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Danmachi el caballero negro - Capítulo 9

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  4. Capítulo 9 - 9 siguiendo una nueva espada
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9: siguiendo una nueva espada 9: siguiendo una nueva espada La habitación de la posada estaba en silencio, iluminada por la luz dorada de una lámpara de energia.

Sirius permanecía sentado en el borde de la cama, los músculos todavía tensos por el esfuerzo reciente.

Cada respiración le recordaba el precio del quinto piso de la mazmorra.

Sobre la mesa de madera, cubriendo casi toda la superficie, descansaban bolsas de cuero abiertas, monedas derramadas como un río brillante.

Los valis reflejaban la luz con destellos cálidos, formando montículos que parecían irreales incluso para él.

Más de un millón.

Cada vez que lo pensaba, una sonrisa incrédula cruzaba su rostro.

Entonces escuchó pasos.

No eran ruidosos, ni apresurados.

Eran ligeros, familiares.

Sirius alzó la cabeza justo cuando la puerta comenzó a abrirse lentamente.

—Aurora —dijo, levantándose con cuidado—.

Espera… antes de entrar del todo, ¿puedes cerrar la puerta y cerrar los ojos?

Hubo un breve silencio.

Luego, una risa suave.

—¿Desde cuándo te gustan tanto las sorpresas?

—respondió la diosa, pero obedeció.

La puerta se cerró y Sirius escuchó cómo ella suspiraba, exagerando—.

Ya está.

Ojos cerrados.

Sirius caminó hacia ella, con una mirada de orgullo que no sentía desde hacía mucho tiempo.

—Bien… ahora ábrelos.

Aurora abrió los ojos.

Durante un segundo no dijo nada.

Su mirada descendió lentamente desde el rostro de Sirius hasta la mesa… y se detuvo.

Sus pupilas se dilataron, sus labios se entreabrieron y el brillo sereno que siempre la rodeaba pareció vacilar.

Valis.

Montañas de valis.

—Sirius… —murmuró—.

¿Qué… es todo esto?

Ella alzó la vista y lo miró directamente.

No era una mirada dura, sino profunda, cargada de sorpresa y una pizca de incredulidad divina.

—No robas bancos cuando voy a ausentarme verdad—dijo finalmente, con ironía suave.

Sirius soltó una breve risa.

—No.

Me lo gané.

Cada moneda.

Se acercó a la mesa y tomó un puñado de valis, dejándolos caer para que tintinearan.

—Maté a un Jack Bird raro su ítem que dejó caer fue un huevo de oro muy valioso por el gremio.

Aurora volvió a mirar las monedas, luego a él.

Su expresión cambió.

Ya no era sorpresa: era orgullo.

—¿Un millón…?

—susurró.

—Un poco más —respondió Sirius—.

Y con esto… ya tenemos suficiente para comprar una casa.

Una de verdad.

No una habitación alquilada.

Un lugar nuestro.

Por un instante, Aurora no se movió.

Luego, su rostro se iluminó con una sonrisa genuina, radiante, como un amanecer suave.

Caminó hacia Sirius y, sin decir nada más, lo rodeó con los brazos.

—Lo lograste —dijo, riendo suavemente mientras lo abrazaba—.

Sirius… lo lograste de verdad.

Él correspondió al abrazo, apoyando la frente contra la suya.

Sentía el calor, la paz que tanto le había faltado en la mazmorra.

—Gracias —murmuró—.

Por creer en mí.

—No me agradezcas —respondió Aurora—.

Esto es tu esfuerzo.

Tu sangre.

Tu voluntad.

Se separaron lentamente, pero la sonrisa de ella no desapareció.

Luego, Sirius respiró hondo, volviendo a un tono más serio.

—Aún no termina —dijo—.

La posada está reservada por cinco días más.

En ese tiempo… tengo que seguir yendo a la mazmorra.

Aurora inclinó la cabeza, atenta.

—¿Quieres más dinero.

