Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Danmachí: Combinación Exponencial. - Capítulo 8

  1. Inicio
  2. Danmachí: Combinación Exponencial.
  3. Capítulo 8 - 8 La primera de muchas Noches
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

8: La primera de muchas Noches.

8: La primera de muchas Noches.

Punto de Vista: Hestia Hefesto puede ser una verdadera brabucona cuando se lo propone.

Hacerme pasar por ese tipo de vergüenza frente a mi lindo Alexander…

¡Realmente no tiene tacto!

Pero, aunque me queje, en el fondo sabía por qué lo hacía.

Ella vio lo mismo que yo: el terror absoluto de perder algo que apenas acabábamos de encontrar.

La verdadera tormenta estaba dentro de mí.

La preocupación me había corroído durante horas.

Verle sangrar por la nariz, ver cómo sus ojos perdían el enfoque…

fue una sensación de vacío, de terror puro que jamás, en todos mis milenios de existencia, creí capaz de sentir.

Por un instante, el mundo se detuvo.

Pensé que perdería a mi hijo, y no en el campo de batalla, no por culpa de un monstruo de la Mazmorra, sino por su propia y peligrosa curiosidad.

Intentaba fabricar esas lentes, algo que Hefesto llamó “material de esposo” por su complejidad, pero para mí, solo eran una prueba de su imprudencia.

Como su diosa, como la persona que decidió protegerlo y guiarlo, le tenía absolutamente prohibido arriesgarse así.

Es mi hijo.

Y aunque suena egoísta, me aterra la idea de que alguien más entre en su vida.

¿Qué pasaría si un día llega con una desconocida?

¿Qué pasaría si se enamora de alguna diosa más poderosa, con más dinero, que puede apoyarlo, alguien más “digna” que yo, capaz de darle las respuestas que busca y no las migajas que yo puedo ofrecer?

El pensamiento me quemaba el pecho.

Miré hacia el sofá.

Alex estaba allí, esforzándose por acomodar unas mantas de forma improvisada.

Se veía tan solo en esa penumbra.

Yo me quedé en el centro de la habitación, con la enorme y cómoda cama de la mansión a mis espaldas, sintiéndome extrañamente pequeña.

La cama era demasiado grande, y mi corazón, demasiado inquieto.

—A-Alex…

—mi voz apenas fue un susurro, pero él se detuvo al instante.

—¿Mjm?

—respondió sin dejar de acomodar el cojín, manteniendo su distancia.

—Yo…

—me obligué a tragar saliva—.

Si quieres, podemos dormir juntos.

Como tu diosa, me sentiría fatal si duermes incómodo cuando mañana planeas bajar a la Mazmorra.

Estarás cansado y necesitas descansar bien.

La excusa salió torpe, apenas ocultando el hecho de que mi alma necesitaba su cercanía.

Pude ver cómo sus movimientos se detuvieron en seco.

Se irguió, girando sobre sus talones para mirarme con esa expresión serena, casi inescrutable, esa mirada que analiza todo que siempre tenía en el rostro.

Sus ojos amatista, incluso en la penumbra, tenían una profundidad que me hacía sentir transparente, como si juzgara si vale la pena o no pasar la noche a mi lado.

—¿En serio no tienes problema con que compartamos la cama, Diosa?

—preguntó con una ceja levantada.

No había malicia en su tono, solo una curiosidad genuina que me hizo dar pequeños saltos internos.

No me había rechazado.

—¡No, en absoluto!

—exclamé, quizás con demasiada fuerza—.

De hecho, me gustaría que durmiéramos así siempre.

—Me quedé helada al darme cuenta de lo que había soltado.

El calor subió por mis mejillas hasta mis orejas.

Intenté rectificar, balbuceando como una niña—.

Di-digo…

hasta que tengamos una casa mejor, o habitaciones propias…

¡Sí, a eso me refería!

Vi cómo levantaba la otra ceja, sorprendido, y luego, para mi alivio, soltó un suspiro.

No era el suspiro del Alexander cínico o irritado, sino uno más ligero, acompañado de esa sonrisa hermosa, casi imperceptible, que reservaba para momentos muy escasos al parecer.

Tomó su almohada y caminó hacia mí.

Mi corazón dio un vuelco.

Me hice a un lado dando pequeños saltos de emoción contenida, despejando el espacio.

Se deslizó bajo las sábanas con una delicadeza y cautela que me hizo pensar un poco en el porque.

