Cultivador mediocre en naruto - Capítulo 6
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Capítulo 6: Semilla
Descargo de responsabilidad (Disclaimer)Los personajes y el universo de Naruto son propiedad exclusiva de Masashi Kishimoto. Esta historia es un trabajo de ficción sin fines de lucro, creada únicamente con fines de entretenimiento. Cualquier similitud con la historia original es intencional y se utiliza para construir una narrativa alternativa o expandir el mundo existente. No tengo ninguna afiliación con el autor o con las empresas que poseen los derechos de la franquicia.
— Personaje hablando —
/ Personaje pensando /
En los fríos y oscuros pasillos de la prisión de sangre, reinaba un silencio casi absoluto, interrumpido solo por el eco de los pasos del guardia. La zona de aislamiento era un lugar sombrío, donde se retenían a los prisioneros que sus propias aldeas no querían conservar. Desertores, ninjas peligrosos, aquellos que sabían demasiado y que, por alguna razón, no podían morir aún.
El lugar parecía congelado en el tiempo, un punto muerto donde los días se mezclaban entre sí y los rostros de los prisioneros se desvanecían de la memoria de los que aún estaban afuera.
El guardia, un hombre de rostro curtido por años de trabajo en la prisión, era uno de los pocos que se encargaba de alimentar al prisionero VIP, un niño que, según las órdenes, debía ser tratado con más cuidado que los demás. Cada día, tres veces al día, se presentaba ante la celda del niño, dejándole su comida y asegurándose de que estuviera bien. Sin embargo, había algo que lo inquietaba profundamente.
/Cada vez que vengo, ese chico… parece diferente/ . Pensaba el guardia mientras recorría el pasillo hacia la celda del joven prisionero.
Su cabello, que antes estaba perfectamente corto, ahora parecía haber crecido, desordenado y más largo de lo que debería. La ropa, antes limpia y en condiciones decentes, comenzaba a mostrar signos de desgaste y rotura. El niño, al principio tan tranquilo y silencioso, ahora parecía más… extraño, como si estuviera cambiando a un ritmo anormal.
El guardia suspiró, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda. Decidió que ya era suficiente, y al segundo día de observar estos cambios, fue directamente al despacho del alcaide Mui. Golpeó suavemente la puerta.
—¿Sí? —. Sespondió MUI desde el interior, sin levantar la mirada ocupado con el papeleo.
—Señor, tengo algo que reportar. Es sobre el niño… el prisionero VIP. Algo no está bien. Cada vez que voy a dejarle su comida, parece… más viejo. Su cabello crece demasiado rápido, su ropa se desgasta de una manera extraña. Es como si el tiempo pasara de una forma diferente para él—.
El alcaide MUI levantó la mirada por fin, sin mostrar mucha sorpresa. Ya había sido informado sobre la naturaleza del prisionero y las posibles habilidades únicas que poseía. A pesar de que el niño parecía estar cambiando a un ritmo alarmante, MUI había recibido instrucciones claras. El prisionero era valioso, por el precio que había sido pagado por su cautiverio.
—Lo sé —. Respondió MUI con tono grave, pero sereno.
—Te han informado de su estatus. Es un prisionero de alto perfil. Se nos dijo que tiene habilidades únicas, pero que no debemos hacer nada al respecto, al menos no por ahora. Simplemente asegúrate de que siga con vida y no te involucres más de lo necesario. No podemos permitirnos más complicaciones—.
El guardia asintió, aunque no estaba completamente satisfecho con la respuesta. Sabía que el alcaide Mui tenía razón, las órdenes eran claras. No obstante, algo dentro de él sentía que había más en todo esto. Algo que no comprendía del todo, pero que lo inquietaba profundamente.
—Entendido, señor —. Respondió el guardia, aunque no podía dejar de pensar en lo extraño que se volvía la situación con cada día que pasaba.
El alcaide MUI, ajeno a las preocupaciones del guardia, simplemente lo despidió con un gesto. Sabía que el niño debía permanecer aislado y en condiciones específicas, pero no tenía ni idea de lo que realmente podía estar sucediendo dentro de esa celda. Se le había informado de que el niño era un prisionero de gran valor, y por el precio exorbitante que se había pagado por su cautiverio, no podía permitirse hacer nada que comprometiera su estatus o su valor como activo.
La última información que había recibido era que, aunque poseía habilidades inusuales debido a su linaje, era esencial ignorarlas por el momento. No entendía a fondo la magnitud de sus poderes, pero tampoco deseaba arriesgarse a explorar más allá de lo que se le había indicado.
De vuelta en el pasillo, el guardia volvió a dirigirse a la celda del niño, preguntándose si todo esto era simplemente una coincidencia o si algo más extraño estaba ocurriendo en ese lugar. Al abrir la puerta, vio al niño sentado en el suelo, su mirada vacía fija en algún punto lejano.
El cambio era aún más evidente ahora; el cabello le caía sobre los ojos, y las ropas, que antes eran de un azul claro, ahora estaban rotas y sucias. Lo peor era la sensación que emanaba del niño, una calma inquietante, como si no fuera humano. Sin embargo, el guardia decidió no decir nada y simplemente dejó el plato con la comida.
—Aquí tienes tu comida —. Dijo, intentando sonar lo más neutral posible.
El niño levantó la cabeza lentamente y lo miró, pero no dijo nada. Solo lo observó con una mirada profunda, como si estuviera analizando cada movimiento del guardia. El hombre, incómodo, cerró rápidamente la puerta tras él, sin esperar respuesta.
Al salir del pasillo, el guardia no pudo evitar sentirse preocupado. La situación era rara, y aunque el alcaide Mui no se mostraba alarmado, algo dentro de él le decía que no debía ignorar lo que estaba pasando. Si este niño estaba cambiando tan rápidamente, ¿qué significaba eso? ¿Era una anomalía normal o algún linaje raro? Solo el tiempo lo diría. Pero por ahora, su único objetivo era cumplir con su tarea, alimentar al niño y asegurarse de que siguiera vivo. Y eso era lo que iba a hacer.
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—53 días—. Fue lo que susurré cuando el guardia dejó mi comida en la hendidura de la puerta, mire el cielo a través de la pequeña ventana e la piedra y la noche se alzaba, dos días tarde en armar la matriz y tres días desde que se activo.
Tres días habían pasado en el exterior, pero aquí, en este calabozo, el tiempo no se comportaba de la misma manera. Mientras afuera solo habían pasado tres días, en este pequeño rincón del mundo donde todo parecía detenerse, habían transcurrido casi dos meses.
El dolor era insoportable, pero lo esperaba, era algo inevitable teniendo en cuenta que estaba haciendo por no ser un cultivador.
No, yo no era un cultivador. Venía de un mundo donde el qi no existía. Mi cuerpo, aunque poseía tengetsu y redes de chakra, carecía de los meridianos necesarios para cultivar. Había mucho que no comprendía cuando ideé mi plan, pero los días aquí me habían enseñado una dura lección. Mi cuerpo no estaba diseñado para hacer lo que pretendía, y eso lo sentía con cada fibra de mi ser.
Durante estos 53 días experimenté un dolor que solo comparaba con el chidori de Sasuke, pero a diferencia de aquel, este dolor no desaparecía. Era constante, desgarrador. Como si cada célula de mi ser estuviera siendo deshecha y reconstruida una y otra vez. Y eso era precisamente lo que estaba haciendo: reconstruir mi cuerpo.
