Darek: A Complicated Adventure - Capítulo 25
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- Capítulo 25 - Capítulo 25: “Tormenta en la Cabaña”
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Capítulo 25: “Tormenta en la Cabaña”
La lluvia había comenzado en la madrugada, suave al principio, como un murmullo que acariciaba los ventanales de la cabaña. Pero para la mañana ya había evolucionado a una tormenta ruidosa, con relámpagos que iluminaban el interior por breves instantes y truenos que hacían vibrar hasta las cucharas en la mesa.
En el comedor, todos estaban reunidos.
Darek repartía tazas calientes de té, Aqua preparaba unas tostadas, Kevin y Bonnie discutían por quién había terminado primero el entrenamiento de la tarde anterior, y Neithan —serio como siempre— revisaba unos grimorios empolvados que había encontrado en el sótano.
Summer se mantenía junto a Aisa, bien pegada a su brazo.
Un trueno cayó tan fuerte que hizo que la cabaña completa temblara ligeramente.
—¡Uwaaaah! —Summer dio un brinco y se escondió tras Aisa, abrazando su cintura.
Aisa también dio un pequeño sobresalto—. ¡Y-Yo no me asusté tanto! —mintió con las mejillas rojas.
Todos la miraron con una sonrisa cómplice.
—Claro que no —dijo Darek suavemente—. Solo te sobresaltaste como un conejito.
—¡¿C-Cómo un conejito?! —se indignó Aisa, mientras Summer asentía en silencio porque, efectivamente, lo había parecido.
Otro trueno estalló afuera.
Summer saltó otra vez y se aferró a la pierna de Aisa.
Aqua observó la escena, preocupada pero también enternecida.
—Tal vez deberíamos buscar actividades dentro de casa —propuso Aqua, mirando por la ventana cómo los árboles se sacudían con violencia—. No parece que vaya a parar pronto.
—¡Juegos! —exclamó Kevin, subiendo los brazos.
—¡Competencias! —gritó Bonnie, chocando con él la cabeza como si estuvieran listos para una pelea.
—No, ustedes dos no —dijo Neithan sin levantar la vista de su libro—. La última vez casi incendian la cocina.
Kevin y Bonnie se miraron… y asintieron porque sí, era verdad.
Darek se agachó frente a Summer y Aisa.
—Bueno, hoy nos quedaremos en casa —sonrió—. Y haremos que esta tormenta sea divertida, ¿les parece?
Summer asintió… justo cuando otro trueno sonó y volvió a esconderse en Aisa.
Aisa le acarició la cabeza con ternura.
—Está bien… yo también… estoy un poquito nerviosa —susurró, como si confesara un delito.
Summer la miró con sorpresa… y después sonrió, como si sintiera que compartir ese miedo la hacía sentir más segura.
Aqua tuvo una idea.
—¿Y si construimos una especie de… refugio? Como una guarida para protegernos del ruido.
Summer abrió los ojos emocionada.
—¡Una guarida! ¡Sí!
En cuestión de minutos, la sala se había llenado de mantas, almohadones, sábanas colgadas como techos improvisados y pequeñas luces brillantes de hechizos de Bonnie.
Kevin trató de hacer una entrada secreta que terminó siendo demasiado pequeña para entrar, pero Summer la usó para colarse riendo.
Darek y Aisa trabajaban juntos acomodando el “muro” principal de mantas gruesas. Cada vez que un trueno sonaba, Aisa se acercaba más a Darek sin darse cuenta… y luego se separaba con las mejillas al rojo vivo.
Summer imitaba todo lo que veía:
Si Aisa se sobresaltaba, ella también.
Si Aisa apretaba los ojos, ella los apretaba más fuerte.
—Creo que tu hija te copia todo —susurró Kevin en broma a Darek.
—N-No es mi hija —respondió Darek, incapaz de manejar el peso de esa palabra todavía.
Neithan observó desde la mesa del comedor, medio escondido detrás de su libro, pero claramente disfrutando de ver a todos trabajar juntos.
La tormenta seguía furiosa afuera, pero en la guarida las luces encantadas de Bonnie flotaban suavemente como luciérnagas.
—¡Cuentos de aventuras! —ordenó Bonnie, como si fuera la líder del grupo.
Aqua fue la primera, contando una historia dulce sobre criaturas marinas amistosas.
Kevin contó una historia donde él era el héroe, y Bonnie lo interrumpió cada dos segundos para corregirlo.
Aisa contó una historia cálida de cuando ella, Darek, Kevin y Bonnie eran niños y jugaban a ser guerreros en el bosque.
Darek escuchaba con una sonrisa nostálgica.
Summer abrazó a Aisa mientras ella hablaba, mirándola como si fuese la persona más importante del mundo.
Un trueno retumbó fuerte.
Aisa se tensó.
Summer también.
Darek, suavemente, apoyó la mano sobre sus cabezas, dándoles calor.
Las dos se calmaron al instante.
Aqua miró a los tres desde el otro lado de la guarida.
Había en su rostro una mezcla de ternura… y una sombra de preocupación que intentaba ocultar.
Cuando la tormenta estuvo en su punto más fuerte, Neithan cerró su grimorio y se levantó.
—Vengan —murmuró con su tono serio pero protector—. Les enseñaré un hechizo para calmar el ruido en la mente.
Todos lo siguieron, incluso Summer, aunque le tomaba con fuerza el pantalón para no soltarse.
En el centro de la sala, Neithan hizo un gesto elegante con las manos, y un lazo de fuego tenue —suave y cálido, no peligroso— se encendió flotando en el aire.
—Esto crea una sensación de seguridad. No bloquea el sonido real, pero ayuda a que el miedo… no controle todo.
Summer observó fascinada.
Aisa también, porque nunca había visto a Neithan usar magia con tanta delicadeza.
Kevin y Bonnie estaban hipnotizados por la forma en que el fuego bailaba sin quemar.
Darek sonrió. Conocía ese hechizo: Neithan lo había usado con él cuando ambos eran pequeños.
Summer dio un paso adelante… y tocó la luz con la punta de sus dedos.
El fuego se arremolinó y cambió de color, volviéndose un naranja más brillante.
—Heh… parece que le gusta —murmuró Neithan, sorprendido.
La tormenta seguía, pero la tensión en la sala parecía disminuir.
Para la tarde, aunque seguía lloviendo, los truenos ya habían cesado.
Summer se encontraba dormida en el regazo de Aisa.
Aisa también estaba a punto de quedarse dormida, con la cabeza recostada en el hombro de Darek sin darse cuenta.
Kevin y Bonnie estaban agotados de tanto jugar.
Aqua acomodaba una manta sobre los más pequeños del grupo (es decir, Aisa y Summer, porque Kevin insistía que él no tenía sueño, pero ya estaba roncando).
Neithan, de regreso en su silla, observaba la escena con una expresión muy leve de orgullo.
Darek acarició la cabeza de Summer con cuidado.
—Creo que… sobrevivimos a la tormenta —susurró con una sonrisa.
Aisa, medio dormida, murmuró:
—La próxima vez… podemos construir una guarida más grande…
Darek rió en silencio.
Y, por un día entero, la cabaña —su hogar— se había convertido en un refugio cálido contra el rugido del mundo exterior.
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