Yo me acomodé a su lado, sintiendo el calor de su cuerpo irradiar hacia mí a pesar de la distancia casi de un cuerpo entrenosotros.

Él me miró, con esa pequeña sonrisa incómoda que, irónicamente, lo hacía ver mucho más humano, más accesible.

—Hola…

—dijo, sin saber qué más añadir.

—Jejeje~, hola~ —le devolví la sonrisa, feliz de notar cómo sus hombros se relajaban un poco.

La distancia entre nosotros, esa barrera invisible de “diosa y seguidor”, parecía disolverse con cada respiración compartida, yo…

quiero que seamos una familia…

pero para eso…

—.

Entonces…

¿podemos hablar de ti?

—¿Mmmh?

—me miró, confundido por el cambio de tema.

Hice un puchero enojado porque no recordó su promesa.

—Dijiste que hablarías de ti cuando estuviéramos solos —insistí, sintiendo un pinchazo de angustia—.

Pero pasó lo del Mind Down y me asusté tanto…

Apenas nos conocemos, Alex.

Apenas sé quién eres, y casi te pierdo.

Quiero conocerte.

Quiero conocer todo de ti y así poder saber quien es Alex mi primer hijo, y no solo Alex el aventuro.

Él se recostó sobre la almohada, mirando el techo, con los ojos cerrados.

Respiró profundo, un gesto largo y pesado.

Por un segundo, el miedo me atenazó: ¿había cruzado la línea?

¿Era demasiado pronto para pedirle que abriera esas puertas que parece que mantenía cerradas con llave?

—¿Qué quieres saber?

—dijo finalmente, con los ojos cerrados.

—¡Todo!

—dije, sintiendo cómo mi entusiasmo renacía—.

¿Dónde naciste?

¿Tus padres?

¿Cómo eras de niño?

¡Quiero aprenderlo todo!

Soltó un resoplido, un sonido cargado de un cansancio que parecía abarcar décadas.

Me miró fijamente a los ojos.

Había una lucha interna en su mirada, una batalla entre el deseo de ser comprendido y el hábito de protegerse.

—Aún no estoy preparado para decirte de dónde vengo —susurró, luciendo conflictuado—.

Pero puedo contarte lo demás…

Aunque habran algunas lagunas…

¿No tienes problemas con eso, Diosa?

—No importa —le aseguré, tomando su mano entre las mías, sintiendo la dureza de sus dedos curtidos por el trabajo—.

Por ahora no me importa de dónde vienes o si aun no sientes que puedas contarme todo, la confianza tarda en formarse, y aunque somos familia ahora, quiero que me hables con la verdad solo cuando estés preparado.

Lo único que importa es que estás aquí, conmigo ahora mismo, y eso es lo único que importa ahora.

Él me observó en silencio durante un tiempo que pareció eterno.

No era un silencio incómodo, sino uno cargado de evaluación.

Estaba decidiendo si yo valía el riesgo.

Finalmente, asintió.

—Éramos solo tres: mi madre, mi padre y yo —empezó a narrar—.

No tuve hermanos.

Mi madre tuvo tres abortos espontáneos antes de lograr tenerme a mí.

—Aunque la palabra era técnica y fría, entendí el dolor detrás de ella: tres vidas que nunca llegaron a ver la luz.

La palabra pesó en el aire.

Pero lo que me preocupaba es que la forma en la que hablaba era…

ceca…

como si ya no fuera nada realmente grave o que lo viera como algo que simplemente pasó…

—Eso…

es muy triste —murmuré, acariciando su mano.

—Es parte de la vida, supongo.

No soy religioso ni un fiel creyente como ya sabes.

Pero mi madre sí lo era.

Cuando tenía cinco años, recuerdo que me dijo que los dioses la habían bendecido conmigo, que yo era su regalo más grande.

—Una sonrisa genuina, pero bañada en una melancolía infinita, se curvó en sus labios—.

Era una mujer maravillosa.

—¿”Era”?

—pregunté, sintiendo un mal presentimiento.

—Sí…

—sus ojos se perdieron en el techo, como si viera fantasmas—.

Volvió a quedar embarazada.

Tenía siete meses, todo parecía normal, era como los dioses la “Volvieran a bendecir” con un segundo hijo.

Un día, la acompañaba a hacer unas compras.

Fui un tonto, celoso que no quería que mi hermano naciera porque decía que ya no sería el favorito, y en un momento infantil corrí y me adelanté.