Usé todo lo que tenía a mi disposición. El libro que había sido mi trampa y los objetos robados de Konoha. Ese libro sobre cultivación, con esquemas detallados de meridianos, dantian y qi.
/Es increíble cómo este libro tiene una solución para todo/. Pensaba mientras mi cuerpo ardía, usando el qi. La matriz del tiempo, alimentada por el cristal que contenía un fragmento de alma, me permitió inyectar la energía en mi cuerpo.
Usando el libro, que estaba lleno de esquemas y diagramas de cultivadores nacidos con redes y meridianos perfectos para la cultivación, me guié. Aquel libro mostraba, con fines educativos, una circuito espiritual de alguien nacido con talento para la cultivacion, y lo usé para mi beneficio, copiando y creando un circuito, una red que no existía en mi cuerpo.
El primer paso fue comprender la estructura de los meridianos. Meridianos y circuitos no son lo mismo que Tengentsu y la red de chakra. En el libro se describían claramente las rutas de energía que atravesaban los cuerpos de los cultivadores, trazando una red perfecta para alimentar el qi. Yo no tenía esa red, así que tuve que replicar lo mejor que pude. No era lo ideal, pero era el único camino disponible.
Así que, durante esos días de tortura, tomé las agujas de plata de los Nara, junto con otros objetos que había robado. Fue un proceso tedioso y doloroso, pero lo tenía que hacer. De acuerdo con los diagramas del libro, comencé a insertar las agujas en los puntos clave de mi cuerpo. Primero en los puntos principales que indicaban los esquemas, luego, poco a poco, me fui adentrando más y más, inyectando qi a través de los nervios y forzando a mis propios circuitos a formarse.
Cada aguja era una perforación directa hacia mis nervios. El dolor no era solo físico, era algo mucho más profundo, una sensación de que mis nervios se quemaban, de que mi cuerpo estaba tratando de forjar algo que no podía. Sin embargo, aunque el dolor era insoportable, el proceso estaba funcionando.
Sentí cómo las redes, aunque rudimentarias, comenzaron a formarse lentamente. El qi fluía, pero de forma desordenada, creando una especie de red imperfecta. No era la perfección de un cultivador natural, pero era un comienzo. Replicaba lo que podía.
El libro hablaba de una red de meridianos perfecta, cómo la energía debía viajar con facilidad por todo el cuerpo, fluyendo sin obstáculos. Yo no tenía esa facilidad. Mis meridianos fueron creados a la fuerza, una réplica defectuosa que no podía compararse a los de un cultivador nacido con la capacidad natural.
No obstante, no podía rendirme. Con cada aguja, con cada nueva inyección de qi, el dolor aumentaba, pero también lo hacía la fuerza de mi red. Sentía cómo mis nervios se electrificaban, cómo mi cuerpo se adaptaba, cómo creaba algo que antes no tenía. Cada día, me acercaba un paso más a la meta.
Eso fue lo que hice durante todo este tiempo, y ahora venía el verdadero peligro, el dantian. No tenía uno. Nadie en este mundo tenia uno, que yo supiera. Y sin dantian, la cultivación era imposible. Mi única opción era formar uno desde cero, forzando a mi cuerpo a transformar una de sus puertas internas en el dantian inferior. Pero esto no era solo una cuestión de anatomía energética; mi alma también debía adaptarse, o la energía descontrolada se desbordaría, desgarrándome desde adentro y destruyéndome por completo.
Sabía que este proceso sería más doloroso que todo lo que había experimentado hasta ahora. El riesgo era extremo. Si fallaba, mi cuerpo quedaría irremediablemente dañado, condenado a ser un cascarón sin futuro en este mundo. Sin embargo, detenerme no era una opción. La formación del dantian era el umbral entre la existencia común y la verdadera cultivación. Si no cruzaba esa barrera, nunca alcanzaría la fuerza que necesitaba para sobrevivir.
Con las manos firmes a pesar del temblor en mis nervios, tomé la aguja y la clavé dos dedos por debajo de mi ombligo. Un dolor punzante recorrió mi abdomen al perforar la piel y los tejidos internos, pero no me detuve. La hundí con precisión quirúrgica hasta alcanzar el punto exacto donde una de mis puertas internas yacía oculta en lo profundo de mi cuerpo. Allí, en esa intersección energética, debía nacer el dantian inferior.
Inhalé hondo y comencé a inyectar lentamente el qi sobrante de la matriz temporal. Sentí cómo la energía fluía con una densidad cruda, salvaje, intentando abrirse paso a través de canales aún inmaduros. Mi cuerpo se estremeció al rechazar la intrusión, la puerta interna se resistía, ante esta energía extraña. Pero yo no podía darme el lujo de fracasar.
Forcé a mi puerta interna a absorber el qi, dejándola bañarse en su energía. Esto provocó que el qi hiciera lo que mejor sabe hacer, forzar la evolución. Tal como ocurre con los cultivadores, las bestias demoníacas y otras criaturas, el qi impulsa el crecimiento, la adaptación y el fortalecimiento.
En mundos ricos en qi, incluso los animales sin conciencia pueden cultivar, desarrollar órganos especializados al ser moldeados por esa energía primigenia. Y ese era precisamente mi plan con mi puerta interna, obligarla a evolucionar.
El proceso fue indescriptiblemente tortuoso. Cada fibra de mi ser protestaba, como si estuviera siendo desgarrado y reconstruido al mismo tiempo. La puerta interna se deformó bajo la presión, su estructura colapsó y, finalmente, empezó a evolucionar en algo nuevo. Una cavidad energética tomó forma, algo más que una simple acumulación de qi, el dantian inferior. Era una estructura tanto física como espiritual, un núcleo recién nacido que latía con una vibración extraña en mi interior.
El dolor no cesó, pero una nueva sensación emergió dentro de mí. Por primera vez, mi cuerpo podía absorber el qi ambiental. Esa esencia del mundo que antes me resultaba intangible ahora fluía lentamente hacia mí, como ríos de energía buscando su cauce natural. Pero esto era solo el comienzo. La formación del dantian inferior había sido el primer paso… lo que sucedió después fue algo que ni siquiera en mis peores pesadillas habría imaginado.
Apenas el dantian inferior comenzó a estabilizarse, ocurrió lo inesperado.
La energía descontrolada que se acumuló en mi cuerpo se desbordó en un instante, provocando una reacción en cadena. El recién nacido dantian inferior pareció actuar por instinto, identificando un patrón en mi red de meridianos y buscando corregirlo. Sin que pudiera detenerlo, el flujo de qi se disparó violentamente hacia otras dos puertas internas, una en el centro de mi pecho y otra en la base de mi cráneo.
Un dolor atroz me atravesó el corazón.
La puerta interna dentro de mi pecho, forzada a transformarse en el dantian medio, colapsó por la presión. Mi corazón latió con una violencia anormal, bombeando qi junto con mi sangre, sobrecargando cada arteria y vena. Por un instante, sentí que se rompería, que explotaría dentro de mi propio pecho. Un calor sofocante recorrió mi torrente sanguíneo, quemándome desde adentro, haciéndome sentir como si mis órganos se estuvieran licuando.
