki… Pero solo él puede invocarnos ademas de Jiraiya. Debió pasar algo muy importante para que cambiaras tanto. Ya me lo contarás luego —.

— Ahora te nombro oficialmente invocador del clan sapo del monte Myoboku. Invócanos si necesitas ayuda, con gusto mis guerreros te apoyarán. Así mismo, el clan espera tu apoyo, si fuera necesario—. Su mirada se suavizó y dijo en un tono más solemne su aceptación a mi ofrenda de beber con el.

Incliné mi cabeza en señal de respeto, sabiendo que esta era una de las alianzas más fuertes que podía forjar con el limitado tiempo y fuerza actual que poseía. Un invocador tenía un poder invaluable, especialmente en los momentos de vulnerabilidad al estar del lado bueno de un clan como el de Gmabunta. Tener el respaldo de Myoboku era un regalo.

— Ahora voy a conseguir los ingredientes. Invoca a Gamakuchi al amanecer, él tendrá un pergamino con los ingredientes para sake. — Dijo Gamabunta, mientras su cuerpo comenzaba a desvanecerse en una nube de humo.

Antes de que se fuera, me permitió hacer una cosa más. Sin perder tiempo, saqué una botella de cada licor y las guardé para mí. Tenía que mantener algo de este exquisito licor, para mí, como recordatorio de mi éxito y de las posibilidades que se abrían ahora.

Suspiré profundamente mientras observaba cómo desaparecía. Sabía que había dado un gran paso en mi camino, pero también entendía que esto solo era el comienzo. Con el clan sapo ahora a mi lado, mis posibilidades de crecer y enfrentar los desafíos de este mundo se multiplicaban. Y mi futuro, ahora más que nunca, parecía tener un sabor mucho más dulce.

Bebiendo un poco del vino mire a las estrellas, pensando en que otras cosas podía hacer mientras esperaba que esos tontos tomaran sus decisiones sobre mi.

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Omake:

Sobrevolando Konoha a lomos del Nanabi, me recostaba perezosamente en mi trono móvil de ágata y obsidiana. Observé con desprecio la aldea envuelta en llamas. Sobre la cabeza del monumento del Cuarto, mi ejército había crucificado a mi supuesto hermano. El iluso creyó que era fuerte, pero mis soldados lo abatieron con facilidad, convirtiéndolo en un ejemplo para todos.

A mi lado, encadenada y con su Tenketsu sellado, Kushina observaba con ojos vacíos la destrucción de la aldea en la que creció tras la caída de Uzushio. Su hijo muerto, su cadáver profanado.

—Eres un monstruo tal como siempre supimos—. Escupió con asco.

Yo solo sonreí, entretenido por su patética resistencia.

—Sí, un monstruo de tu creación. Tus decisiones me forjaron… y ahora soy el nuevo Emperador de las Naciones Elementales. ¡Hohohohoho!—.

Me reí de la ingenuidad de Kushina al pensar que sus elecciones no tendrían consecuencias. Se escondió y me dejó de lado, para criar a los patéticos niños que Jiraiya proclamó como los “niños de la profecía”.

Fue entonces cuando escuché un grito.

Minato, herido, atravesó las filas de mis soldados rasos. Se mantuvo de pie sobre la torre del Hokage, respirando con dificultad, pero con una sonrisa desquiciada por la fatiga.

—¡Esta es mi oportunidad de cambiar el destino de Konoha! —. Declaró con determinación.

Levanté un dedo con un diminuto Rasengan en la punta, desinteresado.

—Y también de cambiar mi destino… el destino de Naruko… ¡y, por supuesto, el tuyo, miserable! —. Continuó Minato, formando un Rasenshuriken.

La tensión en el aire era palpable. Un silencio se extendió por el campo de batalla, roto solo cuando Minato lanzó su técnica con todas sus fuerzas.

Yo lo miré… y sonreí.

