Darek: A Complicated Adventure - Capítulo 41
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Capítulo 41: “Guardias del Silencio”
La mañana avanzó con una lentitud extraña en la cabaña, como si el tiempo mismo caminara con cuidado para no despertar heridas recientes. Darek seguía débil, aunque ya podía mantenerse sentado y moverse con ayuda. Las vendas en su torso y brazos eran un recordatorio silencioso de la batalla de la noche anterior, y Neithan, recostado contra una pared, tampoco estaba en su mejor estado, aunque jamás lo admitiría en voz alta.
Fue Aqua quien rompió el silencio mientras observaba una de las pociones casi vacías sobre la mesa.
—No queda suficiente —dijo con suavidad, pero con firmeza—. Necesitamos ir a la ciudad. Medicamentos, hierbas purificadas… y pociones de reserva. No podemos volver a estar así de desprotegidos.
Kevin asintió de inmediato.
—Además, necesito aire. Si me quedo acá otro minuto, me voy a volver loco.
Bonnie cruzó los brazos, mirando a Darek con una ceja levantada.
—Y tú no te mueves de la cama. Ni aunque se esté cayendo el techo.
Darek suspiró, resignado.
—Sí, sí… lo prometo.
Summer, sentada a su lado, lo miraba con atención absoluta, como si necesitara asegurarse de que seguía ahí. Cuando Aqua anunció que todos irían a la ciudad, excepto alguien que debía quedarse vigilando, Aisa habló casi sin pensarlo.
—Yo me quedo.
Todas las miradas se giraron hacia ella.
—¿Estás segura? —preguntó Aqua, sin desconfianza, solo con genuina preocupación.
Aisa asintió despacio.
—Alguien tiene que quedarse con Darek… y con Summer. Además, alguien debe vigilar la casa por si pasa algo.
Summer sonrió apenas y se acercó un poco más a Aisa, como si aquella decisión le diera seguridad.
No tardaron mucho en prepararse. Kevin y Bonnie discutían por quién cargaría las bolsas, Neithan revisaba su espada con gesto serio, y Aqua fue la última en acercarse a Darek antes de irse.
—Volvemos pronto —le dijo, tomando su mano con cuidado—. Descansa… por favor.
Darek le devolvió una sonrisa cansada.
—Ten cuidado.
Cuando la puerta se cerró y los pasos se perdieron en el camino hacia la ciudad, la cabaña quedó sumida en un silencio profundo, solo interrumpido por el golpeteo lejano del viento contra los árboles.
Aisa se quedó de pie unos segundos, sin saber exactamente qué hacer ahora que estaban solos.
—Yo… voy a preparar té —dijo finalmente—. Te ayudará a recuperar energía.
Darek asintió.
—Gracias.
Mientras Aisa se movía por la cocina, el ambiente se volvió incómodo de una forma extraña. No era tensión negativa… era algo más suave, más frágil. Cada sonido parecía amplificado. El crujir de la madera, el hervor del agua, la respiración tranquila de Summer, que había ido a sentarse cerca de la ventana.
Cuando Aisa regresó con la taza, se la entregó con cuidado, evitando tocarlo más de lo necesario… aunque sus dedos se rozaron apenas.
Ambos se quedaron quietos un segundo de más.
—Aisa… —dijo Darek, rompiendo el silencio—. Sobre lo de anoche…
—No —respondió ella rápido, bajando la mirada—. No tienes que decir nada. Ya te disculpaste esta mañana.
—Aun así —insistió él—. Te asusté. Los asusté a todos.
Aisa apretó la taza entre sus manos.
—Me dio miedo… sí. Pero también entendí algo.
Levantó la vista, encontrándose con la de él.
—Entendí cuánto estás dispuesto a sacrificarte por los demás. Y eso… eso es lo que más duele.
Darek no supo qué responder. Sentía el peso de esas palabras clavarse más profundo que cualquier herida.
—No quiero perderte —añadió ella en voz más baja, casi un susurro—. Ni como amigo… ni como nada.
El silencio volvió a caer, denso pero sincero. Summer, que había estado observándolos desde lejos, se levantó y caminó hasta ellos, tomando la mano de ambos con naturalidad.
—No se peleen —dijo con una pequeña sonrisa—. Cuando están tristes, la casa se siente rara.
Aisa se agachó de inmediato para abrazarla.
—No estamos peleando, cielo.
Darek sonrió con debilidad.
—Tiene razón… vamos a estar bien.
Y aunque ninguno de los dos lo dijo en voz alta, ambos sintieron que ese momento incómodo, silencioso y frágil había cambiado algo entre ellos. No era una confesión, ni un avance claro… pero sí un paso más cerca de un límite que, sin darse cuenta, estaban empezando a cruzar.
Mientras tanto, en la distancia, el bosque seguía observando.
En silencio.
Esperando.
Más tarde ese día, Darek se levantó y salió un momento a tomar aire fresco.