No tuve tiempo de reaccionar antes de que la segunda oleada de qi ascendiera directo a mi cabeza.
Un estruendo ensordecedor retumbó en mi cráneo cuando la última puerta interna, ubicada en la base de mi cerebro, fue forzada a transformarse en el dantian superior. La presión fue insoportable. Un dolor agudo perforó mi mente, como si un millar de agujas se clavaran en lo más profundo de mi conciencia. Mis ojos se nublaron y, un segundo después, la sangre comenzó a brotar de mi nariz, de mis ojos, de mis oídos.
Mi cerebro estaba al borde del colapso.
El qi, desbocado y sin control, se arremolinaba en mi cabeza como un huracán, amenazando con destrozar mi mente y dejarme como un cascarón vacío. La formación del dantian superior era demasiado repentina, demasiado violenta. Estaba perdiendo el control.
Pero entonces, ocurrió algo imposible.
El dantian inferior, el primero en haberse formado, pareció actuar por instinto una vez más. Como un núcleo estabilizador, absorbió parte del exceso de energía, evitando que el colapso se volviera irreversible. Los tres dantian, ahora conectados, comenzaron a resonar en un mismo ritmo. El qi dejó de ser un torrente caótico y, por primera vez, fluyó con armonía, fusionándose con mi chakra en un equilibrio extraño y único.
La conexión se selló en un instante. Y luego… oscuridad.
Cuando desperté, mi cuerpo estaba empapado en sudor y sangre seca. Mi visión tardó en aclararse, y mi cabeza latía con un eco sordo de dolor. Pero lo sabía, lo sentía en lo más profundo de mi ser, lo había logrado.
Me obligué a sentarme en posición de loto, mi respiración entrecortada, mis músculos temblorosos. Cerré los ojos y expandí mi conciencia hacia mi interior. Allí estaban.
Los tres dantian.
Uno en mi abdomen, el inferior.
Uno en mi pecho, el medio.
Uno en mi cerebro, el superior.
Mi red de meridianos, antes frágil y rudimentaria, había sido corregida por el propio flujo de qi. No solo había sobrevivido, sino que mi cuerpo ahora era apto para la cultivación. Al mismo tiempo, mi chakra seguía existiendo dentro de mí, aún conectado a mis tenketsu, aún parte de mi ser. De alguna forma, había logrado fusionar ambos sistemas en una sola entidad.
Había tocado el límite de la muerte y regresado más fuerte. Este era solo el primer paso. Pero ya no había vuelta atrás. Mi camino como cultivador había comenzado.
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Comí una de las pastillas que había creado, las que había diseñado previamente para reponer nutrientes, mientras me recuperaba de la terrible experiencia. A medida que la pastilla se disolvía en mi boca, sentí cómo los nutrientes comenzaban a restablecerse lentamente en mi cuerpo. Respiré profundamente, tras haber comprobado que sobreviviría. Mi regeneración, ahora gracias a mis primeros pasos con el qi, era ligeramente mejor que la prodigiosa habilidad que poseía anteriormente.
/Debería haber creado píldoras de sangre/. Pensé distraídamente, mientras el dolor punzante atravesaba cada nervio de mi cuerpo.
Mi mente seguía trabajando, aunque el cuerpo exigiera descanso. Si hubiese tenido esas píldoras, habría podido reponer la sangre que había perdido durante la creación de mis dantian.
Arrimado a la pared de mi celda, con la espalda pegada a la fría superficie de piedra, cerré los ojos. El dolor seguía allí, como un recordatorio constante de lo que había pasado. Inhalé profundamente, tranquilizando mi respiración mientras hacía circular mi chakra, asegurándome que toda mi red de chakra estuviera bien.
Hice recorrer el poco qi que tenia lentamente a través de mis recién formados circuitos y meridianos, y aunque el dolor seguía siendo insoportable, hubo un cambio profundo en mi percepción. Mis meridianos, aunque frágiles, comenzaron a adaptarse a la forma de energía que ahora circulaba por ellos. Fue entonces cuando mi dantian, que había sido formado con tanta dificultad, se sintió de una forma completamente distinta a cualquier otro órgano o centro energético que conociera.
El dantian no era solo un órgano más dentro de mi cuerpo. No se sentía como un corazón o un hígado, algo que simplemente funcionaba de manera automática. No, el dantian era algo diferente. Era más como una extremidad, algo que podía ejercitar y controlar a voluntad.
Lo sentía no solo como una parte integral de mí, sino como algo que podía mover, expandir y contraer. Era consciente de su presencia, de sus movimientos dentro de mí, como si fuera una extensión de mi ser.
Al principio, la sensación era desconcertante. No era como cualquier otra parte de mi cuerpo. Cada vez que dirigía mi intención hacia él, podía sentirlo responder, como si fuera un brazo o una pierna. Podía casi “moverlo” al igual que muevo cualquier miembro físico, pero esta vez era una extremidad tanto física como espiritual, capaz de absorber y manipular energía.
Con estos nuevos órganos intenté absorber qi para la cultivación, como me había enseñado el libro. Pero, cuando lo intenté, algo extraño ocurrió.
No había qi en este mundo. No había qi en este universo. Al principio, pensé que era un error, un fallo en mi técnica, pero pronto entendí. En lugar de qi, lo que existía aquí era chakra, la energía natural que permeaba el aire, la tierra, el agua, todo.
La única razón por la que pude usar qi hasta ahora, para diferentes fines, era que las matrices que había formado anteriormente eran capaces de absorber chakra y separarlo, descomponiéndolo en sus partes físicas y espirituales, para luego reformarlo en qi.
Este hecho complicaba enormemente el proceso de cultivación, pues cada vez que quisiera utilizar qi, debía recurrir a mis matrices para separar y recomponer el chakra. Pero mientras manipulaba mi qi, intenté absorber el chakra ambiental, desesperado por encontrar un sustituto del qi ambiental. Fue entonces cuando me di cuenta de que mi dantian poseía una habilidad adicional.
Dado que fue formado a partir de una estructura capaz de manipular chakra, adquirió esa capacidad. Se adaptó y evolucionó para absorber el chakra ambiental, separando sus componentes, descomponiéndolos en sus partes físicas y espirituales, para luego fusionarlas nuevamente, pero esta vez en la forma necesaria para generar qi. En ese momento, creí que mi dantian se encargaría de todo el proceso, permitiéndome usar mi propio chakra como fuente para mi cultivación.
Sin embargo, al intentar transformar mi chakra en qi, el dantian se negó rotundamente a aceptar esa energía. Fue como un obstáculo invisible, una fuerza que simplemente no permitía la conversión. En ese instante, entendí lo que estaba sucediendo. Mi dantian no podía procesar el chakra que yo producía en mi interior; en cambio, solo era capaz de absorber el chakra ambiental, o como lo conocían aquí, la energía natural.
Eso significaba que tenía acceso a dos tipos de energía: chakra y qi. Un desafío complicado, pues tendría que entrenar ambas, en lugar de concentrarme en una. Si pudiera usar mi propio chakra como combustible para mi dantian, tendría una excusa para concentrarme en la cultivación.
Suspiré, sabiendo que debido al sello que evitaba exteriorizar mi chakra, no podía entrenarlo. Así que dejé de lado el chakra para concentrarme en la cultivación. Después de todo, este cuerpo ya había entrenado chakra durante 13 años.