—Lo necesitamos —respondió él—.

Espadas mejores.

Una armadura que no se rompa en el primer golpe.

Pociones de salud… y de recuperación mental.

El quinto piso no solo destroza el cuerpo.

También desgasta la mente.

Aurora asintió despacio.

—Entonces iremos paso a paso —dijo con suavidad—.

Pero prométeme que descansarás.

Que no te romperás solo por avanzar más rápido.

Sirius sonrió, cansado pero decidido.

—Te lo prometo.

—ahora de dejaré un millón de valis para comprar la casa lady aurora, con lo demás que gane ayer y hoy planeo mañana ir a comprar otra espada y armadura nueva ya que la mía ya está muy desganada.

Aurora sonrió al ver su espada apollada en la pared muy desgastada al igual que su equipo de cuero.

—mañana iré contigo sirius, ya que conozco un buen lugar para comprar armas y de camino te presentaré a una amiaga mia, además no as visto todo orario ya que solo as ido al gremio y ala mazmorra.

Sirius asintió con la cabeza —claro lady aurora me vendría bien ahora recorrer orario, y quién es su amiga.

Aurora— es la diosa de la familia número uno en la fabricación de espadas y armaduras de orario “Hefesto”.

Sirius abrió mucho los ojos al oírla que era amiga de Hefesto.

—heres amiga de la diosa Hefesto lady aurora.

Aurora sentándose en la cama —claro que si también es mi amiga íntima del cielo al igual que Demeter, Astrea, miach, de echo fue miach que me dio esas pociones cuando nos reunimos a charlar, o y mañana te presentaré a mis amigas mientras recorremos orario.

Sirius asintiendo con la cabeza —bien le dare las grasas cuando lo vea mañana, también necesitaré ropa nueva.

Aurora sonriendo al extender sus brazos por encima de su cabeza.

—que da decidido mañana será día de compras, ahora vamos a actualizar tu estado sirius quítate la camisa.

—si lady aurora.suspirando Sirius se quitó la camisa al darle la espalda a aurora.

Caminando asia sirius,aurora se pincho con una aguja el dedo, al dejar caer una gota de su sangre a su espalda, está brillo con un resplandor dorado, aurora sonrió al ver su símbolo de la familia que era un sol naciente con 2 alas doradas.

Al desbloquear el estado de sirius hubo un resplandor dorado de números.

Aurora moviendo los dedos asiendo los encajar, se sorprendió al ver otra gran mejora de puntos.

—se nota que te esporzaste sirius.

Sirius volteando la cabeza para atrás solo vio símbolos que no entendía.

—¿es una gran mejora lady aurora?

—si sirius hora deja imprimo tu estatus para que lo mires.

Aurora saco un papel, al ponerlo en su espalda meneo su dedos por cada línea.

—bien listo,ahora deja sierro tu estatus por fisgones.

Sirius sentándose en el borde de la cama tomando el papel se sombro con otra gran mejora.

[Nombre del Personaje] sirius vega Familia: [Aurora] Nivel: [1] Atributos Básicos (Basic Abilities) • Fuerza: [H 330]  • Resistencia: [H 270] • Destreza: [H 250] • Agilidad: [H 315] • Magia: [H 390] Puntos totales:1605 Aurora mirándolo sonrió —fue otro gan aumento de puntos sirius, en 840 puntos distribuidos si sigues así en tres meses meses aumentarás de nivel.

Sirius nego con la cabeza —pero también aumenta la dificulta de obtenerlos, además no quiero estadísticas mediocres, aumentare de nivel al tener todos mis parámetros en S lady aurora.

Aurora—entonces serán siete meses.

Sirius asintió con la cabeza.

—si lady aurora o podría aumentar ya que tengo un plan para ganar valis aquí en la superficie.

Aurora intrigada —aver cuantamelo Sirius—cuando compremos nuestra casa planeo construir un laboratorio para crear perfumes tanto como parar hombre como para mujer en mayor cantidad de olores atractivos, al igual que jabones mejores de los que ay ahora en el mercado, que te parece parece mi idea lady aurora.

