DANMACHI: HEREDERO DE LAS CENIZAS - Capítulo 43
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- Capítulo 43 - 43 Capítulo 39 Tenemos que hablar P1
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43: Capítulo 39: Tenemos que hablar P.1 43: Capítulo 39: Tenemos que hablar P.1 ———————————- Dentro de la cocina del barco, se encuentra tres figuras sentadas en asiento de madera, dos de estos individuos eran femeninas y él único miembro masculino de su grupo.
Estas personas eran Haurit, Tatiana y Gilzur, los tres nórdicos que compartían un vínculo forjado por lo vivido de su pasado compartido.
Desde la liberación de su esclavitud, su travesía por los reinos Slavic y Rakia con sus respectivas dificultades que debieron enfrentar, hasta el posterior inconveniente con la raza amazonas, que superaron recientemente.
Aunque, tras cierta revelación por parte de Gilzur, surgió un conflicto con Haurit que estuvo a punto de quebrar su relación… ella termino echándolo de la cocina durante un par de horas y quedándose con Tatiana para tener un tiempo a sola.
Sin embargo, tiempo después, tanta Haurit como Tatiana salieron, arrastraron a un confundido Gilzur de regreso a la cocina y lo obligaron a sentarse frente a ellas.
Y esa es la razón por la que ahora se encuentra así.
Ahora los tres se reúnen de manera improvisado en esta habitación, en privado, lejos del resto de la tripulación, todo para tener una conversación que podría cambiar – o no – la dinámica entre ellos.
Esto relacionado con el único miembro masculino de su grupo, Gilzur la pareja de Haurit y amigo de Tatiana.
Pero… todos estaban en silencio, sin que ninguno se decidiera a iniciar la conversación, y la única interacción entre ellos, era el cruce de sus miradas cargadas de una tensión incomoda.
Haciéndonos preguntar, ¿quién entre los tres dará el primer paso, para resolver este conflicto?
———————————- [Punto de vista: Tatiana] – [Ubicación del personaje: área de la cocina del barco] – (esto es incómodo) Tatiana, se dijo a si misma, luego de ver como ninguno de ellos estaba de animo para comenzar con la conversación.
No era de sorprender, después de todo, lo que se iban a hablar era un tema delicado para todos, en especial para Haurit y Gilzur, sus dos compañeros, y pareja complicada por algunos secretos que se guardan entre los dos.
Esta situación le provocó mucha incomodidad a Tatiana, haciéndola volver a preguntarse; el ¿Por qué ella estaba hay?
– (A…
cierto… para apoyar a Haurit y servir de mediador entre ambos) Algo que Tatiana estaba segura de hacer lo primero, pero lo segundo no.
Por dentro se reprochaba por haber cedido tan rápido ante la idea de Haurit de arrastrar a Gilzur de regreso a la cocina y forzarlo a sentarse frente a ellas para tener esta conversación.
Se suponía que era para resolver el conflicto, sobre el asunto de la muerte del tercer tío de Haurit a mano de su novio, y averiguar que otros secretos guardaba Gilzur que no lo hallan contado a ellas.
Pero ya a pasado media horas desde que ellos están sentado, y ninguno haya comenzado hablar.
– (Haurit… ¿por qué no empiezas tú?, este fue tu plan.
Deberías ser tú quien hable y arregle las cosas con tu pareja… y, ¡no meterme en esto!) Tatiana quería a su amiga, realmente la apreciaba, después de todo, ella fue su primer y la única amiga que pudo hacer, después de ser esclavizada y convertida en sirvienta para pagar las deudas de su irresponsable progenitor.
– (Si, “progenitor”) – ni en mil años algo me hará cambiar de opinión para llamarlo “padre” a esa persona desagradable – (no después de que me haya vendido como esclava, solo para librarse de sus deudas con el capitán de la guardia del clan Hierro Filo, el segundo tío de Haurit, encargado del ejército de guerrero vikingos de su pueblo) Ella apena tenía seis años cuando todo eso sucedió.
