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Danmachi el caballero negro - Capítulo 15

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  4. Capítulo 15 - 15 nueva casa de la familia aurora
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15: nueva casa de la familia aurora 15: nueva casa de la familia aurora El regreso al gremio fue silencioso.

Sirius caminó entre aventureros que hablaban en voz alta, reían o discutían recompensas.

Él no se detuvo en nada de eso.

Entregó su botín con la misma precisión con la que había luchado: fragmentos de caparazón, restos útiles de polillas, núcleos y materiales que aún conservaban trazas del séptimo piso.

El personal trabajó con rapidez.

—Treinta mil valis —anunciaron finalmente.

Sirius asintió, tomó la bolsa y la guardó sin contarla allí mismo.

Sabía lo que valía ese dinero.

No por la cifra, sino por lo que representaba: constancia.

Al salir del gremio, el cielo ya comenzaba a oscurecer.

El sol descendía entre los edificios de Orario, tiñendo las calles de tonos anaranjados y sombras largas.

El día había sido largo.

El estómago se lo recordó.

Compró comida en un puesto cercano: algo caliente, simple, reconfortante.

Comió de pie, sin prisa, observando cómo la ciudad cambiaba de ritmo al acercarse la noche.

Luego retomó el camino hacia la posada.

Al llegar, subió a su habitación y dejó las cosas en su sitio.

La espada apoyada contra la pared.

La mochila en el suelo.

La armadura, cuidadosamente apartada.

El baño volvió a ser un ritual.

El agua se llevó el sudor, el polvo del calabozo y el olor metálico del combate.

Sirius dejó que el vapor le despejara la mente.

Cuando terminó, se secó con calma y se cambió.

Pantalones negros nuevos.

Camisa negra de manga larga.

La capa negra, con bordes rojos, cayendo sobre sus hombros.

La espada volvió a su cinturón.

Cuando salió de la posada, la noche ya había tomado la ciudad.

La calle de los aventureros estaba viva: luces, música lejana, conversaciones cruzadas, risas y promesas de peligros futuros.

Sirius caminó sin apuro durante unos diez minutos, dejando que el ruido lo rodeara sin atraparlo.

Entonces entró en la librería.

El interior era tranquilo, iluminado por lámparas cálidas.

El olor a papel y cuero le resultó sorprendentemente agradable.

Recorrió los estantes hasta encontrar lo que buscaba.

Un libro de cuero café, hojas en blanco, resistente.

Tinta.

Un lápiz sencillo.

Pagó y salió sin más.

El camino de regreso fue corto.

De vuelta en la posada, entró a su habitación, dejó la capa extendida sobre la cama y se sentó apoyando la espalda en la cabecera.

Abrió el libro con cuidado, como si el gesto tuviera peso propio.

Las páginas en blanco lo esperaban.

Tomó el lápiz.

Comenzó a escribir.

Ingredientes esenciales Base Alcohólica: Alcohol etílico de 96º o alcohol neutro para disolver y evaporar las esencias.

Agua Destilada: Para diluir la mezcla y suavizar el aroma, se usa en menor proporción que el alcohol.

Aceites Esenciales/Esencias: La parte aromática, pueden ser florales (rosa, jazmín), cítricos (limón, bergamota), amaderados (sándalo, cedro) o resinas.

Nota:comprar de la familia Demeter todos los tipos de flores.

Fijador (Opcional): Glicerina vegetal o propilenglicol para ayudar a que el olor dure más tiempo.

—para este paso tendré que aselo yo mismo ya que no existe aquí, creo que se obtiene así.

Proceso de obtención Materias primas: Se utilizan aceites vegetales ricos en triglicéridos, como el aceite de palma, coco, girasol o colza.

Hidrólisis: Los aceites se someten a vapor a alta presión y temperatura, rompiendo los triglicéridos para separar la glicerina de los ácidos grasos.

Transesterificación (Alternativa para biodiesel): Se mezcla el aceite con un alcohol (como metanol) y un catalizador (álcali), lo que libera el glicerol y forma ésteres de ácidos grasos (biodiesel).

Separación y purificación: La glicerina se separa de los ácidos grasos y luego se destila para alcanzar altos niveles de pureza, eliminando impurezas y agua.

Proporciones básicas (para un O de Toilette) Una receta común y balanceada es: 60-70% Alcohol 15-20% Agua Destilada 10-15% Aceite Esencial/Fragancia 5% Fijador (Glicerina) —la casa de la familia estar lista mañana, tendré una larga semana.

Cada línea era una semilla para el futuro laboratorio.

