Darek: A Complicated Adventure - Capítulo 29
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Capítulo 29: “Día de Dos Caminos”
La mañana amaneció clara y cálida, una de esas que parecían hechas para hacer planes. Summer estaba terminando su desayuno con toda la emoción acumulada de un cachorro de lobo mágico. Darek apenas había dado dos pasos cuando la niña lo abrazó por detrás.
—¿Hoy vamos a la ciudad, papá? —preguntó con esos ojos grandes que parecían brillar solos.
Darek se sonrojó un poco, aún acostumbrándose a cómo sonaba esa palabra viniendo de ella, mientras Aisa sonreía de manera automática, con ternura mezclada con una pizca de nerviosismo. Aqua observaba la escena desde la mesa, serena, aunque esa serenidad temblaba en los bordes.
—Sí —respondió Darek despeinándole el cabello—. Hoy iremos juntos. No saldremos muy lejos, pero veremos tiendas, comeremos algo rico… y compraremos un helado.
—¡¿Helado?! —Summer parecía a punto de despegar al techo.
Mientras el cuarteto se preparaba para salir, en la entrada Neithan ajustaba su capa oscura. Kevin y Bonnie estaban ya afuera, haciendo ruidos de “¡aventuraaa!” como si fuesen dos niños grandes.
—Nosotros revisaremos el bosque —anunció Neithan con su tono seco habitual—. Si ese demonio rondaba cerca, es mejor no confiarse.
—¡Yo llevo la mochila de explorador! —gritó Kevin orgulloso.
—Kevin, eso es una bolsa de pan con un dibujo. —Bonnie le dio un golpecito.
—Es mi mochila de explorador —respondió él ofendido.
Darek abrió la puerta y antes de marcharse, miró a su hermano:
—Ten cuidado.
Neithan sostuvo la mirada un segundo.
—Cuida tú a las chicas. Yo me encargo de la parte peligrosa.
Summer se despidió agitándole la mano.
—¡Adiós tío Neithaaaaan!
La seriedad de Neithan se quebró apenas un centímetro, pero no logró ocultar la micro-sonrisa que se escapó.
Y así, los caminos se separaron.
La ciudad cercana siempre era un contraste enorme respecto a la cabaña en la colina. Sus calles estaban llenas de colores, comerciantes, hechiceros ofreciendo trucos por monedas, músicos animando las esquinas y aromas de pan dulce que parecían arrastrarte.
Summer iba entre Darek y Aisa, sujetando sus manos como si fueran sus anclas permanentes en ese universo.
Aqua caminaba detrás, observando todo con un silencio delicado.
—¿Podemos ir a esa tienda? —preguntó Summer señalando una vidriera llena de vestidos brillantes.
—Claro —respondió Aisa con entusiasmo.
Dentro, la niña probó telas, capas diminutas, sombreros y accesorios mágicos que cambiaban de color según las emociones. Uno se volvió rojo brillante cuando Summer lo tocó.
—Ese está feliz —explicó la dependienta—. Reacciona a la energía de quien lo lleva.
—¡Pues cómpramelo! —pidió Summer girando hacia Darek, pero con una mirada que también arrastró a Aisa.
Darek no pudo evitar reír.
—Está bien, está bien. Uno.
Aqua se acercó y le colocó un pequeño broche en forma de gota.
—Este es suave. No pesa y te protegerá de la lluvia —dijo ella con una dulzura que sorprendió a las tres.
Summer la abrazó sin pensarlo.
—¡Gracias tía Aqua!
El rostro de Aqua se enterneció por completo. Aisa observó la escena en silencio, sin celos, solo tratando de entender.
Después pasaron por un puesto de dulces, un espectáculo callejero de un mago que hacía aparecer ranas cantoras, y una librería donde Aisa casi se queda encerrada mirando tomos antiguos sobre criaturas del bosque.
—Aisa, no puedes adoptar un libro —bromeó Darek al verla abrazando uno.
—¿Y quién dice que no? —respondió ella con una sonrisa tímida.
Todo iba perfecto… hasta que Summer se detuvo de golpe en medio de la calle.
Le tiró suavemente del brazo a Darek y señaló a la distancia, hacia una calle lateral, donde entre la multitud se había asomado una silueta negra.