Aún recordaba lo desconsolada que estaba su madre cuando la separaron de ella.
Fue un desastre de lágrimas y gritos por mi separación de la familia, por mi nuevo estado de esclava del clan, – bueno, lo admito, yo también era un desastre de llantos, gritos y… mocos que salía de mi nariz aquel día, todo mientras intentaba zafarme del agarre férreo de los guardias, que me mantenían sujeta mi pequeña mano para no poder escaparme de regreso a mi hogar.
Recordaba cuando los guardias le ataron las manos con una cuerda, después uno de ellos me alzó del suelo sin esfuerzo y, sin pisca de dudas, me lanzo dentro de la jaula del carruaje, junto con los demás esclavos.
El viaja hacia mi nuevo destino, llegó en forma de la imponente fortaleza del Clan Hierro Filo.
A todos los esclavos, nos separaron en diferente parte de la fortaleza para cumplir ciertas funciones en esta, tuve suerte de ser una niña en ese entonces, por lo cual, solo me convirtieron en una sirvienta menor, destinada a ayudar en los trabajos domésticos de la casa principal del clan.
Al principio estaba indispuesta a trabajar como sirvienta de la casa a esa edad, y los mayores lo comprendía, pero eso no quiere decir que le importara, si no trabajaba me castigaban, encerrándome en un cuarto, dejándome completamente sola y, sin comida durante todo un día o dos.
No importaba cuántas veces golpeaba la puerta, gritaban, la arañaba o suplicara a quienes me encerraron, nadie me respondía a mis llamados de ayuda para salir de ahí.
Pasaron dos días ante de salir del cuarto, dos noches donde me acurrucara en el frio piso, llorando por todo lo que me había pasado y con un dolor en el estómago que me carcomía mis extrañas por la falta de comida.
Cuando Sali y vi al guardia que vigilaba la habitación donde estaba, la única respuesta que recibí, fue – “Niña, si no obedeces las órdenes ni el trabajo para ganarte el pan de cada día, olvídate de sobrevivir aquí, Morirías en esa habitación sin que nadie le importara tu muerte.
después de todo, podemos reemplazarte cuando el jefe quiera, deberías dar gracias de que lo único que se te pide hacer sea cosas menores, ahora ve con las demás sirvientas y, ayúdala con lo que te corresponde” Y así, pasaron los años desde que me convertir en sirvienta del clan.
Pasaron poca cosa, debido que mayor parte de lo que hacia simplemente era limpiar la casa y ayudar en la cocina con la demás, una rutina aburrida para ser sincera.
Era sorpresa para mí ser la única sirvienta menor entre todas, la mayoría tenía más de diecisiete o vente años.
Eso resulto ser un problema en cierto aspecto, debido a mi edad, no podía interactuar con las demás sirvientas como ellas lo hacían entre sí, y la poca interacción hacia mí de las mayores, se limitaban a enseñarme lo que debía hacer en mis tareas de limpieza.
Haciendo que mayor parte del tiempo estuviera completamente sola.
Cuando terminaba el día y me recostaba en la cama de paja, que todas las sirvientes tenías, Tatiana no podía evitar recordar y añorando las cálidas noches donde su madre la recostaba y le contaba sus historias favoritas para hacerla dormir, lloraba en silencio por todo lo que había perdido, y maldecía su padre por todo lo que le avía sucedido.
Repito, tuve suerte de ser una niña en ese tiempo, ya que la mayoría de lo que hacia era simplemente limpiar la casa y ayudar de vez en cuando en la cocina, junto con otras sirvientas – /esclavas – mayores.
No fue después de cumplir los trece años, que descubrí, que el capitán de la guardia – El segundo tío de Haurit –, se tomaba ciertas libertades, con algunos de la sirvienta mayores de dieciocho años… Le dio un escalofrió y, un asco mayor la invadió cuando comprendió que, cuando ella cumpliera esa edad, también siria considerada un blanco de interés para ese hombre, y no podía hacer nada contra él, debido que era un bendecido de nivel dos.
