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DANMACHI: HEREDERO DE LAS CENIZAS - Capítulo 23

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  4. Capítulo 23 - 23 CAPÍTULO 21 NUEVA OPORTUNIDAD DE SEGUIR
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23: CAPÍTULO 21: NUEVA OPORTUNIDAD DE SEGUIR 23: CAPÍTULO 21: NUEVA OPORTUNIDAD DE SEGUIR [Punto de vista: Ana] José (Uruk): ¿Ellos eran espías del ejército rakiano, no?

Ana: mmmm… fumn – respirando profundo – sí… lo eran.

Lamentablemente lo eran.

Resultó que ser un pueblo pacífico, no fanático como los otros y que no entregaba a sus hijos al ejército del Dios de la Guerra, resultaba sospechoso ante los ojos de quienes gobernaban.

Eran jóvenes soldados rakianos, que tenían como misión: “vigilar cualquier actividad sospechosa” en nuestro pueblo.

Durante días estuvieron observando e informando a sus superiores sobre cualquier cosa relacionada con un asentamiento utilizado por los enemigos o uno que pudiera estar planeando algún tipo de revolución contra el reino.

José (Uruk): ¿Un golpe de Estado?

– alzando una de sus cejas – ¿En serio pensaron eso?

Ana: ¡¡Sí!!

– exasperada – ¡Esos malditos pensaron que intentábamos realizar un golpe de Estado en secreto!

¡¡Cuando se dieron cuenta de que no era el caso y que simplemente éramos un pueblo pacífico que no seguía las tradiciones del reino, tomaron la decisión más irracional y despreciable!!

En vez de irse de forma pacífica, el grupo de jóvenes soldados se enfureció por haber desperdiciado su tiempo, algo preciado para ellos, ya que preferían estar en el campo de batalla antes que vigilando durante días un pequeño pueblo.

Como forma de descargar sus frustraciones, los jóvenes hicieron un trato con el Clan Sanguinario de las Amazonas para destruir mi hogar, matando a la mayoría de los habitantes y convirtiendo a los sobrevivientes en esclavos.

¿Por qué decidieron contratar a un tercero en lugar de hacerlo ellos mismos?

Bueno, aunque quisieran, no podían arriesgarse a arruinar su reputación de soldados honorables de Rakia, quienes se suponía debían proteger a sus ciudadanos, por lo cual contrataron a un grupo que hiciera el trabajo sucio por ellos.

Ana: tuve que ver a mi pueblo arder… – temblando – ver cómo mataban a gente que veía a diario… – respirando agitadamente – y.… y.… ver…

José (Uruk): Ana – tocando el hombro de la mujer y haciéndola mirarlo a los ojos – tranquilízate, Inhala y exhala para relajarte.

Si estás dispuesta a continuar, hazlo; pero si no, es mejor dejar la historia.

Ana: ahmmm… fuuuu Siguiendo la sugerencia de Uruk, Ana se relajó después de varias rondas de respiración y exhalación – meneando la cabeza en negación – ella decidió continuar.

Después de todo, ya estaba terminando de contar los orígenes de por qué estaba prisionera en la isla.

A pesar del dolor de revivir lo que vio, continuó.

Ana: vi cómo las amazonas decapitaron a mis sobrinos delante de mí – dijo entre lágrimas de angustia.

Después de eso, fui la única sobreviviente de mi familia.

Lo último que pude ver antes de ser llevada como esclava por las amazonas fue mi pueblo ardiendo en llamas, el mismo en el que pasé toda mi vida.

Ana no sabía por qué le estaba contando toda su tragedia a un hombre que apenas conocía desde ayer.

Quizá era porque él fue su salvador de aquella putrefacta prisión, o por los sentimientos de estrés y angustia acumulados durante meses encerrada, sin poder liberarlos, ya que, si lo hacía en ese momento, las amazonas la castigarían por “desperdiciar tiempo” lamentándose.

Sea cual fuera el caso, ya no podía detenerse.

Quería sacar todo el dolor que tenía dentro.

Quizá si lo soltaba todo, podría comenzar un nuevo camino en su vida: una oportunidad para seguir adelante en este mundo.

¿Pero qué haría después de regresar a Rakia?

o mejor dicho, ¿por qué debería hacerlo?

Ya no tenía un hogar, ni familia que le diera razones para volver al reino de Rakia, especialmente si este era gobernado por un sistema irracional que deseaba la conquista y la guerra por los caprichos de un dios, donde los ejércitos eran sus fanáticos fieles.

Tomada esa decisión, solo faltaba elegir adónde iría y cómo sobreviviría al viaje para encontrar un nuevo lugar que pudiera llamar hogar.

————————————- [Punto de vista: Uruk] Una mueca de disgusto apareció en el rostro de Uruk.

Él sabía que ese clan de amazonas era radical y tenía la costumbre de hacer tratos turbios con gente desagradable, pero… que fueran contratadas por los mismos soldados que debían proteger su reino, era demasiado.

Todo eso por la simple sospecha de que un pueblo no seguía sus costumbres, y por el capricho rencoroso de un grupo de jóvenes soldados.

Aunque Uruk quería saber cómo Ana sabía todo eso, tenía una idea de cómo obtuvo la información, pero quería asegurarse.

José (Uruk): ¿Cómo sabes que ellos fueron los responsables?

Ana: ah, eso…

lo supe desde el primer día que me capturaron… Al parecer, su teoría era correcta.

Fueron las mismas amazonas que la capturaron quienes le revelaron el origen de su tragedia.

