Danmachi el caballero negro - Capítulo 17
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17: piso 9 17: piso 9 La luz de la mañana se filtró con timidez por la ventana.
Sirius abrió los ojos lentamente, todavía envuelto en ese peso agradable que deja un día de trabajo bien hecho.
Tardó un segundo en notar el calor a su lado.
Giró un poco la cabeza.
Aurora dormía allí.
Su respiración era tranquila, el rostro relajado, muy distinto a la expresión serena y firme que mostraba despierta.
Sirius parpadeó, sorprendido, y una leve sonrisa se dibujó en su rostro.
—Aurora… —murmuró—.
¿Qué haces dormida en mi habitación?
Aurora se movió apenas, frunció el ceño y luego abrió los ojos con lentitud.
Se estiró, alzando los brazos sin ningún apuro, y soltó un pequeño suspiro.
—Estaba muy cansada —dijo, con la voz aún adormilada—.
Diez horas de trabajo no son poca cosa… Lo miró de reojo, medio sonriendo.
—Y además… me acostumbré a dormir contigo en la posada.
Supongo que fue la costumbre.
Sirius rió en silencio, negando suavemente con la cabeza.
—Tal vez tienes razón —respondió—.
Fue un día largo.
Se sentó en el borde de la cama y estiró los hombros.
—Voy a darme una ducha —añadió—.
Iré a la mazmorra.
Necesitamos seguir consiguiendo dinero… y mejorando.
La miró con respeto.
—Mañana trabajaremos con los girasoles todo el día, lady Aurora.
Aurora asintió, volviéndose a acomodar entre las sábanas.
—Ten cuidado —dijo—.
Te estaré esperando aquí.
Sirius salió de la habitación y se dirigió a los baños del tercer piso.
El agua caliente cayó sobre su cuerpo, despejando el último rastro de sueño.
Dejó que el vapor se llevara cualquier duda, cualquier resto de cansancio.
Cuando terminó, se vistió con su ropa habitual: pantalón negro, camisa negra de manga larga, botas café oscuro.
Ajustó el cinturón, colocó la espada en su sitio y se puso la armadura negra de pecho.
Regresó a la habitación y preparó la mochila.
Dos pociones de salud.
Una intermedia, regalo de Miach.
Dos pociones de recuperación de mente.
Llenó la cantimplora con agua fresca y guardó unos sándwiches cuidadosamente envueltos.
Antes de salir, volvió junto a Aurora.
—Volveré antes del anochecer —dijo.
Aurora lo miró con una pequeña sonrisa.
—Lo sé.
Sirius salió de Villa de Luz Estelar y cerró el portón tras de sí.
El aire de Orario lo recibió una vez más.
Con paso firme, se dirigió hacia Babel.
El calabozo lo esperaba.
Sirius descendió hasta el piso ocho con paso firme.
El ambiente cambió apenas cruzó el umbral.
El aire era más pesado, las paredes más cerradas, como si la mazmorra misma observara con mayor atención.
Las sombras parecían más densas, los sonidos más cercanos.
No tardaron en aparecer los primeros monstruos.
Eran más rápidos que los del séptimo piso.
Más agresivos.
Sirius activó Astrum de forma constante, pero controlada.
Durante una hora entera, peleó sin interrupciones largas.
Grupos pequeños, ataques directos, emboscadas simples.
Y aun así… No se sentía superado.
Respiraba con fuerza, sí, pero su cuerpo respondía.
Sus movimientos eran naturales.
Astrum fluía como una extensión directa de su voluntad.
Cada combate terminaba con eficiencia, no con desesperación.
Cuando terminó con el último grupo del piso ocho, Sirius apoyó la espada en el suelo y respiró hondo.
—Ya me acostumbré… —murmuró.
No era arrogancia.
Era evaluación honesta.
Alzó la vista hacia el siguiente descenso.
El piso nueve.
Bajó.
El cambio fue inmediato.
El piso nueve no recibía a los intrusos con cautela.
Los recibía con números.
Apenas avanzó unos metros, seis monstruos emergieron casi al mismo tiempo, desde túneles distintos.
—Así que aquí es… —dijo Sirius, apretando el mango de la espada.
Activó Astrum con mayor intensidad.
El primer combate fue brutal.
No podía permitirse errores.
Los monstruos atacaban en conjunto, cubriendo flancos, empujándolo hacia paredes irregulares.
Sirius se movía como un eje central, girando, cortando, esquivando por márgenes mínimos.
Astrum ya no era solo refuerzo.
Era arma.
La espada cortaba con una presión invisible, dejando estelas de energía que desgarraban carne y caparazón.
Sirius eliminó al primer grupo tras varios minutos de intercambio violento.
No hubo descanso.
