Darek: A Complicated Adventure - Capítulo 43
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- Capítulo 43 - Capítulo 43: "Un Día Solo Para Ellas"
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Capítulo 43: “Un Día Solo Para Ellas”
La mañana llegó suave, envuelta en una neblina ligera que se deslizaba entre los árboles alrededor de la cabaña. El canto de los pájaros se mezclaba con el crujir de la madera al calentarse con los primeros rayos de sol.
Aisa fue la primera en levantarse.
Caminó en silencio por la cocina, preparándose una infusión mientras miraba distraída por la ventana. El bosque parecía en calma… pero su mente no lo estaba. Desde la noche anterior, cuando Summer se negó a dormir sin Darek, algo se había removido dentro de ella.
—…Es normal —murmuró para sí—. Es su papá.
—¿Hablándote sola tan temprano? —preguntó Aqua con una sonrisa somnolienta, entrando a la cocina.
Aisa se sobresaltó un poco.
—¡A-Aqua! Buenos días…
Aqua bostezó, acomodándose el cabello.
—Buenos días. Darek y Summer siguen dormidos, ¿no?
—Sí… —Aisa dudó—. No quise despertarlos.
Aqua sirvió agua caliente y se apoyó en la mesa.
—Hiciste bien. Después de todo lo que pasó… él lo necesita. Y ella también.
Hubo un breve silencio.
Aisa bajó la mirada, jugueteando con la taza.
—Aqua… —dijo al fin— ¿te molesta si hoy… hacemos algo nosotras?
Aqua la miró, curiosa.
—¿Nosotras?
—Tú… Summer… y yo. Un día tranquilo. —Aisa sonrió con timidez—. Para despejar un poco todo.
Aqua la observó unos segundos antes de asentir suavemente.
—Me parece una gran idea.
En ese momento, unos pasitos descalzos resonaron en el pasillo.
—¡Mami…!
Summer apareció, con el cabello despeinado y una enorme sonrisa, arrastrando una manta detrás de ella.
Aisa se agachó de inmediato.
—Buenos días, pequeña tormenta.
—Soñé que un pez gigante se comía a Kevin —dijo Summer muy seria.
Aqua soltó una carcajada.
—Eso suena peligrosamente posible.
—¿Papá? —preguntó Summer, mirando hacia el pasillo.
—Sigue durmiendo —respondió Aisa con suavidad—. ¿Qué te parece si hoy salimos solo nosotras?
Los ojos de Summer brillaron.
—¿Solo chicas?
—Solo chicas —confirmó Aqua—. Un día especial.
—¡SÍ!
—
Horas después, las tres caminaban por la ciudad.
Aisa llevaba una bolsa con pan recién hecho. Aqua observaba los puestos con curiosidad genuina, saludando a todo el mundo, mientras Summer saltaba de baldosa en baldosa sin tocar las líneas.
—¡No pises las rayas o el demonio te sigue! —gritó Summer.
—Entonces ya me siguió hace años —respondió Aisa, provocando risas.
Entraron a una pequeña tienda de telas y ropa infantil. Summer tocaba todo.
—¿Esto es suave?
—Sí.
—¿Y esto?
—También.
—¿Y esto?
Aqua se inclinó hacia Aisa.
—Tiene tu energía.
Aisa se puso roja.
—E-Es solo curiosa…
—Ajá —sonrió Aqua.
Eligieron ropa nueva para Summer: cómoda, colorida, práctica. Summer se miraba en el espejo, girando.
—¿Me veo bien?
Aisa se arrodilló frente a ella.
—Te ves… feliz. Y eso es lo más importante.
Summer la abrazó sin avisar.
Aqua observó la escena en silencio, con una expresión difícil de leer.
—
Más tarde, se sentaron en una cafetería tranquila. Summer comía un pastel mientras Aqua y Aisa compartían un café.
—Aisa —dijo Aqua de pronto—. ¿Puedo preguntarte algo?
Aisa tensó los hombros.
—S-Sí…
—¿Qué sientes cuando ves a Darek con Summer?
Aisa apretó la taza.
—Yo… siento miedo.
Aqua no se sorprendió.
—¿Miedo de qué?
—De… encariñarme demasiado. De sentir que ese lugar no me corresponde. —Respiró hondo—. Pero cuando ella me mira… como si realmente fuera su mamá… no puedo apartarme.
Aqua bajó la mirada.
—En mi mundo… —dijo en voz baja— yo soñaba con una familia así.
Aisa la miró, sorprendida.
—¿Entonces…?
—Entonces duele —admitió Aqua—. Pero también entiendo algo importante.
Levantó la vista, decidida.
—Summer no vino a separarnos. Vino a recordarnos lo que podemos ser… si aprendemos a cuidarnos entre todos.
Aisa sintió un nudo en la garganta.
—Gracias… por decir eso.
Aqua sonrió con dulzura.
—
Al volver, encontraron a Darek en el porch, medio dormido, con Neithan a su lado.
Summer corrió hacia él.
—¡Papá! ¡Fue un día de chicas!
Darek la levantó con cuidado.
—¿Ah sí? ¿Y sobreviví?
—Por ahora —dijo Aqua, divertida.
