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Darek: A Complicated Adventure - Capítulo 53

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Capítulo 53: “Cuando El Miedo Aprende a Callar”

“Cuando El Miedo Aprende a Callar”

La tarde cayó más rápido de lo habitual.

No porque el sol se ocultara antes, sino porque la casa estaba extrañamente silenciosa.

Summer no se había separado de Darek en todo el día.

No era el tipo de apego infantil que busca brazos por costumbre; era otra cosa.

Cada vez que Darek se movía, ella se movía con él.

Si él se sentaba, ella se acomodaba a su lado.

Si él se levantaba, una pequeña mano se aferraba a su ropa antes siquiera de pedir permiso.

—Summer —dijo Darek con suavidad—, voy a traer leña. No tardó.

La niña lo miró como si hubiera dicho que iba a desaparecer.

—¿Puedo ir contigo?

—Hace frío afuera.

—No importa —respondió rápido—. No quiero quedarme sola.

Aisa, que estaba apoyada contra el marco de la puerta, frunció el ceño.

No dijo nada.

Pero lo vio.

Vio cómo Summer evitaba mirar hacia el interior de la casa.

Vio cómo, al escuchar pasos de Aqua en el piso de arriba, el cuerpo de la niña se tensaba apenas… lo justo para notarlo si sabías mirar.

Aisa se agachó frente a ella cuando Darek salió un momento.

—Hey… —dijo con voz tranquila—. ¿Pasa algo, peque?

Summer dudó.

Miró el bosque a través de la ventana.

Luego bajó la voz, como si el miedo pudiera oírla.

—¿Los demonios pueden entrar a la casa?

Aisa sintió un escalofrío.

—No —respondió con firmeza—. Hay barreras. Nadie puede entrar sin que lo sepamos.

Summer apretó los labios.

—¿Y si alguien abre la puerta sin querer?

La pregunta no era infantil.

Era específica.

Aisa no respondió de inmediato.

—¿Por qué preguntas eso?

Summer negó con la cabeza.

—Nada… solo… quiero quedarme con papá.

Desde el pasillo del piso superior, Aqua observaba en silencio.

No intervino.

No sonrió.

No se acercó.

Solo miró cómo Summer se escondía ligeramente detrás de Aisa cuando escuchó sus pasos al bajar la escalera.

Aquello dolió.

Pero Aqua no mostró nada.

—

Mientras tanto, en el exterior, Neithan estaba arrodillado frente a uno de los antiguos sellos del perímetro.

Kevin se rascaba la cabeza, inquieto.

—Te juro que ayer esto no estaba así.

—No está roto —murmuró Neithan—. Eso sería fácil de notar.

Bonnie cruzó los brazos.

—Entonces, ¿qué es?

Neithan pasó dos dedos por la runa.

—Está… reajustado.

—¿Reajustado cómo? —preguntó Kevin.

Neithan se levantó lentamente.

—Como si alguien hubiera querido que siguiera funcionando…

—pero con menos resistencia.

El silencio que siguió fue pesado.

—¿Un error? —aventuró Bonnie.

Neithan negó despacio.

—No.

—Esto fue intencional.

Kevin tragó saliva.

—¿Crees que fue el demonio?

Neithan miró hacia la casa.

—No entra así.

En ese momento, Aqua salió al porche con una taza entre las manos.

Sus ojos se cruzaron con los de Neithan.

Fue solo un segundo.

Pero fue suficiente.

Aqua sostuvo la mirada.

Neithan no la apartó.

No hubo acusación.

No hubo palabras.

Solo una comprensión incómoda de que, desde ese momento, algo había cambiado.

—

Esa noche, Summer no quiso dormir sola.

Darek la acomodó hacia él, como si fuera lo más natural del mundo.

—Papá… —susurró ella en la oscuridad—.

—Si alguien hace algo malo… ¿se puede arreglar después?

Darek cerró los ojos.

—A veces sí —respondió—.

—A veces cuesta, pero sí.

Summer asintió lentamente.

Desde el otro lado de la pared, Aqua escuchó la risa apagada de la niña…

y sintió que algo dentro de ella se resquebrajaba un poco más.

No había dado un gran paso.

No había cometido un acto monstruoso.

Solo un pequeño ajuste.

Pero el bosque lo había sentido.

Neithan también.

Y Summer…

Summer ya tenía miedo.

La mañana avanzaba despacio, como si la casa misma caminara con cuidado para no hacer ruido. El bosque, visible desde las ventanas, parecía inmóvil… demasiado inmóvil.

