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Cultivador mediocre en naruto - Capítulo 7

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Capítulo 7: Escape

Descargo de responsabilidad (Disclaimer)Los personajes y el universo de Naruto son propiedad exclusiva de Masashi Kishimoto. Esta historia es un trabajo de ficción sin fines de lucro, creada únicamente con fines de entretenimiento. Cualquier similitud con la historia original es intencional y se utiliza para construir una narrativa alternativa o expandir el mundo existente. No tengo ninguna afiliación con el autor o con las empresas que poseen los derechos de la franquicia.

— Personaje hablando —

/ Personaje pensando /

Kazuo era un guardia común, un simple miembro del clan Tenrō cumpliendo con su deber en el Castillo Hōzuki. Como dictaba la tradición, todos los miembros mayores de dieciocho años debían pasar al menos dos años sirviendo como guardias antes de seguir con sus vidas. Era un sacrificio que su familia, aunque pequeña, siempre había cumplido.

Mui, el actual alcaide, era el único que conocía los secretos de su clan, transmitiéndolos solo al próximo líder. Pero a Kazuo esas cosas no le importaban. No tenía ambiciones, solo quería hacer su trabajo, cumplir con su deber y después irse a casa a vivir una vida normal.

Sin embargo, desde la llegada de un nuevo prisionero, las cosas habían dejado de ser normales.

El chico venía de Konoha, pero nadie le explicó a Kazuo por qué se le trataba de manera especial. No era uno de esos criminales de guerra ni un traidor peligroso, pero se les ordenó mantenerlo en confinamiento solitario y tratarlo con más cuidado que a otros prisioneros. A cambio de qué, él no lo sabía, ni quería saberlo. La política de las aldeas ocultas y los tratos entre shinobi y daimyō siempre le habían parecido turbios. Él solo era un guardia.

Su mala suerte fue haber sido asignado como el encargado de alimentar al chico.

Un niño. Porque eso era, al menos cuando llegó. No debía tener más de trece o catorce años. Kazuo sentía repulsión al ver cómo esas aldeas shinobi entrenaban niños soldados. Pero, ¿qué podían hacer ellos, los clanes comunes? Esos psicópatas asesinos eran patrocinados por los daimyō, permitiendo que esas aldeas de asesinos existieran a cambio de protección.

/Maldita sea la política/. Pensó más de una vez. Pero nunca lo dijo en voz alta. Esas eran cosas que solo se discutían con unos tragos de sake entre amigos.

Al principio, el chico no parecía fuera de lo común. No habló, no protestó, ni intentó escapar. Solo comía en silencio y pasaba los días en su celda. Pero entonces, Kazuo empezó a notar algo extraño.

La primera vez que lo vio después de unos días de la llegada, el cambio fue sutil. El rostro del niño ya no tenía esa redondez infantil. Estaba más delgado, con el cabello ligeramente más largo, sus rasgos más afilados. Podía ser solo una impresión, tal vez el estrés o la soledad lo estaban desgastando.

Kazuo llevó sus inquietudes al alcaide Mui, esperando que al menos él tuviera una explicación. Pero lo único que obtuvo fue una orden para quedarse callado.

—Linajes. Asuntos de aldeas. No es de tu incumbencia —. Dijo Mui con su voz grave y cansada.

Kazuo no insistió. Aprendió desde joven que cuestionar a los superiores nunca traía nada bueno. Así que calló y siguió con su deber. Pero cada vez que abría esa celda para dejar la bandeja de comida, un escalofrío recorría su espalda.

La siguiente semana, el cambio era imposible de ignorar. El niño había adelgazado aún más, su cabello ahora caía sobre sus hombros en mechones desordenados. Sus ojos carecían de ese brillo juvenil, ahora contaban con una intensidad apagada, como la de los prisioneros que pasaban meses en confinamiento.

/Esto no tiene sentido, ha pasado una sola semana. Nadie cambia tanto en tan poco tiempo/. Pensó Kazuo.

Intentó ignorarlo. Quizás solo estaba imaginando cosas. Pero para la tercera semana, el niño ya no parecía un niño. Su rostro tenía una madurez imposible para alguien de su edad. Sus extremidades se habían alargado, sus músculos parecían más definidos. Era como si en lugar de semanas, hubieran pasado meses o incluso un año.

/Esto es absurdo/. Pensó asustado. Para cuando pasó un mes, el niño ya no lucia como un niño de la edad con la que llego.

Su cabello caía en desorden por su espalda, su mandíbula era más angulosa, su cuerpo más alto y definido. Su postura había cambiado, sus ojos… Sus ojos no eran los de un adolescente de catorce años. Eran los de un hombre que había pasado demasiado tiempo sin interacción humana.

Kazuo apretó los dientes al ver esa mirada. Era la misma que tenían los prisioneros que llevaban años encerrados, la de aquellos que habían perdido la noción del tiempo.

/Esto está mal. Algo está muy mal/. Se repetia asi mismo impotente

Si no fuera porque el sello de la Prisión Celestial seguía activo en la piel del muchacho, Kazuo habría creído que se trataba de un impostor. Pero eso era imposible. El sello impedía el uso del chakra y alertaba ante cualquier fuga. Nadie podía escapar. Nadie podía usar jutsus.

Y, sin embargo, el chico había cambiado. Un día, mientras le entregaba los alimentos, lo vio sentado en el fondo de su celda, con la mirada profunda, como si ya no fuera humano. Kazuo se estremeció al ver ese cambio; era como si fuera otra persona, alguien distinto al que había entrado allí solo un mes atrás.

Kazuo dejó la bandeja en el suelo y salió de la celda lo más rápido que pudo. No era su problema. No debía cuestionarlo. Solo tenía que seguir órdenes.

Aunque en el fondo sabía que algo terriblemente malo estaba sucediendo.

(Recuerden que los shinobis maduran de manera peculiar. Piensen en Itachi durante la masacre; tenía apenas 13 años, pero se veía como si tuviera más de 20.)

—————————————————————————————————————————-

Naruto POV:

Un año y medio había pasado para mí. En esta prisión, la soledad era una constante, una sombra que se cernía sobre cada rincón de mi ser. Sin contacto humano, sin poder intercambiar ni una sola palabra, lo único que me mantenía medianamente cuerdo era la meditación.

—Ahora entiendo por qué los cultivadores de alto nivel terminan actuando como lo hacen, por qué se vuelven locos, megalómanos, incluso psicópatas. Pasar tanto tiempo en completa comunión, buscando alcanzar una iluminación que los impulsara a avanzar en la cultivación, parece destruir la mente de cualquiera. Nadie en su sano juicio se sometería a algo así—. Gruñí, sintiendo la locura rasgar las paredes de mi conciencia.

Pero usando la fuerza de voluntad heredada de Naruto, aplasté esos pensamientos, negándome a dejar que la locura me arrastrara por completo. Sabía que no saldría impune de este lugar, sabía que tendría secuelas, pero no me convertiría en uno de esos locos. Con un gruñido, me concentré en las revelaciones que había obtenido aquí, en lo que había logrado durante este tiempo.

Durante este periodo, llegué a comprender muchas cosas. Naruto Uzumaki no era normal. Mi capacidad para soportar el dolor había alcanzado un nivel sobrenatural. El sufrimiento que atravesaba mientras construía mis circuitos espirituales era algo que mi yo anterior nunca habría podido resistir. Sin embargo, el cuerpo y la memoria de Naruto me permitieron soportar este sufrimiento inhumano. Naruto era realmente un loco, pero también alguien excepcional.