Decidí descansar después de la experiencia; incluso después de haber estado inconsciente, aún sentía un profundo agotamiento, así que me dejé vencer por el sueño.
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Desperté cuando el tiempo volvió a la normalidad. Eso solo significaba una cosa: el guardia se acercaba, indicándome que había amanecido y que me traerían comida. Mientras el inquieto guardia se marchaba, me puse a calcular mentalmente el tiempo que me había tomado todo este proceso.
—En total, llevo 56 días en este lugar. Todo ese tiempo me ha tomado formar mi circuito espiritual y dantian—. Una sonrisa demente se formó en mis labios al darme cuenta de lo que había logrado. Había hecho algo tan loco, tan arriesgado, que apenas podía creer que lo había conseguido. El precio había sido alto, pero el resultado era más que prometedor.
Ahora, podía dedicar el resto del año y medio a cultivar. A fortalecerme. A cerrar esa brecha de poder que aún me separaba de la élite, y acercarme un poco más a la fuerza de los monstruos de este mundo.
Ahora, podía dedicar el resto del año y medio a cultivar. A fortalecerme. A cerrar esa brecha de poder que aún me separaba de la élite y acercarme un poco más a la fuerza de los monstruos de este mundo.
Estirando mi cuerpo adolorido, pero en mejores condiciones, el dolor punzante era ahora manejable. Mis circuitos espirituales estaban formados y listos para adentrarme en el mundo del cultivo. Mi dantian, más que ansioso de nutrirse, mis nuevos meridianos, también impacientes, y mi alma, necesitada de adaptarse a mi dantian.
-No sé dónde me equivoqué en la matriz, pero que todo se evapore es útil -pensé, observando cómo la sangre, el sudor y cualquier otra cosa se evaporaban por la matriz temporal, dejando solo mi ropa y nada más. Eso me permitía estar en un ambiente soportable dentro de mi celda.
Retirándome la vieja chaqueta naranja, dejándome solo con una camisa negra, me senté en loto y comencé a meditar, concentrándome en atraer y absorber el chakra ambiental. Lentamente, mi dantian formaba el qi que nutría mi cuerpo y empoderaba mi alma.
El qi ayudó a mi alma. Poco a poco, mi alma, maltratada por este proceso, se adaptó a tener un dantian. El qi que empoderaba el alma permitió que se mejorara y se adaptara, mientras las viejas heridas de una psique dañada, como la de Naruto, comenzaban a sanar. En este proceso de meditación, donde el qi era absorbido por mi cuerpo, recorriendo mis meridianos lentamente, accedí a la etapa del cuerpo mortal, donde apenas comenzaba el proceso de la cultivación.
Mientras mi cuerpo y alma se nutrían, mi mente también debía pasar por un proceso de crecimiento. No solo para batallar, sino para madurar y aceptar el mundo. Después de todo, la cultivación era buscar la iluminación física, espiritual y mental. Así que me ahogué en mi mente, reviviendo las memorias de Naruto, las antiguas memorias de mi vida pasada. Todo debía abordarse en este primer paso para poder llamarme un cultivado.
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Konoha, una semana después del incidente ahora denominado “Marea Naranja”
La sala de reuniones era un hervidero de gritos y discusiones. La facción civil del consejo de la aldea vociferaba su indignación, acusando al lado shinobi de incompetencia y negligencia, mientras los clanes más poderosos respondían con desdén. Aquellos clanes menores y las familias shinobi sin el estatus de clan se mantenían al margen, observando la batalla política, evaluando a qué bando apoyar.
En el centro de todo, la Hokage, Tsunade Senju, se mantenía en su asiento, con los ojos entrecerrados y una expresión de fastidio creciente. Sabía que tenía que escuchar a todos, pero la paciencia no era precisamente su mayor virtud.
—¡Esto es una vergüenza absoluta! —. Vociferó uno de los comerciantes más influyentes, un hombre de mediana edad de cabello canoso y vestimenta elegante.
—¡Un simple genin, un huérfano sin respaldo, logró saquear almacenes enteros sin que nadie lo detuviera! ¿Cómo pueden esperar que confiemos en la seguridad de nuestros bienes cuando un solo niño hizo lo que quiso sin consecuencias?—.
—¡Exactamente! —. Secundó otro mercante, golpeando la mesa con el puño.
—¿Y qué hay de los daños a nuestra economía? —. Intervino otro hombre de negocios, de semblante frío y calculador.
—¿Acaso creen que no sufriremos las repercusiones de esto? No solo perdimos mercaderías valiosas, sino que nuestros clientes y proveedores comienzan a dudar de la estabilidad de Konoha. Si la aldea no puede proteger nuestras inversiones, ¿por qué habrían de seguir confiando en nosotros?—.
Un murmullo inquieto recorrió la sala. Ese era un punto peligroso. Aunque los shinobi eran la columna vertebral de Konoha, la economía de la aldea dependía en gran medida del comercio. Si los inversionistas comenzaban a retirar su apoyo, la situación se tornaría aún más problemática.
Hiashi Hyūga, líder del clan Hyūga, cerró los ojos con una expresión de calma fría antes de responder con un tono medido, pero cortante.
—¿Acaso están insinuando que la seguridad de la aldea depende enteramente del cuerpo shinobi? —. Preguntó con una ligera elevación de ceja.
—Ustedes, comerciantes, llevan décadas amasando fortunas bajo la protección de Konoha, pero ahora que un incidente los perjudica, ¿buscan culparnos exclusivamente a nosotros?—.
—¡Es su trabajo! —. Replicó furioso un noble terrateniente, golpeando la mesa con furia.
—¿Para qué pagamos impuestos exorbitantes que van directo al financiamiento de las fuerzas shinobi, si ni siquiera pueden detener a un solo muchacho?—.
—Ustedes también tienen guardias privados, ¿no es cierto? —. Intervino Shibi Aburame con voz baja y calmada.
—¿Dónde estaban ellos cuando ocurrió el saqueo?—.
El comerciante abrió la boca, pero no encontró una respuesta inmediata, pues no quería demostrar que ahorraba dinero al no tenerlos, con la idea de que los shinobis que patrullaban la aldea eran suficiente.
—Lo que quiero decir —. Continuó Shibi, ajustándose las gafas.
—Es que si bien el cuerpo shinobi tiene una gran responsabilidad en la seguridad de la aldea, los comerciantes también han cometido errores. En lugar de reforzar las medidas de protección, han confiado ciegamente en que la aldea los resguardará de cualquier incidente. Y ahora, en cuanto ocurre una brecha de seguridad, buscan culparnos sin asumir ninguna responsabilidad propia—.
—¡Esto no es una cuestión de responsabilidad compartida! —. Gruñó otro comerciante, visiblemente frustrado ante el juego de culpas.
—¡Ustedes criaron a ese mocoso, lo entrenaron, le dieron las herramientas para hacer esto! ¡Y ahora somos nosotros quienes pagamos las consecuencias!—.
Los murmullos se intensificaron. Shikaku Nara, quien había permanecido callado hasta ahora, suspiró y se pasó una mano por la nuca, observando el caos con una mezcla de irritación y cansancio.
