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Danmachí: Combinación Exponencial. - Capítulo 21

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  3. Capítulo 21 - 21 Una silenciosa y similar situación
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21: Una silenciosa y similar situación.

21: Una silenciosa y similar situación.

Punto de Vista: Alexander El regreso al Gremio fue bastante incómodo.

La semielfa se mantuvo a una distancia prudente de mí; cada vez que miraba hacia atrás para comprobar si estaba bien, ella desviaba la mirada al suelo de inmediato.

Cuando le daba alguna indicación, obedecía al instante, casi como un animal entrenado.

Sinceramente, detestaba ese tipo de situaciones; me recordaba los peores momentos de mi propia vida.

A pesar de no poder usar mi habilidad para fabricar más munición, una vez que superamos el Piso 8, pude usar mi cimitarra sin problemas para abrirnos paso.

Cuando finalmente salimos del Calabozo, el sol ya se estaba ocultando, una señal clara de que me había tomado un día entero ir y volver.

Hestia debía de estar muy preocupada.

Pensé en volver a casa directamente, pero la mochila en mi espalda y la que cargaba la chica eran el recordatorio de que aún tenía asuntos pendientes.

Le hice señas para que me siguiera.

Una vez en el Gremio, le devolví su mochila, habiendo retirado antes las armaduras que decidí conservar.

Ella me miró con una confusión evidente.

—Esto es tuyo.

Te lo dije antes: yo tengo mis propios materiales, y esto es lo que quedó de tu grupo —le expliqué.

Con dudas, tomó la mochila antes de hacerme una profunda reverencia e irse rápidamente hacia una de las recepcionistas desocupadas.

Por mi parte, busqué a Eina, quien al verme suspiró con una mezcla de alivio y clara preocupación.

Fuimos a una zona privada donde le relaté lo sucedido.

Aunque me reprendió por ponerme en peligro por una desconocida, fui sincero.

—Me sentía capaz de ayudar, Eina.

No quería dejar a alguien morir cuando estaba en mis manos y dentro de mis capacidades el evitarlo.

Ella me sostuvo la mirada un momento antes de soltar un largo suspiro de resignación.

Tras la tasación, vendí la gran parte de lo obtenido, reservando algunas piedras y materiales para mis experimentos.

La mayor parte se la quedó el Gremio, generándome una ganancia de más de 800,000 Valis.

Antes de irme, Eina me recordó que en dos días teníamos nuestra salida de compras; algo que, por supuesto, no había olvidado.

Al salir, encontré a la chica de antes esperándome en las puertas del Gremio.

Se acercó con timidez, sosteniendo una bolsa de dinero considerablemente grande.

Me la ofreció en silencio.

—¿Esto es para mí?

—pregunté sorprendido.

Ella asintió—.

¿Por qué?

Te dije que el botín era tuyo.

Ella negó con la cabeza, se señaló a sí misma, luego a mi arma y finalmente hizo un gesto imitando cuernos.

—¿Es por salvarte de los Minotauros?

Asintió de nuevo.

Me froté la nuca, incómodo, antes de empujar la bolsa suavemente de vuelta hacia ella.

—Lo hice porque quise.

De todas formas, si no me hubiera sentido capaz, no lo habría intentado.

No es un pago que me sienta cómodo recibiendo.

Quédatelo.

Ella bajó la cabeza y se llevó la mano a la garganta.

Parecía frustrada, luchando contra algo interno.

De repente, levantó la vista con una mueca de dolor físico evidente, pero con una determinación feroz.

Sus labios temblaron y, con una voz rota, entrecortada y en muy mal estado, logró articular: —Gra…

ci…

as…

Me agradeció como pudo antes de hacer otra reverencia y alejarse hacia su hogar.

La vi irse, caminando con cautela mientras abrazaba su mochila.

Tras un momento de duda, suspiré y comencé a seguirla discretamente.

Me sentía preocupado.

Verla me recordaba mis primeros días tras escapar de casa, cuando no era más que un joven que no sabía nada del mundo.

No sabía leer ni escribir; hacía cualquier cosa para juntar unas monedas y llevarme algo a la boca.

Recordé cuántas veces otros, más fuertes que yo, me robaron lo poco que tenía, y cómo una vez tuve que quitar una vida para defender lo mío en un callejón.

