Danmachi el caballero negro - Capítulo 8
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8: mazmorra 8: mazmorra Sirius despertó con el cuerpo pesado, pero la mente clara.
El techo de la habitación de la posada estaba inmóvil sobre él, como si nada en el mundo hubiera cambiado… y sin embargo, todo era distinto.
Se sentó lentamente en la cama y dejó que los pies tocaran el suelo frío.
Los músculos protestaron con un dolor sordo, recuerdo del día anterior, pero no era un dolor malo.
Era real.
Se levantó y fue directo al pequeño baño de la habitación.
Abrió el grifo y dejó correr el agua.
Se inclinó sobre el lavamanos y se mojó la cara varias veces, dejando que el frío lo despabilara por completo.
Cuando levantó la vista, su reflejo lo observó de vuelta: ojeras leves, una mirada más dura que antes.
—Otro día… —murmuró.
Regresó a la habitación y comenzó a vestirse.
Primero la ropa interior limpia, luego la túnica ligera.
Después tomó la armadura de cuero, revisando las costuras, ajustando cada correa con cuidado.
El cuero crujió suavemente al acomodarse sobre su torso.
Finalmente, las espadas.
Las tomó con respeto, las aseguró en el arnés cruzado y probó el peso moviendo los hombros.
Cuando se inclinó para tomar la mochila, notó algo extraño Había una nota doblada sobre ella.
La abrió con cuidado.
Sirius, Ya dejé todo preparado.
Hay sándwiches suficientes y una poción de salud, por si acaso, deje tu hoja de actualización de estado de tu progreso en tu mesa de noche, ya que regresaste cansado.
Regresa a salvo.
Yo iré con una amiga que puede ayudarnos a encontrar una buena casa para la familia.
—Aurora Sirius apretó la nota entre los dedos.
Por un instante, el ruido del mundo se apagó.
No era una orden.
No era una bendición divina.
Era una preocupación genuina.
—Volveré —dijo en voz baja.
Guardó la nota, revisó la mochila: comida, agua… y efectivamente, una poción de salud bien sellada.
Cerró el broche con firmeza, al ver la hoja de estado se asombro por el progreso realizado.
[Nombre del Personaje] sirius vega Familia: [Aurora] Nivel: [1] Atributos Básicos (Basic Abilities) • Fuerza: [H 150] • Resistencia: [H 120] • Destreza: [H 135] • Agilidad: [H 170] • Magia: [H 190] Magia (Magic) 1.
[Lux concordia]: [Magia grupal] Aumenta fuerza, velocidad y defensa de aliados cercanos Duración 10 minutos Consume gran cantidad de mente.
1.
[Astrum edge/ magia de encantamiento]: Aura color rojo oscuro se concentra en el filo del arma y el cuerpo capas de causar gran daño y atravesando defensas físicas y mágicas.
Habilidades (Skills) • [Stella cogitatio]: [Habilidad pasiba] Acelera el pensamiento de la mente y recuperación de la mente excelente en combate, liderazgo y control magico.].
Feliz por el esfuerzo realizado dio sus frutos en una mejora de 765 puntos, agarre mi mochila cerrando la puerta del cuarto.
La entrada de la mazmorra lo recibió como siempre: el aire frío, el murmullo grave, el pozo interminable.
Descendió sin detenerse, atravesando el primer y segundo piso con rapidez, evitando combates innecesarios.
Su objetivo estaba más abajo.
El tercer piso.
El ambiente cambió de forma sutil pero inquietante.
Los túneles eran más anchos, el techo más alto, y las sombras parecían moverse incluso cuando nada estaba allí.
Sirius avanzó con cautela.
Entonces lo escuchó.
Un gruñido bajo, diferente al de los goblins.
De la penumbra emergió una figura encorvada, con cuerpo humanoide pero cabeza de perro.
Ojos brillantes, colmillos afilados, garras listas para desgarrar.
—Kobolt… —susurró.
El monstruo se lanzó sin advertencia.
Sirius desenvainó una espada y bloqueó el ataque, sintiendo el impacto subir por su brazo.