—Un genin recién graduado de 13 años burló todas nuestras defensas y saqueó la aldea. Sin embargo, parece que solo atacó lugares donde los antiguos reportes indican que fue tratado mal debido a su estatus como Jinchūriki—.
—¿Y qué? —. Intervino un comerciante, con el ceño fruncido y los nudillos blancos de tanto apretar los puños.
—¡El daño está hecho! Nuestros almacenes fueron saqueados, nuestras reservas médicas, destruidas—.
—¿Destruidas?. Se las llevó. No se encontraron las cosas en los escombros, lo cual es más preocupante—. Aclaro Inoichi.
El murmullo en la sala creció, algunos intercambiaban miradas incómodas, otros fruncían el ceño, pero nadie podía negar la verdad.
—Un niño que ustedes entrenaron —. Interrumpió un representante civil con evidente desdén.
—¿Ven el problema aquí, Hokage-sama? Ustedes crearon un arma y la dejaron descontrolarse. Ahora nos toca a nosotros pagar los platos rotos—.
Tsunade entrecerró los ojos, la paciencia desmoronándose.
—Si van a quejarse sin aportar soluciones, ahórrense el aliento —. Espetó, su tono gélido sofocando cualquier otra queja.
El civil abrió la boca para replicar, pero el silencio de los shinobi lo hizo dudar. Inoichi cruzó los brazos y miró a los comerciantes con severidad.
—Lo que deberíamos preguntarnos es, ¿cómo es que nadie se dio pudo detener al chico hasta que fue demasiado tarde? ¿Dónde estaban sus guardias privados? ¿Dónde estaban los sellos de seguridad en sus almacenes?—.
El comentario provocó incomodidad inmediata. Los comerciantes intercambiaron miradas incómodas.
Shikaku suspiró.
—Y hay algo más… Naruto no planeó esto con semanas de anticipación. Lo hizo en el instante—.
El silencio en la sala se volvió más denso.
—¿Cómo que “en el instante”? —. Preguntó Homura, ajustando sus gafas.
—Los informes de los ANBU y el Hokage confirman que creó los clones segundos antes de ser capturado —. Respondió Shikaku, con los ojos entrecerrados.
—Ellos fueron los que ejecutaron el saqueo. Eso significa que no fue un plan a largo plazo. Fue una reacción rápida… y efectiva—.
Los murmullos aumentaron.
—¡Eso es aún peor! —. Exclamó otro comerciante.
—¿Quieren decir que no solo es fuerte, sino que es capaz de idear un plan de esta magnitud en segundos?—.
—Y actuó en el peor momento posible para nosotros —. Añadió Koharu, con una mirada severa a Tsunade.
—Aún nos estamos recuperando de la invasión de Orochimaru. Buena parte de la fuerza shinobi estaba en misiones externas para aparentar que Konoha sigue fuerte. Nos atacó cuando éramos más débiles—.
Danzo, hasta ahora en silencio, finalmente habló.
—En otras palabras, Naruto Uzumaki no solo escapó… nos mostró cuán vulnerables somos —. Dijo con voz fría.
Tsunade frunció ligeramente el ceño, pero Danzo no pareció detenerse. Su mirada fría y calculadora recorría la sala, deteniéndose con especial énfasis en los shinobi y civiles. Sus único ojo visible, oscuro como la noche, brillaba con una intensidad que dejaba claro que no tenía la más mínima intención de ceder.
—El chico, actualmente retenido en una ubicación secreta para su protección, demostró ser leal a la aldea —. Continuó Danzo, su voz fría y cortante.
—Sin embargo, ustedes, tontos, piensan solo en sus beneficios económicos—.
La acusación fue directa, casi como una orden. Danzo sabía que las prioridades de los presentes no coincidían con la suya, y eso le molestaba profundamente. Su tono se volvió más incisivo, como un golpe que perforaba cada rincón de la sala.
—Arrinconaron al Jinchūriki, el arma de Konoha, hasta que se reveló. Durante toda su corta carrera como shinobi, no ha traído más que beneficios. Es un buen shinobi, aunque tonto dada su juventud, pero cumple su tarea como herramienta. Ahora lo ponen en contra de la aldea. Tontos… —. Gruñó Danzo, su mirada cortante fija en cada uno de los presentes, como si pudiera atravesar sus pensamientos.
Danzo no tenía tiempo para sentimentalismos. Él veía la utilidad de Naruto, no le gustaba su personalidad ni su falta de juicio en muchas ocasiones, pero aceptaba que su lealtad y potencial podían ser útiles. Naruto era una herramienta poderosa, aunque imperfecta, y en manos correctas, podría ser clave en la fortaleza de Konoha.
Cuando Danzo ascendiera como Hokage, esa lealtad inquebrantable sería la que le aseguraría tener a Naruto como un soldado fuerte y obediente, dispuesto a cumplir su rol en la sombra. Su mirada se endureció aún más al continuar.
—Konoha necesita un líderasgo que comprenda la importancia de controlar. La fortaleza es lo que nos da estabilidad, no sus tontas disputas por dinero que se puede recuperar. Ustedes deben entender que no podemos permitirnos vulnerabilidades, no con lo que está en juego—.
Danzo no tenía dudas de que, con el tiempo, Naruto sería valioso bajo su mando. La aldea, su aldea, sería más fuerte, más unificada bajo su control, y él no dudaría en utilizar las habilidades del Jinchūriki cuando llegara el momento. Aun si le disgustaba la actitud de Naruto, su utilidad era indiscutible. Al final, todo se reducía a poder, control, y el servicio a la aldea bajo su propia visión.
—El tema de Naruto se pospone —. Dijo con firmeza, su voz quebrando el silencio.
—Primero, la aldea debe terminar de investigar los informes sobre los tes cuerpos de los ninjas del Sonido y realizar las autopsias correspondientes, una vez reunido los informes de los participantes se analizaran y solo entonces podremos deliberar, una vez eso esté claro, se dará inicio cualquier acción que concierna a Naruto Uzumaki—.
El tono de Tsunade reflejaba la importancia de manejar la situación con cautela. No podía apresurarse a decidir el destino de Naruto sin antes obtener más información. Sin embargo, aunque sus razones para proteger al joven eran personales, también entendía la gravedad de la situación. Para ella, Naruto no solo era una herramienta, era alguien que merecía protección.
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Danzo POV:
Danzo permaneció en silencio mientras la sala seguía debatiendo. Era consciente de que este era un momento crucial, pero en su mente ya se había formulado un plan. Por una vez, estuvo de acuerdo con Tsunade. Desde el asenso de la mujer, su enfoque había sido siempre emocional con lo referente al chico y planeaba usarlo a su favor.
Sin embargo, para Danzo, Naruto Uzumaki no solo era un Jinchūriki valioso, sino también la clave para un futuro de poder absoluto en Konoha. El chico debía ser protegido, no por su bien, sino porque su existencia era esencial para los planes que Danzo ya tenía en mente.
/No puede caer en manos de los tontos/. Pensó, mirando fríamente a los presentes.
Si Naruto fuera simplemente desechado, ya fuera en prisión o eliminado, la aldea perdería una pieza clave de su fuerza. Sin un recipiente adecuado para el kyubi, dejar morir al chico era un desperdicio. No solo por el poder del kyubi, sino por lo que representaba, la posibilidad de restaurar el clan Uzumaki.
