Danmachi el caballero negro - Capítulo 5
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5: diosa aurora 5: diosa aurora Al amanecer sirius sigue su viaje ahora por las montaña traicioneras mientras caminaba con pasos suaves pero firmes con su espada en manos listo para cualquier imprevisto.
Las montañas cubiertas de árboles retorcidos, donde las raíces rompían la roca y la niebla se enredaba entre las ramas.
El silencio era engañoso.
Al oír un gruñido, se detuvo.
Entre los pinos surgió un goblin.
Sirius adoptó su postura de lucha; el goblin atacó de frente con un palo.
Sirius esquivó deslizándose a la derecha y respondió con un corte diagonal por las costillas.
La herida enfureció al goblin al ser herido lanzó golpes salvajes; Sirius los evitó con pasos cortos, esperando su oportunidad .
Cuando el enemigo falló un ataque directo, Sirius se deslizó por detrás y clavó la espada en su pecho, justo en el cristal.
Al retirarla, el goblin se volvió humo.
Sirius tomó el cristal, suspiró y siguió su camino, mientras exploraba miro arbustos con lo que parecían Vallas, recordando las lecciones de su abuelo.
Sirius: son moras.
Tomé una mientras me la comía estában deliciosas, tome una pequeña bolsa de cuero y la llene moras, me las comería en el camino.
Sirius avanzaba entre árboles inclinados cuando un gruñido bajo rompió el silencio.
Se detuvo de inmediato.
Entre los arbustos emergió un goblin de piel verdosa, encorvado, con ojos brillantes de rabia.
Sirius llevó la mano a la empuñadura y flexionó las rodillas.
El goblin atacó de frente, con sus garras.
Sirius se deslizó hacia la izquierda, viendo pasar sus garras rozando su hombro, y contraatacó con un corte diagonal que abrió el costado del enemigo.
El goblin chilló, herido y furioso, lanzando una lluvia de ataques torpes pero violentos.
Sirius retrocedió con pasos precisos, desviando golpes y esperando el error.
La tierra húmeda crujía bajo sus botas.
Cuando el goblin levantó la lanza para un ataque directo, Sirius rodó por el suelo al levantar la cabeza mirando su oportunidad se aventó Asia delante hundiendo la espada en su pecho.
Al escuchar el cristal romperse deslizó su espada a su guarda.
El cuerpo del goblin se deshizo en humo oscuro que se disipó entre los árboles.
Sirius tomó el cristal, respirando hondo.
-con este tengo 7 cristales Sirius siguió caminando por la montaña mientras la cruzaba paso a paso, siguiendo senderos casi invisibles entre rocas y árboles antiguos.
El suelo cambiaba constantemente bajo sus botas: a veces era tierra húmeda cubierta de hojas, otras piedra fría y resbaladiza.
El viento descendía desde las cumbres, cargado con el olor de pino, golpeándole el rostro como un desafío silencioso.
A cada tramo, el paisaje se abría de forma distinta.
Barrancos profundos obligaban a Sirius a avanzar con cautela, usando raíces expuestas como apoyo.
En otras zonas, el bosque se cerraba tanto que apenas entraba la luz, y solo el sonido de sus pasos y su respiración rompían el silencio.
Mantenía la mano cerca de la espada, no por miedo, sino por costumbre; la montaña era viva y no perdonaba descuidos.
Al alcanzar una zona más alta, se detuvo un momento.
Desde allí pudo ver colinas lejanas y un camino deslizándose a la vista.
El cansancio parecía que se esfumaba de su cuerpo.
Cuando el sendero comenzó a descender, Sirius ajustó su equipo y continuó montaña abajo para seguir por el camino que llegaría a orario.
Sirius llegó a un camino de tierra al salir del sendero de montaña.
El cambio fue inmediato: la hierba salvaje quedó atrás y bajo sus botas crujió el suelo seco, marcado por el paso constante de viajeros.
Se detuvo un instante, observando.
Allí estaban: huellas recientes de pisadas humanas y las profundas marcas paralelas de las ruedas de un carruaje.
No eran antiguas; los bordes aún estaban definidos, como si alguien hubiera pasado hacía poco.
Su pulso se aceleró.
Aquello significaba civilización… o peligro.
Se inclinó, tocó la tierra y notó que aún conservaba algo de humedad.
Sin pensarlo más, ajustó las correas de su equipo y apretó el paso.
Si había un carruaje, debería ser una caraba comerciante.
Mientras avanzaba, sus sentidos se mantuvieron alerta.
El viento levantaba polvo, borrando lentamente las huellas, como si el camino quisiera ocultar su propia historia.
Sirius caminó más rápido, siguiendo el rastro antes de que desapareciera por completo.