Aurora—¿y donde planear venderlos al igual de la presentación del envase para el perfume junto con los nombres?.

Al escuchar su pregunta la sonrisa de sirius se desvaneció.

Sirius—planeba dejartelo Ati lady aurora esa parte, yo los fabricare en distintos tonos de oror, luego pondremos nombres atractivos mientras pongamos muestras en paños con los distintos olores los daremos por las calles más concurridas de orario así conseguiremos muchos clientes y se correrá la voz de nuestros productos.

ya que a diferencia de otros perfumes los nuestros durarán más tiempo.

ya consigiendo dinero abriremos una tienda para vender allí nuestros productos y contrataremos empleados que nos ayuden en la venta mientras yo buceo por la mazmorra.

Sirius al explicar su plan a aurora espero su opinión.

Aurora con una mano en la barbilla —se oye bien tu plan con eso de distintos tonos de olor para hombres y mujeres para las distintas razas, al igual que la promoción y duración de efecto, me gusta tu idea ya mañana al comprar nuestra casa pondremos el plan en marcha.

—ahora duerme que mañana visitaremos muchas tiendas.

Sirius sintió un escalofrío en la espalda al pensar visitar cada tienda de orario.

—muy bien buenas noches lady aurora.

Aurora—buenas noches sirius.

La mañana llegó despacio, filtrándose entre las cortinas de la posada con una luz tibia y dorada.

Sirius fue el primero en abrir los ojos.

Por un instante no supo dónde estaba, hasta que el murmullo lejano de la ciudad y el aroma a pan recién horneado le devolvieron la calma.

Giró el rostro y la vio.

Aurora dormía a su lado, con una expresión serena, casi humana, muy distinta a la imagen solemne que muchos tenían de una diosa.

Sirius sonrió en silencio.

Aquel momento, simple y frágil, valía tanto como cualquier tesoro sacado de la mazmorra.

No tardaron mucho en levantarse.

Aurora insistió en que ese día no sería de entrenamiento ni de combate.

—Hoy es día de compras —dijo con una sonrisa decidida—.

Y no aceptaré un no como respuesta.

Sirius no discutió.

Salieron a la calle cuando la ciudad ya estaba despierta.

Mercaderes levantaban sus puestos, aventureros caminaban con equipo desgastado y niños corrían entre la multitud.

Aurora caminaba a su lado, observándolo todo con curiosidad genuina, como si cada detalle del mundo mortal aún pudiera sorprenderla.

Su primer destino fue una tienda de ropa.

El local era amplio, con telas colgando de las paredes y maniquíes vestidos con atuendos resistentes pero elegantes.

Aurora recorrió los estantes con atención, tocando las telas, evaluando cortes y colores.

Sirius, en cambio, se quedó quieto cerca de la entrada, visiblemente incómodo.

—No necesito nada tan llamativo —murmuró.

—Eso lo decidiré yo —respondió ella sin mirarlo.

Aurora eligió varias prendas: camisas resistentes, pantalones cómodos, una capa ligera reforzada en los bordes.

Obligó a Sirius a probárselas una por una, observándolo con una sonrisa satisfecha cada vez que salía del probador.

—Te ves mejor de lo que crees —dijo finalmente—.

Un aventurero no tiene por qué verse roto todo el tiempo.

Sirius se rascó la nuca, algo avergonzado, pero no pudo negar que la ropa era cómoda.

Y, por primera vez en mucho tiempo, se vio… normal.

Al comprar camisas pantalones y una capa negra con bordes bordados de color rojo.

Después de la tienda, el hambre se hizo presente.

Se detuvieron en un puesto de comida callejera, donde el aire estaba lleno de especias y carne asándose.

Compraron brochetas calientes y pan relleno.

Se sentaron en un banco de madera, comiendo sin prisas, observando el ir y venir de la gente.