Me estiré y comí lo que sería mi penúltima comida. Ahora que la matriz había colapsado hacía un par de días, había alcanzado mi objetivo. Todo este tiempo cultivando me otorgó una comprensión mucho más profunda de lo que era el Qi, cómo fluía y cómo podía controlarlo dentro de mí.

Esta revelación me permitió entender mejor la energía que ahora formaba parte de mí. El sufrimiento que Naruto había soportado, junto con todo lo que había aprendido, me ayudó a comprender mejor esta vida que había adoptado como propia.

Dejé que el Qi comenzara a circular por mi cuerpo una vez más. Sentí cómo fluía a través de mis canales, cómo mis células vibraban con la energía. Ya no era una persona común. Había trascendido la mortalidad, alcanzando un nivel avanzado en la condensación de Qi, con una técnica de cultivo definida.

Mi capacidad de curación había mejorado considerablemente, complementando la acelerada regeneración que mi cuerpo ya obtenía por ser un Uzumaki. Mi fuerza física había alcanzado el nivel de un ninja entrenado. Si tuviera que compararlo con alguien de mi pasado, diría que mi fortaleza, sin el uso de chakra, estaba a la par con la de Rock Lee, pero sin pesas.

¿Y si pudiera usar chakra? Eso era algo que aún no podía responder. Necesitaba liberarme de este sello y experimentar, ver cómo mi cuerpo respondía al refuerzo del chakra. Pero por ahora, todo era especulación. El dolor que sufría al intentar liberar mi chakra me recordaba lo limitado que estaba, lo lejos que aún tenía que llegar.

Sonreí ante un pensamiento erróneo que había tenido en mi vida pasada. La gente común pensaba que Rock Lee no poseía chakra, pero la verdad era que sí lo tenía. No podía usar ninjutsu ni genjutsu, pero aún así podía utilizar su chakra, de una manera diferente, enfocándolo únicamente en el refuerzo físico.

Su increíble fuerza provenía del entrenamiento físico, usando su chakra exclusivamente para potenciar su cuerpo. Yo, de alguna manera, había alcanzado ese nivel, pero a través del Qi. Si usara el Qi para reforzarme, no dudo que estaría cerca de un Jounin en términos físicos. Y si además pudiera usar chakra para llevar mi cuerpo aún más lejos, podría igualar a Kakashi de Shippuden, después de que regresara de su entrenamiento.

Sin embargo, todo esto solo eran conjeturas, pensamientos que flotaban en el aire, hasta que pudiera salir de este lugar y realmente probar mis límites.

/Este confinamiento debe terminar pronto… y cuando lo haga, lo descubriré de una vez por todas/. Pensé con determinación.

Con ese pensamiento en mente, saqué el pincel de mi sello y observé los restos de la matriz de dilatación temporal. Había colapsado después de un año y medio de uso constante. Los símbolos, que en su momento fueron claros y brillantes, ahora estaban completamente desgastados, ilegibles.

/No puedo dejar que todo esto dependa de la suerte/. Me dije mientras tomaba una decisión.

Rápidamente comencé a trazar una nueva matriz, una matriz explosiva simple pero poderosa, diseñada para detonar en exactamente cinco horas después de mi partida, destruyendo toda la celda con su implosión.

La matriz explosiva había sido mi única preocupación hasta ese momento, pero ahora debía pensar en algo aún más importante. Con una concentración feroz, comencé a trabajar en la matriz de transferencia. Esta técnica, utilizada por cultivadores, estaba diseñada para liberar a los discípulos que habían sido sellados con poderosas y complejas técnicas de sellado. La transferencia consistía en mover el sello de un individuo a un animal o objeto, quien luego sería sacrificado para aprender del sello, liberando así al discípulo de sus ataduras.

La técnica de transferencia había sido desarrollada por la existencia de cultivadores que, en su mezquindad, veían a los aprendices de otras sectas como amenazas. Para evitar que estos prometedores discípulos enemigos crecieran, estos cultivadores sellaban los talentos de los discípulos enemigos.

Sin embargo, un sabio anciano había creado esta matriz para permitir que el sello fuera transferido sin derramamiento de sangre, evitando así sangrientas batallas entre sectas y otorgando a los discípulos la oportunidad de escapar de sus ataduras.

Cuando terminé de trazar la matriz de transferencia, me di cuenta de que estaba cerca de la hora en que me entregarían mis alimentos. Miré la matriz explosiva con satisfacción y la matriz de transferencia con una sonrisa.

/Si todo sale como lo planeo, esta será mi oportunidad/. Pensé mientras me preparaba para actuar.

El guardia apareció abriendo la trampilla, dejando caer mi ración de comida. Aproveché el momento. Extendí la mano rápidamente, tomándolo por sorpresa, y con un par de golpes rápidos contra la puerta, el guardia cayó inconsciente. Usando mi fuerza recién adquirida, arranqué la puerta de mi celda con el mínimo ruido posible, evitando alertar a los demás guardias.

/Ahora o nunca/. Me dije mientras me aseguraba de no hacer ruido.

Una vez que logré abrir el camino, coloqué al guardia dentro de la matriz de transferencia. Activé la matriz , transfiriendo el sello del “Elemento Fuego: Prisión Celestial” de mi torso al torso del guardia. En cuestión de momentos, sentí cómo el sello de la prisión pasaba de mi cuerpo al suyo, dejándome libre por fin para usar chakra.

Finalmente, decidí crear un clon de sombra para comenzar la exploración de la prisión. Pero tan pronto como intenté invocar el clon, fruncí el ceño ya que en lugar de uno fueron invocado 4.

—Mi control de chakra es un desastre, es incluso peor que antes—. Gruñi, frustrado, mientras observaba como mi mejor jutsu fallaba.

Usé los clones de sombra de una manera diferente. Los transformé en pequeños animales, ya que, al ser entidades de chakra y no seres sólidos, podían moldear su forma. Siendo reales y no solo ilusiones, esta transformación en pequeñas criaturas, como ratas, les permitió moverse por los pasillos de la prisión sin ser detectados, pasando completamente desapercibidos.

/Estos clones tienen que explorar y mapear la prisión rápidamente/. Pensé mientras los veía moverse con agilidad por cada rincón del lugar. Ellos se adentraron en las profundidades de la prisión, listos para recopilar información crucial sobre el terreno y los guardias.

No podía perder tiempo, así que decidí hacer lo siguiente. Usé un henge en mí mismo, tomando la forma de uno de los guardias. Desperté con un salto, imitando perfectamente la postura y la presencia de la figura de autoridad. Miré al guardia que aún estaba inconsciente y, cuando sus ojos se abrieron, los encontré llenos de miedo.

—Mira esos símbolos —. Le dije en voz baja, señalando las marcas de la matriz que la gente de este mundo confundiría con fuinjutsu que cubrían las paredes.

—Son fuinjutsus, y detonarán si haces ruido o sales de aquí. Tienes cuatro horas exactamente antes de que se apaguen, y entonces serás libre. No te haré daño, pero depende de ti, ¿entiendes? —. Mentí con calma, dejando que un poco de sadismo se reflejara en mi tono mientras me alejaba.

El guardia, completamente confundido y asustado, no dijo nada. Solo me observó, incapaz de comprender la situación en la que se encontraba. /Es exactamente lo que necesito/. Pensé mientras me alejaba, dejando atrás a un guardia desconcertado y temeroso.

El primer clon se disipó rápidamente, habiendo explorado las cocinas vacías y dándome una pista clara del camino que debía seguir. Caminé tranquilamente, llevando las bandejas con el propósito de no levantar sospechas. Debido al horario, no había nadie en el área. Con discreción, utilicé el sello en mi palma para robar todo lo que pudiera considerarse ingrediente alquímico, suministros y comida.

