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Darek: A Complicated Adventure - Capítulo 35

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Capítulo 35: “La Decisión de Medianoche”

La casa estaba completamente en silencio.

Después de lo recientemente sucedido esa noche, todos se habían desplomado en sus habitaciones. Summer dormía profundamente, abrazada a su nuevo peluche de dragón azul que Aisa le había comprado. Aqua descansaba, aunque con el ceño fruncido, como si una parte de ella aún no confiara en la calma del momento. Aisa dormía inquieta, murmurando el nombre de Summer entre sueños.

Y Neithan… Neithan dormía con un ojo medio abierto, como si su cuerpo jamás pudiera permitirse descansar del todo.

Pero aun así, nadie escuchó cuando la puerta principal se abrió muy despacio.

Darek, con un abrigo puesto para protegerse de la lluvia, salió al exterior sin hacer ruido. La luna iluminaba el camino, bañando la colina de un brillo frío. El viento arrastraba hojas secas, y todo parecía contener la respiración.

Darek avanzó sin mirar atrás.

No era rabia lo que lo movía.

No era orgullo.

Era miedo, un miedo enorme e insoportable… y la certeza de que ya no podía perder el tiempo.

La pesadilla de Summer, sus palabras temblorosas aquella mañana, su llanto diciendo “No quiero perderte otra vez, papá”… eran cosas que Darek no podía borrar.

El Demonio estaba cerca. Lo había estado desde hace semanas.

Lo había seguido.

Lo había acechado.

Lo había observado.

Y ahora, después de ver a su hija aterrada, algo dentro de Darek simplemente se quebró.

—No voy a permitir que te acerques de nuevo —susurró mientras caminaba colina abajo—. No voy a esperar a que aparezcas, ni dejar que lastimes a más nadie… Esta noche termino contigo.

El bosque se tragó su figura, cerrándose detrás de él como una boca oscura.

A medida que avanzaba entre los árboles, una sensación familiar—y desagradable—se extendía por su piel. Era esa energía pesada, densa y casi pegajosa que todos en casa ya habían empezado a reconocer desde los incidentes recientes.

Pero esta vez era distinta.

Más intensa.

Más cercana.

—Sé que estás aquí —dijo Darek en voz alta—. Siempre lo estás.

La brisa se detuvo.

El bosque se quedó inmóvil.

Las sombras parecieron enderezarse, como si escucharan.

Un susurro suave pasó entre los árboles.

Darek apretó los dientes.

—No te tengo miedo.

Sus manos comenzaron a brillar con un fuego rojizo y cálido, suave al principio… pero creciendo con la tensión de su cuerpo. El fuego respondía a sus emociones, como siempre lo había hecho.

—No voy a dejar que pongas un solo dedo sobre Summer —agregó, con la voz grave.

Una figura oscura cruzó entre los árboles a una velocidad imposible. Darek se giró, pero ya había desaparecido.

Luego se movió detrás de él.

Luego delante.

Luego a su izquierda.

Lo estaba rodeando.

Jugando con él.

O evaluándolo.

El fuego alrededor de Darek se volvió más brillante.

—¡Muéstrate!

Un susurro volvió a sonar… pero esta vez era una voz.

Una voz que él reconoció sin querer reconocerla.

Su cuerpo se heló de golpe.

—…Darek…

El fuego titubeó.

Porque era la voz dulce, tranquila, casi musical que tantas veces había escuchado en su vida.

Una voz que no debería estar allí.

Una voz que pertenecería a alguien que dormía en su habitación, dentro de la casa.

—Aqua… —susurró, sintiendo cómo algo frío le recorría la columna.

Pero esa Aqua no respondió.

Solo volvió a pronunciar su nombre de una manera antinatural, casi vacía.

Y en ese instante, entre dos troncos, una silueta oscura apareció.

No se veía con claridad.

No tenía un rostro definido, ni un cuerpo estable.

Parecía una sombra retorcida, humanoide… pero con los ojos brillando en un tono azul que no pertenecía a un demonio común.

A Darek se le apretó la garganta.

—No eres ella. —Su fuego volvió a arder, más firme y peligroso—. NO eres Aqua.