Para algo que no dependía solo de la espada.

Cuando levantó la vista, el silencio de la habitación lo envolvía.

El libro descansaba abierto sobre sus piernas, ya no tan vacío La puerta se abrió sin brusquedad.

Sirius levantó la vista del libro casi por reflejo, el lápiz suspendido a medio centímetro del papel.

La luz del pasillo entró primero… y luego Aurora.

No llevaba la solemnidad de una diosa en audiencia pública.

Su presencia era más cercana, más doméstica, como si aquel cuarto fuera ya parte de algo compartido.

Cerró la puerta detrás de sí y apoyó la espalda un instante contra la madera antes de hablar.

—Ya es oficial —dijo, con una sonrisa que no intentaba ocultar—.

La casa de la familia estará lista mañana por la tarde.

El lápiz cayó suavemente sobre el libro.

Sirius parpadeó una vez, procesando las palabras, y luego sonrió de una forma distinta a todas las anteriores.

No era la sonrisa de la victoria ni la del alivio después del combate.

Era otra cosa.

—Entonces no hay tiempo que perder —respondió, cerrando el libro con cuidado y dejándolo a un lado—.

Mañana por la mañana… vayamos a comprar los muebles.

Aurora alzó una ceja, divertida.

—¿Así, sin más?

—Para tu habitación —continuó Sirius, con naturalidad—.

Todo.

Cama, armario, mesa, lo que necesites.

Hizo un gesto amplio con la mano.

—Y también para la cocina.

Todo lo que una cocina ocupa.

No quiero improvisaciones después.

Luego añadió: —Y para la sala.

Sofás, mesas, estanterías.

Tapetes.

Cortinas.

Si lo compramos todo temprano, podemos pedir que lo envíen a la casa por la tarde.

Aurora lo observó en silencio.

—Así, cuando llegue todo —siguió Sirius—, podemos organizar a los trabajadores para que acomoden cada cosa como pensamos.

No solo poner muebles… sino que el lugar funcione desde el primer día.

Hubo un pequeño silencio.

Aurora sonrió.

No una sonrisa amplia, sino una lenta, satisfecha, de esas que nacen cuando alguien presta atención a detalles que no estaba obligado a cuidar.

—Eres increíblemente considerado —dijo—.

Pensaste en todo eso sin que yo lo pidiera.

Sirius se encogió apenas de hombros.

—Es nuestra casa.

Aurora dio unos pasos más adentro y se sentó en el borde de la cama, frente a él.

—También hablaré con Miach —añadió—.

Le avisaré que el material del laboratorio puede llevarse mañana.

Sus hijos pueden encargarse de acomodarlo correctamente.

Sirius soltó una pequeña risa de alivio.

—Gracias, mi di— Se corrigió a tiempo.

—Gracias, lady Aurora.

Ella inclinó la cabeza, aceptando el agradecimiento.

Entonces sus ojos se desviaron hacia el libro de cuero café que descansaba sobre la cama.

—¿Y eso?

—preguntó—.

No te había visto escribir antes así.

Sirius tomó el libro de nuevo y lo abrió, mostrándole las páginas llenas de notas, esquemas y listas.

—Estoy escribiendo los pasos para obtener los ingredientes primarios —explicó—.

No recetas finales, todavía.

Pasó una página.

—La idea es recolectarlos, procesarlos y almacenarlos en frascos grandes.

Cuando ya tengamos todo preparado, solo será cuestión de mezclar.

Aurora se inclinó un poco más para mirar.

—¿Y luego?

—Luego anotar —respondió Sirius—.

Porcentajes exactos.

Qué cantidad va en cada frasco.

Qué olor produce.

Ya en esa parte decidiremos si aumentar o bajar la intensidad del olor.

Alzó la vista hacia ella.

—Cuando tengamos suficientes combinaciones, elegiremos las mejores.

Aurora lo miró con interés genuino.

—¿Perfumes?

—Perfumes —confirmó él—.

Algo que no dependa del calabozo todos los días.

Algo que se pueda perfeccionar.

Dudó un instante antes de añadir: —Pero… necesitaré tu ayuda.

Aurora ladeó la cabeza.

—¿Con qué parte?

—Las fragancias para mujeres —dijo sin rodeos—.

Yo puedo encargarme de las de hombres.

Sé qué funciona ahí.

Pero… Sonrió con honestidad.

—Solo una mujer sabe realmente qué le gusta a otra mujer.

Aurora se enderezó, apoyó las manos en las caderas y sonrió con una mezcla de orgullo y diversión.