No había tiempo para perder, y esos elementos me serían útiles para lo que estaba por venir. El resto de los clones se disiparon al cumplirse su propósito.

Sabía que la oficina de Mui estaba cerca, pero no fue una prioridad. Mi clon no encontró ningún pergamino de sellado, lo cual era una decepción, pero no era el fin del mundo. No obstante, la Caja de la Dicha una tentación innegable, pero no podía llevarla conmigo. No era el momento adecuado; se quedaría en espera, una tarea para más adelante, cuando tuviera los medios necesarios para enfrentar lo que contenía.

Sin embargo, un clon encontró lo que realmente estaba buscando, una de las torres que daban a un precipicio en lo alto de una cadena montañosa. El lugar se veía perfecto. Caminé hacia allí con mi henge de guardia, manteniendo una expresión neutral a pesar del latido acelerado de mi corazón. La apariencia lo era todo en una fuga como esta.

Al llegar a la torre, inspeccioné los alrededores con atención. No había guardias a la vista, ni señales de vigilancia inmediata. Me acerqué al borde del precipicio, observando la inmensa extensión de montañas y valles que se extendían más allá de la prisión. Era un terreno agreste, peligroso, pero ofrecía la oportunidad perfecta para desaparecer.

/Este es el momento/. Pense al no notar guardias cerca en este momento.

Sin dudarlo, flexioné las piernas y canalicé chakra y Qi en mi cuerpo, impulsándome con toda la fuerza que tenía. Salté, lanzándome en el aire con un impulso que me hizo surcar la distancia con una velocidad impresionante. El viento aulló en mis oídos mientras descendía, mi cuerpo cayendo en picada hacia las empinadas laderas de la montaña.

Giré en el aire y aterricé con un impacto amortiguado, absorbiendo la fuerza de la caída con las piernas. La dureza del suelo apenas fue un obstáculo; mi cuerpo, más fuerte que nunca gracias al Qi y la resistencia natural de los Uzumaki, soportó el aterrizaje sin problemas.

No me detuve. En cuanto mis pies tocaron tierra, me lancé a correr. Mis pasos eran veloces y ligeros, desplazándome a través del terreno montañoso con agilidad inhumana. Saltaba de roca en roca, deslizándome entre grietas y aprovechando cada elevación para avanzar con rapidez.

Mientras me alejaba, podía sentir la vibración del viento azotando la cima del precipicio y el eco lejano de la prisión que quedaba atrás.

/Este es el final de una etapa… y el comienzo de otra/.

Había pasado un año y medio en el aislamiento de esa celda. Un año y medio de sufrimiento, entrenamiento y evolución. El mundo pensaba que solo había estado encerrado un mes. No tenían idea de lo que había pasado, ni de lo que había aprendido en ese tiempo.

/Ya no soy el mismo./

No miré atrás. No podía permitirme hacerlo. Seguí avanzando a toda velocidad a través de las montañas, descendiendo con precisión hasta llegar a los bosques que se extendían más abajo. Mi fuga había comenzado… y esta vez, nadie podría detenerme.

Corrí sin descanso durante un día entero, desplazándome a una velocidad superior a la que Jiraiya y Yamato habían utilizado cuando me trajeron a la prisión. Sin embargo, a diferencia de ellos, que estaban limitados por la resistencia de sus cuerpos incluso con el refuerzo del chakra, yo contaba con una ventaja incomparable. Mi cuerpo Uzumaki, fortalecido no solo con chakra sino también con Qi, tenía una constitución superior. Esa combinación me permitía mantener una velocidad extrema sin signos de fatiga.

No dudaba de que, en una carrera de corta distancia, Jiraiya o Yamato podrían superarme si usaban toda su potencia, pero en términos de resistencia, los dejaría atrás con facilidad. Mi aguante era monstruoso, y esa resistencia era mi mayor ventaja.

El paisaje comenzó a transformarse a medida que avanzaba. Dejé atrás las regiones montañosas y rocosas de la prisión y entré en las vastas planicies del País de la Hierba. Este territorio estaba compuesto por extensos campos de hierba alta, colinas suaves y caminos de tierra que serpenteaban a través del paisaje. El viento agitaba la vegetación, creando la ilusión de un océano verde que se extendía hasta donde alcanzaba la vista.

Aunque el País de la Hierba no era una gran potencia ninja, no debía bajar la guardia. Kusa no Kuni era un territorio disputado, con constantes conflictos entre mercenarios y pequeñas facciones shinobi que operaban en la región. No era raro encontrar cazadores furtivos o bandidos acechando los caminos, esperando emboscar a viajeros solitarios.

Decidí evitar los senderos principales y en su lugar me moví a través de los campos abiertos. Aunque era más extenuante, minimizaba el riesgo de ser detectado. Gracias a mi resistencia superior, pude avanzar sin descanso durante varias horas.

Finalmente, cerca del atardecer, divisé un pequeño pueblo asentado junto a un río. Sus casas de madera se agrupaban alrededor de una plaza central, y algunas chimeneas humeaban, indicando actividad en las viviendas.

Sonreí levemente y extraje un par de agujas de plata que había tomado de los Nara en el pasado. Con un henge que me daba la apariencia de un viajero común, me acerqué a la aldea.

Al llegar, negocié con los lugareños a cambio de información. Les ofrecí la plata a cambio de indicaciones sobre la mejor ruta para llegar a la frontera con el País de la Cascada. Algunos intentaron darme respuestas vagas, pero un simple despliegue de mi fuerza —no amenazante, solo lo suficiente para demostrar que no era alguien a quien engañar— los hizo reconsiderar.

Obtuve la información que necesitaba y, sin perder tiempo, volví a mi viaje.

La noche cayó sobre las llanuras mientras me movía con rapidez. La luz de la luna iluminaba mi camino, reflejándose en la hierba como un manto plateado. A diferencia de un ninja convencional, no tenía que preocuparme por la fatiga. Mi cuerpo, fortalecido con Qi y chakra, me permitía continuar sin descanso.

Después de varias horas de carrera ininterrumpida, finalmente llegué a la frontera del País de la Cascada. El terreno comenzó a cambiar gradualmente; las planicies dieron paso a un paisaje más húmedo y frondoso. Ríos y arroyos serpenteaban entre los árboles, y el aire se volvió más fresco.

No tenía intención de acercarme a Takigakure. Aunque había ayudado en el pasado a defender su tesoro, el Agua del Héroe, sabía que su lealtad estaba con Konoha. Pedirles refugio o ayuda sería inútil y, en el peor de los casos, podría alertar a la aldea oculta de la Hoja sobre mi paradero.

/No tengo motivos para quedarme aquí, mi destino está más adelante/. Pensé mientras me internaba más en la región.

Siguiendo la información que había obtenido en el pueblo anterior, me dirigí hacia un asentamiento de mayor tamaño en el País de la Cascada. No me acerqué directamente; en su lugar, establecí un pequeño campamento improvisado en las afueras y me dediqué a preparar suministros.

Con los materiales que tenía almacenados en el sello de mi palma, elaboré varias tandas de píldoras alimenticias y algunas medicinas básicas. Estas serían útiles tanto para mi propio consumo como para obtener dinero en la aldea.

—Debí haber hecho esto primero en la prisión antes de ocupar todo el espacio con la matriz de dilatación temporal… —. Murmuré para mí mismo, frustrado por mi propia falta de previsión.

Pero lo hecho, hecho estaba. Ahora tenía medicinas y píldoras listas para vender.

Tomando la apariencia de un anciano viajero con otro henge, entré en la aldea y ofrecí mis productos. Tras algunas demostraciones gratuitas, logré vender las medicinas a buen precio.

