Danmachi el caballero negro - Capítulo 11
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11: nuevo piso 11: nuevo piso Treinta minutos después de haber descendido, Sirius cruzó el umbral del sexto piso.
El cambio fue inmediato.
El aire era más espeso, cargado de humedad.
El suelo estaba cubierto pequeñas roca irregulares y las paredes parecían absorber la luz.
Cada paso resonaba con eco irregular, haciendo difícil distinguir si estaba solo… o no.
Sirius avanzó con calma, respirando de forma controlada.
—Bien… —murmuró—.
Sexto piso.
Cerró los ojos un instante y susurró un cántico ultracorto: —Astrum.
Un aura rojo oscuro envolvió su espada, pulsando suavemente como un latido.
El arma se volvió más pesada en intención, no en peso.
Entonces lo oyó.
Chap… chap… Desde una abertura lateral emergió un monstruo bajo y ancho.
Su piel verdosa brillaba con humedad y, en el centro del rostro, un enorme ojo se fijó en Sirius.
Su boca se abrió… y la lengua salió disparada como una lanza.
—Tirador rana.
La lengua cruzó el aire con un silbido violento.
Sirius activó Astrum en los pies, concentrando el aura roja en sus piernas, y se impulsó hacia un costado con una velocidad anormal.
La lengua golpeó la pared, dejando una mancha viscosa.
Sirius avanzó sin dudar.
Distribuyó el aura de nuevo, regresándola a la espada, y lanzó un tajo diagonal.
La hoja cortó la lengua limpiamente.
El monstruo chilló, retrocediendo.
No tuvo tiempo.
Sirius cerró distancia y clavó la espada directamente en el ojo.
El aura roja explotó en un destello breve.
El cuerpo del monstruo se desintegró en cenizas.
—Uno —susurró.
El suelo vibró.
Dos tiradores rana más aparecieron desde túneles opuestos.
Atacaron al mismo tiempo.
Sirius no retrocedió.
—Astrum.
Esta vez concentró el aura en sus manos.
Bloqueó una lengua con el antebrazo reforzado, sujetándola con fuerza antinatural, y con la otra mano lanzó un corte brutal que partió la cabeza del primer monstruo.
El segundo intentó envolverle la pierna.
Sirius descargó el aura en el pie y dio una patada descendente.
El impacto destrozó el cráneo del monstruo contra el suelo.
Silencio.
Sirius respiró hondo.
El aura se disipó lentamente.
—Consume resistencia… —pensó—.
No puedo abusar de ella.
Avanzó.
Las sombras comenzaron a moverse solas.
Un frío recorrió su espalda.
Desde la oscuridad emergió una figura humanoide, completamente negra.
Brazos demasiado largos, y en cada mano, tres garras afiladas como cuchillos.
No hacía ruido.
No respiraba.
—Sombra de guerra… —dijo Sirius con tensión.
El monstruo desapareció.
Sirius reaccionó por instinto.
Giró y activó Astrum en la espada justo cuando las garras descendían.
El choque lanzó chispas rojas y negras.
El impacto lo empujó varios metros atrás.
La sombra atacó de nuevo, más rápido.
Sirius bloqueó una, esquivó otra, pero la tercera le abrió el costado.
La armadura resistió, aunque el golpe dolió.
—No es como las ranas… —pensó—.
Esto pelea.
Sirius concentró el aura en todo su cuerpo, repartida de forma mínima.
Sus movimientos se volvieron más fluidos, más precisos.
Esperó.
La sombra atacó de frente.
Sirius dio un paso adelante, dejó pasar una garra rozando su hombro y clavó la espada en el brazo del monstruo.
El aura roja se intensificó y el brazo oscuro se cortó limpiamente.
La sombra respondió con una patada brutal que lo lanzó contra la pared.
El aire abandonó los pulmones de Sirius.
Antes de que el monstruo pudiera rematarlo, activó Astrum en los pies y rodó fuera del alcance.
Sacó una poción roja y bebió.
El calor recorrió su cuerpo.
