Darek: A Complicated Adventure - Capítulo 40
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- Capítulo 40 - Capítulo 40: "La Mesa del Amanecer"
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Capítulo 40: “La Mesa del Amanecer”
El amanecer llegó tímido, como si incluso el sol dudara en asomarse después de la noche que habían vivido. La lluvia de la madrugada había dejado el bosque cubierto de vapor, y la cabaña, silenciosa, parecía respirar con cautela. Dentro, el olor a pan caliente y té de hierbas llenaba la sala principal, mezclándose con una tensión que nadie se atrevía a nombrar.
Aisa fue la primera en moverse con naturalidad. Aun con los ojos cansados, se encargó de preparar el desayuno junto a Bonnie, que colocaba los platos con una seriedad poco habitual en ella. Kevin estaba sentado en una silla, balanceándola apenas, inquieto pero sin hacer bromas. Neithan permanecía de pie, apoyado contra la pared, brazos cruzados, mirando de reojo el pasillo que llevaba a las habitaciones.
Summer estaba sentada a la mesa, abrazando una taza demasiado grande para sus manos. No había vuelto a dormirse desde que regresaron. Sus pies no dejaban de moverse bajo la mesa.
—¿Papá… vendrá para desayunar? —preguntó en voz baja, rompiendo el silencio.
Aisa abrió la boca para responder, pero no hizo falta.
Desde el pasillo se escucharon pasos lentos. Un segundo después, Darek apareció en la puerta. Caminaba despacio, con el torso vendado y el rostro marcado por el cansancio, pero estaba de pie. Vivo. Con los ojos claros, aunque cargados de algo más pesado que el dolor físico.
Summer fue la primera en reaccionar.
—¡Papá! —gritó, bajándose de la silla y corriendo hacia él.
Darek apenas tuvo tiempo de inclinarse cuando la niña se aferró a su pierna con fuerza, como si temiera que desapareciera otra vez. Él cerró los ojos un instante y apoyó una mano temblorosa sobre su cabeza.
—Estoy aquí princesa… —murmuró—. No me fui a ningún lado.
Aisa se acercó enseguida, conteniendo las lágrimas. No lo abrazó de inmediato; solo lo miró, como asegurándose de que era real. Darek levantó la vista y le dedicó una sonrisa débil, de esas que no alcanzan a ocultar la culpa.
—Siéntate —ordenó Neithan con voz firme—. Antes de que te caigas.
Darek obedeció. Se sentó a la mesa, Summer sin soltarlo ni un segundo. El resto tomó asiento también. El sonido de los cubiertos fue lo único que se escuchó durante unos segundos eternos.
Finalmente, Darek respiró hondo.
—Antes de que digan nada… —comenzó—. Tengo que disculparme.
Todos levantaron la vista.
—Fui un irresponsable —continuó—. Salí solo. De noche. Sin avisar. Creí que podía arreglarlo todo por mi cuenta… como siempre. Y casi no vuelvo.
Kevin frunció el ceño.
—“Casi” no es una palabra que me guste escuchar cuando se trata de vos, amigo.
Bonnie asintió, brazos cruzados.
—Nos asustaste. A todos. Y no poco.
Darek apretó los labios.
—Lo sé. Y lo peor es que… los puse en peligro también. A Neithan —miró a su hermano—. A Summer. A todos ustedes.
Neithan se mantuvo serio, pero habló:
—No te entrené para que te creyeras invencible. Te entrené para que supieras cuándo detenerte.
Darek bajó la mirada.
—Tenías razón. En todo.
El silencio volvió a caer, hasta que una pequeña voz se alzó.
—¿El demonio… va a volver? —preguntó Summer, aferrándose más a él.
Darek la miró, con una expresión suave pero honesta.
—No lo sé. Pero te prometo algo —dijo, llevándose la mano al pecho—: nunca más voy a ir solo. Nunca más sin ustedes.
Aisa se inclinó un poco hacia adelante.
—Entonces confía en nosotros —dijo con voz firme, aunque cálida—. No cargues todo tú sólo.
Darek asintió.
—Eso intento… desde hoy.
Aqua, que había permanecido en silencio hasta entonces, lo observaba con atención. Cuando habló, su voz fue serena.
—Sobreviviste porque no estás solo —dijo—. Recuérdalo.
Darek levantó la vista y le devolvió la mirada, agradecido.
El desayuno continuó, poco a poco, con conversaciones más suaves. Kevin volvió a bromear tímidamente, Bonnie le lanzó una mirada de advertencia, y Summer finalmente soltó la pierna de Darek… solo para subir a su regazo.
Por primera vez desde la noche anterior, la cabaña volvió a sentirse como un hogar.
Pero en el fondo de todos, una certeza se asentaba en silencio:
Aquello aún no había terminado.
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