Más importante aún, obtuve un mapa rudimentario del País de la Cascada. No era nada detallado, más bien un mapa comercial con rutas y aldeas principales, pero era mejor que nada.

Sin embargo, mi mayor hallazgo fue un mapa que marcaba la ruta para atravesar el País de la Cascada, cruzar el angosto pasaje del País del Hierro y continuar mi viaje. Este documento era invaluable, pues me permitía planificar mi desplazamiento sin depender de información incierta.

Pero antes de partir, había algo importante que debía atender.

Invocando nuevamente al mismo sapo que use en Konoha, observé cómo el anodino anfibio aparecía en un pequeño estallido de humo. Me miró con fastidio y alzó una ceja, probablemente molesto por ser invocado de nuevo sin previo aviso.

—Consigue las cosas que te pedí ocultar. El pago será el mismo. ¿Cuánto tardarás? —. Fui conciso; no tenía tiempo para conversaciones innecesarias.

El sapo chasqueó la lengua y mencionó su precio. No discutí. Sabía que su labor valía cada ryo, y además, contaba con oro puro de los clanes de Konoha, conseguido en mi saqueo, el cual era un ingrediente en la alquimia, así que estaba en el sello de mi palma.

—En una semana exacta, invócame de nuevo —. Croó el sapo antes de desaparecer en una nube de humo.

Entre los objetos que me traería estaba la espada de Zabuza, un arma que no solo era legendaria, sino que también serviría como un símbolo de poder.

————————————————————————————————————————-

Mi travesía a través del País de las Cascadas fue constante pero cautelosa. La región estaba plagada de ríos, cascadas colosales y una densa vegetación. Me abastecí de más píldoras medicinales y alimenticias, vendiendo algunas en los pueblos que encontré para obtener más recursos y evitar depender únicamente de mis reservas.

A medida que avanzaba, prestaba atención a cualquier posible rastro de actividad ninja de Konoha. Sin embargo, para mi sorpresa, no encontré señales de rastreadores ni de ningún grupo de búsqueda.

/¿Aún no han comenzado a perseguirme seriamente? O tal vez mis movimientos los han confundido…/. Fue mi confuso pensamiento

Para cuando los ninjas de Konoha llegaran a la prisión, descubrirían que mi rastro estaba frío. Además, me estaba moviendo por rutas que el Naruto original nunca recorrió, lo que dificultaría aún más su búsqueda.

Tras cruzar el angosto paso del País del Hierro una región hostil con un clima inclemente y extrañamente frió a pesar de parecer estar en la misma latitud de los otros países cálidos, finalmente descendí hasta los territorios del País del Sonido. Me tomó una semana entera viajar a través de estas tierras, recolectando suministros, vendiendo píldoras y asegurándome de no dejar pistas sobre mi paradero.

Por fin, llegué a mi destino. Bajo un henge bien elaborado, recorrí varios pueblos buscando uno en particular. Mi objetivo era un pequeño asentamiento que servía como punto de paso para comerciantes, famoso por sus posadas, burdeles y el incesante flujo de alcohol.

Después de varias horas de búsqueda, finalmente lo encontré. Un pueblo sin gloria, pero con un comercio próspero en la decadencia.

Me dirigí al establecimiento que buscaba, reconocido por el gran gato dibujado en su rótulo. Sin dudar, ingresé al local, manteniendo mi transformación, y observé con atención a los presentes. Sabía exactamente a quién necesitaba encontrar.

Tras un corto tiempo, localicé a la mujer adecuada y solicité su compañía.

La negociación no tomó mucho tiempo. Los Fuma, una vez un clan respetable, estaban en declive. Sus miembros habían abandonado su legado para convertirse en mercenarios, y la mayoría había muerto en guerras o misiones suicidas. Incluso muchas de sus mujeres habían sido reducidas a simples damas de compañía, vendiendo su dignidad para sobrevivir.

Les ofrecí una oportunidad de recuperación.

Píldoras medicinales y alimenticias y un futuro mejor con mis habilidades, a cambio de su lealtad. Una muestra fue suficiente para convencerlos de su efectividad. Sin embargo, algunos hombres intentaron quedarse con las píldoras por la fuerza.

Mala idea.

Con un simple Rasengan debilitado, los reduje al suelo sin esfuerzo. No maté a nadie, pero dejé en claro que no estaba allí para ser engañado. La desesperación del clan los hacía fáciles de manipular.

Para asegurarme de su lealtad, tracé una matriz de discípulo en el líder del grupo. No era un sello de esclavitud ni nada drástico; simplemente provocaría un dolor insoportable si intentaba traicionarme. No lo mataría, pero le enseñaría que ir en mi contra no era una opción.

A veces, la mejor manera de asegurar la obediencia era a través de la psicología.

—Bienvenidos a una nueva era, Fuma —. Dije con una sonrisa apenas perceptible. Mi red de recursos y aliados apenas comenzaba a formarse.

—————————————————————————————————————–

No podía permitirme el lujo de perder tiempo buscando a cada miembro disperso del clan Fuma, pero tampoco podía avanzar sin antes reconstruir una base mínima. Los Fuma eran un clan caído en desgracia, reducidos a mercenarios de bajo nivel, matones de alquiler e incluso peor, con muchas de sus mujeres relegadas a trabajar en burdeles. Si quería restaurar su poder, primero tenía que sacarlos de esa miseria y darles algo en lo que creer.

En los siguientes tres días, envié a los hombres más confiables a recorrer los pueblos cercanos. No fue una tarea fácil, pero mi oferta era clara, un refugio seguro y la oportunidad de recuperar su antigua gloria. No todos aceptaron de inmediato. Algunos dudaban de mi identidad, otros desconfiaban de mis intenciones, y varios simplemente habían perdido la esperanza en el concepto mismo de “clan”.

Aun así, poco a poco, los Fuma comenzaron a llegar. Primero los más desesperados, aquellos que ya no tenían nada que perder. Luego, los que aún conservaban algo de orgullo y entendían que seguirme era mejor que ser escoria, morir o servir a Orochimaru.

Las mujeres fueron liberadas de los burdeles con un simple trato, pagué por su libertad con las ganancias de la venta de mis píldoras medicinales y alimenticias gracias a que el pueblo era un punto donde pasaban constantemente comerciantes, pues era una ruta comercial importante con el país del fuego.

No tuve que usar la fuerza, ni enfrentarme a nadie directamente. Bastó con demostrar que tenía recursos y que podía pagarlas mejor de lo que cualquier proxeneta podía explotarlas. Una vez fuera, les di algo más valioso que dinero, seguridad y la promesa de que no tendrían que venderse nunca más.

Los mercenarios y matones que aún llevaban el nombre Fuma fueron llamados de vuelta. Algunos aceptaron con facilidad, otros intentaron desafiarme. Una demostración de mi fuerza y un par de huesos rotos resolvieron cualquier intento de insubordinación. No buscaba esclavos ni súbditos, pero sí necesitaba que entendieran que bajo mi mando no habría lugar para traiciones o egos innecesarios.

Para cuando el tercer día llegó a su fin, un buen número de Fuma se había reunido en su antiguo complejo en ruinas. No eran muchos, pero era un inicio. Un clan moribundo tenía ahora un latido de esperanza.

Una vez reunidos, el siguiente paso era asegurarnos de que el lugar fuera habitable y, más importante aún, defendible. El antiguo complejo del clan Fuma había sido devastado por la guerra en la que lucharon por su Daimyo, y desde entonces, había sido abandonado, convertido en poco más que un cementerio de piedra y recuerdos.

Pero yo no necesitaba murallas perfectas ni estructuras intactas. Solo necesitaba un campamento temporal y una demostración de mi poder.

