Cultivador mediocre en naruto - Capítulo 9
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Capítulo 9: Encuentros
Descargo de responsabilidad (Disclaimer)Los personajes y el universo de Naruto son propiedad exclusiva de Masashi Kishimoto. Esta historia es un trabajo de ficción sin fines de lucro, creada únicamente con fines de entretenimiento. Cualquier similitud con la historia original es intencional y se utiliza para construir una narrativa alternativa o expandir el mundo existente. No tengo ninguna afiliación con el autor o con las empresas que poseen los derechos de la franquicia.
— Personaje hablando —
/ Personaje pensando /
Quemé los residuos de Arashi en mi pierna utilizando el Qi, erradicando cualquier impureza que quedara de aquel experimento fallido de Orochimaru. No podía darme el lujo de permitir que quedaran rastros de su corrupción en mi cuerpo.
Una vez que el sannin y su acompañante desaparecieron de nuestra vista, un clon de madera emergió silenciosamente del suelo. En su interior, la matriz venenosa estaba lista para actuar. El clon avanzó hasta el cadáver de Arashi y, al tocarlo, su cuerpo se transformó en un árbol frondoso, usando el cadáver como nutrientes. En cuestión de minutos, el área se purificó, eliminando cualquier vestigio del experimento. Ese árbol crecería como su lápida, un recordatorio de lo que Orochimaru había hecho.
Exhalé un suspiro antes de dirigirme a nuestro campamento temporal. Al caminar entre las tiendas, vi a los miembros del clan Fūma cargando suministros en carretas para prepararse para el viaje. Nuestro destino era Takigakure, donde tomaríamos una misión de escolta para llegar a Sunagakure sin llamar demasiado la atención. Durante el trayecto, planeaba vender mis medicinas en cada pueblo para reunir dinero suficiente.
Pero antes de partir, tenía que atender otro asunto.
Busqué entre la multitud hasta encontrar a Sasame. Estaba rodeada por varias mujeres del clan, quienes intentaban consolarla mientras ella lloraba. La noticia de la muerte de Arashi la había golpeado duro. Ya le había explicado que lo que había matado no era su primo, sino un monstruo disfrazado con su rostro. Pero las palabras no siempre eran suficientes para aliviar la pérdida.
Me acerqué y le di unas palmaditas en la cabeza.
—Arashi descansa en paz. El gran árbol fuera de la barrera es donde su cuerpo descansará. Visítalo y despídete como corresponde—. Le dije en voz baja
Sasame me miró con los ojos hinchados, su respiración entrecortada.
—Pero no dejes que este dolor te consuma dolor. Avanza por tu gente, mejora por aquellos que amas—. Continué, con un tono cariñoso tratando de tranquilizar a la joven
Dicho eso y con una palmadita en la cabeza., me di la vuelta marchandome dejando a la joven kunoichi para ser consolada por su clan. Sasame y las mujeres que la rodeaban se pusieron de pie y comenzaron a dirigirse hacia el árbol.
/No soy bueno con estas cosas…/. Pensé con cierta incomodidad.
Todo ese discurso fue cursi, pero necesario. No podía permitirme que me guardara rencor. En cambio, debía enfocarla en el verdadero objetivo del bienestar de su clan. Con ese problema manejado, me dirigí hacia el área médica.
Cuando llegué, encontré a Tayuya inconsciente. Su estado era grave, pero los ninjas del clan Fūma ya habían colocado sellos de prisionero en su cuerpo, suprimiendo su chakra. Aunque estos sellos eran inútiles contra un jōnin en plena capacidad, en alguien gravemente herido eran perfectos.
Tayuya al parecer había perdido ambas piernas, solo podía suponer que aquello sucedió en su combate contra Temari y Shikamaru. Su vida como ninja estaba acabada. Un médico del campamento, que no era shinobi, me informó de su estado.
—Naruto-sama, su chakra está completamente sellado. Además, le hemos administrado medicamentos y cambiado las vendas de sus heridas. La infección ha retrocedido significativamente gracias a cualquier medicamento que el sanin le haya administrado. Por su condición, permanecerá inconsciente por un tiempo—. Asentí con la cabeza ante la informacion sin saber que hacer con ella.
—Quiero que haya rotaciones constantes en su vigilancia. Nunca debe estar sola ni se le debe dar la espalda. Cualquiera que esté a cargo de vigilarla debe saber disipar genjutsus—. Ordene a aquellos presentes, pues no se podía confiar en que ella permaneciera dócil.
El médico asintió rápidamente y aquellos shinobis Fuma se movieron para organizar guardias ante mi inesperado prisionero, aunque Tayuya no era solo una prisionera. Era una herramienta demasiado valiosa para permitir que muriera. Su sello maldito contenía un fragmento del alma de Orochimaru, y si sobrevivía a sus heridas, obtendría ese valioso recurso. Si moría… perdería algo irremplazable, aunque no lloraría la muerte de alguien como ella pue sno tenia ningun tipo de relación con la ex ninja del sonido.
Dejando el área médica, caminé hasta donde estaba Karin en una tienda cualquiera. Dos shinobis Fūma custodiaban lo que eran sus aposentos temporales, pero al verme se retiraron sin decir una palabra. Una vez en el interior mire a la pelirroja detenidamente.
Era bajita, delgada, con un rostro redondo y lindo que mostraban su juventud, con gafas que enmarcaban sus ojos rojos. Su cuerpo tenía señales de desnutrición, lo que indicaba años de abuso y privaciones. Honestamente no me sorprendía su estado de salud. Kusagakure no trataba bien a sus ninjas, y menos a alguien con sus capacidades, unas capacidades que el pequeño pueblo shinobi se aseguro de abusar.
Karin estaba visiblemente nerviosa. Su postura tensa, sus manos apretando los pliegues de su ropa, sus ojos miraban a todos lados fijándose cada tanto en mi, pero desviándolos rápidamente, su nerviosismo era bastante obvio.
/Ahora bien como carajos llevo esta situación, obviamente es una chica traumatizada/. Realmente este mundo estaba lleno de situaciones de mierda como esta.
—Karin… Voy a darte dos opciones—. Dije finalmente, y ella tragó saliva y asintió lentamente.
—Únete a mí y seras familia, después de todo soy un Uzumaki como tu. Si aceptas te daré la bienvenida con los brazos abiertos—. Hablé con claridad, sin rodeos, al saber su historia su pasado y futuro de desgracia en la linea de tiempo canónica, pues sentía cierto apego a la desdichada chica.
/Almenos intentare darle mejores opciones para que elija un mejor futuro que el que tuvo que vivir/.
Mis pensamientos eran un revoltijo entre mi deseo de obtener un futuro activo valioso y el echo de que mi moralidad me exigía ayudar a esta joven pues tenia el poder de hacerlo, y no hacer algo cuando tienes el poder de cambiar algo para bien iba encontra de mis principios.
— O… —. Hice una pausa, viendo cómo su respiración se aceleraba ante el ultimátum que planeaba darle.
—Seras libre de marcharte por tu cuenta—.
Si ella decidía seguir su propio camino y marcharse por su cuenta, tendría que convencerla de que me permitiera tomar muestras de sangre, médula ósea, piel y cabello solo esperaba no tener que recurrir a ello.
Mi mirada nunca se desvió de la de ella.
—Pero hay una cosa mas. Si decides irte, jamás volverás con Orochimaru—. Mi voz se empapo de un poco de qi para simular la sed de sangre, pues no era capas de emitir la famosa aura de instinto asesino. Por suerte el qi emitía un efecto bastante similar.
—Si vuelves con él… —. Me incliné ligeramente hacia adelante, dejando que mis palabras fueran un susurro venenoso.
— Te cazaré y no tendré más opción que matar a mi propia pariente… Por favor no me obligues a ello—.
El silencio se hizo pesado. Karin tembló, ella sabía que no estaba bromeando.
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POV Karin:
Un estremecimiento recorrió su cuerpo como un escalofrío helado. Cada fluctuación de chakra en el joven frente a ella era clara, innegable: no estaba mintiendo. Cada palabra, cada amenaza, cada promesa… todo era verdad. Si elegía marcharse, él la dejaría ir. Si regresaba con Orochimaru, la cazaría. Y si se quedaba con él… sería su familia. Esa última palabra golpeó su corazón con una intensidad que hizo latir al órgano con violencia en su pecho.