Otro grupo de seis apareció.
Luego otro.
Durante dos horas, el piso nueve fue un infierno constante.
Sirius tuvo que usar pociones.
Primero una de salud.
Luego una de mente.
No por pánico, sino por necesidad real.
Cuando finalmente encontró un espacio relativamente seguro, se sentó contra una roca, jadeando.
Sacó un sándwich, bebió agua.
Astrum se mantuvo activa, pero en un nivel bajo, como un animal vigilante.
—Todavía puedo seguir… —dijo entre respiraciones.
Se levantó.
Y entonces la mazmorra respondió.
El suelo vibró.
Las paredes comenzaron a emitir sonidos extraños, como crujidos profundos.
Sirius se detuvo, alerta.
Un escalofrío recorrió su espalda.
—No… —susurró—.
¿En serio?
Las paredes se abrieron.
No uno.
No seis.
Decenas.
Más de sesenta monstruos comenzaron a emerger desde todos los ángulos posibles.
El pasillo se llenó de cuerpos, garras, colmillos, ojos brillando en la penumbra.
Una fiesta de monstruos.
Sirius quedó rodeado.
Retrocedió hasta que su espalda tocó una pared.
Astrum se expandió de inmediato, cubriendo todo su cuerpo.
El primer impacto fue devastador.
Cortó, giró, empujó, pero no importaba cuántos cayeran.
No disminuían.
La sangre manchaba el suelo.
Sirius recibió golpes directos.
Uno en el costado.
Otro en el brazo.
Usó una poción de salud.
Luego otra.
La mente comenzó a drenarse rápido.
—Maldita sea… —gruñó.
Tomó una poción de mente.
Luego la segunda.
Aun así, la presión no cedía.
Sirius respiraba con dificultad.
Astrum seguía activa, pero empezaba a resentirse.
Entonces, en medio del caos, pensó.
No en huir.
En concentrar.
—¿Y si… no la libero?
—murmuró.
Sirius comenzó a hacer algo distinto.
En lugar de expandir Astrum por su cuerpo, empezó a comprimirla.
Toda la energía de mente restante comenzó a fluir hacia un solo punto.
El filo de la espada.
La hoja empezó a vibrar.
Luego a brillar.
El aire a su alrededor se distorsionó.
Sirius apretó los dientes mientras su última poción de mente desaparecía entre sus dedos.
Todo.
Todo fue a la espada.
Los monstruos cargaron al unísono.
Sirius alzó la espada con ambas manos.
—Se acabó.
Con un grito de guerra Haaaaaaaaaa Descargó el golpe hacia abajo.
Lo que salió de la hoja no fue un corte.
Fue un rayo.
Una línea de energía brutal, comprimida hasta el límite, que se liberó como un láser devastador.
El ataque atravesó a los monstruos como si no existieran, arrasando cuerpos, paredes, suelo.
La mazmorra rugió.
El suelo se partió, formando una zanja larga y profunda que se extendía varios metros, humeante, fundida por la energía liberada.
No quedó nada en pie.
Silencio.
Sirius cayó de rodillas.
Respiraba con dificultad.
El cuerpo temblaba.
Estaba cubierto de heridas.
Con manos temblorosas sacó la última poción: la intermedia, regalo de Miach.
—Gracias… —murmuró antes de beberla.
El efecto fue inmediato.
El cansancio se redujo.
Las heridas más graves se cerraron.
El dolor se volvió soportable.
Sirius se levantó lentamente y miró a su alrededor.
No quedaba ningún monstruo.
Miró la zanja.
—Yo… hice eso… —susurró.
Bajó la mirada hacia su espada.
La hoja estaba agrietada, el filo dañado, como si hubiera soportado algo que no debía.
Sirius suspiró.
—Tendré que arreglarte… Recogió todo el botín en silencio.
Cuando terminó, decidió que era suficiente.
Subió.
Cada escalón pesaba.
Al salir de Babel, el cielo estaba teñido de naranja y rojo.
El sol se ocultaba en el horizonte.
—Hora de volver a casa… Caminó hasta Villa de Luz Estelar.
Todas las luces estaban encendidas.
Abrió la puerta.
—Lady Aurora… ya volví.
—Bienvenido, Sirius —respondió ella desde el sofá.
Pero al alzar la vista y verlo… su mirada cambió.
No dijo nada.
Solo una mirada clara que exigía explicación.
—Te lo contaré —dijo Sirius con una sonrisa cansada.
Dejó la mochila en la sala y subió al tercer piso.
Se bañó, se cambió, dejando atrás la sangre y el polvo.
Cuando regresó, Aurora estaba sentada en su cama, brazos cruzados.
Sirius se sentó frente a ella.
—Fue una fiesta de monstruos —dijo—.