Aisa fue la primera en notar que Aqua no había salido aún.

No era raro que se levantara temprano, pero siempre estaba en la cocina antes que nadie, o entrenando en el patio. Aquella quietud no encajaba con ella.

Aisa respiró hondo, se acomodó el cabello y salió al porche.

Aqua estaba allí, de espaldas, apoyada en la baranda de madera. Miraba el bosque con una sonrisa suave que no llegaba a los ojos.

—Aqua —dijo Aisa con cuidado—. ¿Puedo hablar contigo?

Aqua se giró lentamente.

—Claro —respondió, amable, como siempre—. ¿Pasa algo?

Aisa negó con la cabeza… pero tampoco afirmó.

—No —dijo—. O… no exactamente. Solo… quería preguntarte cómo estás.

El silencio que siguió fue breve, pero denso.

—Estoy bien —respondió Aqua—. ¿Por qué no habría de estarlo?

Aisa bajó la mirada un segundo, buscando las palabras.

—Porque últimamente… todo se siente raro. Summer está inquieta. El bosque también. Y tú… —alzó la vista— tú te ves cansada.

Aqua parpadeó, sorprendida apenas un instante.

—¿Cansada?

—Sí. Como si estuvieras sosteniendo algo muy pesado sola.

Aqua sonrió. Esta vez fue una sonrisa real… pero frágil.

—Eso es muy propio de ti, Aisa. Preocuparte incluso cuando no hay razón.

—No estoy acusando nada —se apresuró a decir Aisa—. Solo… quería que lo supieras. Si algo te pasa, no estás sola.

El viento movió las hojas. Aqua volvió la vista al bosque.

—Gracias —dijo en voz baja—. De verdad.

Hubo un silencio largo. Luego Aqua habló, sin mirarla.

—A veces… incluso cuando nadie te rechaza… igual puedes sentir que estás perdiendo tu lugar.

Aisa sintió un nudo en el pecho.

—Los lugares no se pierden tan fácil —respondió—. No cuando se construyeron con cariño.

Aqua asintió lentamente, pero no dijo nada más.

—

Dentro de la casa, Summer estaba sentada en el suelo del salón, rodeada de bloques de madera. Los acomodaba, los desarmaba… volvía a intentarlo.

Darek la observaba desde el sofá.

—¿Todo bien, pequeña llama? —preguntó con una sonrisa suave.

Summer dudó. Luego negó con la cabeza.

—Papá… —dijo, apretando un bloque entre los dedos—. ¿Los recuerdos pueden doler?

Darek se incorporó al instante.

—A veces —respondió con cuidado—. Pero no deberían doler para siempre.

Summer frunció el ceño.

—Yo… recuerdo pedacitos. Como si fueran vidrios rotos.

Aisa, que acababa de entrar, se quedó quieta al escucharla.

—¿Qué pedacitos? —preguntó con suavidad, arrodillándose frente a ella.

Summer miró a ambos… luego al suelo.

—Recuerdo a mamá Aisa gritando mi nombre. Y fuego… mucho fuego. Pero no como el tuyo, papá. Era… frío.

Darek sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿Recuerdas algo más?

Summer asintió lentamente.

—Una voz —susurró—. Decía que yo… que yo no debía estar ahí. Que todo estaría mejor sin mí.

Aisa sintió que se le quebraba el aire.

—Eso no es verdad —dijo de inmediato—. Nunca lo fue.

—Lo sé —respondió Summer—. Pero… la voz estaba triste. Y enojada. Y sonaba como… —levantó la mirada, confundida— como alguien que amaba a papá.

El silencio cayó como una piedra.

Darek cerró los ojos un segundo, controlándose.

—Gracias por contarnos —dijo finalmente—. Fue valiente hacerlo.

Summer se levantó y lo abrazó con fuerza.

—¿No voy a desaparecer, verdad?

Darek la sostuvo contra su pecho.

—Mientras yo respire —dijo con firmeza—, nadie te va a borrar.

Aisa apoyó una mano sobre la espalda de Summer, temblando apenas.

Desde la entrada de la casa, Aqua observaba la escena.

No había escuchado todas las palabras… pero había visto suficiente.

Summer aferrada a Darek.

Aisa protegiéndola sin pensarlo.

Y ella… afuera del círculo.

Aqua apretó los puños, sin dejar de sonreír.

El bosque crujió, como si algo hubiera escuchado… y hubiera tomado nota.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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