/¿Familia… pariente?/. Sus labios temblaron y sus manos se crisparon contra la tela de su ropa. No podía ser cierto.
Toda su vida había creído estar sola. Que solo ella y su madre existían en un rincón olvidado del mundo, apoyándose mutuamente para sobrevivir. Había aceptado que no había nadie más, que la palabra “familia” terminaba con ellas dos. Pero aún resonaban en su memoria aquellas historias de su madre, hablándole de un clan que alguna vez existió… hasta que todo se perdió, quedando únicamente ellas.
Ese chico de cabello rubio no mentía. Su chakra era cálido, envolvente, como el sol después de una noche demasiado fría. Denso, poderoso… pero al mismo tiempo lleno de vida. Karin lo sabía; podía sentir cada fluctuación con claridad. No se agitaba como en los mentirosos, no temblaba como en los que esconden algo. Él era honesto. Y esa honestidad la golpeó con una revelación brutal, el era familia.
/¿Pero cómo? ¿Por qué nunca vino por nosotras? ¿Por qué nunca salvó a mamá?/. Las preguntas brotaron como un torrente descontrolado, atravesando su mente con dolor y esperanza.
No razonó en su edad, no pensó en lo absurdo de sus dudas; solo dejó que la incertidumbre la ahogara, aferrándose a la mínima posibilidad de no estar sola. Si se quedaba… ¿la protegería? ¿O terminaría como otro Orochimaru, que la veía como una herramienta valiosa, pero desechable? ¿Realmente esas palabras eran lo que parecían, o solo otra cadena disfrazada de promesa?
Pero… tener familia. Esa palabra pesaba más que cualquier miedo, más que cualquier duda. Más que el dolor de ser usada. Si para no volver a estar sola debía aceptar ser un recurso, entonces lo aceptaría. Estaba acostumbrada a ser usada, ya lo había vivido. Solo necesitaba tener esperanza una vez más. Al fin y al cabo, su madre siempre le había dicho que la familia lo era todo.
—Si lo que dices es verdad… me quedaré—. Su voz sonó más desesperada de lo que quiso mostrar, como si esas palabras fueran un salvavidas al que se aferraba con todas sus fuerzas.
Karin lo miró, y vio cómo aquel joven de cabello rubio le sonreía con una calidez que no parecía pertenecer a alguien tan joven. Entonces lo sintió, una energía distinta, inmensa, que se extendía más allá de él y abarcaba todo el campamento. No era chakra. Era algo más profundo, como la mismísima vitalidad del mundo abrazando a todos los presentes.
—Has decidido confiar en mí—. Dijo él, con una firmeza suave pero irrefutable.
—Mientras estés a mi lado, te cuidaré. Nunca volverás a estar sola, nunca te dejaré atrás—.
Esas palabras… esas malditas palabras que creyó muertas junto a su madre, enterradas bajo años de dolor y sufrimiento, rompieron de golpe la presa que contenía su corazón. Las lágrimas brotaron sin control, ardientes en sus mejillas, desbordando toda la soledad acumulada.
—¡Tonto! —. Sollozó, y aunque intentó sonar como un reproche, en su voz se escuchaba más alivio que rabia.
Se arrojó a sus brazos, aferrándose con desesperación. Por primera vez en su vida no era solo una herramienta de Kusagakure. No era solo una herramienta para otros. Por primera vez, era simplemente una niña… con alguien que prometía no abandonarla jamás.
Apretó los ojos con fuerza, su cuerpo temblando, pero su corazón… su corazón, por primera vez en años, no dolía tanto.
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Pov Naruto:
Abracé torpemente a Karin mientras sollozaba contra mi pecho. Su cuerpo era frágil, temblando con cada respiración entrecortada; su agarre apretaba con la desesperación de quien teme que algo se le escape. Sentí cada pequeño temblor, y por un momento todo lo demás del campamento se volvió borroso, reducido a la punta de sus dedos clavada en mi ropa.
/Realmente no estoy hecho para estas cosas…/. Pensé, notando lo incómodo que me ponía la cercanía emocional, pero aun así no me atreví a moverme. No era el tipo de situación que supiera manejar.
/Acabo de salir de un aislamiento de año y medio; mi batería social no está en su mejor momento/.
Aun así, apartarla ahora habría sido cruel. Tenía una promesa clavada en la garganta, una responsabilidad que pesaba más que mi torpeza, debia cuidarla. Maldita sea mi moralidad todo sería más fácil si fuera un vagabundo asesino sin corazón como esos otros transmigradores, pero no soy un monstruo. No la dejaré sola.
Poco a poco, el llanto de Karin se fue apagando. Su respiración se volvió más pausada y su agarre perdió fuerza. Se había quedado dormida, agotada por el desahogo, aunque sus dedos seguían aferrados a mi ropa. Aún temblaban, como si temiera que al despertar descubriera que todo había sido solo un sueño.
Suspiré y la levanté con cuidado, acomodándola sobre el catre de la tienda. No quería dejarla sola en ese estado vulnerable, así que me concentré y formé un clon de madera. Sentí el tirón en mis reservas de chakra al darle forma, pero no era nada que no pudiera soportar.
—Quédate aquí y cuídala —. Ordené por costumbre, aun sabiendo que era innecesario. Viejo hábito, hablarles a los clones como si fueran más que eso.
El doble asintió en silencio y tomó asiento junto a Karin. Sus ojos vacíos se fijaron en ella, inmóvil pero atento, más un autómata que un reflejo vivo como los clones de sombra. Con eso asegurado, salí de la tienda.
Afuera, encontré a todos demasiado quietos. Algunos bajaron la mirada y regresaron a sus tareas al notar mi presencia, pero pude sentir la tensión. Mi expansión de qi los había alcanzado también, el abrazo de qi que use con Karin para tranquilizarla se había expandido más de lo que pretendía.
/Mi control aún es muy deficiente/. Pensé con molestia, apretando los dientes. Otro recordatorio de que necesitaba entrenar más.
El campamento estaba en movimiento. A mi alrededor, los miembros del Clan Fūma trabajaban en preparar todo para la partida. Hombres y mujeres revisaban provisiones, aseguraban los sellos en los carros y daban las últimas instrucciones a los exploradores. La atmósfera era ajetraeda.
Mientras caminaba hacia mi la zona donde se hallaba mi tienda en la zona mas interior del complejo en ruinas, mi mente no dejaba de analizar las repercusiones de haber tomado a Karin bajo mi responsabilidad.
Karin era un caso complicado. Su infancia en Kusagakure había sido dura, pero en esencia, ella era alguien estable. Con el tiempo y suficiente apoyo, se adaptaría. Los traumas de su niñez serían un obstáculo, pero nada insuperable. Mientras tuviera un propósito y apoyo, saldría adelante.
Tayuya, en cambio, era otro problema. No solo había sido subordinada directa de Orochimaru, sino que además tenía un historial psicológico complejo. De lo poco que recordaba de la serie, su personalidad rozaba la sociopatía. Ahora, sin piernas, desechada por su antiguo amo y entregada amí, su situación era una bomba de tiempo.
—Esperaré hasta extraer el fragmento del alma de Orochimaru de su sello maldito antes de decidir qué hacer con ella—. Murmuré, llegando a la matriz.
Mis ojos recorrieron la compleja estructura de sellos y líneas de chakra que conformaban la matriz. Este sistema me permitió obtener el conocimiento de Hashirama sobre el clon de madera. Pero ahora, la pregunta era…
/¿Qué más podía hacer con ella?/. Mi mirada descendió lentamente hacia mi estómago.
El Sello de Ocho Trigramas contenía fragmentos del chakra de Minato y Kushina. En teoría, podría usarlos como catalizadores para la matriz. Pero, ¿qué podría obtener de ellos?