—Papá… —susurró— ese… ese es el que me persiguió ese día.
Aqua y Aisa giraron al mismo tiempo. Pero cuando Darek se puso delante de Summer, la figura ya había desaparecido.
—No hay nadie —dijo Aqua, aunque su voz se tensó.
—Lo vi… —murmuró Summer escondiéndose detrás de Darek.
El ambiente de la ciudad seguía festivo, pero alrededor de ellos parecía haberse instalado una sombra invisible.
Aisa se inclinó para quedar a la altura de Summer.
—Estamos contigo, ¿sí? No dejaremos que nada malo pase.
Summer la abrazó fuerte.
—No quiero que se los lleve otra vez… —susurró.
Darek sintió un escalofrío en la nuca, aunque no sabía por qué.
—Vamos a un lugar más concurrido —dijo con calma—. Después volveremos a la casa.
No querían arruinar el día de Summer… pero había algo en el aire que ninguno de ellos quiso ignorar.
Mientras tanto, lejos de la ciudad, Kevin, Bonnie y Neithan avanzaban entre árboles altos y silenciosos.
Neithan se detuvo de pronto, tocando la corteza quemada de un tronco.
—Esto es reciente —dijo.
—¿Qué lo hizo? —preguntó Bonnie acercándose.
—Algo que no deberíamos ignorar.
Kevin alzó un amuleto detector que había tomado “prestado” de la biblioteca mágica local.
—Marca energía demoníaca… Pero también… algo mezclado. No sé, como si fuera demonio y no al mismo tiempo.
Neithan frunció el ceño.
—Eso no es común.
Bonnie miró la huella quemada, luego el bosque oscuro frente a ellos.
—¿Y si la cosa esa está vigilando… a Summer?
Kevin tragó saliva.
—¿Crees que esté detrás de ella?
Neithan no respondió. Pero su expresión lo dijo todo.
De vuelta a la ciudad…
Aqua se detuvo frente a una pastelería, pero ya no veía los dulces. Sus ojos seguían la dirección de la calle donde Summer había señalado antes.
Aisa sujetó su mano con calma.
—No te culpes por sentir miedo —dijo en voz baja—. Todos lo sentimos.
Aqua la miró sorprendida; no esperaba comprensión.
—Yo… solo quiero protegerlos —susurró.
Darek se acercó, con Summer subida en su espalda.
—Entonces lo haremos juntos —dijo él—. Como siempre.
Summer apoyó su mejilla en el hombro de Darek.
—Estamos juntos… nadie me va a llevar.
Y por un instante, pese al murmullo lejano de la amenaza, la ciudad volvió a sentirse amable.
La tarde comenzaba a desvanecerse cuando Darek, Aisa, Aqua y Summer regresaban por el camino empedrado hacia la cabaña. Summer llevaba una bolsa con su ropa nueva que sacudía alegremente de un lado a otro, emocionada por enseñar sus cosas a los demás.
—¡Miren, miren! —decía la niña, dando pequeños saltitos que hacían tintinear sus sandalias nuevas—. ¡Tengo calcetines con dibujitos de dragones!
Aisa reía con ternura.
—Cuidado, Summer, no vayas a tropezar.
—Yo la cuido —respondió Summer, aferrándose a su mano y a la de Darek al mismo tiempo.
Aqua, caminando del otro lado, observaba aquella imagen con una mezcla cálida y melancólica. Darek sonreía mientras hablaba con las dos, sin notar la mirada tranquila y enamorada de Aqua… al menos no todavía.
Cuando por fin llegaron a casa, la puerta se abrió de golpe.
—¡YA ERA HORA! —exclamó Bonnie, apuntándolos con una escoba como si fueran enemigos.
Kevin apareció detrás de ella con una sonrisa cansada.
—Ignórala, está alterada porque casi se cae de un árbol.
—¡Porque TÚ lo moviste! —le reprochó Bonnie empujándolo con el hombro.
Neithan salió último, cubierto de polvo y hojas—y más serio que de costumbre.
Darek se tensó.
—¿Encontraron algo?
Neithan cruzó los brazos.
—Sí. Y no es bueno.
Todos entraron a la sala. Summer se sentó en el sillón abrazando su bolsa nueva; Aisa tomó asiento a su lado, y Aqua permaneció cerca de la ventana, observando el bosque con atención.
