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Darek: A Complicated Adventure - Capítulo 24

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  4. Capítulo 24 - Capítulo 24: “Un día azul en el Acuario”
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Capítulo 24: “Un día azul en el Acuario”

La mañana amaneció despejada, con un cielo tan limpio que parecía recién lavado por la lluvia nocturna. Desde la ventana de la cabaña, Summer apoyaba la nariz en el vidrio, dejando un pequeño empañón mientras veía a los pájaros de plumaje brillante cruzar la colina. Sus ojos chispeaban expectación.

—¿Ya van a venir? —preguntó por décima vez, moviéndose de un pie al otro.

Aisa, que estaba trenzándole suavemente el cabello, sonrió con paciencia.

—Darek está terminando de revisar que tengas todo. No queremos que pierdas tu nueva bufandita de gatito.

Summer soltó una risita orgullosa.

—¡Es mi favorita!

Darek bajó las escaleras ajustándose la camisa azul que llevaba para la ciudad. Al ver a Summer preparada, su expresión se suavizó.

—¿Lista para tu primera visita al Acuario de la Ciudad?

—¡SÍÍÍ! —exclamó ella levantando ambos brazos.

Aisa también parecía entusiasmada, aunque mantenía su timidez habitual. Cada vez que caminaba al lado de Darek, sus mejillas se tornaban rosadas… y Summer, pequeña pero perspicaz, ya había empezado a notarlo.

—Vamos mamá, vamos papá —dijo inocentemente mientras les tomaba de la mano a ambos—. ¡El agua nos espera!

Los dos se quedaron congelados un segundo.

Darek tragó saliva. Aisa, roja como una cereza, intentó disimular.

—¿A… a qué hora aprendió a decir eso con tanta seguridad? —susurró ella.

—No lo sé —respondió Darek, rascándose la nuca nerviosamente—, pero… es tierna.

Summer, sin comprender el torbellino emocional que causaba, simplemente los arrastró hacia la salida.

Cruzaron la colina bajo la luz cálida. El bosque se abría poco a poco dando paso al camino empedrado que conectaba con la ciudad. Caravanas mágicas, comerciantes que usaban criaturas pequeñas como mensajeros, y magos que practicaban con chispas flotantes, llenaban la zona con una energía vibrante.

Summer miraba todo con fascinación.

—¡Ese señor lanzó una burbuja de luz!

—Es un hechicero de ilusión —explicó Aisa—, hacen trucos bonitos para entretener.

—¿Yo puedo aprender?

—Cuando seas un poco mayor —respondió Darek, riéndose—. Aunque con tu energía… quizá aprendas demasiado rápido.

Al llegar a la ciudad, los sonidos, colores y aromas se intensificaron: pan recién horneado, especias mágicas, y la mezcla vibrante de voces.

—¡Woaaah! —Summer giraba sobre sí misma—. ¡Es enorme!

—Y espérate a ver el acuario —dijo Aisa.

—¿Es más grande que esto?

—Mucho más —respondió Darek—. Tiene criaturas del océano de cristal, peces que brillan en la oscuridad y hasta un dragón marino juvenil.

Summer abrió la boca, impactada.

El edificio era un domo gigante de cristal reforzado con runas celestes. Una cascada artificial descendía por la entrada, dejando un brillo azulado en el aire. Summer quedó hipnotizada.

—¡QUÉ BONITO!

Darek se inclinó para verla mejor.

—Pues apenas vamos entrando.

Dentro, el ambiente era más fresco, con un suave aroma salado. Grandes túneles transparentes rodeaban a los visitantes mientras criaturas acuáticas nadaban por encima de sus cabezas.

Cuando un pez globo azul pasó frente a ellos, inflándose como si saludara, Summer pegó ambas manos al cristal.

—¡Miren! ¡Se parece a Kevin cuando se enoja!

Aisa soltó una carcajada sincera, tapándose la boca.

—Tienes razón… y quizá incluso este pez sea menos ruidoso.

Siguieron avanzando. A veces Summer corría delante, pero regresaba de inmediato para agarrar de la mano a uno de los dos.

En una sección más tranquila, se detuvo frente a un estanque de agua cristalina.

Un grupo de pequeñas criaturas en forma de gota bailaba bajo la superficie.

—Son nimfos acuáticos —explicó Aisa—. Les gusta la música.

Summer ladeó la cabeza.

—¿Música? ¿Dónde?

Darek señaló una runa flotante que emitía un tono suave, parecido a un arpa.

—Ellos la escuchan diferente. Y la bailan.

Summer, maravillada, presionó sus manos juntas.

—Me gustaría bailar también…

Aisa la tomó suavemente y ambas imitaron el balanceo de las criaturas.

Darek las observó con una sonrisa cálida; ese pequeño cuadro lo conmovió más de lo que esperaba.

El salón más grande del acuario tenía un tanque gigantesco iluminado con una luz turquesa. El dragón marino juvenil nadaba en círculos, moviendo sus largas aletas como velos flotantes.

Summer dio un paso adelante, impresionada.

—Es… ¡es enorme!

El dragón se acercó al cristal y bajó la cabeza, como saludando.

Aisa se agachó detrás de la niña.

—Se llama Telorian. Es muy joven todavía, pero ya entiende emociones.

—¿Emociones? —preguntó la pequeña.

—Sí —añadió Darek—. Sabe cuándo alguien está feliz… o asustado.

Summer apoyó la palma en el cristal.

El dragón hizo lo mismo desde el otro lado.

Aisa y Darek se sorprendieron por la conexión inmediata.

—Le gustas —dijo Aisa con ternura.

—Es porque soy fuerte —respondió Summer levantando el mentón—. ¡Y porque mis papás están conmigo!

Eso hizo que ambos se quedaran en silencio, mirando a la niña con un sentimiento difícil de explicar: mezcla de protección, cariño y una extraña sensación de destino.

Darek carraspeó, intentando romper la tensión que sus propias emociones le habían provocado.

—Bueno… ¿quieres ver la sala de las criaturas luminosas?

—¡SÍ! ¡Vamos, ustedes dos!

Les tomó de las manos otra vez, jalándolos hacia adelante.

Aisa y Darek compartieron una mirada silenciosa… llena de algo suave, tímido, e inevitable.

En la cafetería del acuario, donde todo tenía tonos marinos, Summer recibió un menú infantil ilustrado. Eligió un plato de fideos con forma de peces.

—¡Tienen colita! —dijo feliz antes de dar el primer bocado.

Aisa pidió un té azul brillante. Darek, un jugo de mango espumoso.

—Creo que está disfrutando el día —comentó Aisa observando a la niña.

Darek asintió.

—Desde que llegó, todo es más… vivo.

Aisa bajó la mirada, jugueteando con la taza.

—También para mí.

El silencio que siguió no fue incómodo. Fue cálido, como una brisa.

Summer, sin darse cuenta, los miró y sonrió con una alegría genuina, como si verlos juntos la hiciera sentir segura.

Al salir del acuario, el sol empezaba a descender, tiñendo el cielo de dorado. Summer iba caminando entre ambos, sosteniéndolos todavía de la mano.

—¿Podemos volver otro día? —preguntó.

—Claro —respondió Darek.

—Cuando quieras —añadió Aisa.

Summer apretó sus manos, feliz.

—Me encanta estar con ustedes.

Aisa y Darek intercambiaron una mirada que decía más de lo que se atrevían a poner en palabras.

El día azul en el acuario había terminado…

pero algo en la relación entre los tres había crecido con fuerza.

Algo que solo seguiría profundizándose.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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