Minato estaba descartado de inmediato. Su alma estaba atrapada en el vientre del Shinigami, y cualquier intento de llamar un eco suyo para obtener un conocimiento seria inutil. No valía la pena correr el riesgo. Pero Kushina…
Su chakra estaba dentro del sello. Las posibilidades eran interesantes. De lo poco que sabía del canon, Kushina era experta en las Kongō Fūsa (Cadenas de Adamantina), una habilidad característica de los Uzumaki. Un poder que yo no tenía, probablemente por ser mestizo.
Si quería obtener esa habilidad, necesitaría una forma de modificar mi esencia para purificar mi sangre adquiriendo así las características del linaje puro de Uzumaki. Ahora que Karin estaba bajo mi protección, podía tratar de encontrar una solución.
—No tengo algo para aprovechar el eco de Kushina ahora… Sería mejor llamarla cuando pueda usar las Kongō Fūsa—. Murmuré, considerando otras opciones.
El problema era que el sello solo me daba conocimiento, no las habilidades. Pero había otro chakra dentro de mí. Mi mano se posó sobre mi estómago. El chakra de Asura, dudé seriamente.
/ ¿Debería usarlo?/.
El Ninshū de Asura podría ser una herramienta invaluable para conectarme con el Kyūbi, permitiéndome desarrollar una relación más estable con él y tal vez incluso acceder al modo Kuram.
/Pero… ¿qué pasaría si llamaba la atención de Hagoromo?/. Pensé con un escalofrió.
No dudaba que el Sabio de los Seis Caminos seguía observando a los transmigrantes de sus hijos. Sin embargo, esto podría ser demasiado llamativo. Si utilizaba el chakra de Asura de una manera que se saliera de lo común, podría alertar al ancestro de los shinobi.
Y lo último que necesitaba en este momento… Era un jodido trascendente prestándome mas atención de la que ya seguramente me da. Pero había una cosa en mi poder que podría usar aquella espada…
Saque el pergamino que había recuperado del sapo, y con cuidado lo desenrollé. Del interior emergió la gran espada, Kubikiribocho, la mismo arma que una vez fue el emblema de Zabuza Momochi, uno de los notorios Siete Espadachines de la Niebla. Esa espada era lo único que podía considerar como un buen instrumento de combate. Aunque carecía de la experiencia necesaria para empuñarla correctamente.
Colocando la espada en el centro de la matriz, tomé una respiración profunda y la activé. Mi qi comenzó a fluir hacia la matriz, y el Kubikiribocho, impregnado con la esencia de Zabuza después de tanto tiempo siendo empuñada por el hombre, comenzó a resonar a través del espacio a mi alrededor. La espada era el perfecto catalizador.
De repente, una chispa de energía se encendió en la matriz, formando lentamente una llama que danzó, creciente en intensidad y tomando una forma vagamente humana. Zabuza apareció ante mí, su figura espectral, como una sombra del pasado, me miró con esos ojos con un toque del asesino que conocí en el país de las olas.
—¿Qué deseas saber?—. Fue la pregunta de la aparación, podría jurar que era el verdadero, pero sabia que era solo la amalgama de su conocimientos.
—Necesito… tus instintos. Los instintos de un verdadero espadachín, aquellos que solo pueden adquirirse tras años de lucha—.
La llama en la matriz vibró, y la figura de Zabuza asintió levemente. Antes de que pudiera reaccionar, las llamas de la aparicion se fundieron con mi ser, fluyendo a través de mi cuerpo. Los instintos de Zabuza, sus decisiones de batalla, comenzaron a fusionarse con mi ser. No entendía todo al principio, pero sentía cómo la espada, aunque aún torpe en mis manos, ya no era solo un objeto. Era una extensión de mis propios sentidos.
—Aprenderás, pero siempre recuerda, la espada no te hará fuerte. El corazón del espadachín lo hace —. La voz de Zabuza se desvaneció, pero sus últimas palabras permanecieron grabadas en mi mente
La llama desapareció, y con ella, la presencia de Zabuza. Mi cuerpo estaba impregnado con la esencia de su conocimiento, pero el camino aún era largo. Aunque mi dominio de ella no sería inmediato, al menos tenía una base sobre la que construir.
Me aseguré de borrar hasta el más mínimo rastro de la matriz. Ni un solo sello, ni una sola inscripción, nada que alguien pudiera estudiar o reconstruir. Solo cuando estuve completamente seguro de que no quedaba nada, me marché para reunirme con los miembros del Clan Fūma.
Mientras tanto, los preparativos finales estaban en marcha. Las mujeres del clan se encargaron de los últimos detalles de mi disfraz. Me pintaron el cabello de un rojo vibrante con tinte, ocultando por completo mis característicos mechones rubios. También cubrieron mis marcas de bigotes con maquillaje, asegurándose de que mi rostro no destacara demasiado.
Con este cambio de apariencia, pasar desapercibido sería mucho más fácil.
Los ninjas generalmente buscan signos de chakra y técnicas reconocibles. No esperarían que viajara en una caravana a ritmo mundano en lugar de desplazarme a alta velocidad como un shinobi. Si alguien preguntaba, simplemente sería un comerciante más.
Con la llegada del amanecer, me aseguré de destruir la matriz de la barrera que protegía el campamento. No iba a dejar nada al alcance de nadie. Sin protección ni estructuras reconocibles, aquel lugar solo sería una ruina más en el País del Sonido.
El Clan Fūma emprendió la marcha. Nuestro destino era el País del Hierro, para luego cruzar hacia Takigakure. El viaje transcurrió sin incidentes graves, pero no sin cierta incomodidad.
Karin se mantenía especialmente pegajosa, siempre a un paso detrás de mí, silenciosa y nerviosa. Aún parecía estar procesando el hecho de tener familia. Era evidente que no sabía cómo comportarse a mi lado. A ratos, abría la boca como si fuera a decir algo, pero luego se callaba, frustrada consigo misma.
Por otro lado, Sasame se afianzó a mi derecha con tranquilidad. Al parecer, tomó la llegada de Karin como una especie de competencia discreta, asegurándose de que mi vínculo con el Clan Fūma no se debilitara por la recién llegada. Era bastante obvio sus intenciones de ayudar a mantener en mi gracia al clan Fuma.
Los tres avanzábamos juntos, mientras alrededor nuestro los demás miembros del clan se encargaban de la logística del viaje. Tres clones de madera se mantenían ocultos entre la caravana, observando los alrededores.
A lo lejos, pude detectar la presencia de varios shinobi del Sonido. Nos vigilaban, pero no intentaron atacarnos. Nos siguieron por un tiempo, pero se detuvieron al llegar a la frontera del País del Hierro.
A medida que avanzábamos, nos detuvimos en varias aldeas pequeñas. Aproveché estas paradas para reabastecernos de ingredientes y bienes, así como para vender mis medicinas. Eran simples, pero de excelente calidad, ideales para civiles. Generaban dinero rápidamente y sin levantar sospechas.
Para reforzar aún más nuestra tapadera, contratamos un par de samuráis errantes. Con su presencia, la caravana parecía menos sospechosa. Después de todo, los mercenarios eran comunes en los caminos y no llamaban demasiado la atención.
Durante el trayecto, nos encontramos con un puesto de cazarrecompensas. Decidí aprovechar la oportunidad y comprar el libro de Bingo de Konoha. Cada aldea tenía su propio libro de Bingo, pero también existía una versión internacional que incluía a todos los ninjas de rango S, independientemente de su país de origen.
Revisé con atención las páginas del libro. Ahí estaba mi nombre. Me habían catalogado como un ninja de rango A, con una recompensa sustancial y una orden de capturar vivo y de entregarme a Konoha.
El registro mencionaba mis supuestas habilidades en fuinjutsu y clones de sombra. También habían incluido dos imágenes, una de mi apariencia antes de la Prisión de Sangre y un boceto aproximado de mi aspecto actual. Fruncí el ceño.
—Es seguro que un Yamanaka sacó los recuerdos de algún guardia—. Gruñi molesto de que tuvieran un boceto aproximado de mi.
No había otra explicación. Aunque había dejado a uno de los guardias en mi celda, varios de ellos me vieron mientras me llevaban la comida. Rotaban regularmente, así que era imposible silenciarlos a todos durante mi escape.
Honestamente, me sentí un poco ofendido por la recompensa.