¿Como una persona normal como ella, podría hacer algo contra estas personas?
Y lo peor de todo, como ante mencione, él era, el capitán de los guerreros de la fortaleza y primer hermano menor del líder del clan.
Haciendo imposible ser juzgado por sus travesuras, incluso si hubiera prueba, su estatus lo ayudaba a librarse de la consecuencia de sus acciones.
Muchas veces se replanto la idea de dañar su rostro para no llamar su atención o si no funcionaba, también considero el suicidarse ante de ser profanado por un viejo decrepito.
El problema era que, ella no tenía el valor para hacer eso.
Quería vivir como el resto de lo demás, tenia miedo a la muerte como lo demás, por la cual, tragando mi angustia y temores, seguí adelante con mi vida, sabiendo que algún día, la mano de ese hombre me tocaría y mancharía mi pureza.
Después de seis meses del descubrimiento, mi forma de actuar había cambiado drásticamente, si anta estaba triste y furiosa por mi destino, quejándome en silencia de vez en cuando, mi yo de ese entonces se convirtió en una niña silenciosa, inexpresiva y con los ojos opacos, cansada de la rutina de cada día.
Ya no tenia la esperanza de salir de esa situación, debido al sello de la esclavitud, había perdido el deseo de escapar hace tiempo y de reencontrarme con mi familia, que no avía visto más de ocho años, tenía catorce y todavía odiaba intensamente a mi progenitor, existía ese odio en su interior.
Tenía mucho pensamiento malo sobre qué haría, si por casualidad, se reencontraba con su progenitor, muchas de las opciones que tenía en mente, era cortarle la garganta con uno de los cuchillos de la cocina, eso sí, tenía la oportunidad de coger uno sin que nadie se diera cuenta.
Un día en particular, uno donde estaba en el momento más oscuro de mi vida por todo lo que sabia y lo que me iban a suceder en el futuro, –cuando estaba limpiando –, me distraje lo suficiente para no darme cuenta que estaban cerca de la escalera del segundo piso de la casa del líder del clan.
Fue repentino.
Una sensación de ingravidez mi invadió cuándo, por accidente, comencé a caer por las escaleras.
Juraría que, en el instante en que comprendí lo que estaba ocurriendo, el tiempo parecía lento a mi alrededor, dándome cuenta del resultado que tendría, si me desplomara desde el segundo piso hasta el primero, sería grave… lo bastante como para quizá morir por la caída.
Por extraño que suene, no me sentí asustada, era todo lo contrario, me sentía… ¿aliviada?
¿Por qué?
Quizá sea porque sentí que ese sería un mejor resultado comparado con lo otro y, como ella no tenía el valor para suicidarse por sí misma, el accidente se sentía más como una bendición que como una desgracia, que eso seria la clave de su libertad, comparado a servir como esclava por el resto de su vida.
Con esa repentina claridad, acepté lo que iban a suceder y cerré los ojos para no ver nada.
Pensé…
pensé que siria el fin de mi existencia y por fin tendría paz en el abrazo de la muerte.
Pero… hubo algo que evito ese resultado, o, mejor dicho, alguien que evito caerme de la escalera, sujetando uno de su mano, justa a tiempo.
——– Flashback ——– – uhf??
– confundida – (¿qué pasa?
¿por qué, no caigo?) Se pregunto una joven Tatiana de catorce años, a ver que no se avía caído de la escalera, reviso su entorno para ver qué estaba pasando, pero ante encontrar respuesta, sintió un repentino tirón hacia atrás de su espalda.
Haciéndolo caer de espalda.
aun confundida por la situación que estaba viviendo, escuchó una voz chillona preguntarle – ¡hey!
¡¿Tu, está bien?!
De repente, en la visión de Tatiana, apareció una mano extendida hacia ella.
