Danmachí: Combinación Exponencial. - Capítulo 2
- Inicio
- Danmachí: Combinación Exponencial.
- Capítulo 2 - 2 Capítulo 2 El Primer Lazo
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
2: Capítulo 2: El Primer Lazo.
2: Capítulo 2: El Primer Lazo.
Punto de vista Hestia —¡Por fin!
¡Mi momento ha llegado!
¡Está aquí!
—Me gritaba a mí misma frente al espejo, presa de un frenesí de nervios.
Intenté domar mi cabello por décima vez.
¿Una cola de caballo?
No, demasiado simple.
¿Una trenza?
No me gusta cómo me sienta…
¿¡Y qué tal suelto y liso como el de Deméter!?
No, mi pelo no tiene esa paciencia.
¡Al diablo, las dos coletas de siempre son la clave!
¡Resaltan mis mejores atributos!
[Imagen] —¿Así que al final alguien picó el anzuelo?
Esto no me lo pierdo.
—La voz de Hefesto cortó el aire, cargada de ese pragmatismo que a veces me dolió—.
¿Quién está tan loco o tan desesperado como para buscar a una diosa recién llegada, sin un solo seguidor y que vive de arrimada en mi mansión?
[Imagen] Sus palabras dolieron.
Eran dardos de verdad pura, ¡pero dolían igual!
-¡Puaj!
¡Hefesto, se supone que eres mi amiga!
¡Deberías apoyarme, no ponerme más ansiosa!
¿Y si tienes razón?
¿Y si me ve y piensa que no soy nada especial?
—Sentí que mis rodillas temblaban.
Hefesto soltó un suspiro, cruzándose de brazos bajo su parche.
—Calma.
El hecho de que haya venido hasta aquí siguiendo una recomendación del Gremio ya te da ventaja, esta interesado.
Pero no haré todo el trabajo por ti.
Si se une, lo máximo que haré será darle algún arma de tercera categoría para que no muera en el primer piso, pero no abuses de mi hospitalidad, Hestia.
—¡Hefesto…eres la mejor!
¡Por eso te quiero tanto!
—Me lancé a abrazarla, pero ella me puso la mano en la frente, deteniéndome.
—¡Hagg!
¡Suéltame, enana melosa!
¡Sabes que no soy de abrazos!
—¡Mentira!
¡Te gustan tanto como a mí, si no, ya me habrías echado a patadas hace meses!
—Le sonreí con suficiente ciencia.
En el fondo, sabía que ella quería que esto funcionara tanto como yo.
— Suspiro En cualquier caso, recuerda, aun si es el primero en venir, no tienes que aceptarlo de inmediato, hazle preguntas, aprovecha que no pueden mentirnos sin que no lo sepamos y averigua más de el, reclutar miembros fuertes o con potencial no sirve de nada si al final metesa un potencial violador o drogadicto a tu familia.
—Sus palabras son crudas, contundetes y duras, tipico de Hefesto, pero verdad no le falta.
Lo ultimo que quiero es un pervertido que intente violarme mientras duermo, si no fuera por ese lindo burrito quien sabe lo que ese imbécil de Priapo me habría hecho.
—Disculpe…
¿Están listas, Lady Hefesto, Lady Hestia?
—Una de las recepcionistas de la mansión asomó la cabeza.
Hefesto me buscando miró confirmación.
Asentí con una determinación que ocultaba mi pánico interno.
Ella hizo un gesto seco para que lo dejaran pasar.
Los segundos se sintieron como eras.
Se supone que para nosotros el tiempo mortal es un parpadeo, pero ahora mismo, cada tic-tac del reloj era un martillazo en mi pecho.
—Con su permiso…
—Una voz.
Una voz que me detuvo el corazón.
No era tosca, ni dominante como la del insoportable de Apolo.
Era como una melodía de lira, suave pero firme, de esas que se quedan vibrando en tus oídos mucho después de que el silencio regresa—.
Voy a pasar.
Lo primero que vi fue el color.
Un morado profundo en su cabello, liso y elegante, que parecía absorber la luz de la habitación.
Pero fueron sus ojos los que me desarmaron: de un tono amatista mucho más claro, tan brillantes que por un momento olvidé cómo respirar.
—En primer lugar, quiero agradecer a la Diosa Hefesto por permitirme entrar en su finca.
Lamento si he sido imprudente o si he interrumpido asuntos importantes.
—Sus modales eran impecables.