Kakashi tenía una recompensa 4 veces mayor a la mía, mientras que Asuma estaba valorado en tres veces mi precio. Yo, siendo jinchūriki y descendiente de un Hokage, apenas llegaba a un cuarto de lo que era el ninja copia. No podían saber quién era realmente, pero aun así, era insultante.
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El viaje no era precisamente entretenido. Entre revisar los pergaminos de Orochimaru y entrenar con mis clones, apenas tenía tiempo para otra cosa. Dentro del pergamino principal, encontré múltiples documentos sellados. Cuando los abrí, me llevé una pequeña decepción. No eran manuales de entrenamiento solo técnicas y notas.
—Tsk… ¿En serio? —. Murmuré, pasando las páginas con una ceja arqueada.
Lo que tenía frente a mí eran notas y diarios personales de Hashirama, donde describía su experiencia con el Mokuton. Relataba cómo de niño podía hacer crecer plantas con su chakra, pero después de eso, todo era simplemente intuición y práctica en combate real. Sus habilidades se perfeccionaron en la guerra, lo que significaba que nunca desarrolló un método de entrenamiento para otros.
Suspiré, dejando el pergamino a un lado por un momento.
—Así que, básicamente, tengo que descubrirlo por mi cuenta… Genial—. Gruñi con fastidio, no era como si esperara un tutorial paso a paso, pero tener siquiera una base habría sido útil.
Mientras seguía practicando los sellos manuales de algunas técnicas, Karin se encargaba de darme de comer. Tomó un pedazo de carne asada y lo acercó a mi boca con un palillo.
—Abre—. Dijo sonriendo la joven Uzumaki.
la mire con una gota de sudor rodando ante el acto.
—Puedo comer solo, ¿sabes? —. Respondí con una sonrisa temblorosa.
Ella solo sonrió radiantemente y con una actitud fuerte ella insistió.
—Demasiado tarde—. Sonrió, empujándome la comida en la boca sin esperar mi respuesta.
Mastiqué en silencio, sin molestia real. Era interesante ver esa personalidad fuerte de la chica,que antes era demasiado nerviosa para hablarme. Sasame, por otro lado, se mantenía cerca, observándonos con los brazos cruzados. No parecía completamente cómoda con la situación, pero tampoco dijo nada.
—¿Qué pasa, Sasame? —. Pregunté entre bocados.
—Nada… —. Desvió la mirada con un leve puchero.
Era evidente que estaba marcando territorio de manera sutil. Había sido la persona más cercana a mí en el clan Fūma, y ahora Karin estaba empezando a meterse en su espacio. Solté un suspiro, pero no comenté más al respecto, eran solo dos adolescentes tontos…. aunque técnicamente yo era uno también.
Mientras esta pequeña disputasucedia, el Clan Fūma estaba ocupado montando nuestro último campamento antes de llegar al puesto de avanzada de Takigakure. A diferencia de las otras aldeas ocultas, la ubicación exacta de Takigakure era un secreto bien guardado. Cualquier cliente que necesitara contratarlos debía acudir primero a un fuerte fronterizo, en lugar de ingresar directamente a la aldea.
Esto significaba que pronto tendríamos que interactuar con más shinobi.
Sabía que necesitaba entrenar más, pero con las limitaciones actuales, no podía arriesgarme a sesiones largas o intensas. Kyubi seguía siendo hostil, así que usar clones de sombra para entrenar el chakra no era una opción viable.
Por ahora, mi mejor alternativa era mejorar mi afinidad con los elementos Tierra, Agua y Rayo. Mi semilla espiritual ayudaría a mejorar mi conexión con la naturaleza con el tiempo, pero era mejor establecer bases cuanto antes en lo referente al chakra.
Di órdenes para reforzar la vigilancia en el campamento, y creé tres clones de madera para entrenar en distintos elementos.
Elemento Agua: El primer clon tomó un recipiente y trató de manipular el agua, pegándola a su piel en forma de gotas y moviéndola con chakra.
Elemento Tierra: El segundo clon usó rocas del entorno e intentó comprimirlas y moldearlas, enfocándose en fortalecer su afinidad con la tierra.
Elemento Rayo: El tercer clon practicó el Jutsu de Asesinato Electromagnético, una técnica de rango C que conocía un shinobi Fūma. El objetivo era aprender a manipular la electricidad con mayor precisión.
A diferencia del Naruto del canon, que podía usar miles de clones para entrenar a un ritmo absurdo, yo solo podia usar tres de madera, pues mi control de chakra y del mokuton aun no eran buenos. Esto era mejor que nada, supongo.
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Yo no dormía, meditaba cultivando mi cuerpo lentamente, pues ese proceso sustituía la necesidad de dormir, mientras tanto mis clones de madera continuaron su entrenamiento sin descanso, repitiendo los mismos ejercicios una y otra vez sin que la fatiga los afectara. Eran incansables, eficientes y, lo más importante, me permitían mejorar sin que mi cuerpo real tuviera que esforzarse.
Por otro lado, el Clan Fūma se mantenía leal, y la razón era bastante clara. La riqueza que les estaba proporcionando con mis píldoras medicinales les había asegurado una estabilidad que no habían visto en años. Antes de mi llegada, apenas sobrevivían en un mundo dominado por los grandes clanes y aldeas ninja. Ahora, con un flujo constante de ingresos y provisiones, su situación había cambiado drásticamente.
Si bien estas píldoras eran consideradas basura en el mundo de la cultivación, en este mundo eran altamente apreciadas. Eran fáciles de fabricar, efectivas y, lo más importante, accesibles. Para alguien como yo, que podía hacer entre 50 y 100 píldoras curativas en una sola sesión de alquimia de dos horas, esto era prácticamente magia. Pero aunque las píldoras curativas eran valiosas, el verdadero tesoro eran las píldoras alimenticias.
—Un solo bocado y pueden sobrevivir diez días sin comida ni agua… —. Murmuré con una sonrisa mientras observaba algunas de las píldoras recién creadas.
La sola existencia de estas píldoras había cambiado la vida del Clan Fūma. Antes, la escasez de alimentos era un problema constante para ellos. Las guerras y conflictos entre aldeas ocultas dificultaban el comercio y dejaban a los clanes menores en una posición precaria. Pero ahora, con solo consumir una píldora cada diez días, sus necesidades alimenticias estaban completamente cubiertas. Nadie en el clan volvería a sentir hambre, nadie tendría que racionar la comida o sacrificarse por los más jóvenes.
Con esta seguridad alimentaria garantizada, el ánimo del clan había cambiado por completo. Ya no eran un grupo en declive, luchando día a día por sobrevivir. Ahora, estaban en crecimiento, con la confianza de que mientras permanecieran bajo mi ala, nunca volverían a pasar hambre.
Y como podía producir 100 píldoras en apenas 15 minutos, mantener un suministro constante no era un problema.
¿Por qué hacer este esfuerzo? La respuesta era simple, ganar lealtad.
Un pueblo con el estómago vacío es un pueblo rebelde, desesperado por encontrar una solución a su miseria. Pero un pueblo saciado es un pueblo tranquilo, sin necesidad de buscar alternativas peligrosas. Y si, además de eso, podían disfrutar de lujos y comodidades que antes eran impensables, entonces su lealtad no solo estaría asegurada, sino que se convertiría en dependencia.
Con el dinero que ganaba de la venta de píldoras, adquiría alimentos de lujo para el clan. Carnes curadas, fruta fresca, especias que en zonas rurales como estas eran costosas… Pequeños placeres que reforzaban la idea de que conmigo no solo estaban seguros, sino que estaban mejor.
Y mientras tanto, los estaba condicionando sin que se dieran cuenta.
Los Fūma se estaban acostumbrando a un nivel de vida que solo yo podía proporcionarles. A la comodidad, a la seguridad, a la certeza de que, con Naruto Uzumaki, sus vidas siempre serían mejores. Porque al final del día, no importa cuán fuerte me vuelva, siempre será mejor tener gente leal que se ocupe de las pequeñas cosas.
A la mañana siguiente, cuando desperté y revisé el entrenamiento de los clones, me llevé una sorpresa. Habían avanzado. Y no un poco. Avanzaron más de lo que esperaba.