El kobolt era más rápido que un goblin, más agresivo.
Sirius retrocedió un paso, giró y cortó en diagonal.
El monstruo chilló, pero siguió atacando.
—Astrum.
El aura roja oscura envolvió la hoja.
El siguiente golpe fue definitivo.
El kobolt cayó y se desintegró, dejando atrás un cristal… y un diente afilado que tintineó al tocar el suelo.
Sirius lo recogió, observándolo con atención.
—Así que este es el objeto… El combate se volvió constante.
Goblins mezclados con kobolts.
Algunos atacaban en parejas, otros desde túneles laterales.
Sirius se mantuvo en movimiento, controlando el ritmo.
Cada tres kobolts caídos, aparecía otro diente.
Lashoras pasaron.
Cuando su conteo mental llegó a setenta monstruos, el cansancio comenzó a acumularse.
Se refugió en una cámara lateral, se sentó contra la pared y comió en silencio.
Veinte minutos.
Agua.
Respiración profunda.
Luego,continuó.
El acceso al cuarto piso era diferente.
El túnel descendía en ángulo, y las paredes mostraban marcas de garras.
Sirius avanzó con la espada en mano.
Un ruido seco.
Algo cayó desde el techo.
Sirius rodó hacia un lado por instinto.
Una criatura marrón, cuadrúpeda, con cuerpo de lagarto y ventosas en las patas, se estampó contra el suelo donde él había estado.
—Lagarto de mazmorra… El monstruo se movía rápido, trepando paredes, saltando sin previo aviso.
Sirius tuvo que adaptarse.
Esperar.
Provocar el ataque.
Cuando el lagarto saltaba, él esquivaba y contraatacaba.
Uno.Dos.
Cinco.
Las emboscadas eran constantes.
A veces atacaban desde arriba, otras desde túneles ocultos.
Sirius comenzó a mirar al techo tanto como al suelo.
Cuando el conteo llegó a veinte ya se avía acostumbrado a sus formas de atacar Y entonces ocurrió.
—Vaya,vaya… —dijo una voz humana desde atrás—.
Mira lo que tenemos aquí.
Sirius se giró lentamente.
Tres aventureros.
Humanos.
Armaduras gastadas, armas manchadas, olor a alcohol,miradas hambrientas.
No de sangre de monstruo.
—Entréganos tus cristales y esa espada —dijo otro—.
Y quizá te dejemos salir caminando.
El corazón de Sirius golpeó fuerte, pero no dejó que se notara mientras pensaba en un plan.
—No.
El tercero sonrió con crueldad.
—Entonces muere niño.
Sirius no pensó más.
Corrió hacia el túnel a su derecha.
Escuchó insultos, pasos apresurados.
Giró bruscamente, se pegó a un muro y contuvo la respiración.
Cuando el primero pasó, Sirius atacó.
—Astrum.
Laespada atravesó la espalda del hombre, saliendo por el pecho.
Un grito ahogado.
El cuerpo cayó pesadamente.
—¡¿Qué hiciste bastardo?!
—gritó otro.
Sirius pateó el suelo con fuerza, levantando tierra y polvo que cegó a uno de ellos.
El último atacó de frente.
Sirius bloqueó, retrocedió, esperó… y vio la abertura.
Cortó con fuerza el brazo del hombre con astrum El arma cayó.
El matón grito mientras caía de rodillas.
El último, ciego de rabia y dolor en los ojos, cargó gritando.
Sirius sintió la magia recorrer su cuerpo una vez más.
Un solo golpe.
Lo mato.
Al ver al último de rodillas agarrándose el brazo cortado decidió acabar con esto.
El matón al verlo acercarse grito con dolor —no sabes con quienes te metes bastardo.
Sirius sin pestañear con un movimiento de su espada corta su cabeza.
Todo terminó.
Sirius se quedó inmóvil.
Las manos le temblaban.
Miró los cuerpos.
Humanos.
El estómago se le revolvió.
Corrió a un rincón y vomitó con violencia, hasta que no quedó nada.
Se apoyó contra la pared, respirando con dificultad, el cuerpo entero sacudido.