¡Ganesha, toma nota!
¡Así se comporta alguien con clase, no como un elefante gritón!
—Ningún problema, mocoso —respondió Hefesto, aunque noté que ella también lo estaba analizando con curiosidad—.
Quería ver por mí misma si mi amiga realmente tenía la oportunidad de conseguir a alguien que valiera la pena.
¡Me saqué el premio gordo!
¡Hestia, no lo arruines, por lo que más quieras, no lo arruines!
—Mi Hestia nombre es…
yo conocer tu…
¡Gusto es un!
—Solté, tropezando con mis propias palabras.
Quería que el suelo se abriera y me tragara.
Una oportunidad, solo tenía una, y acababa de quedar como una tonta analfabeta frente al candidato perfecto.
El joven, sin embargo, no se río.
Solo hizo una pequeña inclinación de cabeza.
—Igualmente es un gusto conocerla, Diosa Hestia…
Quisiera solicitar formalmente unirme a su Familia, si no es mucha molestia.
—¡POR SUPUESTO!
¡VAMOS A PONERTE LA FAL…!
¡AUCH!
—Un golpe seco de Hefesto en mi cabeza me detuvo en…
seco.
Me miró con irritación; ya habíamos ensayado esto…
—Digo…
ejem.
No tengo inconveniente en aceptarte, pero…
¿Por qué mi Familia?
Hay docenas de Familias famosas en Orario.
¿Por qué yo entre todas ellas?
—Porque, a diferencia de la mayoría de los otros dioses que son unos idiotas, usted es un libro en blanco y sus dominios encajan con mis propios deseos.
….
….
….
Silencio.
Fue tan directo que me dejó helada, mire a Hefesto preguntándome si tuvo un hijo en secreto de alguna forma, porque su forma de hablar me recuerda un poco a ella.
—Po-podrías explicarlo mejor?
—pregunté, sintiéndome pequeña.
¿Me estaba eligiendo por descarte?
¿Soy la menos mala?
¿No es eso igual de malo?
—Es simple —continuó él, cruzando los brazos pero manteniendo su postura elegante—.
No tengo un talento legendario ni un deseo ardiente de conquistar el fondo de la Mazmorra.
Solo busco estabilidad.
No quiero preocuparme por si mañana tendré comida o un techo.
Quiero vivir una vida cómoda con personas que pueda llamar amigos o familia.
Eso podría chocar con el interés de muchos dioses y podría terminar obligado a algo que no quiero.
Esa falta de ambición heroica me sorprendió, pero al mismo tiempo…
me encantó.
Yo no quería herramientas de guerra, quería una familia.
Aunque me encantaría restregarle un hijo fuerte a la plana de Loki, me bastaba con tener a alguien con quien compartir el pan cada noche.
—Suena a un plan bastante agradable…
—admití, ya que yo vine para pasarlo bien en el mundo terrenal, y aunque me gusta discutir con esa plana de Loki que mi familia la superara, realmente solo quiero un montón de hijos lindos con los que pasar mis días.
—Y por eso es la mejor opción.
—El hombre me volvió a mirar y me miró fijamente.
Sus ojos eran tan intensos que sentía que podía ver a través de mi divinidad—.
Hay dioses como Soma, que es un inútil que deja que sus hijos se maten por sus vinos fallidos.
Hay diosas como Freya, que aunque hermosa, vive rodeada de guerra y caprichos; no busco ser un peón en sus juegos.
Y Miach…
él es bueno, pero su deuda es tan grande que me sentiría como un esclavo intentando pagarla.
Hefesto ascendió, visiblemente impresionada por el análisis del chico.
—Me gusta este mocoso.
Oye, ¿por qué no te unes a mi Familia mejor?
No tengo ninguno de esos desperfectos, y sinceramente tu actitud me agrada.
—¡¡HEFESTO!?
—Grité, sintiéndome traicionada.
¡Ni siquiera sé su nombre todavía y ya me lo quiere robar!
El chico se ríe suavemente, una risa melodiosa, pero luego pone una expresión agradecida pero claramente triste que le dio una luz increíble a su rostro.
—Gracias por la oferta, Lady Hefesto.
Respeto profundamente su arte, pero alguien sin interés en la forja sería una carga para usted.
Prefiero ser honesto al rechazarla por no compartir los mismos objetivos.
—Hmph.
Es una última la verdad que no te interesa la Forja…
hubieras sido un buen hijo —dijo Hefesto, ocultando su molestia por no poder tenerlo para ella —.