Aisa se quedó un poco atrás.
Darek la miró.
—Gracias… por cuidarla.
Aisa sonrió.
—Siempre.
Esa noche, mientras cenaban tranquilos, algo había cambiado. No estaba resuelto… pero estaba más claro.
Y por primera vez en mucho tiempo, ninguna de ellas se sintió sola.
La tarde cayó sobre la cabaña con una luz suave, anaranjada, filtrándose entre los árboles del bosque. El interior de la casa olía a leña apagada y a hierbas secas colgadas cerca de la cocina. Afuera, el viento movía las hojas con un murmullo constante, pero dentro reinaba un ambiente extraño… tranquilo, casi doméstico de una forma que nadie habría imaginado semanas atrás.
Darek estaba de pie frente a la mesa de madera, con un delantal claramente demasiado pequeño para él.
—…Esto es humillante —murmuró, mirando hacia abajo.
Aisa, apoyada en la encimera con una sonrisa traviesa, inclinó un poco la cabeza.
—Te queda bien —dijo con falsa seriedad—. Muy… responsable.
—Parece que va a vender pan en una feria —agregó Bonnie desde una silla, con los brazos cruzados y una risa contenida.
—¡Papá se ve lindo! —intervino Summer de inmediato, levantando ambos brazos llenos de harina—. ¡Mira, mira!
Darek suspiró resignado.
—Gracias, aliada traicionera…
Summer rió con una carcajada clara y luego miró la mesa llena de ingredientes con los ojos brillantes.
—¿Entonces… de verdad voy a cocinar?
Aqua, que estaba revisando un cuenco con agua, se acercó con suavidad.
—Claro que sí —dijo—. Pero bajo supervisión. Cocinar también es una forma de magia, ¿sabías?
Summer abrió la boca con asombro.
—¿Magia?
—Sí —asintió Aqua—. Mezclas cosas simples… y creas algo que hace sentir bien a los demás.
La niña se quedó pensativa unos segundos y luego miró a Darek con seriedad absoluta.
—Entonces quiero hacer magia contigo.
El comentario fue tan directo que Darek se quedó quieto por un momento. Aisa lo notó. Siempre lo notaba.
—Bueno —dijo ella, rompiendo la tensión—. Empezamos con algo fácil. Panecillos dulces.
Bonnie levantó una ceja.
—¿Seguro que es buena idea dejar que ellos dos mezclen cosas?
—No confías en mí —dijo Darek, fingiendo indignación.
—Confío en ti —respondió Bonnie—. No confío en el resultado.
Summer ya estaba metiendo las manos en la harina.
—¡Está suave!
—No la inhales —dijo Aisa rápidamente—. Y cuidado con…
Demasiado tarde.
Summer estornudó.
—¡Achoo!
Una nube blanca explotó en el aire.
Silencio.
Luego, risas.
—Bueno —dijo Aqua, conteniendo la risa—. Eso fue… inevitable.
Darek se agachó al lado de Summer y le pasó un paño.
—¿Estás bien?
—Sí —dijo ella, sonriendo—. ¿Lo hice mal?
—No —respondió él—. Solo… a tu manera.
Aisa los observó en silencio mientras trabajaban juntos. La forma en que Darek hablaba con calma, cómo adaptaba sus movimientos para que Summer pudiera seguirlos. No era algo forzado. No parecía nuevo.
Eso le apretó un poco el pecho.
—Aisa —dijo Aqua en voz baja, acercándose a ella—. ¿Estás bien?
—Sí —respondió rápido—. Solo… estaba pensando.
Bonnie, que había estado escuchando, sonrió con picardía.
—Peligroso.
—Cállate.
La tarde avanzó entre errores pequeños: pan demasiado amasado, azúcar derramada, Summer robando trocitos de masa cruda.
—¡Eso no se come! —dijo Darek.
—Pero sabe bien…
—No significa que sea buena idea.
—Papá, tú comes cosas raras del bosque.
—Eso es diferente.
—¿Por qué?
—Porque… —Darek se quedó pensando—. Porque sí.
Summer lo miró, sospechosa.
—Mientes.
Bonnie aplaudió una vez.
—¡Punto para la niña!
Cuando por fin los panecillos entraron al horno, todos se sentaron alrededor de la mesa. El cansancio era ligero, cómodo.
Summer apoyó la cabeza contra el brazo de Darek.
—Me gusta cocinar contigo.
Él tragó saliva.
—A mí también.
Aisa apartó la mirada justo a tiempo.
El horno crujió suavemente. El olor empezó a llenar la cocina.
—Creo que… lo logramos —dijo Aqua con una sonrisa tranquila.
—Contra todo pronóstico —añadió Bonnie.
Cuando finalmente los sacaron, no estaban perfectos. Algunos torcidos, otros más dorados de un lado que del otro.
Pero Summer los miró como si fueran un tesoro.
—Los hicimos nosotros.
Darek tomó uno, lo partió y se lo dio.
—Los hicimos juntos.
La tarde terminó así. Sin amenazas. Sin demonios.
Solo harina en el suelo, risas suaves… y una sensación peligrosa: la de algo que empezaba a sentirse demasiado real.
Y nadie dijo nada al respecto.
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