Danmachi el caballero negro - Capítulo 6
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- Capítulo 6 - 6 El nacimiento de la familia aurora
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6: El nacimiento de la familia aurora 6: El nacimiento de la familia aurora Sirius se mantuvo quieto, con la espalda descubierta, aunque el corazón le latía con fuerza.
Sentía el aire frío de la noche sobre la piel… y la mirada de Aurora detrás de él.
¿De verdad fue tan fácil conocer a una diosa tan bondadosa ?
pensó.
¿Talvez sea por qué vio mi potencial?
Aurora levantó su mano con cuidado.
Su expresión, normalmente alegre, se volvió solemne.
Con una pequeña sonrisa, se hizo un pequeña herida con una navaja la punta de su dedo.
—No te muevas, Sirius —dijo con voz suave—.
Esto solo dolerá un poquito.
Una gota de sangre divina cayó sobre la espalda del niño.
En el instante en que la sangre tocó su piel, un brillo dorado estalló, extendiéndose como constelaciones vivas.
Sirius abrió los ojos con sorpresa; no dolía… era cálido, reconfortante, co lomo si algo que le faltaba por fin encajara dentro de él.
—¡Oh!
—Aurora se inclinó hacia adelante, claramente emocionada—.
Vaya… vaya vaya… Sus dedos se movían en el aire, como si acomodara símbolos invisibles, ordenando los caracteres que aparecían uno tras otro.
—Valla… me tocó el premio gordo —dijo riendo—.
Sirius, eres mi estrella de la suerte.
—¿Q-qué quiere decir eso, diosa?
—preguntó Sirius, nervioso, apretando los puños.
Aurora apoyó ambas manos en sus hombros, inclinándose para hablarle al oído.
—Quiere decir que tienes dos magias y una habilidad desde el inicio —respondió con orgullo—.
Algo extremadamente raro, incluso entre aventureros de la era dorada, déjame grabarlos en papel.
Los símbolos terminaron de grabarse y el brillo se desvaneció lentamente, al entregarle la hoja de estado a sirius.
[Nombre del Personaje] sirius vega Familia: [Aurora] Nivel: [1] Atributos Básicos (Basic Abilities) · Fuerza: [l 0] · Resistencia: [l 0] · Destreza: [l 0] · Agilidad: [l 0] · Magia: [l 0] Magia (Magic) 1.
[Lux concordia]: [Magia grupal] -Aumenta fuerza, velocidad y defensa de aliados cercanos en un 50% –Duración 10 minutos -Máximo de miembros afectados 10 -Consume gran cantidad de mente.
2.[Astrum edge/ magia de encantamiento]: Aura color rojo oscuro se concentra en el filo del arma y el cuerpo capas de causar gran daño y atravesando defensas físicas y mágicas.
Habilidades (Skills) · [Stella cogitatio]: [Habilidad pasiba] Acelera el pensamiento de la mente y recuperación de la mente excelente en combate, liderazgo y control magico.].
Habilidades de Desarrollo (Development Abilities) · [Nombre] · [Nombre] Aurora cruzó los brazos con orgullo.
—Eso es tu falna, Sirius Vega.
Tu potencial apenas despertó —lo miró con ternura—.
No te hare cargar con expectativas imposibles… creceremos juntos, ¿de acuerdo?
Los ojos de Sirius se abrieron con asombro.
—¿Magia… apoyo y ofensiva…?
—murmuró.
—Exacto —asintió Aurora—.
Apoyo y ofensiva.
Una combinación perfecta para alguien que lidera desde el frente.
—Diosa Aurora —dijo con determinación—.
No dejaré que se arrepienta de haberme elegido.
Aurora sonrió, con una calidez casi maternal.
—Eso espero, mi pequeña estrella.
Bajo la luz de la luna, la Familia Aurora dio su primer paso.
El camino de tierra se abría frente a ellos mientras el sol comenzaba a elevarse.
Sirius caminaba junto a Aurora, cargando una pequeña mochila que ella había conseguido en el camino.
A pesar de su corta edad, sus pasos eran firmes.
Mientras asíamos fila para entrar ya que los comerciantes tienen que ir por otra fila para una inspección de mercancía.
Orario… La ciudad donde nacían las leyendas.
—¿Estás nervioso?
—preguntó Aurora, caminando con las manos detrás de la espalda.
—Un poco —admitió Sirius—.
Después de todo jamás e visto tantas razas Aurora sonrió.
—Entonces abre bien los ojos.
Orario no se olvida fácilmente.
Tras varias horas de espera la vieron.
Primero fue la silueta.
Luego, la magnitud.
Una muralla enorme se alzaba ante ellos, y detrás… una torre imposible que parecía perforar el cielo.
Sirius se detuvo en seco.
—D-diosa… —susurró—.
¿Eso es…?
—La Torre de Babel —respondió Aurora con orgullo—.
Cincuenta pisos.
El corazón de Orario… y del Dungeon.
El niño tragó saliva.
Es… gigantesca.
La Puerta Oeste La Puerta Oeste estaba repleta de movimiento.