El clon de Elemento Tierra había conseguido fracturar una piedra tras aplicar presión constante con chakra. No era mucho en términos de combate, pero demostraba que su control y afinidad con la tierra estaban mejorando rápidamente.
El clon de Elemento Agua podía mantener una gran cantidad de agua pegada a su piel, una habilidad crucial para futuras técnicas de control. Aún no lograba el refinamiento de mover gotas individuales, pero el hecho de que ya pudiera manipular el agua en cantidades mayores era un progreso considerable.
El clon de Elemento Rayo había logrado detener la electricidad por un segundo entero antes de liberarla nuevamente. Esto significaba que su control sobre el flujo del chakra de Rayo estaba mejorando.
Observé los resultados con incredulidad, analizando los avances.
—Creo que subestimé la afinidad que me da mi semilla espiritual con la naturaleza… —. Murmuré para mí mismo, sintiendo una mezcla de sorpresa y emoción.
El entrenamiento elemental en este mundo tomaba años de práctica para los shinobi. Refinar la afinidad con un elemento, comprender sus principios, desarrollar un control lo suficientemente preciso como para usarlo en combate… todo eso tomaba tiempo.
Pero yo, en una sola noche, ya había conseguido avances significativos. Realmente estaba OP, como dirían en los fanfics.
Al contactar con mis clones de madera, recuperé de inmediato sus experiencias y memorias. Sin embargo, a diferencia de los clones de sombra, estos no se disipaban al transferir la información, por lo que simplemente los recargué con chakra y les ordené continuar con el entrenamiento.
Esa era la gran diferencia entre ambos tipos de clones. Los clones de sombra necesitaban desaparecer para transferirme su conocimiento, pero al hacerlo también me transmitían la fatiga acumulada. Por otro lado, los clones de madera solo retenían las memorias y experiencias, sin la carga del agotamiento mental. Por eso, en términos de entrenamiento prolongado, eran superiores.
Mientras procesaba los recuerdos obtenidos, recordé algunas notas en los diarios de Hashirama. Según sus escritos, el clon de sombra había sido una creación de Tobirama, inspirada en el clon de madera de su hermano mayor. Sin embargo, debido a la ausencia del elemento madera en los demás ninjas, Tobirama había optado por un método alternativo basado en chakra puro.
—Así que el legendario clon de sombra es solo un intento de imitar el clon de madera… —. Murmuré para mí mismo, sorprendido por la revelación.
Era un dato interesante, aunque no cambiaba el hecho de que, por ahora, los clones de madera eran mi mejor opción para entrenar.
Llegamos al puesto de avanzada de Takigakure al mediodía, sin contratiempos. Tal y como esperaba, el fuerte era una estructura robusta pero modesta, con una mezcla de construcciones de piedra y madera reforzada. No era una fortaleza impenetrable, pero sí suficiente para repeler ataques menores y servir como punto de comercio y reclutamiento para mercenarios y shinobi.
No perdí el tiempo y me dirigí de inmediato a la oficina de misiones.
—Quisiera solicitar una misión de escolta —.Dije con calma, apoyando una bolsa con ryō sobre el mostrador.
El shinobi a cargo de la administración levantó la vista de sus documentos y me observó con una expresión neutral.
—Destino y requisitos —. Respondió sin rodeos.
—Vamos hacia el país del Viento, necesito escolta hasta la aldea shinobi, contamos con algunos sumarais pero quisiera shinobi para el viaje como apoyo—. Expliqué.
Mi plan era claro. De Suna, viajaríamos hacia la Tierra de los Ríos, donde me interesaba cierta mina de oro. Luego, abordaríamos un barco con destino a la Tierra del Té, donde había una espada especial que deseaba obtener.
/Un hombre tiene prioridades… y un sable de luz es una de ellas/. Pense con una leve sonrisa.
Después de la Tierra del Té viajariamos en barco, y seguiríamos nuestro viaje hacia la Tierra de los Bosques para tomar otro barco que nos llevaría a la Tierra de las Olas. Con esta ruta, evitaríamos por completo el País del Fuego, reduciendo el riesgo de encuentros no deseados con Konoha.
El ninja de la oficina revisó algunos registros y asintió.
—Puedo asignarte un equipo Genin para la escolta. Dices que ya tienes samuráis, así que solo necesitas un grupo de apoyo—. Dijo con un tono plano el encargado.
—Correcto, pero hay un requisito adicional. Quiero un usuario de viento en el equipo. Pasaremos por Suna, y un jutsu de viento será útil contra las tormentas de arena—.
El shinobi arqueó una ceja.
—El Elemento Viento es raro fuera de Suna y las regiones occidentales… pero tenemos un genin con esa afinidad disponible. Sin embargo, debe ir con su equipo, lo que significa que sería un escuadrón completo liderado por un chunin—.
—Acepto —. Respondí al final.
—Bien, partirán mañana al amanecer—. Fue su respuesta mientras cobraba los honorarios de la misi{on.
Con el resto del día libre, decidí aprovechar el tiempo fabricando mejores píldoras. Pronto pasaríamos por la capital del País de la Hierba, y allí planeaba vender mis creaciones a los nobles.
Para la gente normal, mis píldoras eran algo revolucionario. Aunque para mí no eran más que productos básicos de bajo nivel, en este mundo eran percibidas como milagrosas. Aprovechar esa percepción me permitiría asegurar aún más riquezas y recursos para el viaje.
Mientras molía ingredientes y preparaba la alquimia, Sasame se acercó con curiosidad.
—¿Qué tipo de píldoras harás esta vez, Joven Maestro?—.
—Algo un poco más refinado —. Respondí, sin apartar la vista del proceso.
—Los nobles buscan calidad y exclusividad. Así que haremos algunas píldoras más elegantes para venderlas a precios exorbitantes—. Sasame sonrió, comprendiendo de inmediato mis intenciones.
—Eso suena… inteligente—.
—Es simple economía. Si algo es fácil de conseguir, pierde valor. Si algo parece raro y difícil de obtener, se vuelve más preciado—. Dije con una sonrisa
Ella asintió, observando con atención mientras continuaba con la alquimia. Esa noche, mientras los clones seguían con su entrenamiento y el Clan Fūma descansaba, mi mente ya estaba maquinando los siguientes pasos.
Al día siguiente, la caravana estaba finalmente lista. Los Miembros del clan habían comprado provisiones a los comerciantes cercanos, que venían a buscar contratar shinobi como escoltas. Habían traído nuevos suministros, arroz crudo barato, lentejas, soja y una variedad de verduras. Con solo un kilo de cada uno de estos ingredientes, podía hacer 100 píldoras alimenticias.
Estas contenían enormes cantidades de lo necesario para una perfecta nutrición, el proceso de convertirlas en píldoras a través de la descomposición y compresión con mi qi las transformaba en algo mucho más eficiente. Era una forma barata y fácil de abastecer a toda la caravana, además de ahorrar en espacio y costos de transporte.
Mientras Karin terminaba de organizar sus pocas pertenencias, y Sasame rondaba por allí, asegurándose de que todo estuviera en su lugar, yo trataba de localizar mis propias cosas entre el caos. Ellas siempre decian que era descuidado, y tenían razón, era un desastre organizando mis pertenencias. Siempre me olvidaba de algo o las dejaba tiradas por ahí, y ellas lo sabían muy bien.
—¡No puedo creer lo que estoy viendo! —. Se quejó Karin, mirando mi mochila abierta y llena de objetos regados por todos lados.
—¡Esto es un desastre total! ¿Cómo esperas empacar cuando todo está tirado por ahí?—. Se quejo ella al ver el horror.
—Es que… ¿quién necesita organización cuando eres genio como yo? —. Me excuse, intentando justificar mi desastre con un argumento tonto.
—Lo importante es que cumpla mis obligaciones. Eso es lo que realmente importa, ¿no?—.
Karin levantó las manos en señal de rendición y comenzó a organizar mis cosas mientras Sasame, con una sonrisa divertida, me observaba.
—Ya quisiera verlo en una situación sin Karin o yo ayudándolo con estas cosas Joven Maestro —. Comentó Sasame, entre risas.