La historia de los Uzumaki estaba entrelazada con la historia de Konoha. La poderosa habilidad con los sellos y su resistencia genética eran activos esenciales que la aldea podría usar para asegurar su supremacía sobre las demás. Por eso, Danzo tenía un plan en mente que iba más allá de lo evidente: la Ley de Restauración de Clanes.
Danzo había comenzado a formular su política en silencio, sabiendo que la política de Konoha necesitaba cambios. Bajo su influencia, la Ley de Restauración de Clanes no solo revitalizaría a los Uzumaki, sino que también le daría a la aldea una oportunidad única para fortalecer su infraestructura shinobi de una manera que los demás no podían ni imaginar.
El plan era simple pero audaz, usar a Naruto como un “semental” para asegurar la continuación de los Uzumaki. El chico no era solo el contenedor de una bestia poderosa; su linaje era lo que realmente importaba. Danzo aprovecharía esta situación para involucrar a Naruto en una serie de alianzas con las mejores familias y clanes de la aldea.
Después de todo, los clanes necesitaban potenciarse, y la sangre Uzumaki con sus ventajas seria tentadora. Con el linaje Uzumaki restaurado, la aldea obtendría más poderosas alianzas y relaciones internas, incluso si fuera a través de matrimonios forzados y estratégicos con otros clanes de sangre fuerte.
Pero el verdadero objetivo de Danzo iba más allá de la política pública. A puerta cerrada, Danzo planeaba usar el nacimiento de los nuevos Uzumaki, los descendientes de Naruto, para su propio beneficio. En secreto, los miembros más poderosos de estos nuevos Uzumaki serían llevados a la raíz, donde Danzo los entrenaría y moldearía bajo su propia ideología, más allá del control de la aldea.
Estos nuevos Uzumaki serían leales solo a él, convirtiéndose en una fuerza mas para Konoha. Con el tiempo, Danzo se aseguraría de que esas nuevas generaciones de Uzumaki estuvieran alineadas con sus propios intereses.
/Una aldea más fuerte, un control más férreo/. Se dijo a sí mismo.
Si lograba que la Ley de Restauración de Clanes fuera aprobada, se aseguraría de que las generaciones de Uzumaki estuvieran unidas bajo su control. Y, mientras tanto, Naruto seguiría siendo la pieza central de su jugada.
El Jinchūriki, con su linaje y su lealtad a la aldea, sería la herramienta perfecta para llevar a cabo este plan. Durante al menos un año, Danzo permitiría que Naruto sirviera como el “heredero” visible de los Uzumaki, mientras en secreto, le daba la oportunidad de criar una nueva generación de guerreros, que estarían bajo su supervisión y entrenamiento. Konoha ganaría tanto poder político como militar, sin que los demás supieran que el verdadero control estaba en las manos del viejo halcón de guerra.
Mientras Tsunade seguía defendiendo a Naruto, Danzo se mantenía en silencio, sabiendo que, tarde o temprano, sus planes tomarían forma. Al final, lo que importaba era que Konoha estuviera más fuerte que nunca, y para eso, no importaba lo que tuviera que hacer. La aldea debía seguir existiendo para que él pudiera liderarla.
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Naruto Pov:
Una semana había pasado desde que me metieron en la celda, pero para mí, el tiempo dentro de ella había sido totalmente diferente. Gracias a la matriz de dilatación temporal, sentía que habían pasado 126 días. El tiempo se estiraba de manera absurda. Mientras que afuera apenas había transcurrido una semana, dentro había vivido aproximadamente cuatro meses.
La primera etapa fue simple. Usé las píldoras que había fabricado en Konoha hasta que se agotaron en el día 100. Después, me vi obligado a recurrir a los recursos que había saqueado en el mi ataque a la aldea. Tenía provisiones guardadas en mi sello, lo que me permitió mantenerme durante este tiempo.
Los alimentos que tenía almacenados eran ingredientes alquímicos, por lo que podría crear píldoras alimenticias simples. Pero el espacio en mi celda estaba limitado y, con la matriz de dilatación temporal ocupando todo, no podía formar la matriz para fabricarlas, asi que tenia que usar las cosas que me lleve.
Después de haber formado con éxito un circuito espiritual y formar mis tres Dantian.
/Eso casi me mata/. Pensé con ironía.
Comencé a cultivar durante aproximadamente 70 días. Durante ese tiempo, absorbí Qi para fortalecer mi cuerpo. Mi resistencia, dureza y densidad aumentaron considerablemente, superando lo que era posible para un shinobi común. Mi herencia Uzumaki ya me daba una base sólida, pero ahora, con el cultivo, había triplicado mis capacidades anteriores.
/No sé si mi dedo de oro me convirtió en un prodigio o qué, pero avanzo mucho más rápido de lo que debería, excepto para esos genios de las historias que solía leer/
Mientras tanto sentía cómo el qi de mi Dantian se era formado a partir del chakra natural del ambiente, fortaleciendo mi cuerpo. A pesar de que aún llevaba los daños de más de una década de desnutrición pues el Naruto original nunca tuvo a alguien que le enseñara o inculcara costumbres saludables, sabía que podría repararlos antes de llegar a la etapa de condensación de mi núcleo dorado.
Mi plan a futuro cuando saliera de aqui, además de mejorar mi cuerpo, era purificar mi genética, profundizando mi linaje Uzumaki. Necesitaba un cuerpo a la altura para condensar el núcleo de Qi y ascender al nivel del Reino Celestial. Pero para eso, necesitaba bases fuertes. Mi cuerpo, en esos 70 días, pasó de ser tan frágil como la carne más común a tener la dureza del cobre y hora, ya era como el hierro, una representación palpable de cuán fuerte se estaba volviendo mi cuerpo. Era una muestra clara de mi progreso en el cultivo.
Mi camino sería largo, aún me faltaba mucho. Debería pasar por las etapas de bronce y plata hasta llegar al oro, donde finalmente podría condensar mi núcleo. Era un proceso que tomaría tiempo, pero sólo un cuerpo de nivel oro sería lo suficientemente fuerte para soportar la formación de un núcleo dorado. Pero eso era lo que perseguía, y no iba a detenerme.
Me había estancado. Limité mis avances debido a la imposibilidad de crear píldoras para mejorar mi cultivo, purificar mi cuerpo y varias otras cosas. Esta celda, por más que me había permitido todo lo que había logrado hasta ahora, empezaba a ser un obstáculo para mi potencial. Sabía que no podía irme todavía, debía aprovechar al máximo lo que quedaba de la dilatación temporal. Si me quedaba aquí, debía aprovechar cada segundo.
Por eso, decidí buscar métodos alternativos para seguir cultivando. Necesitaba descubrir mi afinidad elemental, algo clave para centrar mi cultivación. No podía seguir cultivando sin saber cuál era el camino adecuado para mí. Si intentaba cultivar varias formas a la vez, mi base sería débil e inestable. Lo mejor sería concentrarme en una sola forma, perfeccionarla y dominarla. Con ese objetivo en mente, tomé el pergamino, la tinta y el pincel.
