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Danmachí: Combinación Exponencial. - Capítulo 19

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  3. Capítulo 19 - 19 Un silencioso Grito de ayuda
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19: Un silencioso Grito de ayuda.

19: Un silencioso Grito de ayuda.

Punto de Vista: Alexander (5 días después del último capítulo) La sensación cálida de un cuerpo aferrándose a mí fue lo que me despertó.

El sol aún no asomaba, pero ya se escuchaba el canto de los pájaros anunciando el alba.

Abrí los ojos, sintiendo un leve cansancio, y me encontré con la figura dormida de mi diosa; estaba pegada a mí como un pequeño koala que se negaba a soltar su rama.

A pesar de que su propia cama —supuestamente mucho más cómoda que la mía— estaba vacía justo al lado, terminó colándose en la mía otra vez.

Acaricié suavemente su mejilla.

Hestia comenzó a despertar y, al verme, me dedicó una sonrisa somnolienta antes de acurrucarse más profundamente en mi abrazo.

Solté un pequeño suspiro de resignación, permitiéndole quedarse así unos minutos más antes de empezar el día.

Finalmente, tras el tiempo suficiente para revisar mis misiones diarias en el sistema, lo comenté con ella.

Hestia, por quinta vez consecutiva, se negó rotundamente a que aceptara la misión de “besar a tres mujeres”.

Su posesividad salió a flote de inmediato, así que, descartando esa opción, me decidí por una misión de desafío: eliminar a cinco Minotauros.

Para ello, debía descender a los pisos intermedios, entre el 15 y el 17, lo cual es muy peligroso para un aventurero solitario.

Pero tras todos los preparativos me siento lo suficientemente listo para ello.

—¿Seguro que estarás bien?

He estado estudiando un poco y sé que un solo Minotauro ya es extremadamente peligroso para un aventurero en solitario —dijo ella con preocupación, observándome mientras me ajustaba la armadura.

—Prometo volver para el mediodía si todo sale según lo previsto.

Después de todo, no quiero preocupar de más a mi diosa —respondí, dándole los últimos toques a mi equipo frente al espejo.

(IMAGEN) Con todo listo, a excepción de mi Viper 2.0 y el escudo que me esperaban sobre la mesa, procedí con lo que Hestia había bautizado como nuestro “ritual de despedida”.

Como mi cabello es largo y ella se niega a que lo corte porque le fascina, me senté al borde de la cama para que ella pudiera manejarlo.

Hestia, dando saltitos de alegría en la misma cama, se acomodó detrás de mí.

Sus manos, con un toque que ya me resultaba familiar y reconfortante, comenzaron a jugar con mi cabello para darle forma.

La escuché tararear una melodía suave mientras trabajaba; cerré los ojos y respiré con calma, dejando escapar una pequeña sonrisa, algo que últimamente me permitía expresar con más frecuencia gracias a su compañía.

(IMAGEN) Tras verme al espejo con una coleta alta, asentí conforme.

Según Hestia, me veía muy bien así.

Me despedí con un beso en su frente —un gesto que la hizo reír de felicidad al ser yo quien tomó la iniciativa— y le prometí volver a tiempo para almorzar juntos.

Al salir, contemplé la muralla construida recientemente por la Familia Goibniu.

Era lo suficientemente alta como para disuadir las miradas indiscretas y, por si fuera poco, los pinchos en la parte superior advertían a cualquiera que intentara una entrada forzosa.

El terreno era amplio y caminé por el sendero de tierra que los herreros tuvieron la cortesía de trazar desde mi casa improvisada hasta el gran portón.

Ese portón lo había reforzado yo mismo con mi magia, usando hierro purificado y una gota de la sangre de mi diosa; ahora era imposible de abrir para cualquiera que no perteneciera a la familia.

Si alguien lo intentaba por la fuerza, sentiría sus manos arder como si tocaran metal al rojo vivo.

Crucé las puertas con facilidad y, con el sol del alba a mi costado, me dirigí al Gremio.

Mi armadura y armas eran un disuasivo suficiente para los maleantes del distrito, así que nadie intentó nada estúpido.

Al entrar al Gremio, vi a Eina organizando documentos mientras soltaba un pequeño bostezo.

—Buenos días, Eina —dije acercándome con suavidad para no sobresaltarla.

Ella dio un pequeño salto, tratando de espabilarse, y me miró con sorpresa mientras un leve rubor cubría sus mejillas.