Su mano descansaba cerca de la empuñadura de la espada, no por miedo, sino por precaución.
Sirius aceleró el paso hasta que el sonido de voces y madera golpeando hierro llegó a sus oídos.
Al doblar una curva del camino, los vio: una pequeña caravana de comerciantes detenida junto al sendero.
5 carruajes cargados con cajas de productos, y 1 carruaje que llevaba viajeros junto con varios guardias atentos a su alrededor conté 15 de ellos armados con espadas y lanzas, en el centro, un hombre robusto con ropas finas agachado junto a una rueda dañada de un carruaje .
Sirius se acercó despacio, con las manos visibles fuera de la capa.
—Hola señor —dije con voz firme— puedo acompañarlos.
Los guardias reaccionaron de diferentes maneras al ver un niño, pero el hombre junto a la rueda levantó una mano.
—Tranquilos —ordenó—.
¿Qué asé un niño aquí?
—Mi nombre es Sirius.
Viajo a orario.
El jefe de la caravana se incorporó, limpiándose las manos con un trapo.
—enserio —¿y que tendría un niño que pagaría un lugar a bordo del carruaje?
Sirius abrió su bolsa y dejó caer sobre la palma cuatro cristales oscuros que brillaron a la luz del sol.
—cristales mágicos murmuró el líder de la caravana.
—Sirius: estos cristales pagarán mi lugar.
Los guardias murmuraron mientras el jefe caminaba asia sirius .
El jefe tomó uno de los cristales, lo observó con atención y silbó suavemente.
—Cristales de goblin… y recientes —dijo—.
No son fáciles de conseguir.
—tuve suerte—respondió Sirius sin arrogancia—.
Sé pelear y no estorbaré.
El hombre lo miró de arriba abajo, evaluándolo.
Luego señaló al carruaje —muy bien niño entra a ese carruaje, ponte cómodo pronto seguiremos nuestro viaje a orario.
Sirius asintió.
—Es justo donde me dirijo.
Al entra al carruaje veo a cinco personas con capas un humano, un hombre lobo ya mayor, dos enano y lo que atrajo mi atención fue la presencia de esta última, por debajo de la capa vi unos pies blancos de una mujer.
Jamás avía visto unos pies tan blancos y hermosos más parte su presencia se sentía como si fuera el centro del mundo.
Mientras me sentaba en mi lugar a la izquierda cerca de la salida me estremecí, sentí como si una mirada viera toda mi alma, al voltear solo era está la presencia de esa mujer fue cuando mi mente ISO click — Una diosa pensé.
Fue cuando el jefe de la caravana se nos acercó.
—ya está todo arreglado nos vamos, mañana llegaremos a nuestro destino.
La caravana volvió a ponerse en marcha, mientras me acomoda para el resto del trayecto final, me sentí nervioso ya que por fin veré la gran ciudad de orario y no en un libro, junto con todas esas razas suspirando cerré los ojos para descansar por lo que estaba por venir.
Mientras la caravana seguía su curso, el cielo comenzó a oscurecer con rapidez.
Las sombras se alargaron sobre el camino y el jefe de la caravana dio la orden de detenerse al costado del sendero.
Allí, protegidos por unos árboles bajos, decidieron descansar.
Pronto encendieron una hoguera y el crepitar del fuego rompió el silencio de la noche.
En una olla de hierro comenzaron a preparar gachas, simples pero calientes, suficientes para recuperar fuerzas.
Todos nos reunimos alrededor del fuego y nos sentamos.
Sirius eligió un lugar discreto, junto a una mujer encapuchada que permanecía en silencio, observando las llamas.
Uno a uno nos entregaron cuencos de madera con gachas humeantes.
El aroma era sencillo, pero reconfortante.
Sirius miró a su alrededor mientras comía: los mercaderes relajados, los guardias atentos, el cansancio reflejado en cada rostro.
El jefe de la caravana se levantó y dio instrucciones claras.
Dos guardias quedaron vigilando la mercancía y otros patrullaron los alrededores, atentos a cualquier movimiento extraño.
La noche podía ser traicionera.
Mientras llevaba la cuchara a su boca, Sirius alzó la mirada.
Sobre ellos, el cielo estaba cubierto de estrellas, brillando con una claridad que solo se ve lejos de las ciudades.
Por un momento, el peligro, el camino y el cansancio parecieron desaparecer.
Bajo ese cielo inmenso, Sirius sintió que el cansancio desaparecía y lo llenaba otra emoción por lo que está por venir, comiendo mis gachas sonreí mientras me preparaba para dormir.
Sirius dormía ligero, con una mano cerca de la espada, cuando un grito desgarró la noche.
—¡Ataque!
Abrió los ojos de golpe.
Casi al mismo tiempo, los gruñidos ásperos y salvajes resonaron entre los árboles.
