Danmachí: Combinación Exponencial. - Capítulo 3
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- Capítulo 3 - 3 Capítulo 3 El Despertar del Estado
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3: Capítulo 3: El Despertar del Estado 3: Capítulo 3: El Despertar del Estado Punto de vista Alejandro.
Estaba sentado en un gran sofá, con el torso descubierto y una “loli” de proporciones imposibles pegada a mi espalda, podía sentir ese trasero de burbuja sobre mi espalda baja lo que va a hacer dificil levantarme después de este soda y no sacarle un ojo a alguien.
La presentación y el reclutamiento habían ido mejor de lo que esperaba.
Conocer a Hestia fue agradable; aunque intentó actuar profesional, verla ponerse nerviosa y mostrar su verdadera forma de ser al prometer que cuidaría de mí fue más que suficiente.
Además, no me quejaba de la sensación térmica de tenerla tan cerca.
¿Es verdad que va completamente desnuda debajo de ese vestido blanco?
—Una duda —dije, sintiendo la suavidad de su piel contra mis cintura—.
¿Por qué la Falna se pone en la espalda y no en otras partes, como el pecho?
—Hay múltiples razones —explicó Hefesto, cruzándose de brazos, lo que solo resaltaba su propia figura imponente—.
Primero, por privacidad.
Solo tu Diosa o aliados muy cercanos deben verla.
Como aventurero, tu equipo siempre ocultará tu espalda.
—También la espalda es un lugar mucho más amplio y recto —añadió Hestia.
Sentí el frío del Icor goteando en mi piel, seguido de su dedo moviéndose con una lentitud casi sugerente mientras trazaba los símbolos—.
Mmm…
qué raro.
No puedo ver tu historia.
Es como si algo la bloqueara.
—¿De qué hablas, Hestia?
Déjame ver…
—Hefesto se inclinó sobre nosotros.
Escuché un resoplido confuso de la diosa de gran trasero mientras analizaba mi piel—.
Esto…
esto sí es raro.
—¿Qué tan raro?
—pregunté sin sonar preocupado.
¿Sería por el dios idiota que me trajo aquí?
—Muy raro.
Al inscribir la falna, solemos ver la vida del aventurero como una película, desde su infancia hasta hoy.
Nos ayuda a comprender qué tipo de persona eres.
Pero contigo…
hay un muro.
Era perfecto.
Si no veían mi pasado, no sabrían que su mundo era un manga para mí.
Debía inventar una excusa que no fuera una mentira directa; ellas huelen la falsedad.
—No recuerdo mucho —dije, omitiendo convenientemente el “pequeño detalle” de mi otra vida—.
es casi como si algo me hubiera traido aqui, lo unico que se es que planeo vivir mi vida aquí lo mejor que pueda.
Y si quieres saber más de mi Hestia, estoy dispuesto a hablarte de ella mientras tomamos té y comemos algunos dulces.
—Bueno…
¡Si, es verdad!
—exclamó Hestia con alegría—.
¡Comamos muchos dulces y me cuentas todo sobre ti!
¡Eres mi primer hijo después de todo y como diosa tengo que saber todo de ti!
Hestia no le dio más importancia, pero Hefesto mantuvo esa mirada de sospecha.
Mis pensamientos se interrumpieron cuando una punzada de energía me recorrió; sentí como si me hubieran inyectado el suero del súper soldado de Marvel.
La adrenalina era indescriptible.
—¡Ah, mira Hefesto, dos habilidades!
¡Mi hijo tiene dos habilidades y …
¿Eso es una magia?!
—Hestia gritó con entusiasmo.
Podía sentirla saltando de la emoción, sintiendo claramente ese trasero moviéndose y frotándose contra mi espalda.
Iba a necesitar unos minutos antes de levantarme si no quería pasar una vergüenza muy evidente.
—Wow, nada mal para alguien “normal” —dijo Hefesto.
Hubo un silencio mientras leían—.
Espera…
¿es esto verdad?
—¡Por el Tenkai, esto es increíble!
¡Mi Alexander es increíble!
—¿Ningún talento para la forja?
¡Y una mierda!
—Hefesto parecía indignada—.
Esto es básicamente hacer trampa.
Es como si tuvieras un Arcano propio…
Maldita sea, realmente debí haberlo adoptado yo…
—¡Jejeje!
¡Es mío, Hefesto-chan!
—Hestia se pegó aún más a mí, reclamando su territorio, y sus tetas eran difíciles de ignorar cuando me abrazo como un koala…
un koala muy sexy.
Solté un suspiro antes de decir su nombre.
—Hestia, me alegra lo posesiva y protectora que eres, pero recuerda que soy un hombre, y ahora mismo estás apretando demasiado tu cuerpo contra el mío.
Se hizo un silencio absoluto.
Hestia dio un salto hacia atrás con las mejillas encendidas.
—¡N-No puedes tener pensamientos sucios con tu Diosa!
O no por el momento…
—murmuró lo último con una vergüenza juguetona.
Con mis sentidos mejorados de Nivel 1, la escuché perfectamente.
—Okey, entiendo.
¿Puedo ver mis estadísticas?
Hestia, emocionada, puso un papel en mi espalda para calcar la información y me lo entregó.
Me sorprendí al llegar a las habilida: Nombre: Alexander Varges Lv: 1 Fuerza: I 0 | Resistencia: I 0 | Destreza: I 0 | Agilidad: I 0 | Magia: I 0 Hechizos: Crisopea: Magia que permite combinar objetos en algo mayor.
Otorga propiedades según los materiales.
El resultado depende completamente de la calidad utilizada en los materiales.
El límite es la imaginación y los recursos.
Cántico: Sinergia.