—Eso es completamente cierto.

Sirius rió.

—Lo sabía.

El ambiente se relajó aún más.

Por un momento, todo parecía sencillo.

Entonces Sirius volvió a hablar, esta vez con un tono más serio.

—Cuando los perfumes empiecen a venderse… —dijo despacio— y si se vuelven populares… tendremos que tener cuidado.

Aurora lo miró con atención.

—¿Las otras familias?

—Sí —asintió—.

Especialmente las tipo comerciales.

Las que no tienen escrúpulos.

Cerró el libro con suavidad.

—Nadie se queda quieto cuando ve un producto realmente bueno.

Harán lo que sea necesario para destruirlo… o quedarse con él.

Dinero, presión, sabotaje.

Aurora lo escuchó sin interrumpir.

Cuando terminó, ella sonrió.

No una sonrisa preocupada.

Una tranquila.

—No tendrás que preocuparte por mí —dijo—.

Puedo luchar contra aventureros de nivel dos… y ganar.

Sirius abrió la boca.

Por un segundo, su mente hizo algo que no debía: imaginó a Aurora luchando.

Moviéndose.

Sacudió la cabeza de inmediato, despejando esa imagen.

—No —dijo, casi instintivamente—.

No quiero imaginar eso.

Aurora rió suavemente.

—Relájate.

No estoy indefensa.

Sirius respiró hondo, recuperando la calma.

—Lo sé —respondió—.

Pero aun así… Se quedó callado un instante, luego la miró con determinación.

—Aurora… ¿podrías actualizar mi estado?

Ella lo observó unos segundos, evaluándolo.

—¿Ahora?

—Sí —asintió—.

Antes de que el día termine.

Aurora se levantó con un gesto elegante.

—Muy bien —dijo—.

Acuéstate.

Esto será rápido.

Mientras se preparaba, Sirius apoyó la espalda contra la cama y miró el techo.

Muebles.

Laboratorio.

Perfumes.

Riesgos.

Familia.

Todo estaba tomando forma.

Aurora al terminar le dio el papel de su estado.

[Nombre del Personaje] sirius vega Familia: [Aurora] Nivel: [1] Atributos Básicos (Basic Abilities) • Fuerza: [B 710]  • Resistencia: [C 610] • Destreza: [B 705] • Agilidad: [B 715] • Magia: [A 880] Puntos totales:3,620 Magia (Magic) 1.

[Lux concordia]: [Magia grupal] Aumenta fuerza, velocidad y defensa de aliados cercanos Duración 10 minutos Consume gran cantidad de mente.

1.

[Astrum edge/ magia de encantamiento]: Aura color rojo oscuro se concentra en el filo del arma y el cuerpo capas de causar gran daño y atravesando defensas físicas y mágicas.

Habilidades (Skills) • [Stella cogitatio]: [Habilidad pasiba] Acelera el pensamiento de la mente y recuperación de la mente excelente en combate, liderazgo y control magico.].

Habilidades de Desarrollo (Development Abilities) • Al ver su estádo sirius sonrió al ver su esfuerzo dando frutos.

La mañana siguiente amaneció clara sobre Orario.

El cielo estaba despejado y el aire tenía ese frescor leve que solo aparece cuando la ciudad aún no ha despertado del todo.

Sirius y Aurora caminaron juntos por las calles principales, sin prisa, mezclándose entre comerciantes que levantaban persianas y aventureros que regresaban tras una noche larga.

No iban armados para el combate.

Iban preparados para construir.

Su primer destino fue una familia comercial de carpinteros, conocida por trabajar con varias familias divinas.

El taller ocupaba casi una manzana completa: madera apilada, muebles a medio terminar, olor a barniz fresco.

El patriarca los recibió con una inclinación respetuosa al reconocer a Aurora.

—Buscamos muebles para una casa completa —dijo Sirius con calma—.

Habitaciones, cocina y sala.

No hubo sorpresa.

Solo eficiencia.

Durante casi una hora recorrieron el lugar.

Sirius se encargó de medir con la mirada, pensar en espacios, imaginar recorridos.

Aurora se detuvo en detalles: acabados, colores, formas que transmitieran calidez más que lujo excesivo.

Eligieron: Camas sólidas, de madera oscura.

Armarios amplios.

Mesas firmes para la cocina.

Sofás resistentes, pensados para reuniones largas.

Estanterías para libros, frascos y futuros proyectos.

Cuando terminaron, el monto superaba con holgura los ciento ochenta mil valis.