Goblins.
Muchos.
Sirius se incorporó y tomó su espada mientras el campamento estallaba en caos.
Las llamas de la hoguera iluminaron siluetas que se movían rápido entre la oscuridad: cuerpos bajos, ojos brillantes, armas improvisadas levantadas con furia.
Los contó en un instante.
Al menos veinticinco enemigos rodeaban la caravana, saliendo de entre la maleza y las rocas.
Del lado de la caravana apenas había dieciséis capaces de luchar: los guardias y él.
Los pasajeros, mercaderes y viajeros, retrocedían aterrados, sin armas ni entrenamiento.
—¡Protejan los carruajes!
—gritó el jefe de la caravana, tratando de imponer orden.
Un goblin saltó sobre un guardia, otro se lanzó contra las cajas.
Sirius no dudó.
Corrió hacia el goblin más cercano interponiéndose entre los monstruos y los civiles.
El primer goblin atacó con un cuchillo oxidado; Sirius lo esquivó y lo atravesó en el pecho.
El cristal brilló un segundo antes de que el cuerpo se deshiciera en humo.
—¡Mantengan la línea!
—gritó Sirius, sorprendiéndose incluso a sí mismo.
Mientras sentía una mirada ardiente a sus espaldas.
El sonido del acero chocando, los gritos y los gruñidos llenaron la noche.
La batalla apenas comenzaba, y Sirius comprendió que aquel no era solo un ataque: era una prueba real.
Si caían allí, nadie sobrevira.
Apretó la empuñadura con fuerza y avanzó, decidido a resistir hasta el final.
—¡Sirius, por la izquierda!
—gritó uno de los guardias mientras bloqueaba un golpe.
Sirius giró sobre sí mismo justo a tiempo.
Un goblin saltó desde la oscuridad con una lanza corta.
Sirius dio un paso al frente, desvió el arma con el filo de su espada y respondió con un tajo horizontal que le abrió el torso.
El cristal brilló y el cuerpo se deshizo en humo negro.
—¡No dejen que rodeen los carruajes!
—ordenó el jefe de la caravana, blandiendo su espada con torpeza pero firmeza—.
¡Protejan a los civiles!
Dos goblins cargaron juntos.
Sirius retrocedió mientras un guardia se colocaba a su lado.
—A la señal —dijo Sirius sin apartar la vista.
El primer goblin atacó.
Sirius se agachó, el guardia clavó su lanza en el vientre del monstruo y Sirius remató con una estocada directa al pecho.
El segundo intentó huir, pero una flecha lo derribó antes de dar tres pasos.
—¡Buen tiro!
—gritó Sirius.
—¡No cantes victoria!
—respondió el arquero—.
¡Vienen más!
Desde detrás del fuego surgieron cinco goblins aullando.
El jefe retrocedió un paso.
—¡Sirius, aguántalos!
¡Reagrupen aquí!
Sirius avanzó solo, clavando la espada en el suelo un instante para impulsarse.
Esquivó un golpe, rodó entre las piernas de otro enemigo y se levantó a su espalda, atravesando su cristal.
Giró, bloqueó un ataque con el antebrazo y contraatacó con un corte ascendente que partió el aire.
—¡No retrocedan!
—gritó—.
¡Si caemos aquí, todos morimos!
Los guardias respondieron con un grito de guerra.
El choque del acero resonó bajo las estrellas.
Uno a uno, los goblins caían, convertidos en cenizas.
Cuando el último goblin murio, el campamento quedó en silencio, roto solo por respiraciones agitadas.
El jefe se acercó a Sirius.
—bien echo chico, se nota que no era suerte lo que tenias, de seguro serán un gran aventurero.
Sirius terminando de limpiando su espada, enfundándola le estrecha la mano al jefe de caravana.
—gracias señor , ¿pero como sabe que seré aventurero?.
—no es difícil de adivinar debido a tu destreza con la espada, además todo el que se dirige a orario quiere ser un aventurero en especial los niños.
Sirius— cierto.
El silencio posterior a la batalla duró apenas unos segundos antes de que el jefe de la caravana reaccionara.
—¡Muévanse!
—ordenó con voz firme— ¡Que nadie se quede parado!
Se giró hacia los guardias más cercanos.
—Tú y tú, revisen el perímetro.
Asegúrense de que no queden goblins escondidos entre los árboles.
Luego caminó hacia el centro del campamento, donde varios heridos yacían en el suelo.
—¡Curen a los heridos primero!
—continuó—.
Usen vendas, agua, lo que tengan.
Si alguien puede caminar, que ayude a otro.
Un guardia con el brazo ensangrentado apretó los dientes.
—Jefe… perdimos a dos en el flanco derecho.