Dediqué un día entero a dibujar las matrices de protección. Fue un trabajo minucioso, y aunque mis clones me ayudaron a tallarlas en el suelo y las ruinas, el verdadero problema fue el control de chakra. Mi relación con el Kyubi seguía siendo problemática. Su chakra intentaba filtrarse a través de los clones, afectando su estabilidad. Para evitar que la bestia tomara el control, los disipaba y creaba nuevos clones constantemente, asegurándome de que nunca pasaran demasiado tiempo activos.

El diseño de la barrera era simple en teoría, pero compleja en ejecución.

En el centro del complejo, tracé la matriz principal, una formación de sellos que serviría como núcleo de la protección del área. A su alrededor, coloqué cuatro matrices secundarias, cada una con la función de convertir el chakra ambiental y la energía natural en Qi. Había basado esta estructura en mi primera matriz alquímica.

Cuando terminé los grabados, activé el sistema.

Una leve vibración recorrió el suelo, y luego, la barrera se alzó alrededor del complejo. No era solo un muro de chakra, sino un escudo que reaccionaba agresivamente a cualquier presencia hostil. Para probar su poder, arrojamos un cerdo dentro de su radio de acción. La criatura apenas cruzó el límite cuando su cuerpo estalló en llamas, reducido a cenizas en segundos.

Los Fuma observaron en silencio la demostración de poder, algunos con asombro, otros con temor. La barrera que había creado era formidable, algo que no solo aseguraba la protección del complejo, sino que también marcaba el inicio de una nueva era para ellos. Nadie podría tocarlos sin enfrentar consecuencias.

Con la barrera activa, los Fuma comenzaron a armar un campamento temporal en el interior de la amplia barrera. No estaba en mis planes permitir que se asentaran allí por mucho tiempo. Este país, el País del sonido, ya no los merecía. Habían luchado en vano por su antiguo Daimyo, en una guerra inútil por expandir el territorio. Y, como pago por su lealtad, habían sido abandonados. Ese era el destino de los Fuma.

Ya había discutido con los Fuma de mayor rango, los que aún quedaban en pie, sobre el futuro de su clan. Este país ya no era un lugar para ellos. Les ofrecí un futuro mejor, uno fuera de ese territorio desolado, donde pudieran construir un verdadero hogar.

Una vez que recuperaran a los miembros más fuertes que habían caído bajo el control de Orochimaru, partiríamos hacia un nuevo lugar. En ese lugar, crearia una matriz mucho más poderosa de lo que veían ahora, les proporcionaría un refugio adecuado, un complejo digno de un clan que había sido grande. A cambio, les pediría su lealtad.

Mientras todo eso tomaba forma, me retiré a mi tienda de campaña. Necesitaba un momento de calma antes de lo que vendría. Con un suspiro, miré mi reflejo en un espejo improvisado que había encontrado. Mi rostro ya no era el mismo que el de antes. Mis facciones eran diferentes, más endurecidas, más definidas. La cultivación había comenzado a dar sus frutos, cambiándome, haciéndome más “óptimo”. Cada aspecto de mi ser se estaba perfeccionando, pero también me di cuenta de que algo en mi interior había cambiado.

Ya no era el Naruto del canon. Mi esencia había evolucionado. Había pasado tanto tiempo en soledad que, en cierto modo, me había olvidado de lo que significaba ser “normal”. El año y medio que pasé encerrado me había afectado de maneras que no estaba seguro de poder comprender por completo.

Miraba hacia atrás y recordaba lo que había hecho con Anko antes de mi encarcelamiento. Había sido un error, uno que aún me pesaba. No quería imponer mi voluntad sobre los demás, no quería jugar con el libre albedrío de nadie, pero ahora, con el tiempo, ya no lo veía tan mal. Había justificado ciertas acciones, e incluso lo de Anko, aunque no fue mi intención, lo veía como una ventaja estratégica.

—Me he vuelto un poco como esos jóvenes maestros…—. Me dije, con una risa amarga. Era una estupidez pensar en ello, pero ya no era el mismo. Mi aislamiento me había cambiado de una forma que no podía revertir. ¿Estaba bien? No lo sabía. Pero ahora vivía con mi locura.

El año de aislamiento me había marcado, sí, pero también me había empujado a ser más fuerte, más consciente de mis objetivos. Aunque en el fondo no dejaba de preguntarme si había perdido algo fundamental en el proceso. ¿La humanidad? ¿La empatía? Solo el tiempo lo diría. Pero por ahora, debía seguir adelante.

Una vez que el campamento de los Fuma estuvo asentado, no pasó mucho tiempo antes de que los primeros indicios de los espías de Orochimaru aparecieran. Apenas habían transcurrido unos pocos días desde que la barrera fue activada, cuando los vigilantes del clan Fuma, situados estratégicamente en los alrededores, reportaron avistamientos.

Me preparé mentalmente para lo que iba a ser otro de mis riesgosos experimentos. Con la barrera que rodeaba nuestro campamento, no temía por la seguridad inmediata, pero sabía que necesitaba aumentar mis habilidades aún más,. Los Fuma me asignaron una ayudante, una joven de cabello naranja, nerviosa y algo retraída, que había sido empujada por su clan para asistir en lo que fuera necesario.

La reconocí de inmediato: Sasame.

Recordé que había llegado antes que en el canon, por lo que Sasame aún no había ido a buscar a su primo. /Ah, sí… ahora recuerdo que su personalidad era algo “norteña” como se diría en broma, por el afecto con el que ella y su primo se tratarón/. Pensé, observando su nerviosismo. En ese momento, me resultó extrañamente divertido.

Sasame, algo inquieta por la situación y tal vez por lo que pensaba que era otro Orochimaru, se dedicó a seguir mis órdenes en silencio. Traía comida, ropa limpia y cualquier cosa que necesitara sin decir palabra alguna, mientras yo me sumergía en mis tareas. Estaba trabajando en copiar una de las matrices más complejas de mi libro de cultivo. Era apenas menos compleja que la que usé para dilatar el tiempo en prisión, pero igualmente absurda en su utilidad.

Me tomó casi dos días para completarla, trabajando sin descanso, sin dormir lo suficiente, pero el objetivo era claro: debía avanzar lo más rápido posible. Durante ese tiempo, Kagerō, disfrazado de hombre deforme, se acercó al campamento y se reunió con los miembros de su clan. Habló con ellos acerca de contactar a Orochimaru, tratando de transmitir mi solicitud de reunirnos. Aún no habían recibido respuesta, pero la conversación avanzaba.

Una vez que terminé de transcribir la matriz y la revisé, me di cuenta de lo compleja que era. Un revoltijo de símbolos y líneas que no entendía, pero que sabía, con certeza, que tenía una función poderosa. Era como un laberinto intrincado de energía, y sabía que esa energía tenía un propósito, incluso si no comprendía el cómo.

Para activar la matriz, utilicé una gota de sangre de Moegi y el collar de Tsunade como catalizadores. Al hacerlo, invoqué el conocimiento del ancestro de quienes pertenecieron estos elementos, lo que traje no era la esencia de un ser, no su alma ni su mente, solo su conocimiento. No era el poder de Hashirama mismo, pero sí su sabiduría, su experiencia, su legado.

El resultado fue una figura en llamas que comenzó a formarse en la matriz. Era humanoide, pero el fuego que la envolvía la hacía parecer casi como una aparición de otro mundo. Me miró y comenzó a reír jovialmente, como si me conociera desde siempre. La flama asintió con una expresión que mostraba una aprobación y simpatía inconfundibles.

