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Danmachí: Combinación Exponencial. - Capítulo 20

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  3. Capítulo 20 - 20 Una compañía Silenciosa
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20: Una compañía Silenciosa 20: Una compañía Silenciosa Punto de Vista: ??????

Un estruendo ensordecedor, diferente a cualquier cosa que hubiera escuchado en mi vida, resonó por toda la cueva.

El cuerpo del Minotauro que tenía frente a mí se desplomó pesadamente, revelando la figura de un hombre detrás de el.

Lo recordaba; él me había defendido de aquel grupo despreciable con el que me obligaron a trabajar hace tiempo.

La extraña arma que antes usó para amenazarlos ahora soltaba un rastro de humo por la punta.

Me miró apenas un segundo antes de volver a centrar su atención en la horda de monstruos que habia detras.

—Detrás de mí —ordenó.

Su arma volvió a rugir con dos aullidos potentes que me hicieron estremecer, obligándome a arrastrarme por el suelo para alejarme del estrépito.

¡BANG!

¡BANG!

Acompañando al ruido, se escucharon chillidos de agonía.

Los Murciélagos Terribles habían recibido el impacto; uno perdió casi toda el ala junto con un costado de su cuerpo, mientras que el otro simplemente estalló en vísceras antes de convertirse en ceniza cuando su piedra mágica fue destruida en el proceso.

El tercer murciélago se lanzó sobre él chillando de furia.

El chico hizo una mueca de dolor por el sonido ultrasónico, pero cuando la criatura estuvo lo suficientemente cerca, desenvainó un cuchillo que llevaba en la espalda y, con un movimiento fluido, partió al monstruo por la mitad.

Dos de los Minotauros, que hasta hace un momento masacraban a los otros aventureros, finalmente nos notaron.

Rugieron y cargaron hacia nosotros.

El aventurero levantó de nuevo su artefacto y, con ese ritmo atronador, golpeó varias veces a las bestias.

No se detenían de inmediato, pero era evidente que sufrían un daño masivo: agujeros perfectos aparecían en sus cuerpos, algo que ninguna flecha o espada normal lograría con tanta facilidad.

Sin embargo, en lugar del estruendo habitual, de pronto se escuchó un chasquido seco.

Click.

Click.

Click.

—Mierda…

—masculló él.

Guardó el arma en su espalda y desenvainó la cimitarra de su cintura.

El primer Minotauro lanzó una embestida brutal, buscando ensartarlo con sus cuernos.

Él no bloqueó el ataque; usó su escudo para desviar la carga hacia un costado y, aprovechando la apertura, lanzó un tajo descendente.

Me temí que no tuviera la fuerza necesaria para atravesar la dura piel del monstruo, pero me quedé atónita cuando la hoja cortó carne y hueso como si fuera mantequilla, separando la cabeza del cuerpo de un solo golpe.

Otro Minotauro lo golpeó con una maza de piedra.

El chico bloqueó en el último segundo con el escudo, rodando por el suelo para absorber el impacto.

Se puso de pie rápidamente, clavando la espada en la tierra para impulsarse, y sacó de uno de sus bolsillos un objeto extraño con varios cilindros metálicos.

Con un movimiento de muñeca, su arma principal pareció abrirse por la mitad.

Varios casquillos vacíos salieron disparados, cayendo al suelo con un tintineo casi armonioso, como pequeñas campanillas.

(Imagen) Clin, clin, clin, clin.

Empujó el nuevo cargador dentro del arma, la cerró con un golpe seco y volvió a apuntar.

Todo el proceso no duró más de dos segundos.

El arma rugió cuatro veces más y el enorme Minotauro cayó de espaldas, con la lengua afuera y el pecho destrozado.

Los últimos tres Minotauros se percataron de la masacre y emprendieron una carga desesperada.

Él intentó disparar, pero de nuevo se escuchó ese fatídico click.

Mi sangre se heló; por muy rápido que fuera recargando, los monstruos estaban demasiado cerca.

De repente, el chico tomó uno de los frascos metálicos de su cinturón, tiró de una anilla y lo lanzó hacia adelante.

—¡Cúbrete los ojos!

—gritó, dándoles la espalda a los monstruos mientras buscaba más munición.

Aterrorizada, intenté alcanzarlo para sacarlo del peligro, pero antes de tocarlo, una luz cegadora y un estallido insoportable me golpearon al mismo tiempo.

Mis oídos zumbaron con un dolor agudo y mi visión se volvió un blanco absoluto.

Entré en pánico.

¿Qué era eso?

¿Un nuevo tipo de monstruo?

¿Un ataque de área?

Mientras soltaba un gemido silencioso de dolor, el mundo a mi alrededor se convirtió en una masa informe de blanco y gris.

Mis oídos no solo zumbaban; dolían con un pitido agudo que parecía taladrarme el cráneo, haciendo que cada pensamiento se sintiera como si estuviera sumergido en un espeso lodo bajo el agua.

En mi ceguera, el pánico me invadió.

¿Un nuevo monstruo?

¿Un ataque de área de un Aberrante?

Intenté retroceder, pero mis piernas no respondían bien.

De pronto, sentí una presión física: unas manos firmes se posaron sobre mis hombros.

Me estremecí de puro terror, esperando sentir garras o colmillos, pero el contacto era cálido, humano.

A través del muro de algodón que envolvía mis sentidos, empezaron a filtrarse fragmentos de una voz que luchaba contra el pitido de mis oídos: —…tás…

¿bi…

n…?