—Hace tiempo que no comía así —dijo Sirius—.

Sin pensar en lo que viene después.

Aurora lo miró de reojo.

—Eso también es vivir —respondió—.

No solo sobrevivir.

Cuando terminaron, su siguiente destino se alzó ante ellos como una torre imposible.

Babel.

El edificio dominaba el horizonte, una estructura colosal de metal, cristal y magia.

Era un centro comercial, administrativo y arcano a la vez, donde se podían encontrar objetos imposibles, tecnología avanzada y artefactos que no existían en ningún otro lugar.

Entraron por las puertas principales, y el sonido de la ciudad quedó atrás.

Dentro, todo era amplio y luminoso.

Runas se desplazaban por las paredes, indicando direcciones y pisos.

Aventureros, comerciantes y nobles se mezclaban en un flujo constante.

Se dirigieron al ascensor central.

Era una plataforma circular rodeada de paneles de cristal.

Al subir, las puertas se cerraron con un suave zumbido.

La sensación de ingravidez duró apenas un segundo antes de que el ascensor comenzara a elevarse con rapidez.

Aurora observaba el movimiento con calma.

Sirius, en cambio, miró hacia arriba, siguiendo los números flotantes que indicaban los pisos.

—Piso comercial —dijo Aurora—.

Ahí encontraremos lo que realmente necesitas.

El ascensor se detuvo con un leve impacto y las puertas se abrieron lentamente.

Frente a ellos se extendía un mundo nuevo: tiendas especializadas, armas expuestas como obras de arte, armaduras brillando bajo luces mágicas, frascos de pociones flotando detrás de vitrinas.

dejando atrás tiendas ruidosas y escaparates brillantes, hasta llegar a una zona más silenciosa, reservada para oficinas privadas.

Frente a una puerta custodiada por un guardia de porte imponente, Aurora se detuvo.

El guardia apenas la miró antes de enderezarse con respeto.

—Un momento, mi diosa —dijo, entrando rápidamente a la oficina.

Sirius aguardó en silencio.

Cuando el guardia regresó, inclinó la cabeza.

—Pueden pasar.

La oficina los recibió con un aire solemne.

Las paredes estaban cubiertas por vitrinas de cristal, y dentro de ellas descansaban espadas, escudos y piezas de armadura de una calidad excepcional.

Cada arma parecía contar una historia de batallas antiguas y héroes olvidados.

Al fondo del cuarto, sentada tras un amplio escritorio, estaba la diosa Hefesto.

Vestía una camisa blanca de manga larga, abotonada sobre su generoso busto, con las mangas remangadas hasta los antebrazos, como si hubiera dejado la forja solo por cortesía.

Sus pantalones negros se ajustaban con elegancia a su figura, y unas botas de cuero marrón, que llegaban hasta la mitad del muslo, reforzaban su presencia firme y segura.

Un parche negro cubría su ojo derecho, dándole un aire tan imponente como misterioso.

Sirius se quedó quieto por un instante.

Era muy hermosa, pensó.

Antes de que pudiera reaccionar, Aurora le pisó el pie con disimulo.

—¿Te importaría cerrar la boca?

—susurró ella, divertida.

Hefesto alzó la vista y sonrió al reconocerla.

—Aurora —dijo, levantándose—.

Siempre es un placer verte.

Y tú debes de ser Sirius me ablo mucho aurora de ti.

—E-es un honor, señora Hefesto —respondió él, recuperando la compostura.

Conversaron unos momentos, recordando viejos tiempos y riendo suavemente.

Finalmente, Aurora apoyó una mano sobre el escritorio.

—Hefesto, hemos venido por algo más que una visita.

Sirius necesita una buena espada, una armadura confiable… y una mochila nueva.

Algo que aguante viajes largos y peleas duras.

La diosa de la forja cruzó los brazos, evaluando a Sirius con su único ojo visible, como si pudiera medir su fuerza.

—Muy bien espezemos con tu postura de lucha y preferencias.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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