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Danmachi el caballero negro - Capítulo 14

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14: mazmorra 14: mazmorra El regreso fue tranquilo.

Sirius ascendió por Babel sin prisas, dejando atrás el peso del séptimo piso.

Cada escalón lo alejaba del olor metálico del combate y lo devolvía al murmullo constante de Orario.

Cuando finalmente salió a la superficie, la luz del atardecer lo recibió sin violencia, cálida, casi amable.

Se dirigió al gremio.

El edificio estaba tan activo como siempre, con aventureros entrando y saliendo, informes murmurados y el sonido seco de monedas al cambiar de manos.

Sirius entregó su botín sin ceremonia: núcleos, fragmentos de caparazón, restos que aún conservaban el rastro del séptimo piso.

El proceso fue rápido.

—Veintisiete mil valis —anunció la encargada tras revisar todo.

Sirius asintió y guardó el dinero con cuidado.

No sonrió.

No hizo cuentas mentales.

Solo registró el hecho como lo que era: el resultado de un día bien ejecutado.

Después salió.

La ciudad seguía viva, pero ya no reclamaba su atención.

Tomó el camino hacia la posada, esquivando multitudes sin esfuerzo, el cuerpo funcionando por inercia.

Al llegar, subió a su habitación y cerró la puerta detrás de sí.

El silencio fue inmediato.

Dejó la mochila en el suelo, apoyó la espada contra la pared y comenzó a despojarse de la armadura pieza por pieza.

El cuero estaba marcado, pero intacto.

La dejó a un lado, como algo que volvería a necesitar pronto… pero no ahora.

El baño estaba listo.

El vapor llenaba la habitación cuando Sirius se sumergió en el agua caliente.

El calor le arrancó un suspiro largo, profundo.

Los músculos, tensos durante horas, comenzaron a ceder poco a poco.

Cada respiración era más lenta que la anterior.

Cerró los ojos.

Las imágenes del día pasaron sin urgencia: el séptimo piso, las hormigas, las sombras, el control preciso de Astrum.

Todo estaba en su lugar.

No había dudas pendientes.

Se recostó, dejando que el agua sostuviera su peso.

Por primera vez desde que había salido esa mañana, no tenía que pensar en el siguiente movimiento.

Solo estar.

Cuando terminó, se secó con calma y se puso ropa limpia.

Se dejó caer sobre la cama, sintiendo cómo el cansancio real, el bueno, se apoderaba de él.

Mañana volvería a bajar.

Pero esa noche, en la quietud de la posada, Sirius descansó sabiendo que había avanzado un poco más… y que podía permitirse cerrar los ojos sin temor.

*****Después de 3 horas****** Durmió tres horas exactas.

No fue un sueño profundo ni agitado.

Fue ese descanso corto pero necesario que cae como una manta sobre el cuerpo exhausto.

Cuando despertó, no fue por un sobresalto, sino por un sonido familiar.

La puerta.

El leve crujido de la madera al abrirse lo hizo abrir los ojos.

Tardó un segundo en enfocar la habitación, aún envuelta en penumbra.

La luz del pasillo entró en una franja dorada… y con ella, Aurora.

Sirius se incorporó de inmediato, sentándose en el borde de la cama.

Se pasó una mano por el cabello, todavía desordenado por el sueño.

—Buenas noches… lady aurora.

Aurora cerró la puerta con cuidado y lo observó un instante.

Había en su mirada algo tranquilo, casi doméstico, muy distinto a la solemnidad que mostraba en público.

—¿Te desperté?

—preguntó en voz baja.

—No —respondió Sirius—.

Dormí lo suficiente.

Ella se acercó y se sentó frente a él, apoyando las manos sobre sus rodillas.

Sirius respiró hondo.

—Quería decírtelo hoy —dijo—.

Entre lo que ya teníamos y lo que gané estos días… juntamos ciento sesenta mil valis.

Aurora parpadeó una vez.

—Eso alcanza para los muebles… y para empezar el laboratorio.

—Exacto —asintió Sirius—.

No es todo, pero es una base sólida.

Aurora sonrió, pensativa.

—Hablaré con Miach —dijo—.

Él puede conseguir el equipo del laboratorio a mejor precio… y de buena calidad.

Hizo una pausa, y su sonrisa se volvió más viva.

—Y los muebles… esos los compraremos juntos.

Sirius devolvió la sonrisa.

—Me gustaría eso.

Hubo un pequeño silencio, cómodo.

Luego Sirius habló otra vez, con un tono algo más cauteloso.

—También pensaba… en el emblema.

Levantó la mirada hacia ella.

—Quisiera hacer la cresta de la falna.