Habilidades: La Senda a elegir: 5 misiones diarias que aumentan en gran medida la Excelia.
Si no se completa por lo menos una de estas misiones dentro de un lapso de 24 Horas la habilidad se bloqueara por una semana y sufrirás una penalización del 50% en todas tus estadísticas dentro de ese lapso de tiempo.
Aegis: Un escudo que protege tu mente y alma de cualquier daño o alteración nociva que el anfitrión no desee.
Todo intento de alterar, controlar, corromper, cambiar, o modificar tu mente y/o alma serán negados.
=== Tuve que leer y volver a leer el papel unas tres veces para procesar lo que tenía frente a mí.
Mi mente trabajaba a mil por hora.
¿Inmune?
Si Aegis funcionaba como decía, básicamente acababa de convertirme en el único hombre en todo Orario capaz de mirar a la cara a Freya o Ishtar sin terminar como un perro faldero o incluso decirle, (aunque sea algo suicida ahora mismo,) “Feas”.
Dejé de mirar el papel y clavé la vista en Hefesto, específicamente en el parche de cuero que cubría su rostro.
—Recuerdo haber escuchado que su ojo está “maldito”, Lady Hefesto —solté con una curiosidad que rozaba la insolencia—.
¿En qué consiste realmente esa maldición?
Hefesto se estremeció violentamente.
Sus hombros se tensaron y desvió la mirada, perdiendo esa aura de diosa imponente por un segundo.
—No es una maldición, es una deformidad con la que nací hace milenios —respondió ella con una sonrisa teñida de una tristeza antigua—.
No es algo que tu habilidad pueda negar.
No es una alteración externa, es parte de mi ser.
Fruncí un poco el ceño y me encogí de hombros, manteniendo esa calma indiferente que tengo desde mi otra vida, ser algo apático y lógico viene de familia, o por lo menos así lo ven la gente cuando me mira.
—Podríamos probar —insistí—.
Pero si le incomoda demasiado, no la obligaré.
No gano nada forzándola.
Hefesto dudó.
Se hizo un silencio denso en la habitación de la finca.
Durante un minuto eterno, la vi debatirse internamente hasta que soltó un suspiro de rendición.
Con movimientos lentos y un conflicto evidente en su rostro, llevó sus manos a la parte posterior de su cabeza.
Comenzó a desatar las correas de cuero y, al soltarlas, mantuvo una mano sobre el ojo para que el parche no cayera de golpe.
—¿Estás completamente seguro de esto?
—preguntó, mirándome solo con su ojo visible.
Me limité a encogerme de hombros y le hice un gesto para que continuara.
Ya me había puesto parte de mi ropa; solo me faltaba abrochar los botones de la camisa, la cual aún colgaba abierta revelando mi pecho.
Ella bajó la mano lentamente, revelando…
¿un ojo normal?
O bueno, casi.
La pupila tenía un tono dorado líquido, brillante.
Era un caso claro de heterocromía.
Me acerqué a ella sin pedir permiso para observar mejor, lo que la obligó a dar un par de pasos hacia atrás, visiblemente nerviosa por mi proximidad.
—Mmm…
—murmuré, analizando cada detalle de su rostro—.
A mí solo me parece un ojo normal.
Salvo por ese color dorado…
De hecho, es bastante hermoso.
—¿¡He-Hermoso!?
—El rostro de Hefesto estalló en un rojo carmesí.
Se dio la vuelta al instante, cubriéndose la cara con ambas manos—.
¡N-no hace falta que mientas tan descaradamente!
¡Sé lo que la gente ve!
—Yo no miento —dije con voz plana—.
No me gusta hacerlo si no es estrictamente necesario.
Es simplemente la verdad: Puedo afirmar que tu ojo es hermoso y que te ves mejor sin el, de la misma forma que puedo afirmar que el cielo es azul, el agua moja, o que el fuego quema.
De repente, sentí un tirón familiar en mi cintura.
Hestia me estaba apretando, o intentando retorcer lo que ella creía que era grasa, aunque ahora mi abdomen estaba firme.
Me miraba con un puchero de indignación pura.
—¡Mmhhp!
¡No coquetees con otras diosas enfrente de mí!
—reclamó, cruzándose de brazos con fuerza.
El gesto hizo que sus pechos, ya de por sí masivos, se apretaran y se vieran aún más grandes, casi desafiando las leyes de la física—.
¡Como tu diosa, solo tienes derecho a decirme cosas lindas a mí!
Miré la escena: una diosa de la forja avergonzada y una loli de proporciones irreales celosa.
Hice lo único lógico que un hombre en mi posición haría.
—Entiendo.
En ese caso, solo diré lo hermosa y perfecta que es mi diosa.
Guardaré los cumplidos para otras, ya que la mía es, por mucho, la más perfecta de todas.
Como si alguien hubiera cambiado una diapositiva en un proyector, el rostro de Hestia pasó de la furia al éxtasis.
Soltó una sonrisa entre feliz y tonta, mientras jugaba con sus coletas intentando ocultar su sonrojo.
—¡Oww, para ya!
¡Me vas a hacer sonrojar de verdad, jejeje!
Realmente es una deidad fácil de complacer.
Suspiré y volví a mirar el papel.
Era momento de ver qué misiones me había deparado La Senda a Elegir.
Fin del capitulo REFLEXIONES DE LOS CREADORES NecroX_Sombra Dandole algo de protagonisto a Hefesto.
Esta estaba muy enamorada por Welft al ser el unico al mirarla al ojo malformado y decirle hermosa.
Asi que otro tipo llege y le diga lo mismo, e incluso lo haga de una forma que paresca una ley universal lo hace más profundo.
Asi que si, ahora Welft riene competencia por uno de los mejores culos de todo Orario.
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