Mi pequeño Rasengan comenzó a crecer. Y crecer. Y crecer aún más, hasta convertirse en una esfera colosal de energía oscura. Una Bijūdama. No, algo más grande que una Bijūdama.

—¡JAJAJAJAJA!—. Solté una carcajada maniaca y lancé la esfera descomunal contra el ataque de Minato. Su Rasenshuriken fue devorado en un instante, y la devastación continuó.

Minato, Konoha, y todo lo que una vez representó… fueron consumidos en una explosión apocalíptica.

—¡ESTUPENDO! ¡MIREN QUÉ HERMOSURA!—. Me incliné en mi trono, maravillado por el resplandor cegador de la destrucción.

—Soldado Han… Soldado Roshi… ¿ven esto? ¡Qué hermosos son los fuegos artificiales! ¡AHAHAHAHAHA!—. El estruendo final de la explosión fue lo último que Minato escuchó antes de ser reducido a polvo.

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Notas: Espero que les haya gustado el capítulo. Comenten si les gustó.

Me gusta la idea que planteo sobre Kakashi. Desde el principio de la serie, él nunca quiso un equipo de genin por sus traumas, pero el Sandaime lo sacó de ANBU al darse cuenta de que Kakashi se estaba volviendo loco. Lo obligó a tomar un equipo, y Kakashi los reprobó a todos hasta llegar al Equipo 7. Así que, si en el canon Kakashi no tenía un gran interés en sus tres alumnos al inicio, aunque los protegió y todo, su verdadero interés en entrenarlos no se desarrolló hasta Shippuden.

Hinata… su caso es algo complejo. Su personalidad es muy simple, así que decidí ir a lo seguro: tendremos a una tímida yandere Hinata. Espero que les guste. Además, Hanabi me agrada su personalidad en Boruto, así que tal vez la veamos más seguido.

Usaré dólares en lugar de ryō, ya que el valor del ryō es inconsistente.

Por otro lado, quiero aclarar un punto sobre la cantidad de chakra de Naruto. En Shippuden, cuando Naruto entrena el Rasenshuriken, Kakashi menciona que Naruto tiene cuatro veces su cantidad de chakra. Sin embargo, muchas personas interpretan esto de manera errónea, ya que después menciona que, con el chakra del Kyūbi, Naruto posee 100 veces su chakra. Esto suele confundirse debido a la traducción, donde se dice que Naruto usa gran parte de su chakra para mantener el sello, pero en realidad no es así.

Kakashi se refiere a que Naruto, con el chakra del Kyūbi que se filtra constantemente a través del sello, llega a tener 100 veces su propio chakra, lo cual es una cantidad absurda. Sin embargo, esto cobra sentido si consideramos lo que vimos hacer a Naruto durante la Cuarta Guerra Ninja cuando finalmente cooperó con Kurama. Su resistencia, la cantidad de clones que podía crear y la magnitud de sus técnicas dejaron claro que su nivel de chakra estaba en una liga completamente distinta.

Según mi historia, Naruto actualmente tiene tres veces más chakra que Kakashi. Solo aumentó una vez más su chakra durante su entrenamiento con Jiraiya, quien se centró más en entrenar el chakra bijū. Sin embargo, como todo salió mal y casi muere, Jiraiya decidió centrarse en pulir las bases de Naruto: mejorar su taijutsu y perfeccionar el Rasengan hasta llegar al Ōdama Rasengan, pero nada demasiado grande.

Y si piensas que tener tres veces la cantidad de chakra que Kakashi es poco, ten en cuenta que Kakashi es una élite, un adulto experimentado, y que durante la época de Shippuden, cuando se menciona que tiene esa cantidad, él ya había vuelto a entrenar. Kakashi se puso en forma y era capaz de usar el Mangekyō Sharingan, lo cual consume muchísimo más chakra, especialmente porque no es un Uchiha. Considerando todo esto, tener tres veces más chakra que un Kakashi que ya es una de las figuras más poderosas de su generación sigue siendo un gran logro.

Gracias espero te gustara el cap

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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