No para aliviar sus dudas, sino para provocarle más angustia, haciéndole saber que la razón de su desgracia provenía del capricho de los mismos soldados de su reino.

Fue, como mínimo, una amarga revelación.

Ana: jejeje… lamento que tuviera que verme así, Señor José.

José (Uruk): No tienes que disculparte.

Es lógico sacar todos esos sentimientos.

Es mejor liberarlo todo para poder seguir adelante.

Ana, con una pequeña sonrisa formándose: gracias por comprender – inclinando la cabeza – lo tendré en cuenta.

Aunque no sé dónde iré para iniciar mi nueva vida, luego de salir de esta isla.

José (Uruk): ¿No te quedarás en Rakia?

No estaba tan sorprendido por su decisión; si él estuviera en su lugar, también la habría tomado.

Ana: Sí, prefiero irme de ese lugar de locos por la guerra y establecerme en un sitio tranquilo.

Pensaba ir a Atenas, pero está demasiado lejos.

José (Uruk): Sabes que el viaje será peligroso, no solo por los monstruos; también corres el riesgo de ser atacada por bandidos que podrían capturarte de nuevo como esclava, y tus probabilidades de sobrevivir serían menores.

Era duro, pero el riesgo estaba ahí.

No estaba de más advertirle de los posibles obstáculos en su camino.

Incluso si Ana pertenecía al mismo reino que provocó la caída del suyo, Uruk no podía culparla por los pecados de otros.

Ana: Lo sé, pero ¿qué otra opción tengo?

Estaré sola después de que nuestro grupo se disuelva.

Cuando regresemos a los puertos de Rakia, todos irán por su propio camino.

Eso era cierto.

Las otras ocho personas que quedaban tenían sus propios planes para el futuro, o mejor dicho, siete, pues al parecer un chico quería que Uruk se convirtiera en su maestro, diciéndole que lo seguiría a todas partes para aprender a luchar como él.

Se llamaba Agustín, sin apellido, un ateniense capturado hacía tres meses, de apenas quince años.

Uruk no sabía si era confiable, pero ver cómo sus ojos brillaban cada vez que lo observaba le recordó a sí mismo cuando era aprendiz.

Esa nostalgia lo llevó a aceptar su petición.

Con él, ya serían tres: Uruk, el niño (su hijo) y Agustín.

Aunque, pensándolo bien… Uruk miró a una Ana pensativa.

Después de contarle toda su historia y su decisión de irse de Rakia, ella se quedó en silencio, probablemente pensando en sus próximos pasos.

¿Sería buena idea traerla consigo?

¿Al lugar adonde planeaba ir?

Ella dijo que quería establecerse en un sitio tranquilo, algo que podría conseguir si lo seguía.

Según su historia, Ana había sido dueña de una posada para viajeros.

Aunque no lo pareciera a primera vista, los dueños de posadas tienden a desarrollar habilidades de liderazgo, organización y gestión, además de una visión de futuro y capacidad de planificación.

Justo lo que Uruk necesitaba para desarrollar su futura Casa.

Sumando a eso, ella tenía experiencia cuidando niños, lo cual le sería de gran ayuda.

Un joven soltero de apenas diecinueve años, con nula experiencia cuidando a un recién nacido, solo tendría dificultades si estuviera solo, más aún al aceptar también al pupilo Agustín.

Uruk (pensamiento): pensándolo bien, también tendría que enseñarle a Ana a luchar y defenderse de las amenazas durante el viaje.

El camino sería largo, y los riesgos que ya le había mencionado eran muy probables.

Prefería que Ana pudiera defenderse por sí misma.

Claro, eso sería solo si aceptaba su sugerencia de acompañarlo.

José (Uruk): Ana.

Ana: ¿Eh?

¿Qué pasa, Señor José?

Uruk: … Ana: ¿?

– confundida – ¿Uruk?

Uruk: Llámame Uruk.

Es mi verdadero nombre, y quiero sugerirte una opción para tu vida.

Pero antes, tengo que contarte algunas cosas sobre mí.

Dicho esto, me recosté en la silla cercana y comencé a contarle toda mi historia: cómo llegué a ser capturado por las amazonas, mi procedencia noble – evitando ciertos temas delicados, como la experimentación, para más adelante –, el origen del Reino de Ur y la historia de los cien años de guerra de los dioses, entre otras cosas.

Mientras hablaba, ella abría cada vez más los ojos, asombrada por lo que escuchaba.

La dejé procesar toda la información que le di, y luego le pregunté si quería seguirme en mi viaje, prometiéndole un lugar donde estaría segura y en paz.

También le hablé de los riesgos de esa decisión, y de las razones por las que quería que fuera parte de mi grupo.

Ana: … Un momento de silencio surgió entre ambos.

Después de contarle todo, el silencio era tan profundo que podía escucharse la respiración del niño dormido en la cuna improvisada.

Por un momento pensé que ella se negaría, o que diría que necesitaba tiempo para decidir.

Pero su respuesta llegó antes de lo esperado.

Ana: Acepto su sugerencia, Señor Jo… digo, Señor Uruk.

¿O prefiere que le llame Patriarca?

– dijo con una pequeña sonrisa formándose en sus labios – Por favor, dígame: además de ayudarlo con el cuidado del niño, ¿qué otra cosa desea que haga?

Con su aceptación, un nuevo miembro se unió al grupo en su viaje; uno más para el futuro surgimiento de su Casa… y posiblemente de su reino.

Fin de capitulo 21.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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