Darek: A Complicated Adventure - Capítulo 38
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- Capítulo 38 - Capítulo 38: "Ecos que no se apagan"
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Capítulo 38: “Ecos que no se apagan”
La casa estaba en silencio, pero no era un silencio tranquilo.
Era uno de esos silencios que crujen, que pesan en el pecho, como si las paredes mismas recordaran lo ocurrido horas antes. La lluvia había cesado y el bosque, allá afuera, parecía contener la respiración.
Darek yacía recostado en el sofá principal, cubierto con mantas gruesas. Su respiración era estable, pero profunda, como si cada inhalación le costara volver del lugar al que había sido arrastrado durante la batalla. Su piel aún conservaba rastros de ceniza, y pequeñas marcas rojizas recorrían sus brazos, señales del fuego que había liberado sin medir consecuencias.
Aisa no se había movido de su lado.
Estaba sentada en el suelo, con la espalda apoyada contra el sofá y una de las manos aferrada con fuerza a la de Darek, como si temiera que, si lo soltaba, él pudiera desvanecerse otra vez. Sus ojos estaban enrojecidos, no solo por el llanto reciente, sino por el miedo que todavía no se iba.
Summer dormía sobre el pecho de Aisa, hecha un pequeño ovillo, abrazando la manga de Darek con ambas manos. Incluso dormida, parecía decidida a no soltarlo.
Bonnie permanecía cerca de la puerta principal, revisando por enésima vez las runas protectoras que había trazado. Algunas aún brillaban débilmente.
—No se rompieron —murmuró—. Pero algo… las rozó. Como si hubiera estado probando la casa.
Kevin tragó saliva desde la mesa del comedor.
—Genial. Justo lo que necesitábamos. Un demonio curioso.
Neithan estaba de pie, apoyado contra una columna de madera, con los brazos cruzados. Tenía el ceño fruncido, más serio de lo habitual. Su mirada se desviaba constantemente hacia su hermano menor.
—Ese no fue un ataque al azar —dijo al fin—. Fue una advertencia.
Aqua, que había permanecido en silencio desde que regresaron, apretó las manos frente a su pecho.
—Dijo el nombre de Summer —susurró—. Eso realmente está decidido a llevársela.
Aisa levantó la cabeza de golpe.
—No vuelvas a decirlo así —pidió, con la voz quebrada—. Como si ella fuera un objeto… o una condición.
Aqua abrió la boca para responder, pero se detuvo. Sus ojos, grandes y brillantes, reflejaban algo más que preocupación. Había culpa. O miedo. Quizás ambas.
—No quise… —empezó—. Solo… tengo un mal presentimiento. Desde que apareció ese demonio, todo se siente… torcido.
Neithan la observó con atención, como si quisiera decir algo más, pero se contuvo.
En ese momento, Darek se movió.
Un leve gesto, apenas un fruncir de cejas, pero fue suficiente para que Aisa se incorporara de inmediato.
—¿Darek? —susurró, inclinándose sobre él.
Los ojos del chico se abrieron lentamente. Tardó unos segundos en enfocar, y cuando lo hizo, lo primero que vio fue el rostro de Aisa, tan cerca que pudo sentir su respiración temblorosa.
—¿…estamos en casa? —preguntó con voz ronca.
Aisa asintió rápidamente, con lágrimas cayendo sin control.
—Sí. Estás a salvo. Volviste.
Summer se despertó al escuchar su voz.
—¿Papá…? —murmuró, levantando la cabeza.
Darek giró apenas el rostro y, al verla, su expresión cambió por completo. El cansancio seguía ahí, pero fue desplazado por una ternura inmediata.
—Hey… pequeña —dijo, levantando con esfuerzo una mano para tocarle el cabello—. Estoy bien. Lo prometo.
Summer se lanzó sobre él, abrazándolo con fuerza, enterrando el rostro en su pecho.
—No te vayas otra vez —sollozó—. Ese monstruo… te quería llevar…
Darek cerró los ojos y rodeó a su hija con el brazo que le quedaba libre.
—No voy a irme —respondió, con una firmeza suave—. Nunca sin volver.
Aisa apoyó la frente contra el hombro de Darek, respirando hondo para no quebrarse de nuevo.
Kevin sonrió, aliviado, aunque su voz intentó mantener el tono ligero de siempre.
—Bueno… si el demonio quería asustarnos, logró justo lo contrario. Ahora estamos todos despiertos y de pésimo humor.
Bonnie soltó una risa corta.
—Habla por ti. Yo estoy oficialmente furiosa.
Neithan dio un paso al frente.
—Descansa —le dijo a Darek—. Mañana hablaremos. Esto… no terminó esta noche.
Darek asintió lentamente.
—Lo sé.
Aqua observó la escena en silencio. Cuando sus ojos se cruzaron con los de Darek, algo invisible pareció tensarse entre ambos. Él le dedicó una mirada larga, cargada de preguntas que aún no estaba listo para formular.
El demonio había hablado con su voz.
Y eso era algo que ninguno de ellos podía ignorar.
Mientras la noche avanzaba y el bosque volvía a moverse con susurros lejanos, una verdad se asentaba en la casa, pesada e ineludible:
El enemigo no se había ido.
Solo estaba esperando.
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