Danmachí: Combinación Exponencial. - Capítulo 11
- Inicio
- Danmachí: Combinación Exponencial.
- Capítulo 11 - 11 Investigación y asosiación
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
11: Investigación y asosiación 11: Investigación y asosiación Punto de Vista: Alexander.
Cuando llegamos al Gremio, no me importó cómo nos miraban los demás aventureros; simplemente cargué a mi Diosa, la única persona importante para mí en este mundo, hacia la biblioteca.
Allí nos topamos con un hombre viejo y gruñón que formaba parte del personal.
Le preguntamos por cualquier tipo de información básica que una Familia novata debiera saber para sobrevivir en Orario.
El anciano rezongó, pero aun así nos trajo todos los documentos necesarios.
Al verlos, no pude evitar fruncir el ceño.
Eran…
demasiados.
Hestia miraba los papeles como si tuviera frente a ella los cuerpos mutilados de todos sus amigos; me miró y parecía estar a punto de romper a llorar.
Me incliné y le sonreí mientras, de forma algo torpe, le acariciaba la cabeza.
—Descuida, mi Diosa, estoy seguro de que esto no es nada una vez que te acostumbres.
Cuento contigo para esto, ¿crees poder hacerlo?
—le pregunté.
Ella intentó contener las lágrimas, aunque falló un poco.
—Es…
es mucho trabajo…
no creo poder hacerlo todo…
—dijo intentando dar lástima.
Me recordó a cuando yo le hacía lo mismo a mi madre para evitar las tareas de la escuela.
Me quedé pensando un momento antes de secar una lágrima de su rostro y mirarla a los ojos.
—Hagamos un trato: intentaré terminar lo antes posible mi objetivo en la Mazmorra y, cuando vuelva, vendré directo aquí para que los dos terminemos juntos.
Y cuando acabes, iremos a comer algo delicioso con lo que gane.
Ella pareció iluminarse por completo.
—¿¡Cómo en una cita!?
Me atraganté con la pregunta.
Me puse nervioso; no estaba del todo seguro de llamarlo así, pero ella estaba tan feliz, mirándome con esos ojos llenos de esperanza y anhelo…
—Sí…
será como una cita…
solo los dos comiendo juntos.
Lo prometo —dije con algo de pena, ya que sería la primera cita de toda mi vida.
Al decir eso, pareció recuperar toda su motivación.
Sacó un pequeño cuaderno y un lápiz de su escote y miró los documentos como si fueran un enemigo peor que cualquier Monster Rex.
Comenzó a leer y a anotar con intensidad todo lo que le parecía importante.
Acaricié su cabeza, lo que le sacó un sonido de satisfacción, y me dispuse a retirarme.
Pero me detuve cuando ella habló: —Prométeme que volverás.
Me miró fijamente; su rostro reflejaba una preocupación real.
Solté un suspiro y le di una sonrisa sincera.
—Prometo que regresaré con mi Diosa.
Ella volvió a iluminarse y, mientras movía las piernas de forma infantil sobre el asiento, comenzó a escribir con mayor energía.
Con eso, la dejé tranquila y fui a la recepción.
Ahora tenía que conseguir un asesor para completar la última Misión de Legado.
Repasé mis opciones.
Vi a Misha y no pude evitar fruncir el ceño.
Ella es un “no” rotundo; su actitud cambió de servicial a una profesionalidad casi despectiva al saber que quería unirme a Hestia.
Me demostró que es alguien superficial y no me interesa asociarme con alguien así.
Luego estaba esa chica elfa de cabello púrpura…
no recordaba su nombre, pero sí que era algo torpe y despistada.
Lamentablemente, tuve que descartarla; por mucho que se esforzara, si quería mejorar pronto a la Familia Hestia, necesitaba gente competente, y eso incluía a un recepcionista de calidad.
Finalmente, llegué a mis últimas dos opciones.
Estaba la chica lobo, de quien no sabía mucho más que algunas menciones sobre su antipatía hacia los aventureros…
y luego, Eina Tulle.
El tema con Eina es que se supone que debe ser la consejera de Bell…
¿afectaría tanto que fuera mía primero?
Ella es alguien que genuinamente se preocupa por los aventureros e incluso piensa que sería mejor que no fueran a la Mazmorra por sus peligros.
Sin saber realmente qué hacer, decidí simplemente lanzar una moneda.
Cara, Eina; cruz, la mujer lobo…
espera…
no tengo monedas.
Okey…
no pensé que recurriría a algo tan infantil como esto.
—De tin…
marín…
de do…
pingüé…
Con la elección hecha, caminé hacia la mujer.
Al llegar, ella me recibió con una gran sonrisa, aunque noté un cansancio claro en su rostro.
—Hola, ¿en qué puedo ayudarlo?
—dijo con la sonrisa profesional de alguien que trabaja en atención al público.
Me presenté con calma; la decisión ya estaba tomada.
