Danmachí: Combinación Exponencial. - Capítulo 5
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5: Capítulo 5: La primera de muchas Sinergias.
5: Capítulo 5: La primera de muchas Sinergias.
Punto de vista: Alexander Tras salir del “abrazo” asfixiante de Hestia, me tomé un momento para recomponer mi ropa y mi dignidad.
Aún faltaba un pergamino para abrir: el de la Corona.
Lo presioné con curiosidad.
Misión tipo Legado: El Aprendiz del Arcano.
Tiempo: 06:15:24 Objetivo: Crea 5 objetos utilizando tu magia Crisopea y recibe el elogio de un Dios Artesano por lo menos de 3 de estos.
(0/3) Recompensa: Desbloqueo una habilidad “Recetario” para guardar todas las combinaciones y materiales que puedas utilizar para estas.
Mejor relación con el dios que le muestra tus creaciones.
Miré a Hefesto.
Tenía a la Diosa de la Forja justo frente a mí.
Si quería un elogio que valiera algo, no había mejor juez en todo Orario.
—Lady Hefesto —dije, captando su atención mientras ella aún se acariciaba distraídamente el dorso de la mano que yo había besado—.
Mi habilidad me pide crear algo y someterlo a juicio de un maestro artesano.
Pero no solo quiero que los juzgue, quiero proponerle un trato.
Mis palabras profesionales parecieron activar su interruptor de negocios.
Se puso el guante de cuero y me miró con su único ojo visible de forma seria, imponente.
—Cuéntame.
Ya estaba interesada en tu magia, pero si tienes algo que agregar a la mezcla, soy todos los oídos.
—Como es obvio, no poseo materiales para usar mi magia —comencé—.
Quiero proponerle que me permita trabajar en su forja mientras Lady Hestia y yo encontramos un lugar propio para nuestra Familia.
A cambio, mis creaciones y servicios estarán a su disposición en el ámbito de lo razonable.
Hefesto miró a Hestia, quien seguía aferrada a mi brazo, y luego volvió a mirarme a mí con una sonrisa de soslayo.
Creo que sabe que conmigo en la Familia de su amiga es menos probable que termine comiendo de la basura si mano las cosas como hasta ahora.
—Bueno, estaba pensando en poner a mi amiga en la calle ahora que tiene un dependiente, pero si ofreces algo que valga la pena, puedo considerarlos un poco más.
—¡Eres cruel, Hefesto!
—chilló Hestia, mirándola como si acabaran de atropellar a su perro—.
¡Pensé que me dejarías quedarme por los viejos tiempos!
—Mi Diosa, es bueno contar con el apoyo de una amiga —intervine, dándole un presionado suave en su mano para calmarla—, pero no podemos abusar de su generosidad.
Además…
¿no preferiría un lugar más propio para nosotros?
Donde podamos hacer crecer la Familia a nuestro gusto.
No lo dije con doble sentido, pero mi voz, que Hefesto ya había catalogado como “de terciopelo”, hizo que las palabras sonaran como una invitación a la intimidad absoluta.
Hestia se puso roja como un tomate, pero me abrazó con una fuerza renovada, hundiendo mi rostro en sus gloriosas curvas.
—¡Kyaaaa!
¿Escuchaste eso, Hefesto-chan?
¡Mi querido hijo es todo un pillo que quiere a su diosa solo para él!
—No es lo que quería decir y lo sabes, Hestia —suspiró Hefesto, aunque notó un rastro de irritación en su mirada.
—¡No escuches a la gente celosa!
—replicó Hestia con tono infantil.
Antes de que Hefesto decidiera echarnos por la impertinencia de su amiga, retomé el hilo.
—Me gustaría probar mi habilidad en un entorno controlado.
Si algo de lo que creo le resulta útil, es suyo.
Solo pido tiempo para encontrar un hogar digno para mi Diosa, y tal vez algo de equipo propio para poder ir a la mazmorra.
—¿No dijiste que no querías ir a la mazmorra?
—Ella me pregunta mientras me mira con una ceja levantada, y yo solo pude suspirar ante sus palabras.
—No querer ir y tener que ir son dos cosas diferentes, si depende total y completamente de mí, no tocaría la mazmorra ni sus peligros con un palo del tamaño de un continente, pero la única forma de conseguir dinero para una familia recién formada es con las piedras de monstruos.
Hefesto avanzando tras un momento de deliberación y usamos un cristal de que aparentemente funciona como una especie de radio.
Porque se escucha una voz del otro lado.
—¿Sí?
¿Pasa algo jefa?
—Tsubaki, ven a mi oficina.
Trae materiales sobrantes y desechados, también trae las piezas no aprobadas por los novatos que planeamos fundir.
Vamos a experimentar algo con ellas, te pondré al día cuando llegues.
Tras eso ella cortó la llamada, no espero una confirmación o responda cualquier duda que llegara a tener.
— ¿Le contaremos a Tsubaki sobre mi magia?
—pregunté.
—Es la capitana de mi Familia.
Si yo no estoy y necesitas colaborar, ella es la única en quien puedo confiar que no le diga a nadie sobre tus habilidades —respondió Hefesto con firmeza.
Mientras esperábamos, discutimos mi equipo.
Al no tener experiencia en combate, Hefesto recomendó una lanza por su alcance, pero yo insistí en armas a distancia.
Mencionó las ballestas, advirtiendo sobre su lento tiempo de recarga en solitario.
Me explico que los arcos toman demasiado tiempo en utilizar, y las armas mágicas suelen romperse tras algunos usos, además de que realmente no existen muchos herreros que siguen haciéndolas, sin mencionar lo caras que son.
Entonces llegó Tsubaki Collbrande.