—Bendito sea la actitud bonachona de Hashirama…—. Murmuré con alivio, reconociendo la esencia de lo que estaba frente a mí. No podía evitar sentir una sensación de gratitud al ver cómo esa energía tan amable, casi paternal, emanaba de la figura de fuego.

Sabía que solo podía obtener un conocimiento por invocación, un único conocimiento y nada más. No podría preguntarle todo sobre el Mokuton ni sobre la historia completa de la familia Senju, pero era suficiente. Pedí algo conciso, algo de gran utilidad. Sabía que podía aprovechar esta oportunidad, si me limitaba a una solicitud específica.

—Quiero saber cómo crear el clon de madera—.

La figura se alzó hacia mí, sus llamas envolviendo mi cuerpo, imbuyéndome de un conocimiento que jamás habría imaginado poseer. El flujo de información fue intenso, tan abrumador que sentí mi cuerpo vibrar con cada segundo que pasaba. Si no hubiera tenido mi afinidad con el Mokuton amplificada por Nordrassil, nunca habría sido capaz de comprenderlo ni de usarlo, pero ahora lo sabía. Lo tenía dentro de mí, el secreto para crear el clon de madera.

—Solo un conocimiento por “alma”…—. La flama dejó escapar una risa baja, como si recordara algo de su pasado.

—Si el conocimiento no desea ser compartido por alguna razón, perderia esa oportunidad. Probablemente ningún ninja aparte de Hashirama compartiría su conocimiento—.

Me reí ante esa observación, sabiendo que el primer Hokage era la única persona que, con su bondad, compartiría su legado de esta forma. Los demás ninjas, aún en la muerte, guardaban celosamente sus secretos, y la mayoría de los conocimientos más poderosos nunca serían transmitidos.

Aunque la matriz que había creado era impresionante, no tenía mucha utilidad en un mundo donde los shinobi protegían a toda costa sus secretos, incluso más allá de la muerte. Los ninjas mantenían su conocimiento como un tesoro escondido, y eso era algo que, lamentablemente, no iba a cambiar.

Una vez que el campamento de los Fuma estuvo asentado, no pasó mucho tiempo antes de que los primeros indicios de los espías de Orochimaru aparecieran. Apenas habían transcurrido unos pocos días desde que la barrera fue activada, cuando los vigilantes del clan Fuma, situados estratégicamente en los alrededores, reportaron avistamientos.

—Jefe, hemos visto movimientos—. El mensajero Fuma, un joven de expresión seria, se acercó rápidamente, inclinándose levemente.

—Espías de Orochimaru rondan las cercanías. No se han acercado a la barrera, pero están demasiado cerca—. Asenti al joven ordenando mantenerse alerta, y que no podian invadirnos por el suelo pues la barrera era una caja que mantenia incluso gases que no eran aire afuera.

Mientras tanto me preparé mentalmente para lo que iba a ser otro de mis riesgosos experimentos. Con la barrera que rodeaba nuestro campamento, no temía por la seguridad inmediata, pero sabía que necesitaba aumentar mis habilidades aún más.

Los Fuma me asignaron una ayudante, una joven de cabello naranja, nerviosa y algo retraída, que había sido empujada por su clan para asistir en lo que fuera necesario. La reconocí de inmediato: Sasame.

Recordé que había llegado antes que en el canon, por lo que Sasame aún no había ido a buscar a su primo.

/Ah, sí… ahora recuerdo que su personalidad era algo “norteña” como se diría en broma, por el afecto con el que ella y su primo se trataron/. Pensé, observando su nerviosismo. En ese momento, me resultó extrañamente divertido.

—¿Necesitas algo, maestro?—. Sasame preguntó con voz temblorosa, mirando con cautela alrededor y yo casi me atraganto ante su forma de llamarme, pero no la corregí pues pues era el maestro del clan Fuma.

—Nada por ahora. Solo ayúdame a organizar los materiales y mantente cerca—. Respondí mientras comenzaba a preparar el espacio para el siguiente paso en mi investigación.

Sasame, algo inquieta por la situación y tal vez por lo que pensaba que era otro Orochimaru, se dedicó a seguir mis órdenes en silencio. Traía comida, ropa limpia y cualquier cosa que necesitara sin decir palabra alguna, mientras yo me sumergía en mis tareas. Estaba trabajando en copiar una matriz compleja de mi libro de cultivo. Era apenas menos compleja que la que usé para dilatar el tiempo en prisión, pero igualmente absurda en su utilidad.

—¿Va a dormir un poco? —. Sasame me preguntó tímidamente, al ver que no había cerrado los ojos en más de 24 horas

—No creo que sea saludable estar tan… concentrado todo el tiempo—. Sonreí levemente, reconociendo la preocupación en su voz.

—Lo haré después, solo necesito terminar esto. Tú puedes descansar, no te preocupes por mí—. Le di palmaditas en la cabeza a la niña que media unos 10 centímetros menos que yo.

Me tomó casi dos días para completar la matriz, trabajando sin descanso, sin dormir lo suficiente, pero el objetivo era claro, debía avanzar lo más rápido posible. Durante ese tiempo, Kagerō, disfrazado de hombre deforme, se acercó al campamento y se reunió con los miembros de su clan. El clan la convenció de pasar el mensaje a Orochimaru, tratando de transmitir mi solicitud de reunirnos.

Aún no habían recibido respuesta, pero la conversación avanzaba.

—No hemos recibido respuesta aún. Sasame se acercó a mí cuando tuve un pequeño respiro—. El mensaje fue enviado. Orochimaru aún parece estar observando desde la distancia.

—Está bien. Mientras tanto, mantén las vigilancias y refuerza la seguridad. El tiempo está en nuestra contra—. Respondí cansado.

Una vez que terminé de transcribir la matriz y la revisé, me di cuenta de lo compleja que era. Un revoltijo de símbolos y líneas que no entendía, pero que sabía, que tenía una función poderosa. Era como un laberinto intrincado de energía, y sabía que esa energía tenía un propósito, incluso si no comprendía el cómo.

—¿Qué significa todo esto?—. Sasame murmuró, mirando la matriz con asombro.

—No puedo entender ni una sola parte de esto…—. Sasame murmuro pues nunca había visto un fuinjutsu tan complejo

—No necesitas entenderlo. Solo asegúrate de que todo esté listo para cuando lo invoque—. Le dije, mirando la matriz con una expresión seria. Sabía que la invocación era el siguiente paso.

Para activar la matriz, utilicé una gota de sangre de Moegi y el collar de Tsunade como catalizadores. Al hacerlo, invoqué el conocimiento del ancestro de quienes pertenecieron estos elementos. Lo que traje no era la esencia de un ser, no su alma ni su mente, solo su conocimiento. No era el poder de Hashirama mismo, pero sí su sabiduría, su experiencia, su legado.

El resultado fue una figura en llamas que comenzó a formarse en la matriz. Era humanoide, pero el fuego que la envolvía la hacía parecer casi como una aparición. Me miró y comenzó a reír jovialmente, como si me conociera desde siempre. La flama asintió con una expresión que mostraba una aprobación y simpatía inconfundibles.

—Bendito sea la actitud bonachona de Hashirama…—. Murmuré con alivio, reconociendo la esencia de lo que estaba frente a mí. No podía evitar sentir una sensación de gratitud al ver cómo esa energía tan amable, casi paternal, emanaba de la figura de fuego.

—Parece que me has invocado, joven… La figura de fuego dijo con una risa profunda.

—¿Qué deseas saber?—. Fue la pregunta de la aparación, podría jurar que era el verdadero, pero sabia que era solo la amalgama de su conocimientos.