Pero justo en ese momento, el equipo genin llegó al campamento. El chunin que lideraba el grupo era un hombre común, sin nada destacable en su apariencia, y dos de sus genin tampoco parecían fuera de lo normal. Sin embargo, la chica que lideraba el grupo llamó mi atención de inmediato.
Sabía que tenía afinidad con el viento, pero jamás imaginé que enviarían a Fū, la jinchūriki del Nanabi. Mi mente trabajó a toda velocidad intentando descifrar por qué Takigakure mandaría a alguien tan valioso en una misión como esta. Una de las primeras posibilidades que consideré fue que habían descubierto mi identidad, pero la ausencia de hostilidad y el simple hecho de que solo habían enviado a dos genin, un chūnin y a Fū me hicieron descartar esa idea.
Era más lógico pensar que buscaban darle experiencia, igual que hicieron conmigo o con Gaara en su momento. Sin embargo, Takigakure no era una aldea grande, sus recursos eran limitados y sus fuerzas escasas; tal vez no tenían jōnin disponibles para protegerla. Aun así, me resultaba difícil creer que arriesgaran así a su jinchūriki, confiándole la vida a un solo chūnin.
A medida que observaba a Fū, recordé que apenas había visto algo de ella en un relleno. Era algo como una versión más alegre de Naruto, con una actitud animada y entusiasta, mucho más alegre de lo que había imaginado. Pero sus compañeros parecían indiferentes, como si ya estuvieran acostumbrados a su actitud y no les importara.
Fū se acercó con una gran sonrisa en su rostro mientras el chunin y los demás genin se mantenían a su lado.
—¡Buenos días! Soy Fū, y estaré acompañándolos en esta misión. ¡Espero que podamos divertirnos juntos y ser buenos amigos! —. Ella hablaba con una energía desbordante que no pude evitar comparar con la de mi yo anterior.
Le respondí con una ligera sonrisa algo incomoda.
—Bueno, espero que sí. Cuento con ustedes para protegernos—. Intente animarla, sabiendo bien que esta era mi oportunidad para tratar de robármela de su aldea.
Fū asintió, como si nuestras palabras fueran una promesa.
—¡Eso es lo que más me gusta hacer, cumplir con las misiones y divertirme mientras hago amigos!—.
Aunque su actitud optimista era refrescante, también me di cuenta de que sus compañeros parecían no compartir la misma energía. El chunin, que había permanecido en silencio hasta ese momento, simplemente hizo una señal para que comenzáramos a movernos.
—Bueno, parece que todos estamos listos para salir—. Dijo el chunin, con voz firme y un poco indiferente.
—Fū, cuida al cliente, nos aseguraremos de que todo esté en orden alrededor—. Fū, con su energía, dio un salto hacia adelante.
—¡Sí, sí, vamos! ¡Al final de este viaje habrá muchas historias que contar! ¡Vamos, equipo!—.
Mientras la caravana se ponía en marcha, Karin y Sasame ya se habían asegurado de que no olvidara nada más, mientras que yo trataba de disfrutar del progreso que habíamos hecho y de cómo mi caos parecía funcionar, de alguna forma, para todos los demás. Sin embargo, no pude evitar sentir que, por una vez, las cosas irian bien.
/Ojala no me maldiga con ese pensamiento/.
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Nuestro paso por el País de la Hierba fue sorprendentemente tranquilo. Con el simple disfraz que tenía, no levantábamos ninguna sospecha. Los miembros del Clan Fūma, como Karin y Sasame, tenían colores de cabello variados, lo que nos ayudaba a pasar desapercibidos. Nadie parecía interesarse demasiado por nosotros, y la capital fue un paso sin pena ni gloria.
Vimos a algunos nobles interesados en mis medicinas y ungüentos para una piel tersa. Cosas simples, pero funcionales. A pesar de lo sencillo de los productos, los nobles parecían satisfechos y compraron bastantes, lo que nos permitió ganar una buena cantidad de dinero.
—¡Un par de cajas de ungüentos, por favor! —. Gritó uno de los nobles al ver nuestras muestras, mientras tomaba la bolsa con un gesto apurado, como si estuviera comprando algo esencial para la supervivencia.
—Y no olviden los bálsamos para la piel. En este clima, hasta el más rico se vuelve un reptil si no se cuida bien la piel —. Bromeé mientras el noble se apartaba satisfecho con sus compras.
Después de desplumar a unos cuantos nobles, continuamos nuestra travesía.
Fū, como encargada de mi seguridad, pasó la mayor parte del tiempo conmigo, junto con Karin y Sasame. Las tres comenzaron a conocerse mejor, y aunque Fū era extremadamente alegre, su actitud me resultaba familiar. No era que me molestara, al contrario, me recordó a una versión femenina de Naruto. Podía notar algo más en ella, una necesidad de llamar la atención, de formar conexiones, como si estuviera desesperada por llenar un vacío dejado por una infancia solitaria.
Ese rasgo, por supuesto, era común en los jinchūriki que había conocido. Gaara lo había mostrado con una necesidad de mostrar su existencia matando, y yo mismo lo había experimentado en el pasado. Fū no era la excepción, pero aún así, su presencia tenía algo reconfortante, como una especie de optimismo inquebrantable.
Después de cruzar el País de la Hierba, llegamos al límite del País de la Lluvia, y debo admitir que, eso me ponía nervioso. No solo a mí, sino también a nuestra escolta. El País de la Lluvia era la tierra de Hanzo de la Salamandra, una figura que había sido conocida como una leyenda apodada como el semidiós. Pero el mundo no sabía que él había muerto, y que había sido reemplazado por alguien mucho más peligroso, el “líder” de Akatsuki, Pain.
Aunque en el resto del mundo se seguía creyendo que Hanzo era el líder de Amegakure, yo sabía que en realidad era Pain quien había tomado el mando. Su poder abrumador y la forma en que había transformado la aldea. Pero la mayoría de la gente seguía creyendo en el viejo mito de Hanzo, ajenos a la verdadera amenaza.
—¿Tienes alguna idea de lo que nos espera en Suna? —. Preguntó Sasame mientras miraba el horizonte con desconfianza. Sabía que algo no estaba bien.
—No es Suna lo que me preocupa —. Respondí mientras miraba a Fū y luego al frente.
—Es lo que nos podemos encontrar en el camino. El País de la Lluvia está lleno de sorpresas… y no siempre buenas—.
La lluvia torrencial empeoraba la visibilidad, y lo que había comenzado como un viaje tranquilo pronto se volvió inquietante. A lo lejos, dos figuras comenzaron a acercarse a nosotros. No fue hasta que estuvimos bastante cerca que comencé a distinguirlos, y el nudo en mi estómago se hizo más grande. Mis ojos se agrandaron al reconocer las capas negras con nubes rojas.
—No puede ser… Yo y mi maldita mala suerte —. Murmuré en voz baja, sin poder creerlo.
Uno de ellos llevaba una guadaña de tres hojas, y su sonrisa desquiciada, mientras se lamía los labios, me hizo saber que no teníamos nada bueno que esperar. Aquella sonrisa era la de un depredador, como si estuviéramos siendo observados como carne para sacrificar.
El otro, con su parte inferior del rostro cubierta, no mostró emociones, pero esos ojos con esclerótica rojiza eran inconfundibles.
—¿Qué pasa? ¿Quiénes son esos tipos? —. Fū, al notar mi tensión, se acercó rápidamente y susurró.
Tragué saliva, tratando de mantener la calma, pero la situación no era sencilla. No podía ocultar mi nerviosismo mientras observaba a esos dos hombres acercándose más. Lo sabía muy bien, por las memorias de la serie. Esos dos eran miembros de Akatsuki.
—Son Hidan y Kakuzu, miembros de Akatsuki —. Respondí, mi voz algo grave, mientras observaba la situación.
Fū frunció el ceño al escuchar el nombre de Akatsuki. Aunque no estaba familiarizada con el nombre de Akatsuki, reconoció el nombre de Kakuzu, un desertor de su aldea hace décadas, sin embargo, por mi mirada sombría, sabía que algo andaba muy mal.