El bosque se extendía frente a la cabaña como un mar oscuro y silencioso. El cielo, despejado tras días de tensión, mostraba un azul pálido que comenzaba a teñirse de naranja. Darek estaba sentado en el porch, con los codos apoyados en las rodillas y las manos entrelazadas, mirando fijamente los árboles.
No parpadeaba.
No pensaba en palabras, sino en sensaciones: el calor fuera de control, el rugido del demonio, la voz… esa voz.
La culpa seguía ahí, clavada como una astilla que no lograba sacar.
La puerta se abrió suavemente detrás de él.
—¿Otra vez aquí? —dijo una voz grave.
Darek no se giró.
—El bosque está más tranquilo hoy —respondió—. Demasiado.
Neithan se apoyó en uno de los pilares del porch, cruzándose de brazos. Observó a su hermano en silencio unos segundos.
—Cuando hablas así… —murmuró— es cuando más me preocupas.
Darek dejó escapar una pequeña risa seca.
—Tranquilo. No pienso salir corriendo esta vez.
—Eso dijiste la última vez.
Silencio.
El viento movió las hojas. Darek cerró los ojos un momento.
—No puedo sacármelo de la cabeza —admitió al fin—. Si hubiera sido más fuerte… si hubiera entrenado más… nadie habría salido herido.
Neithan frunció el ceño.
—Oye.
Darek giró apenas la cabeza.
—No empieces con el discurso de hermano mayor.
—Entonces no empieces tú con el de mártir —replicó Neithan—. Sobrevivimos. Eso es lo importante.
—¿Y hasta cuándo vamos a hacerlo?
Esa frase cayó más pesada que cualquier otra.
Neithan apretó la mandíbula.
—Summer te vio levantarte —dijo—. Eso también cuenta.
Darek se puso de pie lentamente.
—Voy a dar una vuelta.
—Darek…
—Solo a despejarme —interrumpió, mirándolo por primera vez—. No voy a hacer nada estúpido.
Neithan lo observó con atención, como si intentara leer entre líneas.
—¿Promesa?
Darek sostuvo su mirada.
—Promesa.
Aun así, cuando Darek bajó los escalones y comenzó a internarse en el sendero, Neithan lo siguió con la vista hasta que los árboles lo ocultaron por completo.
—…Idiota —murmuró—. Igual que siempre.
El bosque estaba fresco y húmedo. Darek caminaba con paso firme, dejando que el crujir de las hojas bajo sus botas marcara el ritmo de su respiración.
No voy a pelear, se dijo.
Solo entrenar. Control. Enfoque.
Se detuvo en un claro pequeño, rodeado de piedras cubiertas de musgo. Alzó una mano… y una pequeña llama apareció, estable, tranquila.
—Bien —susurró—. Así.
La hizo girar, dividirse, apagarse. Una y otra vez. Sin explosiones. Sin rabia.
Pero aun así, el fuego temblaba.
—Maldita sea…
Golpeó el suelo con el puño. No con fuego. Solo frustración.
—No voy a huir de esto —dijo en voz alta—. No otra vez.
Respiró hondo. Se quedó ahí un buen rato, hasta que el sol empezó a descender.
Cuando regresó a la cabaña, el ambiente era distinto.
Desde la ventana se oían risas.
—¡Te digo que ese movimiento no vale! —protestaba una voz infantil.
—Vale porque yo lo digo —respondió Neithan, con un tono exageradamente serio—. Regla del tío.
—¡Eso no es justo!
Darek abrió la puerta y se encontró con Summer sentada en el suelo, rodeada de cartas, con Neithan frente a ella.
—Papá —dijo ella al verlo, iluminándose—. ¡Está haciendo trampa!
Neithan levantó una ceja.
—Estoy enseñándole sobre la vida real.
Darek sonrió, cansado pero genuino.
—Neithan…
—¿Qué? —respondió él—. Tiene que aprender temprano.
Summer corrió a abrazar la pierna de Darek.
—Gané dos veces —susurró—. Pero él dice que no cuenta.
Darek le revolvió el cabello.
—Claro que cuenta.
Neithan suspiró teatralmente.
—Traición familiar. Anotado.
La tarde avanzó tranquila. Kevin y Bonnie llegaron más tarde, discutiendo sobre quién había perdido una apuesta absurda. Aqua preparó la cena ayudada por Aisa, que observaba a Darek de reojo cada tanto, como asegurándose de que seguía ahí.
Cuando se sentaron todos a la mesa, el ambiente era… normal.
Y eso se sentía casi milagroso.
—Gracias —dijo Darek de repente.
Todos lo miraron.
—Por quedarse —continuó—. Por confiar en mí… incluso cuando no lo merezco.
Aisa negó suavemente.
—No tienes que ganarte eso —dijo—. Ya eres parte de nosotros.
Summer levantó su vaso.
—¡Por papá! —dijo con entusiasmo.
—¡Por papá! —repitió Kevin, riendo.
Darek cerró los ojos un segundo, dejando que ese momento se grabara en su pecho.
Tal vez el bosque aún guardaba sombras.
Tal vez el peligro no había terminado.
Pero esa noche… estaban juntos.
Y por ahora, eso era suficiente.
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