Usarla como escudo de la familia, colgarla en el portón principal… junto a una bandera.

Aurora no respondió de inmediato.

Sus ojos se suavizaron, y una emoción silenciosa cruzó su expresión.

Entonces se inclinó hacia adelante y lo abrazó, rodeándolo con los brazos sin decir nada por un momento.

En su mente ya podía verlo: la casa terminada, el portón, el emblema ondeando, un lugar que no era solo un refugio… sino un hogar.

—Quedará hermosa —dijo finalmente, sin soltarlo.

Sirius sonrió, apoyando la frente contra su hombro.

—Sí —respondió—.

Quedará hermosa.

Aurora se separó despacio y se puso de pie.

Lo miró desde arriba, con esa mezcla de ternura y autoridad que solo ella tenía.

—Antes de que vuelva a dormir —añadió Sirius—… ¿podrías actualizar mi falna?

Aurora arqueó una ceja, divertida.

—Incluso después de seis horas de combate… ¿sigues pidiendo más?

—Solo quiero saber hasta dónde llegué —respondió él con calma.

Aurora rió suavemente.

—Está bien.

Pero después de eso… ambos dormimos.

Se giró, estirándose con elegancia mientras se preparaba para hacerlo.

La habitación volvió a quedar en silencio.

Sirius la observó, sintiendo una tranquilidad nueva asentarse en su pecho.

No era solo cansancio.

Era la certeza de que, paso a paso, algo verdadero estaba tomando forma.

Sirius quitándose la camisa sentado en orilla de la cama sintió la gota de sangre caer a su espalda.

Aurora acomodando los símbolos con sus dedos —listo ahora espera para copiar tu estado.

Sacando un papel, paso sus dedos por todos los símbolos —toma y vete a dormir.

Sirius agarrando la hoja fruncio el celo al darse cuanta que ahora empezó a realentizarse.

[Nombre del Personaje] sirius vega Familia: [Aurora] Nivel: [1] Atributos Básicos (Basic Abilities) • Fuerza: [C 620]  • Resistencia: [D 530] • Destreza: [C 600] • Agilidad: [C 610] • Magia: [B 760] Puntos totales:3110 — necesito aumentar la intensidad de mi combate.

Con eso en mente sirius durmió.

Sirius volvió a descender.

El séptimo piso lo recibió igual que antes: roca áspera, túneles irregulares, un aire denso que parecía pegarse a la piel.

Pero esta vez, el cambio no estaba en el entorno.

Estaba en él.

Avanzó sin ocultar su presencia.

El sonido de sus botas resonó deliberadamente contra la piedra.

No buscaba evitar encuentros.

Buscaba provocarlos.

La primera hormiga asesina apareció al fondo de un pasillo.

Luego otra.

Sirius no se detuvo cuando percibió el olor inicial de las feromonas.

Al contrario, relajó la postura y dejó que Astrum se expandiera un poco más de lo habitual.

No como fuerza bruta.

Como intención.

La hormiga levantó el abdomen y liberó una nube invisible.

El aire vibró con la señal.

Sirius sonrió apenas.

—Eso es… llámenlas.

Las respuestas no tardaron.

Dos, tres, luego cinco hormigas emergieron de distintos túneles.

El suelo tembló bajo sus patas.

Sirius no retrocedió.

Activó Astrum con mayor intensidad, dejando que cubriera brazos, piernas y el filo de la espada al mismo tiempo.

No era una carga explosiva, sino una presión constante, más densa, más peligrosa.

La primera cargó.

Sirius la recibió de frente.

El impacto fue brutal.

El choque de caparazón contra Astrum reforzado hizo vibrar el aire.

Sirius giró la muñeca y deslizó la hoja por una unión del exoesqueleto.

El corte no fue limpio: arrancó.

La criatura chilló.

Las demás atacaron a la vez.

Sirius se movió dentro del grupo, no alrededor.

Cada paso era un ajuste mínimo.

Astrum se volvía más letal: no solo reforzaba, penetraba.

Cada golpe dejaba heridas profundas, irreparables.

Una pata cercenada, un tórax atravesado, un cráneo partido con un solo movimiento descendente.

La feromona seguía activa.

Más venían.

Entonces el aire cambió.

Un polvo púrpura descendió lentamente desde arriba, como ceniza brillante.

Sirius alzó la mirada.

Polilla púrpura.

Las alas batían con lentitud, liberando nubes densas.

El polvo se pegaba a la piel, a la ropa, al aire mismo.

Sirius sintió el primer ardor en los pulmones.

Veneno.

No se retiró.

Concentró Astrum en el torso, creando una barrera mínima, y avanzó.