Verla intentar pasar desapercibida, intentando ser invisible ante el mundo, era como verme a mí mismo en un espejo del pasado.

Decidí que no la dejaría sola hasta asegurarme de que llegara a salvo.

Caminamos hasta un conjunto de mansiones, o más bien, una gran mansión rodeada de casuchas destartaladas.

Cuando ella llegó a la puerta principal, los guardias le hicieron un gesto de desprecio, pero la dejaron entrar.

La perdí de vista una vez cruzó el umbral.

Me di la vuelta para marcharme, sintiéndome más tranquilo, solo para toparme con un hombre de cabello celeste y lentes justo frente a mí.

Mi mano voló instintivamente a mi arma, pero él levantó la mano izquierda en señal de paz.

Dudé, pero mantuve la mano en la empuñadura, listo para vaciar el cargador si hacía falta.

—Calma, no busco conflicto…

aunque eso depende de tu respuesta —dijo él, mirando hacia donde se había ido la semielfa antes de clavar sus ojos en mí—.

¿Qué relación tienes con Lyra?

—La ayudé en la Mazmorra —respondí con sequedad—.

Su grupo murió en una emboscada de Minotauros.

Yo estaba cerca y pude sacarla a ella, pero para los demás ya era tarde.

El hombre me escrutó con sospecha.

—¿Y eso es motivo para seguirla a escondidas hasta aquí?

—Por motivos personales, quería asegurarme de que llegara bien.

Llevaba una gran cantidad de Valis encima y no me parecía seguro —mantuve mi tono tranquilo y cortante.

El tipo soltó un resoplido y relajó los hombros.

—Mis disculpas.

Soy Braxon Zcatch, capitán de la Familia Cratos —dijo extendiendo la mano.

La tomé por cortesía, pero con la mano izquierda; la derecha seguía cerca de mi Viper.

—Soy Alexander, de la Familia Hestia —dije, sintiendo un inesperado orgullo al pronunciar el nombre de mi diosa.

—¿Familia Hestia?

Es nueva para mí, pero si has eliminado a un grupo de Minotauros tú solo, claramente no es una familia débil —comentó con respeto genuino.

—Parece que tu familia respeta la fuerza…

Por eso le pregunto: ¿por qué esa chica está en su familia si la tratan así?

Braxon no pareció ofenderse.

Al contrario, asintió pensativo antes de lanzarme una pregunta que no esperaba.

—Antes de responderte, dime: ¿qué es para ti una “familia”?

La pregunta me golpeó de imprevisto.

Mi mente viajó primero a mi familia biológica: mi madre muerta por mi rabieta infantil; mi padre negando mi existencia; mi madrastra intentando deshacerse de mí; mi hermanastra y sus horrores…

Pero luego…

recordé a Hestia.

Cuidándome, preocupándose por cada una de mis heridas, esforzándose hasta el agotamiento para sacarnos adelante solo para que no cargue con todo el peso de la familia por mi mismo, sonriéndome incluso cuando estaba cansada solo para animarme.

—Una familia…

es quienes te aprecian.

Quienes se cuida y se apoya mutuamente.

Quienes están dispuestos a cargar con tu dolor y celebrar tus logros.

Eso es para mí —dije, y sentí cómo una pequeña sonrisa, la primera auténtica en mucho tiempo, se formaba en mi rostro.

Braxon me miró por un largo tiempo y asintió.

Vi en él una pequeña sonrisa, pero era una cargada de tristeza.

—Eso es bueno…

se nota que son unidos.

Aprécialo mientras puedas —sus palabras tenían un tinte amargo—.

Si quieres saber la verdad sobre ella…

ven mañana a “La Anfitriona de la Fertilidad” al mediodía.

Se dio la vuelta y caminó hacia su base.

Vi cómo sus subordinados se inclinaban ante él, pero muchos lo hacían con resentimiento o envidia en la mirada.

Me quedé un rato pensando en sus palabras, suspiré y finalmente emprendí el camino a casa.

Hestia me iba a matar por llegar tan tarde.

Miré el cielo oscuro y no pude evitar fruncir el ceño, pero la sonrisa volvió a mi cara al pensar en su regaño cargado de preocupación real.

—Una familia…

Nunca pensé…

Que realmente deseara tanto una…— Dije pensando en la pequeña casa que tenemos, y no puedo esperar a regresar al lado de ella.

[Fin del capítulo]

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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