—Yo… —susurró—.
Yo… —mate a alguien que no era un monstruo… pero serían ellos o yo..
respirando profundamente para tranquilizarse —esto fue solo una prueba comparado con lo que se avecinara en 8 años, tengo que fortalecerme si quiero proteger lo que mas me importa ahora lady aurora.
Pasó un largo rato antes de que pudiera moverse.
Finalmente, se obligó a levantarse.
Registró los cuerpos con manos mecánicas.
Cristales.
Objetos.
Una mochila más grande para guardar todo.
Guardó todo, dejando la suya vieja a un lado.
Limpió la sangre de la espada.
También de su ropa.
—Nunca quise esto —murmuró—.
Pero tampoco iba a morir ahora ni nunca, es momento de avanzar.
Sirius apoyó la espalda contra la pared rocosa del quinto piso y exhaló con lentitud.
El aire allí era distinto: más denso, cargado con el olor metálico de la sangre seca y el hedor animal de criaturas que ya no cazaban por instinto, sino por costumbre.
La tenue luz de los cristales incrustados en el techo proyectaba sombras irregulares, deformando su silueta sobre el suelo de piedra.
Ajustó el agarre de su arma y avanzó.
El quinto piso no era un lugar para luchas limpias.
El primer ruido fue un chasquido, seguido de un murmullo grave y múltiples pisadas.
Sirius se detuvo.
Desde un pasillo lateral emergieron los goblins: pequeños, encorvados, pero numerosos.
Sus ojos amarillos brillaban con inteligencia cruel.
Detrás de ellos, más altos y robustos, avanzaban dos kobolds armados con lanzas improvisadas.
Cerrando la formación, casi fundido con la roca húmeda, un lagarto de mazmorra levantó la cabeza y siseó, mostrando colmillos del tamaño de dagas.
Atacaron juntos.
Sirius se lanzó hacia adelante antes de que pudieran rodearlo.
El primer goblin murió sin entender qué había pasado: un corte limpio que lo separó del mundo.
El segundo alcanzó a clavarle una hoja oxidada en el antebrazo, pero Sirius giró sobre sí mismo, rompiendo el cuello de la criatura con el impulso del movimiento.
La sangre salpicó el suelo, caliente, viva.
Los kobolds no dudaron.
Avanzaron en formación, lanzas al frente.
Sirius retrocedió dos pasos, atrayéndolos a un terreno más estrecho.
Cuando el primero atacó, desvió la lanza con el arma y pateó la rodilla del kobold, quebrándola con un sonido seco.
El segundo intentó aprovechar la apertura, pero Sirius ya estaba dentro de su guardia.
El impacto fue brutal: acero contra carne, costillas cediendo, un grito ahogado.
Entonces el lagarto se movió.
La criatura era rápida, demasiado para su tamaño.
Se lanzó con la boca abierta, buscando la garganta.
Sirius rodó por el suelo, sintiendo el viento del ataque pasar a centímetros de su cuello.
Se levantó de un salto, pero ya llegaban más enemigos.
Tres goblins adicionales emergieron desde una grieta en la pared, riendo con voces agudas.
El combate se volvió caótico.
Sirius giraba, golpeaba, retrocedía.
Cada movimiento tenía que matar; no había espacio para errores.
Un goblin logró subirse a su espalda y clavarle los dientes en el hombro.
Sirius rugió, se dejó caer hacia atrás y lo aplastó contra el suelo.
El lagarto aprovechó y le desgarró el costado con una garra, arrancando piel y sangre.
El dolor era real, abrasador, pero Sirius lo transformó en furia.
Con un grito, cargó contra el lagarto.
Esquivó la cola, saltó, y clavó su arma en la base del cráneo.
La criatura se sacudió violentamente antes de desplomarse, haciendo temblar el suelo.
Sirius apenas tuvo tiempo de recuperar el aliento cuando un nuevo grupo apareció desde el fondo de la sala: más goblins, dos kobolds y otro lagarto.
El quinto piso no daba tregua.
Sirius escupió sangre, se limpió el rostro con el dorso de la mano y avanzó.