—la voz vibraba entre cortadas cuando llegaban a mis oídos—.

…pue…

des…

¿oír…

me…?

Parpadeé con desesperación, obligando a mis ojos a enfocar.

Poco a poco, la neblina blanca fue retrocediendo como una marea.

El color regresó a mi mundo y el rostro del chico apareció frente a mí.

Su expresión era tranquila, pero sus ojos buscaban los míos con una preocupación sincera que no logré procesar de inmediato.

Finalmente, el zumbido remitió lo suficiente para que su voz recuperara su tono aterciopelado y completo.

—¿Estás bien?

¿Puedes oírme ahora?

—preguntó, soltándome suavemente cuando vio que mis pupilas dejaban de bailar.

Yo lentamente asentí con la cabeza, para que sepa que esta vez si lo entendía.

—Bien…

parece que el efecto no fue tan grave —soltó un suspiro de alivio mientras me soltaba—.

Te dije que te cubrieras los ojos.

Miré a mi alrededor.

Su arma aún soltaba hilos de humo.

Los tres Minotauros que cargaban contra nosotros estaban tirados en el suelo, inertes; uno de ellos tenía un agujero preciso en el ojo.

Él caminó hacia los cuerpos, pateándolos con cautela para asegurarse de que no fingieran estar muertos.

Una vez convencido, se relajó y guardó su equipo.

Sacó un cuchillo diferente, uno con forma de gancho, y con una precisión quirúrgica abrió el pecho de uno de los Minotauros para extraer la piedra mágica.

Cuando el cuerpo se desvaneció en humo negro, un cuerno cayó al suelo.

Qué suerte, pensé.

Los objetos de botín de los Minotauros suelen ser raros.

Me acerqué a los cadáveres de los otros aventureros y recogí las bolsas de piedras de dinero y mágicas que tenían ellos, no es como si las fueran a utilizar, además tengo la intención de entregárselas como ofrenda a mi salvador para ver si de alguna forma podría seguir protegiéndome para volver a la superficie.

Para cuando llegué a él, ya estaba abriendo el tercer Minotauro…

y cayó otro cuerno.

No podía creerlo.

Cuarto Minotauro, otro cuerno.

Quinto, nada.

Sexto…

otro cuerno.

Abrí los ojos de par en par.

¿Era una habilidad única o el efecto de elegir la habilidad de desarrollo de suerte?

Guardó todo en una mochila que le quitó a uno de los muertos y se la echó al hombro antes de mirarme fijamente.

Su inspección fue larga, silenciosa, como si estuviera evaluando mi estado.

Yo no sabía qué hacer.

Dudando, le extendí las bolsas de dinero y piedras mágicas de los muertos como tributo.

Él pareció confundido, pero después de un momento, solo tomó dos de ellas.

Miró el resto del equipo esparcido por el suelo y pareció meditar.

—¿Tienes inconveniente en llevar el equipo de los aventureros muertos?

—preguntó con voz tranquila, carente de esa malicia o codicia a la que estaba acostumbrada.

Miré el equipo; era demasiado para mí sola, especialmente con las provisiones y gemas que ya cargábamos.

Intenté gesticular para explicarle que podía llevar una parte, pero no todo.

Después de todo yo nunca fui alguien que se preocupo por subir mucho sus estadísticas físicas al ser una maga.

Él pareció entenderme, porque se quedó pensativo.

Luego, me hizo un gesto para que le entregara mi mochila.

Me tensé, temiendo que me robara lo poco que tenía, pero se la entregué.

Él se la puso al hombro y, a cambio, me entregó la suya…

la que contenía los cuatro cuernos de Minotauro.

Me quedé incrédula, pero acepté el intercambio con movimientos lentos por si era algún tipo de trampa.

—Sus armas no me interesan, pero las armaduras son otra historia.

Si me ayudas a quitarlas y guardarlas, te puedes quedar con el dinero y las gemas que recolocaste con ellos antes que yo llegara —dijo, y comenzó a despojar al líder de Nivel 2 de su conjunto de armadura de cuerpo completo, aun si estaba algo perforada por en el pecho.

Lo observé trabajar con verdadera estupefacción, pero decidí que debía serle útil si no quería que me viera como un estorbo.

Si al menos servía como mula de carga, quizás me permitiría acompañarlo de regreso.

Cualquier cosa era mejor que quedarme sola en este lugar.

En un silencio algo incómodo pero pacífico, comenzamos la tarea.

De vez en cuando nuestras miradas se cruzaban; aunque el miedo seguía ahí por mis experiencias pasadas, él solo me miraba con una curiosidad serena antes de seguir trabajando.

Esa calma…

me hacía sentir extrañamente segura.

Sin insultos, sin prisas, incluso ayudándome mientras vigilaba los alrededores por si aparecían más monstruos.

Era…

agradable…

me recordaba…

a tiempos mejores…

[Fin del Capitulo] REFLEXIONES DE LOS CREADORES NecroX_Sombra Consegui trabajo nuevo, y no estoy del todo seguro si esto afectara a mis historias.

Pero intentare que no, me gusta escribir y me gusta leer sus comentarios, ver como apoyan con likes y piedras, y sobre todo, me gustas 7w7 .

.

.

XD Na es broma, solo los veo como amigos.

En cualquier caso, Soy NecroXSombra y les Deseo lo Mejor Mis Queridas Almas Errantes.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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