La sombra se encorvó, casi como si sonriera.

Entonces dio un paso hacia él.

Darek se puso en guardia.

El bosque entero vibró.

El aire se volvió pesado.

La sombra se acercó más, lenta, muy lenta, como si disfrutara viendo cómo él tensaba cada músculo.

Hasta que estuvo a menos de dos metros.

Darek tragó saliva.

La sombra inclinó la cabeza.

Y en un susurro que helaría incluso a un dragón de fuego, pronunció:

—…Summer…

El fuego de Darek explotó alrededor suyo.

El choque de energías sacudió las hojas, los troncos, la tierra misma.

Y justo antes de embestir a la criatura, Darek pensó en su hija, en su sonrisa, en cómo lo abrazaba… y en cómo lo llamó “papá” sin dudar ni un segundo.

—No vas a tocarla jamás —rugió.

La batalla comenzó.

Dentro de la casa, Summer abrió los ojos de golpe en su cama.

No había trueno.

No había ruido.

No había pesadilla esta vez.

Solo un vacío súbito en su pecho.

Se sentó lentamente.

Miró hacia la ventana que daba al bosque.

Y sin entender por qué… susurró:

—Papá…

Diez minutos en el abismo.

La noche se había cerrado sobre la colina como un telón pesado, más oscuro que de costumbre. Las nubes ocultaban la luna, y el bosque entero parecía contener la respiración. Todos dormían en la cabaña… menos Darek.

El choque fue brutal.

Darek lanzó un arco de fuego que iluminó el bosque entero por un instante, creando sombras gigantescas entre los árboles. La entidad esquivó, moviéndose como humo sólido, golpeando a Darek en el pecho y arrojándolo contra un tronco.

Volvió a ponerse de pie.

Chispas rojizas surgían de sus brazos mientras apretaba los puños.

—¡Vamos! —gritó, cargando de nuevo.

El Demonio replicó con velocidad inhumana, apareciendo y desapareciendo entre la oscuridad, obligando a Darek a pelear casi a ciegas. El fuego trazaba líneas anaranjadas en la noche mientras las ramas explotaban a su alrededor.

Los diez minutos se sintieron eternos.

El suelo temblaba.

Los árboles ardían por segundos para luego apagarse.

Darek jadeaba.

La criatura seguía sin mostrar cansancio.

Hasta que finalmente el demonio retrocedió, como si hubiera recibido una señal, y desapareció entre los árboles en un parpadeo.

Darek cayó sobre una rodilla, respirando con dificultad, apoyándose en una mano para no desplomarse.

—Cobarde… —murmuró, limpiándose la sangre del labio—. No voy a dejar que vuelvas por ella.

Se incorporó de nuevo, y salió a buscarlo al lugar donde se escabulló.

Mientras tanto, en la cabaña

Summer seguia despierta, se había quedado mirando la ventana desde su cama… Hasta que se levantó

Se bajó de la cama y caminó hasta la ventana, apoyando las manos en el vidrio frío.

—…Papá… —susurró con un hilito de voz.

Sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas.

Un mal presentimiento la invadió. Caminó rápido, casi corriendo, por el pasillo oscuro hasta la habitación de Darek. Abrió la puerta.

Vacía.

—¿Papá?… ¿Papá? —susurró, su vocecita temblando.

Buscó en la cocina, en el baño, en la sala y el comedor, buscó en todos los rincones posibles…

Nada.

Su quijada empezó a temblar y los ojos se le llenaron por completo.

Corrió al cuarto de Aisa.

—M-Mami… —sollozó, tirándole suavemente de la ropa para despertarla—. P-papá… papá no está… No está en ningún lado… No está…

Aisa abrió los ojos de golpe al verla así.

—¿Qué pasó? Summer, tranquila, respira… —intentó abrazarla, pero Summer negó con la cabeza, desesperada.

—¡No está! —lloró contra su pecho—. ¡Papá se fue!… ¡Papá se fue al bosque!

Aisa sintió que el corazón se le congelaba.

Se levantó al instante.

Y supo, sin que nadie se lo dijera, que algo terrible estaba ocurriendo allá afuera.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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