Darek: A Complicated Adventure - Capítulo 26
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Capítulo 26: “Tormenta en el Techo y Luz en el Corazón”
La tormenta no había disminuido desde la noche anterior. Golpeaba el techo de la cabaña con una furia rítmica, como si un gigante estuviera tamborileando desde el cielo. Afuera, los árboles se mecían en un baile violento, y el bosque entero parecía gruñir contra el viento helado.
Dentro de la casa, el ambiente era muy distinto: cálido, iluminado por lámparas de cristal y por el suave resplandor anaranjado de la chimenea encendida gracias a Darek.
Aisa estaba sentada en el sofá, abrazando un cojín azul y mirando hacia las ventanas con ojos temblorosos. Summer estaba a su lado, imitando exactamente su postura, incluso frunciendo la nariz del mismo modo cuando un trueno retumbaba cerca.
—No me gusta esta tormenta… —murmuró Summer.
—A mí tampoco… —susurró Aisa, casi idéntica.
Darek no pudo evitar sonreír. Había algo tierno en verlas actuar de manera tan parecida, incluso en sus miedos. Aisa ya estaba roja de la vergüenza por dejarse ver así… y Summer simplemente parecía una bolita de nervios con cabello despeinado.
Mientras tanto, Aqua preparaba té caliente en la mesa, Kevin y Bonnie discutían por quién había dejado la ventana mal cerrada, y Neithan… bueno, Neithan estaba tratando de dormir, pero cada trueno hacía que frunciera el ceño con más fuerza.
—Ok, ok, ok —dijo Darek, juntando las manos—. ¡Tenemos que distraerlas!
—¿A las dos? —preguntó Bonnie con una ceja alzada.
—Sí, a las dos —respondió él mirando a Aisa y Summer.
Otro trueno estremeció la casa. Summer saltó y se abrazó a la pierna de Aisa, y Aisa soltó un grito muy agudo que hizo que Kevin se atragantara de risa.
—¡Kevin, no te rías! —le lanzó Bonnie un cojín.
—¡Ay! ¡Bonnie, eso dolió más que el trueno!
Aqua llevó tres tazas de té a la sala y se arrodilló frente a Aisa y Summer.
—No tienen de qué preocuparse —dijo con una sonrisa suave—. La tormenta no puede hacerles daño aquí dentro.
Summer la miró, aún aferrada a Aisa.
—¿Segura?
—Segurísima —respondió Aqua inclinando la cabeza como si fuera un gesto real de princesa.
Pero la calma duró… tres segundos.
¡CRAAACK!
Un trueno que sacudió hasta los cimientos.
Summer pegó un salto y se lanzó directamente hacia Darek, aferrándosele al torso. Aisa hizo lo mismo… pero en lugar de saltar hacia Darek, lo hizo hacia Aqua, terminando ambas en un montón caótico de brazos, té y gritos.
—¡Mi teeeé! —se lamentó Aqua.
Kevin y Bonnie estallaron en carcajadas.
Neithan apareció desde el pasillo, con cara de zombie cansado.
—¿Pueden… dejar… de sonar tan fuerte…? —murmuró, con voz grave—. La tormenta ya hace suficiente ruido…
—Eres tú el que suena como un demonio dormido —bromeó Kevin.
—Kevin, por tu bien, no empieces —gruñó Neithan.
Summer, todavía agarrada a Darek, tiró suavemente de su camisa.
—Papi… no me gusta el cielo enojado.
Aisa se sonrojó instantáneamente al escuchar “papi”, aun cuando sabía bien que era una palabra que Summer le traía de su propio universo.
—Está bien —dijo Darek con una sonrisa cálida, acariciándole la cabeza—. Vamos a distraernos. Algo divertido. Algo que haga tanto ruido que la tormenta ni se escuche.
Bonnie dio un salto.
—¡Competencia de juegos de mesa!
—¡No! —replicó Kevin—. ¡Historias de miedo!
—Kevin, ¿estás viendo a Summer? —lo regañó Aisa—. ¡No historias de miedo!
—Joo…
—¿Por qué no ambos? —intervino Aqua—. Juegos primero. Historias después. Pero suaves, Kevin. Suaves. Súper suaves.
Kevin suspiró.
—Está bien… cuentos “suaves”… —hizo comillas en el aire.
Neithan tomó asiento en silencio.
—Si van a jugar, hagan silencio… pero en paz, no en caos.
—Eso no existe aquí —dijo Bonnie, dándole una palmada en la espalda.
Mientras la tormenta rugía afuera, el grupo se reunió en el suelo alrededor de una mesa baja. Darek acomodó a Summer sobre una manta, y Aisa se sentó a su lado, ya un poco más tranquila.
Kevin eligió el primer juego: un tablero mágico que proyectaba pequeñas criaturas hechas de luz. El objetivo era atraparlas usando hechizos simples… pero controlados.
Summer quedó maravillada.
—¡Mira, Mami! ¡Una ranita de luz!
Aisa sonrió dulce, dejando atrás casi todo su miedo.
—Sí… ¡y es muy linda!
Cada vez que Summer atrapaba una criatura, esta explotaba en pequeños fuegos artificiales suaves que llenaban la sala de destellos.
Incluso Aqua estaba divirtiéndose, aunque de vez en cuando su mirada viajaba hacia la ventana, preocupada por lo que pudiera haber ahí fuera… o por lo que pudiera volver.
Neithan, pese a que fingía que no, se estaba divirtiendo también. Cada vez que Kevin perdía, hacía un comentario sarcástico que provocaba risas.
La tormenta seguía, sí… pero adentro, la risa era más fuerte.
Cuando el juego terminó, un último trueno resonó, el más grande de todos.
Summer saltó otra vez y se enterró en los brazos de Aisa. Esta vez, Aisa no gritó; simplemente la abrazó con fuerza.
—Estoy aquí, Summer. Todo está bien —susurró.
Darek observó la escena, sintiendo un calor en el pecho que nada tenía que ver con sus poderes.
—La tormenta va a pasar —dijo, acercándose a ambas.
Neithan, desde el sillón, murmuró:
—Siempre pasa. El cielo se cansa de gritar tarde o temprano.
Summer levantó la cabeza.
—¿De verdad?
Darek sonrió.
—De verdad. Y cuando pase… el bosque va a brillar de nuevo.
Aisa suspiró, ya mucho más calmada.
—Espero que el bosque no brille demasiado… los Sombrárbol también brillan cuando están molestos…
—Aisa… —Darek rió—. Es solo un dicho, no literal.
—Ah… bueno… sí. Lo sabía —mintió, sonrojándose.
Todos rieron suavemente.
La tormenta, finalmente, comenzó a disminuir.
Y mientras el sonido de la lluvia se convertía en un murmullo tranquilo, el ambiente dentro de la cabaña se llenó de algo mucho mejor que silencio:
Calma.
Unión.
Y el sentimiento acogedor de estar juntos, incluso cuando el cielo decide gritar.
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