—¡Ah!

¡Sí!

Buenos días, Alex.

¿Vas tan temprano a la mazmorra?

—preguntó, y yo asentí con mirada seria.

—Hoy planeo cazar un Minotauro.

Mis estadísticas son lo suficientemente altas como para considerar el ascenso a Nivel 2 —mentí parcialmente.

No quería decirle que mataría a cinco o posiblemente más y que ganaría 25 puntos en todas mis estadísticas por cada uno; no quería angustiarla más de lo necesario.

—¡Eso es demasiado peligroso!

¡Apenas llevas un mes como aventurero!

—exclamó.

Antes de que comenzara su habitual reprimenda, puse una mano en su hombro.

—Lo sé…

por eso quería pedirte toda la información posible antes de enfrentarme a uno.

Sé que es un riesgo, pero mi familia lo necesita, yo lo necesito…

tengo que fortalecerme lo antes posible.

No podía quedarme estancado.

No con Freya vigilando mis pasos desde las sombras.

Tenía que estar preparado para cualquier cosa que ella intentara.

Eina me sostuvo la mirada un largo rato hasta que soltó un suspiro y me hizo un gesto para ir a una sala privada.

Pasamos cerca de una hora hablando sobre los Minotauros: su comportamiento, su tendencia a moverse en grupos de dos a cinco, y las armas rudimentarias pero letales que fabrican con sus propios cuernos.

Son más inteligentes que el monstruo promedio y saben cuándo retirarse si la pelea va mal.

—Gracias…

esta información será vital.

Si mi habilidad de suerte me otorga algún material raro, prometo vendérselo al Gremio.

Y…

si hay algo que pueda hacer por ti después de todo lo que has hecho por mí, no dudes en pedirlo.

Eina bajó la cabeza, evitando mi mirada por un momento.

—…

ci…

cita…

—¿Perdona?

¿Dijiste algo?

—pregunté, y ella negó rápidamente con la cabeza, nerviosa.

—No, es que…

tienes un buen equipo, pero me gustaría que me acompañaras un día que tenga libre para comprar algunas cosas…

si te interesa, claro —dijo agitando las manos.

—Por supuesto.

No tengo problema con eso, Eina.

Cuando regrese, dime qué día estás libre y saldremos.

Era lo mínimo que podía hacer.

Su rostro pareció iluminarse ante mi respuesta.

Con eso, me despedí y emprendí mi camino hacia la Mazmorra.

Salto de Tiempo Punto de Vista: ??????

—¡Hey, date prisa y recoge esas piedras, maldita inútil!

—Sentí una patada en mi costado que me hizo soltar un quejido de dolor, aunque ningún sonido salió de mis labios.

Solo pude asentir y comenzar a extraer los núcleos de las Mantis de Cristal y los Sabuesos Infernales con mayor velocidad.

¿Cómo terminamos en el Piso 15?

Este grupo, liderado por un solo Nivel 2, apenas tiene fuerza para estar aquí.

—Bff, estoy exhausto…

Quiero irme a casa, jefe —dijo uno de ellos, y no pude evitar sentir alivio al escucharlo.

—Ni hablar, idiotas.

Aún tenemos que matar un par de Minotauros como mínimo.

Ya son lo suficientemente fuertes para subir de nivel; con 500 puntos en sus mejores estadísticas es suficiente, y apenas llevan un año y medio como aventureros, será mejor que muevan el culo y suban rapido.

Idiota, pensé.

¿En serio quieres desperdiciar tu vida así?

Quería gritarle por su imprudencia.

Yo, que fui Nivel 3, nunca intenté nada tan arriesgado.

Tardé tres años en subir a Nivel 2 porque no quería poner en peligro a mis compañeros, y otros ocho para llegar al Nivel 3 y tener una base mágica decente para compararme, aunque fuera un poco, a Lady Rivera.

Pero estos imbéciles se juegan la vida con estadísticas de rango G.

Los números no importan cuando te enfrentas a una fuerza abrumadora.

—¡Oh!

¡Miren, chicos!

¡Es nuestro día de suerte!

—gritó el líder, apuntando su gran espada hacia un Minotauro que se acercaba.

—El plan es sencillo: yo llamo su atención y ustedes lo rodean.

Cuando esté listo, golpéenlo sin matarlo y dejen que Richard dé el golpe final para que suba de nivel.