Sabía que solo podía obtener un conocimiento por invocación, un único conocimiento y nada más. No podría preguntarle todo sobre el Mokuton ni sobre la historia completa de la familia Senju, pero era suficiente. Pedí algo conciso, algo de gran utilidad. Sabía que podía aprovechar esta oportunidad, si me limitaba a una solicitud específica.

—Quiero saber cómo crear el clon de madera—. Dije, con firmeza.

La figura se alzó hacia mí, sus llamas envolviendo mi cuerpo, imbuyéndome de un conocimiento que jamás habría imaginado poseer. El flujo de información fue intenso, tan abrumador que sentí mi cuerpo vibrar con cada segundo que pasaba. Si no hubiera tenido mi afinidad con el Mokuton amplificada por Nordrassil, nunca habría sido capaz de comprenderlo ni de usarlo, pero ahora lo sabía. Lo tenía dentro de mí, el secreto para crear el clon de madera.

—Solo un conocimiento por “alma”…—. La flama dejó escapar una risa baja, como si recordara algo de su pasado.

—Si el conocimiento no desea ser compartido por alguna razón, perderías esa oportunidad. Probablemente ningún ninja aparte de Hashirama compartiría su conocimiento—. Murmure.

Me reí ante mi propia observación, sabiendo que el primer Hokage era la única persona que, con su bondad, compartiría su legado de esta forma. Los demás ninjas, aún en la muerte, guardaban celosamente sus secretos, y la mayoría de los conocimientos más poderosos nunca serían transmitidos.

—Veo que has aprendido la lección. Ahora, utiliza este conocimiento sabiamente—. Aclaro, la figura de fuego sonrió de manera cálida mientras se desvanecia.

Aunque la matriz que había creado era impresionante, no tenía mucha utilidad en un mundo donde los shinobi protegían a toda costa sus secretos, incluso más allá de la muerte. Los ninjas mantenían su conocimiento como un tesoro escondido, y eso era algo que, lamentablemente, no iba a cambiar. Sin embargo, había dado un paso importante hacia mi objetivo. El clon de madera era solo el comienzo.

Con una señal de mano, comencé a reunir mi chakra, sabiendo que mi control sobre él aún no era el mejor. El esfuerzo fue inmediato: una gran parte de mi chakra comenzó a drenarse casi al instante. A pesar de la falta de entrenamiento adecuado, la necesidad de hacer que funcionara el clon me empujó a seguir adelante.

Con concentración, comencé a moldearlo. Mi espalda comenzó a calentarse, y poco a poco, una estructura de madera emergió de mí, creciendo como si fuera un árbol. Se alzó alto, alcanzando rápidamente mi altura, hasta que formó una figura idéntica a la mía, sólida y firme.

El clon era diferente a los clones de sombra. No era etéreo, no se desvanecía con un solo golpe; estaba hecho de madera tan dura como el acero, y por lo tanto, tenía una resistencia física real. La parte más sorprendente era que podía transferir información, tal como lo hacía un clon de sombra, lo que le confería una utilidad estratégica sin igual. Mientras mi clon se formaba y tomaba la misma postura que yo, una leve sensación de agotamiento se apoderó de mí por el drenaje de chakra, pero valía la pena.

Sasame, que había estado observando en silencio, se quedó completamente incrédula ante lo que acababa de presenciar. Su rostro mostró una mezcla de asombro y admiración, y sus ojos brillaron con una nueva luz. Había visto a este joven utilizar el legendario mokuton, el elemento que doblego el mundo ninja y lo forjo como se lo conoce ahora.

—¿Eso… eso es Mokuton?—. Sasame murmuró, incapaz de ocultar su asombro.

—¡Pero… eso es un poder de los Senju, del primer Hokage! ¿Cómo… cómo pudiste…?—. Balbuceo Sasame ante la demostración.

Mi clon, ahora completamente formado, se giró hacia Sasame y asintió, confirmando su utilidad. Sin embargo, yo solo sonreí con calma, viendo cómo la joven comenzaba a comprender lo que estaba sucediendo.

—Esto es una muestra Sasame. Todos tenemos la capacidad de aprender y crecer. Esto es solo el comienzo de lo que puedo hacer y lo que hare por tu clan—. Dije, con una voz firme pero llena de esperanza.

—Mi objetivo es llevar a tu clan a un lugar donde puedan prosperar y ser reconocidos por lo que son, no como simples mercenarios, sino como una familia digna—. Necesitaba motivar a mis subordinados después de todo herede el legendario talk no jutsu.

Sasame miró al clon, luego me observó a mí, y algo en su expresión cambió. La desconfianza que había tenido al principio, esa incertidumbre, comenzó a desvanecerse. Ahora veía algo más en mí, algo más grande de lo que había imaginado. La esperanza comenzaba a florecer en su corazón, una esperanza de que, tal vez, un futuro mejor estaba al alcance de su clan.

—Creí que no había nadie que pudiera ayudarnos… pero ahora…—. Sasame susurró, su voz temblorosa, pero llena de gratitud.

—Creo en usted joven maestro—.

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Omake: El Genio del Nuevo Mundo

Orochimaru se encontraba en su laboratorio, rodeado de pantallas y dispositivos de tecnología avanzada. El hombre que alguna vez fue un ninja renegado ya no necesitaba investigar jutsus o técnicas prohibidas; esos días habían quedado atrás.

Ahora, bajo las órdenes de su inesperado benefactor, Naruto Uzumaki, Orochimaru se dedicaba a realizar investigaciones sobre tecnología, utilizando recursos que jamás habría imaginado tener.

/Es increíble/. Pensó mientras observaba el diseño de las nuevas armas avanzadas de Naruto.

/Nunca imaginé que llegaría a trabajar para alguien con un intelecto como el suyo/.

En el cielo, el Mark 40, una armadura avanzada de alta tecnología, surcaba el aire con velocidad y precisión. Dentro de la armadura, Naruto miraba el mundo desde una perspectiva completamente diferente, con desdén por lo que consideraba la “primitividad” de los shinobis.

/Este mundo aún está atrapado en su ignorancia/. Pensó mientras sobrevolaba el país del sonido a gran velocidad, observando el paisaje desde lo alto.

—Aún siguen luchando con el chakra, mientras yo ya he superado eso… tiempo de llevarlos a la modernidad—.

Naruto no había tardado mucho en reestructurar todo a su alrededor. Después de destruir Kumogakure con un cañón orbital, eliminando por completo la aldea, Naruto se había sentido libre para avanzar hacia sus nuevos objetivos. No había países avanzados que representaran una amenaza para su poder, y había decidido que era hora de conquistar más tierras. Su imperio de hierro crecía, conquistando país por país, expandiendo la influencia de su Legión de Hierro.

—Ahora que he capturado a los Bijuu y los he convertido en fuentes de energía infinita, puedo llevar a este mundo a una era verdaderamente avanzada—. Dijo para sí mismo mientras ajustaba los controles en su traje.

—La ciencia permitirá que el chakra evolucione y nos prepare para lo que venga, incluso para los Otsutsuki—.

Era inevitable. Naruto sabía que esta era de los shinobis estaba llegando a su fin. Las viejas costumbres, los viejos ideales, eran cosas del pasado. La Legión de Hierro, equipada con tecnología y chakra, estaba arrasando con todo a su paso.

—Llevaré a estos bárbaros a la modernidad, incluso si debo hacerlo a la fuerza—. murmuró con determinación, mientras el cañón orbital apuntaba a una nueva nación que se negó a rendirse y necesitaba una muestra de su superioridad.