Cortó a una hormiga por la mitad y usó su cuerpo como cobertura momentánea mientras giraba y lanzaba un corte ascendente.

La polilla chilló al sentir la herida, pero el polvo se intensificó.

Sirius empezó a sentir el entumecimiento en los dedos.

—Bien… —murmuró—.

Así es mejor.

Saltó.

Astrum explotó brevemente en las piernas.

Alcanzó a la polilla en el aire y la atravesó de lado a lado.

El cuerpo cayó, pero el polvo ya había cubierto buena parte de la zona.

No tuvo tiempo de descansar.

Un destello azul cruzó su campo de visión.

Polilla azul.

Era distinta.

Cuatro alas transparentes, azules como agua pura, flotando con delicadeza.

Sirius sintió algo inesperado: el polvo que desprendía no quemaba.

Al contrario.

Donde lo tocaba, el veneno disminuía.

Las pequeñas heridas ardían menos.

—Curativa… —pensó.

Pero no estaba solo.

Las hormigas restantes rodearon a la polilla azul casi por instinto, como protegiéndola.

Sirius entendió de inmediato el peligro: enemigos reforzados por curación constante.

Aumentó Astrum otro nivel.

Esta vez, sin reservas.

La energía recorrió su cuerpo con un pulso más agresivo.

El filo de la espada vibró, dejando una estela visible al moverse.

Sirius cargó directamente hacia el centro del grupo.

No buscó precisión quirúrgica.

Buscó quebrar el ritmo.

Un tajo horizontal decapitó a una hormiga.

El siguiente golpe atravesó dos cuerpos en línea.

La polilla azul retrocedió instintivamente, batiendo las alas con más fuerza, liberando polvo sanador.

Sirius giró sobre sí mismo y lanzó la espada en un arco corto, reforzada por Astrum.

El impacto destrozó un ala.

La polilla chilló, cayó contra una pared y quedó inmóvil.

Sirius no la remató.

Siguió.

El suelo comenzó a vibrar de una forma distinta.

Un sonido seco, rítmico.

Desde un túnel lateral emergió el conejo aguja.

Era más grande de lo esperado.

Un cuerno largo y afilado sobresalía de su frente.

En las manos sostenía un arma rudimentaria: un hacha hecha de piedra atada a un palo grueso.

Sus ojos estaban llenos de furia.

Atacó sin dudar.

El hacha descendió con una fuerza sorprendente.

Sirius bloqueó, pero el impacto lo empujó varios pasos atrás.

El conejo no le dio espacio: embistió con el cuerno.

Sirius giró por centímetros.

Sintió el aire cortarse junto a su rostro.

Las hormigas restantes aprovecharon.

Sirius quedó rodeado.

Aquí no había margen.

Activó Astrum al máximo nivel que se había permitido hasta ahora.

No era una explosión, sino una presión aplastante.

Cada movimiento suyo se volvió más rápido, más pesado, más definitivo.

El combate se volvió salvaje.

El conejo atacaba con técnica torpe pero brutal.

Sirius esquivaba, contraatacaba, cortaba.

Una hormiga cayó con el pecho atravesado.

Otra perdió la cabeza de un solo golpe descendente.

El conejo embistió de nuevo.

Sirius dejó que el cuerno rozara su armadura y, en ese instante, clavó la espada por debajo de la mandíbula, atravesando el cerebro.

El cuerpo cayó.

Silencio.

Sirius respiraba con dificultad.

El veneno aún le recorría el cuerpo, aunque debilitado por el polvo azul que seguía flotando.

Bebió una poción sin sentarse.

No había terminado.

Permitió que las feromonas siguieran activas durante horas.

Grupos más grandes.

Combinaciones peores.

Hormigas atacando mientras polillas púrpuras llenaban el aire de veneno, con alguna polilla azul ocasional cambiando por completo el equilibrio del combate.

Conejos aguja apareciendo en los peores momentos, golpeando cuando Astrum ya estaba exigido.

Sirius se adaptó.

Aprendió a matar rápido cuando había curación.

A resistir cuando el veneno era inevitable.

A posicionarse para no ser rodeado.

Astrum se volvió más afilada, más peligrosa.

No solo reforzaba: destruía.

Cuando finalmente se detuvo, no sabía cuántas horas habían pasado.

El suelo estaba cubierto de restos.

Sirius, de pie en medio del caos, apoyó la espada en el suelo y cerró los ojos un segundo.

Suspirando sonriendo —eso fue genial, bueno hora de recoger todo esto para irme a la superficie.

Terminando de recoger todas las piedras mágicas y objetos parti asia la superficie mientras bebía una poción de salud amarga queriendola bomitar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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