Ya no luchaba solo por sobrevivir; luchaba por dominar la mazmorra.
Se lanzó directo al centro del grupo, rompiendo la formación.
Un goblin perdió la cabeza, otro fue atravesado contra la pared.
Un kobold logró erirlo en el muslo.
El segundo lagarto embistió.
El impacto lo lanzó contra una columna de piedra.
Sirius sintió cómo algo crujía en su espalda, pero se negó a caer.
Rodó hacia un costado justo cuando las mandíbulas del lagarto cerraban donde había estado su cabeza.
Aprovechó la apertura y atacó los ojos de la criatura.
El lagarto chilló, desorientado, y Sirius terminó el trabajo con una estocada brutal.
El silencio cayó lentamente.
Los cuerpos cubrían el suelo del quinto piso.
Sirius quedó de pie en medio de la carnicería, respirando con dificultad, empapado en sangre que no era toda suya.
Sus músculos temblaban, sus heridas ardían, pero sus ojos seguían firmes.
Había sobrevivido.
Sacando la poción al beberla sentí que era amarga, viendo como se cerraban las heridas limpie mi espada.
Recogiendo todos los cristales y objetos, sentí mi cabeza palpitar por usar mucha mente en la batalla.
Descansando después de la batalla decidi seguir matando monstruos por otra hora.
Terminando de matar al último lagarto, fue hora de regresar a la superficie, tras cruzar los pisos matando los monstruos que se cruzaban en mi camino, al entrar al primer piso después de dar vuelta por un túnel escuché el canto de un gallo.
—Esi fue el canto de un gallo.
Ablando una seja, trabaje mi cerebro repando los monstruos de primer piso.
—Eso fue un jack bird.
Al darme cuanta corri asia el sonido doblando túneles fue cuando lo vi un gallo con plumas brillantes y esponjosas.
Me escondi en una pequeña esquina desvainando mi espada mientras me preparaba active mi magia en los pies.
—Astrum.
El jack bird grito al corer por el túnel, al tenerlo en línea recta apreté con todas mis fuerzas la espada al lanzarla como lanza al jack bird.
— Kukoo.
Tras matar al jack bird dejo caer un huevo de oro.
Sonriendo levantando tenía en mis manos un millón de valis.
—Jaja- riendo lo guarde en la mochila al pensar que ya no se necesitaria un mes para comprar una casa, que buena suerte tengo.
Regresó.
En el Gremio, Liza alzó una ceja al verlo.
—Sala privada.
No preguntó.
Dentro,Sirius vació todo sobre la mesa.
Cristales, objetos, y un huevo de oro.
Liza los observó con atención.
—¿Qué pasó?
—preguntó.
Sirius contó la verdad.
Cuando terminó, Liza suspiró.
—Ellos se lo buscaron.
No cargues con eso aprende a vivir, no con ello sino superándolo y siendo mejor además parece que tuviste una calida bienvenida de la mazmorra al ver tu aspecto.
—Ademas de un huevo de jack bird que buena suerte tienes muchacho.
—ahora regreso iré a cambiar tu botín por valis.
Regresó con una bolsa pesada.
—un millón ciento ocho mil valis.
Sirius la tomó con cuidado.
—Gracias… por tus palabras me ayudaran.
—Descansa —respondió ella—.
Mañana será otro día.
Sirius volvió a la posada.
Suspirando mirando que faltaban 4 horas para que oscureciera dejó el dinero en el cofre junto al anterior botin Se bañó.
Limpió su equipo.
Su ropa.
Cuando por fin se dejó caer en la cama, no pensó en la masmorra.
Pensó en la casa sonriendo se le ocurrió un plan para ganar dinero en la superficie al tener la casa aria un laboratorio para crear perfumes, jabón y shampoo para todas las razas.
Ya que aunque estemos en una era con dioses caminando con nosotros, no ay muchos productos de aseo corporal y si los ay no son lo mejor, ya que estaba acostumbrado a mi antigua vida.
Cuando regrese mi diosa le daré una sorpresa con el dinero que gane hoy.
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