—¿Kakuzu? —Preguntó, visiblemente alarmada.
—Exactamente. Kakuzu… —. Dije, aún mirando a los dos.
—Son extremadamente peligrosos. Y el otro tipo es un psicópata—.
Sasame, al ver la seriedad de mi expresión, se tensó también. Por un momento, el ambiente se volvió tenso.
—¿Qué haremos? —. Preguntó Fū, con la voz más firme de lo que esperaba, mostrando una determinación que me sorprendió. Aunque ella no tenía idea de lo que eran capaces el duo inmortal, era obvio que no le gustaba estar indefensa en una situación como esta.
—Fū, ve con el líder de tu grupo y dile que desvíen la caravana, pero sigan con curso a Suna. Yo me haré cargo —. Ordené, con una sombría determinación, realmente no me gustaba esta situación.
Karin y Sasame querían objetar, pero con una mirada, ambas corrieron a dar el mensaje para que el Clan Fūma se preparara para huir.
Yo, por mi parte, me adelanté. Al diablo con parecer una persona normal ante los shinobis de Taki. Me moví rápidamente una rápida carrera hasta estar a unos metros del dúo inmortal de Akatsuki. A mi espalda, a unos 100 metros, la caravana se movió al costado, cambiando de camino apresuradamente para evitar a los dos. Mientras tanto, el silencio se extendió entre ellos y yo.
Hidan me miró con los ojos llenos de ira, y luego desvió su mirada hacia la caravana que se alejaba rápidamente, su respiración se aceleraba por una emoción enfermiza.
—Mocoso… si tanto quieres ser un sacrificio para Jashin-sama, debiste esperar con tu grupo. No he dado un sacrificio en una semana. Jashin-sama estará deseoso de más sangre—. Sus palabras eran caóticas, impregnadas con un fanatismo tan evidente que resultaba insoportable.
Sus ojos brillaban con una locura peligrosa, mientras el ambiente se cargaba con una tensión insoportable. Mirando a Kakuzu, la única persona del dúo que parecía tener algo de cordura, decidí no perder el tiempo y negociar.
—¿Cuánto por dejar a la caravana en paz y contener a tu loco compañero?—. Pregunté de manera directa, sabiendo que cualquier intento de conversación superficial sería inútil.
Kakuzu se giró lentamente hacia mí, con una mirada calculadora, como si estuviera evaluando el costo de la negociación. Tras un largo silencio, respondió con indiferencia.
—Tomaré el dinero de tu grupo luego que este tonto se tranquilice matándolos, aunque dudo que tengan mucho—. Su respuesta, desinteresada y directa, me dejó sin esperanza. El precio era la vida de mi gente. Un precio que no podía pagar.
Respiré profundamente, sabiendo que era casi imposible vencer a este par con mi nivel actual. Mi única opción era recurrir a medios que podrían exponer mi identidad, y teniendo en cuenta que ellos planean cazar a gente como yo, eso era mala idea. Sin embargo, no podía dejar que el Clan Fūma y todos los demás murieran por mi incapacidad. Necesitaba ganar tiempo.
—Solo debo sobrevivir durante un rato, luego huir…—. Murmuré para mí mismo, intentando convencerme de que aún había una salida. Sabía que, para sobrevivir, tendría que ir con todo, solo rogaba no suicidarme con lo que planeaba.
Sin dudarlo, saqué un pergamino de mi bolsillo y lo desplegué. De su interior, apareció la espada Kubikiribocho. Apenas había practicado con ella antes de llegar a Takigakure, pero los instintos de Zabuza me serian útiles. Ademas usaría otras técnicas, no solo había memorizado los sellos de las técnicas del Mokuton, sino que también tenía en mente un jutsu que podría utilizar. Además, mi entrenamiento de afinidad con el relámpago me había dado un dominio básico de las técnicas eléctricas.
Con un movimiento decidido, clavé la espada en el suelo y realicé los signos de mano para el Chidori. Mi habilidad para formar una cuchilla aún estaba lejos de poder realizar la punta penetrante, pero la electricidad sería útil para lo que planeaba. Tomando la espada, la electricidad recorrió el gigantesco trozo de chakrametal, conduciendo el rayo de manera impecable, como si la espada fuera un conductor natural.
Sin perder tiempo, realicé el sello de carnero con una sola mano para concentrar chakra y, lentamente se formaron desde mi espalda dos clones de madera, cada uno con su propia copia del Kubikiribocho. No me detuve ahí. Con otro sello de mano, invoqué varios docenas de clones de sombra, cada uno con el plan en mente.
Miré al dúo, mis ojos fijos en ellos, sabiendo que el espectáculo que estaba montando no era solo para prepararme, sino para darle mas tiempo a la caravana de alejarse.
Había realizado todo esto de manera dramática, sabiendo que los shinobis son curiosos por naturaleza, deseosos de ver las técnicas de sus rivales. Y esos dos, al parecer, no me consideraban una amenaza real. Habían decidido esperar y ver qué hacía. Kakuzu, por su parte, parecía sorprendido al ver a un usuario del Mokuton. Después de todo, él había “intentado asesinar” al Shodaime, por lo que un usuario de esa misma técnica no era algo que tomara a la ligera.
—¿Así que eres un senju… Konoha tenia un usuario de Mokuton escondido?—. Murmuró Kakuzu, su tono revelando tanto sorpresa como cautela y yo no corregí su error.
La atmósfera era densa, como si todo el aire a mi alrededor se hubiera condensado en un peso insoportable. Hidan seguía perdido en su frenesí, cada vez más frenético, casi como si estuviera esperando el momento para lanzarse a la carnicería. Kakuzu, por su parte, observaba con una calma inquietante, como si estuviera esperando que la situación se resolviera por sí misma, o simplemente analizando la mejor forma de obtener dinero de todo esto.
Hidan reía, como si la situación fuera una broma, mientras su cuchillo de sacrificio se balanceaba entre sus dedos. Su risa era incesante, como el sonido de un maníaco perdiendo el control. Él no tenía nada que perder, y eso lo hacía impredecible. Kakuzu, en cambio, permanecía vigilante, sus ojos fríos, calculadores, esperando ver como luchaba contra Hidan.
—¿Vas a seguir parándote ahí todo el día, mocoso?—. Gritó Hidan, su voz un grito lleno de fanatismo y rabia.
—¿O vas a ofrecerme un sacrificio decente como Jashin-sama se merece?—. Dijo con locura.
Sabía que este tipo no entendería razones, y Kakuzu solo estaba esperando un buen pago, no le importaba mucho el resultado. Hidan no era solo un loco, era una fuerza destructiva imparable. Y Kakuzu… él tenía décadas de experiencia, había derrotado a más personas de las que podía contar.
Lo más sensato habría sido huir. Enfrentarme a dos ninjas clase S, uno inmortal y otro con décadas de experiencia, no era una buena idea. Si lograba escapar, probablemente sobreviviría. Pero mi prioridad era otra. La caravana tenía que llegar a salvo. Si huía, sería un fracaso, no solo para mí, sino para todos aquellos que confiaban en mi decisión. La misión era clara, ganar tiempo, lo suficiente para permitir que la caravana se alejara.
Mi respiración se aceleró mientras me preparaba para lo peor. No había vuelta atrás. No podía dejar que esta oportunidad se escapara, aunque la posibilidad de perder era alta.
—Aquí va todo…—. Susurré para mí mismo, sintiendo cómo la presión aumentaba cada vez más. Mi chakra burbujeaba, reforzando mis músculos y tendones, mientras mi qi incrementaba la densidad de todo mi cuerpo, incluidos mis órganos internos, volviéndome increíblemente denso y difícil de dañar. Me preparaba para lo que sería la lucha más difícil de mi vida.
Kakuzu observaba de reojo, esperando ver cómo me enfrentaba a Hidan. Sabía que si lograba controlar la situación durante unos momentos, podría ganar algo de tiempo para la caravana. Pero eso era todo lo que podía esperar: tiempo.
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Omake: La Oscuridad del Olvido
En las profundidades del Departamento de Interrogación y Tortura de Konoha, en el punto más resguardado de las instalaciones donde se mantenían a los prisioneros más importantes o peligrosos para extraerles información, se encontraba un niño de no más de ocho años. Su frágil cuerpo estaba cubierto de cortes y heridas, cicatrices de torturas que desmentían su tierna edad.