Sirius pagó sin titubear y dio la dirección de la casa para que todo fuera enviado esa misma tarde.

Después caminaron unas calles más hasta una tienda de telas.

El interior era un mar de colores y texturas.

Aurora se movía con soltura, tocando telas, comparando tonos.

Sirius la observaba elegir con atención casi reverente.

Compraron: Sábanas suaves, resistentes.

Sarapes gruesos para las noches frías.

Cortinas para cada habitación.

Un gran tapete, amplio, con tonos cálidos, destinado a la sala principal.

El comerciante anotó todo cuidadosamente y recibió la dirección con una sonrisa.

La siguiente parada fue una tienda de utensilios de cocina.

Allí eligieron todo lo necesario: ollas, sartenes, cuchillos, recipientes, tablas, frascos.

Sirius pensó en funcionalidad; Aurora, en equilibrio.

Juntos lograron algo que ninguno habría conseguido solo.

Cuando salieron, el sol ya estaba alto.

El dinero gastado era considerable, pero no hubo arrepentimiento.

Todo tenía un propósito.

Antes de dirigirse a la casa, hicieron una última parada: la Farmacia Azul.

Miach estaba detrás del mostrador cuando entraron.

Al verlos, dejó lo que hacía.

—La casa estará lista esta tarde —dijo Aurora sin rodeos.

Miach sonrió ampliamente.

—Perfecto.

Iré con mis hijos para instalar el laboratorio.

Llevaremos todo en cuanto esté despejado el sótano.

—Gracias —respondió Sirius con una leve inclinación.

Salieron de la farmacia y se dirigieron por fin a su nuevo hogar.

La casa se alzaba sólida, limpia, casi terminada.

La familia Goibniu aún trabajaba en los detalles finales.

Obreros colocaban ventanas, ajustaban puertas, limpiaban el polvo restante de la construcción.

Sirius y Aurora se sentaron a un lado, observando.

No interrumpieron.

Durante tres horas, simplemente miraron cómo el lugar cobraba vida.

El sonido de martillos se volvió más espaciado, los movimientos más tranquilos.

Finalmente, Goibniu se acercó.

—Está terminado —dijo con satisfacción—.

La estructura, los acabados.

Todo.

Aurora inclinó la cabeza con respeto.

—Gracias.

Has cumplido más de lo prometido.

Poco después comenzaron a llegar los muebles.

Carretas tras carretas.

Sirius y Aurora guiaron personalmente a los trabajadores, indicando dónde iba cada cosa.

La cama aquí.

El armario allá.

La mesa en el centro de la cocina.

El tapete extendido con cuidado en la sala.

Instalaron cortinas.

Colocaron estanterías.

La cocina empezó a parecer una cocina real, lista para ser usada.

El tiempo pasó rápido.

Dos horas después, la casa estaba completa.

Aurora y Goibniu se despidieron con cordialidad.

El dios herrero se marchó satisfecho.

No pasó mucho antes de que un carruaje se detuviera frente a la casa.

Miach había llegado, acompañado de sus hijos.

Sirius los guió por el costado derecho de la casa, hacia el sótano.

Allí, con rapidez y precisión, comenzaron a instalar el laboratorio: mesas reforzadas, soportes, estanterías, espacios de trabajo bien organizados.

En treinta minutos, todo estaba listo.

Los hijos de Miach se retiraron.

El dios permaneció.

Se sentaron en la gran sala, ahora completamente amueblada.

No tardaron en llegar Hefesto y Deméter.

La reunión fue sencilla.

Conversaron, rieron, felicitaron a Aurora y Sirius por su nuevo hogar.

No hubo discursos largos ni solemnidad innecesaria.

Solo reconocimiento.

Después de una hora, los invitados comenzaron a marcharse.

Antes de que Deméter se fuera, Aurora habló.

—¿Podrías enviarnos un carruaje con flores y guirasoles?

Demeter.

Deméter sonrió con calidez.

—Mañana por la mañana —respondió—.

Será mi regalo por su nueva casa.

Cuando la puerta se cerró y quedaron solos, Sirius miró alrededor.

La casa estaba viva.

Aurora se sentó a su lado.

Habían construido algo real.

Sirius sonriendo sentado en el sofá —lady aurora vamonos a dormir, mañana será un día de mucho trabajo cuando llegue el carruaje de flores y guirasoles.

Aurora sonrió cálidamente —claro descansemos mañana tendremos mucho trabajo.

Así cada uno se fue a su habitación designada.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES hendo_132 en el próximo capítulo vendrá la distribución de la nueva casa de la familia aurora

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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