Era una mujer morena, de una belleza salvaje, vestida con un kimono simplificado que apenas cubría lo necesario, porque la parte superior ni siquiera estaba cubierta, estaría mostrando sus alegres tetas bronceadas si no fuera por una cinta que rodea estas.
Al igual que su diosa, llevaba un parche en el ojo, no recuerdo la razón de este, ¿Era por haberlos perdido en mazmorras?
No recuerdo realmente.
[Imagen] Pero lo sorprendente era que lleva consigo dos cajas de gran tamaño que deja caer en el centro del cuarto como si nada, aunque esto provocó que un pequeño temblor se hiciera e incluso yo mismo lo sentí.
—Hola, jefa.
Traje lo que pedí.
¿Mmm?
¿Y este chico lindo?
¿Es nuevo?
¿Me lo puedo quedar?
Se ve adorable —soltó con una sonrisa pícara se acercaba al otro lado ignorando los sonidos poco amenazantes y territoriales de Hestia —.
Hola cosita linda.
Soy Tsubaki.
¿Eres mi nuevo y tierno kouhai?
Me rodeó con un brazo, empujando deliberadamente su busto contra mi pecho.
Empezaba a preguntarme si en este mundo el tamaño del pecho era proporcional a la falta de espacio personal.
Lo que tendria logica si tenemos a Hestia como punto clave.
—Aunque sería un honor tener a una mujer tan hermosa como senpai, pertenezco a la Familia Hestia —respondí con una seriedad que pareció sorprenderla.
Luego apuntó a Hestia que a mi otro lado, y finalmente se percató de que se encontraba en posición de ataque.
—¡No te pongas cariñosa con mi hijo, Tsubaki!
—intervino Hestia, separándonos—.
¡La única que puede acurrucarse con él soy yo!
¡Y tal vez Hefesto si se porta bien!
—Esta última declaración le saco un pequeño sonrojo y suspiro de frustración por parte de lo mencionado anteriormente.
Tras las presentaciones y las advertencias de confidencialidad, Tsubaki se sentó a mi lado, pegándose a mí con un descaro que hacía que Hefesto rodará el ojo.
—Jejeje, eres bastante maduro, lindo.
¿Has pensado en tener hijos en el futuro?
—preguntó Tsubaki, lamiéndose los labios.
—Sí, pero no ahora.
Primero necesito un hogar y una fuente de ingresos estable.
Traer una vida al mundo sin poder alimentarla es una irresponsabilidad cerebral —respondí con frialdad.
Sentí que acababa de insultar a la mitad de las familias de mi mundo anterior, pero era mi verdad.
Tsubaki se quedó helada ante mi lógica pragmática.
—Mmm…
ahora realmente me dan ganas de darte ese hijo si…
—Tsubaki —la voz de Hefesto, cargada de una autoridad divina, la hizo congelarse en el sitio.
Me dieron permiso para usar los materiales.
Rebusque en la caja: espadas melladas o con formas no del todo correctas, puntas de lanza torcidas y que se sienten incómodas de mover, martillos y hachas con el peso mal distribuido porque no podía moverlas correctamente, pero también encontré restos de monstruos (dientes de duende, clavos de kobold, escamas y algunas cosas más de los primeros pisos).
Tomé dos pedazos de hierro mal fundidos y deformes que estaban en un apila aparte con minerales similares que tenían demasiadas impurezas y claramente vidrian que volver a fundirse para quitar la mayoría de estas.
Respire hondo, buscando esa chispa de energía en mi interior.
Visualicé un lingote perfecto, libre de impurezas, y pronuncié la palabra clave: — Sinergia .
Un brillo cegador inundó la oficina.
Cuando la luz se disipó, una de mis manos estaba vacía y en la otra sostenía un lingote de hierro que brillaba con un fulgor casi plateado, reflejando la luz del atardecer que entraba por las ventanas medio abiertas de la oficina del cuarto piso de la mansión de Hefesto.
Antes de que pudiera hacer lo mismo, el lingote me fue arrebatado.
Pero tan rápido como lo tenia desaparecio, abrí y cerré la mano por como de en un momento tenía el metal en mi mano y al siguiente ya no.
Luego miró a los responsables.
Hefesto y Tsubaki lo analizaban con ojo clínico.
Lo pesaban, lo golpeaban, casi parecían querer lamerlo para comprobar su pureza.
Hestia y yo intercambiamos una mirada y nos encogimos de hombros al unísono.
—Tsubaki —dijo Hefesto con una voz extrañamente solemne—, nunca creí que diría esto…
pero cuando este chico busque pareja, asegúrese de estar en primera fila.
Si un hijo suyo hereda aunque sea una pequeña parte de su habilidad, tenemos que asegurar su linaje en la Familia.
—Cuenta con ello, jefa.
Me encargaré de vaciar diariamente sus bolas hasta que me de tantos hijos como miembros tenemos en la familia —respondió Tsubaki con un pulgar arriba.
Senti un escalofrio y un dolor fantasma en mis caderas, podía sentir el peligro de una mujer mitad amazona exprimiendome la vida…
y otras cosas…
—Saben que sigo en la habitación, ¿verdad?
—pregunté con ironía aburrida.
Ambas se voltearon para verme.
Hestia se había aferrado a mi torso como una gata enojada, gruñendo y bufando hacia Tsubaki en un intento de parecer amenazante.
Realmente, mi vida en Orario iba a ser complicada.
[FIN DEL CAPÍTULO] REFLEXIONES DE LOS CREADORES NecroX_Sombra Hierro + Hierro = ¿Hierro+?
La razon de porque ambas herreras estan tan interesadas en el siguiente capitulo.
Recuerden comentar que eso me da más ganas de escribir.
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