Con paciencia, comencé a copiar la matriz del libro de cultivación. Era una matriz simple, aquella que las sectas usaban para evaluar las afinidades de sus discípulos. Dibujé cada línea con precisión, asegurándome de no cometer ningún error. Mientras lo hacía, pensaba para mis adentros:
/Cada vez entiendo un poco más de las matrices, lentamente voy comprendiendo qué hacen, al menos con las simples./
Cuando terminé, infundí el pergamino con Qi, dejando que la matriz hiciera su trabajo. Una vez activada, dejé caer una sola gota de sangre sobre el pergamino. El símbolo de madera apareció lentamente, y al ver el resultado, solté un bufido .
— Es obvio, siendo el transmigrante de Asura actual y Hashirama el anterior, supongo que tengo el potencial por el chakra de Asura. Pero también tengo el ADN de Moegi, podría usarlo para aumentar aún más mi afinidad, pues ella tendria el Mokuton es por genética… —. Murmuré, pensando en un proyecto futuro.
Revisé el libro de cultivación con creciente interés. En sus páginas se desplegaban cientos de técnicas centradas en aquellos afines a la naturaleza y la madera. Aunque no coincidían exactamente con el mokuton en su forma más pura, esas técnicas me ofrecerían la posibilidad de desarrollar una afinidad mucho más profunda con la naturaleza en general.
No solo servirían para reforzar mi conexión con la madera, sino que también fortalecerían mi cuerpo, adaptándolo de manera única para recibir y canalizar esos poderes. Cuanto más leía, más me sumergía en sus complejidades, hasta encontrar una que me diera las mejores ventajas en corto tiempo.
Entre todas las técnicas que estudié, una se destacó por encima de las demás. Era arriesgada, un desafío para cualquier cultivador, pero los beneficios que prometía eran inconmensurables. La técnica, conocida como “Semilla Parasitaria Espiritual”, no solo se centraba en fortalecer la afinidad con la naturaleza, sino que también requería una vitalidad excepcional y, más crucial aún, el apoyo de un alquimista experto para preparar las píldoras necesarias durante las fases avanzadas del proceso.
Sin esas condiciones, la técnica podría resultar en un fracaso rotundo. Sin embargo, sabiendo que mi propio cuerpo era capaz de superar los desafíos de la vitalidad por ser un Uzumaki, y con mi libro de alquimia, supe que tenía las condiciones necesarias para intentar llevarla a cabo.
—La técnica comenzaba con una semilla común—. Murmure extrayendo una semilla de cedro del sello.
Tomé una de las semillas, aparentemente inofensiva. A continuación, me concentré, y canalice mi qi con cuidado mientras sostenía la semilla entre mis manos. La energía natural a mi alrededor comenzó a fluir hacia mí, siguiendo el curso de mi respiración, y la semilla empezó a responder al Qi que yo le ofrecía. Al principio no pasó nada, pero pude sentir cómo algo comenzaba a moverse dentro de ella.
Lo primero que sucedió fue que la semilla empezó a brillar tenuemente, como si fuera absorbida por una fuerza invisible. Sabía que este era el primer signo de que el Qi estaba afectando a la semilla, permitiéndole transformarse. La semilla, al recibir este Qi, comenzó a tomar una forma más sólida y densa, y su estructura interna se empezó a modificar, como si estuviera siendo impregnada por una energía espiritual.
Con cada día que pasaba, la semilla crecía en tamaño y en fuerza, una ligera presión comenzaba a acumularse en mi interior, como si estuviera formando algo vivo dentro de mí. La conexión simbiótica con la semilla también se iba haciendo más fuerte; sentía cómo mi Qi era absorbido por ella, y a cambio, esa energía fluía de vuelta hacia mí, aumentando mi afinidad con la naturaleza.
A medida que la semilla se desarrollaba, pude sentir que algo más comenzaba a formarse dentro de ella, algo más allá de la simple vegetación. Se estaba transformando en una entidad espiritual, creciendo bajo la influencia de mi Qi. No solo estaba absorbiendo energía, sino que la semilla se estaba volviendo más “viva”.
En el día 200 de mi aislamiento, con la dilatación temporal del espacio que me rodeaba, sentí que la semilla había crecido lo suficiente durante mi cultivación, como para avanzar al siguiente paso. Con dudas y cierto temor, la tragué, dejando que su energía comenzara a moverse dentro de mí.
—Es todo o nada…—. Me dije a mi mismo pues a partir de ese momento, comencé a cultivar intencionadamente para forzar su crecimiento, para que se aferrara a mi ser y se convirtiera en un parásito, tal como lo indicaba la técnica.
Sabía que esto era una apuesta arriesgada, pero el potencial que ofrecía la simbiosis era demasiado tentador.
En el día 230, los efectos fueron innegables. Mi Qi comenzó a ser absorbido lentamente por la semilla, y la sensación de agotamiento se hizo más intensa. Mi cultivo ya estancó empeoro, y la velocidad de mi avance se redujo drásticamente. El proceso se volvía cada vez más lento, como si todo mi cuerpo estuviera siendo drenado poco a poco.
La semilla, sin embargo, no se rendía. En lugar de consumirme completamente, empezaba a adaptarse a mí, cambiando de naturaleza. El parásito comenzó a convertirse en una entidad simbiótica, absorbiendo mi Qi de manera más eficiente y, como resultado, enviando su energía de vuelta para fortalecerme.
A lo largo de las semanas, la simbiosis se fue consolidando. Lo que antes era un parásito comenzó a transformarse, y pude sentir cómo sus raíces espirituales me fortalecían gradualmente. Cada vez que la semilla absorbía más Qi, sus raíces espirituales se expandían, creando una conexión más fuerte entre nosotros.
Mi afinidad con la naturaleza comenzó a incrementarse, no solo en lo que respecta a mi cultivo, sino también con el chakra. De hecho, decidí realizar una prueba con una bellota que había guardado en mi sello. Usando un poco de mi chakra, la dejé absorberlo, sintiendo una leve punzada de dolor debido a la tecnica de sellado de esta prición para evitar el uso de chakra.
Sentí una respuesta clara por parte de la semilla; había despertado el mokuton.
—Más débil que el de Yamato, pero a diferencia de él, yo podría crecer tal vez más allá de lo que fue Hashirama—. Fue mi emocionado murmullo.
El proceso no fue inmediato ni explosivo, pero la confirmación fue innegable. La semilla no solo me había conectado más profundamente con la naturaleza, sino que también había despertado mi capacidad para controlar la madera. Esa pequeña interacción con la bellota, aunque aparentemente insignificante, me ofreció una nueva comprensión de mi poder.
La semilla había evolucionado en una planta espiritual, y su influencia sobre mí seguía creciendo. Mi cuerpo se volvía cada vez más apto para la absorción de Qi, y, a medida que alimentaba la semilla, esta se nutría de mi energía mientras, en retorno, me otorgaba mayor afinidad con los elementos de la naturaleza.
Sabía que no podía detenerme aquí. El proceso acababa de comenzar. Si continuaba alimentando la simbiosis con más Qi y energía, la semilla podría crecer hasta convertirse en una bestia demoníaca, tal como prometía la técnica. De ahí, el siguiente paso sería la transformación en un espíritu demoníaco, un poder que podría integrar completamente en mi cuerpo, permitiéndome avanzar aún más en mi cultivo. Todo dependería de cuán bien pudiera manejar la simbiosis y de cómo utilizara la fuerza de la semilla a mi favor.