Kevin fue el primero en hablar.
—Vimos… sombras. No Sombrárbol, no bestias. Algo más grande. Algo que nos estaba siguiendo.
Bonnie asintió con un escalofrío.
—Y no eran sombras naturales. Podían trepar, moverse, detenerse cuando nos deteníamos. Como si… respiraran.
Darek frunció el ceño.
—¿Era el demonio?
Neithan negó.
—No lo vimos directamente. Pero encontramos marcas… —sacó un pedazo de corteza quemada—. Quemaduras. Profundas. Como si se hubiera apoyado algo que no era fuego normal.
Aqua, mirando la corteza, murmuró:
—Se siente… magia corrupta.
Kevin se estremeció.
—Sea lo que sea, no le gusta la luz. Cada vez que encendíamos un hechizo o una llama, retrocedía.
Darek tomó aire.
—Bien. Mañana lo investigaremos juntos. No dejaremos que nada ni nadie vuelva a acercarse a Summer.
La niña levantó la cabeza con inocencia.
—¿El demonio quiere jugar conmigo?
—No, pequeña —respondió Aisa suavemente, acariciándole el cabello—. No es un amigo. Pero nosotros te cuidaremos.
El ambiente se suavizó… apenas un poco. Con el cansancio encima, todos comenzaron a dispersarse para cenar algo ligero.
Fue entonces cuando Aqua se acercó a Darek.
—Oye… —susurró—. ¿Quieres caminar un rato conmigo antes de dormir?
Él la miró sorprendido.
—Claro. Te vendrá bien despejarte.
Aisa los observó partir, con una sonrisa amable… pero también con un sentimiento que aún no terminaba de comprender.
La noche estaba tranquila, iluminada por un cielo sembrado de estrellas. Darek y Aqua caminaron por el sendero rocoso que subía por la colina hacia los miradores naturales.
—Fue un día largo —dijo Darek—. Pero me alegra que Summer se sintiera feliz.
—Sí —respondió Aqua, jugando con una brizna de hierba entre los dedos—. Pero… Darek, me preocupa que ese demonio la esté siguiendo.
Él bajó la mirada.
—A mi también me preocupa. Pero mientras esté con nosotros, estará a salvo.
Aqua se detuvo.
—¿De verdad lo crees?
—Lo sé.
Sus palabras hicieron que Aqua respirara hondo, como si su corazón soltara un peso.
Siguieron caminando hasta llegar al borde de la montaña. Desde allí, la ciudad brillaba como un mar de luces lejanas, y el bosque se extendía como una sombra viva.
Aqua se sentó en una roca, levantando la vista al cielo.
—Darek… —dijo con voz suave—. ¿Te dije alguna vez lo feliz que soy por estar contigo?
Él sonrió, algo sonrojado.
—Me lo demuestras todos los días.
Aqua se rió, bajando la mirada.
—Pero… no lo digo mucho en voz alta.
El viento agitó su cabello azul. Darek se acercó, sentándose a su lado.
—Aqua, sé que no hemos tenido muchos momentos a solas últimamente, con todo lo que ha pasado. Pero lo que siento por ti sigue igual. Nada va a cambiar eso.
Aqua lo miró como si esas palabras la derritieran por dentro.
—Yo también… —susurró.
Hubo un silencio.
No incómodo.
Sino lleno de todo lo que nunca habían dicho.
Aqua levantó una mano para tocar su mejilla, y Darek tomó esa mano suavemente entre las suyas.
Ella sonrió.
—Hace mucho que quería hacer esto.
Darek inclinó la cabeza ligeramente.
—Yo también.
Y entonces, finalmente, se besaron.
Un beso dulce, necesario, que no buscaba intensidad sino conexión.
Un beso que Aqua había esperado desde que la historia empezó.
Un beso que Darek correspondió sin titubeo, sosteniéndola con ternura.
Cuando se separaron, Aqua apoyó la frente en la de él.
—Te amo, Darek.
Él sonrió, respirando tranquilo por primera vez en días.
—Y yo a ti, mi reina.
El viento siguió soplando, llevando el eco de su momento a lo alto de las montañas…
Sin que ninguno de los dos notara la silueta oscura, casi imperceptible, observándolos desde la profundidad del bosque.
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