Solo podía ver eso, ya que estaba en el suelo y tenía la cabeza agachada, haciendo que, su visión sea limitara en ver el suelo de la madera del segundo piso y, la mano de la persona que muy probable le haya salvado la vida.
Por una razón, esto le provocó más decepción que alivio.
Pero no podía ser descortés con su salvadora, después de todo, lo había salvado de una situación que cualquiera desearía ser salvada.
Viendo que la chica aun daba su mano para levantarme, decidí cogerla y agradecerle.
– Y….
¡¡para arriba!!
Dijo la chica chillona cuando me alzo de un solo, esto me sorprendió, no por la acción, sino por la fuerza que tenía esa mano, no… no solo por su fuerza, esa pequeña mano tenia callos.
Callos gruesos que un niño no debería tener a su edad, la joven Tatiana tenia un mal presentimiento de la persona que tenía en frente cuando vio eso, todavía tenía la cabeza agachada, lo cual evitaba poder ver el rostro de la niña.
Aun así, tenia mucha pista sobre su identidad, – (quizás… ¿uno del miembro principal del clan?) – eran los únicos que se le venia a la mente, cuando vio estos callos, eran los únicos que practicaban en el uso de las armas en la Fortaleza, lo cual, daría sentido porque lo tiene.
Otra pista, fue un vistazo breve de la parte inferior de la vestimenta de la niña.
Botas blancas de cuero con punta de metal, pantalones corta hasta las rodillas, decorado con algunos adornos del símbolo de su cultura.
Alzando la mirada poco a poco, notando una camisa blanca de lana refinada, un poca mas arriba, vía inicio de mechones de cabello anaranjado – /pelirrojo – detrás de la espalda.
Cuando por fin, mi mirada se poso en el rostro de la niña, pude deslumbrar la piel blanca de la chica y los ojos esmeralda que me observaban, y me estaba sonriendo.
– hola, ¿está bien?
Pregunto la chica, pero no le respondí, lo estaba ignorando, no porque no quisiera responderle, sino por la repentina pausa de mi mente congelada.
– ¿eh?, ¿hola?, tu… realmente está bien… no – con pánico e inquietud –, no… te lastimaste ¿verdad?, arsk ¡sabía que debería haberte agarrado con mucha más suavidad!, debiste haberte golpeado la cabeza cuando te tire al suelo… por favor, déjame revisarte.
Aun ignorando la accion de la pelirroja, que empezó a revisar la parte trasera de su cabeza, mientras mormullaban algunas palabras de disculpa.
Mientras la pelirroja hacia eso, la mente congelada de Tatiana empezó a funcionar de nuevo, como si un relámpago rompiera sus pensamientos, empezó a recordar las caras de algunos de los miembros importante de las familias del clan, especialmente los pelirrojos que veían de vez en cuando, cuando salía de la casa para hacer un recado de sus mayores.
En su recuerdo, pasaron muchos rostros de niños y adultos con casi la misma característica de la pelirroja, Tatiana intentaban averiguar la identidad de la niña y tenía una intuición de saber quién es era ella.
– cómo… te llama – dije en voz baja.
Esto llamo la atención de la pelirroja, que parecía aliviada que respondiera.
– fuuhh que bueno, parece que está bien – dijo, mientras revisaba la parte trasera de tu cabeza por última vez, viendo que no había problema –, uhn uhm – asintiendo – disculpa, no escuché lo que dijiste, ¿me puede volver a repetir?
Haciéndole caso, repetí: “cómo te llama” – esta vez, con más fuerza en mi voz, aunque todavía un poco nerviosa por la respuesta.
– ¿ah?, mi nombre… ¡A, cierto!
¡No me he presentado!, jejeje disculpa, déjame ¡presentarme!
La chica que ante estaba preocupada por tu bienestar, ahora estaba irradiando una sonrisa que parecía que estuviera iluminado el lugar, por solo sonreír.
– Me llamo Haurit… ¡Haurit Járnegg!
Fin del Capítulo 39
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