Mientras tanto, en el laboratorio de Orochimaru, él revisaba los datos de la última misión con la que Naruto había acabado con Kumogakure. No era una simple destrucción; era una demostración de poder absoluto, y para alguien como Orochimaru, que había dedicado su vida al estudio de la inmortalidad y el control absoluto, ver a Naruto emplear una tecnología tan avanzada era impresionante. Orochimaru ya no podía negar que su maestro era, sin lugar a dudas, alguien fuera de lo común.

—El poder del Mark 40… una armadura que puede destruir países con solo un pensamiento de Naruto-kun—. Murmuró Orochimaru mientras observaba el video del cañón orbital acabando con toda una aldea.

—Lo que él puede hacer con la tecnología… y el chakra… es algo que jamás imaginé que vería—.

Orochimaru, que ahora estaba bajo las órdenes de Naruto, se había acostumbrado a ser su subordinado. El mundo que Naruto había creado estaba mucho más allá de las antiguas reglas y normas de los shinobis.

—Ahora entiendo por qué Naruto es tan diferente. Este mundo es suyo, porque nadie tiene lo que él tiene… ni la sabiduría ni el poder—.

El equipo de científicos e ingenieros que trabajaban bajo el mando de Naruto era impresionante, y Orochimaru se encargaba de mantener las operaciones de la Legión de Hierro, trabajando sin descanso para garantizar que la expansión de la tecnología y la energía fuera cada vez más rápida.

—”Naruto-kun… ¿quién más podría hacer lo que tú haces?” pensó Orochimaru, sintiendo una extraña mezcla de admiración y fascinación—.

En el aire, Naruto volaba sobre una nueva aldea, evaluando lo que quedaba de la civilización shinobi. Era casi patético comparado con lo que estaba a punto de hacer.

/¿Qué me queda por hacer?/. Naruto pensó mientras navegaba en su traje hacia su próxima meta.

/Este mundo necesita cambiar, y yo soy el único que puede hacerlo/.

De repente, la voz de J.A.R.V.I.S., su inteligencia artificial, interrumpió sus pensamientos.

—Señor Uzumaki, hemos recibido un informe de Orochimaru. Dice que tiene una actualización importante sobre las operaciones en el País del Sonido—.

Naruto sonrió bajo su casco. —Perfecto. Orochimaru sabe lo que hace. Vamos a ver qué más puede ofrecerme—. Ajustó el vuelo del Mark 40 y comenzó a descender hacia el País del Sonido, donde Orochimaru lo esperaba, listo para compartir su último informe.

Al llegar, Orochimaru se presentó ante él, ya sin la postura arrogante que alguna vez lo caracterizó. Ahora era simplemente un subordinado eficiente, cumpliendo su rol.

—Naruto, todo va según lo planeado. Los países que quedan… no tienen idea de lo que les espera—.

Naruto asintió, dejando escapar una sonrisa confiada. —Excelente. Muy pronto, no quedará ni rastro de la vieja era de los shinobis. Vamos a hacer que este mundo avance, con o sin su consentimiento—.

Mientras tanto, Naruto se subió al Mark 40 y comenzó su viaje de regreso a su penthouse. La nave descendía hacia su imponente torre, la cual había construido gracias a sus avances tecnológicos. Nada más llegar, la puerta se abrió automáticamente, y Naruto, ya sin la armadura, caminó con paso firme hacia su hogar, un lugar que había convertido en su propio reino personal.

A medida que cruzaba el umbral de su entrada, los sonidos de la ciudad se apagaron, y el bullicio de los negocios y conquistas dejó paso a la quietud de su penthouse, el cual estaba decorado con un estilo moderno y lujoso, rodeado de tecnología avanzada y paredes de cristal que ofrecían una vista panorámica de la ciudad bajo su control.

A su alrededor, varias figuras femeninas lo esperaban. Hinata, como siempre, parecía ansiosa por su atención, sus ojos se iluminaban al verlo.

—Naruto-kun, te estaba esperando—. Dijo con una sonrisa tímida, acercándose a él mientras sus manos se entrelazaban con las de él.

Anko, por otro lado, estaba sentada en uno de los sillones, con el rostro fruncido y los brazos cruzados.

—¿Qué pasa, Naruto? ¿No piensas dedicarme más tiempo, o tengo que pelear por un poco de tu atención como siempre?—. Dijo con una sonrisa juguetona, aunque claramente era una crítica hacia su distanciamiento.

Karin, no muy lejos de las otras dos, le lanzó una mirada fulminante mientras apretaba los puños.

—Naruto… ¿cómo te atreves a ignorarnos? Si sigues así, te prometo que será lo último que hagas,—. Dijo con la ferocidad que siempre la caracterizó.

Naruto se dejó caer en el sofá, rodeado por las tres chicas, una sonrisa traviesa apareciendo en su rostro mientras observaba la situación.

—Chicas, chicas, cálmense—. Dijo, acariciando la cabeza de Hinata suavemente.

—Sé que todas están ansiosas por mi atención, pero tengo grandes cosas por hacer. El mundo no se va a conquistar solo, ¿sabían?—.

Hinata sonrió y se acurrucó más cerca de él, confiada en que su paciencia sería recompensada. —Lo sé, Naruto-kun… pero no puedes dejar que el trabajo te consuma todo el tiempo—. Dijo, tomándolo de la mano, como si quisiera recordarle que su conexión era lo más importante.

Anko, sin embargo, no se mostró tan paciente. —¡Es una broma, ¿verdad?! Estás cambiando el mundo, ¡y aún así sigues siendo un pervertido! No me malinterpretes, pero me siento un poco dejada de lado—. Replicó, con una sonrisa burlona que delataba la diversión detrás de su regaño.

Karin, en su estilo inconfundible, se acercó rápidamente, se inclinó hacia él y susurró con tono juguetón pero peligrosamente serio.—Sigo esperando que me pagues por ignorarme… ya sabes, con un castigo apropiado—. Sus ojos brillando con desafío, como si estuviera lista para lanzarse a la acción.

Naruto se echó hacia atrás, riendo con diversión ante las diferentes reacciones de las chicas. —Vaya, parece que tengo mucho que hacer por aquí…—. Dijo, mientras se recostaba cómodamente en su asiento, sus manos recorriendo el cabello de Hinata con ternura, y su mirada lanzando destellos de picardía hacia Anko y Karin.

—Bien, bien… vamos a tomarnos un pequeño descanso de la conquista del mundo, ¿qué tal si jugamos a algo menos… desgarrador por un rato?—. Sugirió, sonriendo para sí mismo mientras sus manos comenzaban a juguetear con las chicas de manera juguetona, sabiendo que había logrado conquistar sus corazones y, a su manera, había equilibrado su vida de poder con un toque de diversión.

Hinata se sonrojó y se acercó aún más, Anko levantó una ceja mientras le dedicaba una sonrisa pícara, y Karin, con una sonrisa afilada, simplemente murmuró: —Esto no se queda así, Naruto—.

El futuro del mundo podría estar en sus manos, pero por un breve momento, el futuro de Naruto Uzumaki parecía estar rodeado por chicas que solo querían una cosa: su atención. Y él, como siempre, estaba más que dispuesto a darles un poco de su tiempo… pero, por supuesto, de la manera en la que él decidiera.

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Notas: Gracias por leer el capítulo. Comenta si te gustó.

El castillo de la película de sangre dice estar rodeado por el mar, pero Kusa no limita con el mar, así que lo cambié a estar en una cadena montañosa.

Prepárense, porque después de la reunión con Orochimaru, voy a hacer un speedrun de los capítulos de Naruto niño antes del time skip.

¿Sabían que realmente el País de las Olas y Uzushio parecen ser el mismo lugar? He investigado y los paneles del manga muestran el mismo lugar para ambos. Veremos qué hago más adelante, aún no estoy seguro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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