—Una oportunidad… solo una.
La sombra se abalanzó, confiada.
Sirius apagó el aura de la espada.
Justo antes del impacto, susurró: —Astrum.
Todo el aura se concentró en la hoja.
Sirius avanzó dentro del ataque y lanzó una estocada ascendente.
La espada atravesó el torso de la sombra, el aura roja explotó desde dentro y el cuerpo oscuro se partió en dos.
La criatura se desintegró lentamente.
En el suelo quedó un objeto negro.
Sirius lo recogió, aún respirando con dificultad.
—Oja de dedo de sombra de guerra… Se enderezó, limpiando la hoja.
El sexto piso había puesto a prueba su magia, su cuerpo y su mente.
Y Sirius sonrió apenas.
—Astrum… —susurró—.
Vamos a llevarnos bien.
Con paso firme, siguió avanzando hacia la oscuridad.
El sexto piso no daba tregua.
Sirius avanzaba con pasos medidos, pero su respiración ya no era tan tranquila como al inicio.
El sudor le corría por la espalda bajo la armadura de cuero, y el peso acumulado del combate comenzaba a sentirse en los músculos.
Astrum era poderosa, sí, pero también exigente.
Entonces el calabozo volvió a moverse.
Desde las paredes húmedas surgieron tres tiradores rana, casi al mismo tiempo.
Sus grandes ojos brillaron al detectar a Sirius, y sin esperar atacaron, lanzando sus lenguas desde distintos ángulos.
—Astrum.
El aura rojo oscuro cubrió la espada.
Sirius giró sobre sí mismo, cortando una lengua al vuelo, pero la segunda lo rozó en el hombro, arrancándole un gruñido.
La tercera se enroscó alrededor de su pierna.
Demasiado lento.
Sirius concentró el aura en el pie atrapado.
El rojo oscuro descendió como fuego líquido por su cuerpo.
Con un movimiento seco, dio una patada hacia atrás.
La fuerza liberada fue brutal: la lengua se rompió y el monstruo salió despedido contra la pared.
Los otros dos atacaron de nuevo.
Sirius avanzó, cortando con precisión, eliminando al primero con una estocada directa al ojo.
El segundo intentó retroceder, pero Sirius ya estaba encima.
Un corte limpio terminó el combate.
Silencio.
Sirius se apoyó un segundo en la pared.
—Estoy desperdiciando energía… —pensó—.
Tengo que ser más preciso.
Hasta ahora, Astrum era fuerza bruta bien dirigida.
Pero sentía que podía ser más.
Mucho más.
No tuvo tiempo de reflexionar.
Las sombras se alargaron otra vez.
Esta vez no fue una.
Dos sombras de guerra emergieron de la oscuridad, una a cada lado del túnel.
Sus brazos largos se movían con sincronía antinatural, como depredadores acostumbrados a cazar juntos.
Sirius apretó los dientes.
—Bien… —susurró—.
Vamos a aprender algo nuevo.
Activó Astrum, pero esta vez no lo concentró del todo.
Permitió que el aura fluyera de forma parcial por su cuerpo y su espada, más tenue, más controlada.
La primera sombra atacó.
Sirius bloqueó, giró y esquivó la segunda, sintiendo cómo las garras rozaban el aire a centímetros de su rostro.
Retrocedió, no por miedo, sino para observar.
Se mueven rápido, pero siguen patrones.
La sombra de la izquierda atacó en vertical.
Sirius desvió el golpe con la espada, pero en lugar de contraatacar, dejó que el aura fluyera hacia su mano libre.
Cuando la segunda sombra atacó, Sirius levantó la mano y detuvo la garra con un agarre reforzado por Astrum.
El impacto fue brutal.
La sombra se sorprendió.
Sirius también.
—Puedo… canalizarlo mejor —pensó.
Apretó los dedos.
El aura roja explotó desde su mano y destrozó la muñeca oscura del monstruo.
Sin soltarlo, Sirius giró el cuerpo y usó a la sombra como escudo contra el ataque de la otra.
