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Darek: A Complicated Adventure - Capítulo 55

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Capítulo 55: “El recuerdo que no encaja”

La lluvia de la noche anterior había dejado el aire limpio y frío. La cabaña despertaba despacio, con el crujido de la madera acomodándose al amanecer y el murmullo lejano del bosque, que nunca dormía del todo.

En la mesa del comedor, Summer estaba sentada sobre una silla demasiado grande para ella, con las piernas balanceándose en el aire. Frente a ella había hojas sueltas, un frasco de tinta azul y un par de pinceles viejos que Bonnie había dejado olvidados alguna vez.

—No te manches la cara —dijo Aisa con una sonrisa suave, apoyada en el marco de la puerta—. O Bonnie va a decir que fue idea suya.

—¡No me estoy manchando! —protestó Summer, concentrada—. Estoy… pensando.

Darek, sentado cerca de la ventana, observaba la escena con una calma que le nacía sola. Tenía una taza entre las manos, el vapor subiendo lento, pero su atención estaba puesta en la niña. Desde hacía días, Summer dibujaba más de lo normal. No monstruos, no juegos. Cosas… distintas.

—¿Qué estás pensando? —preguntó él al fin.

Summer no levantó la vista.

—En colores —respondió—. En los que no me gustan.

Aisa se acercó un poco más.

—¿Colores que no te gustan?

—Ajá. —Summer hundió el pincel en la tinta azul—. Este no me gusta cuando está con rojo.

Darek frunció apenas el ceño.

—¿Por qué?

Summer se encogió de hombros, como si la respuesta fuera obvia.

—Porque cuando están juntos… todo duele.

El silencio cayó suave, pero pesado.

Aisa intercambió una mirada rápida con Darek. No era la primera vez que Summer decía algo así. No era tampoco la forma infantil de hablar del miedo. Había algo más… una certeza que no correspondía a su edad.

—¿Qué estás dibujando, corazón? —preguntó Aisa, sentándose a su lado.

Summer deslizó la hoja hacia ella sin decir nada.

El dibujo era simple, torpe como suelen ser los de una niña. Un bosque. Árboles altos. Un cielo oscuro. Y en medio, una figura azul.

—¿Esa es Aqua? —preguntó Darek con cuidado.

Summer asintió.

—Está triste.

Aisa tragó saliva.

—¿Por qué está triste?

Summer apretó los labios. Esta vez sí levantó la vista, y sus ojos no estaban jugando.

—Porque todo se estaba quemando.

Darek dejó la taza sobre la mesa. El sonido fue seco.

—Summer… —dijo con suavidad—. ¿Te acordás de eso?

Ella negó lentamente.

—No todo. Solo… —tocó la hoja con el dedo— esto. Y su cara.

Aisa sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿Qué cara? —preguntó.

—Estaba llorando —dijo Summer—. Pero no como cuando estás triste. Lloraba como cuando haces algo malo sin querer.

El aire se volvió más denso.

Darek se agachó frente a ella, a su altura.

—¿Eso pasó… en tu mundo?

Summer dudó.

—Creo que sí. Pero… —frunció el ceño—. No debería haber pasado.

Aisa sintió cómo el corazón le daba un golpe seco en el pecho.

—¿Por qué no? —susurró.

Summer apretó los puños.

—Porque Aqua no estaba sola.

Darek y Aisa se quedaron inmóviles.

—¿Qué querés decir? —preguntó Darek, con una calma que no sentía.

Summer miró el dibujo otra vez.

—Había alguien más. Pero no era un monstruo. No al principio.

Aisa cerró los ojos un segundo.

—Summer… —dijo despacio—. ¿Estás segura de que eso no es un sueño?

La niña negó con fuerza.

—No. Los sueños se rompen cuando despertás. Esto no se rompe.

El bosque, afuera, crujió.

Darek se puso de pie lentamente.

—Aisa —dijo en voz baja—. Este recuerdo… no pertenece a este mundo.

Ella asintió sin mirarlo.

—Y tampoco pertenece a una niña —respondió—. Es demasiado… específico.

Desde el pasillo, pasos suaves se acercaron.

Aqua apareció en la puerta, con una sonrisa tranquila que no llegó a sus ojos.

—¿Interrumpo algo?

Summer se tensó al instante.

No dijo nada. Solo se levantó de la silla y caminó directo hacia Darek, aferrándose a su pierna con fuerza.

Darek bajó la mano y la apoyó sobre su cabeza, protector.

—No —respondió—. Estábamos… dibujando.

Aqua miró la mesa.

Vio el dibujo.

Y por un instante —solo uno— su sonrisa se quebró.

Nadie dijo nada.

El bosque volvió a crujir, como si respirara.

Y algo, en lo profundo de todos ellos, empezó a tomar forma:

no todos los recuerdos cruzan universos por accidente.

El comentario de Summer no volvió a repetirse.