Un carruaje apareció de la nada, a toda velocidad directo hacia mi, no parecía que fuera a detenerse.

Mi madre, en pánico por mi seguridad se lanzó y me apartó del camino, pero ella…

ella no sobrevivió cuando el carro pasó sobre ella y escapó sin importarle nada.

Ese día supongo que conseguí lo que quería…

pero no solo perdí a mi hermanito o hermanita…

también a mi madre.

Sentí una punzada de dolor tan aguda que tuve que contener la respiración.

Alex no lloraba.

Sus ojos estaban secos, como si no pudiera, o se forzara a no derramar lágrimas, como si no se diera el derecho a ello.

Se estaba castigando por algo que sucedió cuando era un niño, algo de lo que aun al dia de hoy se culpa.

—Alex…

—intenté decir, pero él continuó, como si necesitara sacar el veneno de su sistema antes de que terminara consumiéndolo.

—Mi padre…

claramente me culpo de ello.

Pero el nunca me gritó, nunca me puso una mano encima, pero fue peor, sinceramente hubiera preferido eso a lo que hizo.

Simplemente olvidó que yo existía.

Para él, ese día perdió a toda su familia, y yo solo era un estorbo que ocupaba espacio en su casa y robaba la comida que había para sobrevivir…

un padre dejo a su hijo de 6 años sin atención y cuidado…

eso me obligó a madurar…

a intentar ser autosuficiente.

La rabia comenzó a hervir en mi pecho.

¿Cómo un padre podía ser tan cruel?

¿Cómo podía negar a su propia sangre, ignorar a su hijo como si fuera una mancha o una plaga que era mejor ignorar?

Eso…

eso no es un padre…

y menos cuando el también sufría por la muerte de su madre…

—Me volví distante con todos ya que si quería sobrevivir tenía que madurar.

Puede que por eso no tenía amigos, ¿Quien quiere jugar con un niño demasiado serio?

Me quedaba solo todo el tiempo, en casa mi padre me recibía con indiferencia, ni siquiera una sola palabra, y en las calles…

nadie se dignaba a hablarme…

solo era el niño raro…

—relató, y cada palabra era un cuchillo que se retorcía en mi corazones al ver cómo su rostro parecía tan neutro, como si solo hablara del clima—.

Papá se volvió a casar…

puede que se sintiera solo al “No tener a nadie en casa”.

La mujer era ruidosa, molesta, solo le importaba el dinero de mi padre, me miraba como un estorbo, pero nunca me puso un dedo enzima…

es lo único bueno de ella.

Y quería decirle a mi papá que ella no era como mamá…

pero sabia que no serviria de nada, nadie me escucharía.

Esas palabras me hicieron sentir una un nudo en la boca del estomago…

¿Podría pasar por algo como el?

Solo con la idea de pasar un dia entero completamente sola sin nadie con quien hablar o contarle mi día…

me da miedo solo de pensarlo…

—Ella tenía una hija, un poco mayor que yo.

Al principio…

al principio fue amable.

Jugaba conmigo.

Me hizo creer que tenía una familia otra vez.

El cambio en su tono fue imperceptible, pero lo sentí.

Su voz se tiñó de un odio gélido, de un asco profundo, y…

una vulnerabilidad que nunca pensé escuchar en su voz…

—¿Qué pasó con ella?

¿Ella hizo algo malo?

—pregunté, aunque temía la respuesta.

—Abusó de mí.

Yo era un niño, apenas tenía diez años.

Ella aprovechó esa confianza que me dio al principio…

lo hizo por su propio placer retorcido.

Dejé de llorar, dejé de pedir ayuda cuando aprendí que nada servía…

que nadie me escucharía.

Y entonces, pasó algo…

ella quedó embarazada.

De mí.

El mundo se detuvo.

Sentí que el aire se tornaba irrespirable.

Mis manos volaron a mi boca para contener un grito de horror puro.

Era una oscuridad que no podía siquiera imaginar.

—Su madre la obligó a perder el niño.

Un aborto forzado —continuó él, con una voz plana, carente de emoción, lo cual era mucho peor—.

Y lo peor…

lo peor es que ella lo aceptó sin problemas, aliviada.

Ese ser…

puede que haya sido concebido de una forma incorrecta, pero era vida.

Yo pensaba que…

que podría haberlo protegido.

Que no pasaría por lo mismo que yo, que…

mi hijo…

seria mi única compañía en el mundo…

Pero ni siquiera tuve voz en esa decisión.