—Un gusto, mi nombre es Alexander.
Soy un aventurero novato de una familia pequeña recién creada.
Como único miembro, me gustaría ver si podría llegar a un acuerdo con usted para recibir asesoramiento.
Apenas conozco lo básico de la Mazmorra y me gustaría contar con su conocimiento para aumentar mis posibilidades de supervivencia.
Eina parpadeó, ajustándose las gafas mientras su sonrisa profesional flaqueaba.
Sus ojos verdes viajaron rápidamente de mi rostro serio al equipo que portaba en mi espalda y cintura.
Noté cómo sus pupilas se dilataban un milisegundo al analizar la Cobra System; su instinto detectó de inmediato que no era un arma estándar y que estaba mucho más preparado que el típico novato.
Si no recordaba mal, Bell vino básicamente con su ropa habitual y una daga barata; comparado con él, yo estaba decenas de veces mejor equipado.
—¿Único miembro?
—repitió Eina con ese tono preocupado y estricto que la caracterizaba—.
Señor Alexander, Orario es un lugar despiadado para las familias pequeñas.
Y la Mazmorra no perdona.
¿Realmente está seguro de entrar en ella?
Se inclinó sobre el mostrador, ignorando el bullicio de otros aventureros.
Su expresión pasó de la cortesía al análisis puro, como si intentara ver cómo reaccionaba ante sus advertencias.
—He visto a muchos jóvenes con miradas llenas de determinación terminar como nombres en una lista de bajas antes de que acabe la semana —dijo ella, cruzando los brazos tras retroceder, intentando parecer más seria e intimidante—.
Por lo general, mi mejor consejo es no ir a la Mazmorra, buscar otra cosa con qué ganarse la vida y alejarse de cualquier peligro.
La miré y pude ver esa expresión.
Posiblemente había recibido a cientos de aventureros solo para volver a ver el rostro de un puñado de ellos.
La miré a los ojos y, con la mayor sinceridad posible, le dije: —Entiendo su preocupación y comparto su antipatía por la Mazmorra.
Tampoco soy fanático de tener que ir allí —dije, y ella abrió los ojos con sorpresa—.
Pero como dije, solo soy yo de momento, y la única forma de ganar dinero rápido en Orario es la Mazmorra.
Quiero ayudar a mi Diosa en todo lo que pueda.
Tal vez, una vez que la familia crezca y nos podamos asentar, no necesitemos recurrir a ella nunca más…
Pero hasta que ese día llegue, tengo que velar por mi Diosa y arriesgarme.
La mirada de Eina se suavizó.
Pudo ver que yo no era uno de esos tipos con aires de grandeza o sueños heroicos; solo era alguien que pensaba con lógica, y la lógica decía que debía ir a la Mazmorra por necesidad, no por gusto.
Ella pareció reflexionar antes de soltar un suspiro.
Sacó una pequeña tabla de debajo del escritorio y me miró con ojos serios, pero que reflejaban una preocupación genuina.
No era como la de Hestia; era la empatía de alguien que realmente deseaba que estuvieras bien.
—Bien…
seré tu asesora mientras estés en la Mazmorra…
pero espero que escuches lo que tengo que decir.
No seas temerario bajando demasiado los primeros días y, sobre todo, tienes que venir a verme antes y después de cada incursión para informar lo que pasó.
La paga la arreglaremos cuando vuelvas de tu primera expedición, y no bajes más allá del piso 2.
¿Alguna vez has luchado antes?
Ella comenzó a hablar rápidamente y me tomó por sorpresa.
Solo pude negar con la cabeza al final mientras ella iniciaba una charla muy clara sobre cómo hacer las cosas en los primeros pisos.
Creo que tardaré más de lo que pensé en entrar a la Mazmorra…
bueno…
esto no es tan malo, al menos confirma mi misión.
Misión de Legado: Arquitectura de una Leyenda [Completada] Objetivo: Consigue que un personal del gremio sea tu asesor/a personal.
[Eina Tulle] Contexto: Un aventurero novato no conoce los verdaderos peligros del gremio.
Por lo tanto alguien quien te de los consejos más básicos para asegurar que no te maten tras dar dos pasos dentro de la mazmorra es indispensable.
Recompensa: Mejor cercanía con el/la Asesor/a con quien trabajes.
Disminución del coste de Asesoría.
Información privilegiada disponible a futuro.
Al ver la misión completada no pude evitar sonreír, antes de volver a poner atención a las explicaciones de Eina sobre cómo evitar ser rodeado, tener cuidado con las paredes o el techo y otros consejos vitales.
Puede que sea la mejor opción que tuve al escogerla como mi asesora.
“Tienes que estar atento en todo momento, ¿Me estás poniendo atención?
Repite lo ultimo que dije sobre las paredes.” Bueno…
tal vez es un poco demasiado intensa.
(Imagen) [Fin del Capitulo]
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com