Y, sin embargo, estaba en todas partes.

Flotaba en el aire de la cabaña como una bruma invisible, colándose entre los platos del desayuno, en el crujido del piso de madera, en cada mirada que tardaba un segundo más de lo normal en apartarse.

Summer estaba sentada en el suelo, concentrada en acomodar unas piedras de colores que había traído del bosque. Murmuraba una canción sin letra, tranquila, como si no hubiera dicho nada extraño el día anterior. Como si no hubiera preguntado algo que encajaba con algo que pensaban en este mundo.

Aisa la observaba desde la mesa, con una taza de té entre las manos. No bebía. Solo la sostenía.

—¿Quieres más pan, Summer? —preguntó, forzando una sonrisa suave.

—No, mami —respondió la niña sin levantar la vista—. Así está bien.

Darek se tensó apenas. Fue un gesto mínimo, casi imperceptible. Aisa lo notó igual.

Kevin hablaba con Bonnie sobre una carrera que habían hecho esa mañana alrededor de la colina. Reían. Neithan estaba apoyado contra la pared, brazos cruzados, observando en silencio. Aqua estaba sentada al otro extremo de la mesa, derecha, perfecta… demasiado atenta.

—Hoy el bosque está raro —comentó Kevin de pronto—. Como si nos mirara.

—Siempre te mira —respondió Bonnie, encogiéndose de hombros—. Solo que hoy te diste cuenta.

Una risa ligera recorrió la mesa.

Aqua sonrió también.

Pero no miró a Darek.

Ni Darek a ella.

—

Más tarde, cuando la casa quedó en silencio, Aisa encontró a Darek en el porch. Estaba sentado en el escalón, con los codos apoyados en las rodillas, mirando el bosque como si intentara atravesarlo con la mirada.

—No es normal —dijo ella, sin rodeos.

Darek no se sobresaltó. Como si hubiera sabido que iba a llegar a ese punto.

—No —respondió—. No lo es.

Aisa se sentó a su lado. El viento movía las hojas, y por un segundo el bosque pareció inclinarse hacia ellos, atento.

—Lo que dijo Summer… —empezó Aisa, bajando la voz—. No parecía su imaginación. Tampoco una confusión.

Darek cerró los ojos.

—Lo sé.

El silencio entre ambos no era incómodo. Era pesado. Cargado.

—Cuando el Demonio habló… —continuó él, lentamente—. Cuando casi nos derrota… usó su voz.

Aisa levantó la mirada hacia él.

—La de Aqua —dijo.

No fue una pregunta.

Darek asintió apenas.

—En ese momento pensé que era un truco. Un golpe bajo. Pero ahora… —abrió los ojos, la mirada oscura— ahora Summer recuerda cosas que una niña no deberían ver. Detalles. Emociones. Aqua llorando entre el fuego.

Aisa apretó los labios.

—En el universo de Summer… —susurró— algo pasó. Algo que aún no entendemos. Pero Aqua estaba ahí.

Darek pasó una mano por su cabello, frustrado.

—No quiero creerlo —admitió—. No quiero ni pensarlo. Aqua es… Aqua. Es la persona que confió en mí. Que dejó su reino por nosotros.

—Y por eso mismo —respondió Aisa con suavidad— tenemos que ser cuidadosos.

Darek la miró.

—¿Cuidadosos?

—No decir nada. Todavía —explicó—. No acusar. No confrontar. Si estamos equivocados… podríamos romperlo todo.

Darek respiró hondo.

—Y si no lo estamos…

Aisa bajó la mirada.

—Entonces el peligro está dentro de casa.

El bosque crujió, como si respondiera.

—

Dentro, Aqua estaba sola en la cocina.

Sostenía una taza entre las manos que ya se había enfriado. Había escuchado fragmentos. No palabras claras. Pero sí silencios.

Miró hacia la ventana.

Vio a Darek y Aisa sentados juntos, hablando en voz baja.

Y algo, muy profundo, se quebró.

No fue un sonido.

Fue una sensación.

—No están enojados —susurró para sí—. No me odian.

Le temblaron un poco los dedos.

—Es peor.

Apoyó la taza con cuidado, como si cualquier ruido pudiera delatarla. Cerró los ojos un instante, y en la oscuridad de su mente una voz que no era del todo suya murmuró, paciente, satisfecha.

“Ya lo sienten”

Aqua abrió los ojos.

Cuando Darek entró minutos después para buscar agua, ella levantó la mirada y sonrió, como siempre.

—¿Todo bien, amor? —preguntó él.

—Sí —respondió Aqua sin dudar—. Todo bien.

Pero Darek no le devolvió la sonrisa como antes.

No había rechazo.

No había enojo.

Solo algo nuevo.

Una duda silenciosa.

Y Aqua lo vio.

Lo entendió.

Y por primera vez desde que llegó a esa cabaña, sintió que el bosque no era el único que la observaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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