El choque las separó.
Sirius no desperdició el momento.
Concentró Astrum en la espada, pero esta vez solo en el filo, no en toda la hoja.
Sintió la diferencia al instante: menos consumo, más precisión.
Avanzó.
Un corte limpio cercenó el torso de la primera sombra.
La segunda gritó sin sonido y se lanzó con furia renovada.
Las garras descendieron como cuchillas.
Sirius activó Astrum en los pies y desapareció del lugar un instante antes del impacto.
Reapareció detrás del monstruo, respirando con dificultad, pero con una nueva certeza.
—No es solo fuerza… es flujo.
La sombra giró.
Sirius dejó que el aura circulara por su cuerpo como una corriente, moviéndola donde la necesitaba en el momento exacto.
Cuando atacó, no fue un golpe desesperado, sino una secuencia: paso, giro, corte.
La espada atravesó el cuello oscuro.
La sombra se disolvió.
Sirius cayó de rodillas, jadeando.
El aura se disipó lentamente, como brasas apagándose.
—Astrum… —murmuró—.
Así que esto es.
Se levantó con esfuerzo y continuó avanzando, ya no solo luchando, sino experimentando.
El siguiente combate llegó rápido.
Una sombra de guerra emergió junto a un tirador rana, una combinación peligrosa.
La rana atacó primero.
Sirius no miró siquiera.
Activó Astrum en el pie y lanzó una patada lateral que destrozó al monstruo antes de que su lengua saliera.
La sombra atacó desde arriba.
Sirius concentró el aura en los antebrazos y bloqueó ambas garras.
El impacto fue tan fuerte que el suelo se agrietó bajo sus pies, pero no retrocedió.
—Ahora —dijo entre dientes.
Movió el aura desde los brazos hasta la espada en un instante, como si siguiera un camino invisible.
El corte fue corto, preciso, devastador.
La sombra cayó.
Sirius respiró hondo.
Ya no sentía que Astrum fuera algo externo.
Era parte de su cuerpo, de su movimiento, de su decisión.
No necesitaba gritarlo siempre.
A veces bastaba pensarlo.
Caminó un poco más y se detuvo.
—Todavía puedo mejorar… —pensó—.
Pero ya no soy el mismo que entró aquí.
Miró la espada, aún vibrando levemente con energía residual.
—Gracias —susurró.
El sexto piso seguía siendo peligroso.
Pero ahora, Sirius estaba aprendiendo a dominarlo.
El túnel se ensanchaba.
Las paredes del sexto piso se abrían en una cámara amplia, irregular, donde la luz de los cristales apenas alcanzaba el centro.
El suelo estaba marcado por grietas antiguas, como si incontables batallas hubieran tenido lugar allí.
Sirius se detuvo.
Su instinto gritaba.
El silencio era demasiado perfecto.
Entonces, las sombras se separaron del suelo.
Una.
Dos.
Tres.
Luego una cuarta figura emergió lentamente, más alta, más densa que las demás.
Todas eran sombras de guerra, pero esta última irradiaba una presión distinta, opresiva, como si el aire se volviera más pesado a su alrededor.
Sirius apretó la empuñadura.
—Cuatro… —murmuró—.
Bien.
Este es el límite.
Las sombras no atacaron de inmediato.
Se movieron lentamente, cerrando el paso, cortando rutas de escape.
Sirius respiró profundo y activó Astrum, dejando que el aura rojo oscuro fluyera de forma uniforme por su cuerpo.
No al máximo.
Aún no.
La primera sombra atacó sin aviso.
Sirius esquivó por centímetros, sintiendo las garras pasar rozando su cuello.
Contraatacó con un corte corto, pero la sombra se desvaneció y reapareció a su espalda.
—¡Tch!
Bloqueó a tiempo, pero el impacto lo hizo retroceder.
La segunda sombra entró en juego, atacando desde el flanco.
Sirius activó Astrum en los pies y saltó hacia atrás, evitando quedar atrapado.