El plan no era del todo malo, pero había un problema: un Minotauro nunca está solo.

Miré a los alrededores.

El monstruo se detuvo en una bifurcación.

Con mis sentidos de Nivel 3, pude notar la presencia oculta tras las paredes.

Otros tres Minotauros.

No…

era una trampa.

Tiré de la ropa de uno de los hombres, señalando hacia los monstruos escondidos, pero él solo chasqueó la lengua y me pateó en la cara.

—Suéltame, maldita muda.

Tch, ¿qué le pasa a esta tipa?

—¿Esa?

Es de la Familia Kratos.

Al parecer tenía talento, pero perdió la voz —respondió otro.

El recuerdo trajo un dolor punzante a mi garganta y me la toqué involuntariamente.

—¿Y qué tiene que ver perder la voz con el talento?

—Idiota, es una semielfa.

Los elfos son amados por el maná, tienen reservas mágicas superiores.

¿Pero qué hace una maga que no puede recitar?

—¡Ahhh!

Ya entiendo…

no puede hablar, así que no puede lanzar hechizos.

Qué patética.

Hablaban como si yo no estuviera ahí…

No…

Lo hacían a propósito; me miraban con ese desprecio y superioridad que….

ella….

la misma que ella me mostró después de…

—Bien, chicos.

¿Listos?

De repente, un chillido ensordecedor bajó del techo.

—¡HAGGG!

Todos se taparon los oídos.

El hombre bestia del grupo cayó de rodillas, sufriendo más debido a su audición sensible.

Yo también sentí dolor, pero estaba más acostumbrada a él.

Tres Murciélagos Terribles descendieron, soltando gritos sónicos que desorientaron a todos.

El Minotauro de antes cargó contra el Nivel 2, pero no venía solo.

Lo seguían otros cinco.

Estamos muertos.

El aventurero de Nivel 2 no tuvo oportunidad.

El Minotauro clavó sus cuernos en su estómago.

Intentó defenderse, pero otro Minotauro le cercenó la mano que sostenía su espada.

Sus gritos cesaron cuando un mazo de piedra improvisado le destrozó el cráneo.

El pánico se apoderó de los demás.

No hubo organización, solo una huida desesperada en todas direcciones.

Algunos fueron despedazados por los Minotauros; otros, atrapados por los Murciélagos que comenzaron a desgarrar sus cuellos.

Comencé a retroceder.

Tenía que escapar.

Si llegaba a las escaleras…

Choqué contra algo grande detrás de mí.

Giré la cabeza lentamente.

No…

un sexto Minotauro nos había cortado la retirada.

No quiero morir…

—A…

yu…

da…

—Mi voz apenas era un susurro roto.

Quería gritar, pero nadie me escucharía.

Suplicaba por un milagro.

No quería morir aún…

quería ser como ella…

Por favor…

que alguien me salve…

BANG.

[Fin del Capitulo] REFLEXIONES DE LOS CREADORES NecroX_Sombra ¡Espero que hayan disfrutado de este giro en los acontecimientos!

Antes de que la sección de comentarios explote con gritos de “¡OH MY GOD, ES KRATOS!”, permítanme hacer una pequeña aclaración: No es el Kratos de God of War: Aunque todos amamos al Fantasma de Esparta, aquí nos basamos en la mitologías originales, mas o menos.

¿Quién es el “verdadero” Kratos?: En los mitos, Kratos (o Cratos) es la personificación de la Fuerza y el Poder.

Es uno de los ejecutores de Zeus, alguien que valora la fuerza por encima de cualquier otra cosa.

Planeo profundizar mucho más en esta interpretación y en cómo afecta a la semielfa en el futuro, así que ¡Estén muy atentos a las próximas actualizaciones!

¡El Desafío de las Almas Errantes!

Como siempre, si les gusta lo que leen, no olviden: Comentar: Me encanta saber qué piensan de la historia y como voy avanzando en esta.

Dar Like y Compartir: Esto ayuda a que nuestra comunidad crezca.

Piedras de Poder: ¡Son el combustible para seguir escribiendo!

Meta Especial: Si logramos entrar al Top 10 en el ranking de votaciones, ¡les traeré un Maratón de 3 Capítulos el mismo día que lo consigamos!

Es una promesa.

En cualquier caso, ¡soy NecroXSombra, y les deseo lo mejor, mis queridas Almas Errantes!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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