¿Y de qué hubiera servido?

¿Siquiera me habrían escuchado?

Las lágrimas, finalmente, comenzaron a brotar de mis ojos.

Pero no eran solo mías.

Eran por él.

Sufrí por cada año de abusos, por el desprecio de su padre, por la indiferencia de su madrastra, por la mente retorcía y perversa de su hermanastra.

Había vivido en un infierno del que solo escapó al llegar a Orario.

—Pasaron muchos años…

solo después de un tiempo logre irme de esa casa…

pero ya no era como si las cosas fueran diferentes…

ya no quiera hablar con nadie, no quería acercarme a nadie…

solo veía a la gente como piezas en un tablero que me ayudan a sobrevivir o son una molestia…

Y luego termine en Orario…

—concluyó, su voz quebrándose ligeramente—.

Perdón si…

No lo dejé terminar.

Lo abracé.

No fue un abrazo casual; me aferré a él con toda la fuerza que mi cuerpo de diosa podía ofrecer, atrayéndolo hacia mi pecho, intentando envolverlo, protegerlo, ser el escudo que nunca tuvo.

Acaricié su cabello con desesperación, deseando que sintiera mi amor, un amor puro, incondicional, que no le pedía nada a cambio.

—Ya….

Ya está…

no tienes…

que contenerlo más…

ya fuiste fuerte toda tu vida…

no tienes…

no tienes que soportar esa carga to solo…

déjame compartir esa carga contigo…

ese dolor, soledad, y…

todo…

deja que te ayude….

porfavor…

Empecé a besar su frente, sus sienes, su cabello.

Quería que supiera que ahora estaba a salvo.

Que el pasado estaba muerto y que conmigo, estaba en casa.

Sentí algo húmedo contra mi piel.

Alex estaba llorando.

No eran sollozos fuertes, sino el llanto de alguien que finalmente se permitía ser débil.

Sus brazos, lentos, temblorosos, se envolvieron alrededor de mi cintura, aferrándose a mí como si fuera el último ancla en el mundo.

Se hundió más en mi escote, buscando refugio.

—Podemos…

podemos quedarnos así…

solo…

—su voz era un susurro roto, suplicante—.

Solo un rato más…

Solo….

solo un momento….

—Todo lo que necesites, Alexander —le respondí, mi voz firme, cargada de una determinación divina—.

Todo lo que necesites, aquí estaré…

no te voy a ignorar…

no te voy a renegar…

no te voy a hacer nada que no quieras…

yo…

estoy contigo…

hoy y siempre….

Nos quedamos así por lo que parecieron horas.

En el silencio de la noche, sentí cómo su respiración se calmaba.

Sus inseguridades, sus miedos, su pasado…

todo estaba ahí, pero también estaba yo.

Y mientras escuchaba su respiración volverse profunda, cayendo en un sueño merecido por primera vez en años, me cubrí a ambos con las sábanas, rodeándolo con mis brazos.

—Ya no estás solo —susurré al vacío, sintiendo cómo ese vínculo, que empezó como una relación de madre a hijo, comenzaba a transformarse en algo mucho más denso, mucho más posesivo y eterno—.

Nunca lo volverás a estar.

Te lo prometo.

Y en esa promesa, sellé mi destino al suyo.

Ya no era solo una diosa cuidando a su hijo; era la primera mujer que le ofreció una mano, y todo de ella…

para cuidarlo…

el era mi hijo…

y como su diosa…

juro…

que si alguien quiere hacerle daño…

voy a hacer arder todo Orario, ni el mismo Ouranos me podra mandar al cielo si alguien vuelve a lastimar a mi querido Alex…

lo prometo como Diosa del Hogar y la familia…

que protegeré a mi familia aun si me cuesta mi vida inmortal.

[Fin del Capítulo] REFLEXIONES DE LOS CREADORES NecroX_Sombra ¿Quien dejo por aqui la cebolla?

Un capitulo largo, ahora sabemos porque Alex esta con Hestia.

Se suele llamar coloquialmente a su familia como los traumaditos.

Todos tienen sus propios pasados y momentos tristers, y como tal, no podia dejar al prota fuera.

La duda ahora es, ¿Si agrego más OC’s a la familia, deberia haceros a todos con sus propios traumas tambien?

PD: Si te hice llorar un poco o que se te escapara un lagrima traicionera dimelo, porque sinceramente yo mismo llore un poco mietras hacia este capitulo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo