Darek: A Complicated Adventure - Capítulo 49
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Capítulo 49: “Lo Que no Quiso Decir”
La mañana amaneció tranquila, casi engañosa.
La lluvia de la noche anterior había limpiado el aire y dejado el bosque cubierto por un brillo húmedo, como si todo respirara más lento. En la cabaña, el fuego de la chimenea seguía encendido pese al sol que entraba por las ventanas, y el olor a pan tostado llenaba la cocina.
Summer estaba sentada en la mesa, balanceando las piernas sin tocar el suelo, concentrada en algo muy importante: untar miel sobre una rebanada de pan sin que se le derramara por los bordes.
—Si se cae —murmuró para sí—, pierde el encanto.
—¿El encanto de qué? —preguntó Bonnie, apoyada contra la pared con una taza humeante entre las manos.
—Del desayuno feliz —respondió Summer, muy seria.
Bonnie rió por lo bajo.
—Claro. Imperdonable arruinarlo.
Darek estaba cerca, apoyado en la encimera, observando la escena con una sonrisa cansada pero genuina. Desde lo ocurrido en el bosque, había algo en su mirada: una mezcla de alerta constante y ternura profunda, como si cada momento simple fuera un regalo frágil.
Aisa entró desde el pasillo, todavía acomodándose el cabello.
—¿Todo bien por aquí?
—Todo bajo control —dijo Summer, levantando el pan como si fuera un trofeo—. Nadie se mueve.
Aisa se acercó y le acomodó con cuidado un mechón rebelde.
—Eres toda una experta.
Summer sonrió… pero luego miró alrededor, como buscando algo.
—¿Aqua no bajó?
El ambiente cambió apenas un grado. Lo suficiente para notarse.
—Todavía no —respondió Darek—. Seguramente está descansando.
Summer asintió despacio, como si esa respuesta confirmara algo que ya estaba pensando.
Kevin apareció bostezando, seguido de Neithan, que simplemente asintió a modo de saludo antes de servirse café.
—¿Qué hay hoy? —preguntó Kevin—. ¿Día tranquilo?
—Eso intentamos —dijo Aisa.
Durante unos minutos, todo fue normal. Risas, comentarios tontos, Bonnie y Kevin discutiendo por quién había usado la última manzana.
Y entonces, sin aviso, Summer habló.
No levantó la voz.
No buscó atención.
Solo… dijo lo que pensaba.
—¿Sabían que en mi casa… —empezó, mordiéndose el labio— …Aqua no venía mucho?
El silencio cayó como una pluma pesada.
Darek se tensó.
—¿Cómo dices, pequeña?
Summer ladeó la cabeza, confundida por el cambio de tono.
—No venía mucho. A veces sí, pero… —miró su pan— …no se quedaba a desayunar.
Aisa sintió un nudo en el estómago.
—Summer… —dijo con suavidad—, ¿te refieres a tu otro hogar?
La niña asintió.
—Sí. Donde todo era parecido, pero… distinto.
Nadie la interrumpió.
—Ella siempre sonreía —continuó—. Igual que ahora. Pero… —frunció el ceño, buscando las palabras— …no se sentía igual.
—¿Cómo no igual? —preguntó Bonnie, más seria de lo habitual.
Summer levantó los hombros.
—Como cuando alguien está, pero no está contigo.
Darek cerró los ojos un segundo.
—¿Y… con quién se sentía igual? —preguntó Neithan, con voz baja.
Summer no dudó.
—Con ustedes —dijo, señalando a Darek y Aisa—. Siempre.
El aire se volvió pesado.
—¿Y Aqua? —preguntó Darek, casi en un susurro.
Summer lo miró. De verdad lo miró.
Con esa mirada limpia que solo tienen los niños cuando dicen algo sin saber que puede romper cosas.
—Creo… —dijo despacio— …que Aqua me quería.
Pero no quería verme.
Aisa sintió cómo se le apretaba el pecho.
—¿Por qué dices eso, cielo?
Summer jugueteó con la corteza del pan.
—Porque cuando yo llegaba, ella se iba.
Y cuando yo hablaba de ustedes… se ponía triste.
O enojada.
O las dos.
Nadie habló.
—Una vez —continuó—, le pregunté si podía llamarla mamá también.
Darek abrió los ojos de golpe.
—¿Y qué dijo?
Summer sonrió… una sonrisa pequeña, apagada.
—Que no.
Que yo ya tenía una.
El silencio fue absoluto.
No era una acusación.
No era una revelación malvada.
Era solo… verdad.
—Pero está bien —se apresuró a decir Summer—. No estaba equivocada.
Aisa sintió un pinchazo doloroso detrás de los ojos.
—Summer… —susurró.
La niña se levantó de la silla y caminó hasta Darek. Le tomó la mano.
—Papá —dijo con naturalidad—, ¿Aqua está triste aquí también?
Darek tragó saliva.
—No lo sé, pequeña.
Summer apretó un poco más su mano.
—Entonces dile que no se vaya.
Eso fue todo.
No un reproche.
No una súplica dramática.
Solo eso.
Kevin fue el primero en apartar la mirada. Bonnie apoyó la frente en su taza. Neithan se quedó inmóvil, con el ceño fruncido.
Aisa respiró hondo, luchando contra el temblor.
—Summer —dijo con una sonrisa suave—, ¿por qué no vas a buscar tus cartas? Creo que Neithan te prometió una revancha.
—¡Sí! —se animó la niña—. ¡No te escapes esta vez, tío!
Neithan asintió.
—No lo haré.
Cuando Summer salió corriendo, la cocina quedó en silencio otra vez.
—Eso… —murmuró Kevin— …fue fuerte.
—No lo hizo con intención —dijo Aisa rápido—. Solo…
—Lo sé —respondió Darek, con voz baja—. Por eso duele.
Desde el pasillo, una figura escuchaba.
Aqua estaba apoyada contra la pared, la mano en el pecho, respirando despacio para no hacer ruido.
Cada palabra de Summer había llegado clara.
Cada una, directa.
No había odio en ellas.
No había culpa.
Solo un reflejo de algo que Aqua había intentado no mirar.
Sonrió.
Como siempre.
Pero esta vez, la sonrisa tembló.
Y por dentro, algo se rompió un poco más.
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