El hombre cerró los ojos un instante y asintió.
—Anótenlo.
No los olvidaremos.
¿El resto?
—Tres heridos graves, cinco leves —respondió otro—.
Los carruajes siguen intactos.
—Bien —dijo el jefe, respirando hondo—.
Mantengan a los graves cerca del fuego.
Necesitan calor.
Se volvió hacia Sirius, que limpiaba su armadura de cuero manchada de negro.
—Chico, quédate alerta.
No creo que regresen, pero no quiero sorpresas.
—Entendido —respondió Sirius—.
Vigilaré desde el borde del campamento.
El jefe alzó la voz una vez más.
—¡Escúchenme todos!
Sobrevivimos porque actuamos juntos.
Descansen por turnos.
Esta noche nadie duerme solo.
Las órdenes comenzaron a cumplirse de inmediato.
Entre vendas, susurros y el crepitar del fuego, la caravana volvió poco a poco al orden.
Aunque el miedo seguía presente, también lo estaba algo nuevo: confianza.
Y Sirius, de pie bajo las estrellas, sabía que aquella noche lo había cambiado para siempre.
Sirius permanecía de pie en el borde del campamento, observando la oscuridad entre los árboles, cuando escuchó pasos suaves detrás de él.
—No deberías estar solo —dijo una voz tranquila.
Sirius giró apenas la cabeza.
La mujer encapuchada se había acercado sin hacer ruido.
—Alguien tiene que vigilar —respondió—.
Después de un ataque así, no me fío de la noche.
Ella se colocó a su lado, mirando el mismo horizonte.
—Peleas mejor de lo que aparentas —comentó—.
No es común ver tanta decisión en alguien tan joven.
Sirius frunció el ceño.
—Tampoco es común que una viajera observe una batalla sin miedo —replicó— ¿Quién eres en realidad?
La mujer guardó silencio unos segundos.
Luego, lentamente, bajó la capucha.
Su rostro parecía brillar con una luz suave, como el primer rayo del amanecer.
—Mi nombre es Aurora —dijo—.
Soy la diosa del alba.
Sirius abrió los ojos, pero no retrocedió.
—Una diosa… viajando con mercaderes.
Aurora sonrió levemente.
—si me dirigía a orario ya que me aburrí donde estaba Lo observó con atención.
—Dime, Sirius —preguntó—, ¿qué deseas hacer en Orario?
Sirius miró el camino que se perdía en la oscuridad.
—Quiero volverme más fuerte para que nadie me pisotee por ser débil—respondió con honestidad— y fundar una familia para tener un lugar en la cima.
Aurora sonrio, satisfecha.
—Entonces has elegido bien tu camino —dijo—.
Orario es un lugar donde los deseos se ponen a prueba.
La luz en sus ojos se intensificó un instante, como un amanecer lejano.
—Y quizás yo pueda ayudarte .
Aurora se detuvo frente a Sirius, y por un instante la noche pareció aclararse a su alrededor.
El aire se volvió cálido, como si el amanecer estuviera a punto de nacer.
—He observado tu forma de luchar —dijo con calma—.
No mientes con tus palabras… ni con tu espada.
Sirius la miró con respeto, pero sin inclinarse.
—Solo hago lo que debo por mi sueños —respondió —.Aurora sonrió, complacida.
—Eso es precisamente lo que buscaba oír —dijo—.
Muchos desean poder; pocos desean un propósito claro.
Dio un paso más cerca.
—Sirius, te propongo algo —continuó—.
Permíteme ser tu diosa.
Te apoyaré en tu camino, guiaré tus pasos cuando el amanecer parezca lejano y fortaleceré tu espíritu mientras persigas tu sueño.
Sirius sorprendido.
—¿Estás segura?
—preguntó—.
Hay guerreros más fuertes.
—si pero ya pasaron sus mejores momentos y se encuentran atascados— respondió Aurora sin dudar—.
Tu talento con la espada es real, pero lo que me convenció fue tu deseo: proteger, crecer y no mentirte a ti mismo, tus metas claras y además, me tres demasiada curiosidad siendo tan pequeño pero manejas la espada mejor que muchos.
Sirius bajó la mirada un instante, luego asintió con firmeza.
—Si caminas a mi lado… no retrocederé.
La luz de Aurora se intensificó suavemente.
—Entonces está decidido —dijo—.
Desde hoy, caminaré contigo hasta que tu amanecer llegue.
Y en ese silencio sagrado, Sirius sintió que su viaje acababa de tomar un nuevo rumbo.
******Nota del autor******* Hola chicos gracias por llegar asta aquí solo para avisar que trataré de sacar 2 capitulos diarios con 2500 palabras en todos los capítulos siguentes.
******* Gracias por ver mi primer fan-art*****
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