Más de sesenta.
No disminuían.
Así que… probé algo nuevo.
Le explicó todo.
El silencio duró varios segundos.
Aurora suspiró… y luego sonrió con alivio.
—Lo importante —dijo— es que regresaste.
Sirius sonrió.
—Pero ahora necesitaré practicar ese movimiento.
Refinarlo.
Hacerlo más destructivo y veloz.
Aurora negó suavemente con la cabeza.
—Siempre igual… Se levantó.
—Ven.
Actualizaré tu estado.
Quiero ver… qué cambió realmente.
Y mientras Aurora preparaba la actualización, Sirius supo que ese día había cruzado otra frontera.
Una peligrosa pero necesaria para su crecimiento.
Aurora mejorando es estado de sirius se sorprende por la gran mejora.
—puedes subir de nivel sirius pero dudo que quieras eso.
Copiando su estado en una hoja se la entrega a sirius después de cerrar y bloquear su estado.
[Nombre del Personaje] sirius vega Familia: [Aurora] Nivel: [1] Atributos Básicos (Basic Abilities) • Fuerza: [A 880] • Resistencia: [B 790] • Destreza: [A 850] • Agilidad: [A 870] • Magia: [S 999] Sirius al ver su gran mejora sabe que tiene que ver con su nuevo movimiento creado junto con la batalla en el piso nueve.
—esto si es una gran mejora Aurora le pellizca la horeja al ver qué podría volver a aserlo.
—sera mejor que no empieces a pensar en ideas peligrosas sirius.
Sirius al sentir dolor a pesar de que la diosa aurora se encuentra con su poder sellado.
—claro que no lo hice lady aurora Con un bufido aurora lo soltó —ahora que sigue sirius Sirius recordando su equipo medio destruido.
—Necesitaré equipo nuevo lady aurora, el actual está medio destruido, pero será después de unos días mañana trabajaremos con los girasoles para obtener el ingrediente clave para que los olores de los perfumes duren más.
Aurora asintió con la cabeza —muy bien entonces descansa que mañana tenemos mucho trabajo, buenas noches sirius duerme bien.
Sirius vio a aurora caminar asia la puerta para ir asu habitación.
—buemas noches también lady aurora.
Aurora sonriendo —nos vemos mañana sirius.
Sirius se acostó en la cama abrigandose con la sabanas su cuerpo dolorido, preparándose para otro día de trabajo.
La mañana llegó despacio a Villa de Luz Estelar.
La luz del sol se filtró por las cortinas, dibujando líneas suaves sobre el suelo de la habitación.
Sirius abrió los ojos con lentitud.
El cuerpo le dolía.
No como una herida reciente, sino como un recuerdo profundo de lo que había exigido el día anterior.
Se quedó unos segundos mirando el techo.
El rayo.
La zanja.
La espada dañada.
Respiró hondo y se incorporó, dejando que el cuerpo terminara de despertar.
Se levantó sin hacer ruido y se preparó con calma.
Un baño rápido para despejar la mente, ropa limpia, la espada —envuelta con cuidado— y la mochila.
Antes de salir, pasó por la gran sala.
Aurora aún no estaba allí.
Probablemente descansando después de actualizar su estado la noche anterior.
—Volveré pronto —murmuró, más para la casa que para alguien en particular.
Salió.
Orario ya estaba completamente despierta.
Comerciantes abrían sus puestos, aventureros caminaban en grupo hacia Babel, otros regresaban con expresiones cansadas.
Sirius avanzó entre ellos sin llamar la atención.
El gremio lo recibió con su habitual mezcla de ruido y orden.
Se acercó al mostrador y colocó el botín con cuidado.
Fragmentos de monstruos del piso nueve, materiales dañados por la liberación masiva de Astrum, núcleos aún tibios de energía residual.
La recepcionista alzó una ceja al ver algunos de los restos.
—¿Piso nueve?
—preguntó.
—Sí —respondió Sirius simplemente.
El proceso tomó unos minutos.
Pesaron, revisaron, clasificaron.
Sirius esperó en silencio, apoyando la mano en el mostrador.
Finalmente, la recepcionista levantó la vista.
—Cuarenta y cuatro mil valis.
Sirius asintió.
Tomó la bolsa con el dinero y la guardó.
No sonrió.
No hizo cuentas.
Solo registró el número y lo que significaba: otro paso más adelante.
Al salir del gremio, el sol ya estaba un poco más alto .
Sirius respiró hondo, dejando que el aire fresco llenara sus pulmones.
Había sobrevivido a algo que pocos lograban.
Y ahora, con cuarenta y cuatro mil valis ganados, regresó con paso firme hacia Villa de Luz Estelar, sabiendo que le esperaba más trabajo.
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