Aventureros entrando y saliendo, mercaderes discutiendo precios, guardias revisando documentos.
Aurora avanzó sin dudar, con Sirius a su lado.
—Nombre de la diosa y familia —pidió un guardia, serio.
Aurora dio un paso al frente.
—Aurora.
Familia Aurora.
Nuevo registro.
El guardia levantó una ceja.
—¿Un solo miembro?
—Por ahora —respondió ella con una sonrisa tranquila.
El guardia miró a Sirius, notando su edad.
—¿Capitán?
Sirius enderezó la espalda.
—S-sí, señor.
Hubo un segundo de silencio… luego el guardia suspiró.
—Orario es dura.
No bajen la guardia.
El sello fue estampado.
—Bienvenidos a Orario.
Sirius sintió algo extraño en el pecho.
Ya no hay vuelta atrás.
Dentro de Orario La ciudad era… viva.
Las calles se extendían en todas direcciones, tan anchas que podían pasar carruajes sin problemas.
Las casas, en su mayoría de tres pisos, combinaban madera reforzada y bloques de piedra, algunas con balcones llenos de flores, otras con armas colgadas como trofeos.
—ahora cual es el plan, capitán.
Las razas se mezclaban sin cesar.
Humanos eran mayoría, pero no los únicos.
Sirius vio enanos de baja estatura y cuerpos robustos, discutiendo ruidosamente.
Hombres lobo y hombres tigre, con orejas y colas visibles, caminaban con paso confiado.
Algunos elfos pasaban en silencio, elegantes y serios… pocos, pero imposibles de ignorar.
Todos son distintos… Y aun así, caminan juntos.
—Orario reúne a todos los que buscan fuerza, gloria, dinero o un nuevo comienzo —dijo Aurora, como si leyera sus pensamientos.
Sirius alzó la vista una vez más.
La Torre de Babel dominaba la ciudad, tan alta que hacía que las demás construcciones parecieran pequeñas.
Cada uno de sus pisos proyectaba una sombra imponente.
—Ahí… empieza todo, ¿verdad?
—preguntó.
Aurora asintió.
—Ahí comienza el camino de los aventureros… y el nuestro.
Aurora rió suavemente.
—ahora cual es el plan, capitán.
sirius sonrió —nos registraremos en el gremio luego buscaremos un pequeño hogar mientras crecemos diosa, solo ay que pedir dirección.
Aurora sonrió levemente —Entonces pongamos en marcha al gremio.
Sirius caminaba junto a Aurora entre calles cada vez más concurridas.
Aunque intentaba parecer tranquilo, sus ojos no dejaban de moverse, absorbiendo cada detalle de Orario.
Mientras Aurora señaló a un hombre que estaba acomodando cajas frente a una tienda cercana.
Parecía un aventurero retirado, con barba corta y brazos robustos.
—Vamos a preguntar.
—Disculpe —dijo Aurora con voz amable—.
¿Podría decirnos cómo llegar al Gremio?
Al Pantheon.
El hombre los miró… primero a Aurora, luego a Sirius.
Sus ojos se detuvieron un segundo más en el niño.
—¿Gremio?
—repitió—.
Hm… van bien encaminados, pero tienen que girar a la derecha en la próxima calle grande.
Sigan recto hasta ver un edificio enorme de piedra con columnas.
No hay forma de perderse.
—Muchas gracias —respondió Aurora con una leve inclinación de cabeza.
—Suerte, pequeño —añadió el hombre mirando a Sirius—.
Orario no es amable con los débiles.
Sirius asintió con seriedad.
—Lo tendré en cuenta, señor.
Siguiendo las indicaciones, avanzando por calles más amplias.
Poco a poco, el ambiente cambió.
Había menos puestos y más edificios grandes, solemnes.
Entonces, Sirius lo vio.
—Ahí… —susurró.
Frente a ellos se alzaba un edificio masivo de piedra gris, mucho más grande que cualquier otro cercano.
Altas columnas sostenían la entrada, y amplias escaleras conducían a unas puertas dobles siempre abiertas.
—Ese es el Pantheon —confirmó Aurora—.
El Gremio de Orario.
Frente a las puertas, el ir y venir de aventureros era constante.
Algunos vestían armaduras relucientes; otros, túnicas gastadas o ropas remendadas que aún conservaban el polvo del calabozo.
Risas, discusiones y el tintinear del metal se mezclaban en un murmullo vivo que hacía vibrar el aire.
El protagonista alzó la vista, siguiendo la línea de las columnas hasta que el cuello le dolió.
El edificio imponía respeto, casi reverencia.
No era solo su tamaño; era la sensación de que algo antiguo y poderoso observaba desde dentro.
—¿Siempre está tan lleno?
—preguntó, sin apartar la mirada.
Aurora sonrió de medio lado.
—Siempre.
Aquí se registran los aventureros, se asignan misiones, se resuelven disputas… y se rompen sueños —añadió con una honestidad que no intentó suavizar—.
El Pantheon no miente.
Te dice exactamente hasta dónde puedes llegar.
Subieron los escalones.
Con cada paso, el murmullo exterior quedaba atrás, reemplazado por un silencio solemne apenas roto por voces lejanas.