—Te bautizo como Nordrassil, en el futuro superarás al Shinju y serás la corona de los cielos para este mundo—. Susurré a mi nuevo compañero.
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Omake:
—Hijo mío, el día que naciste, hasta los bosques de Konoha susurraron tu nombre, Naruto—. La voz resonó en la mente de Naruto como un eco profundo, una voz familiar que lo llamaba desde el pasado. Era la voz de Minato, su padre, pero ya no era la voz cálida que alguna vez lo había guiado. Ahora, sonaba como una condena, un susurro de lo que había quedado atrás.
Naruto cerró los ojos por un momento, como si pudiera sentir el peso de la nostalgia, de lo que alguna vez fue. La sombra del hombre que fue, el hijo de Konoha, ya no existía. En su lugar, estaba algo mucho más grande, mucho más oscuro. El cuerpo que una vez conoció, la carne que alguna vez palpitó con su energía vital, se había desvanecido. Solo quedaba la forma de un hombre que había renacido en una abominación, el Rey Lich.
—Mi querido padre… ¿Acaso creías que tu sacrificio sería suficiente para detenerme? No… Yo he trascendido todo eso—. Susurró Naruto, su voz tan fría como el viento que azotaba la tierra helada.
Con pasos firmes, avanzó por lo que alguna vez fue el País de la Nieve, ahora reducido a un páramo helado. Los ecos de la masacre que él mismo había desatado aún se sentían en el aire, como una niebla pesada. Las montañas, antes imponentes, ahora parecían figuras fantasmales cubiertas de nieve y hielo, sin vida, sin alma. El viento llevaba consigo los restos de un pasado arrasado, un mundo que había dejado atrás.
Al mirar sus manos, El El Rey Lich ya no era Uzumaki Naruto. El niño que una vez soñó con la ingenua paz y la unidad de forma errónea había quedado atrás. Ahora, solo quedaba el soberano de la muerte, un ser que gobernaba sobre la helada oscuridad.
Se detuvo al llegar a un acantilado, donde el hielo y la nieve se extendían hasta donde la vista alcanzaba. Frente a él, yacía la figura colosal de Manda, la serpiente gigante que una vez fue un aliado en la guerra. Estaba inmóvil, cubierta por capas de hielo, como si el tiempo hubiera detenido su existencia. Pero no para siempre.
Naruto levantó la espada maldita, Frostmourne. El arma brilló con un aura oscura, como si tuviera hambre, una sed insaciable por consumir almas. Con un solo gesto, la energía necrotica de El Rey Lich comenzó a fluir a través de la espada, y el suelo bajo sus pies tembló.
—Resurges…—. Dijo El Rey Lich en voz baja, mientras la espada brillaba con una luz morada.
—¡Despierta, Manda! Ven y sirve a tu rey una vez más—. Exigió El Rey Lich.
Con un rugido ensordecedor, la serpiente emergió del hielo, desmoronando la capa que la cubría. Su cuerpo se retorció, como si despertara de un sueño profundo, y su inmenso tamaño dejó una sombra que oscureció todo a su alrededor. El rugido de Manda resonó en la tierra, retumbando a través de las montañas.
—Mi voluntad es la ley—. Murmuró El Rey Lich, su mirada fija en la serpiente que ahora se alzaba ante él, como un fiel servidor de la muerte.
Con un movimiento de su espada, Naruto dirigió su poder hacia el ejército de muertos que yacía bajo su mando. Su energía necrotica fluía, y de las sombras emergían millones de cuerpos sin alma. No eran hombres ni mujeres, ni siquiera sombras de lo que fueron. Eran solo esqueletos y carne podrida, moviéndose bajo el control de su voluntad.
Con cada movimiento de la espada, más y más cadáveres se alzaban, construyendo una legión imparable. A su alrededor, todo comenzaba a tomar forma. En su mente, el plan ya estaba claro. La muerte sería la única ley. No quedaba esperanza, no quedaba futuro. Todo caería bajo su sombra.
—La vida ha sido una herida abierta durante demasiado tiempo—.Dijo El Rey Lich, mientras observaba cómo el ejército de muertos tomaba forma.
—Y yo, el Rey Lich, seré el que la cierre. La muerte unirá todo, y los Devoradores no encontrarán piedad—.
Con un movimiento de su mano, las legiones de muertos comenzaron a marchar, siguiendo su comando sin cuestionarlo. Miles de muertos caminaban bajo su mandato, cubriendo el mundo con su presencia.
Pasaron dos décadas. El mundo había cambiado por completo. El cielo estaba oscuro, una capa de nubes interminables cubría todo. Las abominaciones no-muertas de El Rey Lich habían edificado una vasta ecumenópolis, una ciudad construida sobre los huesos de lo que alguna vez fue la vida. Cada metro del planeta estaba cubierto por estructuras inorgánicas y frías, como monumentos a la muerte.
Cuando los Otsutsuki llegaron, ya no encontraron vida. Solo encontraron un mundo congelado, dominado por la muerte. Intentaron acercarse, pero antes de poder aterrizar, fueron atacados por los cañones planetarios que disparaban energía necrotica. Varios de los Otsutsuki cayeron antes de siquiera poder responder al ataque. El mundo ya no era suyo.
—Este es el fin para ustedes— . Dijo El Rey Lich mientras observaba desde su trono de huesos, su voz llena de una calma mortal.
—Este mundo está sellado con mi poder. No hay lugar para la vida—.
Para aquellos que lograron aterrizar, la batalla fue un infierno. Abominaciones muertas y poderosos lichs que usaban el chakra para crear jutsus tan fríos como el cero absoluto masacraron a los invasores. Los antiguos kages y ninjas de nivel S ahora los caballeros de la muerte del Rey Lich, se alzaron para luchar, usando sus habilidades para destruir las fuerzas de los Otsutsuki.
En medio de la batalla, El Rey Lich observó con indiferencia desde su torre. No había nada que lo sorprendiera. Había unificado el mundo, preparándolo para la llegada de los Devoradores. Su plan había sido exitoso, y la muerte reinaba en este nuevo mundo. Nadie, ni siquiera los poderosos Otsutsuki, podría detener lo que él había comenzado.
—El ciclo está completo— . Murmuró Naruto para sí mismo, mientras la batalla se desataba a sus pies.
—La muerte es mi reino. Y en él, todo será consumido—.
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Naruto ahora puede cultivar, ¡hurra! Nuestro querido protagonista está más fuerte, esperemos que cuando decida salir sea lo suficientemente poderoso. Además, tengo planes para el árbol que tiene, así que esperemos que todo salga bien.
Konoha está cayendo a pedazos políticamente. Naruto fue la gota que derramó el vaso y Danzo… ¿es más pragmático? ¿Qué podría pasar ahora? Esperemos el siguiente capítulo.
Una ecumenópolis es una ciudad que ocupa la totalidad de un planeta, continente o área muy extensa, integrando todas sus regiones y ecosistemas en una única urbe. Es un concepto futurista que describe una megaciudad tan grande que cubre por completo la superficie del planeta. Se asocia comúnmente con escenarios de ciencia ficción, donde el desarrollo tecnológico permite la creación de entornos urbanos que abarcan todo un mundo. Este término se utiliza, por ejemplo, en obras de ciencia ficción como Trantor en Fundación de Isaac Asimov.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com