Pocos tienen el valor de decirles a dos diosas en la cara que no te gustan los demás dioses o que tiene una opinión tan baja de estos.
—Yo puedo respetar su poder como divinidades —dijo Alexander, volviendo su mirada hacia mí—, pero el respeto personal se gana.
Mi opinión hacia usted, Diosa Hestia, es neutral en el peor de los casos, aunque por ahora parece una buena diosa.
Sé que su dominio es el hogar.
Si me uno a usted…
¿Podríamos construir juntos un lugar donde vivir en paz, sin miedo a nada ni a nadie?
¿Un lugar que realmente podemos llamar hogar dentro de este pueblo caótico y peligroso?
No dudó.
Su voz era pura sinceridad.
Y yo…
yo tampoco podía dudar ahora.
Además…
un hogar…
¿Uno como ese?
¡Yo tambien quiero crear un hogar así!
—No tengo riquezas todavía —dije, levantándome con toda la dignidad que mi estatura me permitía—, ¡Pero prometo que haré todo lo que esté en mi poder para darte un hogar al que siempre podrás regresar, conmigo en el para darte la bienvenida todos los días cuando llegues exhausto!
¡Esa es mi palabra como diosa!
El chico soltó un suspiro, el suspiro no fue de decepción o burla, podía sentir y ver cómo su figura brillaba mes, como si se hubiera quitado un enorme peso de encima, y luego..
una sonrisa…
creo que podría quedar ciega por esa sonrisa.
Una sonrisa que vino de su alma y que parece haber alejado completamente esa antipatía y mirada aburrida que parece siempre tener.
—En ese caso…
disculpe mi presentación tardía.
Mi nombre es Alexander Varges.
Espero poder contar con usted de ahora en adelante…
Mi diosa.
[Imagen] Un escalofrío me recorrió la espalda.
Fue tan dulce, tan…
perfecto, quiero…
quiero escucharlo decirlo otra vez.
—¿Pu-puedes decir eso último otra vez?
—le pedí, casi en un susurro.
Él parpadeó, confundido, pero luego suavizó la mirada y dijo con un tono mucho más sensual —Mi diosa.
¡Ahhh~!
Podría acostumbrarme a escucharlo decirme asi todos los días.
Miré de reojo a Hefesto y vi que tenía un ligero rubor en las mejillas.
¡Oh, no!
¡Búscate tu propio chico guapo Hefesto, este ya es mío!
—¡Muy bien, Alex!
¡Quítate la ropa!
—exclamé con entusiasmo.
El silencio que siguió fue absoluto.
Alejandro quedó petrificado.
Hefesto casi se atraganta con su propia saliva.
—…
—Alexander me miró con una ceja levantada.
—…
—Hefesto se llevó la mano a la cara.
—Eh…
creo que no me expresé bien…
Qui…
quise decir para poner mi Falna y…—balbuceé, dándome cuenta de cómo sonó, pero me sorprendió cuando el simplemente dijo…
—Está bien —dijo él, encogiéndose de hombros con una calma aterradora mientras empezaba a mover sus manos a su…
¿Pantalones?—.
Supongo que es parte del contrato.
—¡ESPERA, ESPERA!
¡NO LOS PANTALONES!
¡SOLO LA CAMISA!
¡N-NO TE LO QUITES!
—Grité, roja como un tomate mientras me tapo la cara con mis manos, pero realmente no aparto la mirada…
owww…
si se detuvo…
— JAJAJAJAJA — Hefesto solo se reía más y más por lo sucedido pareciendole divertido todo esto.
Fin del capítulo REFLEXIONES DE LOS CREADORES NecroX_Sombra Un punto de vista diferente, estoy intentando adaptarme a diferentes narradores y ponerme en la piel de estos.
Ahora me duele la espalda pensando en cargar esos enormes pechos para todos lados.
Quitando las bromas, si ya se dieron cuenta Alex no es el OC que se sabe la hisotria de arriba a abajo, es un tipo que trabaja, y trabajaba mucho, por eso esa actitud algo apatica y su deseo de una vida tranquila para pasarla en su casa con su familia y amigos.
Ademas de que no a visto mucho anime o series y su conocimiento viene de memes, fanfics que lee para matar el tiempo, y algun que otro Spoiler visto por internet, asi que el tipo no sabra como reacionar a algunos eventos importantes.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com