La tercera sombra descendió desde arriba.
Sirius concentró el aura en los antebrazos y cruzó los brazos para bloquear.
El golpe fue brutal.
El suelo se hundió bajo sus botas.
Dolor.
—No puedo… mantener esto mucho tiempo —pensó.
La cuarta sombra avanzó.
No atacó.
Solo caminó.
Cada paso hacía vibrar el aire.
Sirius sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—Así que tú eres el problema… Las tres sombras menores atacaron al mismo tiempo.
Sirius liberó Astrum en un estallido controlado, empujando el aura hacia la espada y girando sobre su eje.
El corte circular alcanzó a dos sombras, partiéndolas a la mitad.
La tercera logró clavar una garra en su costado.
El dolor fue inmediato.
Sirius gruñó y respondió con un codazo reforzado por Astrum en el brazo del monstruo, destrozándolo.
La sombra se disolvió.
Quedaba una.
La más fuerte.
La sombra mayor se lanzó.
No fue rápida.
Fue imparable.
Sirius bloqueó el primer golpe, pero el segundo rompió su guardia y lo lanzó varios metros contra la pared.
El impacto le sacó el aire de los pulmones.
Cayó de rodillas.
La sombra se acercó.
Sirius intentó levantarse.
Sus piernas temblaban.
El aura de Astrum parpadeaba, inestable.
—No… aquí… —susurró.
La sombra atacó con ambas manos.
Sirius reaccionó por puro instinto.
Liberó todo.
—ASTRUM.
El aura rojo oscuro explotó alrededor de su cuerpo, envolviendo espada, brazos, piernas, incluso su respiración.
El impacto de las garras fue detenido, pero el precio fue alto: Sirius gritó de dolor mientras sus músculos se tensaban al límite.
Apretó los dientes.
—¡Muévete…!
Canalizó el aura hacia los pies y desapareció del lugar justo cuando la sombra destrozaba el suelo donde estaba.
Reapareció detrás, jadeando, con la visión borrosa.
Atacó.
Un corte.
Dos.
Tres.
La sombra bloqueó, respondió, lo golpeó en el pecho.
Sirius salió despedido, rodando por el suelo.
La armadura crujió.
Sangre manó de su boca.
—Así que… este es el final… —pensó, de rodillas.
La sombra alzó las garras.
Sirius levantó la mirada.
Y sonrió.
—No… —susurró—.
Aún no.
Apagó Astrum.
Todo quedó en silencio.
La sombra dudó un instante.
Ese instante fue suficiente.
Sirius concentró todo lo que le quedaba de Astrum en un solo punto: el filo de la espada, tan denso que el aire vibró.
El aura no se expandía.
No brillaba.
Era compacta, contenida, letal.
Se levantó.
Caminó.
Cada paso dolía.
—Este… —dijo con voz temblorosa— …es mi límite.
La sombra atacó.
Sirius avanzó a través del golpe.
La garra atravesó su hombro, pero Sirius no se detuvo.
Clavó la espada en el centro del torso oscuro y liberó Astrum desde dentro.
El aura explotó.
!booom!
La sombra se fragmentó en pedazos de oscuridad que se deshicieron en el aire.
El objeto cayó al suelo con un sonido seco.
Sirius permaneció de pie unos segundos.
Luego cayó de rodillas.
Respiraba con dificultad, el cuerpo temblándole, pero estaba vivo.
—Lo logré… —murmuró—.
Funciono.
Recogió el botín sin fuerzas para celebrarlo.
Se apoyó en la espada para levantarse lentamente.
El sexto piso había intentado quebrarlo.
No lo consiguió.
Sirius se alejó cojeando, sabiendo una cosa con absoluta certeza: Después de este combate… ya no era un aventurero principiante.
Mientras caminaba tome una posición de mi mochila quitándole el tapón con mi dientes.
Al beberla me sentí que el dolor se iba al igual que sanaban varios cortes y rasguños, deje la última poción parar beberla en la entrada del 6 piso para seguir matando monstruos.
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