El interior se abría en un vestíbulo inmenso, iluminado por antorchas y cristales incrustados en las paredes.
Sirius y Aurora se unieron a la fila que serpenteaba frente al mostrador principal del Pantheon.
Desde allí podían ver a los recepcionistas atendiendo sin descanso, pasando pergaminos, sellando documentos y respondiendo preguntas que parecían repetirse una y otra vez.
El murmullo constante, mezclado con pasos y voces elevadas, hacía que el tiempo avanzara con una lentitud desesperante.
—Esto va para largo —murmuró Sirius tras los primeros minutos.
Aurora asintió con resignación.
—Veinte minutos si tenemos suerte.
El Gremio nunca tiene prisa.
No se equivocó.
Cuando por fin les tocó avanzar, Sirius sentía las piernas pesadas y la paciencia desgastada.
Frente a ellos estaba la recepcionista que los atendería: una mujer humana de cabello castaño claro, recogido con pulcritud, y rostro marcado por líneas suaves que hablaban de años de experiencia.
Sus ojos atentos y su postura recta transmitían una autoridad tranquila.
—Siguiente —dijo con voz firme—.
Mi nombre es Liza.
¿En qué puedo ayudarlos?
Sirius dio un paso al frente.
—Vengo a registrarme como aventurero.
Liza tomó un pergamino en blanco y una pluma encantada que flotó ligeramente sobre la mesa.
—Muy bien.
Necesitaré algunos datos.
Nombre completo.
—Sirius vega —Edad 9 La pluma se movió sola, escribiendo con precisión.
—Nivel.
Sirius dudó un segundo.
—Nivel uno.
Liza levantó la mirada, evaluándolo brevemente.
—Como la mayoría al empezar.
¿Familia?
Aurora dio un paso adelante.
—Aún no está registrada.
—Entonces lo haremos después —respondió Liza sin sorpresa—.
Firma aquí.
Sirius apoyó la mano sobre el pergamino.
Una leve sensación de calor recorrió su piel cuando el registro se selló oficialmente.
Era un gesto simple, pero el peso de lo que representaba le oprimió el pecho: ya no había vuelta atrás.
—Registro completado —anunció Liza—.
Ahora, si desean registrar una familia, deberán acompañarme a una cabina privada.
Los condujo por un pasillo lateral hasta una pequeña sala cerrada, aislada del ruido del vestíbulo.
Dentro, una mesa, varias sillas y montones de documentos aguardaban como una prueba silenciosa de paciencia.
El proceso fue largo.
Firmas, sellos, verificaciones, explicaciones legales y normas del Gremio se sucedieron sin pausa.
El tiempo se volvió difuso.
Cuando finalmente Liza cerró el último pergamino, habían pasado casi dos horas.
Sirius se recostó en la silla, agotado, mientras Aurora estiraba los brazos con discreción.
—Felicidades —dijo Liza con una sonrisa sincera—.
La familia Aurora ha sido oficialmente registrada, y Sirius es ahora un aventurero reconocido por el Gremio de Orario.
Hubo un breve silencio, cargado de significado.
—Antes de que se vayan —añadió Liza—, quisiera hacerles una propuesta.
Puedo ser la asesora tanto de la familia como de Sirius.
Me encargaría de guiarlos, explicarles la masmorra, los monstruos y las reglas básicas de supervivencia claro si me aceptan o quieran otra asesora .
Sirius y Aurora se miraron.
—Aceptamos —respondió Sirius sin dudar.
Liza asintió satisfecha.
—Bien.
Para empezar: los pisos uno, dos y tres son considerados zonas de novatos asta el piso 7 … relativamente.
Encontrarán goblins, kobolds.
No subestimen a ninguno.
La mayoría de las muertes ocurren ahí por exceso de confianza.
Guardó los documentos y continuó: —Eviten ir solos al principio, observen los patrones de los monstruos y retírense si algo se siente mal.
La masmorra siempre avisa… pero solo si saben escuchar.
Antes de despedirse, Liza les pidió una dirección.
—¿Dónde se hospedarán?
—Aún no lo sabemos —respondió Aurora.
—Les recomiendo la posada La Llama del Viajero.
Es segura y cercana.
Cuando salieron del Pantheon, el cielo ya estaba teñido de tonos anaranjados.
El bullicio de la mañana había dado paso a un ritmo más lento, y las primeras luces comenzaban a encenderse en las calles.
Siguieron la recomendación y encontraron la posada sin dificultad.
El dueño les cobró tres mil valis por una semana completa, con desayuno, comida y cena incluidos.
Sirius casi suspiró de alivio al ver qué la diosa tenía su propio propio monedero.
La habitación era sencilla pero limpia.
Dos camas, una mesa y una ventana desde la que se veía Orario sumida en el crepúsculo.
Sin decir palabra, ambos se dejaron caer sobre las camas.
El cansancio los venció de inmediato.
Aquella noche, mientras la ciudad dormía, Sirius también lo hacía… sin saber que al amanecer comenzaría su verdadero descenso a la masmorra.
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