En medio de aquella densa oscuridad, un único orbe azul se abrió lentamente, apagado, carente de la chispa infantil que debería haber tenido. El único ojo restante de Naruto Uzumaki escaneó los alrededores de su celda, observando nuevamente las sombras deformadas de la habitación que había sido su prisión por… ¿cuánto tiempo? Difícil de decir. Sin el sol, el paso del tiempo se volvía irrelevante.
Con un suspiro seco y amargo, su mente divagó, volviendo al origen de su pesadilla.
/Seguramente te preguntas cómo llegué a esta situación./
/Bien… todo comenzó una semana y media después de transmigrar a este maldito mundo./
Había despertado en el cuerpo de Naruto Uzumaki, pero no el Naruto de la historia original. No, en este mundo él era el hijo mayor de Minato Namikaze y Kushina Uzumaki, hermano mayor de Mito y Menma, los jinchūrikis del Kyūbi—cada uno portador de una mitad, yin y yang, de la bestia.
Un escenario típico de un fanfic de Naruto abandonado, un cliché absurdo donde Naruto es olvidado o descuidado por su familia en favor de sus hermanos “más importantes”. Una premisa que, si bien sonaba como el punto de partida para una historia de superación, ocultaba un detalle crucial que la mayoría de esas historias ignoraban:
Los shinobis no son idiotas.
Un cambio tan drástico en la personalidad de un niño no pasaría desapercibido en una aldea llena de asesinos entrenados. No importa cuán descuidado o ignorado hubiera sido antes. Para alguien sin experiencia en espionaje, era imposible actuar perfectamente y mantener una fachada convincente ante sensores, anbu, y los mismísimos Hokage y Sannin.
Así que, por supuesto… me descubrieron.
Desde el momento en que alguien notó las diferencias en mi comportamiento, mi destino estaba sellado. Y para empeorar todo, el Naruto original había sido el contenedor del alma de Kurama. Sin un mejor candidato para culpar, asumieron lo más obvio en su retorcida lógica.
“El Kyūbi ha tomado el control de su cuerpo.”
No hubo preguntas. No hubo juicios. Solo cadenas, oscuridad y un dolor indescriptible.
—Confiesa—. Esas eran las únicas palabras que le decían. Una y otra vez. —Confiesa—.
Confesar qué, jamás lo explicaron. Quizás querían que dijera que era Kurama. Quizás que admitiera que estaba poseído. Quizás solo querían una excusa para justificar lo que le hacían. Pero no importaba cuántas veces intentara decirles la verdad. No importaba cuánto gritara, cuánto negara sus acusaciones. Ellos ya habían decidido qué era la “verdad”.
Y en este mundo… cuando los poderosos decidían algo, la realidad se adaptaba a su voluntad.
Pero había algo que este mundo, con su lógica estúpida, siempre parecía olvidar en cada historia. El chakra se origina en el alma y el cuerpo. Mito y Menma poseían la mitad del chakra del Kyūbi cada uno, pero yo… yo tenía el alma y cuerpo del biju. Y con el tiempo, esa alma había regenerado todo su chakra.
Durante meses soporté torturas, aislamiento y un dolor que nadie debería experimentar jamás. Pero la idea de la venganza no nació de inmediato. Al principio, quería sobrevivir. Pensé que tal vez podría razonar con ellos, que podrían darse cuenta de su error. Pero pronto entendí la verdad, para ellos, yo ya estaba muerto.
No importaba lo que dijera, lo que hiciera. Para Konoha, yo era una amenaza, un monstruo esperando el momento de despertar. Si ese era el destino que me habían dado… entonces haría que lo recordaran. Así que una noche, cuando mi mente se perdió en el sello, tomé la única decisión que aún estaba en mis manos.
Me acerqué al inmenso portón, las rejas carcomidas por un diseño defectuoso. Este sello no era tan fuerte como el del canon. Minato lo había diseñado para contener un alma sin chakra, un fantasma que no podía regenerar su poder. Nunca considero que el alma del kyubi era donde se generaba su chakra.
El gran bijū abrió sus ojos rojos y me observó con una mezcla de curiosidad y diversión. Sabía lo que iba a pedirle.
—Así que al final te rendiste—. Su voz retumbó en el sello, profunda, burlona.
—¿Quieres que destruya esta aldea?—.
—No me importa la aldea—. Mi voz sonó apagada, hueca.
—Solo quiero descansar—.
Kurama me miró en silencio por unos momentos. Tal vez estaba esperando que me retractara, que mostrara miedo, que intentara buscar otra salida. Pero yo ya había sufrido suficiente.
—Romperé el sello. Cuando lo haga, lanza una Bijūdama en todas direcciones. No ataques físicamente, no pelees. Solo destruye todo—.
El plan era simple. No intentaría sobrevivir. No intentaría luchar. Moriría con la aldea. Pero me aseguraría de que nadie aquí viviera para celebrar su victoria sobre mi.
Kurama dejó escapar una carcajada seca.
—Tienes agallas, mocoso. Está bien. Si quieres acabar con todo, lo haré. Pero dime algo…—. Su mirada se afiló, y su voz se volvió más grave.
—¿Realmente quieres que termine así? ¿No te arrepentirás?—
—No—. Fue mi única respuesta fue una sonrisa vacía.
Kurama cerró los ojos por un momento y luego asintió.
Hoy era el día.
Sabía, por las burlas de los torturadores, que hoy se llevaba a cabo la conmemoración de los caídos durante el ataque del Kyūbi. Un evento donde toda la aldea se reuniría frente al monumento a los muertos, lamentando a sus seres queridos mientras alimentaban su odio contra la bestia que habían encerrado en mí.
El lugar perfecto para la primera Bijūdama.
Volviendo al sello, me encontré con Kurama una vez más. El gran zorro me observó en silencio, su mirada teñida de una emoción que no esperaba ver en él. Lástima.
No hacia Konoha. No hacia los humanos. Hacia mí.
En su mente kurama solo confirmo algo que ya sabia, la humanidad era una enfermedad. Torturar a un niño, negarle su identidad, arrebatarle incluso la posibilidad de ser escuchado… todo en nombre de su miedo.
Me acerqué al sello con paso firme. Kurama no dijo nada. No intentó convencerme de lo contrario. Él entendía.
—Ya basta—. Murmuré, y sin más, coloqué mi mano sobre la marca que mantenía la jaula cerrada.
El sello se rompió como si nunca hubiera sido más que un mal chiste. No hubo resistencia, no hubo un sistema de seguridad como en el canon. Minato no tuvo la necesidad del sistema de seguridad del canon, después de todo el seguía vivo. Kurama permaneció en su sitio por un momento, su expresión endureciéndose. Por fin era libre. Y aún así, dudó.
Recordó a su padre. Recordó el deseo de Hagoromo de que los bijū y los humanos coexistieran. Pero mas de sesenta años de encarcelamiento le habían arrebatado toda fe en esa posibilidad. El gran zorro me miró una última vez y asintió con solemnidad.
—No sentirás nada. Te lo prometo—. Entonces, todo se volvió negro.
Y por primera vez desde que llegué a este mundo… descansé en paz.
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Notas: ¡Gracias por leer! Comenta si te gustó.
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Recuerden que Tayuya seguirá inconsciente en un coma inducido mientras se recupera y hasta que lleguen a un lugar adecuado para extraerle el alma de Orochimaru. Mientras tanto, se han encontrado con Fū… un cliché, lo sé, pero ¿qué más esperaban de este mundo?
Naruto no sabe usar la espada. Es más una cuestión de intuición: sentir cómo moverse con su peso, qué paso dar para esquivar… ¿quizás atar aquí estaría bien? Ese tipo de cosas.
Y la racha de mala suerte continúa. Naruto no está listo para esta pelea; es fuerte físicamente, pero no tiene experiencia contra oponentes así. Además, su uso del ninjutsu está limitado, por lo que tendrá que depender únicamente de su fuerza física para sobrevivir. Ojalá salga entero después de esto…
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